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La soledad rentable

Carlos Navarro Antolín | 18 de junio de 2017 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el consejero delegado de Emasesa, Jaime Palop, presentan iniciativas para la ampliación del número de fuentes de agua potable en la ciudad de Sevilla

LA alegría en fútbol dura una semana. La felicidad en política dura un cuarto de hora. Y la estabilidad en la vida se rompe en un minuto. A Juan Espadas se le ha acabado el Möet Chandon de los amiguetes de la izquierda radical de tanto descorcharlo. Hace dos años sacó rédito de ese odio a la derecha que figura en la heráldica de Participa Sevilla e Izquierda Unida. Lo votaron a él para echar a Zoido. Le concedieron el sillón de alcalde para quitárselo a Zoido. El planteamiento era sencillo: no deseaban al PSOE de Espadas, querían derribar al PP de Zoido. IU y Participa Sevilla reproducen los esquemas de Madrid: el primer objetivo es que no gobierne el PP, sobre todo si se trata de la lista más votada. Todo lo demás es secundario. El segundo objetivo es inalcanzable por el momento en una plaza como Sevilla: fagocitar al PSOE. Espadas, como la España de Aznar, va bien. Incluso le puede venir bien quedarse sin las amistades peligrosas que lo convirtieron en un alcalde con sólo once concejales. Es un alcalde que se ha quedado solo a la izquierda porque esas amistades peligrosas han terminado por aguar la fiesta de la estabilidad con una algarada más propia de una función de fin de curso. Han enseñado la patita de su carácter zascandil, han mostrado el verdadero pelo de la dehesa dejando ver sus intenciones bochincheras. Los encierros de trabajadores alentados por ellos mismos son una coartada de diseño, un pretexto fabricado, una caída exagerada para simular un penalti.

El alcalde ha perdido en quince días la estabilidad municipal y también se han esfumado sus anhelos autonómicos: ser el sucesor de Susana Díaz, para lo cual se estaba trabajando un perfil andaluz con la velocidad pausada de los inteligentes a base de fomentar los ejes con Málaga, Córdoba y Granada. Esa soledad puede hasta ser rentable para sus intereses. Acaso le ha podido sorprender que la bestia adolescentoide de esa izquierda radical haya despertado a los dos años de mandato. Esperaba el zarpazo de la fiera más adelante, quizás en el cuarto año, cuando todos los socios de gobierno o de investidura se desmarcan del pelotón del gobierno con vistas a las elecciones.

La soledad será rentable para Espadas, un tipo gris, de equilibrios medidos, de pies siempre metidos en el plato, al que se le vincula muy poco con protestas airadas, estéticas desaliñadas calculadamente medidas, discursos huecos y alarmistas y mociones ideologizadas donde se saca partido de enemigos externos que poco interesan a la gestión municipal. La soledad podrá ser rentable, pocos lo dudan, pero la convivencia será difícil. La aprobación de los presupuestos requerirá de una negociación viciada de origen. Esta izquierda radical se ha dado cuenta a los dos años de que el alcalde está creciendo electoralmente porque el PPno existe y porque ellos, precisamente ellos, la muchachada de Participa Sevilla e IU, se lo estaban poniendo demasiado fácil. Tan fácil que, al final, los tres concejales de Participa Sevilla y los dos de IU pasan bastante desapercibidos para el público. Rozan la irrelevancia. Con el espacio institucional perdido –o nunca ganado– no quedaba otra que provocar la tangana dentro del mismo Ayuntamiento, hacer ruido, practicar una política de cacerola y silbato, provocar la intervención de la Policía Local para presentarse como víctimas reprimidas por las fuerzas del orden, irrumpir por las ventanas en lugar de llamar a la puerta.

Esta izquierda zascandil necesita el río revuelto para pescar en las espumas sucias del desorden y el pitote, del desaliño de márquetin y la chancla que enseña uñas como garras. Tras echar a Zoido del poder, los amigos del bochinche necesitan crecer, sonar, existir. Yeso solo se consigue a costa de este PSOE en minoría, al que harán la vida imposible en los próximos dos años. Niegan que exista un pulso cuando lo hay en toda regla. Ellos, los de Participa e IU, necesitan ese pulso como necesitan el enfrentamiento, el pleito y los forcejeos porque son su terreno natural, son las aguas preferidas donde navega el bote que sus hermanos mayores han construido en los astilleros del odio y en la concepción de una política que sólo prima el poder por el poder en sí mismo.

El grupo municipal de Ciudadanos, tan melifluo en las negociaciones del presupuesto, también apretará. Tendrá que hacerlo. Es ley de vida. Tendrá que tomar distancia para saltar del pelotón y crecer. IU y Participa se han echado al monte. Espadas sufre la cuña de la misma madera. El PP está adormecido, fiel retrato de una Sevilla a más de 40 grados. La izquierda se devora a sí misma. La casa del PP de Sevilla está metida en albañiles, con los muros sin alicatar y los tubos del cuarto de baño al aire. Espadas tiene a su delegado Juan Carlos Cabrera con demasiados frentes abiertos:los polémicos desalojos del Ayuntamiento, la mafia del taxi, la falta de seguridad en la Madrugada… Al de Urbanismo, Antonio Muñoz, lo tiene consagrado a la misión imposible de convertir la Gerencia en un motor de la ciudad. Y los restantes concejales están entretenidos en quehaceres que ofrecen, en apariencia, poca rentabilidad política. El gobierno es reducido y muy gris. Expira la primera mitad del mandato. Tan dulce y sin curvas como carente de grandes logros. Sólo faltó la foto con Obama. Comienza la segunda mitad. La soledad es una moneda de dos caras: la de la rentabilidad de librarse de amigos poco recomendables, y la de la complejidad de trabajar con presupuestos prorrogados, amenazas de algaradas, un debate político tensionado y un PP que necesariamente tendrá que despertar.

Los amigos de la izquierda han acabado subiéndose al sofá, desparramando las palomitas por el suelo, rompiendo algún vaso y provocando las quejas razonables de los vecinos. Espadas ha pasado de soñar con los asuntos exteriores de la Junta a tener que lidiar con los asuntos internos de unos socios que prefieren hacer la política en la calle. Se metió a vivir (gobernar) en un piso de estudiantes.

Los picudos rojos pudren las palmeras sanas. Los estudios universitarios avalan el exterminio de las cotorras. Los vencejos atraen el turismo. Sevilla, ciudad en la que los pájaros se llevan los titulares.

La cuota zascandil

Carlos Navarro Antolín | 30 de octubre de 2016 a las 5:00

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LA nueva política necesita un lifting exprés. Se arruga a gran velocidad, padece envejecimiento prematuro. Otal vez sus protagonistas pasan demasiadas horas delante del televisor. En Sevilla estábamos demasiado ajenos a las Colaus y las Carmenas, iconos municipales de este nuevo tiempo donde el edificio del sistema no termina de caer, por fortuna, pero tampoco termina de curarse de una aluminosis provocada por el tenguerengue en el que están los grandes partidos. En Sevilla nos hemos librado de la bisoñez y del tinte adolescentoide de la nueva política gracias a que el PSOE de Juan Espadas es, por lo general, bastante moderado, y también gracias a que los resultados de la marca blanca de Podemos en la capital fueron más bien escuálidos después de la alta expectación que habían generado en todo el reino.

Aquí, por ahora, no hay más mareas que las de Matalascañas, ni más marcas blancas triunfantes que las que Pepe Moya Sanabria envía a los estantes de Mercadona. Al menos sí tenemos la cuota zascandil, encarnada por la edil Cristina Honorato, de la que los ujieres de la Plaza Nueva dicen, con rima de guasa, que no termina el mandato. A esta Honorato se le ve el pelo de la dehesa en cuanto goza de la mínima oportunidad. Como la Policía Local no le dejó colar a todos los manifestantes que pretendía introducir en el Ayuntamiento, la Honorato salió por las bravas con eso tan castizo, tan facha y tan viejo como es el no sabe usted con quién está hablando:“¡Soy la autoridad política!”. Eso se llama hacer un Verónica Pérez, la de la máxima autoridad repelida por los seguratas de Ferraz, pero en versión cutre de la Plaza Nueva y sin telediario con eco nacional.

Tenemos a una presidenta del Pleno reprobada por el ídem por saltarse a la piola la Constitución Española y ahora también tenemos a una concejal que es la cuota de la nueva política zascandil. Todo nos llega tarde, debe ser el destino fatal de los pueblos del sur. Por fin tenemos en directo, en el corazón de la ciudad, una muestra de esa política de aula de instituto, de gigantes y cabezudos en manifestaciones dominicales, de pancarta republicana y el tío subido en el monorrueda.

Lo mejor no ha sido la contemplación del episodio de envalentonamiento histérico de la concejal venida arriba cual franquista en primero de octubre, sino la reacción del alcalde cuando se le preguntó por los hechos. Dice Juan Espadas que no tenía sentido que los manifestantes, unos profesores interinos, protestaran en el Ayuntamiento cuando la Administración municipal no tiene competencias en la materia. Del comportamiento despótico de la edil, ni pío, que por algo el voto de la Honorato y sus dos compañeros de filas fueron muy útiles para el día de su investidura. La explicación de Espadas ha recordado, y mucho, a la de Fraga cuando le preguntaron por la polémica nacional que se montó a cuenta del primer caso de una pareja homosexual residente en una casa cuartel de la Guardia Civil. Ante decenas de alcachofas, don Manuel se salió del asunto con su peculiar estilo de negar la mayor:“Siempre he dicho que el modelo de las casas cuartel es un modelo agotado. Ydéjenme pasar, por favor”.

Aún no tenemos pliegos de licitación de la ampliación del tranvía, pero seamos optimistas:van cayendo los veladores como los plátanos de sombra de San Telmo y ya disfrutamos de la cuota zascandil de la nueva política. La concejal que se negó a que sus acompañantes pasaran por el control de identificación, la concejal que interpretó las normas que todos cumplimos como el establecimiento de un “Estado policial”, la concejal que chuleó al agente de la Policía Local como una niñata vociferante de noche de fin de semana, no era una concejal del PP. Es de Participa Sevilla, es la misma que está procesada por la ocupación de una sucursal bancaria en la Plaza de la Campana, es la que adquiere con celeridad los vicios más antiguos de la peor política, como el conductor novel que se salta las rayas continuas y no usa los intermitentes. Es el efecto de la inmadurez (Mamá, quiero ser artista, ser protagonista, oh mamá) o de tenerla como el cemento armado. Lo de siempre. Todo más viejo que el caminar hacia delante. Echamos de menos los gigantes y cabezudos de los domingos y fiestas de precepto. Se pierden los buenos usos. Sevilla se nos va. No hay derecho.

Una concejal que vulnera la Constitución

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2016 a las 5:00

Comienzo del Pleno Fotos de todos los grupos políticos Especial atención a la presidenta de la sesión, Carmen Castreño
Desde que entró en vigor la Ley de Grandes Ciudades, también conocida como Ley Arenas, hemos tenido presidentas del Pleno de un perfil sosegado como Aurora Atoche e Inmaculada Muñoz (PSOE) y de un perfil polémico y un punto altivo como Javier Landa (PP). Pero nunca hasta ahora habíamos contado con una presidenta del Pleno que vulnerara los derechos constitucionales de grupos de la oposición, caso de Participa, la marca blanca de Podemos. Carmen Castreño ha metido el pinrel. Y no lo dicen solo los chicos de la oposición, sino la Sala de lo Contencioso administrativo del TSJA. Se comprende que Participa, que llevó el asunto a los tribunales, y el PP coincidan en pedir su cese como máxima autoridad del Pleno. Su figura ha quedado erosionada contra todo pronóstico, pues venía avalada por un halo de sensatez y una gran capacidad de trabajo. Si a Landa le montaron la de San Quintín por expulsar a un fotógrafo del Salón Colón (el típico tiro en el pie que es marca de la casa la derecha), qué menos que se exija de Espadas una reacción contudente. La sentencia es clara: vulneración de los derechos que la Carta Magna recoge en favor de los representantes públicos. Se trataba simplemente de permitir el debate y la votación de unas enmiendas. Y Castreño lo impidió. Un alcalde que promueve consultas populares sobre cuestiones de la Señorita Pepis, no debería hacerse el sueco con una sentencia que vuelve a dejarle en una posición, cuando menos, incómoda. El PSOE se ha quedado solo en la defensa de Castreño.

Los zascandiles de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 6 de octubre de 2015 a las 18:43

Plaza Nueva.  Jura de bandera de personal civil
EL Ayuntamiento de Sevilla parece recuperar su antiguo espíritu del convento de San Francisco que fue. Los concejales de la oposición sólo dan pellizcos de monja al gobierno en minoría. ¿Pero Espadas no estaba apoyado por formaciones radicales (Participa Sevilla) o radicalizadas (IU)? El domingo se desarrolló con toda normalidad en la Plaza Nueva un acto militar de jura de bandera con la participación de casi quinientos civiles. ¿Pero Espadas no se iba a comer a los niños crudos por imperativo de los dos grupos que lo sostienen en la Alcaldía? Uno ve la foto del alcalde y sus dos concejales en las tribunas decoradas con la enseña nacional, con cura de sotana que parece escapado de una novela de Cela, y recuerda a Lampedusa: se ha cambiado de alcalde, pero hay cosas que siguen exactamente igual para desesperación de los agoreros que veían en jaque hasta la Semana Santa.

A las mismas puertas del Ayuntamiento, bajo el patronazgo de bronce de San Fernando, hubo chimpún militar con bandera, banda y vivas a la patria. Y allí estaban tres socialistas tres sobre el redondel: el alcalde, Castreño y Cabrera. Normalidad, se llama. Ni las Santas Justa y Rufina de la actual política municipal española, Ada Colau y Manuela Carmena, se atreverían a presidir semejante acto con toda naturalidad. Aceptamos el cromo de Antonio Muñoz empeñado en culturizar la Navidad –que lo peor no es que la culturice, sino que utilice el término “evento”– con tal de que nos consiga el cromo de poner sombra en la Avenida y logre arrancar el motor gripado de la Gerencia. Y hasta aceptamos que restaurar Santa Catalina no encaje en el objeto social de Emasesa, que no encaja, como si el PSOE no hubiera utilizado en tiempos los dineros de la compañía metropolitana de aguas para pagar sobrecostes de proyectos urbanísticos, que cada vez que Monteseirín necesitaba liquidez por la vía exprés mandaba telefonear a su Cofidis particular: “Llamad a Marchena y que busque una partida”.

Lo más inteligente que hace Espadas y su gobierno es ocupar los nichos que tradicional (y estúpidamente) se atribuyen en exclusiva a las formaciones de centro-derecha, verbigracia los actos castrenses. En la ocupación de todos esos huecos es donde cualquier político se crece, cuando se abre a todos los sectores y no se acomoda en el círculo de confort. Bolívar no estaba el domingo en la Plaza Nueva, pese a que Sevilla iba a pasar formar parte de la red de ciudades bolivarianas como está ya en la de ciudades de alta velocidad, o en la red de urbes magallánicas. En la Plaza Nueva, decíamos, sigue San Fernando, aunque despojado de día festivo por la autoridad civil, y huérfano de procesión propia por la autoridad eclesiástica.

La ciudad está en calma, sin novedad. Los 13.000 veladores están en su sitio y el alcalde en el suyo: con el Ejército. Espadas se apoya en zascandiles, pero por el momento no zascandilean más allá de ladridos de 140 caracteres. A la hora del refectorio, entre los frailes de esta plúmbea corporación sólo hay pueriles lanzamientos de mendrugos de pan. Para poner orden ya está esa gran madre abadesa que es Carmen Castreño. Y el cura de la sotana si fuera preciso. La sotana, una prenda reservada ya para ciertos eventos, que diría Muñoz.
Plaza Nueva.  Jura de bandera de personal civil

El cupón por la espalda del alcalde

Carlos Navarro Antolín | 30 de septiembre de 2015 a las 5:00

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EL alcalde de Sevilla está en Estados Unidos. Promociona la ciudad como ya hizo Manuel del Valle en los años previos a la Expo. Los alcaldes de grandes capitales deben viajar cuando haya que viajar. Los periplos no deben evaluarse desde una perspectiva cateta que casi criminaliza el mero hecho de viajar, sino desde la valoración sobre la oportunidad del viaje y sus verdaderos frutos para los intereses de la ciudad. Se ha ido Espadas a Estados Unidos y se ha liado parda entre Podemos y Participa Sevilla, que andan a la gresca pública sin ningún recato ni preocupación por el qué dirán, gañafoneándose como dos vecinas de corral del XIX. Espadas, se confirma, es un tipo con suerte. Tanta suerte que yo le pasaría el cupón de los viernes por la espalda de esa americana que siempre luce con las mangas un pelín largas. Espadas es alcalde sin haber ganado las elecciones, es alcalde sin haber siquiera mejorado el peor resultado del PSOE en su fortín tradicional (la circunscripción de Sevilla) y es alcalde con el apoyo de dos grupos políticos marcados por la bisoñez. La Izquierda Unida municipal es de medio pelo, de graznidos en las redes sociales, de proclamas dibujadas en la carpeta estudiantil y carente de sentido institucional. La muchachada de Participa está repudiada por su padre natural, que es la formación de Pablo Iglesias. Y el PP está en tengerengue, abonado a clases de coaching, de lemas con spray en las paredes para levantar unos ánimos de tanatorio, en la cuerda floja y con el personal buscando asideros tras las debacles andaluza y catalana. Sólo Ciudadanos se mueve algo en la Plaza Nueva, pero afectados por el papelón que está haciendo en Andalucía, de difícil digestión para su electorado.

Ya hubiera querido para sí semejante panorama el muy señorial y andalucista Luis Uruñuela, que las pasó canutas para gobernar en minoría, sacar adelante los presupuestos con socialistas y comunistas de navajas afiladas, y que hasta tuvo ingenio para inventarse una fórmula, que sigue hoy vigente, para que las cofradías obtuvieran ingresos económicos directos sin afectar a las arcas municipales.

Cuando el avión de Espadas aterrice en San Pablo, la primera teniente de alcalde, doña Carmen Castreño, le dará el parte de la ciudad a pie de escalerilla:

–Alcalde, todo está aún mejor que cuando te fuiste. Puedes dejarnos solos. El único que sigue largando fiesta es el defensor, Pepe Barranca. Por lo demás, la ciudad tranquila y en calma. Y la oposición, anestesiada y recluida en el palomar.
Y le pasará el cupón del viernes por la espalda.

La sombra del alcalde de Zalamea

Carlos Navarro Antolín | 14 de junio de 2015 a las 5:00

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AQUELLA mañana de julio del 99 se quedó sin el bastón de alcaldesa porque se negó a pasar por el aro de Alejandro Rojas-Marcos. Soledad Becerril no se entendió nunca con el líder andalucista. Fueron ocho años de tensiones en los que hasta se vigilaba la asistencia de los colaboradores de unos a las copas de Navidad de los otros, pese a que todos formaban un gobierno de coalición. Los concejales del PP tenían prohibido acudir al piscolabis de pascua que ofrecía Rojas-Marcos en su casa de la calle Castelar. Todo se fue al traste cuando Chaves se comprometió ante Alejandro a afrontar la construcción de la Línea 1 del Metro, la gran coartada para que el PA dejara al PP alejado del poder durante nada menos que doce años. Aquella mañana del 99, Soledad Becerril era consciente del futuro que se avecinaba. No supo lograr el objetivo número uno de todo partido político:perpetuarse en el poder. Los partidos son estructuras concebidas para alcanzar el poder con vocación de permanencia. Y ella fracasó en ese objetivo. Por eso, aquel día de emociones reprimidas en el Salón Colón, recurrió a la literatura para dejar a Rojas-Marcos caricaturizado como una boa ávida de cargos al precio que fuera. La hoy Defensora del Pueblo Español recurrió nada menos que al alcalde de Zalamea para salir del paso: “Al Rey, la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor… Es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”. Ahí quedo el mensaje. El PP no estaba dispuesto a admitir las exigencias de Alejandro, el diablo que demandaba el alma del centro-derecha.

Juan Espadas citó ayer a Soledad Becerril. Pero no a la de 1999, sino a la de 1991, cuando la elegante política del PP justificó el primer pacto con Alejandro para desalojar del poder al PSOE, que era la lista más votada. Becerril destacó entonces que ningún partido había obtenido mayoría suficiente, como Zoido veinticuatro años después, y consideró “legítimo, democrático y usual en todo Europa” que varias fuerzas políticas alcanzaran un acuerdo para formar gobierno, como Espadas veinticuatro años después. Espadas se apoya ahora en Soledad Becerril, todo un icono del mejor PP, para montar el argumentario perfecto, dedito en el ojo incluido a Zoido. Pero no recordó a la Soledad de 1999, en cuyo discurso había también una clave: el precio de bailar con lobos con tal de ser alcalde. El tiempo dirá si las nuevas amistades políticas de Espadas le piden el honor, la hacienda o el alma. Y entonces se acordará (o no, que diría Rajoy) del alcalde de Zalamea.

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A la hora del Ángelus, el arzobispo de Sevilla ya estaba sentado en la primera fila del Salón Colón. Espadas estaba abajo, en la puerta principal para recibir a la presidenta de la Junta de Andalucía, que se hizo esperar unos minutos. El poder nunca es puntual en la España de los retrasos. Tal vez los políticos deberían prometer ser puntuales antes que dejar los coches oficiales y otras promesas barnizadas con la demagogia. Zoido se ha hartado de llegar tarde a los sitios. Y el Pleno de ayer, el más importante del mandato, debía empezar a las doce.Lo hizo a las doce y cuarto. Espadas estaba en la puerta como están los canónigos cuando aguardan al arzobispo. Ella llegó y, como siempre, lo inundó todo. La Banda Municipal interpretó en ese momento una marcha militar (Guardia de Alabarderos) que dio un toque de película de reyes y princesas a la escena: los policías locales de gala en actitud marcial, el traje rojo de la presidenta sobre el fondo blanco marmóreo de la escalera, las notas musicales, el bullicio que rodea al poder… Y todos esperándola a ella en un salón de cuadros, tapices, dorados y concejales de Podemos en camiseta, estética ecléctica de los nuevos tiempos.

Los chicos del PP habían llegado puntuales al Ayuntamiento. Todos juntos alrededor de Zoido. Los doce electos y varios de los salientes. Se habían citado en la puerta del Hotel Inglaterra. Recorrieron la zona central de la Plaza Nueva y accedieron a la vez a las Casas Consistoriales. Caras serias. Saludos, los justos y necesarios. Parecían faltar los libreas con faroles de mano y el sonido de la esquila: el entierro de la melva. Al terminar la sesión, Zoido no bajó por la escalera principal. Lo hizo por una vía secundaria, más discreta. Ha obtenido cien mil votos. Ha encabezado la lista más votada. Pero prefirió salir el primero y haciendo el menor ruido posible. En el andén se llevó una pitada de manifestantes desharrapados con banderas tricolores, un estruendo injusto para un alcalde excesivamente castigado en las urnas. Pero tal vez por eso, por la dureza del oficio político, Espadas se lo advirtió a su familia: “Hoy toca disfrutar, porque mañana… Mañana toca lo que toca”. Toca sufrir. Las alegrías en política duran muy poco, palabra de Pepote Rodríguez de la Borbolla. A veces sólo duran una tarde, una mañana o el tiempo de una merienda en alguno de los 13.00 veladores. En fútbol pueden durar una semana, pero en política, ay, el jajajá en política es efímero.

Monteseirín volvió al Salón Colón junto a su cirineo, el catedrático Manuel Marchena. El concejal Beltrán Pérez juró el cargó con una pequeña cruz de oro en la mano izquierda. El secretario y el interventor salieron juntos, nunca revueltos. Unos vienen y otros van, Flores y Braojos (como Paco Ojeda en el toreo) siempre están. “Hasta que nos jubilemos”. No hubo tesorero, la plaza está vacante. Sí hubo varios maceros, con la maza baja, que conviene cuidar la espalda cuando la sesión casi se alarga dos horas. Qué solos se quedan los maceros cuando se van los nuevos capitulares buscando la cerveza de mediodía, unos con arroz y otros con melva, unos con alegría y otros con pesar. La lista más votada está de luto, paradojas de una política donde la gran verdad es que todo es mentira. Ayer faltaron muchos de los rostros del tío vivo local de los canapés, los mismos que hace cuatro años lampaban por la foto con Zoido en el Salón Colón, arropado aquel día por Rajoy. Cuatro años no son nada. El tiempo lima las aristas de la memoria. Alfredo era el demonio y ayer recibía abrazos. Zoido se marchó con prisas, sin volver la vista atrás. El alcalde de Zalamea no tenía maceros. Ni veladores. Siempre nos quedará la melva.
13/06/15 Investidura de Juan Espadas Alcalde de Sevilla.