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Los padres son meros guardadores

Carlos Navarro Antolín | 7 de junio de 2017 a las 5:00

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LOS padres ya no existen. Los padres son guardadores de sus hijos. La patria potestad queda recortada. Reducida. Depreciada. Hay una reducción al Pedro Ximénez como hay una reducción del padre al guardador. O guardadora. Los padres son eso: guardadores. O, mejor dicho, persona guardadora primera y persona guardadora segunda. Ya ni siquiera son padre y madre, ni titulares de la custodia, ni progenitores A o B, ni tutores… Meros guardadores. Hay guardadores de fincas urbanas, que eran los antiguos porteros que fueron orillados por los telefonillos, interfonos o fonoportas, como hay guardadores de hijos, que suena a canguros, cuidadoras o monitoras que entretienen a los nenes mientras los padres salen a cenar, al cine o de escapada. Pues eso son los padres: meros guardadores. Así consta en los pliegos de solicitud de matrícula que se publican en la web de la Consejería de Educación de la imparable Junta de Andalucía. Tantos papeles desempeñan los padres de hoy que han terminado perdiendo eso: el papel. Qué desastre. Ya sabemos que el divorcio deja al padre (varón) como cajero automático y, en el mejor de los casos, como custodio de los hijos en fines de semanas alternos. Los padres de hoy son de todo menos padres. Son transportistas enfurecidos en un atasco cotidiano, proveedores de ocio los fines de semana, monitores de cumpleaños en ruidosas hamburgueserías, administradores de la agenda de deberes y gestores de la agenda social de los churumbeles, animadores socio-culturales, hinchas indecorosos en la grada del colegio cuando hay partidos de fútbol de la muchachada, camareros y otras múltiples funciones de servicio (servilismo) a los vástagos. Con tal de no estar en casa, hay padres con la lengua fuera por las tardes para llevar a los niños a esas actividades extraescolares que se amplían incluso a los fines de semana. Qué horror.
Estar en casa no mola. El aburrimiento no cotiza. El hábito de estudio debe ser eso: una prenda. Todos a la calle, a mover la noria, de aquí para allá. La familia que se desplaza unida permanece unida. Al menos hay que agradecerle a la Junta que siga considerando que los padres son personas. Persona guardadora primera y persona guardadora segunda. Es todo un detalle. Las vueltas que dan algunos para no poner jamón en una cena y las que dan otros para no llamar a las cosas por su nombre e ir laminando del vocabulario todo lo que tenga que ver con el concepto retrógrado, fascista y rancio de familia. Tururú.

Padres reducidos a guardadores son, sobre el papel, padres con menos funciones y con menos competencias en la libre elección del modelo educativo de los hijos. Ustedes limítense a guardar al hijo como el que guarda los abrigos en un cotillón, que para educar ya está la Junta. Ya teníamos a los profesores con pies de barro, desautorizados por la Administración en cuanto un alumno se pone gallo (pastas), y poco a poco iremos teniendo a los padres también con el pedestal de la autoridad no agrietado, sino devastado. Primero orillaron las humanidades y nadie dijo nada. Después quisieron quitar los deberes y todos callaron en favor de una visión hedonista, carente de obligaciones y donde se sublima el disfrute. Seguidamente colocaron a los padres y a los alumnos en situación de poder frente a unos profesores arrodillados a la fuerza y nadie protestó. Ahora los padres quedan instrumentalizados por los nuevos roles impuestos por la sociedad de consumo y por la propia Administración en su lenguaje premonitorio. Y tampoco nadie dice nada. El alumno es el nuevo emperador subido a la cuadriga que arrastran los corceles de un poder político cortoplacista y del complejo de unos padres debilitados. Silencio, se educa. Los cuervos de hoy –tengamos esperanza– pagarán mañana unas buenas pensiones a sus guardadores.

El hábito de estudio, el esfuerzo y el cultivo de la memoria seguirán sacrificados en el altar de una educación edulcorada, de engañabobos, donde el aprendizaje se maquilla con técnicas supuestamente divertidas y donde el padre no es padre sino persona guardadora. Un canguro, un tato. O una cangura, una tata, para que no se ofendan los de la ideología de género, menudo género. Anoten un nuevo motivo de discusión en el matrimonio, sociedad, pareja, colectivo, UTE o como quieran llamar a la unión: quién se coloca de persona guardadora primera y quién de segunda. Ahí hay lío. Playa o montaña. Semana Santa o Feria. En tu casa o en la mía. ¿Y por qué no hay persona guardadora tercera, cuarta y quinta? España va camino de la plurinacionalidad. Y la familia hacia dónde va: hacia lo que rima con badajo. Yque circula cuesta abajo.