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Espadas saca la infantería

Carlos Navarro Antolín | 26 de noviembre de 2017 a las 5:00

Ayuntamiento. Espadas informa sobre los asuntos tratados en el M

MIENTRAS se aclara cuándo podremos ir en tranvía de San Bernardo a Santa Justa, cuál será el uso de inmuebles como los de la Gavidia y la antigua iglesia de San Hermenegildo, cuándo pondremos el pie en el edificio de la antigua estación de Cádiz o en el del antiguo mercado de la Puerta de la Carne, en qué futuro período de la Historia estarán comunicados por tren el aeropuerto y la estación ferroviaria, o qué conjunción de planetas debe producirse para tener la siguiente línea de Metro, mientras ocurre todo esto, decíamos, el alcalde ha apostado sin proclamarlo por eso que se da en llamar la política de infantería, también conocida en el código cursi como la política de proximidad o micropolítica. Se trata de que los administrados sientan cerca a su Administración, de que perciban con claridad que el Ayuntamiento barre, poda y cierra los bares ruidosos. La expresión del Estado es el vacío, la del Ayuntamiento es una legión de barrenderos, policías y jardineros. Llevamos tres semanas en las que la sombra del Ayuntamiento es alargada, un ciprés estilizado con aspiraciones a dar sombra de platanero de indias. Se repiten los comunicados y convocatorias sobre las podas y plantaciones de nuevos árboles, sabedor el gobierno de que la oposición ha hecho pupa en este asunto. Los anuncios de planes especiales de limpieza, con el amplificador de campañas de concienciación, también se multiplican a menos de dos años de las elecciones, incluidos los de limpiar el entorno de la Catedral de publicidades estridentes. Y qué decir de las intervenciones de la Policía Local en el horario de máximo apogeo de la movida nocturna, no ya contra los efectos de la botellona, sino directamente contra bares de renombre y en zonas de elevada cotización de Nervión o el Centro.

Espadas, al que se ha acusado en reiteradas ocasiones de ejercer una política de ni fu ni fá, de tibieza, de tener prestigio en ciertos sectores de la ciudad sin haberse pringado en grandes cuestiones, ha sacado la infantería, se mete en los charcos y exhibe los tentáculos de una estructura mastodóntica como la del Ayuntamiento, a la que se reprocha con frecuencia estar oxidada y tardar una eternidad en afrontar un problema. Ahora existe eso que se llama voluntad política para requisar veladores, sillas y chirimbolos sin licencia; inspeccionar bares a los que se mide el aforo y el nivel de ruido, y ordenar la retirada de anuncios de fuerte impacto visual como los que afeaban la plaza del Salvador en su confluencia con Álvarez Quintero. La infantería en política ofrece conquistas a corto plazo que no son nada despreciables. Tal vez no genere el brillo de un balance material que incluya un gran proyecto que sirva de estandarte para identificar un alcalde con un logro, pero quizás los ciudadanos hayan superado ya con creces los tiempos en los que se exigían proyectos colosales de dudosa rentabilidad, como el estadio de la Cartuja o las Setas. Este gobierno, por el momento, es casi mejor cuando juega sin balón, como al frenar la gran mezquita de Sevilla Este, que cuando trata de hacer goles con alguna filigrana, como la ampliación de la Feria o la compra de inmuebles de la Junta en la Plaza Nueva, una operación que se quedó varada a la mitad de un Pleno por falta de apoyo de otros grupos políticos.

La ciudad está necesitada de mucha política de infantería, la que se aprecia de forma inmediata, pero que no descorre cortinillas de azulejos que quedan para la posteridad. La política de infantería obliga a un compromiso permanente, a una tensión mantenida en el tiempo para que, por ejemplo, las inspecciones a los bares abusones no queden como una andanada, a mantener una vigilancia de oficio para que las zonas libres de obstáculos sean, efectivamente, lugares por los que se pueda transitar todos los días. Tal vez Espadas pueda un día presumir como el nonagenario duque de Edimburgo (“Soy el que mejor descorre las cortinillas en las inauguraciones”) pero por el momento su eficacia se plasma en los comunicados de balances de lucha contra la movida, la retirada de obstáculos y en ese eficiente juego sin esférico que carece de brillo y que la memoria selectiva y cruel del votante suele olvidar con facilidad. Recuerden que poco le sirvió a Zoido la venta machacona de unas cuentas saneadas.

Por mucho que al alcalde le gusten los foros de gobiernos locales, las jornadas de sosteniliblidad en cuestiones variopintas y otras entelequias para rellenar la agenda, la realidad es que ha tenido que recurrir a la infantería, una vez superada la mitad del mandato. Es la mejor forma de hacerse patente y de preparar la vía pública para las grandes concentraciones de Navidad y Semana Santa. A los administrados les importa poco el porcentaje que han conseguido los sanchistas en la agrupación Centro, ignoran quiénes son los concejales de Participa Sevilla y tienen escaso o ningún conocimiento de los avances de Sevilla para beneficiarse de los programas europeos de smart city. Quieren una calle limpia, un transporte eficaz y que las ordenanzas se cumplan. Lo de contar con un servicio de taxi con esmero se deja para la carta a los Reyes Magos. Eso es cuestión de poderosos magos. Ahí no hay infantería que valga.