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El fin del cuaderno azul en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de noviembre de 2016 a las 5:00

Feria 2016
EL PP de Sevilla sigue siendo un partido en crisis, fracturado, sometido a un continuo estrés, a los vaivenes propios de un cambio de pontificado, del inicio de un nuevo ciclo, donde hay fuerzas que se resisten al cambio y agentes que tratan de irrumpir con la vitola de ser los paladines de un nuevo estilo. El PP de Sevilla es un paciente al que la estructura regional no consigue monitorizar, no logra controlar sus pasos, ni vaticinar sus querencias. El PP de Sevilla vive en continuas contracciones, a la espera de un parto que nunca llega. Funciona sufriendo. Es imposible algún augurio a largo plazo. Cualquier anuncio de futuro que no se pueda materializar en poco tiempo resulta poco creíble. Humo. Zoido se ha ido y su marcha ha desencadenado una suerte de proceso sucesorio en el grupo municipal, avanzado y retransmitido en directo por este periódico en su edición digital a mediodía del pasado jueves. Todo es interino en el PP y en el Grupo Popular. Nada es fijo. El pujante sector crítico logró el jueves una portavocía adjunta y –tal vez lo más importante– consiguió que el nuevo organigrama se acordara tras un debate de tres horas. Una sesión tan larga fue la prueba palmaria del fin del cuaderno azul, aquella libreta que simbolizaba la política digital de la era aznariana: la elección a dedo de los sucesores y delfines en un partido eminentemente presidencialista.

Hasta el mismo Arenas, consciente de que ya pasaron sus días de vino y rosas, anda remangado para lograr que los suyos sean fuertes en la plaza sevillana. Los críticos no pudieron frenar el jueves que el portavoz principal en el Ayuntamiento sea un oficialista, Alberto Díaz, ex jefe de gabinete del alcalde Zoido. Los críticos hubieran preferido, al menos de boquilla, a la concejal María del Mar Sánchez Estrella para dejar así en la reserva activa (activísima se podría decir) al verdadero aspirante a candidato a la Alcaldía en 2019: Beltrán Pérez. El pecado de Sánchez Estrella fue, tal vez, postularse en exceso para el cargo. Un pecado, en cualquier caso, perdonable en el mundo de la política tras cumplir alguna penitencia liviana.

El presidente provincial, Juan Bueno –la cara amable del aparato– jugó con los tiempos. Estuvo hábil hasta que se le vieron las cartas (marcadas). Sus prisas lo delataron. ¿Por qué había que dejar reorganizado el grupo municipal ese mismo jueves? Porque si esperaba un día más ya no dispondría de la mayoría necesaria (siete sobre doce) para sacar adelante su plan, pues la salida de Gregorio Serrano y Curro Pérez (oficialistas fichados por Zoido para Madrid) lo dejaba en cuadro de inmediato, por mucho que hubiera forzado la presencia de Jaime Ruiz, que todavía no ha jurado el cargo de concejal. Ruiz avaló el plan de Bueno sin entusiasmo: “No es mi propuesta pero la apoyo por respeto al presidente del partido”. Si Bueno esperaba la llegada de los sustitutos, la cosa se le ponía aún más fea, pues ya calientan en el andén Rafael Belmonte (vicario general de la causa beltraniana) y Carmen Ríos (crítica con el zoidismo). Bueno metió la directa, afrontó y forzó una reorganización a paso de mudá. Gregorio Serrano, que a esas horas aún ocultaba su condición de flamante director general de la DGT, pidió “respeto” para el presidente provincial. Los críticos, que comenzaban a olerse que el barco oficialista sufría vías de agua, pidieron retrasar la reunión para repetirla cuando ya se pudieran sentar en la mesa los doce concejales que, de verdad, iban a representar al PP en los dos años y medio de mandato que aún quedan. Pero Bueno quería a toda costa dejar los deberes hechos antes de que Zoido confirmara sus fichajes hispalenses, los que iban a dejar a Bueno sin garantías de éxito.

La consecuencia del inminente desembarco de Belmonte y Ríos es que el oficialista Alberto Díaz será un portavoz que dirigirá el Grupo Popular en aparente minoría, será una especie de Rajoy del palomar que tendrá que dialogar cada día, cada minuto, cada instante. No con el PSOE, sino con los suyos. Porque corre el riesgo de ser revocado en cualquier momento. Para dejarle claro que es un portavoz en situación de supuesta fragilidad, los críticos se movieron en la misma mañana del viernes. Se sintieron estafados por Bueno, que no reveló el jueves que Serrano y Pérez tenían ya un pie en el AVE para mudarse a Madrid. Hasta la Secretaría del Ayuntamiento llegaron los amagos para revertir los nombramientos. Bastaba con que cinco concejales retiraran sus firmas del acuerdo alcanzado el día anterior. Con el amago enseñaron la punta del cañón, exhibieron el músculo. Y nada más. Entre los oficialistas hay quien asegura que, en realidad, carecían de las firmas suficientes.

La estructura regional pidió paz, suplicó un período de calma tras meses de convulsión. Derrocar al nuevo portavoz era técnicamente posible, pero el escándalo estaba servido. El PP de Sevilla sería, de nuevo, un avispero a dos meses del congreso nacional. Y, sobre todo, en fechas muy próximas a la elección de los compromisarios que habrán de representar a la provincia en esa cita de febrero en Madrid.

Díaz se comerá los polvorones como portavoz mientras la regional siga frenando el empuje del ariete de los concejales críticos, auspiciados desde la Diputación por la correosa portavoz Virginia Pérez, y dirigidos desde Madrid por el lince Arenas. Díaz es un hombre de José Luis Sanz, el senador y alcalde de Tomares al que su pueblo hace tiempo que se le queda pequeño. El cariño de la regional por todo lo que huela a Sanz es más bien escaso, pero el PP andaluz no quiere más frentes abiertos. Moreno Bonilla no tiene ningún entusiasmo por Zoido, al que culpa en buena parte del rechazo que sufre en Sevilla, ni por Sanz, al que Zoido aupó a la condición de aspirante a presidente regional con un sonoro fracaso. Pero la regional prefiere a Díaz de portavoz durante un período pacífico que sufrir otra crisis como la del pasado verano. Díaz, por el momento, ha comenzado a entrevistarse cara a cara con los concejales críticos. Ha encontrado, en principio, buen talante y ganas de trabajar en armonía. El nuevo portavoz del PP es consejero de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales. Parece que seguirá siéndolo. Yque respetará el puesto de María del Mar Sánchez Estrella en el patronato del Alcázar. Los cambios que haga, en las empresas municipales o en el equipo de asesores, están por ver. Ahí se percibirá si es un portavoz con las manos libres, o tutelado desde el Ministerio del Interior. De lo que no hay duda es de que conoce los errores del zoidismo.

Beltrán Pérez, hoy portavoz adjunto de su formación en el Ayuntamiento, querrá ser el portavoz principal más pronto que tarde. El caso es que no se lleva mal con Alberto Díaz. Desde la pasada Feria, como se aprecia en la imagen que ahora ve la luz, establecieron una conexión bendecida por el propio José Luis Sanz. En cuanto Sanz tuvo conocimiento del primer acto de los críticos, ocurrido el mediodía del Miércoles de Feria en la caseta Los Manijeros, sabía que el personaje clave, con el que se medirá tarde o temprano, era Beltrán Pérez. Díaz estuvo con Pérez el martes de Feria, con Rafael Belmonte como testigo. Y Sanz y su fiel Díaz acudieron a la caseta particular de Beltrán Pérez el mismo miércoles por la noche. Ambas partes siempre han tenido la interlocución abierta en los meses más duros de empuje de los críticos.

El posible salto de Sanz a la política municipal en Sevilla, opción ya apuntada en estas páginas en varias ocasiones, pasa por varios requisitos. Que se quede limpio cuanto antes de cualquier nuevo frente judicial. Que recupere el poder orgánico, por lo que tendría que ser de nuevo presidente del PP hispalense, ya lo fue en un período notable. Y que sepa convencer al electorado de que hoy se puede ser alcalde de Tomares y mañana aspirar a la Alcaldía de Sevilla. Sanz es un tipo criado en el casco antiguo y hermano muy antiguo en San Isidoro, por lo que goza del marchamo capitalino, otra cosa es que el padrinazgo de Zoido para esa aventura sea el adecuado.

El Zoido de 2016 es ministro, pero no es el Arenas del 96 al 2004. Zoido no tiene influencia en los designios del partido como la tenía el de Olvera en sus buenos tiempos. Ya se vio cuando el ex magistrado fue presidente regional interino, un período negro en una trayectoria política que alcanza ya las dos décadas. El peor favor que Zoido puede hacer a su amigo Sanz es promocionarlo para ser alcalde de Sevilla. Incluso hacer como que lo hace. Ocurre que Zoido ha aprendido de Arenas todo lo que sabe de política. Como diría Malú en su canción de éxito:“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro para hacer sufrir. Si alguna vez fui mala lo aprendí de ti. No digas que no entiendes como puedo ser así…”. Zoido ha visto a Arenas hacer y deshacer en Andalucía y en Sevilla desde los despachos de Madrid. Eso le influye. Es determinante. Pero Arenas podía permitirse aquellas acciones por dos razones: había creado escuela, todos eran sus discípulos, por lo que tenía autoridad moral, y además siempre conseguía perpetuarse en alguna plaza de poder orgánico e institucional en Madrid. Zoido no ha creado escuela, más allá de tener una cuadrilla de fieles (Gregorio Serrano y Curro Pérez) y no se ha perpetuado en el poder. Más bien al contrario, los lodos de hoy del PP sevillano proceden del barro de haber perdido la Alcaldía de los 20 concejales. Cuando el poder sale por la puerta, las uniones en los partidos saltan por la ventana. A la vista está.

Mal haría Zoido en jugar a ser Arenas a la hora de ejercer de árbitro en el PP sevillano por mucho que el Ministerio del Interior sea una plaza de una indiscutible importancia. Zoido se puede salvar a sí mismo. Por su currículum, por su encanto personal para ganarse a Cospedal como se ganó en su día a Arenas, por su inteligencia de hombre de pueblo y por su pericia para hacerse el sueco. Pero no puede salvar a los demás ni erigir nuevos candidatos. Por el momento no goza de esa potestad. Tuvo una gran oportunidad de convertirse en ese político total del PP en Andalucía, creador de nuevas figuras. Pero no quiso. Rajoy aún está esperando que Zoido le diga en una conversación privada que su sucesor como máximo responsable del partido en Andalucía era Sanz. Esa petición, realizada en firme y con rotundidad, hubiera puesto a Rajoy en un serio compromiso, pues se la hubiera hecho quien ostentaba en ese momento la presidencia regional del partido y la Alcaldía que se había convertido en el estandarte del municipalismo para el PP. Zoido nunca dio ese paso, más allá de referencias en contextos mitineros.

Los nuevos tiempos en el PP no tienen ya el azul de ninguna libreta. Todo lo ocurrido en la formación hispalense en los últimos meses prueba que buena parte de los cargos y militantes han perdido ese respeto reverencial por el aparato del partido, que ahora se ve vulnerable y que es heredera de una estructura incapaz de haber conservado el poder municipal que se logró de forma tan brillante. No se equivocaron José Luis Sanz ni Alberto Díaz en abrir la interlocución con Beltrán Pérez en aquellos días de Feria. Los hechos demuestran que Díaz está condenado a entenderse con los críticos en el Grupo Popular. Y que los críticos tienen que medir su fuerza, ahora que en el Ayuntamiento la van a tener con más intensidad que antes, para no aparecer como políticos con un apetito voraz de poder. Ysi Sanz quiere bajar de Tomares a Sevilla es mejor que construya el teleférico prometido. Porque ya no hay ministro que tenga un dedo tan poderoso. Los emperadores desaparecieron como los dinosaurios. Hasta hay uno que fue vicepresidente del Gobierno que sigue enredando las madejas aparentemente menos importantes. Se toma la molestia en hacerlo. Vivaquea todo lo que le dejan. Ojo al tipo. Arenas no estaba muerto, estaba de parranda. El de siempre, el que los enseñó a todos. El maestro Yoda del PP andaluz. Sigue descendiendo al foro donde se eligen los portavoces de la oposición municipal. Quizás porque sabe que el poder se construye de abajo hacia arriba. Los cuadernos azules ya no señalan desde arriba a los que mandarán desde abajo.
Sev.

Días intensos en el palomar del PP

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2016 a las 5:00

Foro Joly con Soraya Sáez de Santamaría, Portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados. Presentado por Javier Arenas
LOS movimientos internos para la reordenación del Grupo Popular en el Ayuntamiento se intensifican desde la marcha de Juan Ignacio Zoido. La edil María del Mar Sánchez Estrella se mueve para ser la nueva portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, según confirmaron ayer fuentes oficiales del partido. Hoy mismo, de hecho, ofrece una rueda de prensa sobre asuntos de patrimonio histórico con la que alcanzará una notoriedad clave en unas jornadas especialmente sensibles en el palomar, que es como se conoce popularmente a las dependencias del partido en la Casa Consistorial.

Sánchez Estrella, amiga personal de Zoido y ex delegada de Cultura, tiene buena relación con el grupo de cinco concejales que forman parte del sector crítico, encabezados en el Ayuntamiento por Beltrán Pérez, por lo que podría ser la candidata de consenso que encajara en los planes del presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno.

Bueno prefiere el consenso antes que someter la elección del portavoz a una votación, lo que siempre entraña riesgos, de ahí que esté consagrado estos días a cambiar impresiones con cada uno de los concejales (en un contexto de más o menos formalidad) con el objetivo de pulsar sus opiniones y preferencias. Bueno, que ostenta el cargo de presidente del grupo municipal por ser el presidente provincial del partido, no ha esperado a que se oficialicen los posibles fichajes sevillanos del ministro Zoido, unos fichajes que, sin duda, tendrían una gran repercusión en la reordenación del grupo si, por ejemplo, el ex alcalde tira de algunos de sus afines para el Ministerio de Interior, como pudieran ser los casos del actual portavoz adjunto, Gregorio Serrano, o de Alberto Díaz, hoy concejal y que fue su jefe de gabinete en los años de alcalde.

Si la opción de Sánchez Estrella saliera adelante, Bueno puede habilitar dos portavocías adjuntas con las que guardar los equilibrios entre oficialistas y críticos, como ya hizo el PSOE en la última etapa de Monteseirín. Ocurre también que la opción de Sánchez Estrella no cuenta con todos los apoyos dentro del propio sector oficialista, donde hay quien considera que se está moviendo demasiado para postularse al cargo en unos tiempos en los que, precisamente, conviene tener más “paciencia” que nunca.

El Grupo Popular ya ha pasado por situaciones de interinidad muy similares. La última vez fue cuando Raynaud dimitió en el verano de 2006 y el PP decidió que la edil Alicia Martínez asumiera la portavocía de forma interina, mientras Juan Ignacio Zoido se preparaba para sus primeras elecciones municipales. En las filas oficialistas, algunos sí ven a Sánchez Estrella como la portavoz interina idónea, pero otros del mismo sector advierten que ella no oculta que se ve para empresas mayores, por lo que alertan de la posibilidad de que, al final, la conflictividad esté garantizada a medio plazo.

Lo único confirmado ahora mismo es que el río está revuelto. El presidente provincial no disimula cierta euforia. Bueno va últimamente mucho a Madrid, donde recibe mucho cariño, como le ocurrió en la toma de posesión de Montoro como ministro. Serrano y Díaz guardan silencio. Y Sánchez Estrella se mueve.

El guardiamarina Zoido

Carlos Navarro Antolín | 6 de julio de 2016 a las 5:00

juan sebastián1
MEDIA España buscando a Pedro Sánchez, el hombre que tiene la llave de la estabilidad del Gobierno, y resulta que el que de verdad lleva días perdido es nuestro Zoido. El palomar del Ayuntamiento está en situación de sede vacante por partida doble. No están ni el número uno ni el número dos. El líder socialista ha sido sorprendido de escapada en Mojácar, la mar de relajado en un chiringuito de la costa almeriense, meditando sobre su nuevo fracaso, revestido otra vez de triunfo como corresponde a la liturgia electoral. Los ricos también lloran como los políticos también descansan, sobre todo después de la campaña electoral de la moviola: repetimos. Pedro Sánchez a Almería y Zoido nada menos que al Juan Sebastián Elcano, el buque escuela de la Armada Española, al que solicitó subirse junto a su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, reconocido aficionado a la náutica. ¿Recuerdan los años en que los socialistas le afeaban a Serrano en los Plenos que fuera propietario de un barco?.

El ex alcalde lleva meses preparando este viaje con vista a los días posteriores a las elecciones. Un descanso programado en un formato muy original. Del 2 al 6 de junio. De Marín a Cádiz. El periplo termina hoy. Zoido y Serrano han participado como invitados después de haber cursado la correspondiente solicitud, aprobada por el almirante general jefe de Estado Mayor de la Armada. Embarcaron el sábado a mediodía. Y está previsto el desembarco en el Puerto de Cádiz a mediodía de hoy siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan. Ambos han sido hospedados en los espacios dejados libres por los guardiamarinas de la Escuela Naval Militar que se quedaron en Marín.

La Armada dejó claro a sus dos invitados que el buque escuela está destinado a la formación de los futuros oficiales, por lo que está exento de las comodidades que se pueden encontrar en barcos de otro tipo. No hay melva a bordo que se sepa. Se las ha permitido lucir ropa informal, sin estar sujetos a uniformidad o etiqueta alguna, y han debido firmar la declaración de exoneración de responsabilidad del Estado en caso de cualquier tipo de incidente propio de los riesgos de la singladura.

Ni fotos, ni comunicados, ni mensajes en las redes sociales. Zoido quería embarcar de incógnito, con el menor ruido posible, volver de Cádiz y aquí no ha pasado nada. Como Pedro Sánchez en Mojácar, camuflado con una gorra. Pero al final ha trascendido su vocación de guardiamarina. Zoido y Serrano ruedan Botón de ancla. O Cateto a babor, según precisan algunos con sentido del humor. La política es una forma de navegar. Unas veces a vela. Otras con motor. Mejor el Juan Sebastián Elcano que el chiringuito. Clase se llama.

La batalla del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2016 a las 6:24

cajanegra190616Ilustración: Rosell

 

La tensión emerge. Se evidencian los primeros golpes directos. La batalla por el PP de Sevilla tiene ya dos bandos claramente diferenciados con cabecillas locales y con sendos líderes desde Madrid. La contienda empieza a sumar no sólo fotos en las que unos exhiben músculo y otros una preocupación palmaria por unos movimientos inéditos en la historia del partido, sino que genera también momentos en los que se producen rifirrafes entre destacados responsables ante mucha militancia presente. Valga el ejemplo de los pudorosos padres que han perdido el pudor y discuten delante de la prole.

Ocurrió la tarde del lunes, 6 de junio, en la sede provincial de la calle Rioja. El presidente provincial, Juan Bueno, convocó por medio de Ignacio Flores una reunión con una treintena de militantes muy escogidos, entre ellos varios responsables de distrito. Todos ellos tenían en común no haber participado, de momento, en la Operación Manijero, organizada por el sector crítico que reclama un vuelco en el partido. La coartada de Bueno era informar de los preparativos de la campaña electoral. En realidad se trataba de un intento por entonar el Prietas las filas tras las escaramuzas  de los críticos que, liderados por la secretaria general Virginia Pérez y el concejal Beltrán Pérez, cosechan cada día más apoyos, publicados en las fotografías de familia que difunden estratégicamente por las redes. La reunión transcurría, en principio, con toda normalidad hasta que ocurrieron dos cosas: la entrada en la sala de Virginia Pérez, que había sido ninguneada de la convocatoria, y la pregunta de un militante de Triana (allegado al edil Curro Pérez) que demandaba información sobre las fotos de la Operación Manijero, tomadas en unos actos a los que –no se olvide– no estaban invitados los rostros tradicionales del PP. El militante preguntó –dicen que la pregunta fue en tono capcioso– y Juan Bueno respondió como presidente provincial. Las valoraciones de Bueno no debieron gustar nada a la camarlenga Virginia Pérez, que irrumpió con una intervención no autorizada e interrumpida por la mesa. Así estalló la refriega. Juan Bueno dejó claro que no autorizaba la intervención nada menos que de su secretaria general, afeó su conducta y le negó reiteradamente el uso de la palabra. Bueno recriminó a la camarlenga que se había colado en la sala, cosa que él –afirmó– nunca había hecho en los cónclaves promovidos por ella: “¡Te lo vuelvo a repetir, yo no me he metido en una reunión tuya!”. Reprobó su conducta ante el nutrido grupo de militantes: “¡Estás dando un ejemplo muy malo a los compañeros!”, gritó Bueno. Reivindicó, con una evidente tensión, su potestad como presidente provincial para responder a la pregunta sobre unas fotografías inéditas en el PP: “Yo voy a contestar, me han preguntado a mí”, dijo para que no lo hiciera Virginia Pérez en su lugar. Y ante la intervención de la secretaria general, que alzaba la voz desde las últimas filas, el presidente Bueno insistió: “¡Que no, que no, que no tienes la palabra”. Nadie daba crédito a la tensión que acababa de aflorar. De las fotos en las redes sociales se había pasado al enfrentamiento directo entre el número uno y la número dos del partido, nítidamente ya posicionados cada uno en un bando.

En el bando oficialista, avalado desde Génova por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, figuran junto a Juan Bueno dos de los rostros tradicionales de los últimos tres lustros del PP de Sevilla: el diputado nacional Ricardo Tarno y el alcalde de Tomares, José Luis Sanz. Con ellos está el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Los cinco tienen el objetivo común de pararle los pies a Javier Arenas, al que ya frenaron en su intento por repetir como número uno por Sevilla en las elecciones generales del pasado diciembre, un logro que enojó a Arenas, que después de muchos años pasó a ser “el ausente” en unas elecciones generales. Todo lo que Tarno, Sanz, Bueno y Zoido saben de política lo han aprendido de Arenas. Casi todo lo que han conseguido se lo de deben a él en buena medida. Ocurre que hace ya algún tiempo que todos quieren matar al padrino, hartos de que éste quiera disponer de unos y otros en función de sus intereses estratégicos. Para ellos es clave parar a Arenas y no permitirle que vuelva a controlar el PP sevillano por medio de sus afines.

En el bando crítico, impulsado por el propio Arenas en sus continuas reuniones conspiratorias y en sus archiconocidos culebreos de fin de semana por los pueblos, figuran la secretaria general Virginia Pérez (conocida también como la camarlenga porque, en realidad, no puede figurar formalmente como secretaria general al no formar parte del comité ejecutivo) y el concejal Beltrán Pérez, los dos arietes de la Operación Manijero. Ella quiere ser la próxima presidenta del partido. Él aspira a la portavocía del grupo municipal. Entre ambos, con la bendición del padre natural del centro derecha-andaluz, han conseguido que la subdelegada del Gobierno, diputados autonómicos, alcaldes de la provincia, concejales de la capital y militantes varios, acepten retratarse en armonía y ambiente festivo para exigir el cambio en la estructura local de un partido marcado por el estatismo y la ausencia de voces críticas.

Arenas quiere llegar al próximo congreso nacional apuntándose el control de Sevilla por medio de compromisarios leales a su causa. Cospedal quiere hacer lo mismo por medio de Zoido y los tres rostros tradicionales. De aquí a entonces existe la posibilidad de que un bando abra brechas en el otro. Los oficialistas intentarán minar la relación de confianza que mantienen Virginia Pérez y Beltrán Pérez mediante ofrecimientos políticos diversos,  siempre y cuando el PP salga bien parado del 26-J, pues el conflicto se recrudecerá si el resultado no es bueno. Sin el pan del gobierno en la familia, las dentelladas entre hermanos se disparan. Los críticos, además de volcarse en sumar nuevos apoyos entre la militancia y preparar nuevas acciones de demostración de fuerza, tratarán de ganarse la adhesión pública del concejal Alberto Díaz, uno de los principales amigos de José Luis Sanz. Sanz tiene la capacidad de elegir bando al ser el único alcalde del PP al frente de un ayuntamiento metropolitano y poseer un escaño como senador. De hecho mantiene una  relación fluida con Beltrán Pérez, con quien cenó la pasada Feria horas después de que trascendiera el primer aldabonazo de la Operación Manijero.

Otro escenario donde se libra la batalla del PP de Sevilla es el grupo popular en el Ayuntamiento, donde Zoido pierde adeptos de forma paulatina, bien porque tienen cuentas pendientes por sus decisiones como alcalde, bien porque ven próximo el final de una etapa y quieren estar bien posicionados para el futuro. Beltrán Pérez cuenta con la adhesión pública de los concejales María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Evelia Rincón y José Luis Martínez. Son cinco en total de los doce actuales. Si Zoido dimite tras las elecciones generales, el siguiente en la lista es Jaime Ruiz, que ahora está colocado en el Tribunal Económico y Administrativo ganando casi el doble de lo que percibe un concejal en la oposición. Lo lógico en tal supuesto sería que Ruiz renunciara a tomar posesión como concejal, pero los oficialistas han previsto esta posibilidad y ya le han advertido que, llegado el caso, tiene que aceptar su retorno al Pleno a toda costa. ¿La razón? Si Ruiz no acepta, el siguiente en la lista es el abogado Rafael Belmonte, beltranista acérrimo que, además, está muy bien conectado con la sociedad civil. Belmonte sería el sexto adepto al nuevo orden. Los oficialistas quieren impedir que Beltrán Pérez sume ese apoyo dentro del grupo. El referido Alberto Díaz sería, pues, absolutamente clave para inclinar la balanza a favor de Beltrán Pérez, que con él y la entrada de Belmonte tendría su particular mayoría absoluta garantizada dentro del grupo.

Zoido cuenta en el grupo municipal con la lealtad de su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, avalado por el presidente Juan Bueno para ser portavoz titular si el ex alcalde dimite en el Ayuntamiento, y de Curro Pérez, que fue su delegado en Triana y descafeinado portavoz del gobierno de los 20 concejales. Curro Pérez, por cierto, no despierta precisamente simpatías en Javier Arenas. ¿Tiene Zoido algún partidario más entre los concejales?  Quizás Lola de Pablo-Blanco, que sabe que su futuro político sin Zoido es sencillamente inexistente. Los restantes que no han sido nombrados, caso de Ignacio Flores, estarán con el poder establecido en cada momento. Y el poder establecido en el principal grupo de la oposición sigue siendo Zoido por el momento.

Todo se mide en tal grado en esta batalla que las llamadas telefónicas a los militantes están siendo continuas para pulsar los apoyos, desprestigiar al rival u obtener información sobre los movimientos del contrario. Los asesores del grupo son mirados con lupa. Y, cuando hubo una vacante, se descartó la contratación de una de las trabajadoras más veteranas y conocedoras del Ayuntamiento por ser la cónyuge de uno de los miembros de la ejecutiva regional del partido que más reclama la renovación del PP sevillano y el fin de la era Zoido.

Hasta antiguos rostros del PP, como el ex edil y ex secretario general Ricardo Villena, ha reaparecido en la escena al asistir a una de las reuniones de emergencia convocadas por el sector oficialista para analizar la revuelta, cuando Villena hace años que vive refugiado en el Tribunal Económico Administrativo. Arenas, por su parte, sigue pidiendo a los suyos que apoyen los movimientos de los Pérez (Virginia y Beltrán). ¿Quiénes son los suyos? Jaime Raynaud, Felisa Panadero, Patricia del Pozo, Macarena O’Neill, Rafael Salas, Rafael Carmona… ¿Qué dicen los oficialistas? Que la Operación Manijero no tendrá éxito al ser una “suma de resentidos”, que la inercia del partido se volverá a imponer y que Javier Arenas abandonará el bando cuando vea que la iniciativa pierde fuerza, o cuando consiga sus objetivos particulares en el congreso nacional.

La batalla, en definitiva, es una suma de frentes particulares. Arenas contra Cospedal. Arenas contra sus antiguos cachorros rebeldes. Tarno, Sanz y Bueno contra Arenas. Beltrán Pérez contra Zoido. Virginia Pérez contra Juan Bueno. A todo esto, el presidente regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, se frota las manos al ver que del PP sevillano, del que no ha obtenido más que el frío del desprecio, recibe ahora hasta peticiones de apoyo. El malagueño espera ser el pescador del río revuelto hispalense.

El peligroso círculo de confort

Carlos Navarro Antolín | 12 de enero de 2016 a las 5:00

Sevilla,01/12/2014.
A mayor decadencia del imperio, más grandes las estatuas. Cuanto más indiscreto es el canto de las sirenas del estómago por el hambre acumulada, más migas de pan impostadas en las solapas del abrigo. Los romanos ocultaban su decadencia. Carpanta maquillaba a duras penas sus míticas ganas de hincarle el diento al pollo asado. En la política actual hay fotografías oficiales que representan a la perfección el drama, gestos que recuerdan a la Roma de la grandeza perdida, y decisiones revestidas de fuerza que recuerdan a la frustración del infortunado personaje de Bruguera al que el plato de comida caliente, al final, siempre le resultaba esquivo.

El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento y ex alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, convocó a los concejales en la tarde ayer para comunicarles el nombramiento de Gregorio Serrano como su portavoz adjunto. La cosa tiene mérito. No porque Serrano, veterano de la política municipal, consiga por fin un reconocimiento político (más allá de la sobrecarga de competencias de los cuatro años de gobierno), sino porque Zoido afronta la tarea de tomar una decisión en clave interna. Y lo hace provocando una fuerte contestación que, como siempre ocurre en el PP, queda muda a la hora de la reunión. Zoido en realidad quería proclamar a Curro Pérez como portavoz adjunto a finales de la pasada semana, pero la dirección provincial desautorizó este nombramiento. No se olvide que el presidente provincial, Juan Bueno, lo es también del grupo municipal. Bueno intervino en la sesión vespertina de ayer, en presencia de doce concejales y dos asesores, para proclamar que el nombramiento de Serrano y otros cambios menores de organización interna (pedreas en el reparto de fiscalización de los distritos y otras chucherías de consolación) se había hecho de acuerdo con el partido. Revestido con la estola del aparato oficial, agitó el hisopo para bendecir al nuevo portavoz adjunto mientras el fiel José Miguel Luque sostenía el acetre. ¡Vaya sapo que se traga el bueno de Bueno para mantener prietas las filas! Por lo demás, el presidente provincial dijo unas palabritas de rigor sobre el esfuerzo que espera de todos, la dificultad de la coyuntura política actual, la incertidumbre sobre la posibilidad de unas nuevas elecciones generales y, por último, aludió a los “procesos de renovación del partido” en referencia al próximo congreso provincial.

Con razón Virginia Pérez, coordinadora general del PP sevillano, estaba que trinaba en la mañana de ayer en la Diputación. La Pérez, a la que algunos ven perfiles susanistas en clave conservadora, ya advirtió en la última junta directiva provincial que no quiere personalismos. Y la forma en que Zoido ha tramitado la designación (legítima) de su portavoz adjunto ha rayado en el cesarismo propio de la decadencia en el contexto de un momento político especialmente delicado.

Zoido desprecia los aparatos del partido y tiene escasa consideración por los políticos sin oficio propio o forjados en las filas de Nuevas Generaciones. No tuvo más remedio que respetar el veto a Curro Pérez. Pero ya no iba aceptar más tutelas. Ni tutías, que diría don Manuel. Optó por demorar la reunión hasta el lunes y tuvo que elegir a Serrano, un concejal trabajador y leal a su liderazgo, una pieza sólida de ese círculo de confort que Zoido se ha ido creando en los últimos años y que ha ido recortando los campos de acción de un político que antes no daba ni un voto, ni un tema por perdido. En la orilla deja a Alberto Díaz, número siete de la lista electoral. Y en el limbo del odio africano arrincona a Beltrán Pérez, por el que ex alcalde tiene un problema indisimulado de celos. No hay foto oficial de familia que pueda maquillar la desolación de la mayoría de los concejales del grupo, indignados ayer no tanto por la designación de Serrano, sino por las formas en las que se ha tramitado su nombramiento. Muchos preparan ya ese plato frío que no falta nunca en los fogones de la política: la venganza.

El día de ayer aún podía mejorar. Y lo hizo. Zoido anunció en la reunión a puerta cerrada que ha encargado a Curro Pérez –abróchense los cinturones– nada menos que la redacción de un plan estratégico de trabajo del grupo municipal con vistas a 2029. Se trata de preparar la ciudad para el centenario de la Exposición Iberoamericana. ¡Largo me lo fiáis, amigo Sancho! El plan tiene como objetivo prioritario recuperar el poder municipal en 2019 para afrontar después una década de trabajo que deje a Sevilla lista para la gloriosa efemérides. El humo que despide el polo químico de Huelva (va por usted el guiño, Curro Pérez) se queda corto con el venteado ayer en el palomar por el ex alcalde de la ciudad. Ahora que Zoido se marcha a Madrid (decadencia), más ambiciosos son los objetivos fijados (altas las estatuas). Las caras no estaban para chistes ni pantomimas trazadas en hojas de ruta a trece años vista.

El círculo de confort ha absorbido al líder, ha terminado por empequeñecer la figura del político, del dirigente que fue durante dos años la referencia indiscutida del centro derecha andaluz tras años de trabajo a destajo en las que se forjó un perfil de simpatía que convenció a muchos votantes de los barrios tradicionalmente de izquierdas. Pero después vinieron los incumplimientos (más de 60.000 votos perdidos en cuatro años), las frivolidades como ciertas concesiones de medallas de la ciudad, las fotos en el Hola en bodas de chisteras y en otros saraos repletos de agradaores (alejamiento del votante de barrio) y, cómo no, la nefasta aventura de la presidencia regional. Sevilla no es generosa a la hora de administrar el perdón, de ahí el batacazo de las urnas en las municipales. No toda la culpa es de Rajoy. Y presumir de victoria en número de votos es tan legítimo para el consumo interno como irrisorio en los foros públicos.

Tras el teatro de la reunión, copichuela del grupo municipal en un pub irlandés con asistencia de los tres ediles que han dimitido hasta ahora por muy distintas razones: Asunción Fley, Javier Landa y José Luis Vargas. Todos regalaron al ex alcalde un Giraldillo para que le acompañe en su nueva etapa como diputado en Madrid. Las Cortes se constituyen esta semana. Guardando la viña se queda Serrano, un apasionado de la política municipal al que muchos de los suyos no le harán la senda fácil al activar el google a la búsqueda de mochilas en su gestión, ya sea en Fitonovo o en los gastos de la Asociación para la Promoción Exterior de Sevilla.

La función continúa. Unos cultivan el jajajá en público y otros afilan la daga en privado. Carpanta nunca se come el pollo, pero disimula esparciendo migas como portavocías adjuntas en tiempos de penuria. Se nos rompió Sevilla de tanto usarla. Políticos, política.

El PP de Gila: “¿Hay alguien ahí?”

Carlos Navarro Antolín | 24 de junio de 2015 a las 5:00

zoidoespadas
NO sabíamos nada de Zoido desde que se fue del Pleno de toma de posesión de la corporación como se despiden los toreros de las tardes aciagas: a paso de mudá y apretando los dientes por si caen almohadillas de la Cruz Roja. Sí, así abandonó el Salón Colón a mediodía del pasado 13 de junio: por una escalera secundaria, arropado por varios de los concejales y empleados del Grupo Popular, y soportando una pitada de los haraposos de diseño que suelen ser muy valientes cuando actúan en manada. No hubo almohadillazos, porque la Cruz Roja la preside Amalia Gómez, pero se llevó una bronca que no pudieron neutralizar las palmas de apoyo de ediles y asesores. Desde ese día nada hemos sabido del grupo político con más votos del Ayuntamiento. Nadie ha dicho esta boca es mía, salvo Asunción Fley para presentar su dimisión. Días de silencio en los que el PP de la Plaza Nueva parece presidido por Gila:

–¿Oiga? ¿Es el PP? ¿Hay alguien ahí?

Ganó las elecciones y se fue como si las hubiera perdido, cuando debió bajar por la escalera principal, con la cabeza alta y reclamando el primer sitio que, pese a la debacle, le habían concedido las urnas, ¿o no?. Era el día de enseñar los piños, como enseña la Pantoja –“¡Dientes, dientes!”– y no de evacuar el Ayuntamiento como si se acabara de recibir en la centralita un aviso de bomba. El PP sevillano no se cree sus propias teorías de consumo interno. El partido parece noqueado desde aquella noche. A muchos de sus miembros se les ha estreñido el rostro, pareciera que están tratando de buscar a los traidores, caminan por la calle creyendo toparse con alguno de esos 60.000 sevillanos que han dejado de votar al partido de la gaviota y que no han sabido reconocer las bondades de una gestión de cuatro años. “Nos han echado como si fuéramos delincuentes”. No se esperaban jamás semejante resultado. En la primera reunión de los doce electos, celebrada en el Real Alcázar, Zoido pidió perdón a José Luis Vargas, el arquitecto que ocupa el puesto quinto de la lista, por haberlo metido en la “aventura” de gobernar Sevilla y acabar en un despacho compartido del palomar.

Y Juan Espadas, mientras tanto, disfruta de la vía expedita, ancha es Castilla y horrible Imagen. Nadie del PP ha dicho ni pío, por ejemplo, de la constitución del nuevo gobierno, con un alcalde al frente y con Carmen Castreño y Antonio Muñoz sobrecargados de competencias, brazos del Atlas que sostiene el gobierno de Espadas, pese a que hay nada menos que dos ediles socialistas de miranda, orilladas en sendos distritos. Unos con tanto y otras con tan poquito. A Zoido le criticaban la concentración de competencias en pocos ediles, sobre todo en Gregorio Serrano, pero nadie de los doce concejales del PP ha salido del burladero ni a pegar un mantazo. Zoido dice que se queda hasta 2019. Claro que se queda. Primero, porque tiene que jugar sus opciones de ir al Congreso o al Senado en las generales de noviembre. Segundo, porque las novedades anunciadas por Rajoy en el PP dejan vivo, coleando y enredando al que manda en Andalucía: Javier Arenas. “¡Mira Sevilla, presidente, mira Sevilla…! Hay que hacer algo”, cuentan que le susurraba a Rajoy al oído en el despacho de Génova donde se seguía el escrutinio.

La fuerza de Zoido está ahora en enrocarse en el palomar, vender muy cara su salida del Ayuntamiento y mantener bloqueada la expectativa del partido de ir creando un candidato con posibilidades. Si deja la Plaza Nueva, pierde la única liana a la que agarrarse en política. Ayer se estrenó, diez días después de la toma de posesión, por medio de un comunicado del PP provincial. Valoró un asunto de plazos de la Zona Franca, un tema que los sevillanos no paran de comentar en tabernas y cafés de franquicias… Por las que hilan. ¿Que el Papa quiere poner fecha fija a la Semana Santa? Si aquí la gente está hablando de la Zona Franca, qué cosas dice este argentino. Pareciera que Gila continúa: “¿Es el PP? ¿Hay alguien ahí?”

Varoufakis y el gobierno de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 12 de junio de 2015 a las 5:00

Paseo por Sevilla con Antonio Mu–oz, concejal del PSOE
LO suave que han ido las negociaciones para la investidura de Espadas, ¿se ha dado usted cuenta? Parece que nadie recuerda las tensiones de 2003 y de 2007 para negociar el reparto del poder entre el PSOE de Monteseirín y la IU de Torrijos. Monteseirín, glotón de la política, exigió estar en todas las mesas de negociación, pese a que esas tareas se dejan para los escuderos de calidad, para los hombres del aparato, para los fontaneros. La IU de entonces chuleó todo lo posible. Hasta llegó a exigir despachos en Urbanismo, de tal forma que Monteseirín duplicó la estructura de la Gerencia: un vicegerente para IU, una oficina de la bici para IU y una oficina para inquilinos en situación de riesgo para IU. Juan Espadas no se sienta en todas las negociaciones. No se mancha en todas. Para los momentos delicados tiene a su Varoufakis particular, su fiel Antonio Muñoz. A Muñoz se le está poniendo cara de delegado de Urbanismo, de delegado de Turismo, de portavoz del grupo socialista y de no se sabe cuántos cargos más. Que dicen que Muñoz será el Gregorio Serrano de la nueva era de la Plaza Nueva, pero más estilizado, merendando tortas de aceite y sin chaqué para las procesiones. ¿Pues no que dicen que le quieren encajar también Cultura? Y eso que Espadas tendría para Cultura a una chica que se llama Miriam Díaz, que para eso es la secretaria de Cultura de la Ejecutiva Regional del PSOE andaluz. Y para Deportes tiene a Inmaculada Acevedo, que trabaja en el Instituto Municipal de Deportes desde antes de los tiempos del largo pontificado de Monteseirín. Por cierto, a Monteseirín se le espera el sábado en el Salón Colón, en lugar preferente para asistir a la toma de posesión del nuevo alcalde. Hace cuatro años fue el ausente. Y ahora se hará presente, muy presente. El morbo entre maceros está servido.

Sigamos con la quiniela del gobierno. La lidia con el sindicato de Policías (Seguridad) y con Tussam (Movilidad) recaerá en Juan Carlos Cabrera, que asumirá además las funciones de delegado de Fiestas Mayores, donde puede contar con colaboradores como Miguel Bazaga, concejal saliente, y hasta con, tachín, tachín, Carlos Bourrellier, actual presidente del Consejo de Cofradías que no oculta sus ganas por aceptar nuevos retos si llega el caso. Ojo con el actual gerente de Tussam, Manuel Torreglosa, que está muy bien visto por los dirigentes socialistas. Podría seguir en la empresa o ser destinado a otras funciones, aunque los recortes salariales que tendrá que aplicar el nuevo gobierno pueden dificultar la partipación de determinados profesionales. Torreglosa ha conseguido en la empresa de Tussam lo que parecía un imposible: la paz social. Está cantado que Carmen Castreño asumirá funciones de delegada de Economía y Empleo; el veterano Joaquín Castillo tiene papeletas para Hacienda, donde el gerente que deja el PP, Eduardo León, es el mismo que estaba en los tiempos de Monteseirín. León tiene muchas opciones de seguir en el puesto y convertirse en el decano de los gerentes.

El médico Juan Manuel Flores suena para la parcela de asuntos sociales y para la portavocía adjunta del grupo político. Y está claro que Adela Castaño encajaría más en Participación Ciudadana, con varios distritos a la vez, que en áreas como Cultura. La aritmética manda a la hora del reparto de los distritos: hay once a asignar entre un máximo de diez concejales si se tiene en cuenta que Espadas es el alcalde. Si el Varoufakis local se carga de competencias, ya son nueve concejales para asumir los distritos, por lo que no sería descabellado vaticinar que habrá ediles destinados a la atención de más de uno y de dos. A 48 horas de la toma de posesión, nadie ha pedido entrar en el gobierno de Espadas, ni ha exigido estructuras paralelas. Hasta el arzobispo de Sevilla ha lanzado un aviso de cordialidad al recordar que él se entiende bien con gobiernos del PSOE y del PP. La derecha casi no tiene plañideras de su derrota (a la que siguen llamando victoria en el derecho a la última voluntad) y en el PP aún están a la búsqueda del albacea del gobierno de los veinte concejales y 13.000 veladores.
Esto, por el momento, se parece muy poco a aquellas tensiones de 2003 y de 2007, a esas interminables reuniones en los hoteles de Triana y de la Cartuja, o frente a la estación de Santa Justa. De aquellos tiempos sólo queda una chica llamada Susana Díaz, que estaba en la mesa de negociación con IU en 2007. Hoy tenemos a Varoufakis, pero sin reportaje en el papel couché con el Partenón de fondo. Por ahora le esperan las caracolas de la Gerencia, algo más áridas que el Partenón, pero donde algunos se han pasado cuatro años haciendo la estatua con pañuelito en el bolsillo. A Espadas, eso sí, lo vigilará una troika de señores que tienen poca pinta de lucir chaqué. Y no sabemos si merenderán o repartirán tortas.

El más puro estilo Zoido

Carlos Navarro Antolín | 18 de abril de 2015 a las 5:00

PLENO DEL PARLAMENTO DE ANDALUCÍA
Ocurrió por la mañana, en la junta de gobierno de cada viernes en el Ayuntamiento. Despachados los temas del orden del día, pareció sonar el Extra omnes! de la Capilla Sixtina que manda salir del cónclave a todos los que no sean cardenales. Se marcharon el interventor y el secretario. Se quedaron sólo los políticos. Zoido tomó la palabra y, por fin, anunció a los presentes el orden de la candidatura. A esa misma hora se celebraba el comité electoral del PP de Sevilla que debía aprobar las listas, un chau-chau en toda regla carente de debate y espíritu crítico, pues la lista estaba cerrada desde mucho antes. Zoido cantó los nombres sin necesidad de chuleta. El dos, Fley. El tres, Javier Landa. El cuatro, María del Mar Sánchez Estrella. El cinco, José Luis Vargas, un arquitecto que ha logrado colar la diputada Alicia Martínez… Las caras de los halcones se fueron estriñendo al verse relegados a ese tramo de la cofradía donde no se oye la banda de la cruz de guía ni la del primer paso paso, pero se oye con nitidez el estruendo del calentador de la leche de las cafeterías.

Zoido vuelve a confiar en los tecnócratas en detrimento de los hombres de partido que le auparon a la primera victoria (insuficiente) en 2007 y contribuyeron al exitazo de 2011. Cantados los nombres, el alcalde abrió el turno de las intervenciones para posibles aclaraciones, pero aquello era, para unos, la entrada de la Mortaja; y para otros, la salida del palio de la Victoria. Nadie habló. Prietas las filas. Los concejales ausentes de la junta de gobierno se fueron enterando de su puesto por las redes sociales o por los chascarrillos de tertulia.

Los perfiles institucionales y de gestores vuelven a estar primados sobre los estrategas y gladiadores en la arena del circo de la campaña. El alcalde sigue externalizando apoyos y se vuelve a saltar la plantilla del PP. Sigue fiel a los esquemas propios de quien no se ha criado en las Nuevas Generaciones, ni entiende determinados conceptos, hábitos o inercias de la política actual. Ha colocado en los principales puestos de la candidatura (del dos al seis) a cinco profesionales sin bagaje en el partido, provocando una vez más los primeros escozores entre quienes se creían con más derecho a ocupar esos puestos por estar en los frentes vecinales, en la lidia con los funcionarios pusilánimes o en la pelea con los interventores para sacar adelante un gasto. El primer militante de la lista procedente del aparato puro y duro, curtido en la estructura provincial y regional, es su propio jefe de gabinete, Alberto Díaz, que ocupa el séptimo lugar de la candidatura. La composición de la lista revela que el alcalde avala la gestión de los profesionales independientes con los que contó en 2011 (Fley, Landa, Sánchez Estrella y De Pablos) y que es previsor al dejar muy bien colocado a su fiel jefe de gabinete en caso de que se produzca la catástrofe de perder la Alcaldía. Si el PP no retiene el gobierno, nadie duda que habrá una desbandada de los independientes, que no aguantarían muchos meses con el sueldo de edil de la oposición (unos 30.000 euros anuales), por lo que Díaz sería el mejor colocado en la hipotética formación de un grupo político en la oposición, con conexión fluida y directa con el presidente provincial, Juan Bueno. Sabido es que los pontífices tienen por costumbre dejar ordenados como obispos a sus secretarios para garantizarles un blindaje cuando ellos ya no asuman el gobierno de la Iglesia. Zoido ha seguido esta práctica premiando a Díaz muy por encima de halcones del PP local como Curro Pérez y Beltrán Pérez, así como por delante de uno de sus grandes afines, como es Gregorio Serrano, sobrecargado de competencias en el mandato y que ha sufrido en las paredes de su propia casa las decisiones impopulares que ha tenido que tomar en Mercasevilla. Díaz es el Atlas que soporta la gestión diaria de la popularidad de un alcalde que no tendría tiempo material de devolver todas las llamadas telefónicas a las que se compromete. Arenas citaba al personal para almorzar y Zoido, más austero, se compromete a telefonear.
El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, visita la calle Amador de los Ríos junto al concejal delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, y la concejal delegada del Distrito Nervión, Pía Halcón. En la calle Amador de los Ríos, esquina Alonso de Orozco..

La lista del PP está concebida a primera vista para seguir gobernando. Pero Zoido aplica la diligencia del buen padre de familia y ha dejado asomar su carácter previsor en una suerte del todo atado y bien atado en caso de batacazo, pues todo apunta a que se han invertido los términos en el PP nacional como marca electoral: de la ola victoriosa de 2011, que elevaba a la cima del poder hasta al PP extremeño, al tsunami derribista de 2015, que tiene con las carnes abiertas a todos los dirigentes. La marca personal de Zoido, uno de los escasos pilares aún fuertes en la debilitada catedral del centro-derecha andaluz, se pone a prueba en estas elecciones mucho más que en 2007 y 2011. El propio alcalde ya admite que todos los partidos son “buenos socios de gobierno” si se respetan unos criterios elementales, al mismo tiempo que resta importancia a las ideologías en la gestión municipal.

El ascenso de Fley al segundo puesto es un reconocimiento a su gestión al frente de la Hacienda local, una de las pocas alegrías de un mandato marcado por las arcas vacías. El alcalde no ha sabido o no ha podido prescindir del catedrático Javier Landa, que vive su particular pascua de Resurrección después de haber sido dado por orillado de la lista por el propio Zoido, habida cuenta de los roces que ha tenido con otros miembros del gobierno y de algunos episodios desafortunados como presidente del Pleno. Landa ha soportado en silencio que le dieran por amortizado y ha potenciado su presencia en los actos del partido (pese a su condición de independiente) en una última etapa en la que ha procurado suavizar su imagen. El resultado: sigue políticamente vivo. Y muy por delante de quienes han denunciado sus errores como político bisoño.

Una de las novedades de la lista oficial es la ausencia de José Miguel Luque, que el presidente provincial del partido, Juan Bueno, atribuye a razones personales. Las presiones de la vida diaria municipal han podido lastrar su presencia. Luque es el actual delegado del distrito Cerro-Amate, donde el PP no ha hecho más que perder votos en las sucesivas consultas electorales desde las elecciones de mayo de 2011. Es uno de los políticos mejor valorados por el alcalde y por el aparato, de ahí que haya sorprendido su salida de la lista.

Zoido ha premiado también a Pía Halcón en un puesto de salida, pese a que no pudo con el peso de la gestión del Distrito Bellavista-La Palmera y provocó una pequeña crisis de gobierno al ser desplazada a Nervión.

El alcalde no se ha decidido a colocar entre los cinco primeros a Dolores de Pablo-Blanco, delegada de los asuntos sociales. Ha dejado a María del Mar Sánchez Estrella, responsable de las parcelas de cultura y deporte. Las cosas siguen como estaban, lo propio de un perfil tan poco amigo de los cambios y tan contrario a provocar recelos. La lista deja muchos descontentos dentro de casa, provoca daños en los músculos que precisamente deben mover la maquinaria electoral.

Zoido prepara la lista del ‘alumbrao’

Carlos Navarro Antolín | 8 de abril de 2015 a las 12:30

Juan Ignacio Zoido informa sobre el Plan de Pago a Proveedores.
LA noche del alumbrao. Lunes 20 de abril. Es el tope que tiene Juan Ignacio Zoido para presentar la lista con la que pretenderá revalidar la Alcaldía. El alcalde ya tiene en mente el equipo. Sólo le queda cumplir con el trámite de poner la composición en conocimiento del aparato provincial y regional. Cuanto más tarde, menos opción habrá de cambios, sobre todo si se tiene en cuenta que el batacazo del PPregional obliga a las estructuras provinciales a buscar asideros en los ayuntamientos para tantos caídos en la enésima decepción autonómica del centro-derecha andaluz. Respecto a los 20 concejales logrados en 2011, se dan por seguro cinco bajas: Juan Bueno, que ha pasado al Parlamento, y los concejales Javier Landa, Evelia Rincón, José Luis García y Juan García Camacho, para los que habrá destinos de gestión en caso de que se repita en el gobierno.

El PP baraja como puestos de salida hasta el número 16, cifra en la que queda fijada la mayoría absoluta tras quedar la Corporación reducida de 33 a 31 concejales por efecto de la bajada de los 700.000 habitantes en el padrón.

Alguna quiniela realizada en el seno del grupo municipal apunta a un fichaje masculino entre los cinco primeros puestos, pero hay que recordar que a Zoido no le ha ido bien con la incorporación estelar del catedrático Landa como número dos hace cuatro años. La lista será muy de la casa, sobre todo para no desanimar a una militancia que Zoido necesitará a pleno rendimiento en la campaña electoral, ya que se tiene claro que el riesgo de perder la Alcaldía de Sevilla existe en las encuestas y se percibe en ciertos ambientes, pese a que el alcalde se haya dado baños de popularidad esta Semana Santa. Los independientes no sólo no captan votos, sino que pueden provocar la desidia de quienes llevan años en el tajo.

Con Zoido liderando la candidatura, se da por hecho que Asunción Fley, la edil de Hacienda que ha saneado las cuentas, será la número dos. La clave está en conocer quién será la otra mujer que debe figurar entre los cinco primeros puestos. Dentro del grupo se tiene claro que ese puesto es para María del Mar Sánchez Estrella, delegada de Cultura, que fue la número 3 en 2011 y con la que el alcalde tiene amistad personal. Pero no falta quien apunta a que el verdadero deseo de Zoido sería ofrecer ese lugar preferente a María Dolores de Pablo-Blanco. El alcalde está muy satisfecho con su gestión al frente de los asuntos sociales. Y Sánchez Estrella le ha generado algún que otro quebradero de cabeza en Cultura, sobre todo porque la delegada ha cometido demasiadas veces el error de evidenciar sus desencuentros con Benito Navarrete, el asesor estrella de Zoido en materia cultural que ha proporcionado al alcalde los principales éxitos con exposiciones e iniciativas de altura. Ocurre que es probable que Zoido, experto en tratar de quedar bien con todo el mundo, no se atreva a hacer un feo a Sánchez Estrella. No se olvide que Zoido tiene fobia por los cambios y ninguna afición a las crisis de gobierno. Uno de los períodos litúrgicos de la política que más le aterra es el de la confección de las listas.

Además de Asunción Fley, entre los favoritos para esta nueva etapa están Gregorio Serrano, que tendría opciones de mejorar el puesto número diez de 2011, y Curro Pérez, que ha estado orillado en el distrito Triana y en la difusa portavocía del gobierno, cuando se esperaba que ocupara la parcela de Urbanismo. Pérez es clave para Zoido en tiempos de zozobra electoral, dado su elevado perfil político. Si Zoido revalida la Alcaldía, se da por hecho que volará más alto en el nuevo gobierno. De hecho, para su sustitución al frente del distrito Triana se baraja muy seriamente la incorporación a la lista de Manuel Alés, actual director del distrito y profundo conocedor del arrabal.

Otro que debe mejorar posición es Rafael Belmonte, que fue en el puesto 21, al que se encomendó la papeleta de poner orden en Bellavista tras el resultado fallido de Pía Halcón como delegada de distrito, que tuvo que ser trasladada a Nervión, un distrito más cómodo para ella por ser más afín al PP. Halcón goza de muy buena relación personal con el alcalde.

Se da por supuesto que entre los cinco primeros repetirá Maximiliano Vílchez. Y en puestos de salida irán Beltrán Pérez, Ignacio Flores y Jaime Ruiz. El orden será más clave que nunca, sobre todo si no se gobierna. En tal caso habrá desbandada segura, sobre todo porque muchos concejales no tendrán sueldo por aplicación de la ley de reforma local impulsada por Rajoy. Si se repite, el poder es la pomada que alivia cualquier escozor.
Hogar Virgen de los Reyes. Zoido y Dolores De Pablo-Blanco asisten a la entrega de premios del Día del Mayor.

Las doce uvas de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2014 a las 5:00

zoido contraluz
Primera uva. El 24 de mayo, domingo de Pentecostés, Sevilla eligirá una nueva corporación municipal, pero en esta ocasión de sólo 31 concejales en lugar de 33. La revisión anual del padrón ha dejado la ciudad por debajo de los 700.000 habitantes, aquel listón psicológico por el que Rojas-Marcos luchó hasta el punto de hacer de este objetivo uno de los estandartes de su gestión, además de la reforma urbanística de la Buhaira, la horripilante losa de pizarra del entorno de la Catedral y el megalómano estadio de la Cartuja. Pese a la leve bajada en el número de vecinos (el padrón queda fijado en 696.676 habitantes), la ciudad no perderá ni un euro de transferencias del Estado, que es la gran ubre para la cuentas del Ayuntamiento junto con los ingresos directos por el IBI. Para que menguaran los fondos del Estado, Sevilla tendría que bajar de los 75.000 habitantes. Y eso no se ha producido ni en los tiempos de epidemias con salidas extraordinarias del Cristo de San Agustín.

Segunda uva. Juan Espadas se mueve entre la necesidad de ser fiel a su perfil de gestor y hombre serio, y la conveniencia de torpedear la imagen de un alcalde sin mácula que le recuerda la herencia recibida cada vez que los socialistas se crecen un mínimo. Espadas sigue haciendo una oposición palmariamente blanda, de guante limpio, sin denuncias aceradas. Cuando golpea al gobierno lo hace como en una pelea entre hermanos adolescentes. Los puyazos son siempre puntazos, nunca hacen sangre. Basten dos ejemplos. Dice que no culpa al gobierno de la bajada de los habitantes, “sólo” de no haber hecho nada por paliarla. Y si el Grupo Socialista denuncia que el marido de la edil de Asuntos Sociales es colocado como gerente en la fundación privada del Banco de Alimentos, comienza por conceder dos semanas al gobierno para que se explique con la justificación de que se apuesta por una “oposición responsable”. El último “ataque” de Espadas ha sido reiterar que el alcalde es “plano” y que su gestión es “plana”. La verdad es que lo es casi tanto como el estilo de la oposición. La proyección de Zoido en la calle arrolla a la de Espadas, sólo resta saber si lo suficiente como para que el PP obtenga los 16 concejales que darán la mayoría absoluta en 2015.

Tercera uva. Los cinco meses que quedan son terreno de fácil abono para el alcalde. Tras el éxito callejero de la Navidad, Zoido tendrá la cuaresma, la Semana Santa y la Feria para desplegar la cola de pavo real. No hay grandes cintas que cortar ni primeras piedras que colocar. Más vale que no anuncie grandes proyectos en lo que queda de mandato, porque el último, el Paseo del Arte en la Avenida Juan Carlos I, se ha ido ya tres veces al traste después de quedarse descafeinado al perder el atractivo de las piscinas sobre la lámina del río. Estamos ante el final del mandato de la miseria, aunque alguno ha habido en el gobierno que ha intentado “hacer cosas”, creyendo todavía que los políticos están obligados a dejar huella, marca o impronta, cuando la actual coyuntura sólo requiere de poner orden, pagar facturas y garantizar los servicios esenciales.

Cuarta uva. Los símbolos materiales del mandato que acaba son los bares y los veladores, multiplicados en una parábola perfecta; y la Navidad como gran atractivo callejero, descubierta por Zoido para Sevilla como una gran toma de las calles del centro bajo un alumbrado laico. Una deuda por encima de los 700 millones hace inviable que el actual alcalde pueda presumir como hasta hace pocos años lo hacía Monteseirín de obras faraónicas (las setas o el tranvía) o grandes reformas (peatonalización de la Avenida o pasos subterráneos). Zoido a duras penas puede vender el retorno del acceso de los autobuses a la Encarnación o la eliminación de las catenarias del Archivo y la calle San Fernando. El símbolo inmaterial, por otro lado, es el saneamiento de las cuentas por obra y gracia de la delegada de Hacienda, Asunción Fley, que ha conseguido que los bancos vuelvan a sentarse a negociar con el Ayuntamiento y sean claves para liberar a Sevilla del Plan de Ajuste de Montoro, suscrito para pagar a la larga lista de proveedores acumulada desde los primeros años de Monteseirín. El electorado deberá valorar si esa gestión inmaterial, que es la que de verdad da fuste al gobierno, es merecedora de una nueva confianza por cuatro años más.

Quinta uva. Las talas de árboles en Almirante Lobo o la calle Virgen de la Sierra, junto al Prado de San Sebastián, han puesto en jaque la micropolítica de Zoido, basada en la atención cotidiana de las pequeñas necesidades que, sumadas en el día a día, hacen posible el funcionamiento de la ciudad. La paz social reina en Tussam, que en 2015 necesitará dos millones menos en transferencias municipales. El alcalde salió reforzado de la huelga de nueve días de Lipasam en el inicio de 2013. Emvisesa es un páramo a la que se mantiene al ralentí, terminando promociones del mandato anterior y sin ninguna nueva en el horizonte. Y Emasesa buscará en 2015 financiación extra mediante la emisión de bonos sin que por el momento nadie se atreva a afrontar una privatización de la considerada joya de la corona de las empresas municipales.

Sexta uva. Los próximos meses son de revuelo en el seno de los partidos. Después de las fiestas comenzará la guerra interna por la confección de las listas electorales. Hay menos actas a repartir (sólo 31) y, además, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local contempla que haya concejales sin sueldo. En el caso de Sevilla, la ley permitirá la dedicación exclusiva a 22 (al ser una ciudad con población entre 501.000 y 701.000 habitantes), por lo que nueve ediles no tendrán retribución salarial en el Ayuntamiento. Las tensiones se presumen máximas. Juan Ignacio Zoido tiene especial aversión a los períodos de formación de las listas. Odia los cambios tanto como dar malas noticias o tener que decir que no. Su figura es indiscutible en el PP por el momento, por lo que el aparato le dará un margen amplio para hacer un equipo en el que serán muchos los que repitan y muy pocos los cambios. Entre las bajas, se da por segura la de Javier Landa, como adelantó este periódico el 23 de marzo. En el PSOE es poco probable que Juan Espadas goce de tanto margen de maniobra como disfrutó en 2011, cuando apostó por unos independientes (Eugenio Suárez Palomares y Mercedes de Pablos) que acabaron por abandonar el barco tras el peor resultado de los socialistas (sólo 11 concejales) en el otrora fortín sevillano. Las once agrupaciones del PSOE sevillano reclamarán sus cuotas. De lo contrario habrá otra vez brazos caídos. El portavoz adjunto, Antonio Muñoz, se da como fijo en la lista. Está por ver el futuro del otro portavoz adjunto, Alberto Moriña, y de concejales polémicas como Adela Castaño. El susanista Joaquín Díaz dejará la corporación por razón de edad.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Espadas, analiza el plan de ajuste municipal.
Séptima uva. Como era previsible, el alcalde ha comenzado a recuperar viejos hábitos en cuanto intuye el intrigante sonido del tam-tam electoral. Perdido ya en la papelera de reciclaje su título de presidente del PP andaluz, Zoido concede de nuevo parcelas de influencia a sus hombres más vehementes y aficionados a las estrategias, como es el caso del portavoz del gobierno y delegado del distrito Triana, Curro Pérez, que en 2007 fue el jefe oficial de la campaña en la que el PP logró 15 concejales. Pérez acepta con resignación que está considerado un hombre de trincheras (oposición) más que de gestión de los tiempos de paz (gobierno). Ahora viene su período litúrgico preferido y, por lo tanto, le tocará revestirse para las mil y una celebraciones próximas. Si Zoido repite en la Alcaldía, Pérez querrá la parcela de urbanismo, aquella en la que se forjó como eficaz opositor entre 2007 y 2011 y que, al final, acabó recayendo en Maximiliano Vílchez (hombre de paz y no de mítines) cuando se alcanzó el gobierno.

Octava uva. ¿Yquién será el número dos de la lista de Zoido en 2015? El concejal más afín al alcalde sigue siendo Gregorio Serrano, aunque ahora ande inteligentemente tapado. Darle ese puesto a Serrano sería un acto de reconocimiento para un mandato en el que está saturado de competencias (Empleo, Economía, Turismo y Fiestas Mayores) por efecto de la aplicación de un organigrama de gobierno de grandes áreas inspirado en el que puso en marcha Ruiz Gallardón en Madrid. A Serrano le ha sobrado el área de Empleo, se ha tragado los sapos de disolver Sevilla Global y la Televisión Local, y ha tenido que bailar con la más fea, Mercasevilla, lo que le ha costado amenazas personales en la fachada de su casa. Si el PP repite en el gobierno, todo indica que Serrano se ha merecido un mandato algo más amable. Distinto es el baile de números, la obligada paridad y lo que apriete el partido. Recuérdese que Serrano no es hombre de partido. En eso es como el alcalde. Son dos ejemplos de políticos concebidos y nacidos para la gestión municipal.

Novena uva. ¿Y Fley? Si Zoido es alcalde cuatro años más, la todopoderosa concejal Asunción Fley habrá demostrado que con la Hacienda local se hace política; que la austeridad, la montaña rusa de subidas y bajadas estratégicas en los impuestos y el saneamiento de las arcas tienen réditos electorales, justo lo contrario de lo que pregonan los halcones y los vivaqueadores de lunes a viernes en las sedes de los partidos. Su influencia será todavía más incontestable de lo que hoy ya lo es. Nunca se olvide que a su cargo tiene a una directora general que cobra por encima de los 100.000 euros por asumir una nueva parcela de gestión (recursos humanos) a la mitad del mandato. Esta directora general es conocida en el PP como la “bien pagá”. Con lo escrupuloso que es Zoido para los asuntos del pecunio público, nadie osó contestarle a Fley su teoría por la que quien asume mas competencias, debe estar más remunerado, pese a que media España está trabajando más y cobrando menos en el mejor de los casos. La teoría de Fley es de una lógica aplastante, pero difícilmente digerible con el campo poblado de vacas flacas y con muchas gargantas conformándose con las gotas que dejan caer las cañerías de unos grifos cerrados.

Décima uva. El otro gran hombre de Zoido es el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, Maximiliano Vílchez, que recibió la parcela tradicionalmente más codiciada por los partidos políticos, pero en el peor momento. Es el primer delegado de Urbanismo del PP desde la instauración de la democracia. Y también es el más tieso por encontrarse una Gerencia de Urbanismo sumida en números rojos y desangrándose por el bajonazo en los ingresos por licencias, la inexistencia de convenios urbanísticos y la carencia de intereses financieros. A Vílchez le ha tocado pasar de una Gerencia navegando en la opulencia a una Gerencia en la que se exige que las fotocopias se hagan por las dos caras para ahorrar papel. Al igual que Fley, no es un político al uso. Revalidar el gobierno supondría el aval más sólido a su labor.

Undécima uva. El miedo está en la armería electoral del PP. Nadie duda de que Zoido venteará los riesgos de un Ayuntamiento en manos de un PSOE debilitado y tutelado por fuerzas políticas con programas electorales inciertos. Ya lo hizo en 2011, cuando repitió machaconamente que votar el PSOE era hacerlo al líder de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, hoy fuera del Ayuntamiento y con la baja en el partido por los frentes judiciales que acumula. Falta un cuarto de hora para que el PP trate de vincular la figura de Espadas a la de Podemos o Ganemos. Zoido venderá que Sevilla sólo tiene dos salidas: o ser Grecia, o ser Roma. O un conjunto de fuerzas de convivencia incierta, o una única fuerza sólida.

Duodécima uva. Izquierda Unida está concentrada en su particular debate: ser galgo o podenco, seguir siendo IU o mutar hacia otra fórmula de nuevo cuño. El partido cierra el año con dos plenos consecutivos en los que la estampa de su bancada ha sido desoladora: la concejal Josefa Medrano asumiendo en soledad las mociones por la dimisión del segundo portavoz en lo que va de mandato. Con el paso del tiempo, a Zoido le salió bien su estrategia de erosionar directamente al partido que hacía las veces de muleta del PSOE en el poder. Su reto actual es demostrar que ha conseguido ese voto de la inercia por el cual en Sevilla se perpetúan en el sillón algunos decanos de colegios profesionales, algunos presidentes de colectivos profesionales y hasta algunos hermanos mayores. Si aquel voto prestado de 2011 evoluciona a un voto de inercia, la marca Zoido gozará de buena salud.