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El museo del poder

Carlos Navarro Antolín | 3 de octubre de 2017 a las 5:00

Caja Negra Sanguino

Estábamos todos preocupadísimos con el futuro del Museo Arqueológico y la ampliación del Museo de Bellas Artes, convertidos ambos proyectos en el nunca visto Canal Sevilla-Bonanza, cuando nos llega uno de esos comunicados envueltos en el celofán de una foto, una simple foto, que son como el caballo de Troya en versión periodística: lleva escondido en las tripas una gran noticia. Ernesto Sanguino se ha empeñado en fundar sin saberlo el museo de la Sevilla de comienzos del siglo XXI. Y lo hace en un lugar privilegiado: la antigua Casa Ybarra, la que fue sede de las oficinas de los barcos que salían del Puerto de Sevilla para las rutas comerciales con América. Sanguino ya tiene en sus filas como consejeros a quienes han manejado el Ayuntamiento capitalino en casi los últimos veinte años: Manuel Marchena y Jesús Maza. Ha fichado a la dupla M&M, dicho sea en la terminología pijo-técnica que la usa usted a la una en la barra del Aero y queda estupendamente mientras se lleva a la comisura una de esas servilletas de hilo con las iniciales de la entidad. No es lo mismo decir que uno ha fichado de consejero “al Marchena” o “al Masa”, pronunciado con ese para que se ajuste al dialecto zoidiano (ese dialecto por el cual Arenas es “Javié”, alguien que enreda es un “enrea” y una situación anormal es “anormá”), que referirse al refuerzo del despacho con la incorporación del dúo M&M. Sanguino nos está dando hecho un nuevo museo para la ciudad, el museo de la Sevilla real, la realísima de antes de ayer por la mañana, el museo del poder, de los tentáculos, de las agendas, de la influencia, del conocimiento del quién es quién, del who is who. ¿Quién deshacía los entuertos durante los doce años de Monteseirín? “Habladlo con Marchena”, decía Alfredo pegándole el trincherazo a los empresarios pelmazos. ¿Quién gestionaba los patrocinios para la final de la Copa Davis que Zoido se encontró como regalo en su arranque de mandato en el glorioso 2011 que terminó en el Waterloo de 2015? “A ver si Jesús puede llamar a…”. Y Maza llamaba a los de siempre, a los cuatro que se llama en Sevilla cuando hace falta guita (sin catavino) y que después, también como siempre, se cobran el favor y te dejan tirados cuando desaparecen los votos.

¿Quién ha mandado más en Sevilla desde los tiempos de Queipo? Manuel Marchena, el último virrey, ora en turismo, ora en Urbanismo, ora en Emasesa, ora en la Agrupación de Interés Económico. Tan fue así que llegó Jesús Maza a tomar posesión del despacho de Marchena, en los albores del período de los veinte concejales, y le preguntaba todos los días al espejito de la suntuosa sede de Escuelas Pías:

–Espejito, espejito, ¿quién manda ahora en Sevilla?

Y le contestaba una voz profunda que alcanzaba desde Escuelas Pías hasta la Plaza Nueva.

–¡Tú no! ¡Manda Marcheeeeeeeeeena!

Maza nunca mandó tanto como Marchena. Eso es cierto. Pero estuvo cuatro años en su despacho y manejó el presupuesto de la joya de la corona de las empresas municipales, Emasesa, la que ni él ni antes Marchena se atrevieron a privatizar. Ya estoy viendo a los turistas bajarse en la antigua estación de Cádiz mientras el guía informa del siguiente destino, señalando con el paraguas de color hortera la placa que anuncia que el despacho Sanguino ejerce el Crowe horwath legal y tributario, que esto está muy bien también para decirlo en el aperitivo de la una, pero que el personal lo que quiere ver son los vuelos de los pájaros, altos vuelos, verlos en acción llamando a Urbanismo para desbloquear licencias, buscando clientes en ultramar como si fueran los antiguos barcos de la Compañía Ybarra, sabiendo cuáles son los vericuetos reales del enjambre de las empresas municipales, lo que se conoce como el know how y que de toda la vida se llama saber conseguir. O su sustantivo: conseguidó, en la terminología del Ministerio… del Interió. Yo, si fuera el gran Sanguino añadiría la leyenda M&M debajo de la del Crowe, que suena a modalidad de gofre en el puesto de Belinda en la entrada nocturna del Tiro de Línea, pero que son Marchena y Maza, Maza y Marchena. Un bético de pro como Sanguino ha fichado a dos reconocidos sevillistas, ejemplo de tolerancia en clave local. Un capataz de prestigio ha fichado a dos aguadores de Sevilla, dos ex responsables de Emasesa, que no falte el agua en su mesa. Sanguino es a los rectores de la AIE lo que Gas Natural o Endesa a los ex presidentes del Gobierno.

Lo que el zoidismo separó lo une ahora Sanguino, fundador del museo del poder. ¿Recuerdan cuando Maza denunciaba que Marchena había vendido el agua del grifo en botellas? Sí, sí, en las conferencias que daba como consejero delegado de Emasesa le guiñaba el ojo a Marchena en los saludos protocolarios, cuarto y mitad de ojana, pero después dejaba pasar los papeles de los resultados económicos de la llamada herencia. Por cierto, a Marchena le encantarán las selectas botellas de agua de Sanguino con el logo del despacho. Son de colección. ¿Serán de agua del grifo, como las que vendió siendo consejero delegado de Emasesa?

Pues, fíjense en las vueltas que da la vida, Maza tiene ahora de compañero de pupitre a Marchena. Yo creo que el que más tranquilo se va a quedar con el super-fichaje de Marchena es Antonio Santiago, el capataz, que dirá que a ver si Ernesto se queda sosegado y no le quita más martillos de las cofradías, que algún malpensado dice que el crowe de Sanguino en realidad consiste en eso: dejar a Antonio Santiago sin ser el capataz de sus cofradías de toda la vida. Qué ciudad, siempre pensando mal. O, lo que es lo mismo, siempre pensando en cofradías.

El retorno de Marchena

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2017 a las 5:00

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POCOS meses antes de las elecciones municipales de 2011, la Sevilla que es una foto fija en los canapés y presentaciones de libros se esforzaba en engatusar y hacerle la envolvente al llamado a ser nuevo alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido. Esa Sevilla, sin memoria como un niño cruel, oía ya el cascabeleo de las mulillas que aguardaban la noche electoral para salir al ruedo de la Plaza Nueva y proceder al arrastre de los doce años de Monteseirín como alcalde. En una de esas noches sociales de la primavera de 2011, cuando al líder del PP sólo le faltaban los sediarii para llevarlo en silla gestatoria, uno de esos sevillanos con el apellido más largo que la salida de San Bernardo se acercó a Zoido: “Juan Ignacio, acaba con todo lo que han hecho estos rojos en el Ayuntamiento. Pero te pido una cosa:déjame donde está a Manolito Marchena. No me lo toques”.

El pasado domingo, el salón de actos de la Casa de los Pinelo estaba abarrotado de un público variopinto para asistir al ingreso en la Academia Andaluza de Ciencia Regional del catedrático Manuel Marchena. El auditorio estaba compuesto fundamentalmente por ex altos cargos del PSOE de los últimos años de la Era Chaves y, he aquí lo llamativo, por destacados miembros de esa Sevilla sociológicamente conservadora que Monteseirín supo ganarse ofreciendo como interlocutor a su hombre de máxima confianza. “Habladlo con Marchena”, respondía el alcalde socialista ante el promotor con la licencia atascada, ante el director de una delegación municipal con el presupuesto agotado o ante el empresario de fuera de Sevilla que ponía encima de la mesa un proyecto peregrino. Marchena fue consolidándose como un verdadero virrey de Sevilla gracias al poder omnímodo que el alcalde delegó en su figura. Es cierto que nadie ha gozado de tanto poder en la ciudad durante tantos años en periodo de democracia, lo que también ha generado todo tipo de leyendas en una ciudad que es víctima del síndrome del parchís: el que se come una torrija y cuenta veinte.

Marchena, de frac azul azafata, abrió su discurso saludando a Monteseirín como “alcalde perpetuo y vitalicio” de Sevilla. Jamás le ha robado protagonismo a Monteseirín, ni cuando era alcalde, ni en los almuerzos posteriores de homenaje a los que han asistido juntos. Si Alfredo está, Marchena se mete en el burladero. Esa relación de absoluta confianza ha sido no pocas veces envidiada por el posterior alcalde, que gozó de 20 concejales, pero nunca de un tentáculo tan incondicionalmente fiel y tan certeramente eficaz. Marchena era el tesoro particular de Monteseirín, el hombre fuerte del régimen, el que se fajaba con los funcionarios que colocaban piedras en la rueda de los proyectos, el que metía el pie en el área chica de la gestión con riesgo de penalti, el que tenía concedido por el alcalde un poder de ruina. Cuando Alfredo veía que su amigo se arriesgaba en exceso, le conminaba: “Manolo, tápate”.

Marchena podía actuar en nombre del alcalde que el alcalde no lo dejaba en mal lugar. Marchena, un personaje polémico sin lugar a dudas, del que muchos auguraban que tendría una salida gris del Ayuntamiento y una convivencia difícil en la vida civil de la ciudad cuando cesara su etapa de poder, percibió el domingo que mantiene un público fiel que ya quisieran para sí muchos ex de supuesto relumbrón en la ciudad. ¿La clave? Que jamás le ha tenido miedo a cierta Sevilla que es, precisamente, en la que le gusta moverse. El domingo había muchos socialistas en el acto, sí. Pero también militantes del Partido Popular, incluso algún ex alto cargo del gobierno plano de Zoido.

El patio de la Casa de los Pinelo acogió al numeroso público que se quedó sin asiento y que no paraba de murmurar molestando la audición de los discursos. Cuando Marchena entró en la sala acompañado por dos académicos, como manda el rito, tuvo que abrirse paso entre el público. Alguien comentó desde la bancada: “Está como Lola Flores en la boda de su hija, a punto de rogar Si me queréis, irse”. Y un abogado añadió: “Este hombre ya no puede repartir jamones, pero aquí siguen viniendo casi seis años después muchos de los que recibieron jamones. Y eso no es normal”.

Es envidiado como todo aquel que ha tenido mucho poder durante muchos años y es capaz de mantener cierto estatus. Algunos soñaban con su destierro civil. Y Marchena, sin miedo a la Sevilla Eterna, sigue pululando por donde acostumbra, arropado por su gente y por el estandarte y las cuatro varas de la Sevilla más conservadora. Y ahora, encima, con chapa de académico.

Socialistas en el Aero

Carlos Navarro Antolín | 2 de diciembre de 2013 a las 12:20

JUAN ESPADAS PRESENTA UN PAQUETE DE PROPUESTAS PARA REACTIVAR LA VIVIENDA PUBLICA Y EMVISESA
El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento almorzó el pasado martes en el selecto Aeroclub con sede en la Avenida, donde fue recibido por el presidente, Enrique Moreno de la Cova. Juan Espadas estuvo en ese lugar donde cuenta la leyenda que se elegían a los alcaldes de Sevilla en tiempos en que no hacían falta ni mayorías absolutas ni pactos programáticos. Poco después de arropar a Verónica Pérez como candidata a la secretaría general del PSOE sevillano, Espadas se fue al lugar donde se desayunan los mejores picatostes en la mañana del 15 de agosto, donde figura en lugar preferente el retrato de cierto general del Ejército aficionado a los micrófonos y donde ya han almorzado otros socialistas, como Celis, Millán o Marchena. ¿No llevó Zoido al mismísimo Rajoy al corazón del Cerro del Águila, tradicional feudo socialista? Pues Espadas se cuela en el Aero. Lo que no sabemos es si Juan se fijó en esa placa donde hay una lista de nombres, al final de los cuales se lee: “¡Presentes!”

Corte de cabezas en Emasesa

Carlos Navarro Antolín | 28 de julio de 2011 a las 21:36

De los cinco altos directivos de la joya de la corona de las empresas municipales, dos han caído ya de forma radical. Se trata de María Luisa García, directora comercial, de innovación y desarrollo de negocio, y de Domingo Vera, director adjunto, tentáculos firmes del anterior consejero delegado de la compañía, Manuel Marchena. García se consagró a tareas como la reestructuración de la entidad y a nuevos productos como la venta de agua embotellada con aroma de mandarina. En el PP tienen claro que ambos estaban muy identificados con el antiguo régimen. Lo más llamativo de todo es que se asegura que estos despidos han sido decididos en función de causas objetivas. ¿No estaban entre estas causas las acumulación de pérdidas o la previsión de sufrirlas ? Huuuuum… Porque se da por hecho que no concurren otras causas como la ineptitud o el absentismo laboral. 

Dicen en la calle Escuelas Pías que Antonio Díaz sigue como director de operaciones, que Joaquín García Romero continúa como director financiero y que Francisco García Rivero se incorpora como nuevo director adjunto. La dirección comercial, por cierto, queda reducida a una subdirección. 

Jesús Maza, nuevo consejero delegado, aplica eso de torear con cuadrilla propia. Dicen los taurinos que así es como no te coge el toro.