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La crisis de los melones

Carlos Navarro Antolín | 22 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL catamarán Luna de Sevilla surcaba las aguas en una tarde de calor húmedo, de las que deja el ambiente mostoso, no sólo por la sensación de vértigo que genera que Rajoy haya apretado el botón rojo, sino porque Sevilla tarda siempre demasiado en despedirse del verano. Pasa el catamarán y nuestro hombre, desde la horrible balaustrada de Marqués del Contadero, mira al público jovial que viaja en la planta alta, una tripulación marcada por las chanclas, embebida en las nuevas tecnologías y ajena a lo que cuenta la megafonía sobre los orígenes de la ciudad. “Mira qué felices van esos turistas, ¿recuerdas la última noche electoral de Zoido en 2011? Nos montamos en este mismo barco y la foto del día siguiente fue la de Juan Ignacio con Asunción Fley a su lado. Quisimos representar el inicio de una nueva singladura. Seis años después, Zoido está a punto de asumir el mando de los mossos, el partido en Sevilla está malherido y en Andalucía no se sostiene. Lo que nos faltaba es lo de esta semana, lo del presidente diciendo que las ocho capitales están abiertas como melones. Lo del coñazo del desfile que le pillaron diciendo a Rajoy a micrófono encendido es una anécdota al lado de lo de Moreno. Por cierto, Rajoy pidió disculpas a las fuerzas armadas, mientras este hombre se ha dedicado a practicar el acoso y derribo de Alberto Díaz. O, mejor dicho, ha ordenado a Beltrán Pérez que lo haga para no mancharse él las manos. La alegría que tendrá Susana en el Palacio de San Telmo”.

El catamarán se otea ya en lontananza, los ciclistas maniobran por las rampas del adefesio diseñado por la Gerencia de Urbanismo como centro de recepción de turistas. Nuestro hombre continúa su parlamento en la tarde de calor pegajoso. Ahora comenta el contenido de un mensaje que le acaba de llegar: “Verónica Pérez ha recibido un 94% de apoyo a su informe de gestión y un 96% a su nueva ejecutiva. Nosotros acabamos de hacernos con el control de los once distritos y llega este hombre y nos reabre la herida. Este Moreno es el Zapatero del PP andaluz. Sabe que eligirá a los candidatos a las alcaldías, pero teme que no llegue a tiempo de poder influir en las listas electorales. Sabe que la misma noche de las autonómicas tendrá que marcharse si saca menos de 33 diputados. Lo sabe. Yparece que quiere irse ajustando cuentas. La caza de brujas de medio pelo de esta semana no se presta a otra interpretación. Los muchachos del palomar esperaban un mensaje de apoyo a la candidatura de Beltrán Pérez, que se ha tragado el sapo de orillar a Alberto Díaz. ¿Tal vez por eso lo grabaron? No lo sé, ni me importa. La crisis de los melones va a durar mucho tiempo, porque aún tiene que entrar en juego la presidenta provincial, cuyo silencio es elocuente. Y hay que saber qué opina Javier Arenas de la degradación de Alberto Díaz. Fíjate qué dos silencios más significativos… Nadie arropa a Moreno, al que todos damos como caballo perdedor. Ha reventado Sevilla, pero es que ha encendido a Bendodo en Málaga, ha dejado Huelva como unos zorros… Lo mejor que nos ha podido pasar es que lo de Cataluña reduzca el impacto de tanto despropósito. Esto da pie a nuevos cruces de alianzas, a que enemigos supuestamente irreconciliables tengan de pronto intereses comunes, a escrutar la evolución de este chico, Beltrán Pérez, que siempre nos ha parecido tan gladiador como prudente. ¿Se ha echado en los brazos de Juanma? No lo sé, me dicen que lo amenazaron con quitarlo a él de portavoz y colocar a Sánchez Estrella si no cesaba a Alberto en 48 horas. Todo muy cutre en la sede regional, muy de aprendices de Juego de Tronos. Tanto trabajar para los congresos de distrito para, al final, que venga este hombre a reventarnos por no asumir el alcance de sus palabras. Tú no pierdas nunca de vista a Arenas. Cuando más callado está es cuando lanza los mensajes más certeros. Y que no te digan que está concentrado con lo de la Cataluña. Javier puede con todo a la vez. Yse guarda el as en la manga, siempre”.

El catamarán regresa ya de Chapina. Nuestro hombre se vuelve de pronto cuando ya se marchaba: “Recuerda que la historia no se repite, la historia es la misma. Yque buena parte de lo que ocurra en Sevilla dependerá de cómo se entiendan Arenas y Virginia. Y Virginia deja claro a todos que no es ahijada de Arenas, que no entiende de tutelas ni tutías, como dijo don Manuel. Anda que a don Manuel, por cierto, lo iban a sorprender diciendo que en Málaga nos podíamos meter una hostia…”.

Moreno Bonilla, a tumba abierta

Carlos Navarro Antolín | 17 de octubre de 2017 a las 5:00

El presidente del PP-A

UNA arenga en toda regla con críticas incluidas a la dirección nacional. El líder regional del PP acudió al Ayuntamiento para pedirle a los concejales del Grupo Popular que eleven el tono de sus denuncias políticas para erosionar al socialista Juan Espadas, que destapen con su trabajo a un alcalde que juega a ser amable con todos los públicos y, además, que sean pacientes para contar con un candidato oficial a la Alcaldía. Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) se ve obligado a aplazar hasta principios de 2018 la designación del cabeza de lista a las próximas municipales. La designación como tal del portavoz Beltrán Pérez se hace de rogar, como era previsible según la liturgia del PP de las últimas décadas. Moreno Bonilla no se ahorró críticas al calendario impuesto por Génova con respecto a la elección de alcaldables: “Esto no tiene sentido”. Se confesó en cierta manera ante los doce concejales de la capital en una reunión a puerta cerrada en la que también participaron el secretario general del PP de Sevilla, Juan de la Rosa, la incombustible Patricia del Pozo (donde ella esté, está Arenas) e incluso el flamante senador autonómico, “el amigo Toni”, en alusión a Antonio Martín Iglesias, hombre de confianza de Moreno Bonilla en el PP sevillano.

El líder regional se mostró muy preocupado con la lentitud del calendario de designación de candidatos. Habló del grupo político de Huelva como un “grupo machacado”, no ocultó que en Málaga puede haber un fracaso si no se elige pronto a un buen candidato: “Nos podemos meter una hostia”. Y en Granada dijo que “el melón está abierto”. Moreno Bonilla se expresó a tumba abierta en un acto que al Grupo Popular que pilota Beltrán Pérez le sirvió para dar –de nuevo– la imagen aperturista hacia todas las estructuras y cargos del partido.

El presidente regional tomó la palabra durante algo más de un cuarto de hora. “Agradezco la hospitalidad que siempre me dispensáis, la he sentido siempre en estos tres años y varios meses ya que llevo en Sevilla”. Y rápidamente fijó el contexto político, siguiendo las técnicas de oratoria de Arenas: “Estamos ya en situación electoral. Los acontecimientos que se están produciendo nos llevan a un tiempo electoral en Cataluña e incluso a nivel nacional, lo que condiciona a su vez todos los escenarios. Las elecciones municipales serán el último domingo de mayo. Y las autonómicas, en teoría, el último domingo de marzo, lo que implica que sólo habrá ocho semanas de diferencia. Si se descuenta la Semana Santa y la Feria son sólo seis. Si nos va mal en las autonómicas nos irá mal en las municipales por cuestión de dinámicas ascendentes y descendentes”. Abundó en la importancia de las autonómicas, donde él mismo se juega su futuro político, consciente de que será su segunda y última oportunidad para el asalto de San Telmo: “La sociología electoral nos habla de dinámicas caprichosas, nos dice que si son ascendentes te suben y entramos en una dinámica de optimismo, pero si no lo son… Vamos a tener con las autonómicas una primera vuelta, que será clave para generar una dinámica ascendente. Las autonómicas nos la tenemos que tomar como algo muy nuestro, porque de ellas va a depender la probabilidad real de gobernar Sevilla”.

Se hizo una pregunta: “¿Tenemos posibilidades reales de gobernar Sevilla? Evidentemente que sí. Tenemos posibilidades reales. Y no lo digo yo, sino la demoscopia sociológica. Tenemos posibilidades. Sevilla no es Andalucía, donde ganamos una vez y no pudimos gobernar desgraciadamente. En Sevilla hemos gobernado con Soledad Becerril y con la mayoría histórica de Juan Ignacio Zoido. Aquí hay mucha gente que ya ha cogido una vez la papeleta del PP y, como la ha cogido, son susceptibles de que la cojan otra vez. Es verdad que Juan Espadas es un hombre moderado, una persona agradable, el típico hombre que se esfuerza por agradar a todos. A mi me ve y desde la otra punta me dice: ‘Presidente, ¿cómo estás?’. Juega a eso. A ser centrado, moderado, agradable y sin aristas porque juega a ser triangular. Tiene una estrategia clarísima de triangulación electoral. Va formando mayorías en función de las necesidades y del momento, pero es que además es un tío que ya de por sí tiene la marca PSOE, que le da apoyos importantes, y después va cogiendo de Ciudadanos, de nosotros, de las abstenciones… y va haciendo sus mayorías. Esto le ha funcionando en la primera etapa de la legislatura, pero en la segunda no le está funcionando”.

Moreno Bonilla reivindicó su experiencia directa como vecino de Sevilla a la hora de palpar la realidad social: “Yo vivo aquí desde hace más de tres años, salgo por aquí, salgo a cenar por aquí, como por aquí, viene gente y te dice cosas. Y noto ya una frustración y cierta decepción en sectores próximos al socialismo y al alcalde, en sectores económicos e intelectuales”. Y pasó a la crítica directa al alcalde: “Sevilla no tiene proyecto de ciudad. Ya hay quien lo dice claramente. Se están perdiendo años. Incluso se habla de decadencia del gobierno. Y si bajas dos peldaños, hay barrios y distritos que no están arropados. Espadas, el hombre, es muy amable, pero la gente se pregunta en qué le ha beneficiado. ¿Qué ventajas me aporta este señor? La gente se ha dado cuenta de cómo ha quedado desnudado el personaje. El personaje venía nuevo, por así decirlo, pero ya le va a ir mal. Tenéis que pasar a una actitud de mayor confrontación, y de mayor coordinación con el grupo parlamentario y del propio PP autonómico. En Sevilla tenemos que volcarnos todos. Hay que hacer un esfuerzo brutal y titánico. Sevilla es un símbolo, Sevilla es prioritaria. Yo no puedo plantearme un gobierno con Ciudadanos si aquí no ocurren una serie de cosas. La primera es que ganemos en la capital, evidentemente. Y tenemos que ganar en el Aljarafe y mantener el tipo en localidades como Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra. Sevilla es fundamental. Sin Sevilla no podemos hacer nada, el peso de la capital es evidente. En Sevilla nos jugamos el tipo. Vamos a organizar un calendario de actividades muy potente”.

Repartió estopa a la Junta: “La primera víctima de la política miope y centralista de la Junta es Sevilla. La primera. No hay ciudad más castigada, quitemos esa palabra, digamos orillada, que Sevilla. Si la Junta provincializara los datos de los presupuestos, una de las grandes damnificadas se vería que es Sevilla. Tenéis que coger este discurso con fuerza y garra”.
Fue crítico con Génova en cuanto al calendario de designación de candidatos, sabedor de que en Sevilla aprieta fuerte Beltrán Pérez (impulsado por Arenas): “Soy partidario de cerrar cuanto antes los candidatos a las capitales. Lo reconozco. No me parece sensato ni razonable que tengamos melones abiertos en las ocho capitales de provincia. Sabéis que donde tenemos responsabilidades, en municipios de menos de 20.000 habitantes, estamos cerrando candidaturas. Hay paradojas absurdas, como que pueda cerrar el candidato de Jerez pero no el de Cádiz. La decisión sobre las capitales se comparte con la dirección nacional, que entiendo que tiene capitales complejas por cerrar como Madrid y Valencia… Que tengáis clara mi posición, esto no debe retrasarse más allá de enero. Desgraciadamente mi posición choca con la de la dirección nacional. Todo lo de Cataluña nos ha perjudicado. Se había hecho un plan de acción municipal muy bueno, donde Javier estaba trabajando muchísimo, pero todo esto de Cataluña nos está perjudicando mucho”. Y abordó el asunto en el contexto andaluz, donde dejó algunas perlas y hasta una referencia a su fracaso electoral: “Mi sensación es que esto se retrasa y no tiene ningún sentido. No lo digo por Sevilla solamente. En Huelva tenemos un grupo machacado. Pienso también en Granada, donde tenemos posibilidades reales de volver a gobernar, una ciudad conservadora donde tenemos el melón abierto. Pienso en la propia Málaga donde hay una circunstancia ahí, que qué hacemos o no hacemos… que al final nos puede llevar a que nos metamos una hostia. Al final, coño, cuanto antes tengamos a la gente trabajando con certidumbre, mucho mejor”. Al valorar la influencia del desafío separatista catalán en la vida del partido, estuvo muy claro: “Si sale bien, el PP saldrá reforzado como marca. Si esto sale mal, al PP como marca lo cogen por los tobillos y nos tiran para abajo. Yo lo he vivido en 2015 y te hace perder muchas posibilidades. Yo confío en el presidente, las cosas las está haciendo con equilibrio y mesura. Las cosas pueden salir bien. Todos estamos bajo el paraguas de la marca”.
Admitió que los candidatos, incluido el de Sevilla, no estarán designado antes de Navidad: “En las designaciones que tengamos responsabilidad compartida, opinaremos. Esperemos a que se atienda el sentido común. Es verdad que si nosotros nos negamos a algo, es difícil que la dirección nacional nos obligue a lo contrario. Buscaremos la mejor opción. Yo puedo tener un amigo íntimo o un primo hermano, pero si no saca los resultados, no nos vale. Se buscarán los mejores candidatos posibles, y eso se hará con fórmulas tradicionales, como las encuestas nuestras y las que haga la dirección nacional, y también habrá opiniones políticas, porque a lo mejor un buen candidato te puede desunir un grupo. Queremos cerrarlo lo antes posible, a principios de 2018, pero no depende de nosotros. Y lo haremos de forma inteligente, ecuánime y pensando en el interés general”.

A los doce concejales del Grupo Popular les puso una tarea muy específica: “Seguid en la línea de hacerle pupa a Espadas. De Espadas digo que es el decimocuarto consejero de la Junta. Se comporta más cono un consejero que un alcalde. Creo que el camino que estáis recorriendo lo estáis haciendo muy bien. Hay un grupo municipal con enorme calidad política y experiencia. Estoy convencido, yo apostaría por cosas importantes, a que vamos a gobernar Sevilla. Es verdad que con un pacto con Ciudadanos. Con un concejal más podemos gobernar. No es difícil gobernar en Sevilla. Ciudadanos no va a bajar. Mucha gente nuestra estaba cabreada con Rajoy, con los impuestos, que si dijo… los rollos. Pero podemos volver a rescatar esos apoyos, podemos conseguirlo, lo tenemos al alcance de la mano. Tenemos que decidir el candidato a alcalde lo antes posible. Yo no lo demoraría mucho más. Este grupo se está comportando de manera responsable y sensata. Y el portavoz está teniendo mucha mano izquierda”.

Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

El eje pendiente

Carlos Navarro Antolín | 11 de septiembre de 2016 a las 5:00

Málaga 07 Septiembre 2016 Los alcaldes de Málaga
JUAN Espadas ha cogido la matraca del eje andaluz como Zoido se abonó a la zona franca o a contarle al primero que quisiera oírle (que antes eran muchos) la cantidad de hamburguesas que se despachan a diario en el Macdonalds de la supuesta Ciudad de la Imagen, aquel terreno del Higuerón Sur que se bautizó así por la cantidad de empresas audiovisuales que se iban a instalar en sus solares, pero imagen, lo que se dice imagen, lo que seguimos teniendo es la calle. Aceptamos hamburguesería como apuesta audiovisual con doble de queso. Espadas no suelta el eje, qué afición le ha cogido a fotografiarse con los alcaldes de Málaga, Córdoba y Granada. Vertebrando Andalucía, sí señor. Andaluces, levantaos… del velador. Los cuatro alcaldes presentaron esta semana una marca de promoción conjunta de sus urbes para captar esos turistas que son nuestros amos y señores. Aquí las fuerzas vivas ya no son las cofradías, por fortuna (ni ducados), sino los turistas de pelambreras al aire en la sacristía mayor de la Catedral y de sangría bajo los aspersores de cualquier terraza sudorosa.

Esta política blandita, de márquetin buenista, de declaraciones de pescado en blanco con la guarnición de las patatas hervidas del todos y todas, tiene mucho más en cuenta la cifra de negocio que los criterios que hacen que Sevilla siga siendo de verdad un atractivo turístico auténtico, basado en monumentos bien conservados, una traza urbana respetada, un comercio asolerado y, por supuesto, un ambiente callejero limpio y ordenado. Estos políticos se preocupan más por el rótulo del comercio que por contratar a un buen profesional detrás del mostrador que sea el valor añadido que hace rentable la inversión. Se esfuerzan más por los vídeos promocionales, por el minuto en las redes sociales, los retuits y tatararretuits que por que Sevilla tenga un casco histórico libre de obstáculos, aseado, sin olor a fritanga mezclada con el aroma de las heces de caballo. Porque hace tiempo que muchas calles de Sevilla huelen mal y tienen un color chillón que echa para atrás, mientras la comisión de patrimonio sestea espantando las moscas de cuatro proyectos a los que pone dos reparos menores para justificar su propia existencia. Aquí se trata de dejar hacer, que consiste fundamentalmente en no hacer nada, y acaso hablar a media voz.

La medida exacta de las actuales autoridades municipales la ofreció esta semana el impagable edil Joaquín Castillo, delegado de Hacienda y del distrito Sur, cuando preguntado por las quejas más que razonables de los vecinos del Plantinar por los ruidos y la suciedad que generan las fiestas de los estudiantes de los pisos alquilados, no se le ocurrió otra cosa al baranda que aumentar el lapidario bobo. Don Castillo se puso equidistante y presto a defender a los residentes frente a los alborotadores. Dijo que todos tienen que “coexistir” (ojo al verbo empleado, que es literal), que hay que hablar con todas las partes para que “entren en razón”. Resulta conmovedor cómo el obligado a ejercer la autoridad se pliega, melífluo, ante el colectivo que considera más fuerte y desprecia al tradicionalmente quejica. El vecino, que se ponga tapones para dormir, ¿verdad usted?. Cuando Castillo quiera cobrar el IBI atrasado de los señores del Plantinar, que se ponga a la misma altura de los morosos y que ambas partes “entren en razón” y no se active el procedimiento de cobro por la vía ejecutiva. ¿O no?. A “coexistir”, que es lo de que se trata, según Castillo.
El verdadero eje pendiente sería el de trabajar más por la ciudad y menos por las marcas, más por la realidad a pie de calle y menos por el humo publicitario. Tendrían que sentarse los alcaldes de Sevilla, Córdoba, Málaga y Granada muchas veces más, claro que sí. Por el turismo, sí, pero también para compartir criterios en asuntos de vida cotidiana como la movida, la recaudación de impuestos, el uso y abuso de la vía pública, la normativa para ciclistas, la recogida de excrementos caninos, los procesos de tramitación de todo tipo de licencias, la organización de la seguridad de las mil y una procesiones, la conservación del entorno de los monumentos, la estética de los cascos históricos, la uniformidad del mobiliario urbano, las reformas que necesita el sector del taxi, el diseño con sombra de los grandes espacios públicos, etcétera. Aquí los ejes son sólo para explotar aquello que peor cuidamos: un centro histórico prostituido donde para cruzar por ciertas calles hay que pedir la vez, donde un día taponan un edificio de Aníbal González con cuatro toldos que dan una sombra escuálida y otro ventean un catálogo para ofrecer edificios y entornos monumentales para cuchipandas de postín, donde en pocos meses cierran establecimientos centenarios sin que nadie demande al alcalde aquella promesa de crear una catalogación que proteja esos negocios que son parte de la sangre del ser vivo que es toda ciudad, donde perdimos la suntuosidad de un hotel de cinco estrellas en pleno centro a cambio de una decoración de apartamento abaratado de Rota.

El eje turístico es una apuesta por la pasta rápida que emana de ese turismo elevado a la condición de Saturno que devora los centros históricos, adulterados, maltratados y malolientes. Somos la familia tiesa (como el marido de Susana) que busca cada día colocar a la hija ofreciendo la falsa dote de una historia y una grandeza que acaso ya está sólo en los libros. Pero como se lee poco, tenemos la suerte de que muchos pican. Y se nos pone una sonrisa de pícaros triunfantes con la estadística mensual de los turistas. El Ayuntamiento con el turista es como aquel desvergonzado padre de familia: “La de gente a la que tengo que engañar cada día para llevar el sueldo a casa”. El eje, idiota, es el eje. Todo por el eje. Al turista, todo. Al sevillano pesimista, nada. Y al sevillano indiferente, la legislación vigente.

La obsesión por el eje

Carlos Navarro Antolín | 1 de noviembre de 2015 a las 5:00

01/07/15 Los alcaldes de Málaga y Sevilla
NINGÚN alcalde de Sevilla de la democracia se ha caracterizado por chinchar a las localidades hermanas, ni siquiera a la hora de reivindicar el estatuto de capitalidad. Sevilla se emborrachó de inversiones en el 92 y presumió de jefe del Gobierno de 1982 a 1996. Hoy permanece en ese estado de melancolía y arrepentimiento que sigue a los períodos de excesos. Por complejo o por arrepentimiento, asume estar relegada a un papel discreto y sumiso cuando pasan y pasan los presupuestos autonómicos y estatales sin que reflejen un verdadero compromiso con alguno de los grandes proyectos pendientes, más allá de partidas aisladas, dinero para estudios previos o arreglo de carreteras menores.

Ningún alcalde ha levantado la voz, decíamos, más allá de alguna réplica poco original de Zoido cuando en 2013 aludió a que Málaga tendría el Pompidou, pero no la Giralda y otros valores de postal de la capital andaluza. Tampoco Zoido, hay que reconocerlo, tuvo jamás la afición pirómana de Celia Villalobos, cuando siendo alcaldesa de Málaga, era un catálogo de ocurrencias, majaderías y perlas al abonarse al discurso fácil de los agravios entre ambas ciudades en los años de la pos-Expo, justo cuando Sevilla estaba más débil. El populismo de la esposa de Arriola contra el supuesto centralismo sevillano le valió una mayoría absoluta. Cuando Aznar la reclamó en 2000 como ministra de Sanidad, toda España comenzó a saber lo que hasta entonces sólo era conocido de Despañerros para abajo. Y cumple tres lustros ya de polémica en polémica, ora porque llama tontitos a los discapacitados, ora porque es pillada dispersa con un videojuego en lugar de atender a la sesión del Congreso de los Diputados, ora porque tiene una gran facilidad para ver machismo a las primeras de cambio.

Villalobos incendió aquellos pastos entre Sevilla y Málaga que otros hoy tratan de apagar. Hasta en el fútbol dejó sembrados cultivos donde las llamas se extienden rápido, como los celos, el rencor y los agravios. Nunca otros alcaldes de Málaga habían incurrido en semejante irresponsabilidad. Ni los de Sevilla. Ni Luis Uruñuela, ni Manuel del Valle, ni Alejandro Rojas-Marcos, ni Monteseirín. En su relación con Málaga, Zoido estaba condicionado por los celillos personales que Francisco de la Torre sentía en clave interna por el auge del aparato sevillano (Zoido y su cirineo Sanz) en la estructura regional tras la (presunta) dimisión de Arenas. Es cierto que Zoido ya había aludido a la necesidad de potenciar el eje Sevilla-Málaga años antes que Juan Espadas y Francisco de la Torre fueran de la mano. Pero también lo es que Monteseirín aceptaba siempre cualquier debate con el alcalde malagueño del PP y ya hablaban de una necesaria colaboración que beneficiara a ambas partes. Durante una serie de años, los posteriores a la era de los disparates de la Villalobos, Sevilla se ha movido entre ese complejo por haber sido la niña bonita del Estado felipista y el blablablá de las buenas intenciones entre ambos municipios nunca cristalizadas en logros. Cuando hace un par de años se reunieron en Antequera algunos ex-políticos y algunos empresarios de postín de Sevilla y Málaga para impulsar una plataforma de trabajo conjunto, uno de los asistentes confesó a la salida: “Hemos comido muy bien, esto es un buen inicio. Pero el sevillano seguirá prefiriendo coger el vuelo a Londres que le deja en Gatwik, a dos horas y media por carretera de la capital, antes que ir a Málaga a tomar el que le deja directamente en Heathrow. Y el malagueño va a la ópera en Madrid, no al Teatro de la Maestranza en Sevilla”.

Aquel foro nació marcado por un fin noble, una ilusión necesaria: el buen entendimiento entre dos ciudades vecinas. Nació marcado también por la cantidad de ‘ex’ que se sentaban a la mesa, expertos en diferentes ramas y disciplinas, pero casi todos con el retrato ya pintado de antiguos presidentes de instituciones, alcaldes o decanos. José Rodríguez de la Borbolla, Manuel del Valle, Luis Merino, Antonio Ojeda, José María Ferrer, Manuel Atencia, Manuel Contreras, Concha Cobreros…

Hacían falta tal vez no sólo caras más jóvenes, pues el de menor edad era el empresario José Moya, con 62 años, sino que los convocados tuvieran posición en la trinchera de la actualidad diaria, en la gestión cotidiana, en el día a día donde se deciden presupuestos, trazados urbanísticos y calendarios de vuelos internacionales de los aeropuertos, más allá de vacas sagradas influyentes en función de un currículum y de una trayectoria. En esto estábamos, con el enésimo intento de crear una plataforma, un lobbie o un chiringuito, según los casos, cuando el alcalde sevillano, el socialista Juan Espadas, se toma muy en serio la iniciativa y asume esta semana la reivindicación de mejoras de la propia Málaga aludiendo al impacto indirecto que tendrían en la economía sevillana. No es que reciba en Sevilla hasta seis veces al alcalde de Málaga en un solo trimestre con las consiguientes fotos, sino que se mete a exigir la conexión por AVE de la estación ferroviaria María Zambrano con el aeropuerto Costa del Sol, donde llegan millones de guiris de piel albina y regresan como salmonetes. Espadas aspira a que entre vuelta y vuelta en la sartén de las playas, se acerquen a Sevilla y dejen unos euros en la Catedral, los veladores, el Alcázar y las setas. Y, por encima de todo, tiene la esperanza de que el Estado y la Junta pierdan el complejo de invertir en Sevilla si se presentan proyectos entre ambas urbes, sobre todo porque cada ciudad está gobernada por un partido político distinto. Y eso vende concordia. El eje es un pacto de intereses, una alianza, una UTE en clave política, que evolucionará de la palabrería a los hechos, de los castillos en el aire a los resultados prácticos, del comité de sabios con la servilleta atada al cuello en el comedor del Parador de Antequera a los presupuestos públicos, y de las fotografías amables a la ausencia de discursos incendiarios, cuando de Sevilla a Málaga se pueda ir directamente en AVE sin parada en Córdoba, cuando de verdad lleguen los fondos europeos a proyectos trabajados por ambas ciudades, cuando se demuestre que el turismo de cruceros que llega a Málaga repercute en Sevilla y cuando se dispare el número de norteamericanos a los que se vende el destino Sevilla a través del aeropuerto de la Costa del Sol; cuando el entendimiento entre las ciudades andaluzas evite, por ejemplo, una multiplicación estéril de facultades y una mejor administración de los esfuerzos, cuando se aplaque el cainismo de taberna y graderío, cuando pasen más años y sigan en las Alcaldías los perfiles de políticos mesurados, que si no trabajan juntos, al menos que no incendien y, sobre todo, el eje tendrá resultado cuando un político del PSOE pague unos pantalones en la franquicia malagueña de Roberto Verino y, al pagar con la tarjeta del banco en la que aparece la Giralda, no tenga que oír de la cajera: “De Sevilla y viene aquí a comprar…”.

El alcalde de Sevilla tiene fijación por el eje con Málaga. Es su juguete preferido en estos momentos, una naranja fácil de exprimir porque genera titulares inmediatos en una política municipal ávida de novedades, en una política de márquetin que agradece mensajes de entendimiento más allá del ámbito local, pero es una estrategia que rápidamente se va a prestar a evaluación. Las fotos de sofá no son más que una declaración de intenciones. El eje no es más que la lucha por salir del complejo. Que dejen de vernos como los eternamente preferidos, como los obligados a pedir perdón (hasta lo suplicamos por apoderarnos por error del salmorejo cordobés), como los condenados a estar cubiertos por una hoja de parra porque ya tuvimos nuestro particular cuerno de la abundancia. Sólo cabe esperar que el eje no sea una muestra más de que el complejo continúa. Y que sea verdad eso de las alianzas, las sinergias productivas y la Andalucía Tech, que suena a perfume barato de equivalencia, y se traduzca en resultados apreciables por el contribuyente. Por el momento, el primer resultado es que en Antequera se come bien. Y el segundo es que ya sabemos que a Espadas le encanta subir a Gribalfaro, ver los aviones tomar pista y soñar con que están cargados de turistas deseosos de venir, en realidad, a una Sevilla que asume el enésimo intento por no parecer lo que es: una capital condenada.
01/07/15 Los alcaldes de Málaga y Sevilla

Parlamento: fin del trayecto

Carlos Navarro Antolín | 6 de julio de 2014 a las 5:00

Zoido debate sobre la Davis en el pleno del parlamento.
El Parlamento ya no es lo que era para sus intereses. Ya no necesita esa proyección extra que requería en los años de líder de la oposición en el Ayuntamiento (2007-2011), cuando utilizaba el escaño como altavoz de una serie de reivindicaciones para la ciudad ante la Junta de Andalucía y conseguía unos titulares difíciles de conseguir cuando no se gestiona un presupuesto. Juan Ignacio Zoido no está ya a gusto en el salón de plenos de las Cinco Llagas. Se ha quedado en blanco y negro en el pos-arenismo que gestiona de forma plana Juan Manuel Moreno Bonilla. Así lo confirman varios de sus colaboradores, que aseguran que si quedaran tres años para las elecciones autonómicas, el alcalde de Sevilla no dudaría en irse ya del Parlamento, pero que en la coyuntura actual –en la que se da por hecho un adelantado electoral– prefiere no dar una espantá ni generar debates de corto alcance, pero debates al fin y al cabo, sobre la falta de conexión con el cada día más discutido presidente del PP andaluz. Que hay un cambio de etapa se percibe en algunas directrices del aparato autonómico, como que se haya prescindido de los abogados que han llevado el asunto de Invercaria. La corrupción ha dejado ser el primer argumento de la oposición contra el gobierno de PSOE e IU, cuando Zoido cree con firmeza que es un asunto del máximo interés para los ciudadanos. De hecho, su equipo usó los desmanes de Monteseirín y Torrijos como el ariete más eficaz para alzarse con una mayoría absoluta sin precedentes.
Hay quien apunta a que otro de los cambios de Moreno Bonilla sería establecer como criterio que los alcaldes deben dedicarse a sus ciudades. Precedentes hay ya. Zoido no será el primer alcalde andaluz en abandonar un segundo cargo institucional. Francisco de la Torre acaba de dejar su escaño en el Senado para dedicarse por completo a Málaga, donde se da por hecho que el PP no tiene garantizada la Alcaldía. Poco a poco se irán dejando huecos libres para futuras listas electorales, sobre todo de cara a unas autonómicas en las que el PP andaluz no sacaría ahora mismo los 50 escaños que logró Arenas hace dos años.Eso tiene una repercusión indudable en todos los escalafones del partido. Figurar en un puesto de salida por el PP andaluz estará mucho más cotizado. Una de las diputadas que quiere huir del Parlamento y retornar al Ayuntamiento es Alicia Martínez.
Demasiadas inquietudes como para perder más tiempo en un Parlamento donde 50 almas peperas vivaquean con un futuro incierto que puede dejar al partido con menos diputados que en los tiempos de Téofila. Zoido no tiene más que aplicar la cláusula rebus sic stantibus para salirse del ruedo autonómico. Para echar unos minutos de asueto en El Tremendo, taberna próxima al Parlamento, no le hace falta seguir siendo diputado y sentirse como gallina en corral ajeno. Puede centrarse exclusivamente en Sevilla y esperar sentado el previsible hundimiento de la marca regional del PP. Porque en la sede provincial del partido no se duda un minuto de un nuevo batacazo.