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Hábleme, señor alcalde

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2017 a las 5:00

Ayuntamiento de Sevilla. El alcalde Juan Espadas, presenta las l

Hábleme de la ampliación del tranvía, señor alcalde. Hábleme, mejor aún, de las futuras líneas de Metro que hay que reclamar ante una Junta despistada que mira al tendido de las primarias del PSOE sin advertir el avieso pitón de la falta de gestión. Hábleme de medidas contundentes para poner orden en la mafia del taxi, que la Feria del taxi ha sido peor que la noche del tío del tambor, no les llevo porque busco turistas. Hábleme de cuándo iremos los sevillanos en tren del aeropuerto a Santa Justa, o de cuándo tendremos sombra en la Avenida de la Constitución o, por poner un ejemplo nuevo y mucho más próximo en el calendario, cuándo la tendremos en el paseo de Marqués del Contadero, que más que un centro de recepción al visitante parece un solarium para turistas que quieren ponerse como salmonetes. Hábleme de las rondas de circunvalación pendientes, de los anillos de cercanías que –paradojas– están cada vez más lejos. Hábleme de la reorganización de la Gerencia de Urbanismo que usted quería que fuera un motor de la ciudad. Hábleme de cuándo habrá inspectores disponibles por las tardes de lunes a viernes y las noches de los fines de semana para luchar contra el ruido. Hábleme de la plantación de árboles, de la colocación de fuentes y del cuidado del entorno de la Catedral. Hábleme de los proyectos para seguir acabando con los espacios duros, con ese urbanismo heredado que pesa como una losa, nunca mejor dicho. Hábleme de la protección de negocios que contribuyen a que la ciudad tenga sello propio frente a la invasión de las franquicias de quita y pon. Hábleme de todos estos asuntos. Y no me hable tanto de la Feria, que usted solito crea el charco con la consulta, se mete en él, no quiere que los demás nos metamos, se enfada si nos metemos y al final nos acaba riñendo. Y todos salpicados.

Sonrisas y lágrimas

Carlos Navarro Antolín | 27 de noviembre de 2016 a las 5:00

sonrisasylagrimas
EL coche del ministro del Interior llegó esta semana hasta la sede de la Conferencia Episcopal Española en Madrid. Del vehículo se bajó el arzobispo de Sevilla. Zoido y el prelado hispalense se habían encontrado en Atocha. Se llevan muy bien desde que ambos coincidieron en Toledo: uno como delegado del Gobierno en Castilla la Mancha y el otro como obispo auxiliar. El ministro insistió en acercar a monseñor Asenjo, que viajó a la capital para participar en la asamblea plenaria de los obispos españoles bajo la presidencia extraordinaria de los reyes de España y la asistencia de Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno. El ministro estuvo el miércoles posterior en Sevilla, recibido a las puertas del Consulado de Portugal por José Pérez, consejero delegado de Ernst&Young, para presidir la entrega anual del premio que convoca la consultoría. Zoido se dio un baño de abrazos y cumplimenteos en un ambiente a favor de querencia. César llegó, vio y venció. Zoido vino, cenó y se marchó por la mañana con la corona de laureles de decenas de palmadas en la espalda y guiños públicos en los discursos. Sevilla, que en mayo de 2015 se convirtió en un tormento tras la pérdida de la Alcaldía, vuelve a tener para Zoido ese color que es como la tapa de lomo de Casa Ruperto: especiá. Ruperto, ese paraíso de los pájaros. Fritos.

Esta misma semana, el alcalde socialista Juan Espadas sufría de nuevo el frío de la mañana de San Clemente en la Catedral –lobera y pendón– y el de gobernar en minoría: le han tumbado la compra de la sede de la Junta en la Plaza Nueva y sus planes para los sesenta solares de la ciudad, donde pretendía obligar a construir en unos y permitir, en cambio, que los del conjunto histórico siguieran como están. Ningún grupo lo ha apoyado: ni los socios de investidura, ni los chicos del PPque ahora están capitaneados por Alberto Díaz.

Zoido viene a Sevilla como el madrileño que se baja del AVE la noche del alumbrao. Espadas sufre los efectos de la noria del Muelle de las Delicias en proceso de desmontaje, un fracaso más en las apuestas por reforzar la oferta turística. Zoido asiste a los pontificales de la Catedral y visita la Macarena. Espadas sufre otro pulso de la constructora del centro de recepción de visitantes junto al río. La empresa alega que no queda ya dinero para terminar la obra.

Sonrisas y lágrimas. La política sí que es una noria. Aquel líder de la oposición que vivaqueaba en el palomar aguardando la llamada del presidente Rajoy, es hoy el que regresa a Sevilla a cruzar una y otra vez bajo el Arco del Triunfo de los abrazos, besos y parabienes de una ciudad encantada de tenerle como ministro. Ni un español sin pan, ni un sevillano sin su foto con Zoido. Y Espadas sufriendo en el potro de tortura de la Alcaldía. Hasta tiene que arrear con el entierro de la segunda tienda de Ikea, la que Zoido iba a arreglar en 15 días. ¿Se acuerdan?. Si la Alcaldía fue un potro con 20 concejales, ¿verdad Juan Ignacio?, cómo no será para quien tiene sólo once y ha de entenderse con ediles que casi no llegan a la talla de delegados de la ESO.

El ascenso de Zoido al Ministerio del Interior, gracias a un dedazo –como no podía ser de otra forma– ha coincidido con la previsible cuesta arriba de un mandato que, en breve, comenzará a experimentar los efectos de curvas pronunciadas. Lo dijo Pepote: la alegría en fútbol puede durar hasta una semana, pero en política nunca más de un cuarto de hora. La política es una noria que un día se monta con comisiones a 60.000 euros y otro día se desmonta. Un día estás en un palomar, otro día con un séquito de policías nacionales de paisano y el tableteo de un helicóptero, banda sonora del poder. Nadie en Sevilla te recuerda que eres mortal. Aquí el único que mantendrá su condición hasta el final es don Juan José. Otros actúan como si los hubieran ordenado en lugar de designado. Efímero tableteo. Suba que yo le acerco. Y Espadas se quedó en Sevilla. Y Sevilla se quedó sin noria.

Plaza Nueva: la apertura del Mar Rojo

Carlos Navarro Antolín | 6 de julio de 2015 a las 5:00

06/07/15 Visita de Susana Díaz al ayuntamiento de Sevilla .
Ea, pues ya está Juan Espadas en plan Moisés abriendo el Mar Rojo de los proyectos bloqueados por la Junta mientras el alcalde era azul, azulísimo de los veinte inútiles concejales del PP. Para eso la presidenta autonómica es roja, rojísima de mentalidad (eso dice en los mítines) y rojísima de atuendo, y ofrece al alcalde la tierra prometida del traslado de la Politécnica, la Ciudad de la Justicia, el Metro y otras anotaciones de la lista de los reyes magos. A Zoido, ni agua. A Espadas, lo que pida. La Junta aplica en Sevilla aquello tan viejo de al amigo, todo; al enemigo, nada, y al indiferente, la legislación vigente. El estorbo era Zoido, al que se le queda cara de cuñado al que le regalan la enésima corbata en Navidad.

Tiempo nuevo en la Plaza Nueva. Zoido al palomar y Espadas a inaugurar. Al perro flaco del PP de Sevilla le salen las pulgas del alcalde de Málaga yendo a visitar a Espadas (zas, bofetada amiga al primer cuarto de hora), y de la presidenta de la Junta abriendo los candados de proyectos varados para la ciudad.

La política es un paripé, pues a ver quién explica que lo que antes de ayer era imposible, estaba pendiente de sesudos informes y a la espera de huecos en apretadas agendas, hoy se anuncia como posible, se da por hecho y se marcan fechas de ejecución. Es justo la hora en que sale el fino analista y dice que estas son las cosas que generan desapego y desafección en el pueblo con respecto a la clase política. Es decir, la cosas que generan esa legión de indiferentes a la que se aplica la legislación vigente.

Los maitines de Zoido en las caracolas

Carlos Navarro Antolín | 23 de junio de 2014 a las 12:46

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, visita la calle Amador de los Ríos junto al concejal delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, y la concejal delegada del Distrito Nervión, Pía Halcón. En la calle Amador de los Ríos, esquina Alonso de Or
Tres lunes seguidos a primera hora. Tres lunes a la sombra de las caracolas. Tres lunes donde habita la colonia de gatos (miau) y aún quedan dos patos (cua) en el estanque central. El alcalde le ha cogido afición a arrancar la semana lejos de la Plaza Nueva. Zoido se desplaza hasta la sede de la Gerencia de Urbanismo para controlar personalmente la tramitación de proyectos que considera claves en los nueve meses hábiles que restan de mandato. Zoido prepara el parto electoral allí donde se cuece lo poco de macropolítica a la que están capacitados los ayuntamientos de hoy y casi toda esa micropolítica que es el principal asidero para su marca personal en Sevilla. En la sala de juntas de la caracola número uno se reúne a puerta cerrada para sus particulares maitines con el concejal de Urbanismo, Maximiliano Vílchez; su jefe de gabinete, el inseparable Alberto Díaz; el gerente del organismo autónomo,Alberto de Leopoldo, y los dos directores del organismo autónomo: Manuel Valdivieso (área administrativa y económica) y Jorge Almazán (área técnica).
La buena noticia es que la Hacienda local librará tres millones de euros para que la Gerencia pueda arreglar los pavimentos de muchas barriadas, todo un regalo para una Gerencia que sólo disponía de 14 millones de euros para inversiones, una partida de la que tienen que salir las ayudas a la rehabilitación de los templos, las demoliciones de los bloques de Los Pajaritos y tres millones ya reservados para el vallado de la superficie de 700.000 metros cuadrados de la Zona Franca, que es la aportación que hace el Ayuntamiento al proyecto, y de cuyo proyecto ya han informado favorablemente la Guardia Civil y el Servicio de Aduana, por lo que sólo queda el visto bueno del Puerto. El próximo Pleno aprobará la correspondiente modificación presupuestaria para que Urbanismo coja aire y los vecinos puedan apreciar esa política de infantería por la que se pirra el alcalde (barrenderos, policías y albañiles sobre el asfalto).
Las otras buenas nuevas son que todo marcha para que el otoño arranque con el mercado gourmet de la Nave del Barranco a pleno rendimiento. Yen los siguientes meses, siempre antes de las elecciones, deben comenzar las obras de los proyectos privados de la antigua estación ferroviaria de Cádiz (su conversión en centro deportivo) y del mercado de la Puerta de la Carne (otro mercado gourmet con usos culturales añadidos). El alcalde está muy encima del segundo, del que en breve quiere que sea presentado a los medios de comunicación con todo detalle. De hecho, su deseo hubiera sido presentarlo ya, pero no estaba todo amarrado y ha preferido esperar. Y también antes de las elecciones quiere abrir al público la antigua Fábrica de Artillería, una vez que la Gerencia concluya el saneamiento de las cubiertas y la instalación de un sistema de recogida de aguas propio (450.000euros) y quede planteada la rehabilitación de la zona conocida como la catedral (1,5 millones). Poco más.
El vallado de la Zona Franca estará listo antes de mayo, pero no es precisamente un proyecto para el lucimiento. Al igual que ocurrirá con la demolición de los bloques de Los Pajaritos y la licitación de las 512 nuevas viviendas, un proyecto en el que Zoido tiene empeñada su palabra y en el que ha comprometido personalmente a la ministra Ana Mato, a la que en marzo de 2012 invitó a presentar el proyecto de nuevas viviendas municipales.
Todos los demás grandes proyectos no dependen directamente del Ayuntamiento. No habrá antes de mayo ni novedades de la SE-35 (un sueño celestial), ni segunda tienda de Ikea (el Ministerio aún tiene que responder al proyecto de vía alternativa que comunique los terrenos con la A-4), ni movimiento en la antigua fábrica de Altadis, ni el Paseo del Arte (el comienzo de la obra antes de las elecciones sería como encontrar el vellocino de oro), ni el supuesto auditorio en terrenos del Puerto, ni un uso definido para la antigua comisaría de la Gavidia, ni por supuesto el nuevo puente que se reclama para la Cartuja.
Los maitines de la Cartuja son una especie de administración de la pobreza en una Gerencia de Urbanismo que saca los matasuegras y los gorritos para celebrar la llegada de tres millones más para la reparación de calles y que sólo en 2007 daba licencias para obras por valor de 1.500 millones de euros. Del cuerno de la abundancia a los dos patos del estanque. Cua, cua.