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La ministra voluntaria en el fuego de Doñana

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2017 a las 20:23

Incendio de Moguer y Mazagón

El nuevo símbolo del poder no es el coche oficial, sino el chalequillo de múltiples bolsillos que reparte Protección Civil en los casos de tragedia. Puede usted tener la agenda cargada de actos y los ternos más lucidos de Madrid que si nunca le han dado un chalequillo estilo Coronel Tapioca es que usted nunca ha estado en la zona cero de ninguna tragedia. No es nadie. Se vio el domingo y el lunes en el denominado Puesto de Mando Avanzado, desde donde se seguía la evolución del incendio que, por fortuna, se ha saldado sin ni siquiera un solo herido, lo que nos permite fijarnos ya en algunos detalles aparentemente secundarios de los días en que vivimos peligrosamente y respiramos con dificultad. Los señores del PP esta vez reaccionaron con celeridad, no como con el incendio de Riotinto que afectó a casi 35.000 hectáreas de monte de Sevilla y Huelva en 2004. Aquel fuego provocó una lluvia de cenizas en el centro de Sevilla que aún se recuerda. Los entonces barandas del PP andaluz tardaron en acudir al lugar de los hechos. Pero esta vez no, esta vez hubo dos ministros que en Madrid se subieron al avión el mismo domingo por la mañana. A falta de uno fueron dos. Don Zoido acudió al tener las competencias de Protección Civil, que para eso dependen del organigrama de Interior. Estaba en Madrid el domingo porque quiso vigilar in situ el dispositivo de la marcha del Orgullo Gay, que ya es difícil pillar al ministro sevillano en la capital del reino un fin de semana. Pero al avión se subió también la ministra de Empleo, Fátima Báñez, nacida en San Juan del Puerto. Dicen que le oyeron decir: “Es mi tierra, me duele, tengo que estar allí”. Y no la pudieron parar. Rompió la agenda, donde figuraba nada menos que la cena del 40 aniversario de la CEOE bajo la presidencia del Rey. A la fiesta de la patronal tuvo que acudir el jerezano Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores. El Estado, nunca se olvide, no quería quedarse atrás frente a la todopoderosa Junta de Andalucía en un suceso que a esas horas tenía ya todos los indicios de ser el incendio del año, máxime si se tenía en cuenta el caso tan reciente de Portugal. A Báñez la telefoneaban el presidente Rajoy y la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría para interesarse por el fuego. Se nota que es la veterana del consejo de ministros, la que más tiempo lleva en el mismo sillón. La vicepresidenta, por cierto, se conoce el terreno por sus estancias en la costa onubense los meses de agosto. Y también la telefoneó el ministro de Energía, Álvaro Nadal, que se encontraba en Luxemburgo.

Cuentan que la ministra onubense se organizó su despacho aparte en el puesto de control y que se entendió la mar de bien con Rosa Aguilar, la consejera de Justicia y Gobierno Interior, con la que se trata desde sus tiempos de diputadas en el Congreso. A pocos pasó desapercibida la presencia de esta ministra que, sobre el papel, no tenía competencias directas en la extinción de un fuego. Ninguna. Sus razones para estar en el sitio eran emocionales. Allí estuvo dos días reforzando la presencia del Estado y, también, su particular perfil andaluz. O quizás ejerciendo de ministra de Huelva como Zoido lo hace en Sevilla, porque había que ver cómo la saludaban los trabajadores del Parador de Mazagón, que visitó junto a la presidenta de la red de establecimientos del Estado, o los del Supermercado El Jamón, cadena fundada en Lepe. El momento de mayor apuro ocurrió la tarde del domingo, cuando las llamas se aproximaban a Matalascañas. Eso provocó que los dos ministros se quedaran también el lunes con los chalequillos puestos. Parecían fotógrafos en pleno safari. Chalequillo para Antonio Sanz, delegado del Gobierno; para los ministros Báñez y Zoido, para los consejeros Fiscal y Aguilar, para el director de Gobierno Interior de la Junta, Demetrio Pérez. Política de proximidad, política de Coronel Tapioca. En la CEOE se quedaron esperando con los manteles gordos. La ministra tenía que apagar un fuego, nunca mejor dicho. Cambió la gala por el chalequillo. La tierra quemada tarda 50 años en recuperarse. La política vive al minuto. Los perfiles deben ser cuidados. Una ausencia no se perdona. Una presencia se recuerda para siempre.

Los padres son meros guardadores

Carlos Navarro Antolín | 7 de junio de 2017 a las 5:00

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LOS padres ya no existen. Los padres son guardadores de sus hijos. La patria potestad queda recortada. Reducida. Depreciada. Hay una reducción al Pedro Ximénez como hay una reducción del padre al guardador. O guardadora. Los padres son eso: guardadores. O, mejor dicho, persona guardadora primera y persona guardadora segunda. Ya ni siquiera son padre y madre, ni titulares de la custodia, ni progenitores A o B, ni tutores… Meros guardadores. Hay guardadores de fincas urbanas, que eran los antiguos porteros que fueron orillados por los telefonillos, interfonos o fonoportas, como hay guardadores de hijos, que suena a canguros, cuidadoras o monitoras que entretienen a los nenes mientras los padres salen a cenar, al cine o de escapada. Pues eso son los padres: meros guardadores. Así consta en los pliegos de solicitud de matrícula que se publican en la web de la Consejería de Educación de la imparable Junta de Andalucía. Tantos papeles desempeñan los padres de hoy que han terminado perdiendo eso: el papel. Qué desastre. Ya sabemos que el divorcio deja al padre (varón) como cajero automático y, en el mejor de los casos, como custodio de los hijos en fines de semanas alternos. Los padres de hoy son de todo menos padres. Son transportistas enfurecidos en un atasco cotidiano, proveedores de ocio los fines de semana, monitores de cumpleaños en ruidosas hamburgueserías, administradores de la agenda de deberes y gestores de la agenda social de los churumbeles, animadores socio-culturales, hinchas indecorosos en la grada del colegio cuando hay partidos de fútbol de la muchachada, camareros y otras múltiples funciones de servicio (servilismo) a los vástagos. Con tal de no estar en casa, hay padres con la lengua fuera por las tardes para llevar a los niños a esas actividades extraescolares que se amplían incluso a los fines de semana. Qué horror.
Estar en casa no mola. El aburrimiento no cotiza. El hábito de estudio debe ser eso: una prenda. Todos a la calle, a mover la noria, de aquí para allá. La familia que se desplaza unida permanece unida. Al menos hay que agradecerle a la Junta que siga considerando que los padres son personas. Persona guardadora primera y persona guardadora segunda. Es todo un detalle. Las vueltas que dan algunos para no poner jamón en una cena y las que dan otros para no llamar a las cosas por su nombre e ir laminando del vocabulario todo lo que tenga que ver con el concepto retrógrado, fascista y rancio de familia. Tururú.

Padres reducidos a guardadores son, sobre el papel, padres con menos funciones y con menos competencias en la libre elección del modelo educativo de los hijos. Ustedes limítense a guardar al hijo como el que guarda los abrigos en un cotillón, que para educar ya está la Junta. Ya teníamos a los profesores con pies de barro, desautorizados por la Administración en cuanto un alumno se pone gallo (pastas), y poco a poco iremos teniendo a los padres también con el pedestal de la autoridad no agrietado, sino devastado. Primero orillaron las humanidades y nadie dijo nada. Después quisieron quitar los deberes y todos callaron en favor de una visión hedonista, carente de obligaciones y donde se sublima el disfrute. Seguidamente colocaron a los padres y a los alumnos en situación de poder frente a unos profesores arrodillados a la fuerza y nadie protestó. Ahora los padres quedan instrumentalizados por los nuevos roles impuestos por la sociedad de consumo y por la propia Administración en su lenguaje premonitorio. Y tampoco nadie dice nada. El alumno es el nuevo emperador subido a la cuadriga que arrastran los corceles de un poder político cortoplacista y del complejo de unos padres debilitados. Silencio, se educa. Los cuervos de hoy –tengamos esperanza– pagarán mañana unas buenas pensiones a sus guardadores.

El hábito de estudio, el esfuerzo y el cultivo de la memoria seguirán sacrificados en el altar de una educación edulcorada, de engañabobos, donde el aprendizaje se maquilla con técnicas supuestamente divertidas y donde el padre no es padre sino persona guardadora. Un canguro, un tato. O una cangura, una tata, para que no se ofendan los de la ideología de género, menudo género. Anoten un nuevo motivo de discusión en el matrimonio, sociedad, pareja, colectivo, UTE o como quieran llamar a la unión: quién se coloca de persona guardadora primera y quién de segunda. Ahí hay lío. Playa o montaña. Semana Santa o Feria. En tu casa o en la mía. ¿Y por qué no hay persona guardadora tercera, cuarta y quinta? España va camino de la plurinacionalidad. Y la familia hacia dónde va: hacia lo que rima con badajo. Yque circula cuesta abajo.

El gran tablao

Carlos Navarro Antolín | 6 de noviembre de 2016 a las 5:00

tablao
PASAN los presupuestos por Sevilla como pasan los camareros de batines blancos tras el banquete de postín y sólo queda en las bandejas la raspa del pescado. Del bombo sólo nos caen pedreas para el tranvía de Alcalá o para el arreglo de puertas y ventanas de los juzgados del Prado. Pasan los presupuestos por Sevilla y en la ciudad del tebeo sólo se quedan Pepe Gotera y Otilio. Silencio sobre la Ciudad de la Justicia, silencio sobre el Museo de Bellas Artes, silencio sobre el Hospital Militar. Silencio, están bailando en el corazón muerto de la ciudad. Sevilla es un gran tablao donde el taconeo ensordecedor tiene enmudecida cualquier voz crítica. Están bailando, están bailando, a la vera del Archivo están bailando. Y cuando Sevilla no baila, se sienta en el velador a contemplar el paso de los días. Silencio sobre el Museo Arqueológico, silencio sobre la red de tranvías del Aljarafe, silencio sobre la ampliación de la red de Metro. Silencio, Sevilla baila en el mismo corazón indolente de una ciudad que muy pronto cumplirá veinticinco años de la Exposición Universal, por cuyo éxito sigue pidiendo perdón y cuya factura sigue pagando entre taconeos y palmas.

Pasan los presupuestos, unos y otros, estatales y autonómicos, y siempre hay alguien que quiere acallar el mínimo llanto con una piruleta. La liturgia de los presupuestos se repite con una ortodoxia siempre marcada por el pimpampún entre los dos partidos y porel silencio de una bancada municipal donde unos están preocupados por no causar molestias en San Telmo y otros han mirado por sus objetivos felizmente logrados en la capital del reino.

Sevilla baila, se deja llevar por el ruido de la calle, se entretiene con el eco de una manifestación en favor de los veladores (se dice pronto), se refugia en la autenticidad de las grandes devociones, se consuela con que no haga mucho calor en este otoño de sol y playa y se traga cada día el espectáculo de unos presupuestos que orillan esos proyectos que pondrían a punto el motor de una ciudad demasiados años al ralentí. Sevilla baila y se acostumbra, feliz, a convivir con la cutrería cotidiana, con la fealdad convertida en norma, con el horror en las narices. Hace demasiado tiempo que Sevilla es una ciudad sin criterio en la que Halloween irrumpe sin encontrar resistencia alguna, como si fuéramos un pueblo deseoso de importar historia y costumbres por carecer de ellas. Hace demasiado tiempo que nadie se acuerda de nosotros para los grandes proyectos que generan economía productiva porque nos saben entretenidos a pie de calle con el primero que ponga la cabra en lo alto de la escalera.

Nos conformamos con poco, tragamos con una hostelería de cada vez peor calidad porque somos clientes poco exigentes, pusilánimes y acomplejados; consentimos que el casco antiguo sea tuneado con el aval de la autoridad, permitimos el uso desordenado e indiscriminado de los espacios públicos. Ni protestamos por no tener más Metro, ni casi nos damos cuenta de que la gastronomía de tapas ya no es ni la mitad de lo que fue. El plato ha sustituido a la tapa como el tranvía ha sustituido al Metro. Nos colocan gatos donde debían correr las liebres. Y ponga usted más picos.

Pasan los presupuestos, queda el machaqueo de unas castañuelas que buscan el donativo del guiri que nos alimenta. Ironías del destino, la Policía impide a tiros que un coche arrolle a decenas de viandantes en la Cartuja. Esta misma isla era hace veinticinco años el símbolo del esplendor recuperado de la vieja ciudad. Hoy es la boca del lobo cuando el sol se pone. Así está Sevilla:cuatro bailando y los demás mirando. Somos un gran tablao donde nadie se queda, todos van de paso. Somos la fuente donde se echa la moneda de cobre para pedir un deseo, pero nadie se fija en nosotros para grandes obras hidráulicas. Terminado el día, nos conformamos con rescatar las perras del fondo de las aguas quietas. Poco más. Somos de raspa, no de besugo gordote. Somos de propina de tranvía, no de red completa de metro. Somos de parcheos en ventanas y paredes, no de nueva infraestructura. Somos de museos a medio gas con los depósitos cargados de cuadros, no de proyectos de ampliaciones para crear una verdadera ruta no ya a la altura de Madrid y Barcelona, sino de Málaga. Somos, al final, como casi todos los restaurantes de la ciudad. Nuestra cocina cierra a las once. Yaceptamos media de jamón como cena y una tapa de queso como postre. Mientras haya baile. Porque, al fin, nadie nos puede quitar lo bailao.

Sevilla, ciudad de tanatorios

Carlos Navarro Antolín | 29 de enero de 2015 a las 5:00

CALLE SANTANDER
SEVILLA es la ciudad donde sale más barato destrozar el caserío centenario y levantar mamotretos en el conjunto histórico declarado. El delito de prevaricación no existe cuando la Comisión Provincial de Patrimonio emite dictámenes que avalan la construcción de edificaciones como tanatorios a cincuenta metros de la Torre de la Plata y de las Atarazanas. Aquí se talan árboles porque no dejan contemplar la Torre del Oro, pero se permiten edificaciones de nuevo rico sin que nadie, absolutamente nadie, se plantee si incurren en un excesivo vuelo de la fachada, en una alteración de la trama urbana o si, simplemente, atentan contra la concepción estética de un casco antiguo que se supone vital para la captación del sacrosanto turismo, una actividad que genera el 12% del Producto Interior Bruto de la ciudad. Brutos, brutísimos, tienen que ser los miembros de la Comisión de Patrimonio de la Consejería de Cultura que han bendecido una nueva construcción tipo tanatorio o parroquia pos-conciliar en la calle Santander, donde dan ganas de preguntar por las salas de velatorio o por la próxima reunión del movimiento neocatecumenal.

La susodicha comisión tiene la obligación de tutelar la conservación del conjunto histórico declarado (risas en off), pero a la hora de la verdad sólo derrocha valor para impedir que el Ayuntamiento traslade la histórica fuente de la Plaza de la Encarnación a un lugar más digno como la Plaza de la Contratación. Tiene cuarto y mitad de cinismo bien despachado que la misma comisión que avala el Metropol Parasol se preocupe luego de que la fuente de la plaza continúe en su lugar original para no sacarla de contexto. Hablar de cambios de contexto en la Encarnación es invocar a María Luisa… qué risa.

En esta ciudad se revientan las sacristías de tres siglos de antigüedad con paneles de pladur, se derriban casas del XVII y del XVIII con la coartada de mantener las fachadas-pastiche, que nos hemos hartado de practicar la política de mantenimiento de fachada y primera crujía como placebo; se protege la arquitectura de la desubicadora calle Imagen, que lo mismo podría estar en Avilés, Getafe o Sabadell; se levantan las losas de Tarifa y los adoquines para colocar pavimentos resbaladizos o que se resquebrajan con el simple paso de los coches de caballo (qué olores). En Sevilla sale muy barato destrozar el patrimonio porque las órdenes de restitución tienen menos fuerza que un montadito de negocio franquiciado.

Nunca una ciudad que vive tanto del casco antiguo, del turismo y de la hostelería, cuidó tan mal sus monumentos, destrozó su conjunto histórico declarado y tragó tanto con bares de paelladores y pizarras de colores que poco o nada tienen que ver con la leyenda de la ciudad de las tapas. Esta ciudad protege la calle Imagen y ahoga la Torre de la Plata. Levanta las setas e impide el traslado de una fuente. Y por contaminación paisajística debe entender el humo de las chimeneas, porque los alrededores de la Catedral están más próximos a Benidorm que a la estética de Mercadante. Sevilla, ciudad de tanatorios. El duelo despide en el tanatorio de la Torre de la Plata.

Profesores con pies de barro

Carlos Navarro Antolín | 6 de junio de 2014 a las 5:00

ordenadores cedidos por la ugr y pizarras electronicas en el col
El principal perjudicado del debilitamiento de la figura del profesor no es el docente, es el alumno. Las políticas de la Consejería de Educación que endurecen los requisitos para poner un suspenso provocan en la práctica el acorralamiento de los profesores, condicionan su libertad a la hora de evaluar, los someten a un estrecho marcaje y reducen su función a la de meros administradores de cuantos más aprobados mejor con tal de maquillar las cifras del fracaso escolar. Los profesores son relegados a instrumentos necesarios. La instauración de hasta 16 requisitos que debe cumplir un profesor en Andalucía si quiere suspender a un alumno genera una suerte de enseñanza defensiva, de la misma forma que ya impera una medicina defensiva o una justicia defensiva. La autoridad del profesor de hoy tiene los pies de barro. La lectura de algunos de esos nuevos requisitos (entre ellos figura el de tener grabados los exámenes orales) no deja lugar a dudas sobre las verdaderas intenciones de unas directrices que colocan en una situación de poder al alumno suspendido (con el respaldo del sistema) frente al profesor. Un mero defecto de forma en la elaboración del dossier de los 16 documentos puede bastar para que el suspendido pase automáticamente a estar aprobado. El número de aprobados, sea como fuere, es la dictadura que impera en el sistema educativo de hoy, al igual que la audiencia funciona como tal en la televisión, donde las cifras de espectadores son el único criterio para mantener un programa en la parrilla. La cultura del esfuerzo, el mérito, la exigencia, la excelencia, los hábitos de estudio, la creatividad, el trabajo en equipo… quedan como conceptos en sepia. ¿Qué profesor va a exigir qué sabiéndose en una posición de debilidad? El alumno es la víctima a largo plazo en una sociedad de dirigentes públicos marcados por el cortoplacismo.

Todo vale con tal de que en la anual rueda de prensa se pueda vender el titular más codiciado: la subida del número de aprobados. Y así se consigue el share que mantiene a los profesores en la parrilla, aunque la parrilla no sirva ni para freír chorizos. No es que se coloque en el mismo plano al maestro y al discípulo, es que el profesor está ya en un piso inferior y es a quien corresponde la carga de demostrar el suspenso. La verdad es hija del tiempo y no entiende de pensamientos débiles ni de políticas facilonas por populistas. Y el tiempo enseña que los profesores de los que uno guarda mejor recuerdo son precisamente los más exigentes, de los que aprendió aquellos valores que sirven para toda la vida y son dignos de ser transmitidos. Con una pizarra y una tiza enseñaban a pensar y a forjar el espíritu crítico que hace posible llegar a ser un adulto libre. Por fortuna para ellos, esos profesores deben estar hoy jubilados. Lo pasarían mal… con la tablet. Y con tanto chorizo quemado en la parrilla.

Mujer y verónica para el PSOE de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2013 a las 5:00

veronica perez2
Se conocieron en las Juventudes Socialistas y formaron una piña que hoy perdura. Las tres personas del círculo personal de quien encarna el nuevo tiempo en Andalucía son el delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Francisco Javier Fernández; el concejal Alberto Moriña, portavoz adjunto del grupo socialista y la parlamentaria Verónica Pérez. Cuando Giralda Televisión realizó en el primer semestre de 2011 una larga entrevista nocturna a Susana Díaz, los responsables del programa eligieron a una serie de personas claves en la vida de la política andaluza para recabar testimonios sobre su figura y que saliera su perfil más amable. Aparecieron desde el hermano mayor de la Esperanza de Triana, a la que Díaz pertenece como hermana, hasta uno de los dueños del bar Santa Ana, verdadero santuario de la hostelería del arrabal. Y del mundo de la política, la elegida fue Verónica Pérez. Cuando Susana Díaz ocupe por relevo natural la secretaría general del PSOE andaluz en el congreso extraordinario previsto entre diciembre y febrero, alguien de su máxima confianza deberá hacerse con las riendas del partido en Sevilla, donde se precisa algo más que un zamarreón para arrebatarle la mayoría absoluta a Zoido, una agrupación provincial donde aún se recuerdan cuáles son los efectos de una división entre los críticos y los oficialistas. Ahora se busca un perfil de mujer curtida en la vida orgánica. Y ahí encaja Verónica Pérez, de San Juan de Aznalfarache, hasta ahora consagrada al Parlamento de Andalucía y a las políticas de igualdad que el nuevo tiempo del PSOE andaluz pretende que sean una sus marcas registradas. Para el templo del susanismo en Sevilla ya hay sacerdotisa. Escrito está que es mujer y verónica. Y hay quien ve en San Juan de Aznalfarache una prolongación de Triana. Y Triana tiene peso en la nueva liturgia socialista.

El consejero y el Muguita

Carlos Navarro Antolín | 13 de febrero de 2013 a las 20:52

Miércoles de Ceniza, tiempo apropiado para el ayuno y la asbtinencia. El comedor con vistas al centro comercial y con perspectiva a la Giralda está vacío. O casi vacío. Sólo hay un comensal, encorbatado y con mangas de camisa. La chaqueta está colocada en la silla de al lado, como en los salones de celebraciones de las bodas. Se trata de un consejero de la Junta, llanero solitario de la hostelería de febrero. Un consejero modelo chaqueta voladora, como en las comidas de las hermandades de barrio. No para de usar el móvil. La batería se le agota, entrega el terminal y el cargador a la camarera para que lo enchufe donde pueda. La camarera se lleva el teléfono. Sobre la mesa hay un aperitivo de la casa de paté de perdiz y una botella de Muga de 50 centilitros. El consejero está solo, liba el caldo y mira al cielo limpio de cuaresma por el ventanal, convertido en un ascua de luz que anticipa primaveras. Tal vez canturrea aquello de adónde estaré Dios mío la próxima primavera, con perdón por la alusión celestial, que estamos en la Andalucía laica donde los mismos socialistas que se fotografian a los pies de cristos restaurados con fondos públicos, pegan la espantá como el demonio al ver el hisopo y el agua bendita en la nueva sala para atender a los niños enfermos de Andex. Imparables… en la empanada mental.

Llega otro camarero, saluda al consejero con el don y el usted por delante, tratamientos que no son apeados. El cliente es el cliente, como Dios y el Estado Laico mandan. El consejero solitario reclama una ración pendiente de jamón. “Ya se lo están cortando, don…” Pasa el tiempo. Qué sola la soledad del consejero… Continúa el teléfono cargándose. El consejero se levanta, acude hasta el enchufe donde está el teléfono, comprueba que no hay llamadas y retorna a su mesa. “Me trae otra de Muguita y una caña”. Que no nos falte de ná. Y en un plisplás es servida otra botella del excelso caldo de Rioja, tamaño nuevamente de 50 centilitros, y la cerveza solicitada para una compañía que no termina de entrar por la puerta. Llega el jamón en un plato del diámetro del sombrero de un picador. Y llega, por fin, la compañía esperada. El consejero ya no está sólo en el restaurante despoblado. Hay jamón, hay cerveza, hay Muguita recién descorchado, hay compañía, el teléfono está cargado y el maitre ya toma nota de las viandas. Comen fugazmente. Veinte minutos. Se van. ¿Alguien pidió la cuenta? Tal vez la luz cegadora de esta primavera nubló la escena. Es muy posible. Cuaresma, tiempo de ayuno y abstinencia. Pero del vino no dijo nada la Madre Iglesia. Ponga otra de Muguita. Muguita a Muguita… Imparables. Usted sí que sabe, don…

Y el séptimo la enterró

Carlos Navarro Antolín | 7 de mayo de 2012 a las 18:53

Ha tenido que llegar el séptimo consejero para tener el valor de quien señala la desnudez del rey y enterrar el proyecto de Ciudad de la Justicia porque en la caja se empadronan las arañas hace tiempo. De Llera ha macheteado este incómodo toro en su primer día como consejero de Justicia e Interior, le ha cortado las embestidas en un canutazo con periodistas tras tomar posesión de su cargo y lo ha mandado al desolladero. Lo de la Ciudad de la Justicia le ha durado a De Llera lo que uno de sus cafés en el Nuria: cinco minutos. Y ahora, a gobernar. Para oír la verdad del barquero han tenido que pasar seis consejeros, seis. De Carmen Hermosín a Emilio de Llera no hemos hecho más que tragar humo, ventear titulares huecos y construir castillos de tinta. La Ciudad de la Justicia es el nuevo túnel sin salida, como aquellos carteles del Metro. De Llera ha escrito un capítulo más de la historia de una ciudad a la que le cuesta un mundo que cuajen esos grandes proyectos que de verdad promueven el crecimiento de una urbe (El Metropolitano, Fibes, las grandes rondas…) Y, por supuesto, ha oficiado un entierro que es una muestra más del pim-pam-púm al que estamos condenado entre la Junta y el Ayuntamiento en los próximos tres años de mandato municipal.

Los tiesos de la Junta

Carlos Navarro Antolín | 26 de enero de 2012 a las 6:00

Con la barbilla alta, la agenda bajo el brazo, el nudo de la corbata grueso y arrogante y el pañuelo asomando en una o dos puntas, a gusto del consumidor, en la americana alquilada en la calle José Gestoso y que tiene ya algunos remates levemente abrillantados por desgaste. El tieso en Sevilla tiene orgullo, orgullo de tieso sin día de celebración oficial, sin carrozas y sin bandera en el mástil alto del Ayuntamiento. Pero lo tiene. El tieso se pavonea, recorre Tetuán y Sierpes de arriba a abajo sin rumbo fijo pero yendo a todas partes a la vez, sublime contradicción de un tieso que hace del centro su hábitat. El tieso de Sevilla es una suerte de Petronio, que no es una marca de estación de servicio a pie de carretera, sino el árbitro de la elegancia. Esta Consejería de Gobernación y Justicia, vulgo la Junta, que ha dejado de pagar la comunidad de vecinos de su casoplón de Viapol está ya como un señorito de Sevilla a la antigua usanza. De los oropeles al avecrem. Lo primero que se deja de pagar es la comunidad del piso de la playa y lo segundo que se pierde es el miedo al que dirán, pero lo último, lo último que se hace es bajar la barbilla, la barbilla alta, altita, y el pañuelo bien colocado. Que no se olvide que somos señores. Orgullo de tieso. Los tiesos están como dijimos en la publicidad institucional: imparables. Que el que tuvo, retuvo. Y a mucha honra.

Tomares ‘connection’

Carlos Navarro Antolín | 30 de noviembre de 2010 a las 14:36

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Qué tendrá Tomares, qué tendrá, que se han fijado en ella los Celis’ boys. Tomares tiene los huevos fritos con patatas con tomate de Casa Esteban, una hermandad del Rocío que las letras de las sevillanas le cantan (“Los hermanos de Tomares sienten pena y alegría…”), el mejor legado torero de los Bombita, el caserío tradicional y el del american style life con piscina y manguerita dominical, y su cuota de atascos en hora punta que no la arregla ni el teleférico non nato del alcalde José Luis Sanz. Pido un teleférico para conseguir un Metro y tiro porque me toca. Pero Tomares tiene algo, ay Tomares, que la guardia pretoriana de Gómez de Celis, ese político en la reserva activa, le ha puesto los ojos a la localidad. Los chicos de Celis han decidido echarle una mano a la flamante candidata socialista a la Alcaldía, Cristina Pérez Galvez, que aspira a darle la batalla al presidente del PP de Sevilla. Los chicos de Celis no dan puntada sin hilo, se mueven siempre escurridizamente como el que espera rematar a córner y cuando pisan el andén, que lo pisan a diario, no se sabe si entran o salen del Ayuntamiento. ¿No tiene el PP designados sus tutores apócrifos para realizar un seguimiento semanal de diversas localidades donde el partido de la gaviota quiere cerrar la tradicional sangría de votos que lastra sus aspiraciones a la Junta? Arenas y Raynaud en Dos Hermanas, el propio Sanz en los alrededores de Tomares, Zoido en Utrera, etcétera… Pues los chicos de Celis apadrinan a la candidata tomareña, dispuesta a cambiar el sentido de unas encuestas que auguran una mayoría absoluta pepera. Pero por si acaso, no hay que perder de vista la Tomares connection. Ni los huevos fritos. Con su chorrito de vinagre…