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Una ciudad de bocinazo

Carlos Navarro Antolín | 27 de octubre de 2015 a las 20:52

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UNA de las mayores satisfacciones en periodismo está en que un lector confiese que ha reído leyendo un artículo, que ha pasado un buen rato en la sala de espera del oculista, que se ha tenido que aguantar la carcajada en la cafetería o delante de la pantalla del ordenador. En los tiempos que corren, que alguien encuentre algo tan serio como el humor en las páginas de un periódico es de una importancia capital, no confundir con el capitol de los viernes por la tarde. Ocurre que no sólo de viñetas y artículos de ingenio ha de vivir el hombre que aún consume periódicos de los que dejan huellas en negro en las yemas blancas de los dedos. Hay titulares, informaciones puras y duras, que provocan una carcajada, una reacción de hilaridad, que convierten ciertas páginas en el dedo que señala el esperpento. Hay hechos que mueven a la risa, que conducen al ridículo y la desesperanza. Lean este titular: “La Policía Local denuncia por el ruido de las protestas a los despedidos de La Corchuela”. Al portavoz del colectivo con el que, por cierto, se fotografió Juan Espadas el día de su toma de posesión, se le ocurrió tocar una bocina en la Plaza Nueva, lo que al parecer no ha hecho nadie en los últimos lustros. Ni los vecinos que se quejaban de la movida en el Arenal en los 90, que llegaron a arrojar basura de la movida a las puertas del Ayuntamiento; ni los cocheros de caballos que metieron las bestias en el andén dejando las correspondientes y bienolientes cestas de Navidad de color marrón; ni los trabajadores municipales cuando bramaron por el aumento de la jornada laboral hasta las 37,5 horas semanales; ni los representantes sindicales de los propios policías, bomberos, empleados de Mercasevilla, eventuales de Tussam, colaboradores sociales, etcétera. En la Plaza Nueva, gran manifestódromo de la ciudad en el tardoalfredismo y durante todo el zoidismo, hemos visto ruidos de bocinas, música estruendosa de equipos de música con altavoces (con nevera de botellines incorporada) para hacer sonar el séptimo de caballería a la llegada de ciertos concejales, tintes de pelo en quienes debían ser modelos de conducta, acampadas en plena cuaresma para presionar ante el paso de procesiones, insultos a los hijos de determinados capitulares, petardazos, pancarterío variado, disfraces, burros sobre los que se montaban liberados sindicales con careta, coacciones a los concejales que estaba tomando café en los bares de General Polavieja, cartelería cargada de ironía como la del gran circo mundial con el rostro de Zoido, griterío antisistema a los invitados del Pleno constituyente de 2011… Hemos visto hasta cerrar apresuradamente las puertas del Ayuntamiento para impedir el acceso de grupos con virulencia, por no contar la de veces que son expulsados del Salón Colón los representantes de ciertos colectivos cuando interrumpen el Pleno, insultan al gobierno del color que sea, lanzan papelillos por toda la estancia o exhiben una cartelería que no es precisamente del Domund. ¿Quiénes rellenaban entonces los boletines de denuncia, criaturas mías?.

Ahora resulta que el bocinazo del portavoz de los despedidos de la Corchuela merece una multa de la Policía Local. Activen la carcajada que esto es algo muy serio. Ríanse porque resulta mucho más liberador que sacar el pañuelo de papel para enjugar las lágrimas. Esto es como la preocupación (legítima) de don Manuel Bustelo, presidente del Sindicato de la Policía Local porque en esta sección apareció por error –un error por el que pedimos perdón con toda humildad– que tendrá que sentarse en el banquillo por el supuesto amaño de las oposiciones de la Policía Local, cuando en realidad es su hijo el que tendrá que dar explicaciones ante la Justicia en un caso en el que están procesadas nada menos que 45 personas, incluido el superintendente, por la filtración del examen.

Si las ordenanzas del ruido se hicieran cumplir siempre con el mismo celo, Sevilla sería una ciudad de ruan, una inmensa clínica del sueño donde el piar de los estorninos sería la única causa de apnea, un vagón de AVE silencioso sin la barrila de charlas ajenas, una permanente salida de Mortaja con los golpes de esquila y las toses como única melodía. Pero en Sevilla, oh casualidad, no hay inspectores de Medio Ambiente por las tardes, ni siquiera los fines de semana. Hagamos tal disparate que quitemos a los inspectores de trabajar en las horas que más ruido se genera. Tan sólo hay algún policía que de vez en cuando multa por tocar la bocina en una manifestación, que es como sancionar al desgraciado que suda en el desierto. Al menos, estos disparates elevados a titulares por imperativo de la realidad son cardiosaludables, liberadores de toxinas y tonificadores de la piel.

Locomía en la Policía Local

Carlos Navarro Antolín | 18 de febrero de 2014 a las 12:33

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Anda el delegado de Seguridad y Movilidad del Ayuntamiento negociando con los sindicatos de la Policía Local un reglamento de régimen interno para aclarar esas cosas que nunca quedan claras en el funcionamiento de un cuerpo en el que uno ha tenido el gusto de conocer a verdaderos señores y el disgusto de tratar con auténticos niñatos. Ocurre como en el gremio del taxi, incluso como en el del periodismo, por supuesto. Hasta el mejor guiso corre el riesgo de tener un garbanzo duro o una morcilla grasienta que demanda omeprazol como esas cuadrillas que piden marcha cuando se dejan ir con las caderas. Juan Bueno está de luna de miel con los sindicatos policiales, hasta les ha organizado una campaña para mejorar la imagen del cuerpo. Dios lo coja confesado y lo ampare en la hora final algo más que lo ha amparado en la sucesión del PP andaluz, cuando pasó en horas de firmarle el aval a José Luis Sanz a entregárselo como el Boabdil del centro derecha sevillano al malagueño Moreno Bonilla, que no tiene nombre de árbitro, que no, que lo que tiene es nombre de imaginero de figuras secundarias de medio pelo de Semana Santa con escorzos imposibles y musculatura de triatletas. La de veces que va a salir Moreno Bonilla en los programas de mano de Semana Santa. Más que Astorga, el imaginero, no la localidad de las mantecadas. Qué malamente lo ha pasado Juan Bueno esta semana, con lo bueno que es este Bueno del PP, ¿verdad Ricardo Tarno? Si esta diócesis fría y de cuello duro tiene su sonrisa en el Cura Ignacio, el Ayuntamiento tiene su emoticono de educación y trato exquisito en Juan Bueno. Cuando la gente teclea un mensaje de texto y quiere dejar claro que el contenido es amable, lo firma directamente con un ‘Juan Bueno’, que es como se llama en ciertos círculos y con toda justicia a la carita sonriente de color amarillo. ¿Hay algún representante de aparato de partido más amable y complaciente en toda España que Juan Bueno, que es el aparato del PP en Sevilla? Con la mala fama que tienen siempre los aparatos, gente despiadada, sin escrúpulos, de mirada aviesa. Juan Bueno es el blanqueador de esa mala reputación de los aparatos, se pone la bata de colorines como los pediatras para no asustar a los críos. Es la sonrisa del régimen de los 20 concejales.

Esperemos que el reglamento de la Policía Local que se cocina en los fogones de la Plaza Nueva nos aclare esas cosas de andar por casa que todos siempre nos hemos preguntado sobre nuestros agentes, que no es la organización de la cúpula, ni si requiere un único mando o una bicefalia, ni quiénes deben trabajar los festivos, ni los planes especiales para las fechas de relumbrón, ni otras gaitas. Sencillamente es si la Policía Local admite ciertos atrezzos, como pintarse el pelo de colores en las vísperas de una Semana Santa, como ocurrió en la de 2000 (ojú), llevar el silbato con un cordón rojo enrollado en la hombrera, lucir pendientes o dejarse el pelo tan largo como un cantante de Locomía sin abanicos, pero con cartuchera. Tal vez el reglamento deba recoger que la gomilla de la cabellera debe hacer juego con el color del cordón del silbato, la extensión máxima de la melena o cuántos días puede estar el agente sin afeitarse (¿No quería Zoido limitar el tiempo máximo de aparcamiento a cinco días?). Uno, ingenuo, piensa siempre que un agente de la autoridad debe ser ejemplar en todo, desde en el trato que dispensa al ciudadano (como reivindicó José Barranca, valiente Defensor de la Ciudadanía) hasta en su indumentaria, pero esto debe ser un pensamiento políticamente incorrecto, propio de mentes retrógradas, involucionistas y con olor a naftalina. Seguro que es eso.

-Es usted un tiquismiquis que no se aguanta a sí mismo.

Si el Rey se toma la licencia de despojarse del cetro y la corona, corre el riesgo de que algún cortesano se tome la libertad de decirle que está desnudo. Es como el obispo auxiliar que anda semiescondido porque tras alguna homilía moralizante ha habido quien se ha colado en la sacristía para recordarle su condición de condenado por la Audiencia Nacional, que no es precisamente el juzgado de instrucción de Coria. O como el Ayuntamiento que no cumple con las ITE de sus propios edificios, pero le clava el rejón de una multa de 4.500 euros al particular o entidad que no cumpla con la ordenanza. Morro, se llama.
Si no hay cetro ni corona, al Rey pueden llegar hasta a ofrecerle un abanico para taparse sus vergüenzas. Abanico de Locomía. Yo me veo venir de lejos a este policía de madrugada por la calle Mateos Gago y me echo la mano a la cartera y salgo corriendo por Rodrigo Caro aprovechando que a esa hora no es que no haya gente, es que no hay veladores y se puede correr la mar de bien.

El comercio cangrejea

Carlos Navarro Antolín | 4 de febrero de 2014 a las 5:00

SEVILLA, 03/02/2014.
Hay calles malditas con locales malditos en los que el rosario de negocios caídos está en la memoria colectiva. Hay calles traseras, con aspecto de traseras, olor y hedor a traseras y estética de contenedores destapados y gatos rabiosos en las que nadie sabe cómo hay bares y tiendas que triunfan. Estos negocios llevan años abiertos y con una demanda de clientes considerable a pesar de estar ubicados en calles donde todas las puertas parece que son la de atrás. Hay grandes avenidas por las que pasan miles de peatones a la hora, pero donde no se vende un bollo por más pizarras abatibles que el dueño coloque en la vía pública como mojones en una carretera comarcal. En años de crisis y en cuestiones de comercio se cumple el aserto de que los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Madrid y Barcelona arrasan. Y en particular, las principales calles de Madrid y Barcelona son las que engullen las posiciones de privilegio del ránking nacional. Entre las dos grandes urbes se llevan los ocho primeros puestos. Para Valencia queda el noveno con la calle Colón. Y Sevilla ha estado a punto de abandonar el top ten por primera vez, donde se agarra al asidero del puesto décimo con Tetuán. Hemos cangrejeado como vulgares capillitas ¿La causa? Las grandes firmas se vuelven muy conservadoras, no asumen riesgos y prefieren apostarlo todo a las principales calles de los grandes núcleos de población. Son inversiones infinitamente más caras (entre 240 y 160 euros el metro cuadrado en alquiler) pero con una garantía mayor a la hora de asegurarse un retorno de la inversión. ¿Se entiende ahora que otras calles no levanten el vuelo? En Sevilla lo único que ha abierto en plena Plaza Nueva desde que estalló la crisis es un bar de montaditos y la adoración perpetua de San Onofre, donde monseñor Asenjo confiesa todos los lunes a primera hora. Con la desaparición de las paradas de Tussam se acabó el bombeo de clientes. En la mayoría de locales hay telarañas empadronadas. Mientras tanto todos los bajos de ese eje privilegiado de Tetuán, Velázquez y O’Donnell están ocupados, nutridos por el efecto llamada de los grandes almacenes, de las paradas de Tussam del Duque y de la recuperación hace ya dos años de la máxima penetración de autobuses urbanos hasta la Campana. Los atractivos turísticos permanentes también se apuntan como vitales para fortalecer el comercio, así como una oferta internacional de moda, lo que ayuda a la captación de las grandes firmas. Sevilla lo tuvo al alcance de la mano hasta pocos años, con una Plaza Nueva convertida en la gran milla de oro de esas primeras marcas de pasarela. Ahora sólo queda la firma tradicional de caballeros del también caballero O´Kean, que se acerca ya a los 60 años de apertura. Lejos, muy lejos, ha quedado Sevilla de tener alguna calle como el actual modelo barcelonés del Paseo de Gracia, donde rusos y japoneses navegan en el cuerno de la abundancia, libando carbónicos y jamando productos de gourmet.
El último informe de la consultora catalana de Jordá deja claro que cuanto mayor es la crisis, más notable es la fuerza de un número cada vez más reducido de calles. Ni el estar entre las 50 calles principales de España le sirve a la de Sierpes (puesto 37 con un alquiler de 70 euros al mes por metro cuadrado) para tener todos sus locales ocupados. La única alternativa es tener esa capacidad para oler el negocio en un local de calle trasera por mucho que los sesudos informes digan lo contrario. Que se lo digan al del adobo de Blanco Cerrillo. O a Javier Sobrino, donde el personal no tiene reparos en meterse en un pasaje y en bajar y subir escaleras para comprarse ropa aun habiendo establecimientos a pie de calle. Valor añadido, le llaman. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, por no alejarnos del espíritu de San Onofre. Mientras tanto los irlandeses de Primark siguen buscando posada en un centro comercial. Ni accesibilidad, ni fenómenos de concentración, ni lanzaderas, ni peatonalizaciones. El olor a adobo atrae mucho más que el selecto carbónico servido en altos vidrios. Y no provoca gases, si acaso acidez. Pero eso es ya otra historia.
SEVILLA, 03/02/2014.

Un nuevo bar en la Plaza Nueva y otro en…¿la placita de Santa Marta?

Carlos Navarro Antolín | 18 de diciembre de 2013 a las 21:22

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Un local vacío tiene más peligro que un camello de la Alameda (ojo que muerde). El riesgo no está en que el local se quede sin vida per secula seculorum, sino en que se convierta en un bar.

-Doctor, en ocasiones veo bares donde antes había bancos.
-¿Dónde es ahora, hijo?
-En la Encarnación, donde antes estaba la oficina casi subterránea de Cajasol. Ahora hay un pedazo de bar como un camello de la Zoidonavidad de grande.

El premio gordo es para el que encuentre en Sevilla no un bar de reciente creación, sino un bar con perchero. Nada más hay que fijarse en las consecuencias que provoca la ausencia de percheros en el tabernerío local: pilas y pilas de abrigos en una silla o en un taburete. Hasta que llega el gracioso que pide la silla para lo que fue creada: para sentarse. Y todo el mundo, hala, a colocarse la pelliza, la gabardina, la trenca o la cazadora sobre las piernas. ¿Y han pasado por Castelar? Castelar no ha tenido un bar en su vida, sólo tintorerías, cristalerías, la residencia Tartessos, cofradías de filas largas, una casa desde donde antes se mandaba la ciudad con servidumbre de guantes blancos y alguna tienda de ropa deportiva mudada ahora a la Plaza de Armas. Pues ya tiene un bar, con sus clientes acodados y su tirador. Y está a punto de abrir otro bar en la Plaza Nueva, donde antes había una agencia de viajes, junto al Capitol de la bulla de las tardes libres de copas, que hay que ver la cantidad de gente que tiene las tardes libres en esta ciudad, que eso antes era sólo cosa de cofrades ociosos, de ahí que se dijera aquello de tienes más peligro que un cofrade con las tardes libres, pero el peligro ahora lo tienen los camellos, aunque ya se sabe que el camello de la Alameda es inocente, que la culpa era del niño de seis añitos que fue capaz de sacar al camello de sus casillas.

-Toma del frasco, so camello.

No más digresiones. Un, dos y tres, respondan rápido: ¿Qué plaza del centro de Sevilla resiste como la aldea de los locos galos al invasor de la fiebre hostelera? La de Teresa Enríquez, la de Pilatos y la recoleta de Santa Marta, junto al Monasterio de la Encarnación, desde cuyas ventanas altas las monjas rezan a la Patrona cada 15 de agosto, que es cuando tiene que salir a la calle la Virgen de los Reyes, a ver si se enteran en el edificio de enfrente y no la sacan más a destiempo para ese público que cabe en un taxi. En la plaza de Teresa Enríquez está de guardia Juan Salas Rubio a la caza del primero que pida licencia. Y en la Plaza de Pilatos sigue estando de guardia Zurbarán, imaginando desde el pedestal de su estatua nuevos óleos de refectorios con monjes a la hora de yantar. Pero en la de Santa Marta hay una obra que trae locos a los vecinos. Y todo indica que es para eso: para un nuevo bar. Tan es así que Urbanismo ha enviado a los inspectores y ha mandado lo que mandó el comandante: callar. Urbanismo ha trincado que se trata de una obra del bar Toro, del número dos de la calle Mateos Gago, conectada con el privilegiado número uno de la Plaza de Santa Marta, una peligrosísima vinculación tal como se temían los vecinos. La Gerencia ha decretado la suspensión inmediata porque la obra carece de licencia alguna. Pero el vecindario teme que a la placita lleguen pronto los veladores. Cuando en ella casi ni cabe un camello de los que muerde. Niño, quieto.

Y honrarás a Felipe…¿a la cuarta?

Carlos Navarro Antolín | 21 de abril de 2012 a las 5:00

Una suerte de neofelipismo ha germinado repentinamente en la Plaza Nueva. Todos intentan capitalizar la figura del político socialista ahora que el tiempo ha suavizado las aristas de 14 años de gestión en La Moncloa (1982-1996) y que el vigésimo aniversario de la Exposición Universal saca a relucir los perfiles más eficaces y amables de su figura. A González le dedicó el Ayuntamiento una biblioteca sin libros cuando Alfredo Sánchez Monteseirín estaba casi recogiendo ya sus objetos personales tras 12 años en la Alcaldía. La verdad es que Monteseirín intentó honrarle hasta en tres ocasiones, pero en ninguna obtuvo la unanimidad exigida por Felipe González para aceptar el título de Hijo Predilecto como sevillano que ha presidido el Gobierno en unos años de incuestionable prosperidad para la ciudad. A falta de título, la biblioteca. Dirigentes socialistas comentaban en privado el pasado otoño que ya no habría más oportunidades:”No seremos nosotros quienes ayudemos a que un alcalde del PP le entregue ese título al principal símbolo de nuestro partido, después de que hemos tenido un alcalde socialista durante res mandatos seguidos”.

Pero un discurso de Zoido especialmente elogioso con la gestión de González ha provocado un cambio de estrategia en las filas socialistas, cuyo grupo municipal ha jugado a anticiparse para anotarse el tanto de una posible concesión de la distinción el próximo 30 de mayo. El actual alcalde ya citó a FG en su discurso de investidura como referencia de peso en la historia reciente de la ciudad. Y anteanoche, en el acto de homenaje organizado por Radio Sevilla, se deshizo en elogios para con el ex presidente. Zoido se basó en citas de Thomas Jefferson (“Felipe transformó España, y a Sevilla, gracias a sus sueños de futuro, los mimos que llevaron a Jefferson a fundar Estados Unidos”), Gregorio Marañón (“El hombre es el que hace la historia. Y no hay duda de parte de la historia de Sevilla de finales del siglo XX la hizo y la escribió Felipe con letras de oro”) y Donoso Cortés (“Si nos miramos en el espejo del legado de la Expo 92 y en el talento de Felipe, nuestros sueños de futuro harán realidad aquello que nos propongamos alcanzar”). Y antes del comienzo del acto, en un reservado para las autoridades, el alcalde tuvo un guiño (digámoslo así) para con el ex presidente. Testigos hubo de una escena de la que se podía deducir una próxima conversación o encuentro.

Varios socialistas destacaron la generosidad del discurso del alcalde del PP, incluso en las redes sociales. Entre ellos, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, ex delegado de Urbanismo, interventor por la candidatura de Rubalcaba en el último congreso federal y actual diputado autonómico:”A Zoido le honra reconocer lo mucho que Felipe González hizo por Sevilla.A ver si ahora podemos hacerlo hijo predilecto”. Celis estaba aludiendo a los tres sonoros fracasos del anterior alcalde por lograr esa unanimidad requerida por FG.

El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Juan Espadas, reaccionó al eco del discurso de Zoido aludiendo directamente a la conveniencia de conceder al ex alto mandatario el título de “Hijo Predilecto o la medalla de la ciudad”. La propuesta –que chirría al ofrecer la opción de la medalla– se basa en la siguiente justificación: “Espadas entiende que se dan las circunstancias para que el PSOE tome la iniciativa de la distinción y el alcalde asuma el protagonismo de la propuesta para conseguir la unanimidad del Pleno sobre una figura de valor indiscutible para los sevillanos”. Como en política nada es casualidad, Espadas trata de impedir –al humo de las velas del sonoro acto de homenaje en la Fundación Cajasol– que Zoido aparezca como un alcalde con altura de miras y que, además, se lleve los aplausos y el reconocimiento de muchos socialistas. La alusión a la idoneidad de que “el PSOE tome la iniciativa” delata la jugada. Habilidad, para unos. Deslealtad, para otros. O simplemente política, para la mayoría. El caso es que al gobierno no le sentó ayer nada bien ese intento de apropiación de una iniciativa non nata que probablemente se estaba tejiendo con discreción. La reacción oficial fue el silencio. La oficiosa, el escozor. “Lo que ha hecho Espadas es simplemente una deslealtad. Trata de sacar cabeza cuando en el acto de homenaje a Felipe lo sentaron en la fila octava”.

Todo indica que el cuarto intento de que FG reciba el reconocimiento de su tierra está viciado de origen. Y el tercer grupo político en el Ayuntamiento, Izquierda Unida, ni se pronunció ayer.

La primera vez que Monteseirín intentó honrar a Felipe González fue en 2006, pero los dos grupos de la oposición, PP y PA, se negaron en rotundo. Los portavoces de ambas formaciones, Jaime Raynaud y Agustín Villar, reconocieron que en la figura del ex presidente concurrían los méritos suficientes para recibir el título, pero arguyeron que “en ningún caso” debía entregársele la distinción a un año de las elecciones municipales.

Monteseirín esperó y volvió a la carga. Aquellos comicios de 2007 barrieron a los andalucistas del mapa político de la Plaza Nueva. El alcalde sólo tuvo que negociar con sus socios de IU-CA, que no pusieron problemas, y con el PP, liderado ya por Juan Ignacio Zoido. Pero los populares se desentendieron del compromiso adquirido por su anterior portavoz y expusieron que el insulto de González a Rajoy en un mitin celebrado en Málaga le invalidaba como Hijo Predilecto de Sevilla. El ex presidente llamó “imbécil” al líder nacional del PP, lo que provocó una fuerte polémica política. González dijo textualmente que presentarse como una persona “más moderada y razonable” que el presidente Zapatero –como había asegurado Rajoy en una entrevista– “sólo se le ocurre a un imbécil”. El PSOE reaccionó con contundencia y se negó a pactar con el PP en asuntos de interés general.

El tercer intento se produjo en 2009, pero Monteseirín chocó esta vez contra su propio socio de gobierno, pues la cúpula del Partido Comunista de Andalucía amenazó con hacer público su desacuerdo con la distinción al ex presidente si finalmente era aprobada dicha distinción por unanimidad de los grupos políticos con representación en el Consistorio. Esta advertencia interna fue clave para que el portavoz municipal de IU, Rodrigo Torrijos, se quedara mudo.

Calambrazos en la Plaza Nueva

Carlos Navarro Antolín | 24 de febrero de 2012 a las 5:00

Lección primera para entender el lío de los enchufes en los distritos: todos los partidos políticos son maquinarias concebidas para alcanzar el poder y, una vez conseguido, toda tarea se encamina a convertir en perpetua una posición de suyo cuatrienal. Lección segunda: todos los partidos tratan de mudar sus estructuras propias (los aparatos y sus satélites) a las instituciones, por lo que en el caso de los ayuntamientos , todos los partidos pueblan con militantes de su confianza los tentáculos de la administración municipal que son los distritos. Lección cuarta: todos los políticos tienes familiares y en España hay más de 5 millones de parados. Y lección cuarta: si va de montería, guárdese bien las espaldas, cuídese de los tiros en el pie y ojo con que no aparezca un venado o cochino entre jarales altos y encinas en actitud desafiante. Mete usted todo en una coctelera y le resulta un brebaje entre amargo y ácido que no lo arregla una pastilla de almax. Las diferencias entre los enchufes del PP y los practicados por otras formaciones políticas (en este Ayuntamiento hay actualmente trabajadores de distritos que militan en el PSOE y en IU) es que el gobierno ha cedido en esta ocasión a las denuncias y ha mandado a la parentela y otros adeptos al frío de la calle y sin mantas. No ha aplicado el sostenerla y no enmendarla. Tampoco le quedaba otro remedio al alcalde si quiere ser consecuente con su discurso. Y, oh casualidad, ayer nos merendamos con que el cazador de los enchufes, el concejal socialista Antonio Muñoz –que es el edil que se ha mostrado más sólido de su grupo político– resulta afectado por un calambrazo al trascender que él mismo, siendo consejero-delegado de Sevilla Global, contrató a su pareja, hoy en excedencia para ejercer como asesor en la Consejería de Justicia. El afilador ha llegado con los cuchillos a la Plaza Nueva y nadie puede asegurar que retornen pronto al cajón, sobre todo porque hoy hay pleno. El gobierno ha pedido perdón por los cinco parientes enchufados, que para eso es cuaresma, tiempo de reflexión, ayuno y penitencia. Zoido anunció en la oposición que sería un alcalde que no tendría reparos en pedir disculpas. Y su gobierno ya lo ha hecho en varias ocasiones. Dicen que ha esperado cuatro días para deshacerse de los familiares porque necesitaba tiempo para tener en su mesa la información al detalle de unas contrataciones carentes de estética (y ética). Con las disculpas formuladas por el gobierno y el cable pelado que serpentea a chispazos en el palomar de la oposición, se abre la veda entre el PP y el PSOE en la Plaza Nueva, una situación que poco tiene que ver con la altura de miras mostrada por los tres grupos políticos en aquel Pacto por Sevilla que perfumó el arranque de mandato. La cosa tiene ya el tufo inconfundible de las alcantarillas, donde nunca sale el sol y siempre anidan las ratas. A un mes de las autonómicas, los fontaneros del partido se van. Y los electricistas han llegado. Como el tapicero a su ciudad, señora.

Zoido: todo por Javié

Carlos Navarro Antolín | 14 de enero de 2012 a las 21:21

Si el Tribunal Constitucional no le chafa las ilusiones a Javier Arenas, Zoido será el cabeza de cartel por Sevilla en las elecciones autonómicas del día en que media Andalucía está ciñéndose el Dustin para ir a los pregones de Semana Santa y la otra media pensando en algún destino de ocio si la crisis no lo impide. La verdad es que a Zoido le apasiona el Parlamento lo mismo que a uno que yo me sé la sangre encebollada, uf, pero a estas alturas de la película a ver quién es el guapo en el PP que le dice que no a Javié, sobre todo cuando todo indica que Javié, ay Javié, está más cerca que nunca de la meta aunque sea a la cuarta…los lances definitivos. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que el Parlamento está a diez minutos de coche oficial de la Plaza Nueva. Y con su escaño de diputado autonómico, el alcalde podrá seguir presumiendo de que su sueldo no sale de las arcas municipales, sino de las andaluzas, amén de alimentar la tesis de que el antiguo hospital de las Cinco Llagas es un foro válido para defender los intereses de la ciudad.  

Por cierto, Beltrán Pérez coordinará la campaña en la capital y Eloy Carmona hará de coordinador general con especial mando en la provincia. Pérez recupera algo de fuelle con esta designación después de que a muchos les supiera a poco la tenencia de Alcaldía de Participación Ciudadana. Y no olvidemos que el rival directo de Zoido en la contienda puede ser el propio José Antonio Griñán. ¿Y por qué circunscripción se presentará Arenas? Por Almería, por supuesto. A Javié ya se sabe que en Sevilla le entra eso que le ocurre a ciertos futbolistas en el Bernabéu: miedo escénico. Cuarto y mitad de jindama, le llaman otros.

Tontos del gin tonic, tontos de la Davis

Carlos Navarro Antolín | 2 de noviembre de 2011 a las 18:13

A la muy novelera ciudad de Sevilla le ha entrado una pasión incontrolable por el tenis. Nos han salido aficionados al tenis de debajo de las catenarias. Lo del tenis en Sevilla es como la ginebra. Siempre estaban ahí, pero ahora es cuando se le echa cuenta al uno y a la otra. Están los tontos de la Davis todo el día preguntando por las entradas como están los tontos del gin tonic expertos en sabores de tónica y modalidades del enebro desde hace un cuarto de hora. ¿No recuerdan cuando nos dio por Velázquez? La de autobuses que se fletaron para ir al Prado. Vengan los Sevilla Bus con el personal hambriento por consumir cuadros de Velázquez. Velázquez por un tubo. Se hablaba en 1990 de la Velazquezmanía. Pasamos de una manía a otra.

Las colas para pedirle entradas de la Davis al alcalde Zoido (que ahora parece que se dice así, como el arzobispo Asenjo) son dignas de mención en la ciudad que desde el 92 es la de las colas por antonomasia. Todo el mundo quiere ir a la Copa Davis, la que llegó a la ciudad en barco como en la procesión marinera de julio, con los pulgares del alcalde y sus aliados hacia arriba como emperadores romanos indulgentes, pero sin banderitas festivas ni otras embarcaciones de escolta haciendo sonar las sirenas. A los chicos del gobierno me los tienen fritos, con la cara estreñida y sin un minuto libre. Pero no están así porque hayan llegado al gobierno y algunos se hayan vuelto importantes de la noche a la mañana. Noooooo… Por eso no. No sean malpensados. Este síndrome, de haberlo, se arreglaría con el paso del tiempo (reloj no marques las horas). Están que no les cabe el cuerpo en la caja (negra) porque desde que Escañuela nos ha traído la buena nueva del tenis, al personal le ha entrado un irrefrenable deseo por asistir a algún partido de la Davis. Y ya se sabe lo que pasa en Sevilla, que basta decir que para un acontecimiento no hay más que unos cientos de entradas disponibles para tener el lío formado. Con lo ocupados que están los Zoido´s boys elaborando el presupuesto de 2012 y encima la gente dándoles la barrila para suplicar entradas para el tenis como si fuera un Domingo de Resurrección de los años de Romero o un Pregón de Semana Santa de los años buenos.

En la Davis hay que estar cueste lo que cueste. Sobre todo desde que se ha vendido tan inteligentemente la dificultad por lograr una entrada. Tras la Zoidomanía, la Davismanía. La verdad es que con la de gente que hay últimanente en la Plaza Nueva con cara de pelota de tenis… No sé de qué nos extrañamos. Ni toros, ni pregones, que ambos andan flojos de remos. Ahora toca Davis, mucha Davis. Y que no falte tónica con aliño de enebro.

Y su rodajita de limón. Por supuesto.

Silbido de misiles en la Plaza Nueva

Carlos Navarro Antolín | 21 de octubre de 2011 a las 11:01

Lo del Ayuntamiento de Sevilla recuerda por momentos a aquella Guerra del Golfo de las vísperas de la Expo’92. Aquellos días de insuperables telediarios de mediodía de Antena 3 que repetían las imágenes de las baterías de antiaéreos escupiendo fuego a la espalda del intrépido y literato cronista. Días de desayunos marcados por los boletines informativos dando cuenta del lanzamiento de misiles scud. Afloraron como champiñones los técnicos que explicaban la trayectoria de cada misil iraquí cuando de pronto, ¡zas!, llegaba el misil de los americanos, esos inolvidables patriot que interceptaban el proyectil enemigo. A cada scud le seguía un patriot. Y todo el mundo manejaba el lenguaje balístico con alta precisión.

El cielo de la Plaza Nueva está sobrevolado por los scud y los patriot. ¿No oye usted los silbidos? ¿No los ha visto perderse en lontananza tras peinar el ático del Hotel Inglaterra? Ay, ese ático… Pregunten en el grupo socialista por lo de los misiles, porque no deben ganar para sustos. Cuando levantan cabeza con algún tema, se arremangan para denunciar baches, salen de los despachos para conocer in situ las obras o aciertan al denunciar el mal estado de conservación de un parque, tardan pocas horas en recibir un guantazo casi siempre relacionado con el pasado. A cada denuncia socialista le sigue un zurriagazo popular con mala leche de bote y precisión de francotirador experimentado. Alguno del PSOE se tapa ya los oídos a los cinco minutos de soltar la mosca esperando el cañonazo de vuelta. Cada vez que el PSOE municipal larga y hace su necesaria labor de oposición, tenemos resaca de facturas de impagadas, chapuzas en las obras, taxis indebidos, negocios escadalosamente deficitarios y otras irregularidades de los años de vino y rosas del gobierno de PSOE e IU. El papel de Juan Espadas ya era el más difícil de todos los candidatos en la campaña y sigue siendo el más difícil en el arranque del mandato. Y a saber por cuánto tiempo más. Alguien está especialmente interesado en cobrarle muy cara, pero que muy cara, la cancelación de la hipoteca que le dejó Monteseirín.

Se oye en el palomar de la oposición:

-Juan, vamos a sacar que hay baches en el Puente del Cachorro…Que Zoido bien que se hizo la foto en campaña señalando los agujeros y rodeado de motoristas del partido.

Y al día siguiente se canta el pedido en el PP:

-¡Dame media de sobrecoste en obra clave para el futuro de la ciudad! ¡Pero bien pasaíta, para que se les quite las ganas de comer en tres meses!

Y los mineros del pasado le dan al pico y a la pala. Y de allí sale oro y plata para llenar tres galeones. Lo dicho. Todo tiene una rebuscada reminiscencia de aquellos años en que a cada misil le seguía otro más potente. Era la Guerra del Golfo. El golfo es un accidente geográfico. No busquen otra lectura. Malpensados.

La derecha lucha contra el picudo rojo

Carlos Navarro Antolín | 29 de septiembre de 2011 a las 10:35

En la ciudad de telarañas en las arcas sólo faltaba la plaga del picudo rojo para componer el mapa decadente. Sevilla, ciudad de aves, pájaros, pajarracos y picudos rojos. Zoido no ha mandado a sus 20 concejales a luchar contra el picudo rojo. Menuda sorpresa. Diez mil palmeras de la ciudad amenazadas por esta especie de escarabajo. Alguien con muy mala leche ha debido llegar con una cajita, abrirla en plena Plaza Nueva y dejar en libertad tramos y tramos de disciplinados picudos rojos que han ido a zamparse la vegetación de media urbe. Y el pobre delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, el reverendo Vílchez, se tiene ahora que emplear a fondo con el picudo. Ya sabemos que en el Pleno de mañana se hablará, sobre todo, de la incapacidad de esta derecha para luchar contra el picudo. Lo advirtió Espadas en su discurso de toma de posesión, con las calores de junio: “Usted se dará cuenta de que una ciudad no es algo que pueda funcionar como un reloj suizo”. Y tanto. Dos meses después ha cerrado la casi centenaria Relojería Suiza de la Plaza de San Francisco, la de Yruela. Y ha llegado el picudo como el tapicero a su ciudad, señora. Rápido, que llamen a los hombres de Cabello…(suena aquí la música de acción).