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La ministra voluntaria en el fuego de Doñana

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2017 a las 20:23

Incendio de Moguer y Mazagón

El nuevo símbolo del poder no es el coche oficial, sino el chalequillo de múltiples bolsillos que reparte Protección Civil en los casos de tragedia. Puede usted tener la agenda cargada de actos y los ternos más lucidos de Madrid que si nunca le han dado un chalequillo estilo Coronel Tapioca es que usted nunca ha estado en la zona cero de ninguna tragedia. No es nadie. Se vio el domingo y el lunes en el denominado Puesto de Mando Avanzado, desde donde se seguía la evolución del incendio que, por fortuna, se ha saldado sin ni siquiera un solo herido, lo que nos permite fijarnos ya en algunos detalles aparentemente secundarios de los días en que vivimos peligrosamente y respiramos con dificultad. Los señores del PP esta vez reaccionaron con celeridad, no como con el incendio de Riotinto que afectó a casi 35.000 hectáreas de monte de Sevilla y Huelva en 2004. Aquel fuego provocó una lluvia de cenizas en el centro de Sevilla que aún se recuerda. Los entonces barandas del PP andaluz tardaron en acudir al lugar de los hechos. Pero esta vez no, esta vez hubo dos ministros que en Madrid se subieron al avión el mismo domingo por la mañana. A falta de uno fueron dos. Don Zoido acudió al tener las competencias de Protección Civil, que para eso dependen del organigrama de Interior. Estaba en Madrid el domingo porque quiso vigilar in situ el dispositivo de la marcha del Orgullo Gay, que ya es difícil pillar al ministro sevillano en la capital del reino un fin de semana. Pero al avión se subió también la ministra de Empleo, Fátima Báñez, nacida en San Juan del Puerto. Dicen que le oyeron decir: “Es mi tierra, me duele, tengo que estar allí”. Y no la pudieron parar. Rompió la agenda, donde figuraba nada menos que la cena del 40 aniversario de la CEOE bajo la presidencia del Rey. A la fiesta de la patronal tuvo que acudir el jerezano Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores. El Estado, nunca se olvide, no quería quedarse atrás frente a la todopoderosa Junta de Andalucía en un suceso que a esas horas tenía ya todos los indicios de ser el incendio del año, máxime si se tenía en cuenta el caso tan reciente de Portugal. A Báñez la telefoneaban el presidente Rajoy y la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría para interesarse por el fuego. Se nota que es la veterana del consejo de ministros, la que más tiempo lleva en el mismo sillón. La vicepresidenta, por cierto, se conoce el terreno por sus estancias en la costa onubense los meses de agosto. Y también la telefoneó el ministro de Energía, Álvaro Nadal, que se encontraba en Luxemburgo.

Cuentan que la ministra onubense se organizó su despacho aparte en el puesto de control y que se entendió la mar de bien con Rosa Aguilar, la consejera de Justicia y Gobierno Interior, con la que se trata desde sus tiempos de diputadas en el Congreso. A pocos pasó desapercibida la presencia de esta ministra que, sobre el papel, no tenía competencias directas en la extinción de un fuego. Ninguna. Sus razones para estar en el sitio eran emocionales. Allí estuvo dos días reforzando la presencia del Estado y, también, su particular perfil andaluz. O quizás ejerciendo de ministra de Huelva como Zoido lo hace en Sevilla, porque había que ver cómo la saludaban los trabajadores del Parador de Mazagón, que visitó junto a la presidenta de la red de establecimientos del Estado, o los del Supermercado El Jamón, cadena fundada en Lepe. El momento de mayor apuro ocurrió la tarde del domingo, cuando las llamas se aproximaban a Matalascañas. Eso provocó que los dos ministros se quedaran también el lunes con los chalequillos puestos. Parecían fotógrafos en pleno safari. Chalequillo para Antonio Sanz, delegado del Gobierno; para los ministros Báñez y Zoido, para los consejeros Fiscal y Aguilar, para el director de Gobierno Interior de la Junta, Demetrio Pérez. Política de proximidad, política de Coronel Tapioca. En la CEOE se quedaron esperando con los manteles gordos. La ministra tenía que apagar un fuego, nunca mejor dicho. Cambió la gala por el chalequillo. La tierra quemada tarda 50 años en recuperarse. La política vive al minuto. Los perfiles deben ser cuidados. Una ausencia no se perdona. Una presencia se recuerda para siempre.

El pregonero de la Torre Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 29 de enero de 2017 a las 5:00

El presidente del gobierno
DE querer tumbarla y revisar la licencia urbanística, a tratar de conciliar los intereses de ambas partes: los del Ayuntamiento y la promotora. De querer conciliar las posturas, a defenderla en San Petersburgo con bombo y platillo mediáticos. Y de defenderla en un auditorio internacional, a dar un paso más y alardear de ella cuando se es ministro. Juan Ignacio Zoido ha cambiado respecto a la Torre Sevilla más veces que lo ha hecho de nombre el propio edificio:Torre Pelli, Torre Cajasol, Torre Sevilla. No sólo ha acabado rendido ante la torre, postrado ante sus encantos, obnubilado ante su capacidad para ser un símbolo de la Sevilla moderna, sino que se ha erigido en el Atlas que sostuvo su arquitectura en sus duros inicios y que finalmente la hizo posible.

La política no es una noria en este caso, es una verdadera montaña rusa donde algunos no nos preguntamos ya por los barzones que un representante público puede dar sobre un mismo asunto en función de las circunstancias. Que los políticos cambien de opinión es una opción amortizada como el riesgo de error de los predictores del tiempo. Lo que muchos se han preguntado esta semana es qué necesidad tenía el actual ministro del Interior de sacar pecho por una obra en la que todos sabemos que anteayer no creía o que, al menos, la censuraba públicamente en foros de prestigio y cuya paralización incluyó en sus promesas electorales. Zoido ha pasado de querer ser verdugo de la torre a ejercer de pregonero de sus bondades cuando fue a inaugurar la nueva sede de una consultora. Ha ejercido de Solana con la OTAN: de hacerle ascos a ser su secretario general. La Pelli, de entrada no. El hoy ministro ha terminado revestido de vocero de lujo para proclamar las ventajas que el rascacielos ofrece a la ciudad.

Fue el periodista Ignacio Camacho quien, en presencia de Ruiz Gallardón, le preguntó a Zoido en un foro en 2011: “Perdone que le insista, ¿tiene pensada alguna medida concreta que tumbar?”. El ya alcalde se río y respondió:“Tenemos, tenemos alguna”. Y abundó sobre la torre:“Me parece un proyecto que hoy por hoy no tiene viabilidad económica”. Acto seguido planteó dudas sobre la licencia urbanística concedida por el gobierno de Monteseirín y apuntó a su revisión. Pasaron los meses, nada hizo. Javier Arenas le pidió un “gesto” de autoridad política para que se evidenciara su capacidad de mando en la ciudad, para que se percibiera la supuesta fuerza de un gobierno de veinte concejales. Arenas se lo planteó en un comedor privado, con miembros del partido como testigos. No había que demoler la torre, no hacía falta, pero sí hacer un “gesto” cuando aún estaba con andamios y a medio hacer. El alcalde nada hizo. Nada, salvo ir dando un giro de 180 grados que cristalizó cuando, siendo ministro del Gobierno de España, alabó el pasado lunes la torre como un símbolo del futuro de Sevilla que genera “empleo, riqueza y modernidad”. Usó, otra vez, el concepto comodín de “herencia” como salvoconducto para no hacer nada, para dejar edificar la torre, primero, y justificar con loas, después. Pocos dudan de que un magistrado de profesión no supiera de antemano que las opciones de parar la torre serían escasas y, por supuesto, muy gravosas para las arcas públicas. El caso era decirle a la Sevilla más conservadora aquello que quería oír en los días de la campaña electoral. Ya lo decía un viejo canónigo al que, siendo párroco en Nervión, le preguntaron por la obra en que se había metido sin tener el dinero garantizado:“Tranquilos, hacemos lo que debemos. Y ya deberemos lo que hemos hecho”.

El pregón de la Torre Sevilla que nos dio Zoido el pasado lunes tenía más ripios que uno que yo me sé. Tal vez el problema de fondo no sea el cambio de opinión, sino qué hace un ministro del Interior inaugurando los nuevos despachos de una consultora. Cualquier día el director de Asuntos Religiosos corta la cinta de una nueva carretera, el ministro de Fomento inaugura junto al Rey el Año Judicial y la ministra de Defensa acude a la entrega de los Premios Goya. Como ocurre en los pregones, todos le dieron un abrazo tras su discurso. El rito es así. En Sevilla hay demasiadas sirenas que cantan. Y terminan por confundir al ministro (Ulises) pregonero. Zoido es el Solana hispalense. Solano de las marismas, tú que alisas las Arenas (Javié).

El conserje del Colegio de Abogados ya no sabe qué decir a los letrados que piden que Zoido inaugure sus despachos. ¿Irá también a bendecir la nueva sede de Sanguino en la preciosa Casa Ybarra? ¿Y al nuevo despacho de Luis Romero en la Plaza de Cuba? A lo mejor nos suelta otros pregones y proclama la belleza de las setas de la Encarnación, lo bonita que está la Avenida de la Constitución con sus veladores y su canesú, y lo bien que está la calle Almirante Lobo con todos sus árboles talados. Seguro que la copa de los pregones de Zoido termina servida por… Robles. Al tiempo.

La batalla del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2016 a las 6:24

cajanegra190616Ilustración: Rosell

 

La tensión emerge. Se evidencian los primeros golpes directos. La batalla por el PP de Sevilla tiene ya dos bandos claramente diferenciados con cabecillas locales y con sendos líderes desde Madrid. La contienda empieza a sumar no sólo fotos en las que unos exhiben músculo y otros una preocupación palmaria por unos movimientos inéditos en la historia del partido, sino que genera también momentos en los que se producen rifirrafes entre destacados responsables ante mucha militancia presente. Valga el ejemplo de los pudorosos padres que han perdido el pudor y discuten delante de la prole.

Ocurrió la tarde del lunes, 6 de junio, en la sede provincial de la calle Rioja. El presidente provincial, Juan Bueno, convocó por medio de Ignacio Flores una reunión con una treintena de militantes muy escogidos, entre ellos varios responsables de distrito. Todos ellos tenían en común no haber participado, de momento, en la Operación Manijero, organizada por el sector crítico que reclama un vuelco en el partido. La coartada de Bueno era informar de los preparativos de la campaña electoral. En realidad se trataba de un intento por entonar el Prietas las filas tras las escaramuzas  de los críticos que, liderados por la secretaria general Virginia Pérez y el concejal Beltrán Pérez, cosechan cada día más apoyos, publicados en las fotografías de familia que difunden estratégicamente por las redes. La reunión transcurría, en principio, con toda normalidad hasta que ocurrieron dos cosas: la entrada en la sala de Virginia Pérez, que había sido ninguneada de la convocatoria, y la pregunta de un militante de Triana (allegado al edil Curro Pérez) que demandaba información sobre las fotos de la Operación Manijero, tomadas en unos actos a los que –no se olvide– no estaban invitados los rostros tradicionales del PP. El militante preguntó –dicen que la pregunta fue en tono capcioso– y Juan Bueno respondió como presidente provincial. Las valoraciones de Bueno no debieron gustar nada a la camarlenga Virginia Pérez, que irrumpió con una intervención no autorizada e interrumpida por la mesa. Así estalló la refriega. Juan Bueno dejó claro que no autorizaba la intervención nada menos que de su secretaria general, afeó su conducta y le negó reiteradamente el uso de la palabra. Bueno recriminó a la camarlenga que se había colado en la sala, cosa que él –afirmó– nunca había hecho en los cónclaves promovidos por ella: “¡Te lo vuelvo a repetir, yo no me he metido en una reunión tuya!”. Reprobó su conducta ante el nutrido grupo de militantes: “¡Estás dando un ejemplo muy malo a los compañeros!”, gritó Bueno. Reivindicó, con una evidente tensión, su potestad como presidente provincial para responder a la pregunta sobre unas fotografías inéditas en el PP: “Yo voy a contestar, me han preguntado a mí”, dijo para que no lo hiciera Virginia Pérez en su lugar. Y ante la intervención de la secretaria general, que alzaba la voz desde las últimas filas, el presidente Bueno insistió: “¡Que no, que no, que no tienes la palabra”. Nadie daba crédito a la tensión que acababa de aflorar. De las fotos en las redes sociales se había pasado al enfrentamiento directo entre el número uno y la número dos del partido, nítidamente ya posicionados cada uno en un bando.

En el bando oficialista, avalado desde Génova por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, figuran junto a Juan Bueno dos de los rostros tradicionales de los últimos tres lustros del PP de Sevilla: el diputado nacional Ricardo Tarno y el alcalde de Tomares, José Luis Sanz. Con ellos está el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Los cinco tienen el objetivo común de pararle los pies a Javier Arenas, al que ya frenaron en su intento por repetir como número uno por Sevilla en las elecciones generales del pasado diciembre, un logro que enojó a Arenas, que después de muchos años pasó a ser “el ausente” en unas elecciones generales. Todo lo que Tarno, Sanz, Bueno y Zoido saben de política lo han aprendido de Arenas. Casi todo lo que han conseguido se lo de deben a él en buena medida. Ocurre que hace ya algún tiempo que todos quieren matar al padrino, hartos de que éste quiera disponer de unos y otros en función de sus intereses estratégicos. Para ellos es clave parar a Arenas y no permitirle que vuelva a controlar el PP sevillano por medio de sus afines.

En el bando crítico, impulsado por el propio Arenas en sus continuas reuniones conspiratorias y en sus archiconocidos culebreos de fin de semana por los pueblos, figuran la secretaria general Virginia Pérez (conocida también como la camarlenga porque, en realidad, no puede figurar formalmente como secretaria general al no formar parte del comité ejecutivo) y el concejal Beltrán Pérez, los dos arietes de la Operación Manijero. Ella quiere ser la próxima presidenta del partido. Él aspira a la portavocía del grupo municipal. Entre ambos, con la bendición del padre natural del centro derecha-andaluz, han conseguido que la subdelegada del Gobierno, diputados autonómicos, alcaldes de la provincia, concejales de la capital y militantes varios, acepten retratarse en armonía y ambiente festivo para exigir el cambio en la estructura local de un partido marcado por el estatismo y la ausencia de voces críticas.

Arenas quiere llegar al próximo congreso nacional apuntándose el control de Sevilla por medio de compromisarios leales a su causa. Cospedal quiere hacer lo mismo por medio de Zoido y los tres rostros tradicionales. De aquí a entonces existe la posibilidad de que un bando abra brechas en el otro. Los oficialistas intentarán minar la relación de confianza que mantienen Virginia Pérez y Beltrán Pérez mediante ofrecimientos políticos diversos,  siempre y cuando el PP salga bien parado del 26-J, pues el conflicto se recrudecerá si el resultado no es bueno. Sin el pan del gobierno en la familia, las dentelladas entre hermanos se disparan. Los críticos, además de volcarse en sumar nuevos apoyos entre la militancia y preparar nuevas acciones de demostración de fuerza, tratarán de ganarse la adhesión pública del concejal Alberto Díaz, uno de los principales amigos de José Luis Sanz. Sanz tiene la capacidad de elegir bando al ser el único alcalde del PP al frente de un ayuntamiento metropolitano y poseer un escaño como senador. De hecho mantiene una  relación fluida con Beltrán Pérez, con quien cenó la pasada Feria horas después de que trascendiera el primer aldabonazo de la Operación Manijero.

Otro escenario donde se libra la batalla del PP de Sevilla es el grupo popular en el Ayuntamiento, donde Zoido pierde adeptos de forma paulatina, bien porque tienen cuentas pendientes por sus decisiones como alcalde, bien porque ven próximo el final de una etapa y quieren estar bien posicionados para el futuro. Beltrán Pérez cuenta con la adhesión pública de los concejales María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Evelia Rincón y José Luis Martínez. Son cinco en total de los doce actuales. Si Zoido dimite tras las elecciones generales, el siguiente en la lista es Jaime Ruiz, que ahora está colocado en el Tribunal Económico y Administrativo ganando casi el doble de lo que percibe un concejal en la oposición. Lo lógico en tal supuesto sería que Ruiz renunciara a tomar posesión como concejal, pero los oficialistas han previsto esta posibilidad y ya le han advertido que, llegado el caso, tiene que aceptar su retorno al Pleno a toda costa. ¿La razón? Si Ruiz no acepta, el siguiente en la lista es el abogado Rafael Belmonte, beltranista acérrimo que, además, está muy bien conectado con la sociedad civil. Belmonte sería el sexto adepto al nuevo orden. Los oficialistas quieren impedir que Beltrán Pérez sume ese apoyo dentro del grupo. El referido Alberto Díaz sería, pues, absolutamente clave para inclinar la balanza a favor de Beltrán Pérez, que con él y la entrada de Belmonte tendría su particular mayoría absoluta garantizada dentro del grupo.

Zoido cuenta en el grupo municipal con la lealtad de su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, avalado por el presidente Juan Bueno para ser portavoz titular si el ex alcalde dimite en el Ayuntamiento, y de Curro Pérez, que fue su delegado en Triana y descafeinado portavoz del gobierno de los 20 concejales. Curro Pérez, por cierto, no despierta precisamente simpatías en Javier Arenas. ¿Tiene Zoido algún partidario más entre los concejales?  Quizás Lola de Pablo-Blanco, que sabe que su futuro político sin Zoido es sencillamente inexistente. Los restantes que no han sido nombrados, caso de Ignacio Flores, estarán con el poder establecido en cada momento. Y el poder establecido en el principal grupo de la oposición sigue siendo Zoido por el momento.

Todo se mide en tal grado en esta batalla que las llamadas telefónicas a los militantes están siendo continuas para pulsar los apoyos, desprestigiar al rival u obtener información sobre los movimientos del contrario. Los asesores del grupo son mirados con lupa. Y, cuando hubo una vacante, se descartó la contratación de una de las trabajadoras más veteranas y conocedoras del Ayuntamiento por ser la cónyuge de uno de los miembros de la ejecutiva regional del partido que más reclama la renovación del PP sevillano y el fin de la era Zoido.

Hasta antiguos rostros del PP, como el ex edil y ex secretario general Ricardo Villena, ha reaparecido en la escena al asistir a una de las reuniones de emergencia convocadas por el sector oficialista para analizar la revuelta, cuando Villena hace años que vive refugiado en el Tribunal Económico Administrativo. Arenas, por su parte, sigue pidiendo a los suyos que apoyen los movimientos de los Pérez (Virginia y Beltrán). ¿Quiénes son los suyos? Jaime Raynaud, Felisa Panadero, Patricia del Pozo, Macarena O’Neill, Rafael Salas, Rafael Carmona… ¿Qué dicen los oficialistas? Que la Operación Manijero no tendrá éxito al ser una “suma de resentidos”, que la inercia del partido se volverá a imponer y que Javier Arenas abandonará el bando cuando vea que la iniciativa pierde fuerza, o cuando consiga sus objetivos particulares en el congreso nacional.

La batalla, en definitiva, es una suma de frentes particulares. Arenas contra Cospedal. Arenas contra sus antiguos cachorros rebeldes. Tarno, Sanz y Bueno contra Arenas. Beltrán Pérez contra Zoido. Virginia Pérez contra Juan Bueno. A todo esto, el presidente regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, se frota las manos al ver que del PP sevillano, del que no ha obtenido más que el frío del desprecio, recibe ahora hasta peticiones de apoyo. El malagueño espera ser el pescador del río revuelto hispalense.

El peligroso círculo de confort

Carlos Navarro Antolín | 12 de enero de 2016 a las 5:00

Sevilla,01/12/2014.
A mayor decadencia del imperio, más grandes las estatuas. Cuanto más indiscreto es el canto de las sirenas del estómago por el hambre acumulada, más migas de pan impostadas en las solapas del abrigo. Los romanos ocultaban su decadencia. Carpanta maquillaba a duras penas sus míticas ganas de hincarle el diento al pollo asado. En la política actual hay fotografías oficiales que representan a la perfección el drama, gestos que recuerdan a la Roma de la grandeza perdida, y decisiones revestidas de fuerza que recuerdan a la frustración del infortunado personaje de Bruguera al que el plato de comida caliente, al final, siempre le resultaba esquivo.

El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento y ex alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, convocó a los concejales en la tarde ayer para comunicarles el nombramiento de Gregorio Serrano como su portavoz adjunto. La cosa tiene mérito. No porque Serrano, veterano de la política municipal, consiga por fin un reconocimiento político (más allá de la sobrecarga de competencias de los cuatro años de gobierno), sino porque Zoido afronta la tarea de tomar una decisión en clave interna. Y lo hace provocando una fuerte contestación que, como siempre ocurre en el PP, queda muda a la hora de la reunión. Zoido en realidad quería proclamar a Curro Pérez como portavoz adjunto a finales de la pasada semana, pero la dirección provincial desautorizó este nombramiento. No se olvide que el presidente provincial, Juan Bueno, lo es también del grupo municipal. Bueno intervino en la sesión vespertina de ayer, en presencia de doce concejales y dos asesores, para proclamar que el nombramiento de Serrano y otros cambios menores de organización interna (pedreas en el reparto de fiscalización de los distritos y otras chucherías de consolación) se había hecho de acuerdo con el partido. Revestido con la estola del aparato oficial, agitó el hisopo para bendecir al nuevo portavoz adjunto mientras el fiel José Miguel Luque sostenía el acetre. ¡Vaya sapo que se traga el bueno de Bueno para mantener prietas las filas! Por lo demás, el presidente provincial dijo unas palabritas de rigor sobre el esfuerzo que espera de todos, la dificultad de la coyuntura política actual, la incertidumbre sobre la posibilidad de unas nuevas elecciones generales y, por último, aludió a los “procesos de renovación del partido” en referencia al próximo congreso provincial.

Con razón Virginia Pérez, coordinadora general del PP sevillano, estaba que trinaba en la mañana de ayer en la Diputación. La Pérez, a la que algunos ven perfiles susanistas en clave conservadora, ya advirtió en la última junta directiva provincial que no quiere personalismos. Y la forma en que Zoido ha tramitado la designación (legítima) de su portavoz adjunto ha rayado en el cesarismo propio de la decadencia en el contexto de un momento político especialmente delicado.

Zoido desprecia los aparatos del partido y tiene escasa consideración por los políticos sin oficio propio o forjados en las filas de Nuevas Generaciones. No tuvo más remedio que respetar el veto a Curro Pérez. Pero ya no iba aceptar más tutelas. Ni tutías, que diría don Manuel. Optó por demorar la reunión hasta el lunes y tuvo que elegir a Serrano, un concejal trabajador y leal a su liderazgo, una pieza sólida de ese círculo de confort que Zoido se ha ido creando en los últimos años y que ha ido recortando los campos de acción de un político que antes no daba ni un voto, ni un tema por perdido. En la orilla deja a Alberto Díaz, número siete de la lista electoral. Y en el limbo del odio africano arrincona a Beltrán Pérez, por el que ex alcalde tiene un problema indisimulado de celos. No hay foto oficial de familia que pueda maquillar la desolación de la mayoría de los concejales del grupo, indignados ayer no tanto por la designación de Serrano, sino por las formas en las que se ha tramitado su nombramiento. Muchos preparan ya ese plato frío que no falta nunca en los fogones de la política: la venganza.

El día de ayer aún podía mejorar. Y lo hizo. Zoido anunció en la reunión a puerta cerrada que ha encargado a Curro Pérez –abróchense los cinturones– nada menos que la redacción de un plan estratégico de trabajo del grupo municipal con vistas a 2029. Se trata de preparar la ciudad para el centenario de la Exposición Iberoamericana. ¡Largo me lo fiáis, amigo Sancho! El plan tiene como objetivo prioritario recuperar el poder municipal en 2019 para afrontar después una década de trabajo que deje a Sevilla lista para la gloriosa efemérides. El humo que despide el polo químico de Huelva (va por usted el guiño, Curro Pérez) se queda corto con el venteado ayer en el palomar por el ex alcalde de la ciudad. Ahora que Zoido se marcha a Madrid (decadencia), más ambiciosos son los objetivos fijados (altas las estatuas). Las caras no estaban para chistes ni pantomimas trazadas en hojas de ruta a trece años vista.

El círculo de confort ha absorbido al líder, ha terminado por empequeñecer la figura del político, del dirigente que fue durante dos años la referencia indiscutida del centro derecha andaluz tras años de trabajo a destajo en las que se forjó un perfil de simpatía que convenció a muchos votantes de los barrios tradicionalmente de izquierdas. Pero después vinieron los incumplimientos (más de 60.000 votos perdidos en cuatro años), las frivolidades como ciertas concesiones de medallas de la ciudad, las fotos en el Hola en bodas de chisteras y en otros saraos repletos de agradaores (alejamiento del votante de barrio) y, cómo no, la nefasta aventura de la presidencia regional. Sevilla no es generosa a la hora de administrar el perdón, de ahí el batacazo de las urnas en las municipales. No toda la culpa es de Rajoy. Y presumir de victoria en número de votos es tan legítimo para el consumo interno como irrisorio en los foros públicos.

Tras el teatro de la reunión, copichuela del grupo municipal en un pub irlandés con asistencia de los tres ediles que han dimitido hasta ahora por muy distintas razones: Asunción Fley, Javier Landa y José Luis Vargas. Todos regalaron al ex alcalde un Giraldillo para que le acompañe en su nueva etapa como diputado en Madrid. Las Cortes se constituyen esta semana. Guardando la viña se queda Serrano, un apasionado de la política municipal al que muchos de los suyos no le harán la senda fácil al activar el google a la búsqueda de mochilas en su gestión, ya sea en Fitonovo o en los gastos de la Asociación para la Promoción Exterior de Sevilla.

La función continúa. Unos cultivan el jajajá en público y otros afilan la daga en privado. Carpanta nunca se come el pollo, pero disimula esparciendo migas como portavocías adjuntas en tiempos de penuria. Se nos rompió Sevilla de tanto usarla. Políticos, política.

El valor añadido de nuestras ratas

Carlos Navarro Antolín | 27 de diciembre de 2015 a las 5:00

ratas
SEVILLA tiene tal vocación en perpetuar lo efímero, en detener el tiempo para convertir el aire en piedra, y en hacer de lo prosaico una genial poesía de ocurrencia, que sólo aquí, y sólo aquí, ocurre que una rata sale de un bar ante la clientela asustada y el dueño, mientras pasa la bayeta por la barra con toda naturalidad, proclama: “¡No se alarmen por favor, que la tengo dada de alta!” Las ratas en Sevilla cotizan. Y los ratas se pasean con sus agendas bajo el brazo, de Tetuán a Velázquez y de Velázquez a Tetuán con toda tranquilidad. Bueno, con toda la tranquilidad que permiten los niños cazafirmas. Las ratas posan para el fotógrafo como meninas, con toda calma, sabedoras de que nada, ni nadie, las va a echar de un paraíso ganado a pulso. Ratas impunes, trepadoras cada una en su orden, sin madriguera fija. Están en el Paseo Juan Carlos I cada tarde de este invierno sin abrigos ni bufandas, de estos días que invitan más a la cerveza que al oloroso. Están como toros en la dehesa, dueñas de su jurisdicción, como tertulianas peleonas, presumiendo de territorio conquistado con el estandarte clavado de sus inmundicias. Las ratas son las muñidoras de la cochambre. El buitre carroñero aguarda con paciencia la muerte del mamífero. Y la asamblea de ratas anuncia la presencia de desperdicios, suciedad, agua estanca, lugar perdido por la civilización. No huyen ante la presencia de las cámaras, se quedan clavadas al terreno con la dignidad de un presidente abofeteado. Estas ratas han perdido el respeto a las personas. O será que están dadas de alta. No habitan callejones, sino la ribera del río. Y si antes salían disparadas, fugaces, asustadas ante la mera luz del día, ahora se han vuelto fijas, de plantilla, gracias a esa capacidad que tiene la ciudad de convertir el olor de la caca de caballo en fragancia asociada al gótico de la Catedral, patrimonio inmaterial lo llaman. Estas ratas son parte de un paisaje ligado a la caída de la tarde de la ciudad indolente, de belleza en retirada y casco histórico franquiciado. Unos tienen puestas de sol o cambios de guardia, norias gigantes o plazas mayores de ensueño, grandes almacenes de lujo o teatros de ópera de Sisí Emperatriz, nosotros tenemos ratas que se dejan fotografiar en la ciudad que tiene eje con Málaga, pero ningún hermanamiento a la vista con Hamelín. A falta de linces, tenemos ratas en horario laborable. Que para eso tienen hasta convenio colectivo.

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Las vacantes de Espadas
El alcalde tranquilo, el profesional moderado, el político plano y que no genera ruido. Juan Espadas mantiene vacante la perla del organigrama de las empresas municipales: la gerencia de Emasesa. La compañía metropolitana tira por ahora sin problemas gracias a Antonio Díaz, un profesional de la casa de reconocida solvencia y estilo exquisito al que se le han ampliado competencias para hacerle más cómoda la toma de decisiones. Pero no hay nadie que quiera ser gerente por 60.000 euros anuales, el tope fijado por error por el propio Espadas. También está vacante la gerencia del Instituto del Taxi. Y se encuentran pendientes de renovación los cargos de Defensor de la Ciudadanía, donde José Barranca sigue de forma interina al servicio de la ciudad, y el de director gerente de la Fundación Jiménez Becerril, donde Jesús de la Lama sigue acumulando trienios desde los tiempos de Monteseirín. Por cierto, en la web de la fundación sigue como presidente Juan Ignacio Zoido como alcalde de Sevilla.

En el Restaurante Abades Sevilla. Acto de presentación de la candidatura del PP de Sevilla a las elecciones generales, en el que participan el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno; el candidato número uno, Juan Ignacio Zoido, y el presidente del PP de
Sevilla, siempre falla Sevilla
El veterano militante cordobés Ricardo Rojas se levantó en el comité ejecutivo regional del lunes y puso el dedo en la llaga. El PSOE ha sacado al PP una ventaja de 120.000 votos en las elecciones generales, de los que 95.000 son de la circunscripción de Sevilla. El 80% de la diferencia que el PSOE saca al PP en la región se debe a la provincia de Sevilla, agujero negro del centro-derecha andaluz. Virginia Pérez, camarlenga del PP hispalense, le replicó que en Sevilla se ha crecido un 13% y en Málaga, por ejemplo, los apoyos al partido de la gaviota han bajado un 20%. ¿Será Moreno Bonilla el que va difundiendo por ahí que Sevilla siempre falla? Los datos objetivos le dan la razón. Y a todo esto, Zoido presumiendo de ser el ganador en la capital. Hey, no vayas presumiendo por ahí… Rojas detuvo el picú de la fiesta zoidiana.

Tercera dimisión en el PP en menos de seis meses

Carlos Navarro Antolín | 22 de diciembre de 2015 a las 5:00

: Sevilla : 30 SEV (Caja Negra
LO peor no es que un concejal se vaya porque su partido no ha conseguido el objetivo primordial: lograr el poder. Hubo varios concejales que se marcharon poco a poco, con la lenta velocidad a la que sale una cofradía de ruan con escasas parejas de nazarenos, cuando Soledad Becerril perdió el bastón de alcaldesa en 1999. Nada nuevo bajo el sol (del Plantinar). Lo peor no es que cunda el desánimo cuando se dilapida el mayor crédito político que ha logrado un político del centro-derecha en el Sur de España. Lo peor no es que el partido no acierte a levantar no ya la cabeza, sino las cervicales, en el contexto regional, ni que toda la estructura de poder nacional se sitúe en tenguerengue desde la noche del domingo, cuando nos acostamos sin saber quién dormirá en las Marismillas para escaparse del próximo debate (¿A dónde estaré, Dios mío, la próxima primavera?, cantan a Rajoy Los Romeros de la Puebla). Lo peor es que un político no cumpla la palabra dada, no recuerde una mínima declaración de intenciones escrita en la tarjeta de presentación escondida en el ramo de flores de cortesía. “Tengo claro que dejo todas las obras cuando sea concejal”, dijo en abril el arquitecto José Luis Vargas, fichaje estrella de Juan Ignacio Zoido en la lista electoral del pasado mayo. Eso proclamó al trascender en este periódico que la Gerencia de Urbanismo, presidida aún por el propio Zoido, había paralizado la obra de rehabilitación de la casa catalogada de la calle San Fernando, donde está prevista la apertura del Hard Rock Café, por falta de los preceptivos permisos legales. Vargas tomó posesión como concejal, ay fue en la oposición, y se olvidó de cumplir la palabra dada. No dejó los proyectos. Y comenzaron los problemas, sobre todo porque Zoido, ay de nuevo, lo metió como representante del Grupo Popular nada menos que en el Consejo de Gobierno y en la Comisión Ejecutiva de la Gerencia de Urbanismo. Lo tenía “claro”, pero la claridad es un concepto tan difuso, tan relativo, tan subjetivo, que lejos de olvidar los proyectos, se sentó en la mesa que se debatía sobre ellos, por mucho que se saliera de la sala en las votaciones.

–¿Qué es la claridad?
–¿Y tú me lo preguntas?

Vargas anunció ayer su dimisión en la reunión del Grupo Popular convocada para preparar el próximo Pleno. “Esperad, que José Luis os quiere decir algo”, advirtió un Zoido con la resaca emocional de una noche de escrutinio vivida en la sede provincial a puerta cerrada, lejos del líder regional, con el que se lleva bien para las fotos, pero mal para la melva. Vargas entonó el adiós alegando “motivos personales”. En la puerta estaba ya el recambio que todos habían podido saludar minutos antes:la combativa Evelia Rincón, especializada en la fiscalización de los gobiernos socialistas del tardoalfredismo.

A Vargas lo echan del palomar los expedientes del Hard Rock Café, sus continuas visitas al servicio de licencias para acelerar los permisos en su notoria doble condición de edil y arquitecto del proyecto, las denuncias de los vecinos al proyecto, la intervención del Defensor del Pueblo Andaluz y las críticas de reconocidos expertos en patrimonio a la reforma planteada en un inmueble de alto valor.
Cuando Zoido se presentó a la Alcaldía en 2007 tenía muy claro que la parcela de Urbanismo sería para alguien que no guardara la más mínima relación con los asuntos inmobiliarios. No gobernó, se reservó el nombre. Cuando en 2011 bebió del cáliz de la rotunda victoria, concedió la codiciada Gerencia al funcionario Maximiliano Vílchez, al que es cierto que no se lo conoció jamás ninguna confusión de intereses en cuatro años, ni tampoco grandes logros, más allá de poner de los nervios sin pretenderlo a Curro Pérez, que esperaba devorar él solito el gran pastel de la Delegación de Urbanismo y se quedó con la pobre piruleta del distrito Triana. Del urbanismo bajo sospecha del PA se pasó al urbanismo plano del PP. Zoido cambió de criterio en 2015 y confió los asuntos del ladrillo a un arquitecto con demasiados proyectos en curso. Se fue Fley y se acaba de marchar Landa, estrellas de 2011, y ahora se apaga la estrella de 2015.

En el PP hay quienes sienten bastante alivio porque temían nuevas revelaciones en las próximas fechas. Digamos que han sido “motivos personales”, tupido velo del que abusan los políticos. Que parezca un accidente. Y que haya café para todos. Pero que sea del Hard Rock, por supuesto. Y que siga la música. Tres en seis meses. Tanta claridad, confunde.

El gris de Espadas y la herencia de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 11 de septiembre de 2015 a las 5:00

ELECCIONES. Tiro de línea. Barriada Felipe II. Tercera Fase. CAl
UNA forma de cumplir las bodas de plata como político en activo es guardar la disciplina en el carril gris. El color de la longevidad en política es el gris. Sé gris y échate a dormir. Manuel Chaves se estrenó como político en 1977. Y fíjense: ha estado hasta antes de ayer por la mañana en el machito, del que se ha despeñado por empeñarse en alargar su trayectoria pública. Otro gallo le hubiera cantado si en vez de coger el Ave a Madrid a trincar el caramelo envenenado de aquella Vicepresidencia Tercera, se hubiera quedado en Sevilla echando tardes de tranquila lectura en el Avelino de Heliópolis. Quien se queda en el foco más tiempo del debido corre el riesgo de achicharrarse. Es la factura de estar expuesto. Por eso mismo Monteseirín aconsejaba en días de polémica a algunos de sus colaboradores: “Tápate, tápate”. El andalucista Rojas-Marcos, en cambio, era partidario de quemarse en la parrilla de los proyectos megalómanos y aventuras imposibes. Rojas-Marcos será de todo, pero nunca un gris.

Juan Espadas está punto de cumplir los cien días como alcalde, un período de paz donde su principal adversario ha sido él mismo, con el tope de sueldo impuesto para la contratación de gerentes y asesores, con declaraciones difusas sobre las próximas ordenanzas fiscales y con la creación de polémicas estériles como la del numerus clausus de los concejales en la procesión de la Virgen de los Reyes. Por cierto, que en la misa de renovación del voto a la Hiniesta Gloriosa no ha habido tijeretazo a la Corporación bajo mazas. Espadas ha debido entender que este acto en San Julián, con escasa trascendencia mediática, equivale a una novillada sin caballos, por lo que sólo merece la pena meter la tijera en los festejos de abono: Virgen de los Reyes y Corpus. ¿No se trataba de regular la presencia institucional en actos religiosos? Tan religioso es el Día de la Virgen (con pontifical posterior) como la eucaristía ante la Patrona del Ayuntamiento. ¿A ver si resulta que sólo limitamos los concejales (del PP) cuando hay procesión y, por tanto, una elevada cantidad de público? Tadeo, Tadeo, que te veo…

Sigamos con lo de los sueldos por lo bajo. Emasesa está sin consejero delegado. Ha habido que habilitar a un directivo de la casa para que firme los papeles de forma interina. Lipasam también vive un período de sede vacante. Ha tardado tres meses en encontrar un gerente para Tussam, cuyo perfil obliga a una reforma de estatutos porque el elegido carece de titulación, mientras los sindicatos hacen público su deseo de que siga el gerente de la etapa del PP. Que unos sindicalistas elogien a un gerente suena a los republicanos encantados con un Rey, o a los ateos que echan flores a un Papa.

El alcalde de Sevilla cobra muy poco para la responsabilidad que asume. No llega a 60.000 euros. Pero la demagogia imperante, cuyos cimientos han levantado los propios políticos, impide afrontar una subida de sueldo. A nadie se le ocurre mentar la bicha. Espadas, él solito, se metió hace cuatro años en el lío de prometer que por encima del Rey, ninguno. Por encima del sueldo del alcalde, nadie. Y así está la corte: de medio pelo y a medio terminar.

Al margen del tiro en el pie por la cuestión de los sueldos, Espadas genera un ambiente de grises donde se mueve cómodo. El gris es su hábitat, dicho en terminología de Antonio Muñoz, delegado del ídem. Zoido no deja de ser también un político gris en la gestión, pero su populismo en tiempo de promesas generó unas expectativas que terminaron pasándole una dolorosa factura: 60.000 votos menos. Un político del PP con despacho en el Norte aseveraba días atrás: “Jamás hemos tenido una referencia tan fuerte el Sur y qué poco nos ha durado”.

Gris fue Espadas en la oposición, donde sólo subió el tono levemente en el último tramo, y grises han sido estos cien días, sin protestas sonadas de sindicatos en la Plaza Nueva. A Espadas, además, no le falta la pizca de suerte del recién llegado al cargo. El alcalde tiene debilitado al sindicato de policías locales, la bestia negra de todos los alcaldes, seriamente en jaque por el amaño de las oposiciones.

Cuando comience la lista de reproches por los mil defectos de la ciudad, que no tardará en empezar, y cuando algún miembro de la cuadrilla se resbale en el albero de la política, Espadas sufrirá como todos los alcaldes. A su favor juega que en la mayoría de los casos, nadie podrá decirle que prometió el Pompidú, piscinas fluviales en el río, poner sombra en la Avenida, acabar con los veladores o ser el alcalde del empleo. Una de sus grandes ventajas ahora mismo es la herencia de Zoido, el alcalde caracterizado por la hiperactividad social y un balance demasiado pobre en función del altísimo poder político otorgado por las urnas. Cierto perfil de sevillano ha acabado empachado de alcalde tras el mandato anterior. Y ahora mismo no digiere nada mal a un alcalde que sabe a tortilla francesa y manzana tras un atracón de carbohidratos. El pueblo es así de cruel. La auténtica fiera no ruge en los tendidos, sino en las urnas. Y Sevilla guarda mucha crueldad en su interior.

A Espadas, por el momento, le basta con no estar presente en mil actos inútiles, lograr materializar algún apoyo de la Junta, no incurrir en anuncios difusos sobre subidas de impuestos y mantener calmados a los dos partidos que le prestaron las muletas en la investidura. Con el paro en reducción, el país atento al sonajero de las elecciones, el PSOE sin remontar el vuelo en España y el apoyo de Susana Díaz, el alcalde de Sevilla tiene fácil vivir de la herencia y seguir jugando al gris. No es que el alcalde se tape, es que está tapado, porque así viene de fábrica.

Espadas, dos meses de paz

Carlos Navarro Antolín | 13 de agosto de 2015 a las 5:00

EL SOCIALISTA JUAN ESPADAS TOMA POSESIÓN COMO ALCALDE DE SEVILLA
DOS meses en el gobierno y ni una sola polémica que ponga en jaque la estabilidad de un ejecutivo en minoría. Madrid y Barcelona no han dejado de copar titulares por las decisiones de sus nuevos gobiernos, ambos controlados por franquicias de Podemos. Juan Espadas puede presumir de que la banda sonora de su arranque como alcalde suena a música celestial, a un chill out donde los concejales, camisas blancas por fuera, comen las perdices de la felicidad y no dan muestras de estar atacados de los nervios pese a la concentración de competencias en sólo diez delegados. Hasta uno de ellos se encuentra ahora muy lejos de Sevilla, por unos lugares del planeta donde se caen los glaciares por efecto del cambio climático, disfrutando de unos días de vacaciones. Un gobierno sin una sola grieta aún en sus cimientos, pese a estar apuntalado por tres concejales bisoños de Participa Sevilla (una suerte de podemitas a tiempo parcial) y dos de Izquierda Unida. El nuevo frente de izquierdas no irrumpe, al menos por ahora, en la actualidad municipal.

El mayor problema interno del alcalde sigue siendo encontrar gerentes para las sociedades y entes municipales, un escollo provocado por él mismo (un tiro en el pie) al fijar el tope salarial de asesores y altos directivos en los 60.000 euros mal contados que él mismo percibe como máxima autoridad municipal. Este techo en los emolumentos provoca, por ejemplo, que la joya de la corona de las empresas municipales –la compañía metropolitana de aguas– aún no tenga consejero delegado, pues han declinado el ofrecimiento algunos de los profesionales a los que se ha ofrecido el cargo, como Jaime Palop y José Manuel Puerto.

Espadas disfruta de una paz inicial de la que sus dos antecesores no gozaron. La historia reciente así lo demuestra. Monteseirín las pasó canutas en el Pleno de organización, el primero del mandato. Ha sido el último alcalde de Sevilla que ha intentado subir los sueldos de los capitulares. Lo consiguió en el Pleno del 20 de julio de 1999, donde el socialista se asignó, en su caso, dos millones de pesetas más al año. Votaron a favor del aumento salarial todos los concejales del PSOE y los del PA, que eran socios de gobierno. Los del PP, cuya portavoz era aún la ex alcaldesa Soledad Becerril, votaron en contra y renunciaron después a la subida. Aquella misma noche, pocas horas después de acabada la sesión plenaria, Monteseirín filtró a algunos medios de comunicación que renunciaba al aumento de sueldo, pese a que había sacado adelante la votación. La presión de la polémica, de la que se hicieron eco varios telediarios nacionales, forzó al alcalde a dar el paso atrás. Monteseirín siempre se ha quejado de que el PP se la jugó con las cámaras por delante, pues la subida estaba pactada previamente entre los portavoces de los grupos políticos. Los concejales del PSOE fueron también renunciando días después al aumento salarial, no sin que alguno como Blas Ballesteros, delegado de Tráfico, advirtiera que la marcha atrás del alcalde no obligaba a los demás concejales del grupo socialista. El caso es que la polémica lastró la figura de Monteseirín durante mucho tiempo. Los sueldos se quedaron como estaban desde 1991, última vez que crecieron.

Doce años después, Zoido sudó también en el arranque de mandato. Pasó fatigas sólo dos días después de arrollar en las urnas, cuando ni siquiera estaba aún investido como alcalde por el Pleno. Todo se originó por anunciar en una televisión local que colocaría mobiliario clásico en sustitución de las farolas y bancos de estilo moderno que Monteseirín colocó en zonas del centro histórico, como la Puerta de Jerez y las plazas del Pan, la Pescadería y la Alfalfa. Pese a que precisó que serían reutilizadas en otros lugares de la ciudad más idóneos, al político del PP le llovieron las críticas y le recordaron que el polémico proyecto bautizado como La Piel Sensible (reforma urbanística de la Alfalfa y su entorno caracterizada por un nuevo pavimento y las farolas duchas) costó tres millones a las arcas municipales. Zoido fue visto como un político frívolo en una ciudad marcada por problemas como el paro y la falta de viviendas.

Los socialistas municipales de hoy, apuntalados en la investidura por dos grupos que tienden con facilidad al radicalismo de teletipo y salón, han tenido ahora la habilidad de dejar a Zoido orillado en la ranciedumbre estética desde un punto de vista político. Basten tres ejemplos. Espadas, sin ser el Ayuntamiento propietario de los terrenos de Altadis, ha conseguido que el futuro de este gran espacio fabril de Los Remedios se asocie por iniciativa suya a una marca de prestigio no cuestionada como la Singularity University en lugar de a ofertas comerciales, como proponía el anterior alcalde. En segundo lugar, Espadas ha logrado sacar a Zoido del burladero del palomar en la polémica (gratuita, todo hay que decirlo) del recorte del número de concejales en la procesión de la Virgen de los Reyes. El PP ha tratado de hacerse fuerte sin éxito en un asunto donde hubiese sido más fácil tildar al gobierno de prohibicionista. Y en tercer lugar, el PP ha tenido que echar la mirada abajo cuando ha trascendido que la multinacional Macdonald´s toma la Campana con sillas y veladores. Zoido ha tenido que estar callado en este nuevo ejemplo de ocupación de la vía pública, pues su Gerencia de Urbanismo disparó la concesión de licencias de veladores en tal número que bien pudiera poner en su escudo de armas una mesa y cuatro sillas. Y, además, se mostró incapaz de poner orden e impedir la instalación de terrazas ilegales, un objetivo que está por ver si lo consigue el hoy alcalde socialista, con un Ayuntamiento sin inspectores por las tardes.

La situación es favorable a Espadas a su derecha y a su izquierda. A su diestra, el alcalde socialista cuenta con la ventaja de tener un líder de la oposición con pasado. Y un pasado muy reciente. Juan Ignacio Zoido se ha empeñado en seguir al frente del grupo municipal del PP (a la espera de un nuevo destino político a sumar o en sustituición del actual cargo) lo que carga de munición al gobierno para defenderse de los ataques de quien es su principal adversario político (y que preside el grupo municipal más poblado, con doce concejales). Cada vez que Zoido levanta la voz, hay un expediente municipal aún calentito que sirve como respuesta, ya sea para recordar que ni siquiera tramitó la rehabilitación del Pabellón Real, que dejó un remanente negativo en Urbanismo de 15,3 millones o que emitió permisos para veladores en favor de 3.500 nuevos bares. Zoido es víctima de sus particulares hormigas blancas. Se han invertido las tornas, pues con Monteseirín ocurrió anteriormente esta situación, ya que al sumar tantos años de gobierno terminaba por acumular irregularidades diversas que eran la delicia de los entonces implacables Zoido´s boys.

A su izquierda, Espadas no sufre hostilidad digna de mención. Participa Sevilla e IU no amenazan por el momento los planes del gobierno, más allá de reivindicaciones en asuntos de los que ambos partidos hacen estandarte propio: críticas a las subvenciones a la Iglesia (caso del patrocinio de Emasesa a Santa Catalina) o el apoyo a los trabajadores de la Corchuela que se manifiestan hoy ante las puertas del Ayuntamiento. Ciudadanos, con tres concejales, aún no ha dado ni un simple dolor de cabeza al gobierno. Ni es previsible a corto plazo que haga sudar mucho al alcalde, pues el entendimiento entre el PSOE de Susana Díaz (en adelante La Que Manda) y los Ciudadanos de Juan Marín (brazo ejecutor de Albert Rivera en Andalucía) se presume estable en el Parlamento, más allá de roces propios de la gestión diaria y el asunto sobre la permanencia en el gobierno de altos cargos que están imputados.

Zoido busca más sueldos para los concejales del PP

Carlos Navarro Antolín | 18 de julio de 2015 a las 5:00

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La oposición es dura. Quema. Pero sin encima es en condiciones adversas generadas por tu propio partido político (¡Al suelo, que vienen los nuestros!), la cuesta arriba se pronuncia tanto que conduce a un palomar donde hay que rezar para que funcione el aire acondicionado y hacer oposiciones para conseguir un despacho individual. La Ley Montoro –el tiro en el pie que se ha pegado el PP– restringe el número de sueldos en los ayuntamientos con el objetivo de racionalizar el gasto de las entidades locales, que se emborracharon de ingresos en los años de boom inmobiliario dejando en jaque las arcas del Estado. Se trata de una norma que en el caso de Sevilla solo concede salarios íntegros a 22 de los 31 concejales. Permite también trabajar fuera de la Plaza Nueva y seguir siendo concejal, incluso recibiendo un sueldo reducido del Ayuntamiento. He aquí la clave, para algunos. Yhe aquí el chollo, para otros. Esta opción se convierte en algunos casos en toda una oportunidad para cobrar en el trabajo de toda la vida y, al mismo tiempo, tener un sobresueldo público. Es lo que técnicamente se llama la dedicación parcial, que puede ser declarada en diferentes porcentajes: 25%, 50% o 75%. Hay que justificarla, pero para eso está la ingeniería política de colocar a los concejales aspirantes a sobresueldo en consejos de administración, patronatos, fundaciones, comisiones y otras sesudas instancias que generen esa sensación de frenética actividad que se haga merecedora de una retribución mensual.

El Grupo Popular tiene 12 concejales tras el batacazo sufrido en las últimas elecciones. La organización del nuevo Ayuntamiento, aprobada en el Pleno correspondiente, sólo permite que cinco de ellos cobren un sueldo íntegro (el 100%de lo estipulado), que son Juan Ignacio Zoido, Alberto Díaz, Gregorio Serrano, Beltrán Pérez e Ignacio Flores. Ahora mismo hay siete sin ningún ingreso municipal.

Zoido ha dirigido una carta al alcalde, el socialista Juan Espadas, en la que pide un sueldo en modalidad reducida para seis de esos siete concejales, por lo que solicita la dedicación parcial en diferentes porcentajes. El único concejal del PP para el que se no ha hecho ninguna gestión al respecto es Javier Landa, catedrático de Universidad, que parece que se conforma con su retribución como docente.

El objetivo está claro. El PP busca el ardid de las declaraciones parciales para asegurar un salario municipal para casi todos sus ediles. Varios de ellos tienen puestos de trabajo garantizados, por lo que los ingresos municipales se convertirán, en la práctica, en sobresueldos.

El salario de un concejal de la oposición en el Ayuntamiento es de 1.850 euros. Zoido pide a Espadas la mitad de ese salario (925 euros) para María del Mar Sánchez Estrella, documentalista en canal Sur; José Luis Vargas, director del estudio de Arquitectura Orfila 11;María Dolores de Pablo-Blanco, que antes de ser concejal procedía de la Empresa Pública del Suelo de Andalucía; Francisco Pérez, profesor de Derecho Administrativo de la Universidad Pablo de Olavide, y Pía Halcón, licenciada en Bellas Artes y restauradora de profesión. Hay un sexto concejal, José Luis García, ex presidente de Nuevas Generaciones de Sevilla, para el que se pide un 75% del sueldo, unos 1.390 euros mensuales.

La última palabra la tendrá el alcalde, Juan Espadas. El PP hizo una ley en pleno poderío electoral que convirtió la política municipal en una actividad mileurista. Ironía del destino, esa ley la firmó el número uno por la lista electoral de Sevilla: Cristóbal Montoro.

Plaza Nueva: la apertura del Mar Rojo

Carlos Navarro Antolín | 6 de julio de 2015 a las 5:00

06/07/15 Visita de Susana Díaz al ayuntamiento de Sevilla .
Ea, pues ya está Juan Espadas en plan Moisés abriendo el Mar Rojo de los proyectos bloqueados por la Junta mientras el alcalde era azul, azulísimo de los veinte inútiles concejales del PP. Para eso la presidenta autonómica es roja, rojísima de mentalidad (eso dice en los mítines) y rojísima de atuendo, y ofrece al alcalde la tierra prometida del traslado de la Politécnica, la Ciudad de la Justicia, el Metro y otras anotaciones de la lista de los reyes magos. A Zoido, ni agua. A Espadas, lo que pida. La Junta aplica en Sevilla aquello tan viejo de al amigo, todo; al enemigo, nada, y al indiferente, la legislación vigente. El estorbo era Zoido, al que se le queda cara de cuñado al que le regalan la enésima corbata en Navidad.

Tiempo nuevo en la Plaza Nueva. Zoido al palomar y Espadas a inaugurar. Al perro flaco del PP de Sevilla le salen las pulgas del alcalde de Málaga yendo a visitar a Espadas (zas, bofetada amiga al primer cuarto de hora), y de la presidenta de la Junta abriendo los candados de proyectos varados para la ciudad.

La política es un paripé, pues a ver quién explica que lo que antes de ayer era imposible, estaba pendiente de sesudos informes y a la espera de huecos en apretadas agendas, hoy se anuncia como posible, se da por hecho y se marcan fechas de ejecución. Es justo la hora en que sale el fino analista y dice que estas son las cosas que generan desapego y desafección en el pueblo con respecto a la clase política. Es decir, la cosas que generan esa legión de indiferentes a la que se aplica la legislación vigente.