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El arriolo del palomar

Carlos Navarro Antolín | 17 de enero de 2016 a las 5:00

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LA oposición desgasta más que el poder, sobre todo por la cantidad de horas libres que se tienen para tomar café en los alrededores del Ayuntamiento. Nos seguimos preguntando hoy: ¿A qué se dedicaban los 50 diputados del PP en el Parlamento Andaluz que formaban la particular armada invencible de Arenas, derrotada en la tormenta de la silla vacía del debate? Hoy contemplanos con inocente curiosidad la labor de los doce concejales del Grupo Popular, que ha menguado de veinte a doce como mengua un chaleco de mercadillo tras el primer lavado, con más pelotillas y menos asesores. Los pelotillas no faltan ni en el grupo… Ni en lo chalecos. Aquí mostramos a qué se dedica alguno de los ediles de Zoido: a trazar el camino para que el ex alcalde recupere el bastón en 2019 y ponga a punto la ciudad para 2029. ¡Zoido por fin encarga la elaboración de un modelo de ciudad! Con la de años que despotricó de la teoría del modelo, ahora ya tiene uno. El profesor Curro Pérez ya maneja un borrador con las 92 medidas –¡que son 92 oiga!– para que el zoidismo levante el vuelo. Ya sabemos la razón por la que el aparato del PPno quería a Pérez como portavoz adjunto:para que se dedicara a ejercer de arriolo del palomar, como hace Arriola, el marido de Celia Villalobos, en los despachos de Génova desde hace años, a pesar de sumar más batacazos que éxitos. Si Landa era el intelectual del zoidismo, Pérez es el arriolo, el pensador, el mariscal, el druida que tiene la poción mágica para entonar el volverán banderas victoriosas. Del cómo aprender inglés en tres semanas, al cómo volver a ser alcalde en cuatro años y estar diez más en el cargo.

Me encanta la terminología que emplea el profesor Pérez, por el que es pública mi simpatía, en el documento más valioso nunca conocido en la política municipal. Tengo debilidad por los DAFO, el área controler y, sobre todo, por las líneas verdes, rojas y azules que son la base de una política carioca. Pero no carioca por sus connotaciones brasileñas con recuerdos al cónsul socialista Blas Ballesteros, sino carioca por la de rotuladores de colores que nos va a hacer usar este Panoramix del palomar de aquí a 2029.

¿Y qué me dicen del “agosto de vacaciones”? Eso es precisión, oiga. Y el guiño a la Sevilla costumbrista entre tanto término de escuela de negocios ochentera tiene su valor añadido:“Día de la copa de la Velá de Triana”. ¿La Velá es debilidad o es fortaleza en un análisis DAFO? ¿La falta de papel higiénico en los aseos del Ayuntamiento, por ejemplo, era una debilidad del final del monteseirinato? Está previsto hasta el período de elección del candidato de 2019, pero no dice si el líder regional Moreno Bonilla interviene en el proceso, a pesar de que estos días anda mosca con las referencias de Zoido a su autonomía en la decisión de presentarse de nuevo, o de elegir a su delfín cual Aznar con libreta azul. Cuidado con el malagueño que las mata callando.

Los concejales de Participa e Izquierda Unida se dedican a darle pellizcos de monja al alcalde. Y el alcalde está contentísimo con las ganas de Zoido de seguir hasta 2029. Dicen que Espadas ha descorchado una de Dubois para brindar por la ambición a largo plazo del líder de la oposición. Yen Sevilla, por fin, ya sabemos quién es el arriolo de Zoido. Lo que falta por saber es si el área controler asume el corte del salchichón en la copa de la Velá. ¿El salchichón es fortaleza o debilidad? Me alegro de que me haga esa pregunta.

Tercera dimisión en el PP en menos de seis meses

Carlos Navarro Antolín | 22 de diciembre de 2015 a las 5:00

: Sevilla : 30 SEV (Caja Negra
LO peor no es que un concejal se vaya porque su partido no ha conseguido el objetivo primordial: lograr el poder. Hubo varios concejales que se marcharon poco a poco, con la lenta velocidad a la que sale una cofradía de ruan con escasas parejas de nazarenos, cuando Soledad Becerril perdió el bastón de alcaldesa en 1999. Nada nuevo bajo el sol (del Plantinar). Lo peor no es que cunda el desánimo cuando se dilapida el mayor crédito político que ha logrado un político del centro-derecha en el Sur de España. Lo peor no es que el partido no acierte a levantar no ya la cabeza, sino las cervicales, en el contexto regional, ni que toda la estructura de poder nacional se sitúe en tenguerengue desde la noche del domingo, cuando nos acostamos sin saber quién dormirá en las Marismillas para escaparse del próximo debate (¿A dónde estaré, Dios mío, la próxima primavera?, cantan a Rajoy Los Romeros de la Puebla). Lo peor es que un político no cumpla la palabra dada, no recuerde una mínima declaración de intenciones escrita en la tarjeta de presentación escondida en el ramo de flores de cortesía. “Tengo claro que dejo todas las obras cuando sea concejal”, dijo en abril el arquitecto José Luis Vargas, fichaje estrella de Juan Ignacio Zoido en la lista electoral del pasado mayo. Eso proclamó al trascender en este periódico que la Gerencia de Urbanismo, presidida aún por el propio Zoido, había paralizado la obra de rehabilitación de la casa catalogada de la calle San Fernando, donde está prevista la apertura del Hard Rock Café, por falta de los preceptivos permisos legales. Vargas tomó posesión como concejal, ay fue en la oposición, y se olvidó de cumplir la palabra dada. No dejó los proyectos. Y comenzaron los problemas, sobre todo porque Zoido, ay de nuevo, lo metió como representante del Grupo Popular nada menos que en el Consejo de Gobierno y en la Comisión Ejecutiva de la Gerencia de Urbanismo. Lo tenía “claro”, pero la claridad es un concepto tan difuso, tan relativo, tan subjetivo, que lejos de olvidar los proyectos, se sentó en la mesa que se debatía sobre ellos, por mucho que se saliera de la sala en las votaciones.

–¿Qué es la claridad?
–¿Y tú me lo preguntas?

Vargas anunció ayer su dimisión en la reunión del Grupo Popular convocada para preparar el próximo Pleno. “Esperad, que José Luis os quiere decir algo”, advirtió un Zoido con la resaca emocional de una noche de escrutinio vivida en la sede provincial a puerta cerrada, lejos del líder regional, con el que se lleva bien para las fotos, pero mal para la melva. Vargas entonó el adiós alegando “motivos personales”. En la puerta estaba ya el recambio que todos habían podido saludar minutos antes:la combativa Evelia Rincón, especializada en la fiscalización de los gobiernos socialistas del tardoalfredismo.

A Vargas lo echan del palomar los expedientes del Hard Rock Café, sus continuas visitas al servicio de licencias para acelerar los permisos en su notoria doble condición de edil y arquitecto del proyecto, las denuncias de los vecinos al proyecto, la intervención del Defensor del Pueblo Andaluz y las críticas de reconocidos expertos en patrimonio a la reforma planteada en un inmueble de alto valor.
Cuando Zoido se presentó a la Alcaldía en 2007 tenía muy claro que la parcela de Urbanismo sería para alguien que no guardara la más mínima relación con los asuntos inmobiliarios. No gobernó, se reservó el nombre. Cuando en 2011 bebió del cáliz de la rotunda victoria, concedió la codiciada Gerencia al funcionario Maximiliano Vílchez, al que es cierto que no se lo conoció jamás ninguna confusión de intereses en cuatro años, ni tampoco grandes logros, más allá de poner de los nervios sin pretenderlo a Curro Pérez, que esperaba devorar él solito el gran pastel de la Delegación de Urbanismo y se quedó con la pobre piruleta del distrito Triana. Del urbanismo bajo sospecha del PA se pasó al urbanismo plano del PP. Zoido cambió de criterio en 2015 y confió los asuntos del ladrillo a un arquitecto con demasiados proyectos en curso. Se fue Fley y se acaba de marchar Landa, estrellas de 2011, y ahora se apaga la estrella de 2015.

En el PP hay quienes sienten bastante alivio porque temían nuevas revelaciones en las próximas fechas. Digamos que han sido “motivos personales”, tupido velo del que abusan los políticos. Que parezca un accidente. Y que haya café para todos. Pero que sea del Hard Rock, por supuesto. Y que siga la música. Tres en seis meses. Tanta claridad, confunde.

Zoido busca más sueldos para los concejales del PP

Carlos Navarro Antolín | 18 de julio de 2015 a las 5:00

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La oposición es dura. Quema. Pero sin encima es en condiciones adversas generadas por tu propio partido político (¡Al suelo, que vienen los nuestros!), la cuesta arriba se pronuncia tanto que conduce a un palomar donde hay que rezar para que funcione el aire acondicionado y hacer oposiciones para conseguir un despacho individual. La Ley Montoro –el tiro en el pie que se ha pegado el PP– restringe el número de sueldos en los ayuntamientos con el objetivo de racionalizar el gasto de las entidades locales, que se emborracharon de ingresos en los años de boom inmobiliario dejando en jaque las arcas del Estado. Se trata de una norma que en el caso de Sevilla solo concede salarios íntegros a 22 de los 31 concejales. Permite también trabajar fuera de la Plaza Nueva y seguir siendo concejal, incluso recibiendo un sueldo reducido del Ayuntamiento. He aquí la clave, para algunos. Yhe aquí el chollo, para otros. Esta opción se convierte en algunos casos en toda una oportunidad para cobrar en el trabajo de toda la vida y, al mismo tiempo, tener un sobresueldo público. Es lo que técnicamente se llama la dedicación parcial, que puede ser declarada en diferentes porcentajes: 25%, 50% o 75%. Hay que justificarla, pero para eso está la ingeniería política de colocar a los concejales aspirantes a sobresueldo en consejos de administración, patronatos, fundaciones, comisiones y otras sesudas instancias que generen esa sensación de frenética actividad que se haga merecedora de una retribución mensual.

El Grupo Popular tiene 12 concejales tras el batacazo sufrido en las últimas elecciones. La organización del nuevo Ayuntamiento, aprobada en el Pleno correspondiente, sólo permite que cinco de ellos cobren un sueldo íntegro (el 100%de lo estipulado), que son Juan Ignacio Zoido, Alberto Díaz, Gregorio Serrano, Beltrán Pérez e Ignacio Flores. Ahora mismo hay siete sin ningún ingreso municipal.

Zoido ha dirigido una carta al alcalde, el socialista Juan Espadas, en la que pide un sueldo en modalidad reducida para seis de esos siete concejales, por lo que solicita la dedicación parcial en diferentes porcentajes. El único concejal del PP para el que se no ha hecho ninguna gestión al respecto es Javier Landa, catedrático de Universidad, que parece que se conforma con su retribución como docente.

El objetivo está claro. El PP busca el ardid de las declaraciones parciales para asegurar un salario municipal para casi todos sus ediles. Varios de ellos tienen puestos de trabajo garantizados, por lo que los ingresos municipales se convertirán, en la práctica, en sobresueldos.

El salario de un concejal de la oposición en el Ayuntamiento es de 1.850 euros. Zoido pide a Espadas la mitad de ese salario (925 euros) para María del Mar Sánchez Estrella, documentalista en canal Sur; José Luis Vargas, director del estudio de Arquitectura Orfila 11;María Dolores de Pablo-Blanco, que antes de ser concejal procedía de la Empresa Pública del Suelo de Andalucía; Francisco Pérez, profesor de Derecho Administrativo de la Universidad Pablo de Olavide, y Pía Halcón, licenciada en Bellas Artes y restauradora de profesión. Hay un sexto concejal, José Luis García, ex presidente de Nuevas Generaciones de Sevilla, para el que se pide un 75% del sueldo, unos 1.390 euros mensuales.

La última palabra la tendrá el alcalde, Juan Espadas. El PP hizo una ley en pleno poderío electoral que convirtió la política municipal en una actividad mileurista. Ironía del destino, esa ley la firmó el número uno por la lista electoral de Sevilla: Cristóbal Montoro.

La utilidad de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 5 de julio de 2015 a las 5:00

08/05/2015: Explanada del Campo del Betis el vacino Lenin Castro hace
Estará en el puesto donde sea útil para Sevilla. Zoido ha trazado su propia hoja de ruta deliberadamente difusa, estratégicamente indeterminada e interesadamente opaca. Lo lleva haciendo varios meses. Envuelto en la bandera carmesí, ha dejado todas las puertas abiertas con una declaración vaga que tiene muy poco que ver con el Zoido de 2010, cuando con toda rotundidad dijo que si después de las elecciones de mayo de 2011 no era alcalde, dejaría la vida municipal. Lanzó la moneda sin ningún miedo y salió la cara de la Alcaldía. Vaya si salió. Ahora es distinto. ¿Quién, cómo y cuándo se decide la utilidad de Zoido para con Sevilla? La teoría de la utilidad del ex alcalde recuerda al cofrade de reconocido prestigio al que se le preguntaba cada año por pura cortesía en qué puesto de la cofradía quería salir. Y el cofrade, viejo en cuaresmas y zorro en política cofradiera, respondía como Zoido cuando le meten la alcachofa y no se atreve a decir que aguantará en el Ayuntamiento hasta 2019.

–Donde sea útil a la cofradía.

Y siempre le daban un puesto de relumbrón en el cortejo en reconocimiento a sus años de servicio. La junta de gobierno nunca tenía dudas sobre el concepto de utilidad que tenía aquel destacado cofrade. Pero cambiaron las juntas de gobierno, llegaron los jóvenes y un año le dieron una vara en un tramo perdido. Y ahí, en ese lugar donde no se otea el paso de Cristo, ni se oye la música del pasopalio, aquel hombre curtido en horas y oropeles se autodeclaró inútil para la cofradía. ¡Vaya por Dios! Para sentarse en una grada de sol, siempre había tiempo, debió pensar para sus adentros. Ya no era útil, qué desgracia. Ay, pena, penita mía…

Zoido está esperando un puesto, digamos las cosas claras porque el público no acepta milongas. Y el PP se lo dará, como se lo dio a Soledad Becerril en 2000, aunque la ex alcaldesa gozaba entonces de línea directa con Aznar, que logró ese año una mayoría absoluta trabajada después de cuatro años en minoría y posteriormente enterrada con la boda megalómana y pretenciosa de la hija en el Monasterio del Escorial. Zoido está a la espera de destino, como tantos otros dirigentes del PP, en la cola de Génova aguardando turno con el qué hay de lo mío con la de cosas que yo he hecho por este partido. La condición de líder de la oposición municipal es su única liana mientras se le hace hueco en la lista del Congreso de los Diputados o en la del Senado. Será Javier Arenas quien decida sobre la utilidad de Zoido, porque a Zoido sólo le cabe aguantar en el palomar, o salir de la Plaza Nueva para no volver. En todas las demás opciones, no es dueño de su destino. La teoría de la utilidad es la coartada, el argumentario para aguantar, la arquitectura teórica para sostener una situación a todas luces incómoda. Monteseirín aguantó en su día y no le dieron nada. Pero la alta cúpula del PP sí tiene claro que Zoido será repescado, para lo cual tendrá que reconciliarse con Arenas por la vía exprés. No se olvide que en política se tarda un minuto en formar una UTE cuando hay un interés o un enemigo común. Cospedal está a la baja, por lo que el puente para sortear a Arenas ha quedado dinamitado, más aún tras aquella nefasta aventura de la presidencia regional (“Estoy negro”, dijo Zoido entonces al comité ejecutivo). Los presidentes nacionales del PP pasan, pero en el corral de Andalucía sólo hay un gallo, que no está en Morón, sino cacareando en el AVE va y el Ave viene.

Arenas querrá ser número uno por Sevilla siempre que Hernando lo sea por Almería. Zoido tiene tres opciones: ir en esa lista a la Carrera de San Jerónimo junto a su antiguo amigo, aspirar a ser senador por Sevilla, entrando en un irónico conflicto con José Luis Sanz; o esperar a ser senador autonómico cuando Arenas deje libre una plaza. Fuera de estas combinaciones, siempre quedan puestos institucionales de menor rango en caso de que el PP revalide el gobierno de la nación. Pero tal vez para esos puestos Zoido ya no se sienta útil. Y entonces prefiera ver la cofradía desde los palcos.

Arenas es el lince protegido por la Junta

Carlos Navarro Antolín | 12 de febrero de 2014 a las 13:01

SEV11. JAVIER ARENAS SALE DEL ALMUERZO DEL PP AL QUE ASISTIO AYER Diario de Sevila/MANUEL GOMEZ
En política todos se pelean por la herencia y nadie le reza al muerto. Será por eso que los parientes políticos son los que siempre la lían a última hora en las notarías. Nada hay más antiguo que un periódico de ayer ni que un político defenestrado. A la hora de realizar la mudanza de las adhesiones inquebrantables, la política iguala a todos: a los que han tardado diez años en ser licenciados, a los que ganaron la oposición que les daría la estabilidad soñada en sus vidas, a los que se criaron en los pechos de los aparatos y a los que irrumpieron de pronto en el circo político procedentes de la empresa privada. No hay distinciones porque todos quieren mantenerse en el machito: el abogado, el juez, el registrador, el que nunca tuvo una nómina que no fuera de la Administración pública y el que no ha hecho otra cosa que, como los canguros, saltar de un despacho a otro de las instituciones y sociedades del gran mastodonte del Estado. Ni un juicio crítico en quienes han sido humillados, ni una palabra más alta que otra. La política para ellos no consiste en servir al ciudadano, sino en perpetuarse en sus cargos. Por eso, en el fondo, todos admiran a Javier Arenas. Lo critican porque querrían ser como él, la mejor interpretación del ave fénix en clave andaluza al que los suyos llevan meses redactando la esquela de su carrera política en todos los corrillos de los últimos meses: la noche del Domingo de Pasión que se quedó orillado del gobierno andaluz (“Javié no sale de ésta, ésta es la definitiva, mírale la cara, no se le reconoce, parece que está ido”), a los pocos meses de la amarga victoria (“No se le ve. ¿Qué sabes de Javié? Debe estar fatal, ya sólo sale para ir al podólogo y darle al botón en el Parlamento”), en su cargo de vicesecretario general del PP con despacho en Madrid (“Ya nadie lo llama, salvo Antonio Sanz, me dicen que hasta se cuela en actos sociales a los que no está invitado en la capital, chico qué cosas se ven, qué dura debe estar siendo la caída), en actos eminentemente privados (¿Oíste a Raúl del Pozo cuando dijo en la radio que Javié prácticamente se coló en la boda del hijo de Zoido?) y, por supuesto en congresos y convenciones (“Rajoy no sabe cómo quitárselo de encima para hablar en privado con Zoido sobre el futuro de Andalucía, nos hemos dado cuenta todos. ¡Con lo que era Javié!”).
Todos iban matando al padre, preparando la corona floral de los que no te olvidan y hablando de su figura con la compasión que inspira el que sólo tiene ya la mirada para implorar la compasión de sus hijos. Olvidaron que el toro malherido sigue teniendo pitones y se levanta con violencia, olvidaron que Javié los enseñó a todos ellos a caminar, a correr, a regatear y hasta a respirar en política. Todos son de la escuela de Javié. No conocen otra. Y está claro que Javié los escogió porque ninguno era capaz de hacerle sombra, como ha quedado demostrado. Javié ha ganado otra vez. Siempre ha ganado en el partido todo lo que se le reprochaba que no ganaba en las urnas. El PP andaluz está hecho a su medida, porque él ha sido el sastre de su propio traje. Los demás se han dedicado a barrer los hilos en el suelo de la indignidad, a callar como las beatas de la primera fila cuando el párroco manda silencio desde el púlpito, a coger kilos en la trabajadera del bochorno, a cuchichear contra el jefe en el atrio del cigarrito y la voz baja y a procurar conciliar el sueño porque, cuando truene el despertador y salga el sol, cuando todos ellos despierten a un nuevo día con las babas tragadas, se encontrarán con que Arenas seguía allí, como el dinosaurio. Se peleaban por la herencia cuando el muerto se ha levantado y los ha corrido a gorrazos. Arenas no vuelve a mandar en el PP, porque en realidad nunca ha dejado de hacerlo. ¿Y Andalucía? En Andalucía el lince está protegido. Y el PSOE protege muy bien al único lince del PP andaluz.
noche electoral en el partido popular,sede regional,arenas,zoilo,montoro y demás¿

Socialistas en el Aero

Carlos Navarro Antolín | 2 de diciembre de 2013 a las 12:20

JUAN ESPADAS PRESENTA UN PAQUETE DE PROPUESTAS PARA REACTIVAR LA VIVIENDA PUBLICA Y EMVISESA
El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento almorzó el pasado martes en el selecto Aeroclub con sede en la Avenida, donde fue recibido por el presidente, Enrique Moreno de la Cova. Juan Espadas estuvo en ese lugar donde cuenta la leyenda que se elegían a los alcaldes de Sevilla en tiempos en que no hacían falta ni mayorías absolutas ni pactos programáticos. Poco después de arropar a Verónica Pérez como candidata a la secretaría general del PSOE sevillano, Espadas se fue al lugar donde se desayunan los mejores picatostes en la mañana del 15 de agosto, donde figura en lugar preferente el retrato de cierto general del Ejército aficionado a los micrófonos y donde ya han almorzado otros socialistas, como Celis, Millán o Marchena. ¿No llevó Zoido al mismísimo Rajoy al corazón del Cerro del Águila, tradicional feudo socialista? Pues Espadas se cuela en el Aero. Lo que no sabemos es si Juan se fijó en esa placa donde hay una lista de nombres, al final de los cuales se lee: “¡Presentes!”

Los bandazos de la oposición

Carlos Navarro Antolín | 15 de febrero de 2013 a las 21:04

Que un político de la oposición que pretende ser visto como alternativa de gobierno promueva una campaña de desprestigio contra dos marcas comerciales (Danone y Cargill) que anuncian su marcha de la ciudad es un ejercicio de irresponsabilidad. Si Juan Espadas no conoce otra serie de medidas, no se le ocurren otras ideas ni dispone de otros recursos como representante público para defender los derechos de los trabajadores de esas empresas que echarle directamente los gatos a ambas firmas, se pone a la atura de los presidente de fútbol que se comportan como forofos. Ahora es cuando se explica la calma del PP sevillano en tiempos de marejada nacional. Lo de activar campañas de desprestigio tiene mala música y se aleja de esa posición del centro político que permite pescar en todos los caladeros electorales. Debe ser más bien el ruido que se hace desde la bancada de la oposición para hacerse oír cuando el grupo político tiene el aspecto de un ejército vencido, el alcalde ha salido reforzado tras una huelga salvaje y media ciudad anda mirando al cielo para ver si salen los pasos del vía crucis de la fe, que fe es la que hay que tener para seguir leyendo algunas informaciones de la política municipal. En los últimos años hemos visto oposiciones planas, agresivas y hasta histriónicas, como cuando Beltrán Pérez (PP) sacó un cencerro en la sala de prensa en una maniobra claramente efectista. Las campañas de desprestigio contra empresas promovidas desde una sede institucional son la huida al monte, una suerte de endurecimiento de un discurso que vuelve a dar la razón a FG cuando reclama que el PSOE debe recuperar la vocación de mayoría. No tiene sentido que Espadas participe del Corpus o de la procesión de San Clemente y pegue la espantá de un hospital donde se inaugura una planta para niños con cáncer en el momento que un sacerdote bendice las instalaciones, salvo que el socio de gobierno autonómico (IU) obligue a suspender los villancicos en el Parlamento y alejarse de los curas porque las sotanas deben producir urticaria. A Dios rogando en Sevilla y con el mazo dando en Andalucía. No tiene sentido que Espadas fomente las relaciones con la patronal para chinchar a Zoido cuando la ocasión la pintan calva y se revista después de un sindicalismo radical y pancartero para captar un puñado de votos (seguro que son más los que pierde) o rebañar un par de efímeros titulares, a no ser que tenga interiorizado que el PSOE sevillano está como el federal en los últimos meses: sin levantar cabeza a pesar del tufo que emana la marca electoral del PP. No es ese el socialismo moderado de los grandes años de este partido. Está visto que la oposición también tiene su particular operación talento y da sus particulares bandazos. El PP se pudre y el PSOE está como la perdiz: mareado.

Lipasam, el primer gran reto de Zoido

Carlos Navarro Antolín | 6 de febrero de 2013 a las 16:15


La talla del gobernante se mide en las dificultades. Darle al botón del alumbrao de la Feria, visitar las verbenas de los barrios, dedicar las mañanas de Semana Santa a cumplir con las cofradías del día, recibir a jeques árabes en la Feria, coronar a los reyes magos o presentar los carteles de las fiestas de primavera lo hace casi cualquier alcalde. No digamos recoger ovaciones en una procesión de Corpus. Poner la ciudad a punto en tiempo récord para la final de la Copa Davis, cepillarse el Plan de Tráfico o reiventar la Navidad son tres ejemplos de acciones de gobierno que suscitan distintas opiniones entre el exceso de elogio y la cicatería en el reconocimiento, que de todo hay. El fuego cruzado de críticas y reconocimientos entra dentro de la batalla cotidiana en la que zigzaguea todo gobernante. La lidia del toro tobillero de la huelga de Lipasam es la primera gran prueba a la que se somete Juan Ignacio Zoido como alcalde cuando aún no lleva ni dos años de gobierno. Primero, porque tiene que poner coto a los privilegios concedidos por anteriores ejecutivos locales que vendieron muy cara la paz social a costa de las arcas públicas, repartiendo caramelos como orondos monarcas de Oriente. Segundo, porque está en juego la imagen de una ciudad cuya economía descansa cada vez más en el sector terciario, en una urbe en la que las cafeterías se subrrogan en los contratos de alquiler de las sucursales bancarias. Tercero, porque el tema tiene un indudable eco nacional en los telediarios, lo que genera daños colaterales como la suspensión de las reservas hoteleras. Cuarto, porque Zoido vive esta huelga en un momento de extrema debilidad para las siglas de su partido. Sevilla apesta a basura y el PP desprende un olor fétido a corrupción. Quinto, porque buena parte de la bancada le exige al alcalde que aguante el pulso a los sindicatos porque nadie ha disfrutado nunca de 20 concejales y porque los 90.000 parados de Sevilla, sus respectivos familiares y allegados, no perdonan esta vez los pluses y ventajas que disfruta una plantilla a la que simplemente se planteaba de inicio una rebaja del 5% en el coste de personal que ha terminado por quedarse en un 3,6%. Cabría pensar en la reacción sindical en caso de presentación de un ERE como ocurrió en Jerez. Sexto, porque cualquier cesión a los sindicatos de la empresa municipal de limpieza acarrearía una oleada de reivindicaciones en otros colectivos municipales al muy ibérico estilo del qué hay de lo mío. Y séptimo porque ahora se encuentra con un comité marcado por un evidente déficit de representatividad cuyo máximo dirigente califica de muy interesante un preacuerdo que la asamblea de trabajadores tumba a los pocos minutos a golpe de gritos sin necesidad de votaciones.
El recurso a una empresa privada para efectuar las tareas de limpieza generará nuevos problemas, pues obligaría a reforzar la seguridad de esos trabajadores en una ciudad en la que los policías locales van con mascarillas en señal de protesta (ni siquiera hacen excepciones aun tratándose de actos de homenaje a víctimas de ETA) y en una ciudad también que ha amanecido con carteles anónimos que alertan de la suspensión del vía crucis del día 17 por imposibilidad de garantizar la seguridad. La oposición se ha tirado a su particular monte de las pancartas buscando el orégano imposible y los ciudadanos bastante tienen con apretarse las fosas nasales en cada esquina y rezar para que siga el frío, siempre más limpio que el calor.
El toro de Lipasam, como dicen los taurinos, es de puerta grande o de enfermería. El morlaco está pasado de báscula y tiene los pitones escobillados, nunca mejor dicho. La plaza está a rebosar de público expectante. El festejo es televisado. Y aún quedan dos Corpus y muchas procesiones. Ahora es cuando se exige dar la talla.

Belle epoque en el PSOE

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2012 a las 12:52


El Salón Colón vivió un Pleno virulento, con protestas airadas de trabajadores de Mercasevilla que arremetieron de lo lindo contra el gobierno del PP, contrarios a la liberalización de servicios. La letanía de adjetivos no la mejora un carretero, ese hombre de lengua larguísima y viperina que se pone de ejemplo a los niños para que hablen con corrección. A Zoido y al presidente de Mercasevila, Gregorio Serrano, le dijeron de todo en distintos momentos. Pinocho, mentiroso, fascista, embustero, cabezón… El rito es siempre el mismo. Los manifestantes llegan, se sientan y esperan su momento. La protesta dura dos minutos, el tiempo que tardan los agentes en efectuar el desalojo. Un trabajador se dirigió a Serrano: “¡Yo sin pan, tú sin pan!” Y entre el griterío se le acertó a oír que ésa era su ley. Episodios municipales, escenas de crispación. Silencio frío el que se instaura de pronto. Y así hasta tres veces. En el exterior sigue la procesión con sirenas y cacerolas: “¡Zoido, cab… sal al balcón!”

La oposición anduvo flojita en su crítica al gobierno por la liberalización de servicios en la lonja. Ahí Serrano recordó con seriedad y contundencia todos los lastres del PSOE en cualquier asunto que huela al Merca (desde los dos famosos ERE hasta los almuerzos con mariscos) y recordó cómo se ha reunido con todos los trabajadores afectados: “Los he visto cara a cara a todos y cada uno de ellos, lo que ustedes nunca hicieron, que no dijeron ni pío. Entonces les importaba un rábano el empleo público y de calidad. Les importaba un pimiento”.

Si no había suficiente tensión en el Pleno, parió la abuela. El presidente de la sesión, el impagable Javier Landa, llamó al orden a uno de sus filas, Beltrán Pérez, que pretendió votar de pie y desde fuera de la bancada. “Tome asiento para votar, señor Pérez”. Y el señor Pérez se hizo el remolón. El profesor le instó a sentarse por segunda vez. Y el rebelde señor Pérez tomó asiento. Y votó.

Pero para estampa impagable la de la concejal socialista Adela Castaño, aquella que fijó en las doce de la mañana la hora a la que se despiertan en la zona nacional de Los Remedios. Estuvo todo el Pleno luciendo gorro y largo collar de perlas. Una concejal tocada. Una perla… Tendrá privilegio por bula, como los seises de la Catedral, esta suerte de retrato de la pintora Tamara Lempickam. O mejor, de Leni Riefenstahl del palomar. De la Belle Epoque al crack del 29. Del gorro de Adela a quién sabe si el final de la crisis del PSOE tras los batacazos electorales. De la foto de la tortilla a la foto del gorro. Cuando el grajo vuela bajo, ponte el gorro. Landa se tragó el gorro de Adela. Pero no la desaplicación de Beltrán. Claro, como Landa se jamó una vez un montadito a escondidas en un Pleno. Y a otra concejal del PP la trincamos un día leyendo el Hola… Todos los pájaros comen trigo y siempre la culpa es del gorrión. Perdón, de Beltrán.

Espadas aprieta las filas sin el concejal número 12

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2012 a las 5:00

LA oposición socialista se reunió ayer para realizar su particular autocrítica en el primer año de mandato. Juan Espadas, al que algunos en el palomar se refieren simplemente como el líder, convocó exclusivamente a los concejales a las once y media de la mañana. No estaba citado ningún asesor del grupo. El objetivo era redefinir el papel de los once concejales. Espadas entonó el extra omnes para dejar fuera a quienes no tienen cargo público, sabedor de que en el grupo hay quienes empiezan a estar especialmente hartos de algunas “distorsiones”, sobre todo del denominado concejal número 12, que no es precisamente el talismán de aquellos años dorados de la selección de fútbol en Sevilla.

Espadas quiere subir el tono de la oposición, pues tiene claro que el gobierno de Zoido presenta flancos evidentes y que el alcalde está aún en la “nube” de los 20 concejales. Antonio Muñoz, la gran revelación del grupo y el único que goza de la absoluta confianza del portavoz, no puede ni debe ser el que sistemáticamente asuma el papel de ariete. El grupo político necesita a todos los demás a pleno rendimiento. Nada habría más que le interesara al gobierno local que la oposición siguiera adormecida o incluso acomplejada por una mayoría absoluta nunca conocida en los años de democracia.

La reunión donde Espadas tocó a rebato fue muy larga. Se prolongó hasta pasadas las dos de la tarde en el salón de Fieles Ejecutores. El portavoz socialista pidió reiterademente unidad, compañerismo y trabajo. Sus mensajes lo dicen todo. Es consciente de que ha habido demasiadas divisiones y bastantes concejales en un tono especialmente bajo que pueden dar mucho más de sí, como el portavoz adjunto, el moderado Alberto Moriña, que podría hacer mucho más como interlocutor ante la Sevilla más tradicional, sobre todo desde que Rosamar Prieto-Castro, ex concejal y jefa de servicio asignada al grupo socialista, ha confirmado que se jubila como funcionaria el próximo 10 de junio. El PSOE pierde en los despachos municipales a una de sus militantes con mayor grado de aceptación social.

Para pedirles ese esfuerzo a sus concejales, Espadas ha tenido que crear el escenario necesario en el que se puedan expresar con absoluta comodidad, lo que hasta ahora no se había producido. Quedan tres años de mandato, que para muchos efectos son dos si se tiene en cuenta cuándo puede comenzar el proceso de designación del candidato a la Alcaldía en 2015. Espadas no tiene más remedio que apretar desde ya, aun asumiendo que a Zoido le queda todavía mucha credibilidad. Su partido le pide más y sus concejales también le piden más a un portavoz que ha de estar cada semana en el Senado. Por eso él empieza por exigir más a los suyos. Y por eso ayer les invitó a hablar sin esas “interferencias” que antes condicionaban las actitutes y restaban iniciativas. Y es que a los concejales les sienta mal recibir órdenes emitidas por quienes no han pasado por las urnas. Por nucho que vengan del concejal número 12. En eso se igualan los concejales de todos los partidos.