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Gadafi en el Laredo

Carlos Navarro Antolín | 3 de enero de 2016 a las 5:00

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SI la calle era de Fraga, la Plaza de San Francisco es de Robles. Esta plaza es como el salón de su casa. Ríanse del Salón de Écija, que es como llaman los astigitanos a la zona cero de su vida urbana. La Plaza de San Francisco es el salón de Robles. Y en su salón hace uno lo que quiere: cambia los muebles, tira tabiques, levanta paneles, coloca estufas nuevas, pone y quita la alfombra, combina los distintos tipos de sillas. ¿O no? La arquitecta Lola Robador, que tan brillantemente contribuye a la restauración del Ayuntamiento, explicaba esta semana los valores del edificio, su historia, los detalles recuperados, su relación con el entorno. Y hubo varios oyentes que nos quedamos con las ganas de que diera detalles de la jaima de Robles, la que montó la otra noche en el antiguo Laredo, en la misma noche de Nochebuena, de una Nochebuena sin misa del gallo tras la cena pero cargada de gallitos. Si usted quería cenar en la Plaza de San Francisco a unas horas tan señañadas después de oír el mensaje del Rey en el Palacio Real, disponía de una jaima como la que Gadafi se hacía montar en La Boticaria, calentita, calentita, a mesa y mantel, con camareros y con la intimidad parcial asegurada, esa que permite ver sin ser visto.

¿No colocan los manteros de Tetuán y Velázquez un chivato en la esquina que avisa con un silbido de que llegan los señores de la Policía Nacional o los muchachos de la Policía Local? Pues Robles debe tener su silbador la mar de bien adiestrado, que avisa que ya se han ido los inspectores de Urbanismo a cenar el pavo trufado. Vamos, que llevan cenando y haciendo la vista gorda desde que Monteseirín era alcalde, pues Alfredo le aplicó a la perfección eso de al amigo todo, al enemigo nada y al indiferente la legislación vigente.

–¿Y Zoido no hizo nada, oiga?
–Era más de La Raza, aunque al final del mandato les mandó la carta de desahucio. ¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Sevilla debe ser la única capital de España en que los inspectores de la vía pública no trabajan por las tardes ni los fines de semana.
–¿Me lo repite?

Cuando más ruido urbano se genera, del que pone de los nervios a los vecinos, es precisamente cuando no hay inspectores. Los turnos de descanso los carga el diablo. Se sortea un fin de semana en Rota entre quienes vean a un inspector de veladores pasar por el centro en hora punta, en prime time de turistas con los pies por lo alto en un asiento, pidiendo platos cargados de zanahorias ralladas con riachuelos de vinagre de Módena.

La ordenanza reguladora de las terrazas de veladores, aprobada con carácter definitivo en el Pleno de abril de 2013, cuando gobernaba la ciudad el gobierno planito del PP, establece bien claro:“En ningún tipo de instalación, ya sea enrollable a fachada o aislada de la misma, se podrá disponer de elementos verticales que puedan hacer de cortavientos en todo su perímetro”.

–Oiga, eso va por la jaima de Gadafi, que diga de Robles. Y de elementos verticales no sé, pero de elementos a secas le puedo hablar de unos pocos.

Uno se pone a buscar las disposiciones adicionales, cláusulas, excepciones o anotaciones marginales, y no termina de encontrar que Robles tenga privilegios, que los tiene, porque los tuvo con Monteseirín (cual tabernero del régimen), los tuvo con Zoido y se ve que los mantiene con Espadas. Y los 31 concejales de la corporación municipal pasando cada día por la plaza. Son todos miopes, todos.

Si Chávez es un pajarito que se aparece a Maduro, Gadafi cualquier día aparece en la jaima de Robles para recibir a Aznar, que ya se sabe el poco reparo que tuvo el ex presidente español en entrevistarse en aquel hotel alcalareño con un líder tan democrático y amigo de los consensos como el libio.

Lo más chic de la hostelería no son las placas que generan calor a bajo precio en lugar de las estufas que chupan butano, ni los cubos recogebasura de los veladores, ni que te presten con gentileza una manta para el frío como en Madrid, ni que el camarero anote la comanda en el ipad. Lo más chic es que el metre pregunte a los señores:“¿Comerán en la barra, en mesa interior o prefieren la jaima?”

No sabemos dónde está la cubierta de la final de la Davis, pero mira que si la jaima de Nochebuena fuera la de Gadafi… Y Lola Robador venga a explicar el plateresco y el renacentista, venga a dar detalles de los arcos y las decoraciones recuperados. Y ni pío de la jaima, que es el nuevo valor añadido en esta Nochebuena sin inspectores, sin Dios, y sin curas queriendo decir la misa a las doce de la noche. La Navidad de Espadas trae la jaima como nueva atracción, oiga, en todo un ejemplo de colaboración pública y privada. Qué calladito se lo tenía Antonio Muñoz, delegado de Hábitat Urbano y de Jaimas Consentidas, que en la nueva oferta de Sevilla en Navidad (tan laica, laiquísima, como Susana dijo que era roja, rojísima) se puede cenar en una jaima en plena Plaza de San Francisco en la noche más familiar para el orbe cristiano. Y en Nochevieja, por cierto, hubo reptición de la jugada.

Cuando media España pleiteaba con los cuñados, Robles colocaba otra pica en su plaza. La calle era de Fraga, menos la Plaza de San Francisco de Sevilla, que es de Robles. Tiene que estar su nombre puesto hasta en el Registro de la Propiedad. Unos alcaldes vienen y otros se van, Robles siempre está. Yo estoy por pedir mesa en la jaima estos días de Pascuas y esperar a ver si llega antes un inspector de Urbanismo o la cruz de guía de una cofradía pirata. Tanto quebrarse las autoridades municipales la cabeza para que el personal no se cuele en el tranvía, y resulta que les montan una jaima a los pies del Salón Colón, donde se sientan sus 31 señorías a tirarse pelotas de papel, y nadie dice ni mú. Estarían todos en misa. Del gallo.
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El desayuno, ese lujo tan barato

Carlos Navarro Antolín | 1 de octubre de 2014 a las 18:59

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La crisis ha despoblado los reservados de los restaurantes y ha llenado las cafeterías. Ahora se harta uno de desayunar, que es más económico y más rápido. El desayuno ha destronado al almuerzo. Hay hasta segundos desayunos como en tiempos había recenas en las bodas de postín. Ejemplo práctico: Arenas ya no invita a comer, sino a desayunar en el Oriza. Hay desayunos con derecho a tostadas como los hay carentes de empapante. Qué vocablo perdido el del empapante… Con la caída del Laredo auténtico se perdió ese vocabulario de camarero malaje, serio y distante que tras preguntar al cliente cómo quería el cafe, soltaba la pregunta al aire: “Y los señores… ¿tomarán algo de empapante?” El desayuno es el lujo más barato que existe en la sociedad actual. Así lo defiende con todo acierto Pedro Molina de los Santos, el director del Distrito Norte del Ayuntamiento, que ya tiene mérito eso de defender la gestión de Zoido en un territorio que es la Siberia de la derecha. Ser director del distrito de Los Remedios es como ser cura en Roma, pero donde uno tiene que fajarse es en el Norte, donde se ganan las medallas de guerra. Cómo ha evolucionado el Distrito Norte que ha pasado de no tener un solo hotel a tener un Hilton.
Pues Molina, que tiene encomendada la tarea de que Zoido no pierda el Norte (no va con segundas), tiene toda la razón con los desayunos. Hágase usted todos los días el café en casa, caliente la leche, saque el tostador y el aceite de oliva virgen extra del Mercadona, exprima las naranjas del zumo, friegue después todos los utensilios, recoja las migas y las servilletas sucias y déjelo todo como estaba. Un horror evitable por menos de dos euros en cientos de bares en los que se puede disfrutar de un desayuno como un marqués, con café y media (de la parte de abajo y calentita, por favor) y con suerte hasta con derecho a periódico. Un lujo que ha llegado hasta el AVE. El AVE no fue de verdad sevillano hasta que en Madrid se dieron cuenta de que había que ofrecer desayunos cardiosaludables y no esas chapatas con cinta de lomo y pimientos grasientos con estética de bodegón de la calle del infierno. A ver si algunos toman nota y ponen pan con aceite en los desayunos profesionales y no esa cantidad de platos con pastelitos que regresan íntegros a los corrales de la cocina. Venga nata y vengan calorías para empezar la jornada. Los pastelitos de cortesía de esos desayunos donde se presenta cualquier iniciativa a los medios de comunicación merecen una defensa, una oda, alguien que impida el desprecio que sufren continuamente en detrimento del café y el zumo de naranja de tetabrik, que sí gozan de enorme aceptación. El personal se bebe el zumo y el café, pero nadie da su sitio a los pastelitos. Fíjense al término de cualquier sermón matinal cómo se quedan las bandejas: enteritas. No falta ni un pastel. Qué poca misericordia. ¿Qué será de ellos? ¿Dónde acabarán tantos pasteles inutilizados? ¿En qué contenedor soterrado? ¿No saldría más barato, más modélico y más ejemplar ofrecer pan y aceite? Un reconocido hostelero de la ciudad daba en la clave el otro día:
–Fíjate la de gente que hay en Las Lapas media hora antes de cada desayuno de trabajo en el Alfonso XIII. Todos metiéndose la tostá entre pecho y espalda para llegar ya desayunados.
La crisis nos ha librado del peñazo de las comidas profesionales. Pero ha disparado el número de pastelitos desterrados. Lo peor es la de gente que hasta antier se inventaba una coartada para no comer en casa. Hubo un concejal de tráfico que todas las mañanas se sentaba en el trono, llamaba a su asesor de prensa para saber los titulares y siempre remataba con la misma cantinela: “¿Y hoy con quién comemos?” Qué mal lo hubiera pasado este hombre en estos tiempos de zumo, café y pastelitos con tantos trienios que a veces hasta tosen. La gente cree que son psicofonías, pero son los pasteles que dan señales de vida. Hemos acabado de los pastelitos más hartos que del canapé de Juliá que llevaba una puntita de anchoa con medio microtomate en lo alto. No hay lujo más barato que la media tostá y el café. Lo dice Molina y los frailes de Regina.

Pulido, salvemos el bazar Victoria

Carlos Navarro Antolín | 18 de septiembre de 2014 a las 5:00

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DICEN que hay riesgo de cierre por el vencimiento del alquiler y que hay que salvarlo. No podemos perder el comercio que mejor aúna la estética con la funcionalidad. Tiene la primera posición en la guía apócrifa de los establecimientos útiles de Sevilla, no los de tanta pantomima de decoraciones para el hogar (diga menaje y quedará chachi) con chirimbolos que no sirven absolutamente para nada. Que tire la primera piedra (o tale el primer árbol) el que haya comprado una televisión para la pared y se haya quedado sin colocarla por no encontrar la alcayata adecuada y, al final, haya resuelto el problema con una visita al bazar Victoria de la calle Entrecárceles. Allí estaba esa alcayata, y no otra, que usted necesitaba el sábado por la noche para estrenar su televisión digital sin esperar al lunes. ¿Y cuántas veces se hartó de llorar cortando cebolla en la cocina de su casa y maldijo el día en que no aceptó la oferta para comprar unas gafas especiales para no llorar mientras se corta cebolla? Desconfiado, que pensaba usted que aquel amable dependiente sólo quería endilgárselas porque sí.
¿Ratones en su casa? En el bazar Victoria tiene usted las trampas de madera, las que no fallan, donde coloca su mendrugo de payoyo y caen a pares, por sus dos agujeritos, dos. ¡Zas, dos ratones menos en la ciudad de las ratas! Trampas para ratones de eficacia probada, trampas baratísimas, utilísimas, sin necesidad de productos químicos, trampas para ratones nada menos que a cincuenta metros del Ayuntamiento. Qué cosas, qué proximidades.
¿Su cuñado achicharró la rejilla de la barbacoa? De todos los tamaños las tiene usted en el bazar Victoria, donde se fijaron los tíos pelmazos de la televisión en los años noventa para inventar aquella insufrible teletienda de vendedores con estética de Artur Mas colocando aspiradoras que se movían solas, como serpientes cobras para penetrar a fondo en estanterías y debajo del sofá. Qué miedo, quítame esa bicha.
Dicen que el contrato de arrendamiento del bazar Victoria se acaba en unos meses. ¿Y quién es el casero? Tachán, tachán. Don Antonio Pulido, ese hombre, el que da de comer en su casa a los obispos, obra de misericordia. El mismísimo presidente de la Fundación Cajasol, al que ahora le han endilgado el muerto de buscar arrendatarios para la Torre Pelli en la ciudad de los miles de locales vacíos. Ante semejante encomienda sólo cabe hacer como el lobo: “¡Auuuuuuuuuuu!”. A Pulido le han encajado el marrón de darle vida a la Torre Pelli, que eso sí que es un chisme inútil y no las gafas de cortar cebollas sin llorar. Pulido tiene ante sí la oportunidad, o tempora, o mores, de devolverle a Sevilla lo mucho que Sevilla le ha dado a él. Porque Sevilla le ha dado a Pulido, ¿verdad? Exhortamos a Pulido a que renueve ese contrato de arrendamiento para que el bazar Victoria siga haciéndole la vida más fácil a tantísimos sevillanos, con esa eficacia y amabilidad de sus dependientes que ya quisiéramos en los establecimientos de cadenas nórdicas donde se hartan de vender velas inútiles para el cuarto de baño o farolitos para mesitas de restaurante sin manteles, trapos de cocina y cojines, muchos cojines de colores tristes como para un NH diseñado por Vázquez Consuegra. Hay dos establecimientos en Sevilla donde uno aún no ha puesto un pie en el sitio y ya le están atendiendo: El Tremendo y el bazar Victoria.
Rogamos a Pulido que permita que el bazar Victoria siga proveyendo a los sevillanos de peroles, perchas que no necesitan taladros, picadoras, tostadoras, espumaderas, tendederos, tablas de planchar, mil tipos de tornillos, alcayatas y espiches, utensilios para la repostería, los bares y los amantes del vino; paelleras, morteros, pinzas para quitar las espinas del pescado, moldes para empanadillas… Que no arrample con este establecimiento para ampliar la ya de por sí suntuosa y suficientemente espléndida sede de la fundación para ese museo valiosísimo que se proyecta pero que después sólo visitan los turistas y cuatro sevillanos de guardia.
Muy cerquita ya perdimos el Laredo de la forma más dolorosa, convertido en el recibidor de la finca Ambiciones, que el sufrido busto de Cervantes aguanta que le pinten los ojos, que le apaguen las colillas en la gola y que le pongan el botellín vacío de Cruzcampo junto a la boca, pero aún recuerda Don Miguel que no sabía dónde mirar el día que subieron al Laredo de pastiche aquella lámpara de chalé de constructor antes de la crisis. El bronce del Príncipe de las Letras era una psicofonía doliéndose como cierta alcaldesa: “Qué horror, qué horror”.
Más de cien años de historia contemplan el bazar Victoria. La Fundación Cajasol no se puede permitir ser su verdugo, no debe consentir que en un radio de cincuenta metros se produzca un segundo atentado. Pulido tiene ante sí la oportunidad de poner en práctica la cacareada responsabilidad social corporativa. Y sin salir de casa, sin molestar al chófer y sin gastar teléfono. Si los sevillanos nos quedamos sin comprar trampas para los ratones en el bazar Victoria, la culpa será de Pulido. Menuda rémora.
BAZAR VICTORIA

La función social de la máquina de quitar la cera

Carlos Navarro Antolín | 25 de abril de 2014 a las 19:52

Qué maravilla cómo funcionan las cosas en Sevilla… de Semana Santa. En la ciudad en la que lo provisional es eterno, la cera de Semana Santa se recoge en un santiamén. ¿Ha visto usted los palcos? Ni un tubo queda desde el martes mismo después de Semana Santa. Dicen las malas lenguas que es para que el tío del Laredo que perdimos pueda recuperar el pleno dominio de la plaza con sus veladores. Ni 48 horas después de entrada la Soledad de San Lorenzo quedaba una loneta, ni una silla de enea, ni un muérdago navideño de los que ha puesto este año el Consejo de Cofradías. Y ya estaban todos los veladores en correcta formación. Una retirada perfecta ni soñada por el ejército más disciplinado. Y los vinilos de la Fundación Cajasol que han adornado este año las traseras de los palcos se los han llevado los cacos a lo divino como se llevan los nazarenos rebeldes las flores de los pasos en cuantito entra la cofradía.

-Hermanos, respeten los claveles de la Virgen que son para llevárselos a los hermanos difuntos.

Ni rastro de la Semana Santa en la ciudad que piensa todo el año en la Semana Santa. Como un sueño, como una pesadilla donde las sillitas plegables, los veladores y otros obstáculos persiguen al cofrade atormentado. Y cuando despertó, la sillita plegable seguía allí, en la esquina de Velázquez con Rioja desde una hora antes de que pasara la Canina, porque aquí han hecho espera hasta para la Canina.

-¿Tiene usted algo en contra la Canina? Intuyo guasa de la mala.
-Nada, todo lo contrario; si estoy por hacer una asociación de amigos de la Canina, con capas blancas como los tíos esos a los que no les dejan ingresar en la Real Maestranza y se inventan su orden nobiliaria, pero en plan orden mayor de los canineros de Sevilla.

En ese quitar de la vista el árbol de Navidad el mismo 6 de enero por la noche para que no se noten las fiestas, Sevilla sólo consiente tras Semana Santa el duelo de alguna mudá de regreso al almacén (triste representación itinerante del in ictu oculi) y las palmas mudas que, huérfanas ya del fondo de damasco, se quedan todo el año en el balcón y van perdiendo el brillo del dorado al igual que van cayendo hojas del calendario. El ennegrecimiento de esas palmas revela lo lejos que va quedando la Semana Santa que anunciaron y proclaman lo próxima que se otea en el horizonte la que ha de venir. Ni la cera en el suelo le gusta al sevillano. El chirriar de los coches al pasar por una calle con cera es todo un canto a la melancolía, para muchos una especie de irritación en el alma. Por eso Sevilla tiene la máquina de quitar la cera, con la que Lipasam desarrolla esa función social de la que ahora presumen las empresas comprometidas. Lipasam nos hace más llevadero el duelo quitándonos los lamparones de nostalgia que son los chorreones de cera tiniebla, amén de evitar los costalazos de los motoristas que dejan tiesa la cuenta del seguro de responsabilidad de la Gerencia de Urbanismo. Una máquina que deja la Semana Santa en el sitio donde debe estar así que entra la Soledad: en el altillo de la memoria. Donde nunca se pierde.

La globalización de la hostelería

Carlos Navarro Antolín | 28 de marzo de 2014 a las 5:00

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UN cartel del Mac Donalds de la Campana ofrece “desayunos clásicos” a base de tostadas y tomate. Un cartel de La Alicantina ofrece mojitos a 3,50 euros. Desde el día que vimos ensaladas con chorreones de vinagre de Módena en la planta alta del Rinconcillo, pocas cosas pueden llamar ya la atención. Como diría Soledad Becerril. “Qué horror, qué horror”. El mangazo que ha tenido que pegar el tío que distribuye el vinagre de Módena en Sevilla tiene que ser sólo superior al que ha vendido tantos uniformes a lo Baremboin, tantas pizarras y tizas de colores, tanta zanahoria rayada y tantísima cebolla caramelizada. Leyendo en la prensa nacional del pasado domingo un reportaje sobre las profesiones con éxito en plena crisis, resultó extraño no ver el de distribuidor de vinagre de Módena como echamos en falta el de carne de buey, que habrá que contar un día si hay tantos bueyes como para ofrecer el consabido lomo de buey hasta en el cuchitril que uno menos se espera. Donde no hay ensaladilla, siempre hay buey. Es que no falla.
–¿Se lo pongo trinchaíto?
–Al buey cuanto menos lo toque, mejor.
Antes, para que un bar tuviera gracia tenía que ser chico, cuanto más chico mejor. Y cuanto más estrecho el retrete, aún mejor. La estrechez da pie a la cartelería de guasa: “No corran por los pasillos del wc”. Si encima tenía serrín desparramado por el suelo, una buena ensaladilla y un camarero tan malaje como eficaz, la cosa era para entrar en el catálogo de establecimientos protegidos. El éxito actual radica en muchos veladores apretados, camareros que ignoran el noble oficio de la hostelería, tuteadores al mismo tiempo que abusan del “caballero”, mucha pizarra de colores para anunciar platos (no tapas) y venga zanahoria rallada, venga cebolla caramelizada y venga ríos de vinagre de Módena.
La globalización está igualando a la hostelería, homologándola que diría el cursi a sueldo del observatorio de turno. Mac Donalds se convierte por la mañana en cafetería al uso, con la legión de los tontos del tomate desplegándose en formación de a cuatro, La Alicantina emula a un bar de copas en esas peligrosísimas tardes de destilados y rienda suelta, porque hay que ver el peligro que tiene, por ejemplo, una tarde de viernes en esa milla de oro del enebro que es la calle Arfe. Y sólo falta que los chinos ofrezcan cabrillas en tarrinas para llevar a casa. Todo se va pareciendo, como se parecen los dos grandes partidos políticos. Decían que a Sevilla le faltaban buenos cafés donde echar la tarde, varios buenos cafés en los que recuperar el sano hábito de la tertulia, justo cuando la están llenando de bares de copas. Y los tragos largos no casan bien con las tertulias, sino con los aspavientos, las voces y la pérdida de muchas más cosas que el equilibrio.
Decían con pavor que La Alicantina la iba a comprar Mac Donalds y algunos ya montaban la elegía como se monta un mueble de Ikea por la pérdida de un símbolo de la hostelería. Ahórrense el lagrimeo. La Alicantina, por desgracia, hace tiempo que es ya como el Laredo, que ya no es el Laredo aquel que tantas generaciones conocieron de camareros con casaca blanca, distancia guardada cual alguacil de la Maestranza que espera al matador con el trofeo de la oreja en la mano y tapa de queso Manchenieto. El Laredo es otra cosa. Qué cosa… Y la Alicantina es otra cosa. Son símbolos perdidos en vida. Trinchaítos, muy trinchaítos. Son los bueyes que hay, son los bueyes con los que hay que arar. Qué horror, qué horror.

Menos buzones y más… con los veladores

Carlos Navarro Antolín | 17 de octubre de 2012 a las 21:41


El reverendo Maximiliano, delegado de Urbanismo, pondrá un buzón para recoger los chivatazos ciudadanos sobre los abusos de los hosteleros con los veladores, una suerte de tribunal de la inquisición donde usted puede delatar, por ejemplo, al tío que tiene cuatro veladores por metro cuadrado en Álvarez Quintero.

-¿Pero a ese va a ser capaz de meterle mano la brigada antiveladores de Don Maximiliano?
-Sí, hombre, sí…
-Eso tengo que yo verlo.

Pues como en esta ciudad pirra tela eso de largar del vecino y mirar tras los visillos, al delegado de Urbanismo se le va a saturar el buzón. Que lo del buzón está muy bien, que eso fomenta la participación ciudadana, da imagen de transparencia y otras milongas de las estrategias políticas, pero que digo yo que aquí se podría intervenir de oficio por algo tan antiguo como la notoriedad. ¿De verdad que hace falta que le digamos al reverendo Maxi donde están los casos de abusos en las terrazas de veladores? Por Mateos Gago hay que cruzar en helicóptero contando las paellas de plástico y las pizarritas con colores fluorescentes, por Albareda con machete como en una selva con olor a frito, lo de Santa María la Blanca es un caso flagrante de colmatación del espacio público, los veladores se han reproducido como las cucarachas hasta por Arfe y lo de Argote de Molina es sencillamente de…

-De poca vergüenza.
-Eso.

Lo de la carretilla de la brigada antiveladores de Don Maxi llevándose las mesas sin licencia tengo que verlo con estos ojos. Será pesimismo, pero a mí me parece que ciertos espacios públicos los perdimos en favor de las mesas como perdimos un día el Laredo y asistimos a un funeral apócrifo sin esquela. Así que menos buzones y más… eso, con los veladores.

El torniquete de la Davis y el crematorio del Laredo

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2012 a las 13:59

A Doña Tijeras le toca ser nuevamente la mala de la película y hacerle el torniquete a la herida por la que a la ciudad se le ha escapado casi un millón de euros en los fastos de la Davis. El impacto económico indirecto y la publicidad de la ciudad están por calcular, pero las cuentas del torneo propiamente dicho son las que son. Un milloncito que la delegada de Hacienda tendrá que quitarle a otras partidas, por lo que están los delegados tiritando con sólo intuir las tijeras de Doña Fley. Que viene, que viene… Ya está la delegada de Hacienda sacándose el cinturón y apretándole el muslo a Gregorio Serrano para que no pierda la sangre, que no quiero verla, que no quiero verla… Ese agujero hay que taparlo, Asunción. Corta donde haya que cortar, pero quiero a Don Gregorio sano como un roble (Juan). A Serrano curando y con el mazo dándole a las administraciones socialistas: “Ni la Junta ni la Diputación han puesto un euro. No han pagado ni las entradas. Si hubieran puesto la mitad que en 2004, tendríamos hasta una pequeña ganancia, pero se trataba de darle una bofetada a Zoido”. Dice Serrano que tenía fe en que la Junta al final se arrepintiera y pusiera algunas perras encima de la mesa. Fe…y mucha esperanza, sustentadas ambas virtudes en que la Davis es la Davis. “Es que no estamos hablando de una competición de caniches”. Guau, guau. ¿Y qué tiene el superconcejal Serrano contra esa raza de perros propia de señoronas votantes del PP? Eso hay que aclararlo. Podía haberse referido al perro salchicha, pero no. Dijo caniche. Ay, que no cuidamos a los votantes.

Y todo esto lo dice Serrano en una sala de prensa modelo crematorio. Sin aire acondicionado. Sin ventiladores. Sin ventanas abiertas. Ya sabemos que cuando se atasquen los hornos del cementerio y de la Algaba podemos derivar a los dolientes al Laredo. Pero no a la cafetería (ojú), sino a la planta de arriba. El crematorio del Laredo. Achicharraditos nos tiene Doña Tijeras. A Serrano le hará el torniquete, pero a los periodistas sólo nos falta darnos de beber vinagre en una esponja (Bob). Eso es una bofetada. Y no la de la Junta a Zoido. A pasear al caniche, que es la hora.

Beltrán, el concejal Cillit Bang

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2012 a las 19:33

La tableta del portavoz del gobierno local, el profesor Pérez, en su prédica de los viernes de precepto en el Laredo, que resulta una cita mucho más amable y risueña que las de Soraya desde la Moncloa en el canal 24 horas de TVE, tiene ya un competidor estético en claro avance en la Plaza Nueva. El portavoz Pérez mete el dedito en el ipad que da gusto. Y el otro Pérez del gobierno, Beltrán, se ha aficionado a convocar a la prensa en el llamado salón comedor, donde no se yanta porque este gobierno anda corto de jamar pese a que alguno tiene dados dos golpes más de bimba que hace un año. Beltrán se remanga la camisa y se hace la foto en ese salón comedor junto a sus alcaldes de barrio y parece el mismo Obama en el despacho oval. El ala oeste de la Plaza Nueva. Qué foto más estudiada, qué diagonales, qué composición barroca, qué juego de brazos, qué corbata más natural en su caída y en su nudo, qué cruce de miradas, qué señores más serios…Y todo para anunciar 40.000 reparaciones en los barrios (¿barrios que perdimos?) por valor de 400.000 euros. Pero cáspita, si están cuadradas hasta las cifras. Qué casualidad, qué redondo todo. A este Beltrán del salón comedor sin manjares sólo le falta la llave inglesa de Pepe Gotera y Otilio, la gorrita y vámonos para los barrios, señora, que yo le arreglo el bache de la puerta de su casa en un santiamén. En el reparto de caramelos, fíjense que este concejal en versión Cillit Bang prima los distritos Este y Cerro Amate, donde curiosamente dicen que el PSOE recupera apoyos, que se llevarán 90.000 euros en reparaciones. El que menos, el de Los Remedios, con sólo 24.300 euros, que es el distrito electoral donde el PP recibe más votos en toda España. ¿Vuelta de tuerca a la estrategia de la micropolítica o el mismo complejo de siempre del centro-derecha? Currito, dale al dedito. Y con Beltrán, los baches se van en un bang.

Ruedas peligrosas

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2010 a las 19:00

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Las ruedas de prensa son cada vez más largas y tediosas. En la Facultad de Periodismo enseñaban que la duración idónea son diez minutos. Más tiempo supone jugar en el área chica de los bostezos con alto riesgo de penati. Los políticos no aplican la suprema regla del más es menos. Se abonan al bla, bla, bla. Y en el Ayuntamiento no anida actualmente precisamente el mejor espíritu del parlamentarismo español. Castelar se ha quedado en la esquina con la Plaza de Molviedro. Lo de menos es que el político trate de darte el titular. El tiempo de las sugerencias y la sutileza ha muerto. Del fast food a los titulares ya congelados, entregados en mano y que necesitan sólo dos minutos de cocción. Pero lo peor, lo más triste y verdaderamente humillante, es que una rueda de prensa sea convocada por un dirigente político para arremeter machaconamente contra un medio de comunicación y su representante en la sala. Ocurrió el otro día en el edificio del antiguo Laredo (lo de ahora ni es Laredo ni ná) con la comparecencia de urgencia del portavoz de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, un político que nos merece todo el respeto y que resulta verdaderamente cordial en el terreno corto. Ese día se disculpó por la foto de la mariscada y acto seguido se hartó de repartir mandobles una y otra vez contra un profesional de la información y su empresa. Dedicó el ochenta por ciento de su intervención a ese objetivo. Eso es sencillamente inadmisible, además de poco inteligente. La inercia es peligrosa: ruedas largas, tediosas y con los cuchillos afilados. ¡Y eso que el socialista Manuel del Valle demandaba en una entrevista el perfil humano que hace tiempo perdió una política cada vez más crispada y previsible! Y aún quedan siete meses para las elecciones.