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El retorno de Marchena

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2017 a las 5:00

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POCOS meses antes de las elecciones municipales de 2011, la Sevilla que es una foto fija en los canapés y presentaciones de libros se esforzaba en engatusar y hacerle la envolvente al llamado a ser nuevo alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido. Esa Sevilla, sin memoria como un niño cruel, oía ya el cascabeleo de las mulillas que aguardaban la noche electoral para salir al ruedo de la Plaza Nueva y proceder al arrastre de los doce años de Monteseirín como alcalde. En una de esas noches sociales de la primavera de 2011, cuando al líder del PP sólo le faltaban los sediarii para llevarlo en silla gestatoria, uno de esos sevillanos con el apellido más largo que la salida de San Bernardo se acercó a Zoido: “Juan Ignacio, acaba con todo lo que han hecho estos rojos en el Ayuntamiento. Pero te pido una cosa:déjame donde está a Manolito Marchena. No me lo toques”.

El pasado domingo, el salón de actos de la Casa de los Pinelo estaba abarrotado de un público variopinto para asistir al ingreso en la Academia Andaluza de Ciencia Regional del catedrático Manuel Marchena. El auditorio estaba compuesto fundamentalmente por ex altos cargos del PSOE de los últimos años de la Era Chaves y, he aquí lo llamativo, por destacados miembros de esa Sevilla sociológicamente conservadora que Monteseirín supo ganarse ofreciendo como interlocutor a su hombre de máxima confianza. “Habladlo con Marchena”, respondía el alcalde socialista ante el promotor con la licencia atascada, ante el director de una delegación municipal con el presupuesto agotado o ante el empresario de fuera de Sevilla que ponía encima de la mesa un proyecto peregrino. Marchena fue consolidándose como un verdadero virrey de Sevilla gracias al poder omnímodo que el alcalde delegó en su figura. Es cierto que nadie ha gozado de tanto poder en la ciudad durante tantos años en periodo de democracia, lo que también ha generado todo tipo de leyendas en una ciudad que es víctima del síndrome del parchís: el que se come una torrija y cuenta veinte.

Marchena, de frac azul azafata, abrió su discurso saludando a Monteseirín como “alcalde perpetuo y vitalicio” de Sevilla. Jamás le ha robado protagonismo a Monteseirín, ni cuando era alcalde, ni en los almuerzos posteriores de homenaje a los que han asistido juntos. Si Alfredo está, Marchena se mete en el burladero. Esa relación de absoluta confianza ha sido no pocas veces envidiada por el posterior alcalde, que gozó de 20 concejales, pero nunca de un tentáculo tan incondicionalmente fiel y tan certeramente eficaz. Marchena era el tesoro particular de Monteseirín, el hombre fuerte del régimen, el que se fajaba con los funcionarios que colocaban piedras en la rueda de los proyectos, el que metía el pie en el área chica de la gestión con riesgo de penalti, el que tenía concedido por el alcalde un poder de ruina. Cuando Alfredo veía que su amigo se arriesgaba en exceso, le conminaba: “Manolo, tápate”.

Marchena podía actuar en nombre del alcalde que el alcalde no lo dejaba en mal lugar. Marchena, un personaje polémico sin lugar a dudas, del que muchos auguraban que tendría una salida gris del Ayuntamiento y una convivencia difícil en la vida civil de la ciudad cuando cesara su etapa de poder, percibió el domingo que mantiene un público fiel que ya quisieran para sí muchos ex de supuesto relumbrón en la ciudad. ¿La clave? Que jamás le ha tenido miedo a cierta Sevilla que es, precisamente, en la que le gusta moverse. El domingo había muchos socialistas en el acto, sí. Pero también militantes del Partido Popular, incluso algún ex alto cargo del gobierno plano de Zoido.

El patio de la Casa de los Pinelo acogió al numeroso público que se quedó sin asiento y que no paraba de murmurar molestando la audición de los discursos. Cuando Marchena entró en la sala acompañado por dos académicos, como manda el rito, tuvo que abrirse paso entre el público. Alguien comentó desde la bancada: “Está como Lola Flores en la boda de su hija, a punto de rogar Si me queréis, irse”. Y un abogado añadió: “Este hombre ya no puede repartir jamones, pero aquí siguen viniendo casi seis años después muchos de los que recibieron jamones. Y eso no es normal”.

Es envidiado como todo aquel que ha tenido mucho poder durante muchos años y es capaz de mantener cierto estatus. Algunos soñaban con su destierro civil. Y Marchena, sin miedo a la Sevilla Eterna, sigue pululando por donde acostumbra, arropado por su gente y por el estandarte y las cuatro varas de la Sevilla más conservadora. Y ahora, encima, con chapa de académico.

Socialistas en el Aero

Carlos Navarro Antolín | 2 de diciembre de 2013 a las 12:20

JUAN ESPADAS PRESENTA UN PAQUETE DE PROPUESTAS PARA REACTIVAR LA VIVIENDA PUBLICA Y EMVISESA
El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento almorzó el pasado martes en el selecto Aeroclub con sede en la Avenida, donde fue recibido por el presidente, Enrique Moreno de la Cova. Juan Espadas estuvo en ese lugar donde cuenta la leyenda que se elegían a los alcaldes de Sevilla en tiempos en que no hacían falta ni mayorías absolutas ni pactos programáticos. Poco después de arropar a Verónica Pérez como candidata a la secretaría general del PSOE sevillano, Espadas se fue al lugar donde se desayunan los mejores picatostes en la mañana del 15 de agosto, donde figura en lugar preferente el retrato de cierto general del Ejército aficionado a los micrófonos y donde ya han almorzado otros socialistas, como Celis, Millán o Marchena. ¿No llevó Zoido al mismísimo Rajoy al corazón del Cerro del Águila, tradicional feudo socialista? Pues Espadas se cuela en el Aero. Lo que no sabemos es si Juan se fijó en esa placa donde hay una lista de nombres, al final de los cuales se lee: “¡Presentes!”

Corte de cabezas en Emasesa

Carlos Navarro Antolín | 28 de julio de 2011 a las 21:36

De los cinco altos directivos de la joya de la corona de las empresas municipales, dos han caído ya de forma radical. Se trata de María Luisa García, directora comercial, de innovación y desarrollo de negocio, y de Domingo Vera, director adjunto, tentáculos firmes del anterior consejero delegado de la compañía, Manuel Marchena. García se consagró a tareas como la reestructuración de la entidad y a nuevos productos como la venta de agua embotellada con aroma de mandarina. En el PP tienen claro que ambos estaban muy identificados con el antiguo régimen. Lo más llamativo de todo es que se asegura que estos despidos han sido decididos en función de causas objetivas. ¿No estaban entre estas causas las acumulación de pérdidas o la previsión de sufrirlas ? Huuuuum… Porque se da por hecho que no concurren otras causas como la ineptitud o el absentismo laboral. 

Dicen en la calle Escuelas Pías que Antonio Díaz sigue como director de operaciones, que Joaquín García Romero continúa como director financiero y que Francisco García Rivero se incorpora como nuevo director adjunto. La dirección comercial, por cierto, queda reducida a una subdirección. 

Jesús Maza, nuevo consejero delegado, aplica eso de torear con cuadrilla propia. Dicen los taurinos que así es como no te coge el toro.