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La ministra voluntaria en el fuego de Doñana

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2017 a las 20:23

Incendio de Moguer y Mazagón

El nuevo símbolo del poder no es el coche oficial, sino el chalequillo de múltiples bolsillos que reparte Protección Civil en los casos de tragedia. Puede usted tener la agenda cargada de actos y los ternos más lucidos de Madrid que si nunca le han dado un chalequillo estilo Coronel Tapioca es que usted nunca ha estado en la zona cero de ninguna tragedia. No es nadie. Se vio el domingo y el lunes en el denominado Puesto de Mando Avanzado, desde donde se seguía la evolución del incendio que, por fortuna, se ha saldado sin ni siquiera un solo herido, lo que nos permite fijarnos ya en algunos detalles aparentemente secundarios de los días en que vivimos peligrosamente y respiramos con dificultad. Los señores del PP esta vez reaccionaron con celeridad, no como con el incendio de Riotinto que afectó a casi 35.000 hectáreas de monte de Sevilla y Huelva en 2004. Aquel fuego provocó una lluvia de cenizas en el centro de Sevilla que aún se recuerda. Los entonces barandas del PP andaluz tardaron en acudir al lugar de los hechos. Pero esta vez no, esta vez hubo dos ministros que en Madrid se subieron al avión el mismo domingo por la mañana. A falta de uno fueron dos. Don Zoido acudió al tener las competencias de Protección Civil, que para eso dependen del organigrama de Interior. Estaba en Madrid el domingo porque quiso vigilar in situ el dispositivo de la marcha del Orgullo Gay, que ya es difícil pillar al ministro sevillano en la capital del reino un fin de semana. Pero al avión se subió también la ministra de Empleo, Fátima Báñez, nacida en San Juan del Puerto. Dicen que le oyeron decir: “Es mi tierra, me duele, tengo que estar allí”. Y no la pudieron parar. Rompió la agenda, donde figuraba nada menos que la cena del 40 aniversario de la CEOE bajo la presidencia del Rey. A la fiesta de la patronal tuvo que acudir el jerezano Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores. El Estado, nunca se olvide, no quería quedarse atrás frente a la todopoderosa Junta de Andalucía en un suceso que a esas horas tenía ya todos los indicios de ser el incendio del año, máxime si se tenía en cuenta el caso tan reciente de Portugal. A Báñez la telefoneaban el presidente Rajoy y la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría para interesarse por el fuego. Se nota que es la veterana del consejo de ministros, la que más tiempo lleva en el mismo sillón. La vicepresidenta, por cierto, se conoce el terreno por sus estancias en la costa onubense los meses de agosto. Y también la telefoneó el ministro de Energía, Álvaro Nadal, que se encontraba en Luxemburgo.

Cuentan que la ministra onubense se organizó su despacho aparte en el puesto de control y que se entendió la mar de bien con Rosa Aguilar, la consejera de Justicia y Gobierno Interior, con la que se trata desde sus tiempos de diputadas en el Congreso. A pocos pasó desapercibida la presencia de esta ministra que, sobre el papel, no tenía competencias directas en la extinción de un fuego. Ninguna. Sus razones para estar en el sitio eran emocionales. Allí estuvo dos días reforzando la presencia del Estado y, también, su particular perfil andaluz. O quizás ejerciendo de ministra de Huelva como Zoido lo hace en Sevilla, porque había que ver cómo la saludaban los trabajadores del Parador de Mazagón, que visitó junto a la presidenta de la red de establecimientos del Estado, o los del Supermercado El Jamón, cadena fundada en Lepe. El momento de mayor apuro ocurrió la tarde del domingo, cuando las llamas se aproximaban a Matalascañas. Eso provocó que los dos ministros se quedaran también el lunes con los chalequillos puestos. Parecían fotógrafos en pleno safari. Chalequillo para Antonio Sanz, delegado del Gobierno; para los ministros Báñez y Zoido, para los consejeros Fiscal y Aguilar, para el director de Gobierno Interior de la Junta, Demetrio Pérez. Política de proximidad, política de Coronel Tapioca. En la CEOE se quedaron esperando con los manteles gordos. La ministra tenía que apagar un fuego, nunca mejor dicho. Cambió la gala por el chalequillo. La tierra quemada tarda 50 años en recuperarse. La política vive al minuto. Los perfiles deben ser cuidados. Una ausencia no se perdona. Una presencia se recuerda para siempre.

Saturno en el PP

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2017 a las 5:00

caja negra versión OK

MIENTRAS declaraba como testigo de la Gürtel en Madrid, la nueva cúpula del partido en Sevilla ejecutaba con mano dura y guante de seda la enésima maniobra por la que Javier Arenas se hace omnipresente en el PP sevillano: la sustitución de Alberto Díaz como portavoz del grupo municipal por Beltrán Pérez. El sillón de jefe de la oposición es el alba con la que se cubre al llamado a ser revestido con la estola de candidato a la Alcaldía. Arenas autorizaba desde Madrid un golpe de mano que, nunca se olvide, ha estado ejecutado e impulsado en Sevilla por Virginia Pérez, la figura incontrolable que ha tambaleado hasta convertir en virutas las frágiles patas de la mesa camilla en la que se han cocido las decisiones del partido en los últimos quince años: Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno y José Luis Sanz. Arenas los ha vencido a todos a base de comérselos, como un Saturno que devora a sus hijos por temor a perder el trono. Se ha hecho con la influencia máxima en el aparato local gracias a unos discípulos leales que reconocen su magisterio, con algunas incorporaciones de nuevo cuño como la de la propia Virginia Pérez. Si algo ha sabido en la vida este Saturno disfrazado de lince andaluz es interpretar los cambios políticos cinco minutos antes que los demás. Por eso sobrevivió a Óscar Alzaga, Fraga y Aznar. Apostó por Rajoy en 2004 cuando todos parecían dejarle tirado en el congreso de Valencia. Y acertó. Siempre ha acertado en las guerras internas, lo que escuece hasta la pataleta a sus propios hijos políticos.

Sobrevivió también a la creación de sus propias figuras políticas de cierta proyección (Luis Miguel Martín Rubio) y de incontestable trayectoria (Juan Ignacio Zoido) y también a las que no controlaba directamente pero operaban con fuerza en sus dominios (Soledad Becerril, Teófila Martínez). A la sagacidad y capacidad de análisis de Arenas hay que sumar su pequeña cuota de riesgo: en algunas ocasiones se la ha jugado, como en la citada de Valencia en 2004. En política hay que arriesgar en alguna ocasión para alcanzar alguna meta. Que se lo digan al socialista Gómez de Celis, que la primera vez que ha apostado en serio por un objetivo –al margen del carril acomodaticio del partido– ha salido triunfante. Sólo las especies que se adaptan sobreviven en la selva de la política actual.

Saturno devoró a sus hijos para cumplir la condición impuesta por su hermano Titán si quería reinar en su lugar. Arenas alcanza ya el grado de deidad en este PP en minoría en España, ansioso en Andalucía y tratando de despertar del coma tras la pérdida de la Alcaldía en Sevilla. Sobrevive a todos los líderes nacionales, regionales y locales. Cierra el Espigón, Arenas sigue. Cambia de dueño Antares, Arenas sigue. Cambian los hermanos mayores de la Macarena, Arenas sigue. Controla a buena parte de sus hijos políticos y tiene ya hasta nietos que aprenden de su estilo. Es un mito al que han querido derribar varias veces, pero aún no ha salido el Júpiter que acabe con su influencia. Porque lo que se juega Arenas a estas alturas del partido no es ya ser ministro o alcalde, sino influir en quien desde Andalucía pretenda pintar algo en cualquier orden del PP. Arenas no está para presidir consejos de Emasesa, ni soportar encierros eventuales de despedidos de Lipasam, tras haber volado en el Falcon de los vicepresidentes del Gobierno, haber pasado fines de semana en las fincas del Estado de Doñana o Quintos de Mora, o haber sido recibido por el Papa en el Vaticano. Uno de los problemas de Arenas es que le tiene miedo reverencial a Sevilla: siempre de su casa al AVE sin pasar por la calle Sierpes.

En Andalucía tiene a Antonio Sanz, delegado del Gobierno. En Sevilla, el doble tentáculo de los Pérez: Virginia y Beltrán. Declarando en la Gürtel cambió al jefe de la oposición: quitó a un hombre al que conoce sobradamente, Alberto Díaz, del bando perdedor en el congreso provincial, para colocar a Beltrán Pérez, del bando ganador. Sustituyó nada menos que al que fue jefe de gabinete de Zoido en la Alcaldía, todo un símbolo. Díaz, por cierto, no ha podido sufrir una coyuntura más adversa como portavoz y, al menos, ha salido del entuerto con una elegancia unánimemente elogiada.

Mientras Rajoy siga en Madrid y Moreno Bonilla no crezca políticamente, Arenas seguirá siendo fuerte en Génova, con crédito entre algunos de los periodistas más influyentes de la corte, y continuará ostentando la marca andaluza del PP en la capital de España. A los hijos rebeldes del líder natural de la derecha andaluza sólo les queda –otra vez– esperar confinados en sus respectivos destinos tras haber intentado su derribo. No sería extraño que trate de recuperar a alguno de sus cachorros rebeldes –ya talluditos– cual Maquiavelo que quiera provocar divisiones incluso en el bando derrotado.

Saturno se comió a los hijos cuando ya tenía las sienes encanecidas. El pasado domingo denunció en estas páginas el veterano Juan Manuel Albendea que “está de moda meterse con Arenas”. No, don Juan Manuel, lo que ocurre es que es Arenas quien no deja de estar de moda. Y es Arenas el que no perdona lo que entiende como deslealtades: que algunos no recuerden que han sido lo que han sido por su dedo. Arenas va a durar más que Villar en la Federación Española de Fútbol, Gallardo en el Colegio de Abogados o Cañete en Aprocom. Es la fuerza del mito. Un Saturno de perseverancia voraz.

Maitines en Génova, sabatinas en Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2017 a las 5:00

foto comité

LA nueva era en el PP sevillano estará marcada por las sabatinas de Virginia Pérez. ¿No se celebran en la pomposa sede de Génova los maitines dichosos donde siempre vemos a Arenas cuchichear con la Cospedal como si se llevaran la mar de bien aunque luego se tiren los dardos en la diana del PP sevillano?

–¿Y al final quién de los dos ha ganado a los dardos?

–Arenas. Cuando son guerras de partido siempre gana Arenas. Nunca lo dude usted.

Pues si Génova tiene sus maitines, decíamos, la camarlenga Virginia Pérez se ha inventado las sabatinas. “Trabajaremos los sábados”, proclamó en el congreso en el que se alzó con la presidencia. Anda que si lo llega a decir antes de aquellas primarias en las que Juan Bueno acabó junto a la piedra llorosa la iban a votar… en su pueblo. Pues la Pérez estrenó las sabatinas el pasado fin de semana. A las diez de la mañana en el hotel NH Convenciones, donde mismito fue el congreso de su victoria. Las diez de la mañana es la mejor hora, porque las cabezas están fresquitas, no hace todavía el calor tórrido de este junio y se evitan las largas sobremesas que carga el diablo. O la diabla.

El primer comité ejecutivo del nuevo PP de Sevilla estuvo marcado por un ambiente de tranquilidad, abrazos y saludos cordiales no exento de algunos detalles para el análisis. La fotografía del estrado ha cambiado. Como dirían los cursis: se nota el nuevo escenario. Qué barrila con los escenarios. Todo es un escenario en la política de hoy.

La presidenta saludó con especial afecto a Arenas: “Javier, bienvenido a tu casa”. Y tanto que es su casa, como que dicen que usa el despacho de la presidencia provincial cuando se queda en Sevilla. Hemos pasado del Javié de Zoido al Javier de Virginia Pérez, que usa toda las erres y todas las eses con una estudiada pulcritud. Con semejante pronunciación la vemos cualquier día de protagonista en esos desayunos de Madrid donde se quedan siempre las pastas y la bollería en los platitos.

En lugar destacado del estrado estaban Juan de la Rosa, Beltrán Pérez, Patricia del Pozo, Toni Martín y Alberto Díaz. Las mayorías han cambiado. En la primera fila del público estuvieron Felisa Panadero (bienvenida a las encuestas sobre los alcaldables) y los ex presidentes provinciales Jaime Bretón y Juan Luis Muriel. Paco Lucena y Melgarejo junior se encargaron del protocolo para que cada cuál estuviera en su sitio. En asientos destacados colocaron a los alcaldes de Carmona, Villanueva del Ariscal y Pilas. “Llamarnos más, que estamos disponibles”, dijo el regidor Antonio Enamorado, de Lora del Río, que debe estar encantado con el nuevo sistema de sabatinas que se avecina.

Arenas presidió el cónclave. Cómo no. Con el sumo sacerdote en lugar destacado del presbiterio está asegurada la paz de cualquier celebración. Su presencia recuerda a cuando cierto hermano mayor organizaba los cabildos espinosos en el templo y no en la casa de hermandad. Nadie se atrevía a decir nada que tensionara el ambiente delante de las imágenes sagradas. Arenas habló. Actuó. Alternó los pases relajados y los trincherazos con los naturales largos. Pero sin especiales análisis, ni discursos sesudos. Se recreó. Era su desfile de la victoria frente a Cospedal, Zoido y los cachorros de la denominada mesa de camilla que ha gobernado el PP en la última década. Era su día.

Las ausencias fueron sonadas. No estuvieron ni Zoido, ni varios diputados y senadores nacionales o autonómicos. Debe ser que el sábado les pilló a contraquerencia. El primero en hablar fue Pedro González, vicesecretario nacional de Nuevas Generaciones, que hizo un llamamiento a la unidad y destacó las numerosas nuevas incorporaciones que está consiguiendo la organización juvenil: “El PP está volviendo a ilusionar”. A alguno se le puso cara de emoticono ojiplático. Otros musitaron: “Dios oiga a este muchacho”.

Por fin le tocó el turno a Juan de la Rosa, secretario general designado por el bando perdedor. En su discurso hizo de “relator” de la “intensa” actividad de la presidenta y de su equipo durante estas primeras semanas: visitas a los pueblos, reuniones con cargos públicos, encuentros sectoriales, etcétera. Tanta intensidad imprimió a su balance que tuvo un lapsus que generó las risas sanas de los presentes: “Han sido 26 años intensos”, en vez de los 26 días que han transcurrido desde el tensísimo congreso provincial. Arenas sonrió. Por el momento no parece que la convivencia entre la presidenta y el secretario general que le han impuesto sea como para convertir los días en años. De momento.

Juan de la Rosa anunció una remodelación en la sede de la calle Rioja durante el inminente verano: “Hay que adaptar espacios”. ¡Vienen la piqueta y el pladur, oiga!. La camarlenga arranca mandato con albañiles. A tirar tabiques y quién sabe si algo más. El PSOE cose. El PP usa escayola para las roturas y pintura para enlucir las paredes. El verano es tiempo de obras. Se debatió sobre políticas rurales, temas que generaron varias intervenciones. Alberto Sanromán, nuevo vicesecretario de Empleo, trazó estrategias de apoyo a las comarcas. Se recordó que pronto es el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, por lo que hay que cuidar los actos conmemorativos.

Habló la presidenta desde la mesa, permanentemente al lado de Arenas, al que rogó silencio cuando Javié cuchicheaba con Juanito (de la Rosa). La camarlenga mandó callar a Arenas como Letizia al príncipe el día de la pedida de mano. ¿Recuerdan?

Virginia Pérez dio las gracias por la actitud de muchos de los que han sido sus adversarios. Y para “algunos que todavía no lo tienen claro” , tendió la mano en público para “trabajar todos en la misma dirección, que a partir de ahora es la de derrotar al PSOE”. Anunció las próximas citas electorales: “Las autonómicas nos las tomaremos como unas municipales, Juanma tiene que ser presidente para que los municipios de Sevilla ganen”. Y añadió: “Somos el único partido que defiende ya la unidad de España frente al desafío soberanista”. El PP sevillano trabaja con la fecha de marzo de 2019 para las autonómicas.

La presidenta sometió un único acuerdo a la aprobación del comité ejecutivo: la ratificación de su iniciativa de crear un consejo de ex presidentes, tal como anunció en su discurso de investidura. Será un órgano asesor integrado por quienes tuvieron la oportunidad de dirigir el partido en Sevilla: Juan Luis Muriel, Jaime Bretón, José María Pareja Soledad Becerrill, Amalia Gómez, Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno. A ellos se supone que pedirá consejo y opinión alguna vez. Arenas fue el que preguntó a los presentes si se apoyaba la iniciativa: “¿Estamos de acuerdo?” Y nadie le dijo que no a Javier, como siempre ocurre en el PP.

Se levantó la sesión, algunos corrieron hacia el atasco de la playa, otros a rendir pleitesía al nuevo orden. Javié se fue con sus particulares Santas Justa y Rufina (Patricia del Pozo y Macarena O’Neill) a comentar las jugadas de la sesión. El verano es tiempo de obras, pintura y pladur. Por ahora reina la paz. Las sabatinas son para la oración. Ya llegarán los tiempos de penitencia.

ARENAS SE REÚNE CON EL ALCALDE DE CARMONA, JUAN ÁVILA

La soledad rentable

Carlos Navarro Antolín | 18 de junio de 2017 a las 5:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el consejero delegado de Emasesa, Jaime Palop, presentan iniciativas para la ampliación del número de fuentes de agua potable en la ciudad de Sevilla

LA alegría en fútbol dura una semana. La felicidad en política dura un cuarto de hora. Y la estabilidad en la vida se rompe en un minuto. A Juan Espadas se le ha acabado el Möet Chandon de los amiguetes de la izquierda radical de tanto descorcharlo. Hace dos años sacó rédito de ese odio a la derecha que figura en la heráldica de Participa Sevilla e Izquierda Unida. Lo votaron a él para echar a Zoido. Le concedieron el sillón de alcalde para quitárselo a Zoido. El planteamiento era sencillo: no deseaban al PSOE de Espadas, querían derribar al PP de Zoido. IU y Participa Sevilla reproducen los esquemas de Madrid: el primer objetivo es que no gobierne el PP, sobre todo si se trata de la lista más votada. Todo lo demás es secundario. El segundo objetivo es inalcanzable por el momento en una plaza como Sevilla: fagocitar al PSOE. Espadas, como la España de Aznar, va bien. Incluso le puede venir bien quedarse sin las amistades peligrosas que lo convirtieron en un alcalde con sólo once concejales. Es un alcalde que se ha quedado solo a la izquierda porque esas amistades peligrosas han terminado por aguar la fiesta de la estabilidad con una algarada más propia de una función de fin de curso. Han enseñado la patita de su carácter zascandil, han mostrado el verdadero pelo de la dehesa dejando ver sus intenciones bochincheras. Los encierros de trabajadores alentados por ellos mismos son una coartada de diseño, un pretexto fabricado, una caída exagerada para simular un penalti.

El alcalde ha perdido en quince días la estabilidad municipal y también se han esfumado sus anhelos autonómicos: ser el sucesor de Susana Díaz, para lo cual se estaba trabajando un perfil andaluz con la velocidad pausada de los inteligentes a base de fomentar los ejes con Málaga, Córdoba y Granada. Esa soledad puede hasta ser rentable para sus intereses. Acaso le ha podido sorprender que la bestia adolescentoide de esa izquierda radical haya despertado a los dos años de mandato. Esperaba el zarpazo de la fiera más adelante, quizás en el cuarto año, cuando todos los socios de gobierno o de investidura se desmarcan del pelotón del gobierno con vistas a las elecciones.

La soledad será rentable para Espadas, un tipo gris, de equilibrios medidos, de pies siempre metidos en el plato, al que se le vincula muy poco con protestas airadas, estéticas desaliñadas calculadamente medidas, discursos huecos y alarmistas y mociones ideologizadas donde se saca partido de enemigos externos que poco interesan a la gestión municipal. La soledad podrá ser rentable, pocos lo dudan, pero la convivencia será difícil. La aprobación de los presupuestos requerirá de una negociación viciada de origen. Esta izquierda radical se ha dado cuenta a los dos años de que el alcalde está creciendo electoralmente porque el PPno existe y porque ellos, precisamente ellos, la muchachada de Participa Sevilla e IU, se lo estaban poniendo demasiado fácil. Tan fácil que, al final, los tres concejales de Participa Sevilla y los dos de IU pasan bastante desapercibidos para el público. Rozan la irrelevancia. Con el espacio institucional perdido –o nunca ganado– no quedaba otra que provocar la tangana dentro del mismo Ayuntamiento, hacer ruido, practicar una política de cacerola y silbato, provocar la intervención de la Policía Local para presentarse como víctimas reprimidas por las fuerzas del orden, irrumpir por las ventanas en lugar de llamar a la puerta.

Esta izquierda zascandil necesita el río revuelto para pescar en las espumas sucias del desorden y el pitote, del desaliño de márquetin y la chancla que enseña uñas como garras. Tras echar a Zoido del poder, los amigos del bochinche necesitan crecer, sonar, existir. Yeso solo se consigue a costa de este PSOE en minoría, al que harán la vida imposible en los próximos dos años. Niegan que exista un pulso cuando lo hay en toda regla. Ellos, los de Participa e IU, necesitan ese pulso como necesitan el enfrentamiento, el pleito y los forcejeos porque son su terreno natural, son las aguas preferidas donde navega el bote que sus hermanos mayores han construido en los astilleros del odio y en la concepción de una política que sólo prima el poder por el poder en sí mismo.

El grupo municipal de Ciudadanos, tan melifluo en las negociaciones del presupuesto, también apretará. Tendrá que hacerlo. Es ley de vida. Tendrá que tomar distancia para saltar del pelotón y crecer. IU y Participa se han echado al monte. Espadas sufre la cuña de la misma madera. El PP está adormecido, fiel retrato de una Sevilla a más de 40 grados. La izquierda se devora a sí misma. La casa del PP de Sevilla está metida en albañiles, con los muros sin alicatar y los tubos del cuarto de baño al aire. Espadas tiene a su delegado Juan Carlos Cabrera con demasiados frentes abiertos:los polémicos desalojos del Ayuntamiento, la mafia del taxi, la falta de seguridad en la Madrugada… Al de Urbanismo, Antonio Muñoz, lo tiene consagrado a la misión imposible de convertir la Gerencia en un motor de la ciudad. Y los restantes concejales están entretenidos en quehaceres que ofrecen, en apariencia, poca rentabilidad política. El gobierno es reducido y muy gris. Expira la primera mitad del mandato. Tan dulce y sin curvas como carente de grandes logros. Sólo faltó la foto con Obama. Comienza la segunda mitad. La soledad es una moneda de dos caras: la de la rentabilidad de librarse de amigos poco recomendables, y la de la complejidad de trabajar con presupuestos prorrogados, amenazas de algaradas, un debate político tensionado y un PP que necesariamente tendrá que despertar.

Los amigos de la izquierda han acabado subiéndose al sofá, desparramando las palomitas por el suelo, rompiendo algún vaso y provocando las quejas razonables de los vecinos. Espadas ha pasado de soñar con los asuntos exteriores de la Junta a tener que lidiar con los asuntos internos de unos socios que prefieren hacer la política en la calle. Se metió a vivir (gobernar) en un piso de estudiantes.

Los picudos rojos pudren las palmeras sanas. Los estudios universitarios avalan el exterminio de las cotorras. Los vencejos atraen el turismo. Sevilla, ciudad en la que los pájaros se llevan los titulares.

El retorno de la dama al balcón

Carlos Navarro Antolín | 4 de junio de 2017 a las 5:00

Soledad Becerril

EL profesor Márquez Villanueva evocaba su infancia sevillana desde su despacho universitario en los Estados Unidos con una frase que tenía el efecto de un aldabonazo: “Nací en una casa de la calle Oriente que ya no existe”. Es difícil que tan pocas palabras encierren tanto desgarro. El imposible retorno al lugar donde se tomó conciencia primera de las cosas es una cruz particular que muchos llevan en su interior. Casas que ya no existen, colegios derribados, calles transformadas hasta ser irreconocibles, con la piel mudada, los comercios clausurados de los que acaso queda el pastiche de una fachada y los rótulos viejos sobre una pared descascarillada… El pasado es una mano que de vez en cuando aparece tendida y nos invita a entrar en un mundo que puede resultar explosivo para los sentidos.

Hay quien tiene la suerte de poder hacer ese viaje fugaz al pasado, de reencontrarse con la casa en la que nació, el colegió donde estudió, el templo donde se casó, el hotel donde se hospedó y el despacho donde trabajó. En definitiva, hay afortunados que tienen la opción de conservar los escenarios de su vida, de tenerlos como acudideros en momentos de zozobra o, incluso existiendo, de mantenerse firmes en su intención de no volver nunca a ellos, una especie de desprecio al pasado o de franciscana perspectiva alegre de futuro.

La ex alcaldesa Soledad Becerril estuvo el otro día en el Ayuntamiento por un asunto relacionado con la Fundación Jiménez Becerril. Hace dieciocho años que dejó el cargo de alcaldesa. Aquel verano de 1999 consideró cerrada su etapa municipal. Cuando acabó la entrevista formal con el actual alcalde, Juan Espadas, la ex alcaldesa miró hacia el balcón del despacho, sintió que la mano del pasado la invitaba a entrar en el túnel del tiempo y pidió salir a esa preciosa balconada de la que disfrutan los alcaldes de la ciudad. Quiso experimentar de nuevo la sensación de ser alcaldesa por unos minutos, cuando ella miraba por ese balcón en sus últimos meses en el cargo: la Avenida estaba abierta al tráfico, los autobuses eran naranjas, el tranvía no existía y ya sentía el doloroso vacío de Alberto Jiménez Becerril y su mujer. Las dos damas se miraron una a otra. Sevilla y Soledad. Soledad y Sevilla. Soledad echaría de menos los árboles, ay sus árboles, en aquellos años en que se convocaba a los concejales con un pitido en el busca y no por teléfono móvil, en esos tiempos en los que Filella era una confitería, la Avenida un rosario de bancos, zapaterías y cafeterías, la Catedral se ennegrecía por efecto de la polución del tráfico, el Metro no existía y la tesorería del Ayuntamiento sufría la depresión de los años posteriores a la Exposición Universal.

Soledad miró a Sevilla desde uno de sus balcones con mayor lustre. Quiso volver, veinte años no son nada. Se atrevió quizás a evocar los días en que apagaba las luces de los despachos para no engordar la factura de la luz de la Casa Consistorial y cumplía con las tediosas visitas matinales a las hermandades (“¿Qué estrenáis, qué estrenáis?) con esas frases repetidas aposta, un recurso de oratoria que ella empleó mucho antes que Arenas (Javié).

No temió la dama mirar al pasado como nunca temió seguir paseando por Sevilla después de ser alcaldesa. Pudo seguir siendo alcaldesa, pero no estuvo dispuesta a pagar determinados precios. Otros sí pusieron tierra de por medio durante un tiempo, otros sí guardaron una suerte de luto para volver a volver, que diría la canción. Ella miró al pasado porque, al final, la memoria selectiva va limando las aristas y va peinando los flecos enredados de los sucesos más agrios para, al final, indultar los episodios más entrañables y enriquecedores.

Hay toreros que se sacuden las zapatillas y no vuelven a una plaza, alumnos que jamás pisan el aula donde fueron suspendidos y fieles que nunca retornan al templo donde soportaron el aguacero de una mala boda. Soledad volvió a su despacho y quiso que le abrieran ese balcón donde hay una vista privilegiada que se reserva a los alcaldes y sus invitados. Quien no teme mirar cara a cara al pasado es porque tiene la conciencia tranquila. Sólo los honrados pueden hacer esos viajes interiores de ida y vuelta. Y colocar en el epitafio de una etapa el mensaje rotundo que lo dice todo: “Hice lo que pude”.

Ella podrá afirmar algún día: “Trabajé en un despacho como alcaldesa con un balcón que sigue existiendo”. El balcón está intacto. La ciudad es como un hijo, que según crece van cambiando los problemas que genera. Los autobuses naranjas se volvieron rojos. La Catedral está más blanca gracias a la limpieza. Apareció el tranvía con su muñidor. Se fueron los bancos y llegaron las cafeterías franquiciadas de veladores estrechos para clientes escuálidos. “¿Y los árboles?”, preguntaría quizás como el que se interesa por un familiar. Y alguien, después de unos cruces de mirada y de un espeso silencio, le diría a la ex alcaldesa con la mirada baja: “Los árboles murieron”. Y entonces se agrietó la bella porcelana del pasado.

A Moragas le llaman al orden por fumar en el Alcázar

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2017 a las 5:00

MORAGAS PRESENTA CAMPAÑA ELECTORAL PP

Ocurrió en la recepción oficial a los participantes en el foro foro hispano-británico celebrado en Sevilla para analizar el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Los altos representantes admiraban el Patio de la Montería, guiados por el alcalde de la ciudad, Juan Espadas, cuando alguien del séquito municipal advirtió que un señor trajeado encendió un pitillo sin ningún tipo de reparo. En las estancias de los Reales Alcázares, que no olvidemos que son patrimonio de la humanidad, está terminantemente prohibido fumar. Se cuidan tanto los detalles de uso del monumento que hasta hay hora tope para las celebraciones. Aún así, alguien hizo la consulta a la conservadora –allí presente– para cerciorarse de la normativa aplicable. La respuesta fue tajante: no se admite fumar ni siquiera en los espacios abiertos. De hecho, no existen ceniceros en ningún rincón, ni en ningún despacho. El fumador era nada menos que el diputado Jorge Moragas, director del gabinete del presidente Mariano Rajoy y hombre fuerte desde hace años en el área de relaciones internacionales del PP. Se le llamó la atención con discreción, el hombre se quedó algo absorto y preguntó qué hacer con el cigarro. “Lo apaga y se lo mete en el bolsillo”, le dijeron. Moragas se quedó sin fumar. Por un Alcázar cardiosaludable.

En la fiesta de Juan Bueno

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2017 a las 5:00

Fiesta bueno

LOS homenajes en Sevilla los carga el diablo. ¿Cuántos cazadores no despiden a sus presas, ya cazadas y desplumadas, con el correspondiente homenaje de cena, discurso y placa? En Sevilla homenajeamos muy bien, estupendamente, se nos da de cine. Aquí se jubila del cargo un presidente del Consejo de Cofradías y sale organizada una cena de 600 comensales en dos minutos. Se jubila (o jubilan) un cardenal que ha gobernado 28 años y todavía estamos esperando a que haya un homenaje masivo de la sociedad civil como Dios manda. Las varas de medir son de cualquier manera. A Monteseirín, por ejemplo, le dieron su homenaje en las setas tras doce años de alcalde. En vez de a puerta cerrada, que así fue, alguien dijo con cierta guasa que fue a setas tapadas porque a la prensa no la dejaron acercarse. El otro día le dieron su homenaje al bueno de Juan Bueno tras cuatro años de presidente del PP sevillano. Fue un homenaje a plaza partida, que se decía de los antiguos espectáculos taurinos. Pero no porque acudiera sólo la parte que apoyó a Juan en el XIV congreso de la formación, sino porque asistió la mitad de la mitad de los que lo votaron. En la fiesta de Juan, que no era la de Blas ni la gente –válgame Dios– salía con varias copas de más, hubo muchas ausencias. Notables ausencias. Reveladoras ausencias. De la famosa mesa camilla que dicen que ha gobernado el PP en los últimos tiempos no fue nadie: Ricardo Tarno estaba con los asuntos de la OTAN que le corresponden como diputado nacional, y José Luis Sanz con los de sus dominios de Tomares que le corresponden como alcalde. Tampoco se dejó ver el ministro Juan Ignacio Zoido, que al día siguiente tenía el coñazo del desfile de las Fuerzas Armadas en Guadalajara, dicho sea según la expresión de Rajoy a micrófono abierto, ¿recuerdan?. El presidente del Gobierno, por cierto, se borró del desfile este año para ir a dar una conferencia a Sitges. Don Mariano, usted sí que sabe.

Tampoco, por supuesto, fue Arenas a la fiesta de Juan, a pesar de que tanto elogia siempre a Bueno en sus discursos. El lince no apareció, el lince anda moviendo las piezas del nuevo orden del PP sevillano. Hablando del nuevo orden, tampoco estuvieron Los Pérez: ni Virginia ni Beltrán. ¿Pero el PP de Sevilla no era una gran familia donde todos estaban ya la mar de contentos, pidiéndose perdón por las esquinas y dándose abrazos de costaleros con besos triples en las mejillas? Unos no fueron porque no podían, otros porque alegan que no se les convocó.

Las ausencias no serían por el precio de la fiesta. Se estipularon cinco euros para el merecido obsequio. Las consumiciones eran de Bollullos.

–¿Un cáterin de la provincia?
–No, de Bollullos es que cada uno se paga lo suyo.

La cosa no era gravosa. Asistió algún primer espada como el subdelegado del Gobierno, don Ricardo Gil-Toresano, que le debe el cargo a Zoido y Bueno y que, además, el sitio (La Raza) le cogía cerca de la alcoba (Plaza de España). A Gil-Toresano le diseñaron el festolín con escuadra y cartabón, como Curro Pérez le cuadra las agendas de los lunes al ministro Zoido: un actito en Sevilla para alargar el fin de semana.

El nuevo secretario general, Juan de la Rosa, no faltó, como tampoco lo hizo José Miguel Luque. En la heráldica del buenismo bien podrían aparecer Luque y de la Rosa como los particulares San Isidoro y San Leandro del bueno de Juan Bueno.
Hubo concejales como María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Ignacio Flores y Jaime Ruiz, y diputadas provinciales como Carolina González Vigo. El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, Alberto Díaz, hizo acto de presencia algunos minutos.

Quizás alguien debió pensar en una fecha más idónea para celebrar el homenaje. Tal vez se precipitó la convocatoria. Juan Bueno es un personaje que no tiene aristas pese a todo lo que ha soportado en el último año. Siempre correcto, siempre educado, alejado de las formas agrestes de otros figuras, hay quien dice que le ha pasado como a muchos arzobispos recién aterrizados en Sevilla:que ha estado mal asesorado. Un presidente de partido es un símbolo cuando deja de serlo. Y como tal merece ser cuidado. A Bueno le ha tocado vivir como presidente la mayor convulsión que ha sufrido el PP sevillano desde su fundación. Nunca antes había ocurrido todo lo que ha sucedido en el último año, pese a que algunos se empeñaban en negar la importancia de los hechos. Está por ver que la agitación interna no se reproduzca en los próximos meses. Se sabrá después de agosto.

El homenaje debió ser masivo. Los nostálgicos tienen razón: Sevilla se nos va. Ya no nos sale bien ni la Madrugada ni los homenajes. Esto no es lo que era.

La guerra del PP en la capital

Carlos Navarro Antolín | 23 de mayo de 2017 a las 5:00

VIRGINIA PÉREZ, NUEVA PRESIDENTA DEL PP DE SEVILLA CON EL 61 % DE LOS VOTOS

LA clave para que el PP se coma alguna vez el rosco gordo en Andalucía está en buena medida en la provincia de Sevilla. Arenas dmostró tenerlo muy claro cuando la noche de noviembre de las generales de 2011 todos celebraban el éxito de Rajoy en el balcón de la calle San Fernando, pero él tenía el rostro cariacontecido. No se fiaba un pelo. Sabía desde el principio que con esos resultados no alcanzaba meses después a los 55 diputados en las autonómicas. Y no erró. Lo que ocurrió desde aquellos comicios generales de noviembre a los regionales de marzo fue que Arenas apostó por una campaña plana y se pegó un tiro en el pie al dejar vacío el sillón del debate de Canal Sur. El mejor orador de la política andaluza renunció a la parcela que más controla. Juan Manuel Moreno Bonilla proclamó el domingo pasado que Sevilla es clave para su llegada a San Telmo. Asumió el discurso de Arenas de aquel 2011 en el que la Armada Invencible del PP se fue al traste por el temporal de errores propios. Moreno Bonilla sólo tiene una ventaja respecto a Arenas: la posibilidad de un acuerdo con Ciudadanos. En todo lo demás, el malagueño lo tiene peor que el lince de Olvera. Ni tiene su currículum, ni su proyección, ni su oratoria, ni la capacidad de culebrear que Arenas ha demostrado, otra vez, manejando los hilos en el conflicto interno del PP sevillano. Moreno Bonilla, en cuya heráldica debía estar representada la tibieza con su silueta de perfil, se encuentra ahora con un partido hecho unos zorros y donde los que han ganado saben que no le deben, precisamente, ningún favor al líder regional. “Ná te debo, ná te pido”, le van a cantar los sevillanos manijeros al presidente regional cuando les pida apoyos. El propio Moreno Bonilla aludió en su discurso a la de veces que han discutido su secretaria general, Loles López, con la nueva presidenta provincial, Virginia Pérez.

El PP de Sevilla tendrá que recomponerse en el Ayuntamiento. Por el momento seguirá Alberto Díaz de portavoz mientras no genere problemas de convivencia. El Juan XXIII del palomar podría hacer un papel parecido al del socialista Antonio Hernando cuando la gestora decidió dejarlo como portavoz del grupo en el Congreso contra todo pronóstico. Obviamente esta decisión no es recibida con botes de alegría por Beltrán Pérez, portavoz adjunto en el Ayuntamiento y uno de los principales activistas de la revuelta manijera, quien por el momento podría dedicarse a sus funciones de presidente de la rescatada Junta Local de Sevilla, una estructura recuperada ahora gracias a las mociones presentadas por Rafael Belmonte (sector crítico) y David Antequera (sector oficialista). Ocurre que los oficialistas pretendían armar este organismo de abajo a arriba –desde los distritos a la cúpula– calculando que así podrían controlar sus riendas. Pero una de las primeras decisiones de Virginia Pérez el pasado domingo fue delegar sus funciones directoras en esta junta en Beltrán Pérez (de arriba a abajo), lo que convierte al concejal en el número tres del partido y lo coloca al frente de un organismo que será fundamental en la propuesta del candidato a la Alcaldía en las próximas elecciones municipales.

Virginia Pérez tiene que restablecer contactos en el seno del partido, tender puentes y cerrar algunas heridas. Todo gobierno necesita la paz. “Tenéis que coser, ¿eh?”, le dijo el ministro del Interior a un grupo de militantes cuando se marchaba del plenario del congreso. Los manijeros celebraron la victoria en el bautizado como Kiosko Felisa, ubicado tras el hotel donde se celebró el congreso, un bar donde tuvo lugar el homenaje a Felisa Panadero cuando fue destituida por Zoido como subdelegada del Gobierno. Allí volvieron los críticos (casi todos) a brindar por la victoria a diez euros per cápita. Los principales oficialistas enjugaron las lágrimas de la derrota en La Espumosa de Nervión.

La batalla estará ahora en la capital. La provincia es el particular frente ruso del PP. En la provincia está casi todo por hacer. Moreno Bonilla necesita recuperar la Alcaldía y un gran avance en los pueblos. La marca electoral más fuerte del partido en Sevilla sigue siendo hoy Juan Ignacio Zoido. Si el ejecutivo de Rajoy se mantiene vivo, no hay que descartar que alguien en el PP plantee el retorno del magistrado a la carrera municipal. Pero de aquí a un año pueden ocurrir muchas cosas. La nueva presidenta ha reiterado varias veces que no desea un partido marcado los personalismos. Eso vapor Zoido. La legislatura puede cortarse de repente el próximo otoño tras el resultado de las primarias del PSOE, por lo que la figura de Zoido se quedaría un tiempo en el aire. Si no es Zoido, la opción que más empuja es la de Beltrán Pérez, que sumará dieciséis años de concejal al final del presente mandato, por lo que cuenta con una dilatada trayectoria que o bien corona subiendo hasta la cima de liderar una candidatura, o bien da por zanjada y apuesta por el comienzo de una nueva etapa. La tercera opción es la de José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares, que mantiene en el grupo municipal a Alberto Díaz, persona de su máxima confianza, y que cuenta con un grupo de leales. No hay de momento muchos más nombres, salvo que Arenas saque un conejo de la chistera y, por supuesto, quiera jugar sus cartas en la partida, que las jugará de una u otra forma. La propia Virginia Pérez, conseguida la presidencia del partido y logrado el imprescindible poder orgánico, tendrá también que revelar en algún momento cuál es su objetivo en política por mucho que ahora se pase unos meses consagrada a los asuntos internos propios de un partido fracturado.

Acabado el congreso cesan, al menos, las miradas de tensión, nos libramos de oir a esos militantes que –como gallinas– pronuncian machaconamente eso tan terrible del “coc”, acrónimo del Comité Organizador del Congreso, y dejamos de soportar a los que dicen “catorce congreso” en lugar del ordinal decimocuarto.

Los críticos son ahora oficialistas. Los antiguos oficialistas tendrán que demostrar capacidad de reorganización o diluirse poco a poco. Se acabaron la peinetas que unos (muy conocidos) han dedicados a otros (también conocidos). La feria más larga no va a ser la de Sevilla en 2018, sino la de este PP sevillano que pone rumbo incierto hacia un nuevo orden donde el lince, las gallinas, el tibio y los tíos de la peineta cogerán posiciones en el tío vivo.

Arenas manda desde el púlpito

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2017 a las 5:00

PP

EL lince se revistió ayer con la estola. Arenas abrazó el púlpito más que el atril. Entonó el discurso del perdón. Parecía el cura, el pastor, el reverendo. Quien haya perdido un amigo estos meses que se siente con él, que se pidan disculpas. “Estas cosas las he pensado en la primera comunión en la que he estado”. Arenas es un clásico: quiere la paz tras haber hecho la guerra. Hizo del domingo de congreso su particular Jueves Santo. Faltaba la música del órgano y los cantores de boca bien abierta entonando el Perdón, oh Dios mío. Ha ganado otra vez en un conflicto interno del PP. Es el maestro. Él los ha enseñado a todos. Sabe como nadie que primero hay que controlar el aparato y después, siempre después, vendrán los cargos institucionales. Pero sin aparato no hay paraíso. Ayer barrió en el atril. Perdón, en el púlpito. Demostró que en el PP andaluz nadie controla la oratoria como él, ni la historia del partido, ni el plantel de trabajadores. Le hizo un guiño a Rafael Belmonte: “El único que lleva corbata como yo”. Le gusta dejar claro que nadie como él conoce el PP de Sevilla, se recrea en el remarcar, amarrar y dar la última vuelta de tuerca hasta dejar bien apretado el tornillo de su sapiencia. Ni Zoido ni por supuesto Moreno Bonilla. Su mensaje fue una suerte de En mi casa mando yo. A Zoido le mandó un mensaje, otra vez: “El PP no se inventa hoy. La política no es sólo márquetin. La política es pasión”.

En el lenguaje del poder viste mucho eso de llegar tarde o interumpir. Irrumpir, mejor dicho. Zoido llegó cuando hablaba Virginia Pérez. Aplausos. Arenas lo hizo cuando tenía el turno de palabra Teresa Jiménez Becerril. Larga ovación. Arenas sigue teniendo mucho peso en el PP sevillano. Una proyección que después no ha sabido o podido rentabilizar en la ciudad. Su fuerza se ha quedado siempre de puertas para adentro del PP. No es poco. Pero siempre le ha sido insuficiente.

Virginia Pérez estuvo mucho mejor en el primer discurso –anterior a las votaciones– que en el segundo, breve y menos preparado. Zoido aliñó la faena aposta, sabedor de que en esa plaza tenía muy poco que ganar después de haber perdido. Con Virginia Pérez de presidenta se diluye, en principio, su fuerza en el PP sevillano. Pero aquí no se ha cerrado ninguna guerra. La contienda no ha hecho más que empezar. Los perdedores fruncieron el ceño al ver a Beltrán Pérez de presidente de la Junta Local de Sevilla capital. Ahí puede estar el primer motivo de guerra en este nuevo contexto. ¿Cuánto durará Alberto Díaz de portavoz municipal? Sería un contrasentido derrocarlo ya cuando acaba de ser investido como vicepresidente del partido por mucho que el cargo sea simbólico. Crear un símbolo para orillarlo en 24 horas no parecería un ejercicio de coherencia. Es previsible que, al menos, siga de momento. Un momento en política puede durar un cuarto de hora o la eternidad.

El ambiente del congreso, en general, fue de cordialidad. La mañana trascurrió sin problemas. Por la tarde se percibió la emoción del presidente saliente, Juan Bueno, que en privado se considera el “presidente moral del partido”. Arenas, como siempre, alabó su trabajo en público. Pero lo tiene entre sus cachorros díscolos. Yel maestro no ha parado hasta imponerse y, por cierto, colocar de vicepresidenta a Patricia del Pozo, su brazo derecho. El padre Arenas tiene en ella a su Santa Justa. Santa Rufina es Macarena O’Neill.

Los aseos quedaron inutilizados en varios momentos. “No se pueden usar, están limpiando”, decía un amable vigilante. “La limpieza ha empezado”, apostillaba un militante victorioso con guasa. El mediodía fue largo y la sobremesa aún más para algunos (y algunas). “Es lo que tiene no comer en casa, que es donde hay que comer”, aseveró un periodista caracterizado por su sentido común, mesura y educación.

Hubo ausencias, militantes destacados que no comparecieron en la clausura. Silencios elocuentes de Sevilla, hijos díscolos del lince con estola que no quisieron estar. El viejo profesor no suelta la batuta. La política es una noria, el PP de Sevilla una montaña rusa. Arenas es Mortadelo con los disfraces: hoy lince, mañana sacerdote y siempre, siempre, el guerrero del antifaz. Todos sabíamos que estaba detrás de los críticos. Cospedal y Zoido han perdido. Arenas ha ganado. El partido sigue sumido en su particular cuaresma. Hay que seguir limpiando los aseos. Y acortando las sobremesas.

PP

El chubasquero del PP

Carlos Navarro Antolín | 10 de mayo de 2017 a las 13:48

RAJOY Y COSPEDAL VISITA ZONAS INUNDADAS EN CIUDAD REAL

La gran novedad del barómetro del CIS es que devuelve al PSOE a la segunda posición de la carrera electoral. El PP seguiría ganando elecciones, lo que ya no sorprende, y Podemos caería al tercer puesto. Está comprobado que el PP está revestido con un chubasquero que le protege de cualquier temporal de corrupción, por mucho que este sondeo haya sido previo a la Operación Lezo que tiene en jaque a José Antonio Nieto, secretario de Estado de Seguridad y ex alcalde de Córdoba. La corrupción en el PP parece amortizada para el electorado tanto como los ERE para el PSOE andaluz. Los socialistas avanzan en los sondeos pese a que el partido está hecho unos zorros y parecen no advertir el peligro de extinción que corren sus colegas franceses. El electorado deja sin castigo la triple división interna del partido de centro izquierda.

Queda claro que el PP es el gran partido nacional en estos momentos, lo sigue siendo, lo es desde el otoño de 2011.

No se resiente como su equivalente francés por mucho que trasciendan mensajes cómplices de Rajoy con su corrupto tesorero, por mucha que sea la podredumbre que se ventila de los años del aguirrismo en Madrid, por muchos furgones de Policía que se agolpen en la sede de Génova para efectuar registros, por muchos nuevos casos que vayan viciando el ambiente, algunos más forzados que otros (como el de Murcia), por mucho que hayamos visto a grandes iconos esposados como Rato, Matas, etcétera. El PP es sólido incluso por muchos incendios políticos que sufran algunas de sus estructuras provinciales donde las relaciones entre diferentes corrientes están marcadas por el odio africano. Y hasta por mucho que Ciudadanos vaya recogiendo una cosecha meritoria pero aún débil. El gran logro de Aznar fue reunir a toda la derecha en un único partido y lograr ocupar el centro político. Y el grán mérito de Rajoy es jugárselo todo a la casilla de la recuperación económica, la que concede el chubasquero que protege de todas las tormentas. No puede haber otra causa que apuntale la solidez del PP que los datos económicos que se traducen en más empleos, por precarios que puedan ser; y en la trayectoria solvente, por el momento, de ministras andaluzas como Fátima Báñez, que salió limpia de los charcos de la reforma laboral y de la reforma de las pensiones, y que, de hecho, es la que más tiempo lleva en un cargo tan poco grato. Resulta sorprendente que los números sostengan a este PP en momentos delicados como el actual. El CIS refleja que no ha existido cuaresma para este partido. Lo dijo un asesor con ínfulas de Arriola: “Si la gente llega a fin de mes se olvida de todo lo demás”. España es diferente. La extrema derecha sigue anestesiada. Los sondeos inyectan sangre en un PSOE con cierto color cadavérico. Y el PP de Rajoy sube poco a poco el puerto de montaña de la consolidación económica gracias a esas ruedas de prensa en las que Tomás Burgo cuenta las buenas nuevas de las filiaciones a la Seguridad Social como el Conde Draco de Barrio Sésamo. España es refractaria a los contagios revolucionarios de las naciones vecinas. Tenemos velocidad propia. Un estilo particular. Una gran misericordia para perdonar siempre que el bolsillo suene.

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