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De Mercasevilla y el saxofonista del PP

Carlos Navarro Antolín | 4 de abril de 2016 a las 5:00

saxofón
Carmen Castreño lo han intentado en firme por dos veces, pero ha sido imposible el acuerdo económico con Sando, una empresa que no acepta cantidades económicas inferiores a las que se le han reconocido en sentencia judicial. Mercasevilla irá al concurso voluntario de acreedores por acuerdo del consejo de administración. Los planes de Espadas para la gran lonja, basados en la ampliación de capital por más de 5 millones de euros para ganar liquidez y pagar a la sociedad constructora, se han frustrado por el bloqueo de Mercasa expresado en la junta general de accionistas. No se olvide que Mercasa es el Estado. Su representante en Sevilla es Pablo González, hermano del ex presidente de la Comunidad de Madrid. Mercasa defiende que es precisamente con el concurso de acreedores voluntario como se puede salvar Mercasevilla, lastrada por la exigencia de Sando para que se cumpla la sentencia por la que debe recibir unos 12 millones de euros, intereses incluidos. La semana comenzaba para el alcalde Espadas con el reconocimiento al éxito de la Semana Santa y, en pocas horas, se enfriaba el ambiente con el bloqueo a la ampliación de capital de Mercasevilla. Alguien dijo que las alegría en fútbol duran una semana y en política nunca más de un cuarto de hora. Y eso que Espadas ha solucionado ya hasta la mayoría de las licencias de actividades del Club Pineda. Tiene su cuarto y mitad de gracia que el alcalde de izquierdas sea el que ponga orden en la Semana Santa, con aplauso generalizado de las cofradías, y a la chita callando solucione también lo de Pineda. A este Espadas que el miércoles logró la aprobación de sus primeros presupuestos sólo le falta regularizar las situaciones de La Raza y el Citroen, los dos negocios de hostelería que ocupan edificios municipales, para que en el Grupo Popular se miren al espejo:“¿Qué hicimos por los nuestros durante cuatro años?” En el PP andan sin rumbo, a la deriva, hasta tal punto que en el pleno vespertino se presenció algo insólito, el tono radicalmente distinto sobre un mismo asunto del portavoz, Juan Ignacio Zoido, y del concejal Beltrán Pérez. Resulta que Pérez, como era previsible, saca el mandoble y se harta de darle leña al gobierno por las cuentas que ha presentado, con papeles, cifras, análisis y el blablablá habitual. Pero toma la palabra Zoido y se muestra cual corderito con el presupuesto. Tiende la mano al gobierno, que nunca se la coge, y hasta felicita a los funcionarios que han trabajado en las cuentas y a la ex delegada de Hacienda, Asunción Fley, que fue la número dos del PP en la lista del batacazo. En la bancada y en los pasillos se comentó la evidente disparidad de criterios en el PP, como que pareciera que el ex alcalde navega mentalmente en las aguas del pasado. Zoido se fue del Pleno a un acto sobre la Sevilla de 2029, un ejemplo clamoroso de venta de humo, donde se hizo una foto con un tío tocando el saxofón. Tócala otra vez, Juan Ignacio.

El fin de las perífrasis

Carlos Navarro Antolín | 23 de noviembre de 2013 a las 5:36

Nunca tuvo Izquierda Unida tanta cuota de poder municipal en la historia de la democracia que con este político perifrástico y aficionado convulso a la verborrea como cabeza de lista. Antonio Rodrigo Torrijos (Sevilla, 1950) ha sido una suerte de mesías del tardocomunismo en la Plaza Nueva. Después de un mandato de concejal como delegado de Empleo y del Distrito Sur, alcanzó el número uno en las elecciones de 2007 y besó el santo del gobierno, de la mayor cuota de gobierno que ha tenido nunca la coalición de izquierdas, que pudo vender aún más caro de lo que ya lo venía haciendo su apoyo al PSOE. Con Torrijos al frente, Izquierda Unida entró en las caracolas de la Gerencia de Urbanismo de la Isla de la Cartuja en los años de imperio de ladrillo, de la multiplicación del pan y los peces de las licencias de obras y de los grandes proyectos faraónicos que eran posibles tanto por los pingües beneficios que obtenía el organismo autónomo por efecto del boom inmobiliario como por los patrocinios y los créditos que caían del cielo un día sí y el otro también. Torrijos ha vivido en el trono de la carroza del poder los años de vacas gordas del Ayuntamiento de Sevilla, esos años sin retorno como el vuelo de las oscuras golondrinas. En torno a su figura se ha creado la leyenda del demonio con hoz y martillo. No es tan fiero el león visto de cerca, pero ciertamente ha tenido y tiene zarpas. Su vida política concluye por el ahogamiento provocado por los frentes judiciales abiertos en su contra. Su cartel electoral está agotado no sólo porque las normas internas de su formación política impidan un cuarto mandato en la misma institución, sino porque todos los partidos recurren siempre a la amputación cuando la gangrena de la corrupción puede afectar al conjunto, a las siglas, a la marca. Y todo indica que IU no está dispuesta a la peligrosa sinécdoque por la que un Torrijos cercado por los jueces sea tomado como la referencia del todo. En política mandan los aparatos de los partidos. Y los partidos son estructuras para alcanzar el poder con vocación de perpetuidad. La marca electoral de Torrijos se ha ido desgastando por un discurso tan hábil como trasnochado, por la difusión reiterada de la fotografía de la mariscada convertida en la síntesis perfecta de los excesos de una etapa en la que la prima de riesgo era jerga exclusiva de los economistas y por un cerco judicial que ya le ha dejado mella (una sentencia por acoso laboral) y que tiene el sonido del cascabeleo previo a la estocada de una nueva condena.

En su haber político no sólo está el haber conseguido nada menos que una estructura paralela de vicegerente con una cuadrilla de asesores propios en la golosa Gerencia de Urbanismo, sino una amplia cuota de influencia en los gobiernos de coalición con el PSOE. Sánchez Monteseirín se llevó siempre mejor con los concejales de IU (“Son gente especial, pero con la que uno se puede entender”) que con los del PA con los que gobernó y se peleó de 1999 a 2003. Y ese buen entendimiento se notó en muchos proyectos. Torrijos tiene tanto protagonismo en la construcción del carril bici o en la instauración del bonobús solidario como mérito a la hora de colocarse la servilleta XXL ante la fuente de marisco con los mayoristas de Mercasevilla.

Su vida política se interrumpe y se va al traste cuando soñaba con un retiro en alguna de las consejerías de la Junta que ahora detenta su partido, sobre todo si era cerca de su gran amigo José Antonio Salido. Pero se le ha acabado el crédito en una formación dominada por los jóvenes más radicales y que guarda ya muy poca relación con aquel Partido Comunista que Torrijos conoció hace décadas, cuando en sus filas cabían figuras como el recordado Adolfo Cuéllar, Rosa Bendala o incluso el entonces líder estudiantil Luis Pizarro, hoy como adjunto en la Oficina del Defensor del Pueblo.

Con Torrijos se cierra una etapa en el Ayuntamiento cuyos principales símbolos son la pipa, la barba, las perífrasis y la riqueza de adjetivos calificativos al referirse a la derecha. Y el principal efecto ha sido el ejercicio de una política fuertemente ideologizada. Ya nadie hablará en privado de los “exiguos sueldos” de los asesores de su grupo político, ni en público de lo “poco que hacen honor” los concejales del PP a la inversión que hicieron sus padres en educación privada, de los “oscuros intereses particulares que hay detrás los proyectos” de un alcalde que es la “marioneta del capitalismo”, de las “aspiraciones bonapartistas” de Zoido ni de la derecha “reaccionaria, tramontana, sierva del capitalismo y de sus poderosos brazos mediáticos”. Por supuesto, se echarán en falta sus comentarios sobre las luces de Navidad (“El solsticio de invierno”) o sus audiencias con el cardenal Amigo en la planta alta del Palacio Arzobispal.

Detrás de ese cartel de hombre de otro siglo, con un discurso más propio de ser pronunciado en lo alto de un tanque en los años duros de la Guerra Fría, se esconde un sevillano del barrio de Santa Cruz que en su vida privada ha llegado entablar relaciones más que fluidas con personajes de esa derecha local a la que tanto ha atacado como caricaturizado, que ha salido de nazareno en Santa Cruz y Los Negritos, que ha sido voluntario en sus años de juventud en el comedor social de Regina Mundi y que, también es cierto, dedicó partidas de dinero público a la restauración de monumentos religiosos siendo delegado para aquella perifrástica Delegación de Infraestructuras para la Sostenibilidad, de cuyo recuerdo sólo quedan las horquillas para aparcar las bicicletas.

Los primeros que han dejado a Torrijos en la dura soledad, como siempre ocurre en política, han sido sus propios camaradas. Ayer lo arroparon en el anuncio de su despedida, pero no lo hicieron el lunes en su nuevo paseíllo judicial como imputado. La indisposición sufrida en el último Pleno, que ha derivado en numerosas revisiones médicas, y ese vacío al llegar a los juzgados (los apóstoles de su partido estaban dormidos) han sido la combinación letal para anunciar el final inminente de la política de las perífrasis. Los concejales en España no gozan de aforamiento. Y no hay Senado donde dar refugio a este enfermero de profesión, curtido en las Comisiones Obreras de los años de la Transición y que a partir de ahora verá la vida pasar desde la umbría estrechez de la calle donde vive.

La selva de Mercasevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de septiembre de 2013 a las 5:00

serrano

Ni el desprestigio de la clase política, ganado tacita a tacita por los interesados, ni el drama de quienes ven de cerca ya el final del precipicio que conduce al desempleo, pueden justificar atrocidades como desear la muerte de la hija de un cargo público, ni tildar de asesino al concejal que preside una compañía en vías prácticamente de liquidación, imputándole la muerte de varios empleados por la angustia súbita que le habría provocado el despido de familiares directos que también trabajaban en ella. La sociedad Mercasevilla lleva ya tiempo instalada en un agujero negro, en el todo vale y en un paisaje de incendios que denuncian los mismos que los provocan. En su lenta agonía de ERES fraudulentos, ERES legales, concursos irregulares de concesión de suelos, mariscadas y otros episodios, parece que hay quien está dispuesto a morir matando, a abrir la barra libre de tropelías y a revestirse de la supuesta legitimidad que concedería el verse en la cuerda floja laboral. El presidente de un comité de empresa no puede avalar las graves injurias que se han lanzado contra el concejal Gregorio Serrano en las redes sociales, salvo que sea rehén de sectores radicales, se haya quitado definitivamente la careta o se haya tirado a las barricadas morales. La lucha sindical ofrece amplios márgenes para hacer valer las reivindicaciones con la mayor contundencia, sin necesidad de violar el hogar familiar, ni de mentar a los hijos, ni de tratar de justificar lo injustificable. Es la diferencia que hay entre una sociedad democrática y una selva. Y en Mercasevilla hace tiempo que algunos se escaparon del zoo.

Torrijos y el tiempo de convento

Carlos Navarro Antolín | 12 de junio de 2013 a las 11:23

Al perro flaco de los plenos en el Salón Colón le han salido las pulgas de los insultos de sindicalistas de Mercasevilla a concejales del PP. Hace tiempo que los Plenos dejaron de ser una cita de debate político sobre los problemas de los sevillanos de a pie para ser el espejo de una clase política degradada a la búsqueda del tobillo del contrario más que de la solución de las contingencias cotidianas. El orden del día que importa es el de las manifestaciones en el andén del Ayuntamiento. Antes, con Monteseirín. Y ahora, con Zoido. Los Plenos están decadentes, huelen a las chirlas podridas que los trabajadores de la Lonja esparcen por las escalinatas principales, suenan a la estruendosa megafonía que busca hacer inaudibles las intervenciones de los capitulares y saben a los frutos secos con los que los concejales soportan las interminables horas que duran unas sesiones que no despiertan interés alguno. Si a esta evolución de las asambleas plenarias se añade la caída en picado del prestigio de la clase política, los descarados chanchullos en una empresa pública y la condición de político amortizado, tardorrevolucionario y pasado de rosca del portavoz de IU, el resultado es el que todo el mundo ha podido ver gracias a las cámaras de TeleSevilla. En los Plenos se ha pasado en muy poco tiempo de llamar perro a un periodista al te espero a la salida de unos energúmenos que mientan a la hija de un concejal. Y con la insólita complicidad de dos representantes públicos que están obligados a todo lo contrario y que parecen disfrutar con la acción que se predica del poco tiempo que queda de convento. Habrá que suprimir los plenos, porque la reeducación de algunos, como decía Calvo Sotelo, es un imposible metafísico. Y en el Ayuntamiento, antiguo convento de San Francisco, hay recortes en la compra de papel higiénico.

Belle epoque en el PSOE

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2012 a las 12:52


El Salón Colón vivió un Pleno virulento, con protestas airadas de trabajadores de Mercasevilla que arremetieron de lo lindo contra el gobierno del PP, contrarios a la liberalización de servicios. La letanía de adjetivos no la mejora un carretero, ese hombre de lengua larguísima y viperina que se pone de ejemplo a los niños para que hablen con corrección. A Zoido y al presidente de Mercasevila, Gregorio Serrano, le dijeron de todo en distintos momentos. Pinocho, mentiroso, fascista, embustero, cabezón… El rito es siempre el mismo. Los manifestantes llegan, se sientan y esperan su momento. La protesta dura dos minutos, el tiempo que tardan los agentes en efectuar el desalojo. Un trabajador se dirigió a Serrano: “¡Yo sin pan, tú sin pan!” Y entre el griterío se le acertó a oír que ésa era su ley. Episodios municipales, escenas de crispación. Silencio frío el que se instaura de pronto. Y así hasta tres veces. En el exterior sigue la procesión con sirenas y cacerolas: “¡Zoido, cab… sal al balcón!”

La oposición anduvo flojita en su crítica al gobierno por la liberalización de servicios en la lonja. Ahí Serrano recordó con seriedad y contundencia todos los lastres del PSOE en cualquier asunto que huela al Merca (desde los dos famosos ERE hasta los almuerzos con mariscos) y recordó cómo se ha reunido con todos los trabajadores afectados: “Los he visto cara a cara a todos y cada uno de ellos, lo que ustedes nunca hicieron, que no dijeron ni pío. Entonces les importaba un rábano el empleo público y de calidad. Les importaba un pimiento”.

Si no había suficiente tensión en el Pleno, parió la abuela. El presidente de la sesión, el impagable Javier Landa, llamó al orden a uno de sus filas, Beltrán Pérez, que pretendió votar de pie y desde fuera de la bancada. “Tome asiento para votar, señor Pérez”. Y el señor Pérez se hizo el remolón. El profesor le instó a sentarse por segunda vez. Y el rebelde señor Pérez tomó asiento. Y votó.

Pero para estampa impagable la de la concejal socialista Adela Castaño, aquella que fijó en las doce de la mañana la hora a la que se despiertan en la zona nacional de Los Remedios. Estuvo todo el Pleno luciendo gorro y largo collar de perlas. Una concejal tocada. Una perla… Tendrá privilegio por bula, como los seises de la Catedral, esta suerte de retrato de la pintora Tamara Lempickam. O mejor, de Leni Riefenstahl del palomar. De la Belle Epoque al crack del 29. Del gorro de Adela a quién sabe si el final de la crisis del PSOE tras los batacazos electorales. De la foto de la tortilla a la foto del gorro. Cuando el grajo vuela bajo, ponte el gorro. Landa se tragó el gorro de Adela. Pero no la desaplicación de Beltrán. Claro, como Landa se jamó una vez un montadito a escondidas en un Pleno. Y a otra concejal del PP la trincamos un día leyendo el Hola… Todos los pájaros comen trigo y siempre la culpa es del gorrión. Perdón, de Beltrán.

El ‘resistiré’ de Torrijos

Carlos Navarro Antolín | 8 de abril de 2011 a las 12:24

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Dice que no tiene notificación oficial del auto que le imputa, pero que por “actitud democrática” se sentía obligado a comparecer ante la prensa hoy mismo para dar explicaciones en función de la información difundida por los medios. Vaya, vaya. Con la de veces que nuestros políticos (todos) se agarran a la ausencia de información oficial para no dar la cara, resulta que este Torrijos, perifrástico, esdrújulo y astuto, es un dirigente público verdaderamente ejemplar, que se abre la chaquetilla y se arrima al pitón con riesgo serio de voltereta. Pues va a ser que no. Lo de dar la cara ha sido la coartada burda para no tener que comparecer en Madrid y firmar el acuerdo ético de IU que impide (risas en off) que no se presenten candidatos imputados. Poquita gracia le habría hecho a los camaradas capitalinos la llegada de Torrijos con la imputación calentita en las portadas. Hoy Torrijos molestaba en Madrid. Su presencia habría despedido un olor nada recomendable cuando el tam-tam electoral suena cada vez con más intensidad. Mejor no coger el AVE y hacer de la necesidad virtud.

Que no nos desvirtúen la realidad. Ni la derecha carpetovetónica, ni los cornetines del apocalipsis, ni los intereses ocultos de los empresarios, ni otras monsergas. Cuando menos, eso de presentarse nada menos que a alcalde estando imputado resulta feo, antiestético y poco decoroso. Nadie niega la posibilidad de que el camarada Torrijos salga limpio de este proceso, pero los tiempos son los tiempos. Y al primer teniente de alcalde de la ciudad le ha tocado estar imputado a un mes de las elecciones. Los argumentos empleados a la desesperada por Torrijos son insostenibles. Lo de que su imputación no entra dentro de los supuestos recogidos por el código ético de IU es una maniobra que resulta de la mezcla entre el funambulismo y la ingeniería política.

Torrijos ha acertado en muchas cosas. Basten dos ejemplos. Vaticinó que las setas no estarían hasta primavera cuando el gobierno local jugaba a marear la perdiz instando a los medios a jugar al siempre odioso periodismo de las fechas. Dio en la diana. Y habla con claridad cuando denuncia que la obra del Metro no estará en muchos años por mucho que los dos grandes partidos (PSOE y PP) emitan cantos de sirena al electorado. También da en la diana.

Pero lo de hoy suena mal. Un imputado no es un condenado. Ni mucho menos. Pero un imputado no debe ser cabeza de lista de nada. Es de manual.

La clave está en la camisa

Carlos Navarro Antolín | 29 de noviembre de 2010 a las 19:30

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Ocurrió el jueves en el Parlamento de Andalucía. Los peperos aprovecharon la cita para cargar contra el gobierno por el feo, feísimo, asunto de Mercasevilla. El mismo Javier Arenas exigió al presidente Griñán que diga “dónde está el dinero” de las pólizas que se han suscrito en Mercasevilla a nombre de personas que no han trabajado nunca en esa empresa. Las crónicas cuentan que el líder de la oposición también planteó si existe algún otro ERE similar y recalcó que la investigación ha de ser promovida “por la justicia y por la administración”. Arenas aprovechó el fuego político parlamentario para recordarle al presidente que presume de transparencia cuando en Andalucía hace quince años que no se constituye una comisión de investigación. Hasta ahí todo normal. La anécdota reveladora se produce cuando Arenas se levanta de su escaño, se marcha a su lugar habitual de descanso fuera del plenario, enciende un cigarrillo rubio y, cuando aún no ha disfrutado de una primera calada honda, ve interrumpida su calma porque se le acerca muy apurado un ex consejero de la Junta con alto mando orgánico y le espeta, entre otras cosas, lo siguiente: “Javier, que sepas que yo ante todo he sido, soy y seré muy honesto. Que sepas que yo entré con esta camisa en el Parlamento y con la misma camisa me iré”. Se ignora lo que pensó Arenas en ese momento. Pero lo que está claro es que la camisa ha debido de salirle muy buena al hombre. El algodón, que no engaña. Como si lo viera.

Mercasevilla: Ha sido posible realizar la conexión

Carlos Navarro Antolín | 16 de noviembre de 2010 a las 19:10

Martes por la mañana. El periodista marca el teléfono móvil de Antonio Garrido Santoyo, responsable de política municipal del PSOE de Baeza.

antonio garrido

Antonio Garrido Santoyo

-Buenas tardes, Antonio. Le llamo desde Sevilla para una consulta muy específica. ¿Es verdad que ha cobrado ud. del ERE de Mercasevilla más de 100.000 euros sin haber trabajado nunca en la empresa?

-No le oigo bien…

-¿Que si es cierto que ud. ha cobrado como prejubilado sin haber trabajado en Mercasevilla tal como acaba de denunciar el PP?

-[Información gratuita de Orange. Ha sido imposible realizar la conexión].

Minutos después, el periodista telefonea al intermediario que, en oficinas de la Junta, negociaba las presuntas comisiones ilegales en el caso Mercasevilla, Juan Lanzas.

-¿Juan Lanzas, por favor?

-Sí, dígame, dígame…

-Mire, quería saber si usted tiene conocimiento de que el señor Garrido Santoyo ha cobrado como prejubilado de Mercasevilla sin haber trabajado nunca en esta empresa.

-Puede ser…

-¿Es posible entonces, no?

-Bueno, no sé… Perdone, pero es que estoy reunido. No puedo hablar ahora. [La línea se corta bruscamente]

La tercera llamada del periodista es al alcalde de Baeza, el ex consejero de Agricultura y Pesca de la Junta, Leocadio Marín. Con toda corrección, el alcalde confirma que Garrido es miembro de la ejecutiva local del PSOE. Incluso refiere que Garrido ya se jubiló de su trabajo en una conocida empresa aceitera. La pregunta inmmediata: ¿Pero este hombre no se prejubiló en Mercasevilla, como demuestra la documentación que obra en poder del juzgado? Está claro que la jubilación es ese tiempo alegre para el disfrute, esa jubilatio que decían los clásicos. Y algunos la disfrutan dos veces. Los silencios hablan. Ha sido posible realizar la conexión.

Ruedas peligrosas

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2010 a las 19:00

torrijos_mariscada

Las ruedas de prensa son cada vez más largas y tediosas. En la Facultad de Periodismo enseñaban que la duración idónea son diez minutos. Más tiempo supone jugar en el área chica de los bostezos con alto riesgo de penati. Los políticos no aplican la suprema regla del más es menos. Se abonan al bla, bla, bla. Y en el Ayuntamiento no anida actualmente precisamente el mejor espíritu del parlamentarismo español. Castelar se ha quedado en la esquina con la Plaza de Molviedro. Lo de menos es que el político trate de darte el titular. El tiempo de las sugerencias y la sutileza ha muerto. Del fast food a los titulares ya congelados, entregados en mano y que necesitan sólo dos minutos de cocción. Pero lo peor, lo más triste y verdaderamente humillante, es que una rueda de prensa sea convocada por un dirigente político para arremeter machaconamente contra un medio de comunicación y su representante en la sala. Ocurrió el otro día en el edificio del antiguo Laredo (lo de ahora ni es Laredo ni ná) con la comparecencia de urgencia del portavoz de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, un político que nos merece todo el respeto y que resulta verdaderamente cordial en el terreno corto. Ese día se disculpó por la foto de la mariscada y acto seguido se hartó de repartir mandobles una y otra vez contra un profesional de la información y su empresa. Dedicó el ochenta por ciento de su intervención a ese objetivo. Eso es sencillamente inadmisible, además de poco inteligente. La inercia es peligrosa: ruedas largas, tediosas y con los cuchillos afilados. ¡Y eso que el socialista Manuel del Valle demandaba en una entrevista el perfil humano que hace tiempo perdió una política cada vez más crispada y previsible! Y aún quedan siete meses para las elecciones.