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Rajoy busca enganche

Carlos Navarro Antolín | 8 de abril de 2018 a las 5:00

rajoyenganches

EL éxito de un acto en Sevilla es que se quede gente fuera de la convocatoria. A Rajoy le organizaron una cuchipanda el viernes por la noche en el Museo de Carruajes bajo el pomposo título de un encuentro del presidente del PP con la “sociedad civil andaluza”. El jefe del Ejecutivo se movió entre los enganches con esa parsimonia, esa serenidad y esa paciencia que son marcas de su heráldica particular. Daba la mano con la izquierda por una lesión en dos dedos de la derecha. Rajoy es la serenidad pura en un corrillo, es ese señor que da gusto encontrarse en el ascensor y cambiar impresiones sobre el clima, es el secretario idóneo para la comunidad de propietarios. Hacendoso, cumplidor, gris y perseverante. Que hay que ir a la cuchipanda de Juan Manuel Moreno, se va. Que hay que saludar y alternar, se saluda y se alterna. Estuvieron algunos de sus ministros: unos con más ganas, otros con menos. A estas alturas no hay caretas. La de Empleo, Fátima Báñez, fue la única que expresó alegría. Siempre se mueve como pez en el agua por Sevilla. Zoido compareció notoriamente cansado. Cospedal y Soraya acudieron con estilo desenfadado y con el tiempo justo. La de Defensa tenía prisa porque la esperaban en el restaurante La Raza para participar en una cena con los componentes de la delegación castellano-manchega. El ministro Nadal andaba por allí, pero en Sevilla es poco conocido. Casi lo confunden con el metre. Montoro fue el último de los ministros en marcharse, anduvo con el perfil bajo, de tapadillo, pero pasándoselo bien a juzgar por el tiempo que permaneció en el sarao. Todos los demás ministros hicieron rabona. Arenas (Javié) estuvo el tiempo preciso. Llegó, fichó y llevó al abogado Moeckel hasta los dominios de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría: “Soraya, éste es Moeckel, el tío que querrían fichar todos los partidos”.

En esa “sociedad civil andaluza” que Moreno Bonilla logró reunir para cumplimentar a Rajoy estaban algunos clásicos del tío vivo local, esa atracción que gira y gira y donde siempre suben y bajan los mismos… ejemplares. El concepto de sociedad civil es tan amplio (y difuso) que permite meter de todo. Curiosamente no estaban algunos de los empresarios andaluces que figuran entre los de mayor facturación de España, según la última clasificación. Tampoco estaban las cofradías. Sí estaban Juan Ramón Guillén, Miguel Gallego, Manuel Contreras, Francisco Herrero, Francisco Arteaga, Jorge Paradela, Ricardo Pumar, etcétera. El alcalde de Carmona llegó con rostros amables como Pansequito, Raúl Gracia El Tato (“Al aparato”, respondía cuando se le llamaba por teléfono) o la pintora Nuria Barrera, siempre oliendo a Quizás (Loewe), una especialista en los tonos azules, azules como los de este PP teñido de cierta melancolía estos días. No corren buenos tiempos para la gaviota reconvertida en encina tras su paso por el laboratorio de Arriola. Rajoy necesita nuevos enganches. El ambiente de la recepción distaba mucho de la de 2011, celebrada en el Real Alcázar. La euforia actual, cuando se escenifica, está muy forzada. Lo de la Cifuentes ha dolido. En privado se reconoce que no se termina de salir de un entuerto cuando el partido se mete en otro. “Presidente, al menos tiene usted la mano izquierda intacta, que es la que mas necesita”. Y Rajoy se ríe por educación mientras musita una suerte de “chichichí”, que en realidad es un “sí, sí, sí”.

El pintor Ricardo Suárez habla de Arte y de la romería del Rocío con Báñez, la ministra de Huelva, como le gusta proclamar a su jefe de gabinete. Juan Ávila es el único alcalde de la provincia de Sevilla que asiste a la recepción. “También es el único que tiene un Parador”, apunta alguien para justificar su presencia. Santiago León, teniente de la Real Maestranza, se lleva bien con Beltrán Pérez, aspirante a la Alcaldía. Los dos son taurinos. Los condes de Peñaflor se despiden a una hora prudente. El encargado del cátering, Miguel Ángel, se hace una foto con el presidente. Soraya se ha ido. Zoido también. De Arenas no queda rastro. Eladio, un amable camarero, sigue atendiendo con la misma diligencia que en el primer minuto. En el exterior cae una lluvia fina sobre la ciudad. Sólo falta una melodía de violín para cuadrar una escena trufada de cierta melancolía que nadie admite en público, pero sí en privado. Entre los invitados emerge la figura colosal de Antonio del Castillo, padre de Marta. Le agradece a Moeckel un artículo que publicó sobre su hija hace unos años. El senador Toni Martín es el alguacil de la plaza, el ojo que todo lo ve, el que apunta con la mirada quienes van saliendo de la cuchipanda. Moreno Bonilla sonríe. A la portavoz parlamentaria Carmen Crespo no le gusta oír una coletilla sobre su jefe: “Llamadme Juanma”. Por el gesto se le nota la desaprobación, pero ya se sabe lo que dijeron en Cádiz: “¡Viva la libertad!”.

El empresario Miguel Gallego se hace fotos con el presidente del Gobierno con numerosos testigos de la escena: el periodista Fernando Seco, Juan Carlos Hernández Buades y María Luisa Ríos (CEU-San Pablo), Julio Cuesta (eternamente Cruzcampo) y ese largo etcétera que hace la melé en torno a los grandes personajes del poder. Virginia Pérez, presidenta del PP sevillano, se mueve de corrillo en corrillo. Hay pocos políticos locales. El aforo es limitado y se ha ajustado mucho la lista de invitados. Incluso hay quien da en la diana: “No hay bulla, pero aquí hay más gente que invitados”.

El presidente se ha ido y nadie sabe como ha sido. Hay algunos peinados de peluquería que encajarían en la cafetería de la Guerra de las Galaxias. Esta derecha ya no es la que era. En el umbral, que no en el dintel, se fuma a resguardo de la lluvia. Alguien envía un mensaje: “¿No viene usted a la recepción del presidente”. Y al rato se recibe la respuesta: “Yo he ido a lo de Ciudadanos con los autónomos”.

Eladio rellena con amabilidad algún último catavino de manzanilla. Los enganches aguardan sus jacos. La Feria está próxima en todos los sentidos. El PP está cansado. También necesita que tiren de su carro. Los escándalos son como la lluvia fina. Terminan calando y aparecen los estornudos. Y entonces hay que pedir un pañuelo. Y tener mano izquierda. “Chichichí”.

Arenas controla, Tarno se enoja

Carlos Navarro Antolín | 26 de febrero de 2018 a las 5:00

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía. 24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

LOS comités ejecutivos del PP a puerta cerrada son una mina. La primera señal que mide la expectativa de la cita radica en la presencia o ausencia del gran Povedano, jefe de seguridad del partido. ¿No pide la Delegación del Gobierno en Andalucía que cada cofradía tenga un jefe de seguridad? Pues la derecha hispalense es esa organización preclara que hace años que tiene su propio Cecop. Y les aseguro que funciona perfectamente. Los presidentes provinciales pasan, Povedano siempre se queda. Como Eduardo Herrera en la Federación Andaluza de Fútbol. Como Gallardo en el Colegio de Abogados. Como Paco Vélez en el Consejo de Hermandades. El sábado –a lo que íbamos– se presentó Povedano en el comité ejecutivo. Se barruntaba lío en la sesión a puerta cerrada a cuenta de los catorce expedientes de expulsión por doble militancia (¡Malditos roedores!) y por los dos casos de insultos públicos a la cúpula del partido (¡Malditos tuits y retuits!). Cuando Povedano está es que hay control de firma a la entrada y votaciones. Su presencia tranquiliza. Disuade a los potenciales alborotadores. La sesión estaba presidida por Arenas. Resulta un verdadero espectáculo comprobar cómo Javié controla las situaciones… tantos años después. Su auctoritas es demoledora. Es lo que hay. Su sombra es indiscutiblemente alargada. Los hijos políticos quisieron jubilarle en 2012. Los nietos políticos lo mantienen hiperactivo. Ni siquiera ha entrado en emeritud.

El graderío se situó en torno a la disposición habitual. A la derecha de la entrada y en el centro, el sector más afín a la dirección habitual, junto con alcaldes, la muchachada de Nuevas Generaciones y los presidentes de distritos de la capital. A la izquierda de la mesa, los actuales críticos (antes oficialistas). Una de las novedades del sábado era ver al edil Ignacio Flores completamente integrado en el aparato actual desde que ha sido nombrado portavoz adjunto del grupo municipal. Flores lleva en el Ayuntamiento desde los tiempos de Soledad Becerril, por lo que hay quien considera con guasa que la Real Academia de la Historia puede dar por concluida la Transición.

Los tres últimos ex presidentes del PP de Sevilla (Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno) se sentaron juntos. La secretaria de Organización, Macarena O´Neill, leyó las pruebas contra los catorce afiliados que debían ser expulsados, entre los que se encontraba un concejal y baluarte de la candidatura de Juan Bueno en Dos Hermanas. Bueno afirmó que no le habían presentado pruebas concluyentes de dichas descalificaciones, a lo que Virginia Pérez respondió con un completo dossier de descalificaciones o incitaciones a traspasar la militancia a otros partidos. El ex presidente no puso en duda esas pruebas y apoyó la medida en ese caso.

Una crítica con la dirección actual, Maribel Vilches, justificó que comparecía muy arreglada porque tenía una boda (“un evento”). Recordó su condición de abogada para exigir garantías en los expedientes de expulsión, a lo que tanto O´Neill como Juan de la Rosa, secretario general cada vez con más complicidad con la presidenta Virginia Pérez, contestaron que, “evidentemente”, los expulsados tienen un plazo legal para recurrir la decisión. Arenas, siempre presto a promover la distensión en público entre hijos y nietos, recordó con humor que los dados de baja por fallecimiento no necesitan de plazo de alegaciones. Todos (o casi todos) se rieron. Vilches pidió la palabra hasta cuatro veces más, provocando algún bostezo: “Te pido brevedad y lo hago con todo el cariño”, le suplicó Arenas en alguna ocasión. Algún asistente llegó a preguntar en voz alta por la hora de comienzo de la boda a la que estaba invitada Vilches (¡Qué desahogada es esta derecha en ocasiones!). La presidenta Virginia Pérez intervino para exponer a los presentes si no era suficiente prueba en contra de un militante expedientado el hecho de que siendo un cargo público del PP votara contra mociones presentadas por su propio partido, como ocurrió en Dos Hermanas. Sólo se opuso a las expulsiones la muy parlante letrada Vílches. Hasta el ex presidente Juan Bueno y el senador José Luis Sanz votaron a favor de las medidas disciplinarias.

Se trató la creación de una gestora en el municipio de Sanlúcar la Mayor tras la imposibilidad de poner de acuerdo a los dos candidatos que optan a la presidencia local. Esta vez sí hubo una votación y, nueve meses después, se midieron de nuevo las fuerzas internas con un muy desigual resultado. Se registraron 65 votos a favor de la gestora propuesta por la dirección actual, dos abstenciones y 20 votos en contra (entre los que estaban los sufragios de los ex presidentes José Luis Sanz, Ricardo Tarno y Juan Bueno). Curiosos fueron los votos en contra del edil y vicepresidente del partido, Alberto Díaz (ex portavoz municipal y ex jefe de gabinete de Zoido) y el voto a favor de la gestora de José Miguel Luque (actual jefe de gabinete de Beltrán Pérez y antiguo de Zoido). Si algunos mantienen que el partido está roto por la mitad, el sábado se comprobó que una mitad es cada vez más grande y se extiende a la velocidad de los adosados del Aljarafe en tiempos del boom inmobiliario. Distinto es que el partido tenga mayor o menor capacidad de movilización del voto cuando lleguen las elecciones y no se trate ya de ganar partidos amistosos (léase comités ejecutivos), sino poder puro y duro.

Se sucedieron finalmente las intervenciones de clausura. Bueno pidió un “debate serio y sereno” sobre el uso de las redes sociales. Se refirió al “calentamiento” de algunos militantes y a la necesidad de no promover expulsiones. Y advirtió:“Si nos ponemos a buscar insultos en las redes, tendríamos una lista interminable en el último año”. La presidenta Virginia Pérez replicó de inmediato a su antecesor: “Quien después de nueve meses no entienda que no se puede decir en las redes, con el logotipo del partido, que aquí existe una dictadura interna… No puedo consentir que nadie insulte a nadie, es mi responsabilidad. Yo lo pongo en conocimiento del comité de derechos y garantías y que allí se decida. Basta con tener sentido común. No le hagas a tu compañero lo que no quieras que te hagan a ti”. Se oyeron aplausos.

Pedro González, presidente de NNGG y concejal en Tomares, felicitó a la cúpula del partido. Juan Ávila, alcalde de Carmona y, por cierto, poseedor de un burro (El Platero y yo de la Campiña), pidió una reflexión sobre el uso de las redes sociales. “Es penoso lo que está pasando y que perdamos tres horas de un sábado en esto en vez de trabajar para ganar las elecciones. Hay gente que no acepta que unos han ganado y otros han perdido. No se puede estar jugando con los tuits y con la prensa. ¡Que Ciudadanos nos está machacando!”. Sonaron más aplausos. Felipe Rodríguez Melgarejo felicitó al senador José Luis Sanz por las noticias favorables sobre su situación judicial. “Es la segunda vez que atacan a nuestro buen amigo. ¡Que se entere la gente! ¡Que has salido ileso!”. Sonaron aplausos. Arenas aseguró que figuraría en acta la felicitación a Sanz. Maribel Vilches pidió la palabra por enésima vez y se reiteró en su petición de “proporcionalidad” en las sanciones a los ya expulsados. Arenas aseguró que él era feliz con un teléfono Nokia sin capacidad de mensajería rápida: “¡Esto es un martirio chino!”, refiriéndose a su smart phone. “A mí me ponen a parir aquí todos los días y no sé quiénes son”, dijo sobre las redes sociales con el teléfono alzado. “Y esto es un problema extraordinario que perjudica a la infancia y que puede cambiar la sociedad en cinco o diez años. Esto es muy serio”, sentenció.

La letrada Vilches pidió de nuevo la palabra. Arenas le echó humor. El edil Pepelu García exclamó: “¡Que no llegamos al telediario!”. Este último comentario provocó la reacción airada del ex presidente provincial Ricardo Tarno, diputado nacional, que irrumpió e instó a que se respetara a la interviniente: “¡Me parecen impresentables estas faltas de respeto!”. Y abundó en cómo se cuestiona al ministro del Interior en las redes sociales. Arenas apuntó a que no sólo al ministro Zoido, sino que él también sufre ataques en silencio. Tarno recibió algunos aplausos. Arenas de nuevo calmó el ambiente.

Beltrán Pérez actuó como virtual candidato a la Alcaldía presentando el acuerdo presupuestario que permite la bajada de impuestos. Fue aplaudido por el personal de los distritos y de NNGG. Virginia Pérez declaró que no permitiría faltas de respeto y anunció que todos los candidatos de la provincia se presentarían en junio. Arenas felicitó la labor del grupo municipal de la capital y lanzó un mensaje contra las influencias extrenas: “Este partido es autónomo en sus decisiones. La dirección del PP es una”. Las filas de los antiguos oficialistas clareaban ya en ese instante. Fuera del castillo hace frío. Arenas levantó la sesión. Povedano controló la evacuación de la sala. Sin novedad. Virginia Pérez se fue a Carmona a apoyar la labor de los muchachos de NNGG. La letrada parlante se iría a su boda, donde los novios comerían perdices. En fútbol ganan los alemanes. En política, los aparatos. Ignacio Flores ha sido premiado por abrazar el nuevo régimen. Aviso a navegantes.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

24/02/2017: Junta Dirrectiva provincial del PP Andalucía.

Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

La olla exprés del PP sevillano

Carlos Navarro Antolín | 7 de febrero de 2017 a las 5:00

Caja negra espartinas
LA vicepresidenta del Gobierno está triste. ¿Qué le pasa a la vicepresidenta? Dicen que suspiró en Málaga el pasado sábado al echar en falta al ministro del Interior en la reunión de trabajo sobre la ponencia política que el PP llevará al congreso nacional. Juan Ignacio Zoido hizo rabona. No estuvo junto a Soraya Sáenz de Santamaría, ni junto a Javier Arenas, autor del documento sobre política autonómica y administración territorial, ni junto a Cristóbal Montoro, ese socialdemócrata a juicio de Esperanza Aguirre, ni junto a Fátima Báñez, la ministra de Empleo que ha salido políticamente reforzada nada menos que después de hacer una polémica reforma laboral, ni junto a un tal Feijoó, que gobierna Galicia sin oposición que le rechiste, ni junto al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”), que preside el partido en Andalucía. Zoido los plantó a todos, pese a que el cartel era de Domingo de Resurrección. ¿Dónde estaba Zoido? Pues apostó por estar en Espartinas para presidir la inauguración de la nueva sede del partido en esta localidad. Si es que el ex alcalde de Sevilla como disfruta es de alcalde. No lo puede remediar. Es como el torero que va de paisano y la gente dice: “Mira, ese señor que va por ahí tiene todas las hechuras de un matador de toros”. O el que monta a caballo y luce las piernas arqueadas:“Aquel otro parece que acaba de salir de las cuadras de Pineda”. Pues uno ve a Zoido y dice:“Es el alcalde de España, alcalde por los cuatro costados”.

Zoido apostó el sábado por algo mucho más divertido que oír a Javier Arenas hablando sobre política territorial. Qué horror, otra vez la vuvuzela de Cataluña. Los sábados están hechos para el hombre. Apostó por posicionarse una vez más en la guerra interna que vive el PP sevillano, fracturado entre oficialistas (Cospedal, Zoido, Juan Bueno) y manijeros (Arenas y Los Pérez: Virginia y Beltrán). El ministro prefirió la micropolítica. Para colmo, Espartinas está fuertemente dividida. En la localidad aljarafeña, otrora un bastión del centro-derecha hispalense, se reproduce de forma palmaria el enfrentamiento que sufre el PP de la capital. El presidente, Domingo Salado, va por libre. Y el secretario general, Javier Jiménez, no tiene reparos en denunciar la actitud de su presidente ni en una carta dirigida a los altos mandos del partido, ni desde la cuenta oficial de la formación en tuiter. Los manijeros de Espartinas denuncian que todo un ministro del Interior ha inaugurado una sede en su domicilio particular y se quejan de que no rinde cuentas de la gestión del partido en las instancias debidas.

Espartinas no es cualquier pueblo para el PP. Espartinas era todo un estandarte hasta hace año y medio. Era el único municipio con peso para el centro-derecha cuando el PSOE barría en cada cita electoral en el 90% de los municipios. Hoy ese estandarte se ha deshilachado y su posición la juega ahora Tomares, donde gobierna con reiteradas mayorías absolutas el senador José Luis Sanz, y en parte Carmona, donde Juan Ávila mantiene el bastón de alcalde acariciando la mayoría absoluta.

Espartinas es más que una olla exprés para el PP de Sevilla en vísperas del congreso nacional. Es un frente abierto, descarnado si se atiende a la propia difusión del conflicto que han hecho sus protagonistas. Zoido prefirió Espartinas porque sabe que el control político del PP de Sevilla es absolutamente clave para su futuro después de ser ministro. Y todo político piensa en su futuro desde el primer día en que se estrena en un cargo. Zoido no puede consentir que el PP sevillano quede en manos de los manijeros después del congreso provincial que se celebrará este mismo año. Por eso hace rabona en un debate de altura y prefiere los asuntos domésticos. Ya lo demostró cuando asistió a una reunión técnica sobre los criterios de elección de los compromisarios. En Espartinas están tirando a dar. Y el soldado Zoido ha elegido trinchera de nuevo. Qué sevillano es eso de aplicar la ausencia o presencia, según la conveniencia.