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El chubasquero del PP

Carlos Navarro Antolín | 10 de mayo de 2017 a las 13:48

RAJOY Y COSPEDAL VISITA ZONAS INUNDADAS EN CIUDAD REAL

La gran novedad del barómetro del CIS es que devuelve al PSOE a la segunda posición de la carrera electoral. El PP seguiría ganando elecciones, lo que ya no sorprende, y Podemos caería al tercer puesto. Está comprobado que el PP está revestido con un chubasquero que le protege de cualquier temporal de corrupción, por mucho que este sondeo haya sido previo a la Operación Lezo que tiene en jaque a José Antonio Nieto, secretario de Estado de Seguridad y ex alcalde de Córdoba. La corrupción en el PP parece amortizada para el electorado tanto como los ERE para el PSOE andaluz. Los socialistas avanzan en los sondeos pese a que el partido está hecho unos zorros y parecen no advertir el peligro de extinción que corren sus colegas franceses. El electorado deja sin castigo la triple división interna del partido de centro izquierda.

Queda claro que el PP es el gran partido nacional en estos momentos, lo sigue siendo, lo es desde el otoño de 2011.

No se resiente como su equivalente francés por mucho que trasciendan mensajes cómplices de Rajoy con su corrupto tesorero, por mucha que sea la podredumbre que se ventila de los años del aguirrismo en Madrid, por muchos furgones de Policía que se agolpen en la sede de Génova para efectuar registros, por muchos nuevos casos que vayan viciando el ambiente, algunos más forzados que otros (como el de Murcia), por mucho que hayamos visto a grandes iconos esposados como Rato, Matas, etcétera. El PP es sólido incluso por muchos incendios políticos que sufran algunas de sus estructuras provinciales donde las relaciones entre diferentes corrientes están marcadas por el odio africano. Y hasta por mucho que Ciudadanos vaya recogiendo una cosecha meritoria pero aún débil. El gran logro de Aznar fue reunir a toda la derecha en un único partido y lograr ocupar el centro político. Y el grán mérito de Rajoy es jugárselo todo a la casilla de la recuperación económica, la que concede el chubasquero que protege de todas las tormentas. No puede haber otra causa que apuntale la solidez del PP que los datos económicos que se traducen en más empleos, por precarios que puedan ser; y en la trayectoria solvente, por el momento, de ministras andaluzas como Fátima Báñez, que salió limpia de los charcos de la reforma laboral y de la reforma de las pensiones, y que, de hecho, es la que más tiempo lleva en un cargo tan poco grato. Resulta sorprendente que los números sostengan a este PP en momentos delicados como el actual. El CIS refleja que no ha existido cuaresma para este partido. Lo dijo un asesor con ínfulas de Arriola: “Si la gente llega a fin de mes se olvida de todo lo demás”. España es diferente. La extrema derecha sigue anestesiada. Los sondeos inyectan sangre en un PSOE con cierto color cadavérico. Y el PP de Rajoy sube poco a poco el puerto de montaña de la consolidación económica gracias a esas ruedas de prensa en las que Tomás Burgo cuenta las buenas nuevas de las filiaciones a la Seguridad Social como el Conde Draco de Barrio Sésamo. España es refractaria a los contagios revolucionarios de las naciones vecinas. Tenemos velocidad propia. Un estilo particular. Una gran misericordia para perdonar siempre que el bolsillo suene.

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La cuota zascandil

Carlos Navarro Antolín | 30 de octubre de 2016 a las 5:00

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LA nueva política necesita un lifting exprés. Se arruga a gran velocidad, padece envejecimiento prematuro. Otal vez sus protagonistas pasan demasiadas horas delante del televisor. En Sevilla estábamos demasiado ajenos a las Colaus y las Carmenas, iconos municipales de este nuevo tiempo donde el edificio del sistema no termina de caer, por fortuna, pero tampoco termina de curarse de una aluminosis provocada por el tenguerengue en el que están los grandes partidos. En Sevilla nos hemos librado de la bisoñez y del tinte adolescentoide de la nueva política gracias a que el PSOE de Juan Espadas es, por lo general, bastante moderado, y también gracias a que los resultados de la marca blanca de Podemos en la capital fueron más bien escuálidos después de la alta expectación que habían generado en todo el reino.

Aquí, por ahora, no hay más mareas que las de Matalascañas, ni más marcas blancas triunfantes que las que Pepe Moya Sanabria envía a los estantes de Mercadona. Al menos sí tenemos la cuota zascandil, encarnada por la edil Cristina Honorato, de la que los ujieres de la Plaza Nueva dicen, con rima de guasa, que no termina el mandato. A esta Honorato se le ve el pelo de la dehesa en cuanto goza de la mínima oportunidad. Como la Policía Local no le dejó colar a todos los manifestantes que pretendía introducir en el Ayuntamiento, la Honorato salió por las bravas con eso tan castizo, tan facha y tan viejo como es el no sabe usted con quién está hablando:“¡Soy la autoridad política!”. Eso se llama hacer un Verónica Pérez, la de la máxima autoridad repelida por los seguratas de Ferraz, pero en versión cutre de la Plaza Nueva y sin telediario con eco nacional.

Tenemos a una presidenta del Pleno reprobada por el ídem por saltarse a la piola la Constitución Española y ahora también tenemos a una concejal que es la cuota de la nueva política zascandil. Todo nos llega tarde, debe ser el destino fatal de los pueblos del sur. Por fin tenemos en directo, en el corazón de la ciudad, una muestra de esa política de aula de instituto, de gigantes y cabezudos en manifestaciones dominicales, de pancarta republicana y el tío subido en el monorrueda.

Lo mejor no ha sido la contemplación del episodio de envalentonamiento histérico de la concejal venida arriba cual franquista en primero de octubre, sino la reacción del alcalde cuando se le preguntó por los hechos. Dice Juan Espadas que no tenía sentido que los manifestantes, unos profesores interinos, protestaran en el Ayuntamiento cuando la Administración municipal no tiene competencias en la materia. Del comportamiento despótico de la edil, ni pío, que por algo el voto de la Honorato y sus dos compañeros de filas fueron muy útiles para el día de su investidura. La explicación de Espadas ha recordado, y mucho, a la de Fraga cuando le preguntaron por la polémica nacional que se montó a cuenta del primer caso de una pareja homosexual residente en una casa cuartel de la Guardia Civil. Ante decenas de alcachofas, don Manuel se salió del asunto con su peculiar estilo de negar la mayor:“Siempre he dicho que el modelo de las casas cuartel es un modelo agotado. Ydéjenme pasar, por favor”.

Aún no tenemos pliegos de licitación de la ampliación del tranvía, pero seamos optimistas:van cayendo los veladores como los plátanos de sombra de San Telmo y ya disfrutamos de la cuota zascandil de la nueva política. La concejal que se negó a que sus acompañantes pasaran por el control de identificación, la concejal que interpretó las normas que todos cumplimos como el establecimiento de un “Estado policial”, la concejal que chuleó al agente de la Policía Local como una niñata vociferante de noche de fin de semana, no era una concejal del PP. Es de Participa Sevilla, es la misma que está procesada por la ocupación de una sucursal bancaria en la Plaza de la Campana, es la que adquiere con celeridad los vicios más antiguos de la peor política, como el conductor novel que se salta las rayas continuas y no usa los intermitentes. Es el efecto de la inmadurez (Mamá, quiero ser artista, ser protagonista, oh mamá) o de tenerla como el cemento armado. Lo de siempre. Todo más viejo que el caminar hacia delante. Echamos de menos los gigantes y cabezudos de los domingos y fiestas de precepto. Se pierden los buenos usos. Sevilla se nos va. No hay derecho.

26-J en Sevilla: La mancha roja se destiñe

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2016 a las 0:59

Sevilla,26/06/2016.
LA provincia de Sevilla no aparece teñida de rojo en el mapa electoral por primera vez. El PSOE pierde sangre por el bastión del Sur. La cabra se despelucha. A los socialistas se les abre una herida inédita, una vía de agua en la nave mayor, un escape de energía. El resultado en la circunscripción de Sevilla es toda una victoria psicológica para los populares, nunca lograda en la historia de la democracia. Sevilla siempre fue roja. Sevilla era esa “manchita” en el mapa azul del PP hasta en las mayorías absolutas de Aznar (2000) y Rajoy (2011). Sevilla era esa provincia despreciada periódicamente por la altanería de moqueta y cuellos duros de Génova, pasto de las bromas fáciles y diana de los dardos de la prepotencia madrileña, sobre todo por esa cantidad de pueblos donde el PP sevillano ha sido la tercera fuerza política.

El PP de Sevilla, el partido estático donde nunca ha habido agitaciones internas ni corrientes críticas hasta hace un cuarto de hora, empata en número de escaños con los socialistas. Cuatro a cuatro. Atrás quedan los años en que el rodillo del puño y la rosa llegaba a conseguir hasta ocho diputados en el tradicional fortín del socialismo español: la circunscripción hispalense. El PSOE se deja más de 23.000 votos con respecto a las elecciones de diciembre. En menos de un semestre pierde una cantidad de sufragios considerable, una derrota no contemplada en ningún vaticinio. La tierra de Felipe y Guerra ya no es roja, se ha vuelto gris.

Los populares cogen aire en España, en Andalucía, donde no ganaban unos comicios desde aquellos 50 melancólicos diputados de Arenas en 2012; y, lo nunca visto, en la provincia de Sevilla. La capital de Andalucía ha sido siempre el gran freno del centro-derecha andaluz. Los populares ganan más de 9.000 votos en la provincia roja por naturaleza, lo que, unido al bajonazo socialista, les permite conseguir el cuarto escaño que posibilita el empate y, por lo tanto, que el color de la circunscripción sea ese gris del empate por vez primera desde 1977.

El PSOE gana en los pueblos, pero es menos fuerte donde nunca nadie osó toserle. He ahí su fracaso. Los socialistas no pueden conformarse con un empate en la provincia roja por antonomasia. No deben admitir un debilitamiento del voto rural tan pronunciado.

Zoido vuelve a ganar en la capital. Encabeza la lista más votada en ocho de los once distritos. El ex alcalde gana casi cuatro mil votos en comparación con las elecciones de diciembre y vence otra vez a un desconocido Antonio Pradas, cabeza de lista del PSOE sin proyección mediática alguna. La marca electoral de Zoido se consolida de cara al Congreso de los Diputados. Tal como destacaban en privado dirigentes del partido en el último mes, no hay ahora mismo nadie que tenga unas cotas tan elevadas de notoriedad en el PP de Sevilla. Que perdiera la Alcaldía en mayo de 2015 como la perdió (de 20 a 12 concejales), no lo invalida como un cabeza de cartel de éxito para las Cortes. Es un candidato que no genera rechazo, pues sigue siendo un político al que se discute la capacidad de gestión, pero se mantiene exento de aristas personales.

El PP estaba esperando los resultados de Sevilla con lupa tras los meses de enfrentamientos internos entre oficialistas y críticos, entre el sector auspiciado por María Dolores de Cospedal y el impulsado por Arenas, ambos con el objetivo de controlar el partido de cara al futuro congreso nacional. Estas disputas internas no han afectado al resultado electoral. Los electores del partido de la gaviota se han movilizado aún más que hace cinco meses. El presidente provincial, Juan Bueno, muy discutido por el sector crítico, podrá hacer un análisis de los resultados con un alivio jamás experimentado por sus antecesores. Y podrá presentarse en la sede regional con la cabeza alta, donde el malagueño Moreno Bonilla siempre ha mirado con recelo los escrutinios sevillanos al restarle opciones electorales en el ámbito regional.

Podemos gana un escaño. Ciudadanos pierde uno. Los emergentes nunca lo han sido en Sevilla. El bipartidismo no se ha erosionado nunca en esta circunscripción. Susana Díaz tendrá que buscar nuevas caras en el PSOE sevillano para los próximos carteles electorales. Sevilla es menos roja que ayer. En la sede del PP andaluz, la tradicional Villabajo de las noches electorales, funcionó el tirador de Alhambra, no el de la Cruzcampo. Moreno Bonilla fue portado a hombros por militantes sevillanos en contraste con las autonómicas de 2015, cuando eran cuatro sevillanos los que aliviaban su duelo. Zoido bailó. Las alegrías en fútbol duran una semana. En política acaso un cuarto de hora. Hay que aprovechar el sueño de la cabra. Ycelebrar hasta el color gris.

La cabra aguanta

Carlos Navarro Antolín | 21 de diciembre de 2015 a las 5:00

SEVILLA 15/16
LAS primeras generales sin Alfonso Guerra de cabeza de lista por Sevilla. El PSOE puso a un tal Pradas en los carteles y se cumplió la profecía del viejo zorro del socialismo español: los socialistas vencen en la circunscripción sevillana incluso si se presentan a una cabra. Pradas es un hombre de la absoluta confianza de Susana Díaz, un tentáculo útil y eficiente para la presidenta andaluza en la Carrera de San Jerónimo, donde los socialistas entrarán en complejos equilibrios internos a la hora más que previsible de entenderse con la amistades peligrosas de Podemos. Pradas es un político de perfil local y gris, un color nada despreciable en política. Del gris se sabe mucho en el PSOE andaluz, donde el político más gris de su historia, Manuel Chaves, mantiene el récord de permanencia en el gobierno. Pradas es gris en un PSOE dividido y al ralentí (con el brusco acelerón del debate cara a cara), que no está muerto aunque estaban redactándole el obituario con las israelitas. Y ese tono gris le ha bastado para conseguir una victoria digna, si se trata de hacer un análisis de los resultados en la circunscripción sevillana.

El bipartidismo se resquebraja en España, pero se robustece la vieja teoría del rumiante que siempre sale victorioso en el Sur si lleva en el lomo el hierro fundido del puño y la rosa. Después de Guerra, el gris. Pero siempre la victoria. Sevilla no deja al PSOE, como no dejó al rey sabio. El voto rural es del PSOE en el tablero de ajedrez alfonsino hasta tal punto que la derecha sociológica vota socialista en esta provincia española (incluso en toda Andalucía), mientras que Podemos recibe el sufragio puro y duro de la izquierda, con el añadido de los obsesionados por dar una patada al avispero, y el electorado expulsa al hasta ahora único representante por IU en el Congreso de los Diputados. Los votantes han sido cicateros con Ciudadanos en Sevilla (Pinocho en las encuestas)y crueles como niños con el viejo PCE.

Sevilla sigue siendo fiel al PSOE del tardoguerrismo gracias a los pueblos, por mucho que se deja más de cien mil votos después de estos cuatro años, que se los deja. Yel PP pierde aún más:más de 150.000 sufragios, por lo que se queda muy lejos de la marca cosechada hace cuatro años la noche de la mayoría absoluta de Rajoy. Hagan la cuenta: el bipartidismo pierde más de 250.000 votos en la provincia sevillana. El codazo de Podemos para coger sitio en el banco sevillano es notable, donde tendrá dos diputados. Y los naranjitos dos actas, entre las que figura la de Virginia Salmerón, a la que han machacado en las redes sociales con el vídeo de una entrevista en la que mostraba una frívola indecisión.

Si el PSOE colocó a un desconocido como cabeza de cartel por la circunscripción más roja de España, el PP tiró de un alcalde orillado del poder municipal: Juan Ignacio Zoido. El ex alcalde de Sevilla ha encabezado una lista que pasa de cinco a tres diputados. No es una hecatombe, pero sí es un registro pobre para un PP sevillano eternamente necesitado de una renovación, y cómodamente instalado en la mediocridad cada vez que suena el tam-tam electoral en la provincia de Sevilla. Zoido sí ha conseguido, al menos, ser la lista más votada en la capital, con doce mil votos por encima de los socialistas, y casi 38.000 sufragios por encima de Podemos.

La marca Zoido, al menos en la capital, resiste estas elecciones generales pese al desastre de las últimas municipales, cuando se dejó 60.000 votos tras una gestión de cuatro años caracterizada por el tono plano. El político del PP, que durante dos años fue el estandarte de su partido en el Sur de España, hasta el punto de ser alzado a la presidencia de la FEMP y de su propia formación en Andalucía, conserva la vitola de liderar la lista más votada en la capital, un mérito al que, al menos, podrá sacarle jugo en las reuniones de consumo interno. Incluso tal vez le sirva para alargar todo lo que pueda su condición de líder de la oposición en el Ayuntamiento de Sevilla, siempre y cuando el PPno apruebe un catalogo de incompatibilidades.

Los populares vuelven a ser la fuerza más votada en Espartinas, el bastión aljarafeño que perdieron en las últimas municipales en favor de Ciudadanos, cuyo alcalde ha tenido que dimitir en plena campaña electoral al resultar imputado. Y siguen incontestables en Tomares, donde su alcalde, José Luis Sanz, ha sacado el acta como senador, tal como estaba previsto. Pero los pueblos son del PSOE en una suerte de presunción de victoria mientras no se demuestre lo contrario. Después de Franco, las instituciones. Después de Guerra, la cabra.
ELECCIONES. ZOIDO VOTANDO

Manual para atizar al rival

Carlos Navarro Antolín | 7 de diciembre de 2015 a las 5:00

DÍA CONSTITUCIÓN
El pensamiento único anida en los argumentarios, carriles de una política lanar que, al menos, la caja tonta está sacando del formato encorsetado, hierático y rígido, aunque sea a costa de un exceso de frivolidad presentado con el celofán amable de la aproximación al perfil humano de los candidatos. Los aparatos de los partidos políticos están obligados a instruir a sus gladiadores en qué hay que decir, qué hay que replicar y, sobre todo, cómo hay que atizar al rival si se pone impertinente. El Partido Popular envió el otro día por correo electrónico los 87 folios de los que consta el denominado Manual del Candidato, presentado como un “ejercicio de racionalización”, cocinado en los fogones del arriolismo “sin perder objetividad ni visión panorámica de la acción de gobierno” (conecten las risas en off, por aquello de la objetividad).

Dice la presentación del tocho que el manual sigue el guión del programa electoral con el objetivo de ser “consistentes” [sic], en lugar de coherentes. Y afirman los pinches cocineros del laboratorio genovés: “El objetivo final es que sea un documento de consulta ágil, que cubra las líneas de acción del gobierno de una manera integral y que además sea fácil de procesar”. Yla coletilla es una perla, por lo menos australiana: “También se busca que el manual pueda caber en el bolsillo de la chaqueta o en el bolso de su portador para su rápida utilización”. ¡Nada menos que 87 folios de argumentario no sólo requieren de una mente dócil y domesticada, sino de enormes bolsillos, oiga!

El manual recuerda las bondades del gobierno de Rajoy, el hombre que quisiera contarle a cada español que nos libró del rescate. Explica los Retos a futuro y desarrolla en cada capítulo el apartado titulado Críticas a otros partidos. Un poner. Si un socialista arrea al PP con la reforma laboral de Báñez, el candidato del PP debe decir:“En materia laboral, el PSOE no puede dar lecciones”. Y sacar del baúl de los recuerdos a Zapatero:“Destruyó más de tres millones de puestos de trabajo”. ¡Zas!

El manual se empeña en colgar a Ciudadanos el sambenito de copiones del programa electoral del PP. Hay veces que reconoce que Albert Rivera “establece grandes objetivos”, pero son “coincidentes en gran medida con nuestro programa electoral de 2011 y con el actual”. ¡Copiones! A Podemos, por lo general, se recomienda tildarlos de opacos, por anunciar medidas sin precisión.

En materia de emprendedores, pymes y autónomos, el candidato del PP debe acusar nuevamente a Ciudadanos de “llegar tarde” y de que muchas de sus medidas ya han sido aplicadas por Rajoy: unidad de mercado, ventanilla única, etcétera. A Podemos, reprocharle que fomenta la economía sumergida. Y al PSOE, otra vez al hígado deZP: “Fue una máquina de destrucción masiva de empresas y empleo”. Menudo uppercut.

En economía y sociedad digital, el pepero debe acusar a Ciudadanos de “pura retórica” por la querencia de Rivera hacia las “obviedades” y su “despiste sobre las medidas que ya están en funcionamiento”. En asuntos de energía, debe asumir el reto nada fácil de presumir de que el PP ha bajado el recibo de la luz un 9% y atizar el PSOE de haber generado un estado de “pobreza energética”. En industria, más de lo mismo: “Ciudadanos propone una infinidad de medidas que recogíamos en nuestro programa electoral de 2011 y que hemos desarrollado”. Yun apunte sobre IU: “Ha propuesto nacionalizar Abengoa, volviendo al modelo de privatizar las ganancias y nacionalizar las pérdidas”. Cosas de rojos.

¿Armas para un debate sobre el turismo? ¡Otro zas! “El PSOE pretende inventar la rueda”. El candidato del PP tiene que acusar a Pedro Sánchez de decir “lo mismo” que ya ha hecho el PP: “Una política transversal y colaborativa con un fuerte compromiso público y privado”. Y debe apuntar un ejemplo específico: “El PSOE ya realizó una gestión nefasta. Pusieron al límite de la quiebra a la Sociedad de Paradores”.

En el sector agroalimentario, el PP arrea a Ciudadanos:“No están interesados ni en el campo ni en los pueblos, como muestra su propuesta de fusionar los municipios de menos de 5.000 habitantes”. En transportes, Ciudadanos se hizo un lío con el AVE, y en política medioambiental “se desconoce su política”, pero “sí han dejado de manifiesto que quiere ayudar a la aparición de negocios eliminando barreras regulatorias” . ¡Caramba, se ha escapado un elogio a los copiones!

En materia europea, a Podemos hay que arrearle por “falta de vocación” y hay que recordar que Iglesias “no cumple con su labor de eurodiputado”. En Defensa, Ciudadanos presenta un programa “vago” y que se resume en “gran ignorancia y desinterés”. Fin de las citas.

La sombra del alcalde de Zalamea

Carlos Navarro Antolín | 14 de junio de 2015 a las 5:00

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AQUELLA mañana de julio del 99 se quedó sin el bastón de alcaldesa porque se negó a pasar por el aro de Alejandro Rojas-Marcos. Soledad Becerril no se entendió nunca con el líder andalucista. Fueron ocho años de tensiones en los que hasta se vigilaba la asistencia de los colaboradores de unos a las copas de Navidad de los otros, pese a que todos formaban un gobierno de coalición. Los concejales del PP tenían prohibido acudir al piscolabis de pascua que ofrecía Rojas-Marcos en su casa de la calle Castelar. Todo se fue al traste cuando Chaves se comprometió ante Alejandro a afrontar la construcción de la Línea 1 del Metro, la gran coartada para que el PA dejara al PP alejado del poder durante nada menos que doce años. Aquella mañana del 99, Soledad Becerril era consciente del futuro que se avecinaba. No supo lograr el objetivo número uno de todo partido político:perpetuarse en el poder. Los partidos son estructuras concebidas para alcanzar el poder con vocación de permanencia. Y ella fracasó en ese objetivo. Por eso, aquel día de emociones reprimidas en el Salón Colón, recurrió a la literatura para dejar a Rojas-Marcos caricaturizado como una boa ávida de cargos al precio que fuera. La hoy Defensora del Pueblo Español recurrió nada menos que al alcalde de Zalamea para salir del paso: “Al Rey, la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor… Es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”. Ahí quedo el mensaje. El PP no estaba dispuesto a admitir las exigencias de Alejandro, el diablo que demandaba el alma del centro-derecha.

Juan Espadas citó ayer a Soledad Becerril. Pero no a la de 1999, sino a la de 1991, cuando la elegante política del PP justificó el primer pacto con Alejandro para desalojar del poder al PSOE, que era la lista más votada. Becerril destacó entonces que ningún partido había obtenido mayoría suficiente, como Zoido veinticuatro años después, y consideró “legítimo, democrático y usual en todo Europa” que varias fuerzas políticas alcanzaran un acuerdo para formar gobierno, como Espadas veinticuatro años después. Espadas se apoya ahora en Soledad Becerril, todo un icono del mejor PP, para montar el argumentario perfecto, dedito en el ojo incluido a Zoido. Pero no recordó a la Soledad de 1999, en cuyo discurso había también una clave: el precio de bailar con lobos con tal de ser alcalde. El tiempo dirá si las nuevas amistades políticas de Espadas le piden el honor, la hacienda o el alma. Y entonces se acordará (o no, que diría Rajoy) del alcalde de Zalamea.

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A la hora del Ángelus, el arzobispo de Sevilla ya estaba sentado en la primera fila del Salón Colón. Espadas estaba abajo, en la puerta principal para recibir a la presidenta de la Junta de Andalucía, que se hizo esperar unos minutos. El poder nunca es puntual en la España de los retrasos. Tal vez los políticos deberían prometer ser puntuales antes que dejar los coches oficiales y otras promesas barnizadas con la demagogia. Zoido se ha hartado de llegar tarde a los sitios. Y el Pleno de ayer, el más importante del mandato, debía empezar a las doce.Lo hizo a las doce y cuarto. Espadas estaba en la puerta como están los canónigos cuando aguardan al arzobispo. Ella llegó y, como siempre, lo inundó todo. La Banda Municipal interpretó en ese momento una marcha militar (Guardia de Alabarderos) que dio un toque de película de reyes y princesas a la escena: los policías locales de gala en actitud marcial, el traje rojo de la presidenta sobre el fondo blanco marmóreo de la escalera, las notas musicales, el bullicio que rodea al poder… Y todos esperándola a ella en un salón de cuadros, tapices, dorados y concejales de Podemos en camiseta, estética ecléctica de los nuevos tiempos.

Los chicos del PP habían llegado puntuales al Ayuntamiento. Todos juntos alrededor de Zoido. Los doce electos y varios de los salientes. Se habían citado en la puerta del Hotel Inglaterra. Recorrieron la zona central de la Plaza Nueva y accedieron a la vez a las Casas Consistoriales. Caras serias. Saludos, los justos y necesarios. Parecían faltar los libreas con faroles de mano y el sonido de la esquila: el entierro de la melva. Al terminar la sesión, Zoido no bajó por la escalera principal. Lo hizo por una vía secundaria, más discreta. Ha obtenido cien mil votos. Ha encabezado la lista más votada. Pero prefirió salir el primero y haciendo el menor ruido posible. En el andén se llevó una pitada de manifestantes desharrapados con banderas tricolores, un estruendo injusto para un alcalde excesivamente castigado en las urnas. Pero tal vez por eso, por la dureza del oficio político, Espadas se lo advirtió a su familia: “Hoy toca disfrutar, porque mañana… Mañana toca lo que toca”. Toca sufrir. Las alegrías en política duran muy poco, palabra de Pepote Rodríguez de la Borbolla. A veces sólo duran una tarde, una mañana o el tiempo de una merienda en alguno de los 13.00 veladores. En fútbol pueden durar una semana, pero en política, ay, el jajajá en política es efímero.

Monteseirín volvió al Salón Colón junto a su cirineo, el catedrático Manuel Marchena. El concejal Beltrán Pérez juró el cargó con una pequeña cruz de oro en la mano izquierda. El secretario y el interventor salieron juntos, nunca revueltos. Unos vienen y otros van, Flores y Braojos (como Paco Ojeda en el toreo) siempre están. “Hasta que nos jubilemos”. No hubo tesorero, la plaza está vacante. Sí hubo varios maceros, con la maza baja, que conviene cuidar la espalda cuando la sesión casi se alarga dos horas. Qué solos se quedan los maceros cuando se van los nuevos capitulares buscando la cerveza de mediodía, unos con arroz y otros con melva, unos con alegría y otros con pesar. La lista más votada está de luto, paradojas de una política donde la gran verdad es que todo es mentira. Ayer faltaron muchos de los rostros del tío vivo local de los canapés, los mismos que hace cuatro años lampaban por la foto con Zoido en el Salón Colón, arropado aquel día por Rajoy. Cuatro años no son nada. El tiempo lima las aristas de la memoria. Alfredo era el demonio y ayer recibía abrazos. Zoido se marchó con prisas, sin volver la vista atrás. El alcalde de Zalamea no tenía maceros. Ni veladores. Siempre nos quedará la melva.
13/06/15 Investidura de Juan Espadas Alcalde de Sevilla.

Ni Giralda, ni Mezquita: la clave es la pasta

Carlos Navarro Antolín | 16 de marzo de 2015 a las 5:00

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La candidata de Podemos, Teresa Rodríguez, ha exigido a la Iglesia Católica transparencia en las inmatriculaciones de bienes. Teresa Rodríguez quiere información sobre los inmuebles que la autoridad eclesiástica ha inscrito por primera vez en el Registro de la Propiedad, que en eso consiste la inmatriculación, gracias al procedimiento exprés arbitrado por Aznar, que concedió facultades de fedatarios a los secretarios generales de las diócesis. La misma señora se descuelga pidiendo que la Giralda, además de la Mezquita de Córdoba, pase a ser de titularidad pública. La candidata ignora (¿de verdad lo ignora?)que todas las inmatriculaciones efectuadas por la Iglesia Católica u otras entidades, instituciones y particulares están en el Registro de la Propiedad. No hay más misterio. Precisamente es el objetivo del acto de inmatriculación:conseguir las garantías a que da derecho la publicidad registral. La Giralda, junto con toda la Catedral y la anexa Parroquia del Sagrario, quedaron inmatriculadas gracias a una certificación expedida por el Arzobispado el 1 de febrero de 2010. Lleva cinco años blindada en el Registro, como puede comprobar cualquier hijo de vecino que acuda al mostrador, demuestre un interés legítimo y pidauna nota simple de la sevillana Plaza Virgen de los Reyes, número 6. No hay más morbo.

Con la Mezquita de Córdoba y las reivindicaciones de IU, Podemos y ciertas plataformas laicistas, hay un fondo mayor, al margen de arañar titulares fáciles en plena campaña. La gran clave no es otra que la habitual:el dinero. Donde hay dinero (y mucho)hay poder. Yel frente laicista ha olido bien la presa. El Cabildo Catedral de Córdoba es de los más ricos de España. La Mezquita es una auténtica gallina de los huevos de oro, muy por encima de otras catedrales de España. No han trascendido sus cuentas, al menos no con el detalle con que suelen dar a conocer en el caso de la Catedral de Sevilla. La Mezquita también está blindada en el Registro de la Propiedad, no hay ninguna falta de transparencia en esta inmatriculación. La Iglesia Católica –es cierto– tiene un frente abierto en Córdoba. Si el Cabildo publica las cuentas, ganará en transparencia. Pero hay cifras que pueden provocar escándalo. Y lo saben.

Zoido ya tiene su coleta

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2014 a las 12:35

Alcalde Alcosa
¡A los barrios, a los barrios! El cornetín de mando ha tocado. Hay que salvar al soldado Zoido del bombardeo electoral europeo que ha dejado a los dos grandes partidos en Sevilla a la altura de las ruinas de Itálica sin Rodrigo Caro que les cante. En los próximos meses veremos al alcalde mucho más entre las batitas fresquitas de Marqués de Nervión, los chándales y las camisetas y mucho menos en los canapés de carruajes, en las bodas de chistera y entre tanto señor emperifollado y con tiros largos que son los moros de Queipo en las galerías de fotos: siempre los mismos. Que los niños canturrean la copla: “Zoido, Zoido, más percal y menos seda. Zoido, Zoido, más pensionistas y menos Pineda. Zoido, Zoido, más barrios y menos jamar canutera”. Pues eso: ¡A los barrios, a los barrios! Los peperos están convencidos de que lo mejor que les ha podido pasar es el repaso electoral de las europeas, acicate para recargar las pilas del alcalde que posee el don de la ubicuidad y la virtud de no parecer del PP.
-¿El pepé? ¿Quién ha dicho pepé?
Ahí está ya el alcalde junto a un vecino con coleta, que le estrecha risueño la mano. ¿Recuerdan aquellas fotos de Zoido con los profesionales del sector audiovisual, vulgo los tíos de las cejas de Zapatero, ese hombre? ¿Recuerdan la foto del alcalde con los chicos del skate board? ¿Y las del tendero de Su Eminencia? Pues prepárense porque lo mejor está por llegar. Ya sabemos cuál es la estrategia del alcalde para revalidarse en el puesto: arrimarse a la coleta, que es lo que se lleva ahora en España, salvo que uno sea policía local en Sevilla, donde el Ayuntamiento quiere impedir a golpe de reglamento las cabelleras a lo Sioux, los agentes apaches, que resulta curioso que el mismo sindicato que pide una campaña institucional para mejorar la imagen del cuerpo es el que luego defiende que a los ciudadanos les da igual la imagen, que para imagen fea, pero fea, la que sólo pierde sus horripilantes hechuras cuando pasa a llamarse Laraña. El alcalde de los votos prestados tiene que renovar la póliza con esas barriadas de Dios que se recorrió en 2007 y en 2011, pero que le dieron calabazas en las europeas, cuando había que apoyar al de la barba blanca y las gafas de retrato de decano del Colegio del Procuradores del siglo XIX. El tipo de interés ha subido para Zoido, se le han disparado las condiciones del préstamo. Si pasan los meses y el PP teme por la Alcaldía de Sevilla, si sus encuestas no le garantizan ni una mayoría absoluta raspada y tampoco vaticinan una recuperación del PSOE, si ya no hay nadie en el partido que se arrime al pitón y pida ir en el puesto 17, Zoido tendrá que basar su campaña en el mensaje del miedo a un tripartito entre el PSOE, IU y Podemos. Habrá que explotar el temor a la coleta, como antes era a la pipa, frente al alcalde blanco, sin mácula de escándalos y correcaminos de barrios entre tendederos de ropa y parados mascullando el tiempo con palillos en la boca. ¡A los barrios, a los barrios! Que el reverendo Vílchez va a tener desde finales de este mes tres millones de euros más para asfaltar calles. Señora, el asfaltador de calles ha llegado a su localidad. Se asfaltan calles del centro, como San Luis o Almirante Lobo, y calles del Parque Alcosa. Si dicen que hasta Juan Espadas está dispuesto a romper el concordato con Bourrelier porque así lo pidan Madina y los frailes de Regina…
Si Rojas Marcos presumía de empezar prontísimo la carrera electoral para que sus adversarios se fatigaran viéndole la matrícula, ya tienen a Zoido junto al símbolo en auge en España: la coleta. El señor de la coleta que no sabemos si le está pidiendo ser policía local. ¡A los barrios, a los barrios! Pongamos en las fotos tantos tíos en chándal y con el pelo largo que nos tomen por Pablo Iglesias, que debe tener un doble en la Calle del Infierno porque es igualito al que va recogiendo las fichas de los coches locos… Con lo bien que está este pedazo de alcalde con los trajes azules de Javier Sobrino. Azules como la zona azul. Ojú, ya estamos mezclando los colores y a un paso de confundir la melva… con la caballa.