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Un portavoz ante el espejo

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2017 a las 5:00

CONSCIENTES del tiempo que se ha llevado sangrando la herida de la división interna, el PP de Sevilla se apresura en pintar la fachada, adecentar la casa y mesarse los cabellos para poner su mejor cara ante el votante. Los populares se dan prisa para alcanzar agosto con los primeros deberes hechos. El líder supremo, Javier Arenas, ha desembarco nada menos que en el Ayuntamiento para reforzar la posición del jefe de la oposición, Beltrán Pérez. Arenas no pisaba la Casa Consistorial desde la toma de posesión como alcalde de Juan Ignacio Zoido, allá por el verano de 2011. A la sesión estaban convocados todos los cargos electos de Sevilla, en presencia, por supuesto, de la presidenta provincial, Virginia Pérez. Arenas, a puerta cerrada, les pidió a todos que trasladen la voz del grupo municipal a los despachos de la Administración del Estado. Y Virginia, siempre con la aguja y el dedal para coser los jirones internos tras un año de zozobra, hizo alusión a que la familia estaba al completo pese a las heridas aún por cicatrizar: “Como veis, existen mesas lo suficientemente grandes para que podamos caber todos”. Claro, lo dijo porque en la sala había miembros destacados del bando oficialista que perdió el control del partido, algunos tan importantes como José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, jaleado y proclamado el jueves en las redes sociales como “referente del municipalismo del PP”, y también estaban Alberto Díaz, hoy portavoz adjunto del grupo municipal, y los ex presidentes provinciales Ricardo Tarno, diputado nacional, y Juan Bueno, diputado autonómico. La verdad es que acudieron todos los citados salvo la concejal Lola de Pablo-Blanco y la diputada nacional Silvia Heredia, en ambos casos por razones justificadas.

Beltrán Pérez, llamado a ser el candidato en 2019 con todo el apoyo de Arenas y Virginia, tal como se pudo evidenciar el viernes, ha trazado la hoja de ruta de los próximos meses en un documento al que ha tenido acceso este periódico. Lo llamativo del guión es que el PP de Sevilla se dispone a la recuperación del voto de los electores “tradicionales de la Derecha”, escrito así: con mayúsculas. El PP es consciente de que debe remontar el auge de Ciudadanos y contrarrestar el efecto de Espadas en los sectores conservadores de la ciudad. El actual alcalde no provoca rechazo en Los Remedios, ni en el Centro, ni en Triana, ni mucho menos en Nervión, distritos tradicionalmente azules. Espadas es un socialdemócrata sin aristas de los que tanto gusta en Sevilla. Tampoco acumula mandatos como Monteseirín, por lo que aún no ha cometido irregularidades que puedan generarle escándalos mediáticos, ni tan siquiera preside un Ayuntamiento con sueldos altos. Por todo esto, Beltrán Pérez tiene que sacar su perfil más político, reinventarse como concejal correoso de la oposición. No le vale hoy su estilo de éxito anterior a 2011, cuando fue uno de los arietes más fuertes contra el cuartel de Monteseirín. Basta recordar aquella rueda de prensa en la que hizo sonar un cencerro para llamar la atención del entonces alcalde socialista. Hoy no hay facturas de comilonas, ningún cargo electo cobra por encima de los 60.000, todavía no hay primos colocados y los viajes (pocos) han dejado de ser noticia.

Beltrán Pérez se mira estos días al espejo a la búsqueda, quizás, de un nuevo perfil, de un nuevo estilo que lo diferencie a las claras de la imagen de un alcalde que le ha comido terreno al PP por los terrenos de esa derecha sociológica tan amplia en una ciudad como Sevilla. El viernes, entre los suyos y sin cámaras, pronunció un discurso de alcalde, en el que llamó a los cargos hispalenses del PP a trabajar para que Sevilla ejerza una “calidad competitiva” como capital de Andalucía y que sea una urbe que lidere el área metropolitana. En el documento insta a huir de “los liderazgos personales”, a mantener “agilidad y comunicación” con otros grupos municipales de la oposición y a que los doce concejales del PP tengan la convicción de que forman “el mejor grupo del Ayuntamiento”, entre otros detalles de funcionamiento interno. El mismo guión insta a los concejales a “tener vida propia, capacidades propias y agenda propia”. Pero la principal idea es la de la necesidad de “convencer” al votante de derecha. Tal vez por eso Arenas citó a los suyos en el Salón Santo Tomás: para que sus cachorros rebeldes (el bando oficialista) metieran el dedo en la llaga del costado del que ha sido designado como candidato ‘in pectore’ a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Beltrán es el elegido por Arenas. De eso no hay duda. En política, un cuarto de hora es mucho tiempo. Arenas representa la eternidad, capaz de pegar un regate en una baldosa, de estar brujuleando por Génova y aparecer en pleno julio en el Ayuntamiento del que fue concejal hasta 1989. Su éxito es que se reinventa. Beltrán Pérez tiene que pasar del cencerro al perfil institucional sin descuidar el aguijón político. Y, al mismo tiempo, mirarse en el espejo y reconocerse.

Saturno en el PP

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2017 a las 5:00

caja negra versión OK

MIENTRAS declaraba como testigo de la Gürtel en Madrid, la nueva cúpula del partido en Sevilla ejecutaba con mano dura y guante de seda la enésima maniobra por la que Javier Arenas se hace omnipresente en el PP sevillano: la sustitución de Alberto Díaz como portavoz del grupo municipal por Beltrán Pérez. El sillón de jefe de la oposición es el alba con la que se cubre al llamado a ser revestido con la estola de candidato a la Alcaldía. Arenas autorizaba desde Madrid un golpe de mano que, nunca se olvide, ha estado ejecutado e impulsado en Sevilla por Virginia Pérez, la figura incontrolable que ha tambaleado hasta convertir en virutas las frágiles patas de la mesa camilla en la que se han cocido las decisiones del partido en los últimos quince años: Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno y José Luis Sanz. Arenas los ha vencido a todos a base de comérselos, como un Saturno que devora a sus hijos por temor a perder el trono. Se ha hecho con la influencia máxima en el aparato local gracias a unos discípulos leales que reconocen su magisterio, con algunas incorporaciones de nuevo cuño como la de la propia Virginia Pérez. Si algo ha sabido en la vida este Saturno disfrazado de lince andaluz es interpretar los cambios políticos cinco minutos antes que los demás. Por eso sobrevivió a Óscar Alzaga, Fraga y Aznar. Apostó por Rajoy en 2004 cuando todos parecían dejarle tirado en el congreso de Valencia. Y acertó. Siempre ha acertado en las guerras internas, lo que escuece hasta la pataleta a sus propios hijos políticos.

Sobrevivió también a la creación de sus propias figuras políticas de cierta proyección (Luis Miguel Martín Rubio) y de incontestable trayectoria (Juan Ignacio Zoido) y también a las que no controlaba directamente pero operaban con fuerza en sus dominios (Soledad Becerril, Teófila Martínez). A la sagacidad y capacidad de análisis de Arenas hay que sumar su pequeña cuota de riesgo: en algunas ocasiones se la ha jugado, como en la citada de Valencia en 2004. En política hay que arriesgar en alguna ocasión para alcanzar alguna meta. Que se lo digan al socialista Gómez de Celis, que la primera vez que ha apostado en serio por un objetivo –al margen del carril acomodaticio del partido– ha salido triunfante. Sólo las especies que se adaptan sobreviven en la selva de la política actual.

Saturno devoró a sus hijos para cumplir la condición impuesta por su hermano Titán si quería reinar en su lugar. Arenas alcanza ya el grado de deidad en este PP en minoría en España, ansioso en Andalucía y tratando de despertar del coma tras la pérdida de la Alcaldía en Sevilla. Sobrevive a todos los líderes nacionales, regionales y locales. Cierra el Espigón, Arenas sigue. Cambia de dueño Antares, Arenas sigue. Cambian los hermanos mayores de la Macarena, Arenas sigue. Controla a buena parte de sus hijos políticos y tiene ya hasta nietos que aprenden de su estilo. Es un mito al que han querido derribar varias veces, pero aún no ha salido el Júpiter que acabe con su influencia. Porque lo que se juega Arenas a estas alturas del partido no es ya ser ministro o alcalde, sino influir en quien desde Andalucía pretenda pintar algo en cualquier orden del PP. Arenas no está para presidir consejos de Emasesa, ni soportar encierros eventuales de despedidos de Lipasam, tras haber volado en el Falcon de los vicepresidentes del Gobierno, haber pasado fines de semana en las fincas del Estado de Doñana o Quintos de Mora, o haber sido recibido por el Papa en el Vaticano. Uno de los problemas de Arenas es que le tiene miedo reverencial a Sevilla: siempre de su casa al AVE sin pasar por la calle Sierpes.

En Andalucía tiene a Antonio Sanz, delegado del Gobierno. En Sevilla, el doble tentáculo de los Pérez: Virginia y Beltrán. Declarando en la Gürtel cambió al jefe de la oposición: quitó a un hombre al que conoce sobradamente, Alberto Díaz, del bando perdedor en el congreso provincial, para colocar a Beltrán Pérez, del bando ganador. Sustituyó nada menos que al que fue jefe de gabinete de Zoido en la Alcaldía, todo un símbolo. Díaz, por cierto, no ha podido sufrir una coyuntura más adversa como portavoz y, al menos, ha salido del entuerto con una elegancia unánimemente elogiada.

Mientras Rajoy siga en Madrid y Moreno Bonilla no crezca políticamente, Arenas seguirá siendo fuerte en Génova, con crédito entre algunos de los periodistas más influyentes de la corte, y continuará ostentando la marca andaluza del PP en la capital de España. A los hijos rebeldes del líder natural de la derecha andaluza sólo les queda –otra vez– esperar confinados en sus respectivos destinos tras haber intentado su derribo. No sería extraño que trate de recuperar a alguno de sus cachorros rebeldes –ya talluditos– cual Maquiavelo que quiera provocar divisiones incluso en el bando derrotado.

Saturno se comió a los hijos cuando ya tenía las sienes encanecidas. El pasado domingo denunció en estas páginas el veterano Juan Manuel Albendea que “está de moda meterse con Arenas”. No, don Juan Manuel, lo que ocurre es que es Arenas quien no deja de estar de moda. Y es Arenas el que no perdona lo que entiende como deslealtades: que algunos no recuerden que han sido lo que han sido por su dedo. Arenas va a durar más que Villar en la Federación Española de Fútbol, Gallardo en el Colegio de Abogados o Cañete en Aprocom. Es la fuerza del mito. Un Saturno de perseverancia voraz.

En la fiesta de Juan Bueno

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2017 a las 5:00

Fiesta bueno

LOS homenajes en Sevilla los carga el diablo. ¿Cuántos cazadores no despiden a sus presas, ya cazadas y desplumadas, con el correspondiente homenaje de cena, discurso y placa? En Sevilla homenajeamos muy bien, estupendamente, se nos da de cine. Aquí se jubila del cargo un presidente del Consejo de Cofradías y sale organizada una cena de 600 comensales en dos minutos. Se jubila (o jubilan) un cardenal que ha gobernado 28 años y todavía estamos esperando a que haya un homenaje masivo de la sociedad civil como Dios manda. Las varas de medir son de cualquier manera. A Monteseirín, por ejemplo, le dieron su homenaje en las setas tras doce años de alcalde. En vez de a puerta cerrada, que así fue, alguien dijo con cierta guasa que fue a setas tapadas porque a la prensa no la dejaron acercarse. El otro día le dieron su homenaje al bueno de Juan Bueno tras cuatro años de presidente del PP sevillano. Fue un homenaje a plaza partida, que se decía de los antiguos espectáculos taurinos. Pero no porque acudiera sólo la parte que apoyó a Juan en el XIV congreso de la formación, sino porque asistió la mitad de la mitad de los que lo votaron. En la fiesta de Juan, que no era la de Blas ni la gente –válgame Dios– salía con varias copas de más, hubo muchas ausencias. Notables ausencias. Reveladoras ausencias. De la famosa mesa camilla que dicen que ha gobernado el PP en los últimos tiempos no fue nadie: Ricardo Tarno estaba con los asuntos de la OTAN que le corresponden como diputado nacional, y José Luis Sanz con los de sus dominios de Tomares que le corresponden como alcalde. Tampoco se dejó ver el ministro Juan Ignacio Zoido, que al día siguiente tenía el coñazo del desfile de las Fuerzas Armadas en Guadalajara, dicho sea según la expresión de Rajoy a micrófono abierto, ¿recuerdan?. El presidente del Gobierno, por cierto, se borró del desfile este año para ir a dar una conferencia a Sitges. Don Mariano, usted sí que sabe.

Tampoco, por supuesto, fue Arenas a la fiesta de Juan, a pesar de que tanto elogia siempre a Bueno en sus discursos. El lince no apareció, el lince anda moviendo las piezas del nuevo orden del PP sevillano. Hablando del nuevo orden, tampoco estuvieron Los Pérez: ni Virginia ni Beltrán. ¿Pero el PP de Sevilla no era una gran familia donde todos estaban ya la mar de contentos, pidiéndose perdón por las esquinas y dándose abrazos de costaleros con besos triples en las mejillas? Unos no fueron porque no podían, otros porque alegan que no se les convocó.

Las ausencias no serían por el precio de la fiesta. Se estipularon cinco euros para el merecido obsequio. Las consumiciones eran de Bollullos.

–¿Un cáterin de la provincia?
–No, de Bollullos es que cada uno se paga lo suyo.

La cosa no era gravosa. Asistió algún primer espada como el subdelegado del Gobierno, don Ricardo Gil-Toresano, que le debe el cargo a Zoido y Bueno y que, además, el sitio (La Raza) le cogía cerca de la alcoba (Plaza de España). A Gil-Toresano le diseñaron el festolín con escuadra y cartabón, como Curro Pérez le cuadra las agendas de los lunes al ministro Zoido: un actito en Sevilla para alargar el fin de semana.

El nuevo secretario general, Juan de la Rosa, no faltó, como tampoco lo hizo José Miguel Luque. En la heráldica del buenismo bien podrían aparecer Luque y de la Rosa como los particulares San Isidoro y San Leandro del bueno de Juan Bueno.
Hubo concejales como María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Ignacio Flores y Jaime Ruiz, y diputadas provinciales como Carolina González Vigo. El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, Alberto Díaz, hizo acto de presencia algunos minutos.

Quizás alguien debió pensar en una fecha más idónea para celebrar el homenaje. Tal vez se precipitó la convocatoria. Juan Bueno es un personaje que no tiene aristas pese a todo lo que ha soportado en el último año. Siempre correcto, siempre educado, alejado de las formas agrestes de otros figuras, hay quien dice que le ha pasado como a muchos arzobispos recién aterrizados en Sevilla:que ha estado mal asesorado. Un presidente de partido es un símbolo cuando deja de serlo. Y como tal merece ser cuidado. A Bueno le ha tocado vivir como presidente la mayor convulsión que ha sufrido el PP sevillano desde su fundación. Nunca antes había ocurrido todo lo que ha sucedido en el último año, pese a que algunos se empeñaban en negar la importancia de los hechos. Está por ver que la agitación interna no se reproduzca en los próximos meses. Se sabrá después de agosto.

El homenaje debió ser masivo. Los nostálgicos tienen razón: Sevilla se nos va. Ya no nos sale bien ni la Madrugada ni los homenajes. Esto no es lo que era.

Arenas manda desde el púlpito

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2017 a las 5:00

PP

EL lince se revistió ayer con la estola. Arenas abrazó el púlpito más que el atril. Entonó el discurso del perdón. Parecía el cura, el pastor, el reverendo. Quien haya perdido un amigo estos meses que se siente con él, que se pidan disculpas. “Estas cosas las he pensado en la primera comunión en la que he estado”. Arenas es un clásico: quiere la paz tras haber hecho la guerra. Hizo del domingo de congreso su particular Jueves Santo. Faltaba la música del órgano y los cantores de boca bien abierta entonando el Perdón, oh Dios mío. Ha ganado otra vez en un conflicto interno del PP. Es el maestro. Él los ha enseñado a todos. Sabe como nadie que primero hay que controlar el aparato y después, siempre después, vendrán los cargos institucionales. Pero sin aparato no hay paraíso. Ayer barrió en el atril. Perdón, en el púlpito. Demostró que en el PP andaluz nadie controla la oratoria como él, ni la historia del partido, ni el plantel de trabajadores. Le hizo un guiño a Rafael Belmonte: “El único que lleva corbata como yo”. Le gusta dejar claro que nadie como él conoce el PP de Sevilla, se recrea en el remarcar, amarrar y dar la última vuelta de tuerca hasta dejar bien apretado el tornillo de su sapiencia. Ni Zoido ni por supuesto Moreno Bonilla. Su mensaje fue una suerte de En mi casa mando yo. A Zoido le mandó un mensaje, otra vez: “El PP no se inventa hoy. La política no es sólo márquetin. La política es pasión”.

En el lenguaje del poder viste mucho eso de llegar tarde o interumpir. Irrumpir, mejor dicho. Zoido llegó cuando hablaba Virginia Pérez. Aplausos. Arenas lo hizo cuando tenía el turno de palabra Teresa Jiménez Becerril. Larga ovación. Arenas sigue teniendo mucho peso en el PP sevillano. Una proyección que después no ha sabido o podido rentabilizar en la ciudad. Su fuerza se ha quedado siempre de puertas para adentro del PP. No es poco. Pero siempre le ha sido insuficiente.

Virginia Pérez estuvo mucho mejor en el primer discurso –anterior a las votaciones– que en el segundo, breve y menos preparado. Zoido aliñó la faena aposta, sabedor de que en esa plaza tenía muy poco que ganar después de haber perdido. Con Virginia Pérez de presidenta se diluye, en principio, su fuerza en el PP sevillano. Pero aquí no se ha cerrado ninguna guerra. La contienda no ha hecho más que empezar. Los perdedores fruncieron el ceño al ver a Beltrán Pérez de presidente de la Junta Local de Sevilla capital. Ahí puede estar el primer motivo de guerra en este nuevo contexto. ¿Cuánto durará Alberto Díaz de portavoz municipal? Sería un contrasentido derrocarlo ya cuando acaba de ser investido como vicepresidente del partido por mucho que el cargo sea simbólico. Crear un símbolo para orillarlo en 24 horas no parecería un ejercicio de coherencia. Es previsible que, al menos, siga de momento. Un momento en política puede durar un cuarto de hora o la eternidad.

El ambiente del congreso, en general, fue de cordialidad. La mañana trascurrió sin problemas. Por la tarde se percibió la emoción del presidente saliente, Juan Bueno, que en privado se considera el “presidente moral del partido”. Arenas, como siempre, alabó su trabajo en público. Pero lo tiene entre sus cachorros díscolos. Yel maestro no ha parado hasta imponerse y, por cierto, colocar de vicepresidenta a Patricia del Pozo, su brazo derecho. El padre Arenas tiene en ella a su Santa Justa. Santa Rufina es Macarena O’Neill.

Los aseos quedaron inutilizados en varios momentos. “No se pueden usar, están limpiando”, decía un amable vigilante. “La limpieza ha empezado”, apostillaba un militante victorioso con guasa. El mediodía fue largo y la sobremesa aún más para algunos (y algunas). “Es lo que tiene no comer en casa, que es donde hay que comer”, aseveró un periodista caracterizado por su sentido común, mesura y educación.

Hubo ausencias, militantes destacados que no comparecieron en la clausura. Silencios elocuentes de Sevilla, hijos díscolos del lince con estola que no quisieron estar. El viejo profesor no suelta la batuta. La política es una noria, el PP de Sevilla una montaña rusa. Arenas es Mortadelo con los disfraces: hoy lince, mañana sacerdote y siempre, siempre, el guerrero del antifaz. Todos sabíamos que estaba detrás de los críticos. Cospedal y Zoido han perdido. Arenas ha ganado. El partido sigue sumido en su particular cuaresma. Hay que seguir limpiando los aseos. Y acortando las sobremesas.

PP

Rajoy fuerza un mal acuerdo en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 27 de abril de 2017 a las 5:00

RAJOY CLAUSURA EN SEVILLA ACTO XXV ANIVERSARIO ALTA VELOCIDAD EN ESPAÑA

UN mal acuerdo antes que una votación reglada por los estatutos vigentes. Un acuerdo que convierte los estatutos en papel mojado. Un acuerdo forzado por el propio presidente nacional, según la confesión del actual presidente provincial en un foro de íntimos. Los dos aspirantes a la presidencia del PP de Sevilla firmaron ayer un documento de cinco puntos que deja orillada la normativa interna del partido. ¿El objetivo? Cumplir las órdenes de Rajoy para que al congreso provincial del 21 de mayo se llegue con un solo candidato a la presidencia tras un año de tensiones que tienen absolutamente fracturada una formación tras la traumática pérdida de la Alcaldía de Sevilla. ¿El precio? A priori muy caro, pues se condena a convivir en la futura ejecutiva a dos bandos que llevan un año en guerra en un partido donde hay caracteres manifiestamente incompatibles y hasta algunos odios africanos. Todo sea por la foto forzada del día 21, todo sea por la gloria efímera del titular periodístico que venteará el humo de la supuesta unidad y la integración de las diferentes sensibilidades. Prueba de ello es que ha habido que aplazar hasta mañana las votaciones previstas para hoy por el enésimo enfrentamiento entre críticos (Virginia Pérez) y oficialistas (Juan Bueno). Los críticos denunciaron la falta de papeletas y de otras medidas para garantizar un proceso en el que está prevista la participación de más de 8.000 votantes, una cifra insólita en el PP sevillano. Las impugnaciones, las afiliaciones masivas de última hora, la falta de papeletas y otras causas terminaron por forzar el aplazamiento de las votaciones (hubo gritos en la sede provincial), dejando en el ambiente una sensación de chapuza incontrolable hasta desde los despachos de la sede nacional. No se fían unos de otros, pero Rajoy pretende que convivan en una ejecutiva. Pocos minutos después de firmar la supuesta paz, un nuevo despropósito se hacía evidente con el aplazamiento de las votaciones. La paz era frágil. No aguantan una hora juntos y Rajoy quiere que compartan piso durante cuatro años.

El documento firmado ayer en la sede regional por Juan Bueno, actual presidente provincial, y Virginia Pérez, portavoz del PP en la Diputación, consta de cinco puntos. Las horas de negociación estuvieron marcadas por una fuerte tensión. Se pidió en algún momento a los participantes que entraran en la reunión sin teléfonos móviles para evitar filtraciones. El punto inicial del acuerdo consiste en que el candidato que obtenga un voto menos acepta retirarse voluntariamente de la carrera presidencial, pese a que los estatutos fijan que el perdedor sólo debería abandonar la contienda en primera instancia si obtiene 15 puntos menos de apoyo que su rival. Es decir, el perdedor por menos de 15 puntos podría seguir aspirando a la presidencia en el congreso y darle un vuelco al resultado, pero se anula esa posibilidad. La segunda condición es que si no existe una diferencia de un 40% o más entre ambos aspirantes en la votación, el ganador se compromete a elegir a su secretario general de entre una terna que confeccionará el bando perdedor, pese a que los estatutos otorgan plena libertad al presidente para nombrar a su número dos, una figura clave en el gobierno del partido, pues se dedica, sobre todo, al control del más de centenar de pueblos de la provincia. En tercer lugar, se establecen unos cómputos en función del resultado de la doble votación (elección de presidente y de compromisarios) para garantizar los equilibrios en la composición de la futura ejecutiva. En cuarto lugar, se fija en diez el número de vicesecretarios. Y, por último, ambos aspirantes se comprometen a elegir por consenso al presidente del comité electoral, así como cada bando elegirá a cinco miembros de este órgano que confecciona las listas electorales.

El mismo Juan Bueno, actual presidente provincial, reconoció ayer en un foro privado la intervención del propio Mariano Rajoy: “Hace unos minutos he firmado un acuerdo por una razón muy simple: el bien del partido. Había una decisión en la mesa por la que si no firmábamos el acuerdo, había que posponer la votación a la semana que viene. Incluso el propio presidente nacional quiere que no se llegue al congreso sin un acuerdo”. Bueno, seguidamente, se refiere al sector crítico en su alocución privada como “los que nos quieren quitar de en medio”. Yarenga a sus incondicionales:”Más que nunca la victoria será nuestra mañana. ¡Vamos a apretarnos los machos, que sé que os los estáis apretando a muerte! Mañana vamos a ganar!”. A esas horas aún se desconocía que las votaciones no se iban a celebrar hoy jueves.

En política, como en todo, cada cual debe torear con su cuadrilla. YJuan Bueno y Virginia Pérez firmaron ayer un documento en el que ambos –si ganan– renuncian a torear con sus respectivas cuadrillas. Es decir, renuncian a trabajar con personal de su estricta confianza. Rajoy manda. Todos obedecen.

Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

El fin del cuaderno azul en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de noviembre de 2016 a las 5:00

Feria 2016
EL PP de Sevilla sigue siendo un partido en crisis, fracturado, sometido a un continuo estrés, a los vaivenes propios de un cambio de pontificado, del inicio de un nuevo ciclo, donde hay fuerzas que se resisten al cambio y agentes que tratan de irrumpir con la vitola de ser los paladines de un nuevo estilo. El PP de Sevilla es un paciente al que la estructura regional no consigue monitorizar, no logra controlar sus pasos, ni vaticinar sus querencias. El PP de Sevilla vive en continuas contracciones, a la espera de un parto que nunca llega. Funciona sufriendo. Es imposible algún augurio a largo plazo. Cualquier anuncio de futuro que no se pueda materializar en poco tiempo resulta poco creíble. Humo. Zoido se ha ido y su marcha ha desencadenado una suerte de proceso sucesorio en el grupo municipal, avanzado y retransmitido en directo por este periódico en su edición digital a mediodía del pasado jueves. Todo es interino en el PP y en el Grupo Popular. Nada es fijo. El pujante sector crítico logró el jueves una portavocía adjunta y –tal vez lo más importante– consiguió que el nuevo organigrama se acordara tras un debate de tres horas. Una sesión tan larga fue la prueba palmaria del fin del cuaderno azul, aquella libreta que simbolizaba la política digital de la era aznariana: la elección a dedo de los sucesores y delfines en un partido eminentemente presidencialista.

Hasta el mismo Arenas, consciente de que ya pasaron sus días de vino y rosas, anda remangado para lograr que los suyos sean fuertes en la plaza sevillana. Los críticos no pudieron frenar el jueves que el portavoz principal en el Ayuntamiento sea un oficialista, Alberto Díaz, ex jefe de gabinete del alcalde Zoido. Los críticos hubieran preferido, al menos de boquilla, a la concejal María del Mar Sánchez Estrella para dejar así en la reserva activa (activísima se podría decir) al verdadero aspirante a candidato a la Alcaldía en 2019: Beltrán Pérez. El pecado de Sánchez Estrella fue, tal vez, postularse en exceso para el cargo. Un pecado, en cualquier caso, perdonable en el mundo de la política tras cumplir alguna penitencia liviana.

El presidente provincial, Juan Bueno –la cara amable del aparato– jugó con los tiempos. Estuvo hábil hasta que se le vieron las cartas (marcadas). Sus prisas lo delataron. ¿Por qué había que dejar reorganizado el grupo municipal ese mismo jueves? Porque si esperaba un día más ya no dispondría de la mayoría necesaria (siete sobre doce) para sacar adelante su plan, pues la salida de Gregorio Serrano y Curro Pérez (oficialistas fichados por Zoido para Madrid) lo dejaba en cuadro de inmediato, por mucho que hubiera forzado la presencia de Jaime Ruiz, que todavía no ha jurado el cargo de concejal. Ruiz avaló el plan de Bueno sin entusiasmo: “No es mi propuesta pero la apoyo por respeto al presidente del partido”. Si Bueno esperaba la llegada de los sustitutos, la cosa se le ponía aún más fea, pues ya calientan en el andén Rafael Belmonte (vicario general de la causa beltraniana) y Carmen Ríos (crítica con el zoidismo). Bueno metió la directa, afrontó y forzó una reorganización a paso de mudá. Gregorio Serrano, que a esas horas aún ocultaba su condición de flamante director general de la DGT, pidió “respeto” para el presidente provincial. Los críticos, que comenzaban a olerse que el barco oficialista sufría vías de agua, pidieron retrasar la reunión para repetirla cuando ya se pudieran sentar en la mesa los doce concejales que, de verdad, iban a representar al PP en los dos años y medio de mandato que aún quedan. Pero Bueno quería a toda costa dejar los deberes hechos antes de que Zoido confirmara sus fichajes hispalenses, los que iban a dejar a Bueno sin garantías de éxito.

La consecuencia del inminente desembarco de Belmonte y Ríos es que el oficialista Alberto Díaz será un portavoz que dirigirá el Grupo Popular en aparente minoría, será una especie de Rajoy del palomar que tendrá que dialogar cada día, cada minuto, cada instante. No con el PSOE, sino con los suyos. Porque corre el riesgo de ser revocado en cualquier momento. Para dejarle claro que es un portavoz en situación de supuesta fragilidad, los críticos se movieron en la misma mañana del viernes. Se sintieron estafados por Bueno, que no reveló el jueves que Serrano y Pérez tenían ya un pie en el AVE para mudarse a Madrid. Hasta la Secretaría del Ayuntamiento llegaron los amagos para revertir los nombramientos. Bastaba con que cinco concejales retiraran sus firmas del acuerdo alcanzado el día anterior. Con el amago enseñaron la punta del cañón, exhibieron el músculo. Y nada más. Entre los oficialistas hay quien asegura que, en realidad, carecían de las firmas suficientes.

La estructura regional pidió paz, suplicó un período de calma tras meses de convulsión. Derrocar al nuevo portavoz era técnicamente posible, pero el escándalo estaba servido. El PP de Sevilla sería, de nuevo, un avispero a dos meses del congreso nacional. Y, sobre todo, en fechas muy próximas a la elección de los compromisarios que habrán de representar a la provincia en esa cita de febrero en Madrid.

Díaz se comerá los polvorones como portavoz mientras la regional siga frenando el empuje del ariete de los concejales críticos, auspiciados desde la Diputación por la correosa portavoz Virginia Pérez, y dirigidos desde Madrid por el lince Arenas. Díaz es un hombre de José Luis Sanz, el senador y alcalde de Tomares al que su pueblo hace tiempo que se le queda pequeño. El cariño de la regional por todo lo que huela a Sanz es más bien escaso, pero el PP andaluz no quiere más frentes abiertos. Moreno Bonilla no tiene ningún entusiasmo por Zoido, al que culpa en buena parte del rechazo que sufre en Sevilla, ni por Sanz, al que Zoido aupó a la condición de aspirante a presidente regional con un sonoro fracaso. Pero la regional prefiere a Díaz de portavoz durante un período pacífico que sufrir otra crisis como la del pasado verano. Díaz, por el momento, ha comenzado a entrevistarse cara a cara con los concejales críticos. Ha encontrado, en principio, buen talante y ganas de trabajar en armonía. El nuevo portavoz del PP es consejero de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales. Parece que seguirá siéndolo. Yque respetará el puesto de María del Mar Sánchez Estrella en el patronato del Alcázar. Los cambios que haga, en las empresas municipales o en el equipo de asesores, están por ver. Ahí se percibirá si es un portavoz con las manos libres, o tutelado desde el Ministerio del Interior. De lo que no hay duda es de que conoce los errores del zoidismo.

Beltrán Pérez, hoy portavoz adjunto de su formación en el Ayuntamiento, querrá ser el portavoz principal más pronto que tarde. El caso es que no se lleva mal con Alberto Díaz. Desde la pasada Feria, como se aprecia en la imagen que ahora ve la luz, establecieron una conexión bendecida por el propio José Luis Sanz. En cuanto Sanz tuvo conocimiento del primer acto de los críticos, ocurrido el mediodía del Miércoles de Feria en la caseta Los Manijeros, sabía que el personaje clave, con el que se medirá tarde o temprano, era Beltrán Pérez. Díaz estuvo con Pérez el martes de Feria, con Rafael Belmonte como testigo. Y Sanz y su fiel Díaz acudieron a la caseta particular de Beltrán Pérez el mismo miércoles por la noche. Ambas partes siempre han tenido la interlocución abierta en los meses más duros de empuje de los críticos.

El posible salto de Sanz a la política municipal en Sevilla, opción ya apuntada en estas páginas en varias ocasiones, pasa por varios requisitos. Que se quede limpio cuanto antes de cualquier nuevo frente judicial. Que recupere el poder orgánico, por lo que tendría que ser de nuevo presidente del PP hispalense, ya lo fue en un período notable. Y que sepa convencer al electorado de que hoy se puede ser alcalde de Tomares y mañana aspirar a la Alcaldía de Sevilla. Sanz es un tipo criado en el casco antiguo y hermano muy antiguo en San Isidoro, por lo que goza del marchamo capitalino, otra cosa es que el padrinazgo de Zoido para esa aventura sea el adecuado.

El Zoido de 2016 es ministro, pero no es el Arenas del 96 al 2004. Zoido no tiene influencia en los designios del partido como la tenía el de Olvera en sus buenos tiempos. Ya se vio cuando el ex magistrado fue presidente regional interino, un período negro en una trayectoria política que alcanza ya las dos décadas. El peor favor que Zoido puede hacer a su amigo Sanz es promocionarlo para ser alcalde de Sevilla. Incluso hacer como que lo hace. Ocurre que Zoido ha aprendido de Arenas todo lo que sabe de política. Como diría Malú en su canción de éxito:“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro para hacer sufrir. Si alguna vez fui mala lo aprendí de ti. No digas que no entiendes como puedo ser así…”. Zoido ha visto a Arenas hacer y deshacer en Andalucía y en Sevilla desde los despachos de Madrid. Eso le influye. Es determinante. Pero Arenas podía permitirse aquellas acciones por dos razones: había creado escuela, todos eran sus discípulos, por lo que tenía autoridad moral, y además siempre conseguía perpetuarse en alguna plaza de poder orgánico e institucional en Madrid. Zoido no ha creado escuela, más allá de tener una cuadrilla de fieles (Gregorio Serrano y Curro Pérez) y no se ha perpetuado en el poder. Más bien al contrario, los lodos de hoy del PP sevillano proceden del barro de haber perdido la Alcaldía de los 20 concejales. Cuando el poder sale por la puerta, las uniones en los partidos saltan por la ventana. A la vista está.

Mal haría Zoido en jugar a ser Arenas a la hora de ejercer de árbitro en el PP sevillano por mucho que el Ministerio del Interior sea una plaza de una indiscutible importancia. Zoido se puede salvar a sí mismo. Por su currículum, por su encanto personal para ganarse a Cospedal como se ganó en su día a Arenas, por su inteligencia de hombre de pueblo y por su pericia para hacerse el sueco. Pero no puede salvar a los demás ni erigir nuevos candidatos. Por el momento no goza de esa potestad. Tuvo una gran oportunidad de convertirse en ese político total del PP en Andalucía, creador de nuevas figuras. Pero no quiso. Rajoy aún está esperando que Zoido le diga en una conversación privada que su sucesor como máximo responsable del partido en Andalucía era Sanz. Esa petición, realizada en firme y con rotundidad, hubiera puesto a Rajoy en un serio compromiso, pues se la hubiera hecho quien ostentaba en ese momento la presidencia regional del partido y la Alcaldía que se había convertido en el estandarte del municipalismo para el PP. Zoido nunca dio ese paso, más allá de referencias en contextos mitineros.

Los nuevos tiempos en el PP no tienen ya el azul de ninguna libreta. Todo lo ocurrido en la formación hispalense en los últimos meses prueba que buena parte de los cargos y militantes han perdido ese respeto reverencial por el aparato del partido, que ahora se ve vulnerable y que es heredera de una estructura incapaz de haber conservado el poder municipal que se logró de forma tan brillante. No se equivocaron José Luis Sanz ni Alberto Díaz en abrir la interlocución con Beltrán Pérez en aquellos días de Feria. Los hechos demuestran que Díaz está condenado a entenderse con los críticos en el Grupo Popular. Y que los críticos tienen que medir su fuerza, ahora que en el Ayuntamiento la van a tener con más intensidad que antes, para no aparecer como políticos con un apetito voraz de poder. Ysi Sanz quiere bajar de Tomares a Sevilla es mejor que construya el teleférico prometido. Porque ya no hay ministro que tenga un dedo tan poderoso. Los emperadores desaparecieron como los dinosaurios. Hasta hay uno que fue vicepresidente del Gobierno que sigue enredando las madejas aparentemente menos importantes. Se toma la molestia en hacerlo. Vivaquea todo lo que le dejan. Ojo al tipo. Arenas no estaba muerto, estaba de parranda. El de siempre, el que los enseñó a todos. El maestro Yoda del PP andaluz. Sigue descendiendo al foro donde se eligen los portavoces de la oposición municipal. Quizás porque sabe que el poder se construye de abajo hacia arriba. Los cuadernos azules ya no señalan desde arriba a los que mandarán desde abajo.
Sev.

Días intensos en el palomar del PP

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2016 a las 5:00

Foro Joly con Soraya Sáez de Santamaría, Portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados. Presentado por Javier Arenas
LOS movimientos internos para la reordenación del Grupo Popular en el Ayuntamiento se intensifican desde la marcha de Juan Ignacio Zoido. La edil María del Mar Sánchez Estrella se mueve para ser la nueva portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, según confirmaron ayer fuentes oficiales del partido. Hoy mismo, de hecho, ofrece una rueda de prensa sobre asuntos de patrimonio histórico con la que alcanzará una notoriedad clave en unas jornadas especialmente sensibles en el palomar, que es como se conoce popularmente a las dependencias del partido en la Casa Consistorial.

Sánchez Estrella, amiga personal de Zoido y ex delegada de Cultura, tiene buena relación con el grupo de cinco concejales que forman parte del sector crítico, encabezados en el Ayuntamiento por Beltrán Pérez, por lo que podría ser la candidata de consenso que encajara en los planes del presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno.

Bueno prefiere el consenso antes que someter la elección del portavoz a una votación, lo que siempre entraña riesgos, de ahí que esté consagrado estos días a cambiar impresiones con cada uno de los concejales (en un contexto de más o menos formalidad) con el objetivo de pulsar sus opiniones y preferencias. Bueno, que ostenta el cargo de presidente del grupo municipal por ser el presidente provincial del partido, no ha esperado a que se oficialicen los posibles fichajes sevillanos del ministro Zoido, unos fichajes que, sin duda, tendrían una gran repercusión en la reordenación del grupo si, por ejemplo, el ex alcalde tira de algunos de sus afines para el Ministerio de Interior, como pudieran ser los casos del actual portavoz adjunto, Gregorio Serrano, o de Alberto Díaz, hoy concejal y que fue su jefe de gabinete en los años de alcalde.

Si la opción de Sánchez Estrella saliera adelante, Bueno puede habilitar dos portavocías adjuntas con las que guardar los equilibrios entre oficialistas y críticos, como ya hizo el PSOE en la última etapa de Monteseirín. Ocurre también que la opción de Sánchez Estrella no cuenta con todos los apoyos dentro del propio sector oficialista, donde hay quien considera que se está moviendo demasiado para postularse al cargo en unos tiempos en los que, precisamente, conviene tener más “paciencia” que nunca.

El Grupo Popular ya ha pasado por situaciones de interinidad muy similares. La última vez fue cuando Raynaud dimitió en el verano de 2006 y el PP decidió que la edil Alicia Martínez asumiera la portavocía de forma interina, mientras Juan Ignacio Zoido se preparaba para sus primeras elecciones municipales. En las filas oficialistas, algunos sí ven a Sánchez Estrella como la portavoz interina idónea, pero otros del mismo sector advierten que ella no oculta que se ve para empresas mayores, por lo que alertan de la posibilidad de que, al final, la conflictividad esté garantizada a medio plazo.

Lo único confirmado ahora mismo es que el río está revuelto. El presidente provincial no disimula cierta euforia. Bueno va últimamente mucho a Madrid, donde recibe mucho cariño, como le ocurrió en la toma de posesión de Montoro como ministro. Serrano y Díaz guardan silencio. Y Sánchez Estrella se mueve.

El duelo a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 18 de septiembre de 2016 a las 5:00

RP JUAN BUENO
NADA ha trascendido de la última intervención de Virginia Pérez como secretaria general del PP en el comité celebrado a puerta cerrada. De tal intensidad fue el aldabonazo del jefe Arenas a sus cachorros que ha eclipsado cuanto dijeron Juan Bueno, presidente provincial, y la conocida como la camarlenga. Pues sepan todos que la Pérez intervino unos minutos y soltó un combinado de perlas australiana con cien gramos de ojana bien despachaítos, que ya se sabe que la política es una actuación. E incluso una sobreactuación. Pues que se abra el telón y sepamos cuanto ocurrió intramuros.

El discurso de la camarlenga era el más esperado. Comenzó negando la mayor: “Se me ha solicitado la renuncia como secretaria general porque se considera que ha habido un hecho desleal, una deslealtad. Yo entiendo que no he sido desleal ni con el partido ni con su presidente. Cumplo los acuerdos y, de hecho, hoy renuncio como secretaria general”. Acto seguido Virginia pegó el aguijonazo al denunciar que se enteró por la prensa de los dos nuevos fichajes que Bueno y Zoido preparaban para blindar la cúpula del partido contra el sector crítico que ella encabeza en Sevilla, unos nombramientos abortados por el mismísimo Arenas en colaboración con Fernando Martínez Maíllo, vicesecretario general de Organización. “El PP de Sevilla es un partido serio, debe ser un ejemplo de seriedad, compromiso, lealtad, participación y respeto. Pero la sensación que uno tiene cuando se entera por los medios de comunicación de convocatorias y de nombramientos de los que debería conocer precisamente este comité, es es de indignación y desconcierto, justamente algo que debemos corregir”. Y comenzó a combinar el fuego a discreción contra los rostros tradicionales que se han alternado en el control del partido en los últimos lustros con los guiños estratégicos de cara exclsuivamente a la galería: “No quiero un PP lleno de personalismos, sino que refleje los equipos, el proyecto de las ideas, principios y valores. Mi partido es el de los ocho alcaldes. José Luis, Ricardo, Juan, Jorge, Martín, Antonio, Lola o José Leocadio, quien no está aquí hoy porque está ejerciendo de alcalde. Mi partido es el de los cargos públicos y orgánicos. El de Zoido, Arenas, Juanma Moreno y Loles López. Es el de los 278 concejales de la provincia, el de los concejales de la capital y, sobre todo, el de los hombres y mujeres que no aspiran más que a ayudar, que no salen en las fotos, pero que son el pilar sólido del proyecto”.

Uno de los mensajes más directos se produjo cuando expuso su ideal de partido:“Quiero hacer un ruego. Me gustaría que este partido no fuera el partido del rencor, sino el de la unión. Que no sea el partido de tres o cuatro, sino de veinte mil. ¡Tenemos veinte mil afiliados! Con ellos tenemos que ofrecer proyectos para un millón y medio de sevillanos de la capital y la provincia. Tengamos amplitud de miras”.

A modo de declaración de últimas voluntades como secretaria general, Pérez hizo una petición con un tono pretendidamente solemne:“Os pido un último favor. Comportaos con nuestro nuevo secretario general como conmigo. No puedo estar más agradecida por el trato que he recibido en este año. Querido Andrés [Parrado], compañero de aventuras con el que tengo afinidad y amistad, tienes mi mano tendida”. Hubo un largo aplauso.

El presidente provincial Juan Bueno explicó previamente de forma muy somera el cese (renuncia) de Pérez como secretaria general por efecto de los “acontecimientos” que han marcado la vida interna del partido. “Las buenas relaciones que deben existir entre un presidente y una secretaria general se truncaron. Es cierto que yo soy el presidente y, por tanto, soy el que necesita más que nadie mantener esas relaciones. Yo le pedí a la secretaria general que ocurriera lo que está ocurriendo en este momento [su renuncia]. No hay más quejas sobre nadie, ni siquiera sobre ella. Ella es vicesecretaria general del PP andaluz y de Sevilla. Yes portavoz en la Diputación. Y lo va a seguir siendo. Cada uno hacemos las cosas lo mejor que podemos y ella lo va a seguir haciendo. Es la explicación que os quería dar. A algunos les parecerá suficiente y a otros no”. Bueno dejó claro que no entraría en detalles sobre sus problemas con Virginia Pérez. No habría reproches personales:“En los momentos que vivimos, creo que no nos llevaría a nada bueno hurgar en la pormenorización de otro tipo de cuestiones, hurgar en todos los problemas que hemos tenido, en los errores que yo, por supuesto, he cometido, en los asuntos en los que yo no he estado fino… Os pido que con esta explicación no os deis por satisfechos, pero sí por explicados”.

El comité tuvo notas pintorescas, como la del representante de Lebrija, harto de que el abogado del partido tarde en atender sus necesidades y cansado de los problemas internos: “Uno está luchando en Lebrija contra una manada de lobos y viene aquí y resulta que si hay un bando, otro bando…”. Bueno tomó la palabra de nuevo al final de la sesión:“Pido perdón por no haber controlado las filtraciones”. Y algunos hablaron de la cantidad de mosquitos que hay en Coria, la localidad del nuevo secretario general. El PP de Sevilla ya no tiene camarlenga. Pero la curia la sigue controlando (o condicionando) el mismo de siempre. Arenas, el sumo pontífice.
REUNION PP

Los puyazos de Arenas

Carlos Navarro Antolín | 15 de septiembre de 2016 a las 5:00

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL DEL PP
DE Manuel Chaves se decía en tiempos que no tenía ningún complejo en remangarse y ponerse a trabajar en cuestiones propias de fontaneros de partido. Es verdad que así lo hizo en 1999, cuando acudió a casa de Rojas-Marcos para negociar directamente el pacto de gobierno que devolvió la Alcaldía a los socialistas. No delegó en cargos orgánicos ni en mediadores. No le importó desplazarse a casa de un particular pese a su condición de presidente de la Junta de Andalucía. Se bajó del pedestal, cogió el pico y la pala y se marchó hasta la calle Castelar, milla de oro del andalucismo en los buenos tiempos, a remover la tierra y edificar los pilares de un acuerdo de gobierno. Desde allí telefoneó al consejero Francisco Vallejo: “Hay que hacer el Metro de Sevilla. Sí, como me oyes”. El PP se durmió, dio por hecho que se revalidaría el pacto con los andalucistas por tercera vez y no supo ver que la inacción de sus cargos, sumado al odio africano que ya enfrentaba a los dos líderes en liza (Alejandro y Soledad, Soledad y Alejandro), hacían imposible el acuerdo. Arenas debió aprender entonces que la distancia es el olvido, el globo picado que pierde fuerza con lenta cadencia, la esponja apretada que se reseca al perder el agua. Por eso el pasado viernes, tantos años después, se remangó, se subió en el tren de alta velocidad por enésima vez (Felipe González creó el AVE pensando en Arenas) y vino a poner orden en el polémico comité del PP sevillano, una suerte de jaula de grillos donde su descendencia política anda a la gresca desde julio. Dos bandos. Unos batallan en su nombre y otros en el de Dolores de Cospedal.

Arenas usó su condición de vicesecretario general para presidir el comité sevillano. Y también empleó su autoridad moral y su siempre solvente oratoria para propinar esos puyazos dirigidos a la muchachada díscola, a todos aquellos a los que ha amamantado cuando eran sus cachorros políticos y que, al final, son los cuervos que quieren sacarle los ojos.

Se le nota a leguas. Arenas está muy decepcionado con Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno, José Luis Sanz… Y a su vez todos ellos están hartos de las tutelas del lince de Olvera. Incluso el líder regional, Moreno Bonilla, ha flirteado contra natura con los sevillanos antiarenistas por si sacaba tajada del conflicto, ya que no hay nada que una más que el enemigo común.

En el tenso comité del viernes, celebrado a puerta cerrada, Arenas, aficionado a arrancar los discursos con referencias a la actualidad nacional, auguró que al PP le irá bien en las elecciones de Galicia. Y sobre las del País Vasco, donde siempre ha estado personalmente volcado, hizo un ruego: “Tenemos que hacer lo posible para que nuestros compañeros vascos sientan el calor del PP de Sevilla”.

Colocado el toro del comité en suerte tras los trasteos iniciales con la política española, comenzaron las puyas en clave local. Arenas trufó su discurso de referencias a sus buenos resultados electorales siendo candidato a la Presidencia de la Junta y número uno al Congreso de los Diputados por Sevilla. Todo un mensaje a Moreno Bonilla y a quienes se han emborrachado en la primera taberna de un empate en número de escaños en Sevilla en las últimas generales: “En 1994 ya gané en las ocho capitales andaluzas en unas autonómicas…”. Más perlas, más puyas, más recados: “Cuando tuve el honor de ganarle unas elecciones al PSOE…”. “Nuestro referente deben ser los cinco diputados nacionales de 2000”, todo un puyazo a los que descorchan el cava por sólo cuatro escaños. “Nuestro referente deben ser los 20 concejales de Zoido y los siete diputados autonómicos por Sevilla”, instando al huir del conformismo. Sabida es la teoría de Arenas por la que prefiere ser segundo con un 40% de votos que no primero con sólo el 20% de sufragios.

Y el gran mensaje: “Tuve el honor de ganar al PSOE unas elecciones autonómicas, no pude gobernar y decidí dar un paso atrás. En un partido se pueden trabajar de muchas maneras. Por eso desde aquel momento decidí trabajar desde un segundo plano. En política hay que saber cuándo hay que pasar a un segundo plano”. Zoido, que se aferra al palomar del Ayuntamiento y que no pudo gobernar tras las municipales de 2015 tras el descalabro que supuso la pérdida de 60.000 votos, estaba en primera fila oyendo la lección de su antiguo padrino.

Arenas denunció una circunstancia poco conocida:es inadmisible que haya 23 pueblos sin concejales del PP. “Me emplearé a fondo para que el partido presente listas en todos los pueblos”, dijo dejando entrever que estará muy encima del PP sevillano. Fue todo un aviso a Juan Bueno, presidente provincial, para que tome nota de que el padre natural del centro derecha sevillano no está dispuesto a abandonar el hogar levantado a golpe de furgoneta por los municipios de la provincia, en los duros años en que iba reclutando perfiles moderados para sustituir a los vecinos más próximos a los ideales de Fuerza Nueva.

“En los partidos es muy importante la unidad, las bases de unidad se asientan en el respeto a la opinión discrepante, en el trabajo intenso que sirve para unir a los compañeros, en rodearse de los más inteligentes, a ser posible más inteligentes que tú, aunque no sean tus amigos…”. En este momento se torcieron algunos gestos.

Arenas habló, riñó, logró controlar un comité en el que los oficialistas (sus hijos díscolos) no pudieron sacar adelante los nombramientos de dos nuevos vicesecretarios con los que Bueno y Zoido pretendían blindar la cúpula del partido. Despojar a Virginia Pérez de las funciones de secretaria general ha tenido un precio: ver a Arenas remangado para luchar por el control del PP de Sevilla y anotarse una nueva victoria. Esas victorias parciales que tienen el sabor de un arroz de Becerrita, la sensación relajante de un partido de pádel recién terminado en Antares, los destellos de miel dorada de un dedito de Cardhu.