Archivos para el tag ‘Monteseirín’

La fe en los consultores

Carlos Navarro Antolín | 29 de octubre de 2017 a las 5:00

dialoga_internet

INTELIGENCIA socialista al servicio de un líder del PP de Sevilla, concretamente de tres socialistas. Se trata de tres amigos íntimos de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el político que ejerció de delfín de Monteseirín en el Ayuntamiento durante muchos años, miembro destacado de la actual ejecutiva federal y mano derecha de Pedro Sánchez en Andalucía. Los tres vivieron los años de vino y rosas de Monteseirín como alcalde, sufrieron también las polémicas que azotaron su gobierno y tras la debacle de 2011 con Juan Espadas como candidato se vieron con suficiente experiencia como para fundar su propia empresa de consultoría electoral. Tienen ya un prestigio considerable en el sector, gozan de eco mediático, conocen el quién es quién de la ciudad sobradamente y están libres de prejuicios. Tan libres que atienden con toda profesionalidad y diligencia a muchos políticos del PP. Entre ellos, al actual Grupo Popular que lidera Beltrán Pérez, al que conocen desde sus inicios políticos. Se trata de David Hijón, Rafael Pineda y Antonio Hernández, los conocidos en algún momento como los Celis’ boys por su estrecha relación con el político del Polígono de San Pablo. La empresa consultora Dialoga –que así se llama– ha elaborado un dossier sobre los servicios que pueden prestar a la causa del aspirante a candidato del PPa la Alcaldía de Sevilla. El PP ya tiene un gurú en el Ayuntamiento, el vasco Rafael Laza, jefe de gabinete de Javier Maroto, vicesecretario general del partido con despacho en la sede de Génova. Este Panoramix de Vitoria está aconsejando a Beltrán Pérez en su arranque como líder de la oposición municipal, pero no son descartables nuevas aportaciones como las de Dialoga, aunque todavía no se han concretado. La labor inicial de Laza no es incompatible ni mucho menos con algunas de las propuestas que se esbozan en el estudio inicial elaborado por el trío de consultores socialistas.

Dialoga tiene experiencia sobrada en geomarketing y ha hecho ya diversos trabajos de solvencia contrastada en procesos electorales de naciones de Iberoamérica. Se presentan como la consultora líder en el mundo de habla hispana en la aplicación de nuevas tecnologías a las campañas electorales con experiencias de éxito en España, Chile, Argentina, Uruguay, República Dominicana y México. Algunos de sus clientes reconocidos son el Partido Revolucionario Dominicano, el Partido de Acción Nacional de México, la Unión Cívica Radical (Argentina), el Partido de la Democracia Cristiana (Chile), Creo 21 (Ecuador) y Frente Amplio de Uruguay.

Hijón fue director del Grupo Socialista en el Ayuntamiento, Pineda fue concejal y ex gerente de Lipasam y Hernández fue director de comunicación del Ayuntamiento. Por eso los tres se presentan con un “extenso bagaje en la administración pública, así como en la dirección y organización de campañas políticas, ya fueran institucionales o electorales”, aunque en ningún momento aparecen las siglas del partido ni el puño ni la rosa. La presentación es estrictamente profesional.

En el caso del Grupo Popular, el dossier elaborado para Beltrán Pérez parte de la base de que el trabajo en la oposición es de una “extraordinaria dificultad”, más aún cuando este rol se comparte con otras fuerzas políticas como Ciudadanos y Participa Sevilla. Y, sobre todo, “cuando se carece de los recursos económicos y humanos que sí se disponen en el gobierno”. La labor de oposición municipal es “las más intensa y agotadora de las caras de la política y es por tanto la que requiere un mayor compromiso y esfuerzo”. Y sentencia el dossier: “Este compromiso y la idoneidad de las personas que van a acompañar al portavoz en esta travesía y una estrategia clara y definida son el único camino para afrontar con garantías de éxito las próximas municipales”.

La denominada oferta de servicios y asesoramiento y consultoría realizada para el Grupo Popular consta de varias fases. En la primera, de diagnóstico y planificación, se analiza “la situación en la que se encuentra el portavoz y el grupo municipal en el actual contexto político. En esta fase –afirman– diferenciamos entre dos ámbitos distintos y complementarios, el perfil del portavoz y probable candidato y el perfil tanto del equipo de concejales como del grupo municipal”. En esta fase inicial se plantea un análisis DAFO del portavoz y de su equipo, un análisis del posicionamiento del portavoz y de los diferentes “líderes locales” y una determinación de objetivos. Es aquí donde se propone la realización de una “encuesta madre” que sea la referencia a lo largo del mandato y hasta las elecciones de 2019. La mejor de las opciones sería la de poder realizar 3.300 entrevistas “que nos permitieran tener un estudio por distrito con un bajo nivel de error y estructurar toda la estrategia” en las once zonas de la ciudad. La segunda opción sería la de una encuesta de 2.500 entrevistas en las que se agruparían los once distritos en seis zonas para ahorrar costes. Yla última opción sería la de una encuesta con 1.800 entrevistas “que podríamos ponderar por distritos y zonas, pero con márgenes de error alto”. Y, según se aproximen las elecciones, serían “aconsejables” unos sondeos de seguimiento con un número mucho menor de entrevistas, en torno a 600 u 800.

El dossier entregado al Grupo Popular contempla técnicas de geomarketing electoral (mapas de análisis electoral en función de resultados recientes, estudios sociológicos solventes del CIS y encuestas preexistentes), un mapeo social de la ciudad de Sevilla (entrevistas en profundidad mediante técnica estructurada para obtener información cualitativa precisa, identificación de actores sociales, su influencia e intereses, sondear opiniones cualitativas y evaluación de las capacidades de los afiliados del partido), medidas de targeting territorial y de perfiles electorales, storytellin (relato de trabajo del grupo municipal, así como de la precampaña y campaña), servicio de análisis y estrategia en las redes sociales, etcétera. Las redes, por cierto, están especialmente valoradas por la consultora Dialoga: “Tan importante es conocer cómo estamos nosotros, como saber cómo están los otros”.

La fase segunda se destina al seguimiento y ejecución de la planificación: argumentarios, entrenamiento del portavoz y su equipo, líneas de actuación, análisis de escenarios, habilidades comunicativas, gestión de crisis, gestión de equipos, etcétera.
La fase tercera se dedica a la preparación y desarrollo de la campaña electoral: “Comenzado 2019 es la hora de recoger los frutos del trabajo de los meses previos y poner en marcha la maquinaria electoral. Si bien es cierto que el partido popular tiene una formidable experiencia a la hora de hacer campañas electorales, no lo es más que las elecciones municipales deben ser abordadas en 2019 desde la particularidad de una fuerza política que ha vivido una profunda catarsis y que ha transitado de los mejores resultados de la historia de Sevilla a casi dos años de inactividad política en la ciudad”. En esta fase se contempla el “entrenamiento del candidato” en los formatos propios de la contienda electoral (mítines, debates, etcétera), la elaboración del programa, la movilización de personas, la tercera tanda de mapas en función de los resultados de las encuestas y –he aquí la gran aportación de Dialoga– la aplicación de software para el control on line de la jornada electoral y el on time de la misma jornada, lo que permite realizar un control de la movilización de los votantes en la formación. Todos estos servicios de consultoría están valorados económicamente en función de si se elige una encuesta de 1.800, 2.500 o 3.300 entrevistas.

El dossier refiere la experiencia de Obama cuando venció a Romney. Es fundamental en la estrategia que plantea Dialoga volcar toda la aplicación que se procesa en los estudios previos en la aplicación digital creada al efecto, lo que ofrece la posibilidad de reaccionar con rapidez el día de las elecciones. “Toda planificación estratégica, por tanto, requiere inicialmente de una gran labor de inteligencia, de conocimiento del entorno, de los competidores, de los clientes”. El geomarketing político permite sintetizar toda la información, detectar los grupos de futuros votantes decisivos, cómo piensan, cómo son, cuáles son los barrios adversos, etcétera. Y así se planifican con precisión las acciones de campaña. Toda esa información se “procesa y modela”, se cargan los datos en una aplicación y se usan. “En un contexto de campaña permanente, el geomarketing político es decisivo a la hora de posicionar al partido o al candidato. Gracias al geomarketing político se pueden llevar a cabo acciones de microtargeting que permitan aumentar la base social que, a la postre, se convertirá en la base electoral del candidato”. La consultora basa la exclusividad de su trabajo en el denominado Mapa de voto disputable. Y hace una definición: “El voto disputable es el resultado de la aplicación de una fórmula polinómica que determina la capacidad de crecimiento de una fuerza política en un territorio a partir de un suelo electoral”. Dialoga propone un proceso de trabajo minucioso mesa por mesa electoral para saber quién vota y quién no. Para eso es fundamental, una vez entregados los censos, proceder a su digitalización para saber quién vota en cada distrito, en cada uno de los procesos electorales y quién es un “abstencionista contumaz”. De esta manera, el partido político puede reconocer quién es su “votante duro” y quién es su “votante débil”. “Nuestra experiencia nos dice que ningún partido político d este país aprovecha este volumen de trabajo y de información”. Con el software de Dialoga se logra conocer la conducta de os votantes, movilizar a los militantes y electores conocidos, prever resultados según tendencias, analizar el comportamiento de los electores, comparar comicios entre sí y generar un histórico electoral. Los interventores de las mesas electorales deben tener una aplicación descargada en el móvil: “La app permite la comunicación de los interventores con los responsables asignados por el partido y dispone de un sistema de mensajería instantánea para dar instrucciones, animar a los interventores, facilitarles información útil durante la jornada electoral, etcétera”.

El pedrismo hispalense

Carlos Navarro Antolín | 16 de julio de 2017 a las 5:00

pedristas

SON pocos y tienen el camino cuesta arriba. Se trata del futuro de la agrupación socialista más importante de España, del fortín tradicional del partido, de la provincia que se mantiene roja cada noche electoral por mucho que la piel de toro se tiña de azul. En cuanto pase el congreso regional del enrocamiento de Susana Díaz en sus cuarteles andaluces, la batalla se librará en la agrupación sevillana, dirigida hasta ahora por Verónica Pérez, que ejerce las funciones de un fiel peón de la presidenta, por la que se inmoló el día que se proclamó en Madrid como “la máxima autoridad” del partido para entrar en la sede de Ferraz, pero a la que ni siquiera dejaron pasar el bolso por el escáner de seguridad. Toda España comprobó de lo que son capaces los políticos de hoy por agradar a sus jefes. La piscina sin agua. El pozo sin agua. Elijan la metáfora que ustedes prefieran. El caso es que se lanzó. Se tiró. La evidencia fue máxima y la autoridad nula. Verónica Pérez está políticamente achicharrada de Despeñaperros para arriba, pero todo indica que seguirá al frente del aparato hispalense. Los pedristas se mueven de cara al congreso provincial. Tienen que hacerse notar, generar algo de ruido, plantear guerra. Son pocos pero se han movido mucho y con éxito para devolver a su líder a la secretaría general del PSOE. El primer escollo que tienen es la necesidad de reunir el 20% de los avales para presentar una lista y forzar las primarias, una tarea difícil cuando se trata de pedir firmas de apoyo a militantes que trabajan en el Ayuntamiento, la Diputación o en cualquier despacho de los que se requiere la publicación del nombramiento en el BOJA para ser ocupado. Ellos, por lógica, hubieran preferido un porcentaje de avales simbólico, muy reducido, de los que defiende el nuevo orden del PSOE constituido en la sede de Ferraz, pero el congreso provincial de Sevilla se regirá por el estilo antiguo, emanado del XXVIII congreso federal, celebrado en Sevilla: sin un 20%de firmas no hay candidatura.

Es sabido que el pedrismo andaluz tiene su estratega principal en el ex concejal Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y su perfil más institucional en el sempiterno alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano.

Pero los pedristas necesitan un rostro que intente el asalto a la agrupación sevillana, aunque sea de forma testimonial. Una cosa es renunciar a la contienda en el control de la ejecutiva regional (pista libre para Susana Díaz) y otra muy distinta entregar la cuchara en la lucha por el control de las estructuras provinciales. La cara más amable de pedrismo hispalense es la de Nieves Hernández, una licenciada en Derecho, trabajadora de la UGT y militante del PSOE desde 1992. Forma parte de la agrupación Centro. Ha sido presidenta de las muy activas plataformas en apoyo a Pedro Sánchez que surgieron en buen número por toda España después de la defenestración del entonces secretario general aquel sábado de octubre. Hernández no se corta un pelo cuando se refiere a Susana Díaz como una persona “ambiciosa”. Tiene buena imagen, fue durante un tiempo la portavoz de voz dulce del gobierno de Monteseirín en el Ayuntamiento. Está retirada de la política, pero aquella caída de Pedro Sánchez la hizo retornar a la actividad política. Tiene una relación de estrecha confianza con Gómez de Celis. Es una alfonsista.

La segunda opción es Maribel Montaño, carmonense de la hornada del 62, licenciada en Geografía e Historia y funcionaria municipal en su localidad natal. Formó parte de la ejecutiva provincial del PSOE de Sevilla y después de la federal como secretaria de Igualdad. Fue asesora de Monteseirín cuando era presidente de la Diputación Provincial. También fue delegada provincial de Cultura con Carmen Calvo de consejera (hoy pedrista con sillón en la ejecutiva federal) y años después formó parte del gobierno municipal como delegada de Cultura y –al igual que Nieves Hernández– como portavoz del gobierno de Monteseirín durante un período.

Y la tercera opción sería la de Luis Ángel Hierro, actual componente de la ejecutiva provincial, economista con plaza universitaria que vivió algunos días de gloria –con sus minutos de telediario– cuando intentó ser candidato a la secretaría general del PSOE en 2012, en un intento –dijo– por demostrar que la obligación de reunir previamente altos porcentajes de avales lastran el proceso. Ese mismo año dimitió como presidente del Consejo Económico y Social de Sevilla tras censurar que “todos los gobiernos” quieren controlar este organismo, tiene experiencia como diputado en el Congreso y se caracteriza por ejercer de verso libre en el PSOE sevillano. Es secretario general de la agrupación Sur (cargo que alcanzó por un estrecho margen de votos), desde la que ha promovido apoyos para Pedro Sánchez, como han hecho también los secretarios de las agrupaciones de Miraflores, Nervión y Bellavista.

Ni bolsillo, ni estómago

Carlos Navarro Antolín | 7 de mayo de 2017 a las 5:00

SEVILLA, 05/05/2017.

NO es que los sevillanos no soporten una Feria de seis días ampliada a siete. Es que el concepto que el sevillano tiene hoy de la Feria dista mucho del que se tenía en los años ochenta, cuando existía una clara división entre el mediodía y la noche. Esa separación –de hasta dos y tres horas– para ir a los toros o simplemente para descansar en casa, hacía mucho más soportable los días de una fiesta que, no se olvide, muchos recuerdan cuando comenzaba el jueves. La forma de vivir la Feria hoy es llegar y apurar el día hasta que el cuerpo aguante. Y, claro, el cuerpo exprimido no puede estar rindiendo igual no ya durante seis días, sino durante siete. Y siete días de gasto no hay póliza de crédito que los soporte. Esta Feria alargada para captar madrileños es literalmente insostenible. No hay cuerpo ni bolsillo que la aguante. Necesita de mucho omeprazol y almax, de cuadrillas de relevos entre los camareros, que el jueves estaban ya extenuados en muchos casos. Necesitaría, cómo no, de esa tradicional división entre mediodía y noche que antaño hacia llevadera una fiesta en la que a las seis de la tarde se aprovechaba para limpiar la caseta, reordenar las mesas y recibir de nuevo a unos socios aseados y vestidos de oscuro. Ese corte, esa separación, evitaba muchas borracheras y muchos individuos vivaqueando sin rumbo y con la lengua gorda. Pero el consumo se impone hoy a la vivencia en todos los órdenes (fíjense en la Semana Santa sin ir más lejos) y se trata de eso: de consumir, apurar, exprimir, aprovechar el día de Feria como si fuera el único cartucho.

Ese concepto de Feria en sesión continua soporta ya difícilmente el tercer día consecutivo. El jueves, hasta ahora el día más elegante, se podía coger mesa en primer fila en muchas casetas pasadas las dos y media de la tarde. El viernes ya no había ni plato del día en muchas cocinas. ¿Para qué? Si no había demanda. Y el paseo de caballos, despoblado, era lo más parecido a los vídeos en blanco y negro de la Feria del Prado, pero sin la alta velocidad del cine en blanco y negro.

La apertura de una caseta para turistas es una suerte de engañabobos. Vale como servicio, acudidero para visitantes perdidos, pero no garantiza que se viva la verdadera Feria, fiesta eminentemente particular, que no excluyente, lo cual se debe afirmar sin ningún complejo. Vivir la Feria de verdad –no nos engañemos– exige estar integrado. Y para eso se necesita algo de tiempo, cosa de la que la industria turística no dispone, pues se trata de vender paquetes, experiencias exprés y otras gaitas. La caseta para turistas es un bar en el real con estética de eso: de caseta. Aceptamos caseta para turistas como medio para captar el verdadero sentido de la fiesta porque, al fin, de lo que se trata es de hacer caja. Aceptamos media hora de taconeo, dos raciones de calamares con textura de neumáticos y autobús en la puerta como espectáculo genuinamente flamenco. La caseta para turistas recuerda a aquel centro de la interpretación de la Semana Santa que Monteseirín quiso construir y que, por fortuna (y ducados), la crisis se llevó por delante. Aquel engendro contemplaba en su oferta un simulador de bullas para que el turista se hiciera una idea de la pericia del sevillano a la hora de moverse en las aglomeraciones. Si aquello hubiera prosperado tendrían que haberle incorporado el servicio premium del simulador de las estampidas.

Malos tiempos para lo políticamente incorrecto, malos tiempos para decir que la Feria de Sevilla es una fiesta privada, para los sevillanos y que si se quiere vivir de verdad ha de ser de la mano de uno de ellos. Malos tiempos para explicar que caseta viene de casa y que en casa de cada uno entra quien desea el dueño. La Feria es víctima del pensamiento lanar, del buenismo, de la teoría de la participación por la participación como valor supremo.

Que le pregunten al vasco afincado en Sevilla que osó acercarse a tocar las andas de la Virgen del Rocío sin cumplir la norma no escrita de pedir la venia a un almonteño. Sufrió literalmente un mordisco. Montar una caseta cuesta un dinero que miles de sevillanos pagan en cuotas a lo largo del año con su esfuerzo y sus ahorros. Son los sevillanos con su esmero personal los que montan la fiesta, nada hay de lo que avergonzarse por ello. Y son los sevillanos los que han integrado siempre a miles de visitantes sin imposiciones pseudodemocratizantes.

Esta Feria alargada ha generado 1.700 asistencias sanitarias sin ninguna tragedia, lo cual nos lleva también a una conclusión: la Feria es una organización perfecta, un ejemplo de convivencia en el que, pese a las horas de ingesta de alcohol y a la combinación de públicos muy diversos, no hay que lamentar ningún suceso. ¿Por qué sí ocurre, en cambio, en la Semana Santa? Porque en la Feria nadie se ve excluido, ni siquiera la legión de gente carente de educación, que se refugia en el alcohol en un espacio limitado (el real) y ultravigilado. Y en la Semana Santa hay demasiado público que deambula sin importarle nada de cuanto ocurre en una fiesta religiosa que no ofrece atractivos alternativos para pasar tantas horas en la calle. Preocúpese el gobierno de analizar, mimar y blindar la Madrugada, y deje la Feria como estaba hasta el año pasado, que ya de por sí era larga por el concepto de sesión continúa con el que se vive hoy. Nadie aguanta siete días de Feria seguidos ni dos subidas al ratón vacilón.

El retorno de Marchena

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2017 a las 5:00

Marchena.JPG
POCOS meses antes de las elecciones municipales de 2011, la Sevilla que es una foto fija en los canapés y presentaciones de libros se esforzaba en engatusar y hacerle la envolvente al llamado a ser nuevo alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido. Esa Sevilla, sin memoria como un niño cruel, oía ya el cascabeleo de las mulillas que aguardaban la noche electoral para salir al ruedo de la Plaza Nueva y proceder al arrastre de los doce años de Monteseirín como alcalde. En una de esas noches sociales de la primavera de 2011, cuando al líder del PP sólo le faltaban los sediarii para llevarlo en silla gestatoria, uno de esos sevillanos con el apellido más largo que la salida de San Bernardo se acercó a Zoido: “Juan Ignacio, acaba con todo lo que han hecho estos rojos en el Ayuntamiento. Pero te pido una cosa:déjame donde está a Manolito Marchena. No me lo toques”.

El pasado domingo, el salón de actos de la Casa de los Pinelo estaba abarrotado de un público variopinto para asistir al ingreso en la Academia Andaluza de Ciencia Regional del catedrático Manuel Marchena. El auditorio estaba compuesto fundamentalmente por ex altos cargos del PSOE de los últimos años de la Era Chaves y, he aquí lo llamativo, por destacados miembros de esa Sevilla sociológicamente conservadora que Monteseirín supo ganarse ofreciendo como interlocutor a su hombre de máxima confianza. “Habladlo con Marchena”, respondía el alcalde socialista ante el promotor con la licencia atascada, ante el director de una delegación municipal con el presupuesto agotado o ante el empresario de fuera de Sevilla que ponía encima de la mesa un proyecto peregrino. Marchena fue consolidándose como un verdadero virrey de Sevilla gracias al poder omnímodo que el alcalde delegó en su figura. Es cierto que nadie ha gozado de tanto poder en la ciudad durante tantos años en periodo de democracia, lo que también ha generado todo tipo de leyendas en una ciudad que es víctima del síndrome del parchís: el que se come una torrija y cuenta veinte.

Marchena, de frac azul azafata, abrió su discurso saludando a Monteseirín como “alcalde perpetuo y vitalicio” de Sevilla. Jamás le ha robado protagonismo a Monteseirín, ni cuando era alcalde, ni en los almuerzos posteriores de homenaje a los que han asistido juntos. Si Alfredo está, Marchena se mete en el burladero. Esa relación de absoluta confianza ha sido no pocas veces envidiada por el posterior alcalde, que gozó de 20 concejales, pero nunca de un tentáculo tan incondicionalmente fiel y tan certeramente eficaz. Marchena era el tesoro particular de Monteseirín, el hombre fuerte del régimen, el que se fajaba con los funcionarios que colocaban piedras en la rueda de los proyectos, el que metía el pie en el área chica de la gestión con riesgo de penalti, el que tenía concedido por el alcalde un poder de ruina. Cuando Alfredo veía que su amigo se arriesgaba en exceso, le conminaba: “Manolo, tápate”.

Marchena podía actuar en nombre del alcalde que el alcalde no lo dejaba en mal lugar. Marchena, un personaje polémico sin lugar a dudas, del que muchos auguraban que tendría una salida gris del Ayuntamiento y una convivencia difícil en la vida civil de la ciudad cuando cesara su etapa de poder, percibió el domingo que mantiene un público fiel que ya quisieran para sí muchos ex de supuesto relumbrón en la ciudad. ¿La clave? Que jamás le ha tenido miedo a cierta Sevilla que es, precisamente, en la que le gusta moverse. El domingo había muchos socialistas en el acto, sí. Pero también militantes del Partido Popular, incluso algún ex alto cargo del gobierno plano de Zoido.

El patio de la Casa de los Pinelo acogió al numeroso público que se quedó sin asiento y que no paraba de murmurar molestando la audición de los discursos. Cuando Marchena entró en la sala acompañado por dos académicos, como manda el rito, tuvo que abrirse paso entre el público. Alguien comentó desde la bancada: “Está como Lola Flores en la boda de su hija, a punto de rogar Si me queréis, irse”. Y un abogado añadió: “Este hombre ya no puede repartir jamones, pero aquí siguen viniendo casi seis años después muchos de los que recibieron jamones. Y eso no es normal”.

Es envidiado como todo aquel que ha tenido mucho poder durante muchos años y es capaz de mantener cierto estatus. Algunos soñaban con su destierro civil. Y Marchena, sin miedo a la Sevilla Eterna, sigue pululando por donde acostumbra, arropado por su gente y por el estandarte y las cuatro varas de la Sevilla más conservadora. Y ahora, encima, con chapa de académico.

Macetones: el futuro de la Avenida

Carlos Navarro Antolín | 15 de enero de 2017 a las 5:00

Calle José Laguillo
SEVILLA paga un precio muy elevado por cualquier reforma sustancial. Cambiar el orden de las cosas tiene el efecto de una VISA platino: pagamos el pato durante mucho tiempo a un interés disparatado. Sencillamente porque no se planifican las cosas con la diligencia debida. Somos el fontanero que arregla la gotera a costa de levantar más techo de la cuenta, destrozar la pintura y dejar astillada la bañera. Pecamos de catetos, de nuevos ricos embriagados por el perfume del cortoplacismo. El pan de hoy son los veladores del mañana. Un alcalde quiso arreglar la Plaza de la Encarnación tras 50 años de indolencia. Lo hizo a costa de levantar un mamotreto inútil y de dejar escuálidas las arcas de la Gerencia de Urbanismo, que se habían nutrido de un dinero procedente de convenios urbanísticos que debió destinarse a los denominados sistemas generales de la ciudad. Del urbanismo productivo al urbanismo improcedente. Cada vez que se le refiere tamaña barbaridad a Monteseirín, el alcalde y sus adláteres se defienden: “¿Preferían ustedes las ratas corriendo por la Encarnación?”. La Encarnación se revitalizó, pero el precio pagado por la ciudad ha sido una broma de mal gusto, una pesadilla estético-financiera, un engendro económico-urbanístico, el capricho de un alcalde que levantó el mausoleo de sus doce años de gobierno con la coartada de acabar con las ratas.

Almirante Lobo era una calle frondosa, agradable para el paseo con un inicio amable en el Hotel Alfonso XIII y un final de dulce con la Torre del Oro. Otro alcalde se merendó los árboles, destrozó el carácter umbrío de esta vía urbana que acaricia el río. Y en esta ocasión la coartada para la reforma (llamémosla así) no fueron las ratas, sino generar una visión más limpia de la torre, permitir a los turistas admirar la histórica edificación desde la misma Puerta de Jerez. El alcalde sufrió el síndrome de Pinocho. Los árboles, en realidad, fueron sacrificados en el altar del urbanismo duro, despiadado y sin alma, el urbanismo que tiene horario de nueve a dos, que ficha con frialdad en el torno cada día y que impera en algunos despachos de la Gerencia. No había ningún estudio para mejorar la perspectiva visual de ningún monumento ni otras gaitas. Nadie en esta ciudad se había quejado de lo poco o mal que se oteaba la Torre del Oro desde la Puerta de Jerez. La visión de la Torre del Oro no ha sido nunca motivo de conversación en los cafés de Ochoa ni en las tabernas del Cerro. Todo era más simple: el árbol al hoyo y el técnico de Urbanismo a su casa que ya son las dos. Los sevillanos sufrimos ahora una calle árida e inhóspita porque alguien decidió la temeraria simpleza de limpiar Almirante Lobo de árboles. Otra reforma más que, con un objetivo en apariencia positivo, nos pasa factura por muchos años.

Hay otro ejemplo más del gusto con que los sevillanos pagamos caras las reformas: la Avenida de la Constitución. El objetivo en este caso era suprimir el tráfico rodado que generaba una polución que ennegrecía la fachada principal de la Catedral con efectos perversos en la piedra, más allá de los puramente estéticos. Sí, el tráfico se eliminó. Ya no se desprenden cascotes de la Catedral ni se erosionan y afilan los pináculos góticos, afectados por una arenización perniciosa, pero los sevillanos hemos pagado el precio, muy elevado otra vez, de sufrir una Avenida de usos múltiples donde el peatón es el hermano pobre que convive como puede con los primos fuertes de Zumosol, que son los hosteleros y los ciclistas, sin olvidar el condicionante de un tranvía que reclama su espacio cada siete minutos a golpe de campana. La Catedral ha quedado a salvo de la contaminación ambiental, que no de la paisajística. La mal denominada peatonalización ha tenido el efecto llamada de negocios despersonalizados, de rótulos chirriantes y de un mobiliario grosero. Los alrededores de la Catedral, ahora llamada seo por los neocostumbristas, son un Benidorm del patrimonio histórico. Y para colmo los sevillanos llevamos soportando años sin sombra en esta arteria principal, una penalidad que sufrimos de mayo a septiembre, con temperaturas que calientan el pavimento de la Avenida hasta los 62 grados centígrados a las cuatro de la tarde, lo que supone, según el estudio del catedrático Enrique Figueroa, que un viandante soporta un calor a la altura de la cabeza de entre 38 y 40 grados centígrados durante el tiempo que recorre la Avenida. ¿Era necesario pagar un precio tan elevado por proteger la Catedral de la polución? ¿No había de verdad fórmulas menos agresivas para con el ciudadano al mismo tiempo que la ciudad daba un ejemplo de preocupación por la conservación de su primer monumento? En definitiva: ¿Tan difícil es hacer las cosas bien en Sevilla?.

El actual alcalde, Juan Espadas, comienza 2017 fijándose el objetivo de hacer umbría la Avenida antes de que expire el actual mandato. Existen tres fórmulas: pérgolas, toldos y árboles. El alcalde tiene decidido que la solución sea verde, por lo que se descartan los toldos de Zoido (una fórmula de la que se llegó a hacer una recreación virtual) y se orilla la apuesta por las pérgolas que se siguió en lugares como la estación de Santa Justa. Los técnicos aconsejan que se estudien bien los usos y los tiempos de la Avenida, así como las posibilidades técnicas de construir alcorques para no descartar la plantación de árboles en superficie. La solución no afectará en ningún caso al tranvía, ni a las terrazas de veladores que finalmente se autoricen, una vez que sea fijado el diseño definitivo de la Avenida al respecto, pues el actual gobierno local promueve una reducción de mesas y sillas en zonas específicas del centro. La Avenida, si se cumple el deseo del alcalde, tendrá más sombra y menos veladores antes de que concluya su mandato.

Espadas es contrario a levantar el suelo por mucho que el informe sobre las conducciones subterráneas lo permitiera. Los alcorques están descartados, pese a que se trataría de la mejor solución a largo plazo, pero obviamente la política juega siempre en los terrenos de los tiempos cortos. El modelo para la Avenida es el que ya se aprecia en la calle José Laguillo: grandes árboles plantados en macetones de gran tamaño. Pueden ser almeces, laureles de Indias e incluso naranjos.

Se calcula que harían falta un mínimo de 80 árboles de al menos ocho metros de altura. Los macetones permiten ser retirados en días de Semana Santa para no afectar a las parcelas de sillas de la carrera oficial, al igual que se hace con otros obstáculos de mayor tamaño como los quioscos de prensa. El gobierno no descarta negociar con el Consejo de Cofradías una mínima reducción de sillas en algunas parcelas si fuese necesario. A la hora de plantear la idoneidad del naranjo se alude a la configuración del Patio de Banderas, donde se consigue una sombra aceptable en un espacio urbano diáfano a base de una adecuada alineación de árboles de esta especie, unos árboles que bien cuidados pueden llegar a tener copas de muy considerable tamaño.

El reto está asumido: una Avenida con sombra en 2019 como muy tarde. Los técnicos que asesoran a Espadas califican el objetivo de urgente. Quizás, vista la experiencia, lo importante sea no repetir el error de la Encarnación, Almirante Lobo o el de la propia Avenida en su supuesta peatonalización. La Avenida ya está suficientemente chabolizada y afeada. Dejarla peor será difícil, aunque esta ciudad a veces resulta como el cubo de la ropa sucia: siempre le cabe más. Y como el cateto que exhibe la VISA platino y, como en el anuncio de televisión, sufre después en silencio las hemorroides de los intereses.
Calle José Laguillo

¿La Alcaicería o la Antilla?

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2016 a las 5:00

alcaicería
La ciudad está afeada por acción de los gobiernos o de los administrados, que no toda la culpa es de los alcaldes de turno y los lumbreras que los rodean. Hay calles del centro que son más horripilantes ahora que cuando gobernaban PSOE e IU, que fue la unión de dos partidos más mortífera para el patrimnoio histórico en una ciudad cuya economía pivota en el turismo. Descontamos al PP porque sencillamente no hizo nada con el casco antiguo: ni frío ni calor. Y escrito está que los tibios serán expulsados… en las urnas. Pero Monteseirín y su espíritu reformista erosionaron para siempre el conjunto histórico declarado de la ciudad. En algunos casos de forma irreversible. Algunos fines buenos, como acabar con la agresion que sufría la Catedral por la polución que generaban los autobuses, tuvo finalmente el efecto perverso de convertir la Avenida en uno de los lugares más inhóspitos para el peatón. Yfeos, muy feos. Los pavimentos de calles como Alcaicería o la Plaza de la Pescadería tornaron en cutres, de estética tan guarrindonga como esos aceros chorreados de la nueva arquitectura. A las acciones de los gobiernos hay que sumar las de los particulares, caso de los comerciantes que convierten una de las calles de más sabor del centro en un paisaje más propio de la Antilla. Quien saca un perchero y lo cruza directamente en la zona de paso de los ya de por sí sufridos viandantes demuestra carecer de sensibilidad, como también lo demostraron el tío que levantó la calle para colocar un firme tan asqueroso, los señores de la comisión de Patrimonio cuanto autorizaron el mamarracho de la calle Santander o el Ayuntamiento que sigue dando el visto bueno a tantos comercios de estética agresiva junto a los principales monumentos de la ciudad. ¡Qué bonita es la estridente Jabuteca a la vera del barroco del Salvados! Ve uno los jamones y se acuerda irremediablemente… de los cerdos.

Sevilla, se alquila

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2016 a las 5:00

TORRE DON FABRIQUE_CONCIERTO
La vieja dama reunió a la familia en el salón de suntuosidad ajada, dorados apagados y vitrinas con platería enlutada por el paso del tiempo. Hacía ya unos años que el marqués se llevó para siempre la llave de la despensa y que el albacea había procedido conforme a lo expresado por el causante y, también, en función de criterios avaros, que ya se sabe qué parte corresponde al que reparte. La vieja dama toma asiento en la silla isabelina, reposa los antebrazos en la caoba de la mesa con esmero para no arrugar el paño de encaje, pierde la mirada en el lienzo de un antepasado con monóculo y bigote de húsar, y comunica a la descendencia:

–Ahora mismo no hay para pagar el próximo recibo del IBI. Os recuerdo que son 18.000 euros. No hay otro remedio que tomar de una vez la decisión.

Yla vieja dama, que ausculta con precisión los tiempos y siempre ha vivido con los pies en el suelo y atenta a la actualidad, pide la venia para alquilar varias partes de la hacienda para bodas y otros actos sociales. El vestíbulo cubierto es muy amplio para los cócteles en días de lluvia, de pie caben fácilmente trescientas personas. En el apeadero pueden servirse los aperitivos de bienvenida en primavera y verano. Las caballerizas, bien arregladas, son idóneas para el gran comedor. Siempre habrá algún gracioso que refiera eso de yantar donde en otro tiempo se han alimentado las bestias, pero Sevilla es la ciudad de la guasa. La mayoría se pirra por estar junto al noble al mismo tiempo que se regodea en sus penurias. Yel almacén, con una pequeña reforma, sirve para las horas de barra libre.

Sevilla es Tara, quemada por la guerra de la crisis económica, con los cultivos arrasados y las cortinas hechas jirones. El alcalde es Scarlett O´Hara en lo alto de un velador:“A Dios no pongo por testigo porque no me deja rojo sevillano ni los chicos de Participa, pero juro que no volveré a pasar hambre”. Y Juan Espadas, dispuesto a todo para reactivar la economía local, pone las zonas nobles de la ciudad en alquiler para cócteles y banquetes. Así recaudará 900.000 euros, casi lo mismo que el millón anual por las licencias de los veladores. Con Espadas será posible dar una copa de empresa en la Puerta de Jerez, donde el catálogo municipal dice que el primer atractivo es la fuente de Híspalis, la que parece sacada de un tanatorio del Aljarafe construido en tiempos de pelotazos urbanísticos con edil de Urbanismo imputado. También se podrá presentar un modelo de coche de alta gama con pedazo de cena para diez mil comensales en la Plaza de España. ¿Prefiere presentar su nuevo perfume en los Jardines de Murillo y tener luego varias mesas altas para servir el Möet Chandon? En este caso lo recomendable es limpiar previamente las ratas allí empadronadas, las de cuatro patas quiero decir. Si lo prefiere, ese acto social que siempre había soñado puede tener su marco incomparable en la ciudad de los marcos incomparables: en los Baños de la Reina Mora, en la Plaza de América (“¡Yo lo vi primero!, dirá Mario Niebla del Toro con el turbante y sus invitados de postín) o en la Alameda de Hércules, la que Monteseirín alfombró de un amarillo más feo que un chino con fiebre, y Zoido directamente no supo qué hacer, entretenido en pensar si estaba bien sujeta la placa que conmemora que un día inauguró un bacalao en Argote de Molina. Literal: un bacalao.

Sevilla se alquila para fiestas como la hacienda de la familia noble venida a menos. Arrendamos los escenarios de la grandeza que un día habitó entre nosotros. El márketin es cruel como un niño y nos dice las verdades: somos un gran salón de celebraciones, los hosteleros de Europa. ¿No montamos un horror llamado Munarco por ser la ciudad de la Semana Santa por antonomasia? Pues vendamos Sevilla como un gran velador. Yel Ayuntamiento, como la familia que tiembla con sólo imaginarse en el BOP por no pagar el próximo IBI, ha hecho el catálogo de plazas y edificios aptos para festines. Pero, ay pena, penita, pena, se han olvidado de la Plaza de San Francisco como la joya de la tatarabuela que no se alquila. Orgullo se llama. Claro, la Plaza de San Francisco ya tiene arrendatario con jaimas y mesas altas desde hace años. Que cambien la letra de la leyenda sobre la ciudad. “Monteseirín me transformó, Zoido me cercó de veladores y mesas altas y Juan Espadas me alquiló pa banquetes y otras gracias”.

Gadafi en el Laredo

Carlos Navarro Antolín | 3 de enero de 2016 a las 5:00

laredo1
SI la calle era de Fraga, la Plaza de San Francisco es de Robles. Esta plaza es como el salón de su casa. Ríanse del Salón de Écija, que es como llaman los astigitanos a la zona cero de su vida urbana. La Plaza de San Francisco es el salón de Robles. Y en su salón hace uno lo que quiere: cambia los muebles, tira tabiques, levanta paneles, coloca estufas nuevas, pone y quita la alfombra, combina los distintos tipos de sillas. ¿O no? La arquitecta Lola Robador, que tan brillantemente contribuye a la restauración del Ayuntamiento, explicaba esta semana los valores del edificio, su historia, los detalles recuperados, su relación con el entorno. Y hubo varios oyentes que nos quedamos con las ganas de que diera detalles de la jaima de Robles, la que montó la otra noche en el antiguo Laredo, en la misma noche de Nochebuena, de una Nochebuena sin misa del gallo tras la cena pero cargada de gallitos. Si usted quería cenar en la Plaza de San Francisco a unas horas tan señañadas después de oír el mensaje del Rey en el Palacio Real, disponía de una jaima como la que Gadafi se hacía montar en La Boticaria, calentita, calentita, a mesa y mantel, con camareros y con la intimidad parcial asegurada, esa que permite ver sin ser visto.

¿No colocan los manteros de Tetuán y Velázquez un chivato en la esquina que avisa con un silbido de que llegan los señores de la Policía Nacional o los muchachos de la Policía Local? Pues Robles debe tener su silbador la mar de bien adiestrado, que avisa que ya se han ido los inspectores de Urbanismo a cenar el pavo trufado. Vamos, que llevan cenando y haciendo la vista gorda desde que Monteseirín era alcalde, pues Alfredo le aplicó a la perfección eso de al amigo todo, al enemigo nada y al indiferente la legislación vigente.

–¿Y Zoido no hizo nada, oiga?
–Era más de La Raza, aunque al final del mandato les mandó la carta de desahucio. ¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Sevilla debe ser la única capital de España en que los inspectores de la vía pública no trabajan por las tardes ni los fines de semana.
–¿Me lo repite?

Cuando más ruido urbano se genera, del que pone de los nervios a los vecinos, es precisamente cuando no hay inspectores. Los turnos de descanso los carga el diablo. Se sortea un fin de semana en Rota entre quienes vean a un inspector de veladores pasar por el centro en hora punta, en prime time de turistas con los pies por lo alto en un asiento, pidiendo platos cargados de zanahorias ralladas con riachuelos de vinagre de Módena.

La ordenanza reguladora de las terrazas de veladores, aprobada con carácter definitivo en el Pleno de abril de 2013, cuando gobernaba la ciudad el gobierno planito del PP, establece bien claro:“En ningún tipo de instalación, ya sea enrollable a fachada o aislada de la misma, se podrá disponer de elementos verticales que puedan hacer de cortavientos en todo su perímetro”.

–Oiga, eso va por la jaima de Gadafi, que diga de Robles. Y de elementos verticales no sé, pero de elementos a secas le puedo hablar de unos pocos.

Uno se pone a buscar las disposiciones adicionales, cláusulas, excepciones o anotaciones marginales, y no termina de encontrar que Robles tenga privilegios, que los tiene, porque los tuvo con Monteseirín (cual tabernero del régimen), los tuvo con Zoido y se ve que los mantiene con Espadas. Y los 31 concejales de la corporación municipal pasando cada día por la plaza. Son todos miopes, todos.

Si Chávez es un pajarito que se aparece a Maduro, Gadafi cualquier día aparece en la jaima de Robles para recibir a Aznar, que ya se sabe el poco reparo que tuvo el ex presidente español en entrevistarse en aquel hotel alcalareño con un líder tan democrático y amigo de los consensos como el libio.

Lo más chic de la hostelería no son las placas que generan calor a bajo precio en lugar de las estufas que chupan butano, ni los cubos recogebasura de los veladores, ni que te presten con gentileza una manta para el frío como en Madrid, ni que el camarero anote la comanda en el ipad. Lo más chic es que el metre pregunte a los señores:“¿Comerán en la barra, en mesa interior o prefieren la jaima?”

No sabemos dónde está la cubierta de la final de la Davis, pero mira que si la jaima de Nochebuena fuera la de Gadafi… Y Lola Robador venga a explicar el plateresco y el renacentista, venga a dar detalles de los arcos y las decoraciones recuperados. Y ni pío de la jaima, que es el nuevo valor añadido en esta Nochebuena sin inspectores, sin Dios, y sin curas queriendo decir la misa a las doce de la noche. La Navidad de Espadas trae la jaima como nueva atracción, oiga, en todo un ejemplo de colaboración pública y privada. Qué calladito se lo tenía Antonio Muñoz, delegado de Hábitat Urbano y de Jaimas Consentidas, que en la nueva oferta de Sevilla en Navidad (tan laica, laiquísima, como Susana dijo que era roja, rojísima) se puede cenar en una jaima en plena Plaza de San Francisco en la noche más familiar para el orbe cristiano. Y en Nochevieja, por cierto, hubo reptición de la jugada.

Cuando media España pleiteaba con los cuñados, Robles colocaba otra pica en su plaza. La calle era de Fraga, menos la Plaza de San Francisco de Sevilla, que es de Robles. Tiene que estar su nombre puesto hasta en el Registro de la Propiedad. Unos alcaldes vienen y otros se van, Robles siempre está. Yo estoy por pedir mesa en la jaima estos días de Pascuas y esperar a ver si llega antes un inspector de Urbanismo o la cruz de guía de una cofradía pirata. Tanto quebrarse las autoridades municipales la cabeza para que el personal no se cuele en el tranvía, y resulta que les montan una jaima a los pies del Salón Colón, donde se sientan sus 31 señorías a tirarse pelotas de papel, y nadie dice ni mú. Estarían todos en misa. Del gallo.
laredo2

La enmienda del Alcázar

Carlos Navarro Antolín | 13 de octubre de 2015 a las 21:16

Real Alcázar  Espadas informa de una reunión con los alcaldes de la primera corona metropolitana
SOLEDAD Becerril dio la espantá del patronato del Alcázar cuando Monteseirín, en tiempos de convenios urbanísticos, delirios de PGOU y otras vacas gordas, se inventó el desvío de fondos del monumento para costear restauraciones y otras ocurrencias en la Casa Consistorial. Aquellos años 2003, 2004 y 2005 sobraba dinero en la caja municipal. Un político con dinero tiene más peligro que un cofrade con la tarde libre. Soraya Sáenz de Santa María lo confesó en El Hormiguero antes del baile: “Tiene que ser una gozada gobernar con dinero. A nosotros no nos ha tocado”. Monteseirín vivió en un gozo continuo. Superada la crisis del 92, contó como impulso inicial de su mandato con el Mundial de Atletismo del 99 y, después, con los años del boom económico del ladrillo. La resaca de la Exposición se la chupó Soledad Becerril apagando luces del Ayuntamiento para no gastar, salvo en los últimos días que quiso levantar un gran edificio municipal en el Prado, pero si a Felipe le faltó una semana de campaña y un debate en las generales de 1996, a Soledad le faltaron unos meses como alcaldesa en 1999 para inaugurar aquella obra que abortó Monteseirín. La segunda gran resaca, la del ladrillo, se la ha pasado Zoido en un permanente y perfecto estatuario para no llevarse ninguna andanada. Los dos alcaldes del PP que ha tenido la ciudad han gobernado sin gozos. Tampoco sombras.

Monteseirín se levantaba cada mañana con una idea, digámoslo así. Un día se le ocurrió terminar con el exorno plateresco de la fachada del Ayuntamiento, la que da a la Plaza de San Francisco, al igual que Salamanca va rematando los medallones de su Plaza Mayor con nuevos personajes. ¿De dónde sacar el dinero para ese proyecto? Una mente preclara lo iluminó: del superávit del Alcázar. Y reformó los estatutos del patronato. El catedrático Vicente Lleó dimitió. Y Soledad Becerril y Jaime Raynaud también. Pero como no se trataba de las dimisiones de hermanos mayores, a la ciudad le importó un pimiento (morrón)la marcha de ambos. Lo mejor de la carta de renuncia de la ex alcaldesa y ex ministra de Cultura fue la comparación que hizo: “No es conveniente que sobre el Alcázar se haga recaer la conservación de la Casa Consistorial porque es como si sobre el Museo del Prado recayera la conservación de la Casa de las Siete Chimeneas, sede del Ministerio de Cultura”.

Diez años después de aquella reforma estatutaria, el alcaide del Alcázar, Bernardo Bueno, confirma que el gobierno está dispuesto a cortar el desvío de fondos del Alcázar para pagar las restauraciones del edificio noble del Ayuntamiento, una enmienda en toda regla a una de las principales reformas del anterior alcalde socialista. El Alcázar ha generado hasta ahora 1,1 millones de euros que se han empleado en mejoras de la Casa Consistorial, donde en los últimos meses de Monteseirín faltaba el papel higiénico.

Bernardo Bueno, socialista sevillano de la vieja guardia, defiende con todo acierto el retorno al plural en la denominación del conjunto monumental. Esta ciudad tiene 13.000 veladores, una Catedral y unos Reales Alcázares, al ser una suma de palacios de diferentes períodos. Si Bueno anuncia que las cosas volverán al statu quo previo a la reforma de Monteseirín, hay que darlo por hecho. Porque cada vez que hay marejada en el PSOE sevillano, alguien que sabe dice que hay que mirar en qué bando está Bernardo Bueno. Su bando es siempre el que gana.

El gris de Espadas y la herencia de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 11 de septiembre de 2015 a las 5:00

ELECCIONES. Tiro de línea. Barriada Felipe II. Tercera Fase. CAl
UNA forma de cumplir las bodas de plata como político en activo es guardar la disciplina en el carril gris. El color de la longevidad en política es el gris. Sé gris y échate a dormir. Manuel Chaves se estrenó como político en 1977. Y fíjense: ha estado hasta antes de ayer por la mañana en el machito, del que se ha despeñado por empeñarse en alargar su trayectoria pública. Otro gallo le hubiera cantado si en vez de coger el Ave a Madrid a trincar el caramelo envenenado de aquella Vicepresidencia Tercera, se hubiera quedado en Sevilla echando tardes de tranquila lectura en el Avelino de Heliópolis. Quien se queda en el foco más tiempo del debido corre el riesgo de achicharrarse. Es la factura de estar expuesto. Por eso mismo Monteseirín aconsejaba en días de polémica a algunos de sus colaboradores: “Tápate, tápate”. El andalucista Rojas-Marcos, en cambio, era partidario de quemarse en la parrilla de los proyectos megalómanos y aventuras imposibes. Rojas-Marcos será de todo, pero nunca un gris.

Juan Espadas está punto de cumplir los cien días como alcalde, un período de paz donde su principal adversario ha sido él mismo, con el tope de sueldo impuesto para la contratación de gerentes y asesores, con declaraciones difusas sobre las próximas ordenanzas fiscales y con la creación de polémicas estériles como la del numerus clausus de los concejales en la procesión de la Virgen de los Reyes. Por cierto, que en la misa de renovación del voto a la Hiniesta Gloriosa no ha habido tijeretazo a la Corporación bajo mazas. Espadas ha debido entender que este acto en San Julián, con escasa trascendencia mediática, equivale a una novillada sin caballos, por lo que sólo merece la pena meter la tijera en los festejos de abono: Virgen de los Reyes y Corpus. ¿No se trataba de regular la presencia institucional en actos religiosos? Tan religioso es el Día de la Virgen (con pontifical posterior) como la eucaristía ante la Patrona del Ayuntamiento. ¿A ver si resulta que sólo limitamos los concejales (del PP) cuando hay procesión y, por tanto, una elevada cantidad de público? Tadeo, Tadeo, que te veo…

Sigamos con lo de los sueldos por lo bajo. Emasesa está sin consejero delegado. Ha habido que habilitar a un directivo de la casa para que firme los papeles de forma interina. Lipasam también vive un período de sede vacante. Ha tardado tres meses en encontrar un gerente para Tussam, cuyo perfil obliga a una reforma de estatutos porque el elegido carece de titulación, mientras los sindicatos hacen público su deseo de que siga el gerente de la etapa del PP. Que unos sindicalistas elogien a un gerente suena a los republicanos encantados con un Rey, o a los ateos que echan flores a un Papa.

El alcalde de Sevilla cobra muy poco para la responsabilidad que asume. No llega a 60.000 euros. Pero la demagogia imperante, cuyos cimientos han levantado los propios políticos, impide afrontar una subida de sueldo. A nadie se le ocurre mentar la bicha. Espadas, él solito, se metió hace cuatro años en el lío de prometer que por encima del Rey, ninguno. Por encima del sueldo del alcalde, nadie. Y así está la corte: de medio pelo y a medio terminar.

Al margen del tiro en el pie por la cuestión de los sueldos, Espadas genera un ambiente de grises donde se mueve cómodo. El gris es su hábitat, dicho en terminología de Antonio Muñoz, delegado del ídem. Zoido no deja de ser también un político gris en la gestión, pero su populismo en tiempo de promesas generó unas expectativas que terminaron pasándole una dolorosa factura: 60.000 votos menos. Un político del PP con despacho en el Norte aseveraba días atrás: “Jamás hemos tenido una referencia tan fuerte el Sur y qué poco nos ha durado”.

Gris fue Espadas en la oposición, donde sólo subió el tono levemente en el último tramo, y grises han sido estos cien días, sin protestas sonadas de sindicatos en la Plaza Nueva. A Espadas, además, no le falta la pizca de suerte del recién llegado al cargo. El alcalde tiene debilitado al sindicato de policías locales, la bestia negra de todos los alcaldes, seriamente en jaque por el amaño de las oposiciones.

Cuando comience la lista de reproches por los mil defectos de la ciudad, que no tardará en empezar, y cuando algún miembro de la cuadrilla se resbale en el albero de la política, Espadas sufrirá como todos los alcaldes. A su favor juega que en la mayoría de los casos, nadie podrá decirle que prometió el Pompidú, piscinas fluviales en el río, poner sombra en la Avenida, acabar con los veladores o ser el alcalde del empleo. Una de sus grandes ventajas ahora mismo es la herencia de Zoido, el alcalde caracterizado por la hiperactividad social y un balance demasiado pobre en función del altísimo poder político otorgado por las urnas. Cierto perfil de sevillano ha acabado empachado de alcalde tras el mandato anterior. Y ahora mismo no digiere nada mal a un alcalde que sabe a tortilla francesa y manzana tras un atracón de carbohidratos. El pueblo es así de cruel. La auténtica fiera no ruge en los tendidos, sino en las urnas. Y Sevilla guarda mucha crueldad en su interior.

A Espadas, por el momento, le basta con no estar presente en mil actos inútiles, lograr materializar algún apoyo de la Junta, no incurrir en anuncios difusos sobre subidas de impuestos y mantener calmados a los dos partidos que le prestaron las muletas en la investidura. Con el paro en reducción, el país atento al sonajero de las elecciones, el PSOE sin remontar el vuelo en España y el apoyo de Susana Díaz, el alcalde de Sevilla tiene fácil vivir de la herencia y seguir jugando al gris. No es que el alcalde se tape, es que está tapado, porque así viene de fábrica.