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El río, el eterno maltratado

Carlos Navarro Antolín | 16 de octubre de 2016 a las 5:00

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MOVIDA 1
EL río no tiene esquinas, pero un paseo matutino por las riberas es morir lentamente en ellas con la banda sonora del zumbido de las barredoras de Lipasam, trompetas que anuncian la recuperación de la higiene perdida. El Guadalquivir es a los programas electorales lo que los deportes minoritarios a la televisión:sólo interesan cada cuatro años. Consumadas las opciones de medalla en el hockey, el tiro al plato y el judo, se esfuma como humo de castañas el interés del público de sofá, se produce el apagón hasta los próximos Juegos. Sufridas las promesas de los candidatos sobre el aprovechamiento del río, nada más se sabe hasta los siguientes comicios. Con el río nos han prometido casi de todo: desde una playa hasta una piscina fluvial, desde ser convertido en la calle ancha de Sevilla con catamaranes para ir a la Feria hasta proyectos de dragado que nunca llegan.

La realidad siempre tiene el efecto del mazazo de un péndulo que se venir. La ribera del río es muchas mañanas un gran espejo de las entrañas de la ciudad indolente. El río trae el olor de la mar para los poetas y tiene el sonido de las barredoras para los viandantes, el bufido sostenido de esas sopladoras que retiran la cochambre como el que ordena apresuradamente cuatro libros y estira los cojines arrugados antes de recibir a una visita. Los sevillanos ensucian el río, los políticos lo manosean, Lipasam lo maquilla. El río es el botellódromo que Sevilla no tiene. A las ciudades se las conoce por los mercados, los cementerios, los parques y los ríos. El río al salir el sol es como la carrera oficial cuando cae la noche: un estercolero que exhibe las miserias de la ciudad.

El río es el eterno maltratado. Nunca una ciudad recibió tanto y valoró tan poco lo recibido. El río no interesa más allá del pimpampún del fuego cruzado entre políticos, más allá del interés de los rapsodas por ensalzar las espumas recamadas de sus aguas en los atriles de los ripios, más allá de los destellos de plata que iluminan las fotos nocturnas de la Semana Santa o la velá trianera. Al río le han sacado más provecho los tres clubes privados, los bares de copas y los caminantes contra el colesterol, que la administración pública con todos sus pomposos anuncios que son afluentes de humo que van a morir a la mar de los paneles de las recreaciones virtuales.

La costra matinal del chapapote de plástico, alcohol y vidrio que afea el Paseo Juan Carlos I, el Muelle de las Delicias o la glorieta de las Cigarreras, contrasta con el interés del Ayuntamiento por convertir un tramo de la margen del río en el gran pabellón de recepción de visitantes. Sevilla con los turistas es la señora que se ajusta el moño en el ascensor antes de llegar a casa de los anfitriones, pero que se ha olvidado de repasar unos zapatos con la piel levantada por los bordes y los tacones desgastados.

A los sevillanos en el río no se nos puede dejar solos. El río es para hacer fotos, para ese morir parsimonioso, para esos paseos cardiosaludables entre vómitos, cristales en punta y desechos propios de las noches altas. Por el río entraba lo mejor para la ciudad y en el río se contempla muchas mañanas una de sus peores estampas. No hay sopladoras bastantes en Lipasam para ir amontonando las vergüenzas de la ciudad en un rincón y dejarlas listas para ser recogidas por el camión de la basura. Llévense las vergüenzas a otra parte, que no quiero verlas, que no quiero verlas. Esa hilera de grandes bolsas de plástico negro con todos los desechos recogidos son una suerte de cadáveres de la noche alineados en un pabellón al aire de los que se habilitan tras una catástrofe.

El río es quizás el símbolo más preciso de la ciudad. El contraluz de su lámina aguanta todos los malos tratos. Por su río los conoceréis. Qué bonito el río de Sevilla cuando se va alejando de la propia Sevilla. El río es una calle sin esquinas en la ciudad que tiene esquinado al Guadalquivir. El río de los barbos y de los esturiones soporta a la ciudad de los pájaros de pico afilado. El río de las márgenes emborronadas como la libreta de un escolar inquieto. La ciudad primero sopla y después pasa la sopladora en un eterno tormento de Sísifo con uniforme de barrendero de Lipasam. El río a su paso por Sevilla está para ser visto de lejos, como la torre del pueblo de Juan Ramón. Pasear una mañana por las riberas del Guadalquivir más urbano es adentrarse en los meandros de una ciudad que a base de creerse la más bella no hace más que evidenciar esa indolencia mal disimulada que es propia de la soberbia.

La fiesta marbellí del gerente de Lipasam

Carlos Navarro Antolín | 18 de noviembre de 2014 a las 13:16

LIPASAM PREMIOS
Desde el minuto uno se supo que no era un gerente del montón. Por sus hechos los conoceréis. Y Francisco José Juan, gerente de Lipasam, acumula ya varios. En noviembre de 2011, en las primeras curvas del mandato, un pariente suyo fue multado en una botellona. Se adelantó y se encargó de que el propio Ayuntamiento difundiera la sanción y el cumplimiento de los correspondientes trabajos sociales. Como uno más, sin distinciones ni tratos de favor. En julio de 2012 escribió un correo electrónico para felicitar a toda la compañía por el acuerdo alcanzado con los cocheros de caballo para que las bestias lleven pañales. ¿Recuerdan aquella gloriosa perla? “Nos reunimos con ellos [los cocheros] por primera vez en un bar del Barrio León, reunión de la que mi hígado aún guarda recuerdo, no entremos en más detalles”. Tenía razón Paco Pepe. Lo mejor es hacer como con el Laredo: no entrar. La salvaje huelga indefinida de Lipasam reveló los bueyes con los que ara este gerente tan eficaz y trabajador como políticamente incorrecto. Porque Paco Pepe, justo es reconocerlo, es de los que se faja en primera línea de la calle Sierpes en la medianoche del Viernes Santo, caminando entre la basura que dejan los señores de la carrera oficial tras pasar la Virgen de la Merced para que la vía pública esté lo más presentable posible cuando llega la Madre y Maestra. Y allí está Paco Pepe al frente del dispositivo como lo está una tarde de Feria cuando otros andan mangando invitaciones de caseta en caseta. Quizás por ser como es se quemó con los sindicatos y el gobierno tuvo que buscar otros interlocutores para atajar aquella huelga. No faltaron en el PP quienes exigieron al alcalde su cese como medida de fuerza. Y otros, como Jesús Maza, consejero delegado de Emasesa, defendieron su continuidad. Su cese hubiera sido injusto e interpretado por algunos bravucones sindicales como una medida de debilidad.

El problema de Paco Pepe es haber pasado por taquilla con dinero público para recoger un premio de excelencia de una organización digamos que difusa con sede en La Coruña, donde están puestísimos en la excelencia de la gestión de Lipasam. El último amigo que vino de Galicia no traía morriña, sino una conversación tela de pesada sobre los coruñeses y el frenético interés que pusieron en saber los modelos de productividad y gestión de Lipasam cuando se enteraron de que era sevillano. Por las que hilan…

La coartada es que con 4.700 euros se paga, oh casualidad, la difusión del premio. ¿Pero si la foto de Paco Pepe recogiendo la estatuilla de manos de un tío con pajarita la han dado casi todos los periódicos locales como información del día sin necesidad de efectuar ningún pago? Esto recuerda a aquellas reuniones de los años ochenta que se convocaban en hoteles para mostar los contenidos de una nueva enciclopedia “sin compromiso” y con regalo asegurado por el mero hecho de asistir. Muchos incautos picaban, acudían y acababan comprando esos tomos con letras doradas en el lomo que quedan estupendamente en el mueble del salón: La España salvaje, la Segunda Guerra Mundial, Atlas geográfico del Mundo, El Diccionario de la Naturaleza, Enciclopedia Temática Interactiva, Vida Sexual Sana, etcétera.

Lipasam ha pagado 4.700 euros por una foto con un tío con pajarita y cinco cubiertos en una cena marcada por el glamour en el Hotel Villapadierna. Porque no fue sólo: se llevó a cuatro acompañantes a los que quiso premiar por su esfuerzo. Es verdaderamente emocionante cómo hay jefes que pasan por generosos al derramar la gracia de ciertas dádivas sobre sus subordinados, pero con pólvora del rey, claro. Paco Pepe picó el cebo. Acudió al hotel marbellí y se vino cargado con la enciclopedia, pero pagada con dinero público, que no es de nadie, como dijo aquella mente preclara del PSOE que llegó a ministra. Al menos, es de esperar que su hígado no haya sufrido. Y que las letras doradas luzcan bien en la vitrina de las empresas municipales. Ay, la vanidad. ¿O será microvanidad por aquello de la micropolítica? Si Torrijos paga por recibir un premio de estas características, lo crucificamos. Y ni le ponemos un cirineo para subir la cruz hasta el Gólgota. Pero 4.700 euros no son nada. Ni de nadie.

El río que nos retrata

Carlos Navarro Antolín | 7 de julio de 2014 a las 5:00

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Un simple paseo basta para verle de cerca las arrugas de la cara. El río es fachada de la ciudad y calle trasera al mismo tiempo. Hay calles de Sevilla que son hermosas y costeadas. Y calles que parecen de barrio de Chicago donde caen las tapaderas de los cubos metálicos de basura y los gatos huyen con la pisada del viandante. Pues el río, el de la lámina de agua de los deportistas de élite, el de los versos del poeta y el de los claroscuros de Semana Santa, tiene también mucho de calle trasera. Se hartan de sacarlo en los vídeos promocionales del turismo y en los programas electorales, entre caras risueñas de ojos claritos y algún chino de cuota para el cuento de nuestro carácter universal y hospitalario.

Somos la ciudad que esconde las pelusas debajo de la alfombra, ordena en un santiamén los cuatro libros desordenados del salón y se mesa los cabellos antes de abrir la puerta a la visita. No es que vivamos de espalda al río, tópico de la ciudad que enseñaba la espalda a la Expo hasta que se puso de cara al 92 para colocarse justo después de culo al 93. Vivimos muy de cara al río, quizás más que nunca. El río es una calle más que muchas mañanas poco tiene que envidiarle al entorno de la portada en las noches de Feria o a la carrera oficial tras el último paso de palio entre tijeretazos de sillas. Basura, mucha basura. Sólo falta aquella bruja local clamando su ceceo: “Bazura, bazura”. Todos los que frecuentan la ruta del colesterol cada mañana por el Paseo de Juan Carlos I, la calle Radio Sevilla o el Muelle de la Sal conocen esa otra cara del río que nos une… Y que nos retrata. Y no hay que esperar a una mañana de fin de semana en la que Lipasam tarda en llegar por exceso de trabajo. Un martes, un miércoles o un jueves hay regueros de desperdicios como perfectos bodegones de la ciudad indolente, Guadalquivir trasero con basura sin cubos. Y hasta un mendigo que aparece como un fusilado de Goya, acribillado por el pelotón de la escasa educación de la ciudad.
Un simple paseo basta, no hacen falta observatorios, ni analistas por horas. Un pintor se afana en blanquear la zapata de Triana para los días de avellanas verdes y fritangas mientras un mendigo duerme en la orilla entre desechos caídos como metralla de una bomba racimo. El Ayuntamiento ha recurrido a un humorista escatológico para que no seamos tan guarros. Mejor reír y blanquear para después llorar. El río visto de lejos es cosa de poetas. De cerca es una calle trasera donde la misma ciudad vivaquea su presente con harapos de mendigo.

La función social de la máquina de quitar la cera

Carlos Navarro Antolín | 25 de abril de 2014 a las 19:52

Qué maravilla cómo funcionan las cosas en Sevilla… de Semana Santa. En la ciudad en la que lo provisional es eterno, la cera de Semana Santa se recoge en un santiamén. ¿Ha visto usted los palcos? Ni un tubo queda desde el martes mismo después de Semana Santa. Dicen las malas lenguas que es para que el tío del Laredo que perdimos pueda recuperar el pleno dominio de la plaza con sus veladores. Ni 48 horas después de entrada la Soledad de San Lorenzo quedaba una loneta, ni una silla de enea, ni un muérdago navideño de los que ha puesto este año el Consejo de Cofradías. Y ya estaban todos los veladores en correcta formación. Una retirada perfecta ni soñada por el ejército más disciplinado. Y los vinilos de la Fundación Cajasol que han adornado este año las traseras de los palcos se los han llevado los cacos a lo divino como se llevan los nazarenos rebeldes las flores de los pasos en cuantito entra la cofradía.

-Hermanos, respeten los claveles de la Virgen que son para llevárselos a los hermanos difuntos.

Ni rastro de la Semana Santa en la ciudad que piensa todo el año en la Semana Santa. Como un sueño, como una pesadilla donde las sillitas plegables, los veladores y otros obstáculos persiguen al cofrade atormentado. Y cuando despertó, la sillita plegable seguía allí, en la esquina de Velázquez con Rioja desde una hora antes de que pasara la Canina, porque aquí han hecho espera hasta para la Canina.

-¿Tiene usted algo en contra la Canina? Intuyo guasa de la mala.
-Nada, todo lo contrario; si estoy por hacer una asociación de amigos de la Canina, con capas blancas como los tíos esos a los que no les dejan ingresar en la Real Maestranza y se inventan su orden nobiliaria, pero en plan orden mayor de los canineros de Sevilla.

En ese quitar de la vista el árbol de Navidad el mismo 6 de enero por la noche para que no se noten las fiestas, Sevilla sólo consiente tras Semana Santa el duelo de alguna mudá de regreso al almacén (triste representación itinerante del in ictu oculi) y las palmas mudas que, huérfanas ya del fondo de damasco, se quedan todo el año en el balcón y van perdiendo el brillo del dorado al igual que van cayendo hojas del calendario. El ennegrecimiento de esas palmas revela lo lejos que va quedando la Semana Santa que anunciaron y proclaman lo próxima que se otea en el horizonte la que ha de venir. Ni la cera en el suelo le gusta al sevillano. El chirriar de los coches al pasar por una calle con cera es todo un canto a la melancolía, para muchos una especie de irritación en el alma. Por eso Sevilla tiene la máquina de quitar la cera, con la que Lipasam desarrolla esa función social de la que ahora presumen las empresas comprometidas. Lipasam nos hace más llevadero el duelo quitándonos los lamparones de nostalgia que son los chorreones de cera tiniebla, amén de evitar los costalazos de los motoristas que dejan tiesa la cuenta del seguro de responsabilidad de la Gerencia de Urbanismo. Una máquina que deja la Semana Santa en el sitio donde debe estar así que entra la Soledad: en el altillo de la memoria. Donde nunca se pierde.

La pascua del alcalde

Carlos Navarro Antolín | 29 de diciembre de 2013 a las 5:00

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Zoido sigue recogiendo afectos por la calle, como ese alcalde que parece hecho a la medida de una ciudad que le gusta sentir la proximidad de sus autoridades, tengan capelo, bastón de mando o alta graduación. Se detiene en la mañana navideña del sábado con todos los viandantes que exigen su minuto de gloria, se para con la trabajadora de Lipasam que faena por Sierpes (¿Cómo funciona la barredora?), saluda uno a uno a los camareros de Ochoa, se preocupa de que los escoltas también desayunen… La barredora funciona. Y la marca de Zoido parece que también. La política del me alegro de verte es epidérmica y superficial, pero tiene la enorme ventaja de ser la primera vía por la que un alcalde sentiría el rechazo ciudadano en caso de producirse. Y Zoido sigue recorriendo Sierpes sin una sola muestra de desafecto. Acaba de despedir a Torrijos, sobre el que pesa una condena y dos imputaciones, sin hacer leña del árbol caído. Tal vez porque en los próximos meses tenga que enfrentarse él mismo a situaciones incómodas que pueden afectar, cuando menos, a dos tenientes de alcalde con motivo de la instrucción de la segunda fase de la Operación Madeja, que investiga la entrega de regalos, dádivas o comisiones a funcionarios por la obtención de contratos municipales y que ha incluido el pinchazo de una serie de teléfonos municipales, digámoslo así en general: municipales.
Un teniente de alcalde pudo haber cometido el pecado de recomendar que se atendiera a cierto empresario. Y el otro no habría puesto todo su empeño en acabar con un sistema heredado de la etapa anterior y cuyo nombre habría sido utilizado con desahogo por algún funcionario trincón. Hay quienes aseveran que todo esto es anecdótico si se compara con lo que puede haber sucedido con los contratos de obras de carreteras adjudicados por la Diputación Provincial. El PP teme que la juez impute a alguno de los dos tenientes de alcalde, lo que obligaría a una crisis de gobierno, pues al alcalde le bastó la mera imputación de la Guardia Civil para echar al director general de Medio Ambiente y ex concejal del PP, Joaquín Peña, que ni siquiera estuvo detenido. El secretario general del PP de Sevilla, Eloy Carmona, siente el aliento de la fiscal jefe de Sevilla por supuestas irregularidades en un contrato del Ayuntamiento de Tomares que está avalado por la intervención municipal. Por mucho que no haya sospechas de mangazos, sino simples faltas del tacto debido, la sola imputación de alguno de sus concejales obligaría a Zoido a enseñarle nuevamente la puerta a alguno de sus colaboradores, en este caso cargos públicos. Sólo así podría seguir recorriendo Sierpes con la cabeza alta, aunque llevara la procesión por dentro.

Las cacas de los perros, el segundo gran reto de Paco Pepe

Carlos Navarro Antolín | 24 de abril de 2013 a las 18:36


La derecha que nos gobierna sigue fiel a la política de infantería. A falta de perras en la caja, perros en las calles. Muchos perros. Muchísimos. Pero pintados en las señales. Guau, guau. La Policía es la que multa, pero sabemos que el gerente de Lipasam, el nunca bien ponderado Paco Pepe, no ha tardado un minuto en afrontar el segundo gran reto de esta sociedad municipal: la cruzada contra las heces caninas. Hasta hay un protocolo de actuación (toma del frasco…) para que los inspectores de Lipasam y los policías locales colaboren contra esta lacra que pone de los nervios a los viandantes. Primero fue sellar la paz social después de nueve días de huelga de limpieza, aquellas horas en las que a punto estuvimos de estrenar el botafumeiro hispalense en la Plaza Nueva, con Jesús Maza y Maximiliano Vílchez (Vírrrsheee, para la edil Medrano) como tiraboleiros de privilegio para matar el olor a basura como se mata el olor a sudor del peregrino. La derecha nos exhibe a un perro en una señal con la que ocurre como la torre del pueblo de Juan Ramón. Vista de cerca parece la Giralda vista de lejos, pero en versión de prohibición que mirada de cerca parece cierto cartel de la temporada taurina visto de lejos, con aquel toro estreñido que acababa de meter los cuartos delanteros en un enchufe. ¿Y por qué no han puesto a un perro haciendo aguas menores? ¿Acaso no se sanciona también el pipí de perro? El PSOE puso a principios de siglo aquellos pipicanes que provocaron risas malévolas, porque las malas lenguas decían que se sorteaba un fin de semana en Rota entre los amos de canes que los usaran. Estudios de los apócrifos servicios secretos municipales aseveran que ciertos pipicanes fueron utilizados más por los amos en noches de botellonas que por las mascotas, con guasa incluida a la hora de activar la cisterna. Y estudios oficiales determinaron que en Sevilla sólo había un pipican por cada 12.500 canes. Ni había pan para tanto chorizo ni pipicanes para tanto perro. ¡La del pipican sí que es una ratio que no hay consejería de la Junta que la arregle! A punto estuvimos de asistir a la botadura del Observatorio del Pipican. Pero se cayó el mercado inmobiliario… y los pipicanes. Y ahora el PP de los 20 concejales y la tiesura le echa a las cacas los redaños que no exhibe contra las sillas de los chinos en Semana Santa. A ver si Paco Pepe nos da la ratio más buscada: la del número de amos de perros con educación y vergüenza que impiden la presencia en la vía pública de esa catalina que ni es santa ni necesita restauración. De los pipicanes del PSOE a los perros sin trapío del PP. Política de ladrido. Guau, guau.

Tócala otra vez, Juan Ignacio

Carlos Navarro Antolín | 9 de febrero de 2013 a las 5:00


Zoido ha escapado la mar de bien después de once días de huelga de limpieza. Es el alcalde que ha sacado más concejales y el que ha soportado la huelga más larga. Estuvo hábil al delegar en Jesús Maza gran parte del peso de las negociaciones en detrimento del gerente de la empresa, Francisco José Juan, achicharrado en el frente cotidiano. Los sindicatos deberían entrar ahora en fase de meditación junto al Tíbet, porque no han jugado bien determinadas cartas. Parece que en ningún momento calcularon sus puntos débiles: la paga de 1.400 euros por no faltar al trabajo y una plantilla en la que entre fijos y eventuales, entre padres, hijos y otros parientes, hay más coincidencia de apellidos que en la Real Maestranza. El Ayuntamiento ha sacado lo que pretendía: la reducción del 5% en coste de personal. Aunque ha cedido en parte en la forma de hacerlo, pues las dos horas y media de más que ahora hay que trabajar no se aplicarán en días de descanso, sino en las jornadas ya laborables.
La eliminación de la denominada bolsa de absentismo, que se nutría del dinero sobrante del plus que premia la asistencia al trabajo, es una primera medida obligada con efecto en las retribuciones, pero que a la larga mejora la imagen de los trabajadores. Lo de cobrar por no faltar al trabajo erosiona mucho más esa imagen que tanto preocupa ahora a los sindicatos que la difusión de la cuantía de sueldos pagados con dinero público. En la inminente negociación de un nuevo convenio laboral en Lipasam habrá que sopesar la supresión total de tan sonrojante incentivo. Y no se pierdan la guinda de la huelga. Que en veinticuatro horas cambie tan radicalmente el resultado de una votación sobre un mismo acuerdo por el mero hecho de que pase de votarse a mano alzada a hacerlo en secreto es como para que los sindicatos evalúen bien su verdadero grado de implantación entre el colectivo de trabajadores. Con el antifaz puesto, ya no había tantas ganas de huelga. Casi ninguna.
A Zoido habría que aplicarle ahora la máxima de los abogados: olvida tan pronto tanto tu victoria como tu derrota. Ahora tiene ante sí las reivindicaciones de la Policía Local, cuyo sindicato mayoritario anuncia sin reparo alguno que puede haber acciones de protesta en el vía crucis de la Fe o en la maratón. La lista de alcaldes que en España han tropezado con los cuerpos de la Policía Local es larga. Basta preguntarle ahora a Monteseirín en privado por su experiencia con este cuerpo, que no se olvide que vela por la seguridad. La percepción inequívoca es que o se pasa por taquilla con la Policía Local, o problemas asegurados. Y el caso es que al sindicato no le falta razón cuando recuerdan todo lo que les prometió el alcalde bajo las lonas de una caseta. La política tiene esa evocación del mito de Sísifo. Cuando Zoido eleva la piedra de Lipasam hasta la cima, se cae la piedra de la Policía Local hasta la sima. Y la banda municipal se mete ahora en el circo cual abuela fumadora. Tócala otra vez, Juan Ignacio.

Lipasam, el primer gran reto de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 6 de febrero de 2013 a las 16:15


La talla del gobernante se mide en las dificultades. Darle al botón del alumbrao de la Feria, visitar las verbenas de los barrios, dedicar las mañanas de Semana Santa a cumplir con las cofradías del día, recibir a jeques árabes en la Feria, coronar a los reyes magos o presentar los carteles de las fiestas de primavera lo hace casi cualquier alcalde. No digamos recoger ovaciones en una procesión de Corpus. Poner la ciudad a punto en tiempo récord para la final de la Copa Davis, cepillarse el Plan de Tráfico o reiventar la Navidad son tres ejemplos de acciones de gobierno que suscitan distintas opiniones entre el exceso de elogio y la cicatería en el reconocimiento, que de todo hay. El fuego cruzado de críticas y reconocimientos entra dentro de la batalla cotidiana en la que zigzaguea todo gobernante. La lidia del toro tobillero de la huelga de Lipasam es la primera gran prueba a la que se somete Juan Ignacio Zoido como alcalde cuando aún no lleva ni dos años de gobierno. Primero, porque tiene que poner coto a los privilegios concedidos por anteriores ejecutivos locales que vendieron muy cara la paz social a costa de las arcas públicas, repartiendo caramelos como orondos monarcas de Oriente. Segundo, porque está en juego la imagen de una ciudad cuya economía descansa cada vez más en el sector terciario, en una urbe en la que las cafeterías se subrrogan en los contratos de alquiler de las sucursales bancarias. Tercero, porque el tema tiene un indudable eco nacional en los telediarios, lo que genera daños colaterales como la suspensión de las reservas hoteleras. Cuarto, porque Zoido vive esta huelga en un momento de extrema debilidad para las siglas de su partido. Sevilla apesta a basura y el PP desprende un olor fétido a corrupción. Quinto, porque buena parte de la bancada le exige al alcalde que aguante el pulso a los sindicatos porque nadie ha disfrutado nunca de 20 concejales y porque los 90.000 parados de Sevilla, sus respectivos familiares y allegados, no perdonan esta vez los pluses y ventajas que disfruta una plantilla a la que simplemente se planteaba de inicio una rebaja del 5% en el coste de personal que ha terminado por quedarse en un 3,6%. Cabría pensar en la reacción sindical en caso de presentación de un ERE como ocurrió en Jerez. Sexto, porque cualquier cesión a los sindicatos de la empresa municipal de limpieza acarrearía una oleada de reivindicaciones en otros colectivos municipales al muy ibérico estilo del qué hay de lo mío. Y séptimo porque ahora se encuentra con un comité marcado por un evidente déficit de representatividad cuyo máximo dirigente califica de muy interesante un preacuerdo que la asamblea de trabajadores tumba a los pocos minutos a golpe de gritos sin necesidad de votaciones.
El recurso a una empresa privada para efectuar las tareas de limpieza generará nuevos problemas, pues obligaría a reforzar la seguridad de esos trabajadores en una ciudad en la que los policías locales van con mascarillas en señal de protesta (ni siquiera hacen excepciones aun tratándose de actos de homenaje a víctimas de ETA) y en una ciudad también que ha amanecido con carteles anónimos que alertan de la suspensión del vía crucis del día 17 por imposibilidad de garantizar la seguridad. La oposición se ha tirado a su particular monte de las pancartas buscando el orégano imposible y los ciudadanos bastante tienen con apretarse las fosas nasales en cada esquina y rezar para que siga el frío, siempre más limpio que el calor.
El toro de Lipasam, como dicen los taurinos, es de puerta grande o de enfermería. El morlaco está pasado de báscula y tiene los pitones escobillados, nunca mejor dicho. La plaza está a rebosar de público expectante. El festejo es televisado. Y aún quedan dos Corpus y muchas procesiones. Ahora es cuando se exige dar la talla.

Adelante la caballería

Carlos Navarro Antolín | 5 de febrero de 2013 a las 5:00


Sevilla tiene un olor especial canta la copla de Lipasam, que no es más que la melodía que nos distrae de lo esencial. No es más que la tinta que suelta el calamar Zoido (con tentáculos en la Plaza Nueva y San Fernando) para despistarnos de una maniobra más de esta derecha montaraz y despiadada que pretende privatizarlo y liberalizarlo todo. Absolutamente todo. Primero fueron los horarios de las tiendas del centro y ahora quieren liberalizar el paseo de caballos, timbre de gloria de la Feria de Sevilla, blonda y mantilla. Hala, como en la versión masculina hispalense de la liberal Esperanza Aguirre, el superconcejal Gregorio Serrano decretará la libre circulación de los 1.200 carruajes que se han acreditado para la Feria de Abril de 2013. Este año tendremos doscientos coches menos, razón por la que Serrano suprimirá la división entre matrículas para días pares y matrículas para días impares que instauró la izquierda ilustrada. Como cada vez quedan menos carruajes para cubrir tantas hectáreas de adoquines, Serrano quiere que los mismos coches pasen una y otra vez por las mismas calles, cual moritos de Queipo de Llano pero en el pescante y con sombreros de ala ancha. ¡Ja! Aquí estaba la agenda oculta del PP de Zoido, envuelta en papel de regalo como el perfume Eau de Lipasam que aromatizará el vía crucis de la fe como esto no lo arregle el Ayuntamiento con Maza de Jesús, Jesús cómo pesa la maza de esta huelga. Entre contenedor quemado y papelera boca abajo, Serrano nos ha metido los 1.200 carruajes por la portada. Se acabaron esos constructores cabreados porque se reducían a la mitad los días que cada carruaje podía entrar en el real. Menudos disgustos se llevaba Rafael Carretero cuando explicaba a sus amistades que no podía hacer nada para duplicarles la matrícula. Hasta amistades ilustres se perdieron por este asunto. En época de guerra, los tanques a la calle. En época de crisis, los carruajes a la calle. Si hay menos, pues que den más vueltas. Política de tiovivo. Como el speaker del Pentecostés rociero, Serrano ha dado la orden desde el alminar de las Fiestas Mayores: “¡Adelante la caballería!”

Lipasam y el Lunes de Resaca

Carlos Navarro Antolín | 29 de enero de 2013 a las 5:00


Que en la mesa de negociación de un convenio laboral de cualquier empresa, pública o privada, se valore la posibilidad de que los empleados tengan que ser incentivados exclusivamente para que acudan a su puesto de trabajo es sencillamente ofensivo para esa inmensa mayoría de trabajadores que cumple con su obligación sin necesidad de sonrojantes estímulos extras. Que la dirección de una empresa cualquiera se pliegue a pagar 1.400 euros anuales a cada uno de los trabajadores que no falten al trabajo sin causa justificada es sencillamente vergonzoso. Y que encima se haga con dinero público es sencillamente reprobable. Estamos de saldo con la sencillez, oiga. El denominado plus por no absentismo, que se está pagando desde hace años en Lipasam, equivale en el terreno laboral al denominado Lunes de Resaca en el calendario festivo de la ciudad. ¿Recuerdan aquellos Lunes de Resaca que después se ennoblecieron y tornaron en Lunes de Guardiola y que ahora han quedado en Lunes peladitos y mondaditos? Ese día de descanso tras la Feria oficializaba que los sevillanos necesitan un día para dormir la tajá antes de volver al puesto de trabajo, ergo reconocer que hay empresas públicas en las que se necesita un acicate (contante y sonante) simplemente por acudir al centro de trabajo ya me dirán ustedes lo que oficializa: la poca… Poquísima. Las loables conquistas sociales no pueden consistir nunca en que haya que pagar para garantizar la mera presencia del trabajador, dejando aparte el rendimiento y los resultados. Cuenta un sindicalista que ese plus hubo que instaurarlo ante el creciente absentismo en la empresa por la dureza del trabajo en la calle, en horario nocturno y con el clima jugando en contra en muchas ocasiones. Que Canorea y Valencia paguen a Morante el Domingo de Resurrección un plus por no acojonamiento ante el toro. Y no digamos el Domingo de Feria, que son de Miura, mire usted. Los de Zahariche merecen un plus playero. Pero no para irse a Matalascañas y quitarse del cartel, sino para aguantar el sistema nervioso ante la cornamenta playera de toros tan agalgados.
Tal vez el panorama actual no es más que la resaca de los años grandes, cuando los gobiernos municipales disparaban con pólvora del rey en las mesas de negociaciones para garantizar la paz social. Cuantísimos dirigentes no aparecían como hábiles negociadores cuando no habían hecho más que firmar un cheque. Se acabó la pólvora, se esfumó la paz. Cuando la pólvora sale por la puerta, la paz se pira por la ventana. Contra la resaca ya se sabe: agua, aspirina y café. Y pasar la vergüenza de haber metido la pata. Como pedir cobrar por simplemente llegar a la hora obligada.