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La manzana podrida

Carlos Navarro Antolín | 19 de febrero de 2017 a las 5:00

SEVILLA, 13/02/2017.
HACE tiempo que no vemos las brigadas anti-veladores del concejal Antonio Muñoz cargando mesas, taburetes y sillas en la furgoneta con el motor al ralentí. El delegado de esa cosa llamada Hábitat Urbano es listo:tras varios días de batida con sus correspondientes notas de prensa ha logrado que cesen las protestas, cuando la realidad es que las terrazas siguen como estaban. Con inspectores o sin inspectores, cierto hostelero sigue siendo el rey. Muñoz ha salido bien parado en los medios de comunicación. El propio alcalde, Juan Espadas, sabe que su edil de Urbanismo goza de buena prensa. Muñoz ha venteado hábilmente el humo de la eficacia. En política se trata de hacer ver que las cosas funcionan más que de que funcionen realmente. En política vende el gerundio (estamos controlando) mucho más que el participio (está controlado). Muñoz se pasó una buena temporada cogiendo el toro por los cuernos, hasta que se ha metido de nuevo en el burladero de la Gerencia. Y el toro sigue abanto. No nos engañemos, la situación sigue igual –fíjense en la Plaza de la Campana– pero el gobierno ha conseguido, al menos, acabar con esa sensación de inactividad del ejecutivo anterior, amuermado en sus 20 concejales. Lampedusa ha funcionado en las caracolas de la Cartuja.

El mismo Muñoz –¿recuerdan?– también denunció el horror de la Avenida y los alrededores de la Catedral. Nunca un concejal había hablado tan clarito sobre las “pedradas” estéticas que sufren estos lugares. Este Varoufakis hispalense se ganó las simpatías de los medios de comunicación. Se pronunció alto y claro. Llegó la Semana Santa y persiguió los horrorosos puestos de venta ambulante, desde la Encarnación hasta la Plaza de la Contratación. Urbanismo hizo ruido, que es de lo que se trata en comunicación: hay que contar que se quitan los veladores, hay que procurar la publicación de la fotografía de las brigadas haciendo una suerte de razzia de mesas y sillas, hay que dar sensación de frenética actividad.

Por momentos nos faltaba ver a Muñoz revestido de valiente cruzado contra los hosteleros infieles a las ordenanzas. Lástima que algunos meses después, las aguas de los veladores han vuelto a su cauce de descontrol y desorden. Y, además,la galería de los horrores en que se han convertido las proximidades del principal monumento de la ciudad continúa en proceso de perfección. Urbanismo, al menos, ha dado una señal de vida al abrir ahora un expediente disciplinario a la finca del número 17 de la calle Santo Tomás, donde funciona un restaurante de comida mexicana que ha colocado una preciosísima publicidad en la fachada, de las que van cambiando de mensaje. Todo un estoconazo en el hoyo de las agujas del patrimonio de la humanidad. Anuncios de letras fluorescentes y que se mueven como los de un club de carretera frente al mismísimo Archivo de Indias. El inspector de la Gerencia de turno ha realizado un sesudo análisis de la legalidad de los anuncios con gran profusión de citas legales y perífrasis. Todo para concluir que la mamarrachada es “no legalizable” y que el titular tiene que restituir la “realidad física alterada”. Ojalá se pudieran restituir las realidades físicas alteradas en el casco histórico, lo cual no consiste en revivir sueños rancios, ni en sufrir delirios en blanco y negro, ni en bañarse en las aguas siempre parciales de la memoria idealizada. Consiste en no afear aún más lo ya afeado, en cuidar el salón de la ciudad, en mimar el sello de identidad de la urbe, en no maltratar los monumentos, sus perspectivas, su uso, sus colores. Sevilla se está poniendo cada día más fea. Y eso no hay brigadas anti-veladores que lo mitiguen, ni inspectores de 9 a 14 horas que lo arreglen con el pliego del blablablá de expedientes inútiles.

Sevilla sufre el síndrome de la manzana podrida, que ya se sabe que es la manzana que acaba pudriendo todas las sanas que hay en el cesto. Cierra un comercio elegante en la Plaza de Salvador, frente a un Bien de Interés Cultural como es el templo, y no abre otro comercio igual de elegante, ni siquiera una tienda que, al menos, tenga una decoración aséptica que respete ese aire de basílica romana que genera la fachada de la iglesia. Lo que abre es una tienducha de patatas fritas con un pedazo de monigote en el balcón del que rebosan patatas como chirriante reclamo publicitario. Cierra un banco y abre una tienda de comida rápida. Cierra una zapatería y abre una de donuts tuneados. Cierra una de ropa y abre una de venta de sobres de jamón ya cortado con luminosos de cochinos felices por la montanera. Abre una de tortas Inés Rosales, que bien merece la marca la mejor ubicación en el centro de la ciudad, pero le mete a la Plaza de San Francisco un fogonazo de azul azafata muy apropiado por las que hilan para la entrada de la antigua ruta de la seda, la calle Hernando Colón, que conduce hasta la Puerta del Perdón. El síndrome de la manzana podrida que sufre el comercio se expande por los locales vacíos, experimenta su particular metástasis, es una demostración palmaria de la degradación de la ciudad. No hay público que valore la artesanía, como no hay público que valore la buena atención en un bar, el buen producto. Nunca hubo tanta afición a lo gourmet, tanto sibaritismo de escaparate, y tan poco criterio y escaso buen gusto.

Las canonjías de la Cartuja

Carlos Navarro Antolín | 11 de diciembre de 2016 a las 5:00

Centro cívico La Ranilla.
CUESTA trabajo creer que los sindicatos levanten la voz para protestar en un organismo donde el sueldo mínimo ronda los 30.000 euros anuales y el máximo supera los 100.000. Así ocurre en la Gerencia de Urbanismo, antiguo cuerno de la abundancia del Ayuntamiento de Sevilla, donde los sindicatos se han decidido a publicar las tablas salariales (pura conveniencia) al objeto de que cada empleado compare la evolución de su salario en los últimos años. Comisiones Obreras calienta motores y pretende soliviantar a los trabajadores de la Gerencia, obviando las condiciones de trabajo de la mayoría de los trabajadores del Ayuntamiento, que ven a los empleados del organismo autonómo como los nuevos canónigos de la Cartuja. El objetivo del sindicato es denunciar que “los sueldos han disminuido, a lo que se suma el aumento del coste de la vida: ganamos menos que en 2008 y el IPC ha subido un 8,6%”. Por fortuna para la transparencia, los sueldos de la Gerencia de Urbanismo y el lujazo del convenio colectivo están publicados por este periódico desde hace tiempo. Nadie discute que se trata de los mejores salarios de todo el Ayuntamiento, muy por encima de la inmensa mayoría de los cinco mil trabajadores de la administración local. Hay casos en los que un trabajador de la Gerencia, organismo autónomo municipal, gana un 60% más que uno del Ayuntamiento propiamente dicho. Casi la mitad de los trabajadores de la Gerencia disfrutan de una jefatura, lo que supone el acceso a determinados complementos. El convenio de los trabajadores de la Gerencia es uno de los mejores de España, según se admite en las valoraciones oficiales, y en sus preceptos se contemplan numerosas ventajas.

Es cierto que las sucesivas corporaciones municipales han dejado de cumplir con las transferencias aprobadas cada año por el Pleno municipal con destino a la Gerencia de Urbanismo, lo que ha lastrado las arcas de este organismo. Es cierto también que las contrataciones de eventuales han cesado, que los puestos por jubilación han quedado amortizados y que a la Gerencia ya no llega un euro de los convenios urbanísticos que perdimos, amén de que los ingresos por intereses financieros son ya un sueño celestial.

La Gerencia no ha estado bien tratada en ciertos aspectos fundamentales por el gobierno local en los últimos años. Monteseirín pasó de usar las reservas de este organismo autónomo para pagar la obra de las setas, a obligar a hacer las fotocopias por las dos caras, una brusca y dolorosa transición del Möet&Chandon al Dubois que refleja a las claras el talante de un gobierno que no tomó las precauciones debidas en tiempo de vacas gordas.

Zoido también siguió la senda de no cumplir con las transferencias en beneficio de la Gerencia. El dinero se reservaba para salvar Tussam y Lipasam, en un plan en favor de la política de infantería que es la que, ciertamente, percibe el ciudadano. El PP amagó con la negociación de un nuevo convenio colectivo con la finalidad de bajar sueldos hasta un 30% a cambio de hacer funcionarios a los trabajadores. Hasta el entonces líder de la oposición, Juan Espadas, estuvo de acuerdo en la necesidad de moderar los salarios, siempre y cuando se asegurara la existencia de la Gerencia como organismo autónomo, pues el PP dejó entrever que su deseo real era la disolución del organismo y la apuesta por su integración como servicio en una delegación. ¡Los dos grandes partidos fueron de la mano en un primer momento para rebajar los sueldos! Sí, pero como siempre ocurrió con Zoido: fuese y no hubo nada. El ordenanza que menos cobra en la Gerencia percibe 29.000 euros anuales, lo que supone la mitad que el actual alcalde, quien recuérdese que fijó el sueldo máximo de políticos y cargos de confianza en 60.000.

Juan Espadas, hoy alcalde, no quiere ni oír hablar de recortes de sueldos en la Gerencia. Sufrió para conseguir un gerente por 60.000 euros, un salario muy por debajo de la mayoría de los jefes de servicio. Alguno de ellos superan los 100.000 euros anuales si se tiene en cuenta que a todos los complementos hay que sumar el de antigüedad, que oscila entre un 10 y un 75% más de sueldo base en función de los años de desempeño en la empresa. La Gerencia de Urbanismo sigue concentrando las canonjías del Ayuntamiento, por mucho que esta afirmación soliviante a algunos representantes sindicales, y escueza a los altos cargos de Espadas que han sido víctimas del absurdo tope salarial impuesto por el alcalde. Los altos sueldos de la Gerencia de Urbanismo han sobrevivido a la crisis y todo indica que lo harán al gobierno de un alcalde que se mostró partidario de “adaptar” las tablas salariales del organismo autónomo cuando era líder de la oposición. Bastante tiene el delegado, Antonio Muñoz, con intentar sacar inspectores a la calle alguna tarde para luchar contra la invasión de veladores y mobiliario urbano en la vía pública, porque, pese a los elevados emolumentos, resulta un lujo contar con trabajadores de la Gerencia después de la hora de comer. Lean lo que reza la norma: “La jornada de trabajo es de 37,5 horas semanales, que se desarrollará de lunes a viernes entre las 07:45 y las 15:15, con horario flexible entre las 07:30 y las 09:00, y entre las 14:00 y las 16:00, y una jornada obligatoria de cinco horas comprendida entre las 09:00 y las 14:00”. Todo lo cual sin olvidar las ayudas médicas, los permisos retribuidos, el festivo del viernes de Feria por tradición, el tiempo de descanso ante el ordenador y, por supuesto, el compromiso del gobierno de ampliar la caseta de Feria. No faltaba más. Comisiones Obreras ha olido la pusilanimidad de Espadas y, al año y medio de gobierno, ha asomado la patita: “Nuestros sueldos han disminuido”. Y los veladores han aumentado. Y luego dicen que los canónigos ya no saben latín. En la Cartuja hay algunos canónigos en toda regla. Sancho, con la Gerencia hemos topado.

Hábitat vacante durante 28 días

Carlos Navarro Antolín | 7 de agosto de 2016 a las 5:00

El delegado de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo del Ayuntamien
AGOSTO es un mes para morirse sin hacer ruido, disfrutar de la fresca penumbra de algún templo de guardia, o hartarse de aparcar donde el resto del año resulta heroico. Este agosto de políticos de Madrid en plena actividad nos está adulterando los días de quietud por antonomasia. El agosto de siempre nos es hurtado. Debe ser el efecto de la crisis de valores que nos asuela, que no tiene que ver con el piso de los zapatos, oiga. España se nos va como se nos ha ido cuarto y mitad de Sevilla con el persianazo al sucedáneo de La Alicantina. Aquí no vacacionan los leones del Congreso, ni Rajoy parece que tenga tiempo de pisar Las Marismillas. Larga vida al mosquito tigre de Matalascañas. Nadie defiende el mes de agosto, que se debería vivir siempre como Dios manda:entre baños y paseítos de chicotá en chicotá para dar cuenta del helado de turrón.

¿De verdad que no queda nadie que defienda las esencias del agosto de toda la vida? En Sevilla hay una caracola donde se resiste el empuje de los nuevos tiempos como los locos galos aguantaban en su aldea los envites de los romanos. Sí, hay una reserva espiritual del mes de agosto nada menos que en la Gerencia de Urbanismo, organismo autónomo del Ayuntamiento. Ya no quedan fondos de los convenios urbanísticos ni grandes morterás por los intereses financieros, pero sí queda una idea clara de lo que debe hacerse en agosto: largarse.

En la Gerencia se para en agosto aun cuando Andalucía vaya imparable, ¿verdad mi dilecto Antonio Muñoz, delegado de la gaita del Hábitat Urbano y del cuerno de la abundancia del Turismo, amén de la cultura?

No quedan picos de La Alicantina, ni calentitos del Postigo (ea, ya salieron), ni los perfumes carísimos de Uclés. ¡Sevilla se nos va! Pero sí nos queda el agosto de toda la vida en las caracolas de la Isla de la Cartuja, con esa sensación de oficinas sin oficinistas y las pajaritas de papel en desbandada, de ventanillas sin ventanilleros, del vuelva usted en septiembre, del lo sentimos pero no está el compañero que tiene que mover el papel de esta mesa a aquella otra mesa, del torno sin tiempo de desayuno que controlar… ¿Cuánto se tarda en tomar un café con leche sin lactosa, sacarina en vez de azúcar, media de la parte de abajo poco hechecita con tomate en rodaja y un hilo de aceite? Pues según los últimos estudios se tarda entre 37 y 43 minutos en días sin lluvia. Si llueve, la cosa se dispara a los 53 minutos.

Nos contaron que la Gerencia de Urbanismo era el motor de la ciudad. Pues en agosto se queda gripado en días sin frío. Sólo hay que mirar los 28 días de ausencia de su delegado. Antonio Muñoz, la sonrisa del gobierno de Espadas, anuncia período de hábitat vacante del 8 de agosto al 4 de septiembre, ambos inclusives. Este Muñoz se nos ha hecho aficionado al PA justo cuando el andalucismo vuela como el grajo.

–Se equivoca. El compañero Antonio se ha sacado el carné del PA, pero del PA del Por Ausencia.
Por ausencia de Muñoz firmarán los poquitos expedientes de Urbanismo que logren llegar hasta la mesa oportuna los concejales Juan Carlos Cabrera (del 8 al 14 de agosto), José Luis David Guevara (del 15 al 21 de agosto), Joaquín Luis Castillo (del 22 al 28 de agosto) y Juan Manuel Flores (del 28 de agosto al 4 de septiembre). ¿No se tratan los socialistas de compañeros? Muñoz debe estar contentísimo con sus compañeros que le hacen los turnos de rúbricas para que él se sople 28 días de ausencia en una España en funciones. Más que compañeros, estos turnos tan bien organizados son un reflejo de que, por lo menos, se trata de compadres de Muñoz.

Rajoy negociando con las derechas (Sánchez dixit) mientras Muñoz nos deja el hábitat vacante durante 28 días. ¿Quién tendrá la originalidad de arremeter este largo agosto contra los veladores desde el atril de la oficialidad al mismo tiempo que tiene las competencias para poner orden? ¿Quién nos recordará el horror estético de la Avenida? ¿Quién vigilará si la obra de la Alameda mantiene el amarillo horripilante? ¿Y el turismo, quién velará por el turismo en la ciudad terciarizada por excelencia? El delegado de Turismo se va en el agosto sevillano que el PP trataba de vender como destino idóneo donde los reyes magos dormían la siesta a la sombra de la Catedral.

Un enorme vacío nos condiciona la existencia durante 28 días. El motor de la ciudad (Espadas dixit) se queda al ralentí. En la caracola número uno no suena la chicharra, sino aquella música de Jon Secada de los años noventa: “Otro día más sin verte, Antonio”. El gerente Ignacio Pozuelo sólo estará ausente del 8 al 28 de agosto, pero anuncia dos jornadas para firmas: los días 18 y 25. Este gerente no se entera de que en agosto hay que levantar el pie del acelerador, que ya no están los tiempos para impulsar proyectos a la vera del río, ni otros camelos del urbanismo productivo.

Los 28 días de asueto del gran Muñoz me recuerdan al concejal novato de Ciudadanos al que le preguntaron por las fechas de sus comparecencias ante los medios en agosto del año pasado, recién estrenado el mandato: “¿Pero el Ayuntamiento abre en agosto?”. Abre, claro que abre, Naranjito de la Plaza Nueva, pero en el caso de Urbanismo el Hábitat está vacante, el pontífice cambia de aires. No lo veremos en 28 días. Y por no ver, no vemos estos días ni al alcalde, que se ha debido ir a otros lares a dar la barrila con las “reformas estructurales” que quiere hacer en el Ayuntamiento.

¿Y las derechas? Lo de las derechas suena a cartel electoral de la República, a serial de Nicolás Salas, a la ciudad de toda la vida que ahora se nos va, pero que un socialista como Muñoz salvaguarda como El Penitente salvaguardó tantos tesoros en esos años cuyo lenguaje rescata alguien tan moderno como Pedro Sánchez. El campo para quien lo trabaja y agosto para descansar. En el próximo barómetro de Antonio Pascual (Unos vienen y otros van, Antonio Pascual siempre está), los jóvenes universitarios de Sevilla dirán que de mayor quieren ser Antonio Muñoz. Agosto es para hacerse el muerto… Y resucitar en septiembre con el hábitat bien fresquito y remojado.
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La perspectiva buenista en los veladores

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2016 a las 5:00

En los Reales Alcázares. Espadas mantiene una reunión con los organizadores del congreso ASTA agencias de viajes de EEUU
LOS veladores se reproducen. Como los manteros. Como los gorrillas en tiempos de Rojas-Marcos, el alcalde que creó aquellos vovis que eran parados con uniformes que ayudaban a aparcar a cambio de un donativo. Espadas debutó anunciando su intención de poner orden por medio de un plan de trabajo con los distritos para no recurrir al aparato coercitivo de la Gerencia de Urbanismo: “Queremos que se vea el tema desde otras perspectivas, no sólo de la que genera ingresos”. Tururú, señor alcalde. Primero, porque la teoría de la perspectiva suena a la equidistancia buenista que los políticos aplican a todo problema sensible. Un ejemplo: ¿La movida nocturna es molesta? El político de catálogo acude al manual de la corrección exenta de compromiso, que dicta en su lección primera: “Fórmese una mesa para ver el problema desde todas las perspectivas: jóvenes, empresarios de la noche, vecinos y fabricantes de destilados”. Y confundidos con tantas perspectivas ocurre como cuando uno se pierde en una bulla de Semana Santa, que te quitan la cartera… O te cogen el culo, ahora que se ven más culos que nunca en la Avenida de la Constitución. Pues al alcalde le han cogido lo que dijimos con los veladores. En un año se ha metido él solito en la bulla y nos quiere confundir con una notas de prensa que son un bacalao, un bacalao como el que Zoido inauguró en la cuesta del ídem, símbolo de la bacalá de gestión.

Segundo, porque al final Espadas ha tardado muy poquito en empezar a hacer lo que había que hacer, que es recurrir a los servicios de inspección de la Gerencia de Urbanismo, como revelan las campañas anti-veladores que periódicamente pregona el Ayuntamiento, pero el error está en que lo hace sin poner antes los medios adecuados. Sin hacer los deberes. Ha mandado a los inspectores a poner multas. Eso está muy bien, señor alcalde. ¡Adelante la infantería municipal contra unos abusos tan evidentes! Ocurre que las oleadas de multas suenan mucho, pero son estériles. Porque sólo hay un inspector por cada 1.800 veladores. La última batida anunciada esta semana proclama sesenta expedientes “en menos de un mes”, una cifra ridícula si se tiene en cuenta que Sevilla es una ciudad de 700.000 habitantes, más de 4.000 bares y más de 10.000 veladores legales (súmense los ilegales, que son legión). Todo resulta tan ridículo como aquel anuncio de atajar el problema por medio de bienintencionados planes a través de los distritos. Los distritos están muy bien para los talleres de aerobic, los cursos de cocina, la ventanilla para preguntar dónde se consigue un certificado del padrón y, sobre todo, para que un ramillete de concejales en tiempos de Zoido tuvieran la pedrea de un despacho oficial. Pero poco más.

Aquí la clave es meterle mano al organigrama de la Gerencia de Urbanismo para que haya una cantidad de inspectores suficiente y, sobre todo, para que haya personal de inspección por las tardes y las noches de los fines de semana. Vigilar los veladores a las diez de la mañana es como reordenar el trafico en la puerta de un colegio un diez de agosto. Para saber dónde están los abusos en asuntos de veladores no hay que recurrir a ningún distrito. Ni a planes especiales. Se trata de crear por fin el cuerpo de inspectores de la vía pública que debe tener una ciudad que vive tanto en la calle. Ha pasado un año de este gobierno y sólo hemos visto la calle Mateos Gago libre de obstáculos en Semana Santa o en tardes de vía crucis. Será que la Semana Santa es lo que mejor se le da a este alcalde que pone una vela en el altar de la derecha sociológica, en Roma rodeado de embajadores, curas y monjas, y otra en las carrozas del Orgullo Gay, jalonando la Avenida de fotos picaronas, que lo grave no es la carrera oficial de culos, tangas y correajes, que eso sí que es una mezcla de perspectivas. Todo muy edificante, señor Espadas. ¿Pero para cuándo la sombra en la Avenida? ¿Para cuándo las cláusulas sociales en los contratos públicos que impidan el uso de materiales duros y la obligación de tener en cuenta zonas de sombra para los peatones? Siga yendo a Roma y siga sembrando de culos la Avenida, pero coloque sombra, por favor. Por piedad.

Espadas le ha echado más valor a tirarle tierra al proyecto embrionario de la mezquita en Sevilla Este que a retirar los veladores en el centro o en la Buhaira. Será por la teoría sevillana de temer aquello que se conoce. Y el alcalde sabe que a esta ciudad le gusta estar sentada. El alcalde nos cuenta que la clave es tener pronto un jefe de la Policía Local, pero no nos dice que la otra clave pendiente (de Balbín) es triplicar los inspectores de la vía pública y hacer retenes de guardia los domingos y festivos, aunque para eso hay que fajarse con los sindicatos, negociar, trabajar, asumir riesgos, vivir tensiones, gestionar, gobernar en definitiva. A Rojas-Marcos le crecían los gorrillas y se inventó los vovis. A Espadas le crecen los veladores y se inventa unas batidas de multas de escaso valor, con pretendido eco, pero sin el efecto siquiera de un analgésico. Estamos igual que con Zoido. Hemos sustituido la melva por los culos. Ya lo avisó el alcalde. Había que cambiar la perspectiva.

Cuatro años de urbanismo defensivo

Carlos Navarro Antolín | 14 de abril de 2015 a las 5:00

ZOIDO Y MAXIMILIANO VILCHEZ, INFORMAN SOBRE LOS AVANCES DE LA CIUDAD DE LA IMAGEN
Tras el ciclo inversor de la Expo´92, Rojas-Marcos trató de continuar una política basada en las grandes obras. Sin Exposición Universal y con los primeros presupuestos públicos ya recortados para Sevilla por el complejo de las administraciones con la capital, el alcalde andalucista mantuvo los sueños de grandeza a base de estadios cartujanos, placebos de Juegos Olímpicos, la reforma del Prado de San Sebastián, las nuevas losetas de pizarra sucia alrededor de la Catedral y la recuperación urbanística de la Buhaira. Perdida la Alcaldía en 1995, el PA mantuvo a toda costa la parcela de poder de la Gerencia tanto con la Alcaldía de Soledad Becerril (1995-1999) como con la de Sánchez Monteseirín (1999-2003). Todo por el Urbanismo, rezaba en la entrada del cuartel andalucista. Todo era negociable para Rojas-Marcos en el reparto de la tarta de poder municipal, menos Urbanismo. Rojas-Marcos dio la Alcaldía en 2003 al PSOE con tal de mantenerse en las caracolas de la Cartuja y con la coartada de que así se garantizaba el inicio de la obra del Metro. Aquel pacto antinatural acabó con su carrera y con el propio Partido Andalucista, que sigue perdido en el limbo de la papelera de reciclaje de la política. Los socialistas explotaron hábilmente el concepto del urbanismo bajo sospecha para estigmatizar al PA, aunque ninguna sentencia judicial ha corroborado práctica ilegal alguna. El daño estaba hecho y el objetivo logrado.

La ambición andalucista por garantizarse siempre la Gerencia bastó para trasladar a la opinión pública una imagen de desconfianza que, sumada a otras causas, terminó por dejar en la cuneta a Rojas-Marcos y a sus chicos. Los socialistas recuperaron por fin el control de la Gerencia de Urbanismo en 2003. Como en la canción de Julio Iglesias, lo mejor de la vida de la Gerencia se lo llevó Monteseirín, con unas cifras de ingresos por licencias, tasas y convenios urbanísticos tan mareantes que nunca se echaron de menos las transferencias comprometidas en el Pleno para garantizar el funcionamiento de este organismo autónomo. La Gerencia, como la Catedral de Sevilla, era un modelo de autofinanciación gracias al boom de la actividad inmobiliaria. Monteseirín ordeñó bien las vacas gordas. Justo en 2003 comenzó la escalada de ingresos en todos los conceptos de un organismo fundado en 1983. Basten dos datos: en 2010 se presentaron a licencia proyectos por valor de 212 millones de euros, y en 2011 se ingresaron 11,1 millones de euros por intereses bancarios. Monteseirín impulsó una ristra de proyectos no exentos de polémica, pero consecuencia de su habilidad para despertarse cada mañana queriendo sacar un conejo de la chistera. Lo de menos era el proyecto, el presupuesto y el plazo. Lo importante era sacar adelante las ideas. A veces, al precio de colisionar con vecinos, hosteleros y, por supuesto, con la oposición del PP que escrutaba los expedientes. Del urbanismo bajo sospecha se pasó al urbanismo productivo, como le gustaba decir al alcalde socialista, e incluso al urbanismo morado, con el riego de subvenciones a las cofradías y entidades religiosas por valor de más de cuatro millones de euros.

El PP se estrena en la Gerencia de Urbanismo en 2011 condicionado por la obsesión de no provocar ningún escándalo, por no meter el pie en ningún charco y por no incurrir en chanchullos. Zoido tenía claro que sus políticas no podían estar basadas en las megalomanías y pelotazos de otros tiempos. Recibe una Gerencia en la que se ya se cuentan los folios y se exigen que las fotocopias se hagan a dos caras para ahorrar papel. Se obsesiona con la austeridad, amortizando plazas, no renovando contratos externos y reduciendo cargos, tanto como por denunciar la herencia recibida declarando la situación de este organismo autónomo en “números rojos”. Al frente de Urbanismo coloca a quien tenía pensado desde 2007, cuando se quedó sin gobernar. Buscaba el perfil de alguien que no tuviera relación alguna con el sector de la construcción, alguien que no echara la tarde meciendo la copa en el reservado de un restaurante, alguien de perfil blanco e intachable y, por supuesto, con un interés muy reducido en obtener notoriedad. La combinación de esa obsesión por la austeridad, el currículum limpio del elegido y el bajonazo de los ingresos han generado una suerte de urbanismo defensivo más preocupado en no cometer una falta que en meter un gol. El PP no ha metido el pie en el área de urbanismo, ni ha disparado a puerta nunca. No es que al alcalde le haya faltado tiempo, es que le ha faltado gestión cuando se trata de mirar hacia la caracola número uno de la Cartuja. La pusilanimidad ha marcado muchas acciones. Pongamos dos ejemplos extremos: ni se ha sacado adelante el azulejo trianero de la zapata, ni la reforma del PGOU anunciada mediante un comité de sabios con nombres y apellidos. Y en medio podríamos enumerar decenas de proyectos, incluida la marcha atrás en el helicóptero de la glorieta de los Bermejales en el que se iban a tirar 180.000 euros.

A Zoido y a su muy honrado delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, el reverendo Vílchez, le han aflorado veladores hasta en las mismas narices del Ayuntamiento. La recaudación por las licencias para mesas y sillas se han duplicado (casi un millón de euros en 2013, un 31% más que en 2012 y un 102% más que en 2011) y son ahora casi la principal fuente de ingresos de la Gerencia. Sevilla se ha convertido en un gran velador estos cuatro años. La incapacidad para controlar los evidentes excesos en las terrazas es palmaria. Se ha dejado hacer a los hosteleros con la coartada de la recuperación económica. Sólo ha faltado echarle la culpa a la Junta de la reproducción masiva de los veladores como si se tratara de Ikea, la SE-35 o la Gavidia.

Tampoco tiene la Junta la culpa de la incapacidad para negociar un nuevo convenio colectivo en la Gerencia, que el gerente, Alberto de Leopoldo, denunció a finales de julio de 2013 cuando la mayoría de los trabajadores empezaban las vacaciones. Urbanismo sigue padeciendo hoy una superpoblación de jefaturas, con una plantilla en la que los sueldos y las ventajas laborales están muy por encima del resto del Ayuntamiento, hasta tal punto que el PSOE admitió que era conveniente bajar los salarios.

El PP ha sido incapaz de sacar rédito a un urbanismo de tiesos. Maximiliano Vílchez se marcha de la política definitivamente, lo cual es suficientemente revelador por mucho que se quiera aplicar el maquillaje de las siempre respetables razones personales. Vílchez, persona de máxima confianza del alcalde, ya admitió en una entrevista concedida a este periódico en diciembre de 2013 que había pensado en dimitir. La falta de sinergia con el gerente que le impusieron ha sido más que evidente. Ni ha habido grandes proyectos, ni impulso político para los pequeños, ni control del colesterol urbano que son los veladores, ni inspectores por las tardes ni los fines de semana, ni nuevo convenio colectivo… Ni la picardía mínima para sortear los obstáculos de un cuerpo de técnicos demasiado esquinados la mayoría de las veces, o demasiado asustados por ver desfilar a compañeros camino del juzgado. Son malos tiempos para basarlo todo en la honradez. La corrupción no sólo no está amortizada, sino que resulta rentable. Las últimas elecciones parecen demostrarlo.

Salvemos a Maximiliano

Carlos Navarro Antolín | 11 de diciembre de 2014 a las 5:00

Rueda de prensa de Maximiliano Vílchez.
LOS presupuestos cantan. Zoido acude al rescate de la Gerencia de Urbanismo en sus últimas cuentas del mandato. En las famélicas arcas del organismo autónomo entrarán 54,2 millones de euros, lo que supone un aumento de 15,4 millones más respecto al año que expira. Si se comparan estos números con la deuda que arrastra el Ayuntamiento desde hace lustros con la propia Gerencia, reconocida por el alcalde en una reciente reunión con los enlaces sindicales y cifrada en 290 millones de euros, no es que las cuentas de 2015 vayan a sacar de los números rojos a la que siempre fue la delegación más deseada por todos los partidos políticos, pero sí es un hecho objetivo dónde se hace el principal esfuerzo en cuestión de transferencias.

Conste en acta, por ejemplo, el ridículo capítulo de inversiones de Emvisesa, reducido a 15.000 euros en 2015, una verdadera miseria. A Emvisesa se la desconecta poco a poco del respirador artificial de las transferencias mientras a la Gerencia se le mantiene la mascarilla en un contexto de elecciones y cuando está pendiente de aprobación el nuevo convenio colectivo que afecta a 500 trabajadores. Maximiliano Vílchez, delegado de Urbanismo, no tiene dinero para poner toldos en la Avenida de la Constitución cuando aún se están recogiendo los vidrios rotos de la gran borrachera de aquellos años de convenios urbanísticos que reportaban dinero a espuertas, de constructores enganchando en la Feria y del carbónico francés volando en cestas de Navidad.

Salvemos a Maximiliano, proclaman los grandes gurús del presupuesto. Salvemos al delegado de Urbanismo más tieso de la historia. Ganemos (Podemos) tiempo hasta mayo, reza la letra pequeña. En las caracolas de la Cartuja saben perfectamente que los anuncios de transferencias suelen ser papel mojado. La Gerencia ha sido siempre el amigo rico, el pagafantas de la vida municipal. Pero ahora no hay ni para toldos. Maximiliano no puede vender ni la sombra. Y sin toldos no hay paraíso.

Presentado el presupuesto de 2015, con esas obras que son como los moros de Queipo, siempre las mismas, sólo faltan ya los camellos por la Alameda de Hércules para rematar diciembre. Esperemos que este año ninguno muerda. Nos referimos a los camellos, claro. Los otros se pegarán dentelladas, máxime (de Maximiliano) cuando los puestos de salida se cotizarán aún más caros al reducirse la corporación a 31 concejales.

Mamarrachada en San Bernardo

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2013 a las 5:00

fotos del parque de bomberos, que se vea el horror de la rehabilitación.
Al arquitecto de la Gerencia de Urbanismo que ha dirigido la obra de rehabilitación del parque de bomberos deben estar preparándole los servicios de protocolo del Ayuntamiento la Medalla de Sevilla, blonda y mantilla. Un pedazo de medalla por haber conseguido convertir la estética regionalista del edificio en una reminiscencia de Hotel NH, en una continuación del pabellón de oficinas de la Diputación Provincial, en las cocheras del Metrocentro o en la fachada trasera de cualquier tanatorio de provincias. Elijan ustedes mismos el ejemplo para semejante desmán. Si hay un edificio con valores histórico-artísticos en Sevilla que cumple a la perfección con la utilidad para que la que fue concebido por el arquitecto Juan Talavera –sobre un diseño previo de Antonio Arévalo– es el Parque de Bomberos de San Bernardo, levantado en la Sevilla de los años veinte que emergía al impulso de la Exposición del 29. La fachada sobre la que ahora se ha colocado la mamarrachada de aluminio se ha pasado años con una pintada: “Peligro, derrumbe”. Y ahora deberían colocarle una muy ajustada: “Ojo, mamarrachada con dinero público”. O más aguda: “Este edificio era de Juan Talavera… Era”.
La verdad es que poco se puede esperar de los sucesivos gobiernos de la ciudad que han sido y son incapaces de reordenar la estética de los alrededores del principal monumento de la ciudad. La cochambre paisajística que rodea a la Catedral es la más pura representación de la indolencia imperante en Sevilla a la hora de preservar su mejor tesoro. Tampoco se debe albergar esperanza alguna en la Comisión de Patrimonio de la Junta de Andalucía, que lo mismo autoriza el mamotrero de las setas de la Encarnación que sufre un repentino ataque de mojigatería para impedir el traslado de la fuente del siglo XVIII –único motivo de belleza que queda en la plaza– porque forma parte de la historia y la estética del lugar. A buenas horas la preocupación por la estética y la historia de la plaza multiusos.
Entre los propios bomberos de Sevilla surgió en 2012 una inicitiva digna de elogio para que la Junta de Andalucía declare Bien de Interés Cultural (BIC) el edificio, todo un ejemplo de profesionales sensibilizados con las singularidades del inmueble en el que trabajan. La petición se presentó el 8 de marzo, festividad de San Juan de Dios, patrón del cuerpo de extinción y salvamento. Los bomberos pidieron la adhesión del Ayuntamiento. Pero nunca más se ha sabido. Hasta que algún lumbrera de lápiz y caracola ha reventado la vista del Parque de Bomberos desde el puente, dejando la preciosa torre del edificio navegando en una marejada de aluminios de pabellón de análisis del SAS.
Al subir al puente de San Bernardo, el guía turístico puede ya invitar a los japoneses a mirar a la izquierda, donde se apreciará el adefesio de oficinas de la Diputación Provincial incrustado como la grasa al antiguo cuartel de la Puerta de la Carne y el atentado con dinero municipal contra el regionalismo sevillano del Parque de Bomberos. A la derecha, todo un ejemplo de desidia en el antiguo mercado de la Puerta de la Carne, otro edificio con valores notables, que iba a ser el Pompidou sevillano con aparcamiento subterráneo y se va a quedar en mercado gourmet en el mejor de los casos.
La nueva arquitectura está como la cocina: empeñada en las fusiones. Y al regionalismo sevillano le sienta el aluminio como el ketchup a la ensaladilla.
bomberos

El peligro del precio según mercado

Carlos Navarro Antolín | 28 de noviembre de 2013 a las 5:00

gerencia

En la vida cotidiana sevillana hay que temerle a muy pocas cosas. Pero es importante tener claro qué cosas son aquellas ante las que hay que agarrarse la cartera, cambiar de acera o silbar para liberar el miedo. Cuando el tío del chambergo deshilachado entra en el tranvía y comienza el discurso con el prefiero pedir antes que robar, fíjense cómo el personal sufre un repentino interés por la arquitectura regionalista del Alfonso XIII, la tardofranquista de los juzgados o la herreriana del Archivo de Indias (de Herrera el del Escorial, no el de la radio). Mientras el tío suelta la filípica de la madre que está enferma, el personal hace el estatuario sin quitar el ojo de la ventanilla. Hay que reseñar también la de gente que no tiene ventanilla y que cuando entra ese tío se mueve a buscar asiento en la otra punta del convoy, como si fueran en el AVE a Valladolid y acabaran de subirse en Puertollano. Otros peligros de Sevilla son los servicios de caballeros de ciertos grandes almacenes, donde siempre hay unos tíos que extrañamente tardan un mundo en hacer sus necesidades en el retrete. Hay que apuntar a estos tíos en la lista de las grandes esperas de la vida cotidiana por detrás (nunca mejor dicho) de esos usuarios de cajeros automáticos que se eternizan ante la ventanilla.
-Oiga, si no hay dinero, no hay dinero, déjelo ya… Que los últimos movimientos no cambian por más que lo intente.
Pues esos tíos de los urinarios de los grandes almacenes son siempre los mismos, de la muy antigua congregación de los mirones de Sevilla, blonda y mantilla. Hay mirones de obra, como hay mirones de retrete, verdaderos mirones de retrovisores afinados, así como quien no quiere la cosa; mirones que van del urinario al lavabo, del lavabo al calefactor, del calefactor al espejo, a la búsqueda de la mejor perspectiva… de la escobilla del váter.
Y otro de los grandes peligros son esas cartas de restaurantes con sus platos estupendamente explicados, hasta con subtítulos en inglés en plan ham croquet o fish salad, y sus precios perfectamente tasados con sus céntimos y su IVA. Hasta que, zas, llegan los mariscos o las carnes de esos animalitos que se crían con música para que relajen las carnes y, horror de los horrores, aparece la peligrosa leyenda: precio según mercado. O directamente su abreviatura: s/m. Toda una leyenda astifina, tanto o más que la del camarero que entona el peligroso “tenemos fuera de carta”, que suele convertirse en “fuera de precio”. Ni un solo camarero recita los platos fuera de la carta con las pedreas de los precios.
Recordaba la teoría hostelera del “precio según mercado” a cuenta de dos recientísimos casos en los que se han hecho o están a punto de hacerse contrataciones estrellas en tiempos de penurias. Hace unos meses ficharon en cierta institución muy peculiar a un ejecutivo con un sueldo propio del paraíso que prometen en esa casa a todo el que por allí se arrima, que se arriman bastantes. Y el prenda de turno que nos justificaba semejante fichaje galáctico de alrededor de 6.000 euros del ala al mes (con su cuadrilla de pagas extra) decía tajante y solemnemente: “Es que se le ha fichado a precio de mercado”. ¡Olé! Los mercados mandan. Y cómo mandan.
Esta semana mismo anunciaba la Gerencia de Urbanismo que se hará con los servicios de cuatro expertos para revisar el PGOU, que parece que el PGOU es como los principios de Groucho Marx, que si no gustan se cambian, mientras traiga la prenda en buen estado y el recibo de compra. Parece que el gerente de Urbanismo contará con cuatro grandes especialistas de la planificación y legislación sobre la materia procedentes de la calle, que parece ser que en las caracolas de la Cartuja no hay nadie que sepa de esas materias. ¿Y cuánto cobrarán los sesudos analistas? “Estarán remunerados de acuerdo con los precios del mercado”, dice el gobierno en una respuesta por escrito. Pues ya lo saben. La cosa va de estocada, como los langostinos fuera de carta, como la carne de los bueyes, como las ostras del gourmet. O como en el retrete de los mirones como se descuide un segundo. Estocada al canto… Cuando se alude al precio de mercado hay que hacer como la señora del tranvía cuando entra el tío de la madre enferma: agarrar el bolso. Que vienen los mercaderes del templo, nunca mejor dicho.

La esquina de oro

Carlos Navarro Antolín | 23 de septiembre de 2011 a las 6:05

A la milla de oro del café en que se ha convertido la Avenida en la última década se suma la aparición de una auténtica esquina de oro con una fachada inmejorable: Joaquín Guichot, Fernández y González, la propia Avenida y la Plaza Nueva. Justo cuando los relojes municipales se han quedado parados, desembarcan los suizos enamorados de las posibilidades de la antigua sede central del Banco de Andalucía. Cuentan que lo mejor ocurrió en una de las visitas, cuando alguien les explicó que la finca atesora un valor añadido de imposible tasación: seis plantas con sus correspondientes balconadas para ver cómodamente todas las cofradías a su paso para la carrera oficial. Imagínenses ustedes, señores maestrantes de la bollería, cómo pueden quedar de dulce con sus principales clientes invitándolos a mangar balcón toda una tarde de Domingo de Ramos, o sacándoles algunas perras gordas a una cadena de televisión para que ponga sus cámaras de pitón a rabo de la Semana Santa. La veta morada de una esquina de oro. Todo un valor añadido. Salió a colación. Verídico.