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El portaaviones Colón

Carlos Navarro Antolín | 11 de junio de 2017 a las 5:00

portaaviones colon digital

SEVILLA no tiene playa por mucho que Alejandro Rojas-Marcos se empeñara. Aquí las olas son de calor, las oleadas son de robos en los comercios de Regina y los oleajes, fuertes oleajes, son en la Madrugada que perdimos. Sevilla cada vez tiene la Feria más larga y la sombra más corta. Sevilla no tiene un urbanismo suave pese a que la ciudad se somete a su particular travesía del desierto durante seis meses, somos peregrinos bajo un sol despiadado en la ciudad donde se fundó Quitasol, sublime contradicción. La sombra vendo, la sombra nos arrebatan. No hay Leopoldo que nos eche el toldo. Somos el sol, vivimos con el sol, nuestra cultura es de sol, de aire libre. Nuestro modo de vivir es en la calle, nuestro concepto de uso de los espacios públicos forma parte de la identidad colectiva. La ciudad, sus hábitos, van en un sentido mientras los responsables de diseñar las calles y plazas recorren justo el opuesto. Choque frontal entre el sentido común y el disparate. La Gerencia de Urbanismo y la ciudad parecen vivir en un divorcio perpetuo. El urbanismo de Manuel del Valle nos dejó una ciudad endurecida que Soledad Becerril trató de reparar con los jardines del Prado. El de Zoido nos ha legado un Paseo de Colón árido, una suerte de segundo capítulo de la barbaridad de la Avenida de la Constitución que perpetró el equipo de Monteseirín. Este Paseo de Colón es un perfecto portaaviones con pista expedita para el despegue de turistas con la piel enrojecida, salmonetes de mochila, chanclas y botella de agua. Los técnicos de la Gerencia de Urbanismo son fieles seguidores del mininalismo de estilo NH, de la arquitectura tipo tanque de tormenta y, por supuesto, de extensiones de terreno sin un palmo de sombra, todo lo cual rematado con un sonriente autorretrato que se guarda en los archivos del organismo autónomo cuando la fotografía debería estar en la galería de los horrores. ¿Para cuándo la medalla de oro de Sevilla a la Gerencia de Urbanismo por recrear el primer portaaviones netamente hispalense? Dicen que Sevilla es un estandarte de la industria aeronáutica, pues también lo es de la naval en pleno casco antiguo. Aquí seguimos teniendo los astilleros bien cerquita del río, hemos fabricado un insufrible portaaviones junto a la Torre del Oro, Arenal de Sevilla, como se fabricaban los barcos en las antiguas Atarazanas.

En este portaaviones sólo se echa en falta algún material de hierro chorreado tan de moda en los arquitectos de la post-Expo. El hierro chorreado vale para una casa de hermandad (Candelaria), un restaurante (la visera del Abades), una parroquia (San Vicente) o cualquier plaza dura (bajos del puente del cachorro , junto a la estación de autobuses Plaza). El hierro chorreado es la maldición del tiempo que nos ha tocado vivir, como lo son el cemento sin ninguna muestra de misericordia en forma de agua y sombra. Alejandro soñó la playa, Zoido inventó una Navidad con camellos y sólo le faltó prometer que acabaría con el calor.
Sevilla es una ciudad sin oasis donde el trazado urbanístico de la Judería nos enseñó hace un puñado de siglos cómo ganarle sombra a la ciudad del sol. Pero preferimos no aprender del pasado e inventar nuevos errores y perseverar en ellos. Yhasta jactarnos con un autorretrato que –ya que está la plaza de toros tan cerquita– es todo un pase de la firma que sólo merece una lluvia de almohadillas procedentes del graderío, del graderío del sol, naturalmente. Porque de la sombra, ni mú. Silencio. No existe. Ni se le espera.

Zoido fue un visionario. A falta de sombra trajo camellos. Fue el que tuvo claro que buena parte de Sevilla se había convertido en un desierto gracias a la gestión de gobiernos de diferentes colores. Y decían que no tenía modelo de ciudad. El portaaviones Colón es el mejor símbolo de la gestión de los espacios urbanos de los últimos 25 años. Quiten a San Isidoro y San Leandro del escudo de la ciudad como pretende la izquierda rancia, y pongan cemento y un camello. Hay que jorobarse.

 

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Los maitines de Zoido en las caracolas

Carlos Navarro Antolín | 23 de junio de 2014 a las 12:46

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, visita la calle Amador de los Ríos junto al concejal delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, y la concejal delegada del Distrito Nervión, Pía Halcón. En la calle Amador de los Ríos, esquina Alonso de Or
Tres lunes seguidos a primera hora. Tres lunes a la sombra de las caracolas. Tres lunes donde habita la colonia de gatos (miau) y aún quedan dos patos (cua) en el estanque central. El alcalde le ha cogido afición a arrancar la semana lejos de la Plaza Nueva. Zoido se desplaza hasta la sede de la Gerencia de Urbanismo para controlar personalmente la tramitación de proyectos que considera claves en los nueve meses hábiles que restan de mandato. Zoido prepara el parto electoral allí donde se cuece lo poco de macropolítica a la que están capacitados los ayuntamientos de hoy y casi toda esa micropolítica que es el principal asidero para su marca personal en Sevilla. En la sala de juntas de la caracola número uno se reúne a puerta cerrada para sus particulares maitines con el concejal de Urbanismo, Maximiliano Vílchez; su jefe de gabinete, el inseparable Alberto Díaz; el gerente del organismo autónomo,Alberto de Leopoldo, y los dos directores del organismo autónomo: Manuel Valdivieso (área administrativa y económica) y Jorge Almazán (área técnica).
La buena noticia es que la Hacienda local librará tres millones de euros para que la Gerencia pueda arreglar los pavimentos de muchas barriadas, todo un regalo para una Gerencia que sólo disponía de 14 millones de euros para inversiones, una partida de la que tienen que salir las ayudas a la rehabilitación de los templos, las demoliciones de los bloques de Los Pajaritos y tres millones ya reservados para el vallado de la superficie de 700.000 metros cuadrados de la Zona Franca, que es la aportación que hace el Ayuntamiento al proyecto, y de cuyo proyecto ya han informado favorablemente la Guardia Civil y el Servicio de Aduana, por lo que sólo queda el visto bueno del Puerto. El próximo Pleno aprobará la correspondiente modificación presupuestaria para que Urbanismo coja aire y los vecinos puedan apreciar esa política de infantería por la que se pirra el alcalde (barrenderos, policías y albañiles sobre el asfalto).
Las otras buenas nuevas son que todo marcha para que el otoño arranque con el mercado gourmet de la Nave del Barranco a pleno rendimiento. Yen los siguientes meses, siempre antes de las elecciones, deben comenzar las obras de los proyectos privados de la antigua estación ferroviaria de Cádiz (su conversión en centro deportivo) y del mercado de la Puerta de la Carne (otro mercado gourmet con usos culturales añadidos). El alcalde está muy encima del segundo, del que en breve quiere que sea presentado a los medios de comunicación con todo detalle. De hecho, su deseo hubiera sido presentarlo ya, pero no estaba todo amarrado y ha preferido esperar. Y también antes de las elecciones quiere abrir al público la antigua Fábrica de Artillería, una vez que la Gerencia concluya el saneamiento de las cubiertas y la instalación de un sistema de recogida de aguas propio (450.000euros) y quede planteada la rehabilitación de la zona conocida como la catedral (1,5 millones). Poco más.
El vallado de la Zona Franca estará listo antes de mayo, pero no es precisamente un proyecto para el lucimiento. Al igual que ocurrirá con la demolición de los bloques de Los Pajaritos y la licitación de las 512 nuevas viviendas, un proyecto en el que Zoido tiene empeñada su palabra y en el que ha comprometido personalmente a la ministra Ana Mato, a la que en marzo de 2012 invitó a presentar el proyecto de nuevas viviendas municipales.
Todos los demás grandes proyectos no dependen directamente del Ayuntamiento. No habrá antes de mayo ni novedades de la SE-35 (un sueño celestial), ni segunda tienda de Ikea (el Ministerio aún tiene que responder al proyecto de vía alternativa que comunique los terrenos con la A-4), ni movimiento en la antigua fábrica de Altadis, ni el Paseo del Arte (el comienzo de la obra antes de las elecciones sería como encontrar el vellocino de oro), ni el supuesto auditorio en terrenos del Puerto, ni un uso definido para la antigua comisaría de la Gavidia, ni por supuesto el nuevo puente que se reclama para la Cartuja.
Los maitines de la Cartuja son una especie de administración de la pobreza en una Gerencia de Urbanismo que saca los matasuegras y los gorritos para celebrar la llegada de tres millones más para la reparación de calles y que sólo en 2007 daba licencias para obras por valor de 1.500 millones de euros. Del cuerno de la abundancia a los dos patos del estanque. Cua, cua.

Beltrán, el concejal Cillit Bang

Carlos Navarro Antolín | 26 de junio de 2012 a las 19:33

La tableta del portavoz del gobierno local, el profesor Pérez, en su prédica de los viernes de precepto en el Laredo, que resulta una cita mucho más amable y risueña que las de Soraya desde la Moncloa en el canal 24 horas de TVE, tiene ya un competidor estético en claro avance en la Plaza Nueva. El portavoz Pérez mete el dedito en el ipad que da gusto. Y el otro Pérez del gobierno, Beltrán, se ha aficionado a convocar a la prensa en el llamado salón comedor, donde no se yanta porque este gobierno anda corto de jamar pese a que alguno tiene dados dos golpes más de bimba que hace un año. Beltrán se remanga la camisa y se hace la foto en ese salón comedor junto a sus alcaldes de barrio y parece el mismo Obama en el despacho oval. El ala oeste de la Plaza Nueva. Qué foto más estudiada, qué diagonales, qué composición barroca, qué juego de brazos, qué corbata más natural en su caída y en su nudo, qué cruce de miradas, qué señores más serios…Y todo para anunciar 40.000 reparaciones en los barrios (¿barrios que perdimos?) por valor de 400.000 euros. Pero cáspita, si están cuadradas hasta las cifras. Qué casualidad, qué redondo todo. A este Beltrán del salón comedor sin manjares sólo le falta la llave inglesa de Pepe Gotera y Otilio, la gorrita y vámonos para los barrios, señora, que yo le arreglo el bache de la puerta de su casa en un santiamén. En el reparto de caramelos, fíjense que este concejal en versión Cillit Bang prima los distritos Este y Cerro Amate, donde curiosamente dicen que el PSOE recupera apoyos, que se llevarán 90.000 euros en reparaciones. El que menos, el de Los Remedios, con sólo 24.300 euros, que es el distrito electoral donde el PP recibe más votos en toda España. ¿Vuelta de tuerca a la estrategia de la micropolítica o el mismo complejo de siempre del centro-derecha? Currito, dale al dedito. Y con Beltrán, los baches se van en un bang.