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Alarma naranja en el PP

Carlos Navarro Antolín | 21 de enero de 2018 a las 5:00

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ASÍ está el PP de Sevilla. En estado de alarma naranja. Con las secuelas aún de una división interna que condujo a un congreso provincial fratricida. Todavía hay rescoldos de aquellos días de tensión, de enfrentamiento descarnado, de alianzas por conveniencia y de rupturas de antiguas relaciones fraguadas por oportunismo, que no por la amistad. La visita de Rajoy de ayer templó los ánimos, generó fotografías de uniones interesadas y necesarias y, claro que sí, supuso un espaldarazo para la actual cúpula que dirige el partido. El presidente del Gobierno no se arriesga a visitar una plaza si sabe que será tratado con frialdad por una parte del partido. La sabatina de Rajoy salió de dulce. Pero el fogonazo naranja que deslumbra al PP está encendido. Bien encendido. Ciudadanos es una amenaza para el PP de toda España, para ese gran partido de la derecha que Aznar supo centrar y abrir para que cupieran desde el franquismo sociológico de Alianza Popular hasta los liberales y democristianos.

La presidenta provincial, Virginia Pérez, asume que el PP es pobre en poder territorial en la provincia. Demasiado pobre. La crisis de Palomares ha dejado en siete las Alcaldías del PP. Sí, el partido mantiene los bastiones de Tomares y Carmona, pero hoy se puede considerar todo en serio riesgo de pérdida. Todo está en solfa. Nadie garantiza la recuperación de la Alcaldía de la capital. Beltrán Pérez aprieta, aplica técnicas de resucitación al grupo municipal que descarriló en las elecciones de 2015, hace ruido, se hace notar, procura volar por los ministerios con ayuda de Arenas, culebrea en las redes sociales… Incluso arriesga haciendo política como con la (supuesta) negociación del presupuesto municipal. Curiosamente, ha querido alcanzar un acuerdo con el socialista Espadas para las cuentas de la ciudad, la misma maniobra que intentó su antecesor en el cargo, el concejal Alberto Díaz. Entonces, su compañero Díaz no encontró el apoyo interno del que hoy sí goza Beltrán Pérez. En cualquier caso, la amenaza naranja ha disparado las alarmas internas. El PP de Sevilla tiene que crecer, no puede conformarse con no despeñarse en los comicios andaluces y dejarse arrastrar después por una ola de derrotismo que haga metástasis en las municipales y se lleve por delante el escaso poder de un partido que ya conoce la condición de cuarta fuerza política en la provincia. La alarma naranja provocó un encuentro reciente de cargos públicos del PP de Sevilla en la sede. Una reunión con la presidenta a la cabeza. Allí se analizó la situación del partido, una formación donde cunde el pesimismo tras el 21-D catalán. Alguien dijo: “Aquí hay quien tiene la misma cara que el quinto diputado catalán”. Ese diputado que, ya se sabe, nunca llegó para el PP. No existe. Humor ácido se llama la broma. La presidenta dio un aldabonazo. No ocultó que la situación de la provincia es muy complicada. El único factor que juega a favor del PP es que Ciudadanos, por ahora, no goza de una gran implantación en los pueblos. El PP se encuentra ahora mismo como el PSOE antes de la repetición de las elecciones generales: con el miedo al ‘sorpasso’ metido en el cuerpo. Pánico. Hoy lo que está en juego en España es la hegemonía de la derecha. Hubo dirigentes que en esa reunión menospreciaron el peso de Ciudadanos: “Son morralla”. Y otros que dejaron claro que la lista naranja obtendrá concejales en cualquier pueblo que presente candidatura. La coyuntura actual es favorable a Ciudadanos.

El cónclave popular sirvió para reforzar la figura de la presidenta tanto como para evidenciar la necesidad de remar juntos para salvar, al menos, los muebles del PP en Sevilla. Un veterano como Jaime Raynaud, diputado autonómico, echó mano de un proverbio árabe para clamar por la unión por mucho que haya rescoldos de enfrentamientos: “Yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra nuestro primo; nuestro primo, mi hermano y yo contra el extraño”. Raynaud aludió a la necesidad de hacer equipo ante la amenaza general de Ciudadanos. Dicen los expertos en enseñar habilidades directivas que no hay nada que una más que el enemigo común. Alguien, con acidez y sin disimular cierta acritud, tradujo a la práctica el proverbio: “Vamos, Jaime, que aquí hay hijos de puta, pero que tengo que entender que son mis hijos de puta, ¿no?”. Tampoco faltó la pusilánime de turno que, consciente de la tensión que marcaba el ambiente, se planteó si el contenido de la reunión saldría en algún medio de comunicación. Pura anécdota. La presidenta se mostró partidaria del cultivo de las vías de entendimiento con Ciudadanos. De hecho, hasta antes de que empezara el vodevil de los presupuestos en la capital, el PP de Beltrán Pérez había mantenido una relación solvente con el grupo que lidera Javier Millán, portavoz naranja en la Plaza Nueva.

Virginia Pérez quiso reafirmar su autoridad. Lo necesita en este periodo pre-electoral. El aparato provincial quiere ejercer su poder. Marcará las posiciones a partir de ahora. Los cargos públicos (concejales, diputados y senadores) deberán atender las directrices tras unos meses de ‘gracia’ donde algunos vaticinaban la implantación de una gestora y, al final, se han encontrado con la visita de Rajoy a una mera convención de distritos. En Sevilla se dice que ya opera la doble uve. Virginia Pérez en el PP, y Verónica Pérez en el PSOE. La primera norma de los populares hispalenses es no permitir que Ciudadanos robe espacio al PP. La segunda, no llevarse mal del todo con los chicos de Albert Rivera. En ningún foro, en ninguna administración.

La intención del partido es que José Luis Sanz mantenga la Alcaldía de Tomares, Ricardo Tarno se vuelva a presentar por Mairena del Aljarafe, donde ya fue alcalde; y Ricardo Gil-Toresano, hoy subdelegado del Gobierno, trate de recuperar la Alcaldía de Écija. Por supuesto, Beltrán Pérez deberá ser el candidato por Sevilla y tendrá que emprender el difícil reto de ser la lista más votada para, de ese modo, ser acreedor al apoyo de Ciudadanos en una hipotética investidura. Intentos de que no sea el candidato no van a faltar. El enemigo siempre está dentro. Y las encuestas pueden jugar en su contra.

La presidenta provincial liderará la lista por Sevilla al Parlamento de Andalucía. Nadie le discutirá esa posición mientras sea presidenta. Se mirará con lupa la actualidad nacional, la evolución del ministro Zoido (líder natural del bando perdedor en el congreso provincial) y otros factores para decidir los demás puestos. Nunca se olvide que los políticos tienen mala memoria con quienes les ayudan, pero una memoria perfecta para recordar a quienes se las hicieron pasar canutas. La composición de las listas es la oportunidad perfecta para orillar al enemigo, ajustar cuentas y premiar a los fieles.

Virginia Pérez ha ganado fuerza en los dos últimos meses. Ha pasado desapercibida la composición de un comité electoral presidido por el ex edil Maximiliano Vílchez donde tiene mayoría frente a la corriente perdedora. Ha sacado del comité ejecutivo a militantes díscolos, una maniobra delicada donde ha recibido el apoyo público de Juan Ávila, alcalde de Carmona. Los presupuestos internos del partido los ha aprobado con todos los votos a favor, salvo una abstención de Alcalá de Guadaíra. Pero tiene que coser el partido, al menos lo suficiente como para que al PP sevillano no se le ponga en un año la cara de ese quinto diputado catalán, el que nunca llegó.

Rajoy desciende a los distritos de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2018 a las 5:00

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RAJOY estará el sábado en Sevilla salvo sorpresas. De la junta directiva nacional de ayer a la sabatina con los distritos de Sevilla. De una cita en la sede de Génova a otra en el salón del NH Convenciones de Diego Martínez Barrio, donde el PP ha vivido algunos de sus momentos de mayor gloria. El presidente del Gobierno desciende a un formato de micropolítica en la capital de Andalucía, un foro que se suele convocar con la intención de activar la maquinaria interna del partido de cara a unas elecciones municipales. Por este motivo hay quienes interpretan la asistencia de Rajoy como un aldabonazo a la presidenta provincial, Virginia Pérez, que ganó un congreso tras un año de fuertes tensiones internas, y por supuesto a Beltrán Pérez, deseoso de ser proclamado candidato a la Alcaldía de Sevilla. La historia reciente de la designación de candidatos del PP aconseja no dar absolutamente nada por hecho. Las encuestas, las presiones de los ministros, las influencias externas, los equilibrios internos de poder, las causas judiciales abiertas y otras circunstancias pueden dar un vuelco en cualquier momento. Incluso en el último instante. El último ejemplo ocurrió cuando José Luis Sanz tenía todos los avales listos para hacerse con las riendas del PP andaluz y hubo que activar la trituradora porque el dedo de Rajoy designó al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla por influencia de Soraya Sáenz de Santamaría. El registrador de la propiedad todavía se está arrepintiendo. Años antes, Raynaud se perfilaba como un solvente candidato para las municipales de 2007, pero lo acabó siendo Juan Ignacio Zoido después de que se le ofreciera la posibilidad a Soledad Becerril, que declinó el ofrecimiento por considerar cerrada su etapa en la política municipal.

Todo el mundo tiene claro que la visita de Rajoy a Sevilla no está promovida por el líder regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, sino por el factótum del PP andaluz, Javier Arenas, que lideró la facción ganadora del congreso provincial sevillano. Arenas está fuerte en Sevilla. Siempre lo ha estado desde un punto de vista orgánico. Pero ahora más. Liberado de la presión electoral directa, su reto es colocar a alguien de confianza en la carrera hacia la Alcaldía. Nadie mejor, por el momento, que un pupilo de la quinta del 74 (aún joven) y curtido en la cruzada municipal. Pero cuando se trata de Arenas y de una política volátil siempre cabe aplicar la cláusula rebus sic stantibus. El PSOE, por ejemplo, ventea que los populares apostarán finalmente por una mujer, como la ex edil Alicia Martínez, actual diputada autonómica que viene de abanderar iniciativas tan blancas como la declaración como BIC de la cabalgata de Sevilla, una moción en la que logró la unanimidad de todos los grupos políticos. El propio alcalde, Juan Espadas, ha reconocido públicamente la labor de la parlamentaria del PP, una forma de alabar el trabajo del Ateneo, de quedar como un político que reconoce la labor del rival y, cómo no, de meter un dedo en el ojo al líder de la oposición, Beltrán Pérez.

La apuesta del presidente Rajoy por acudir a Sevilla se desveló tras la junta directiva nacional celebrada ayer en la sede de la calle Génova, una sesión de dos horas de duración marcada por un ambiente enrarecido, condicionada por cierto halo de melancolía. No son buenos tiempos para el PP en España: la amenaza de Podemos se diluye, por lo que ya no habrá coartada para apelar al voto del miedo;Ciudadanos prepara la maquinaria para comerle el máximo terreno posible al partido de la gaviota y rentabilizar en el mapa nacional el éxito territorial de Cataluña. El panorama en Andalucía no es precisamente mucho mejor que en otras autonomías. El partido no levanta cabeza, los sondeos colocan por debajo de los 30 diputados a Moreno Bonilla y hay serios riesgos de perder varias alcaldías. La de Sevilla se presenta muy difícil para los populares, de ahí que el aparato orgánico apueste por proclamar cuanto antes a Pérez como candidato. El sábado no se espera que Rajoy lo haga, pero a nadie escapa que la fotografía será un primer aval con fuerza. Tal vez en marzo, con ocasión de la convención del PP andaluz prevista en Sevilla o Málaga, sea el momento de un anuncio oficial. No más tarde.

Pese al pesimismo que lastra a este PP desde que en Cataluña se ha quedado como un solar, nadie de Andalucía tomó la palabra en la junta directiva nacional. Acudieron la presidenta provincial, Virginia Pérez; el senador y alcalde de Tomares, José Luis Sanz; los diputados nacionales Ricardo Tarno y María Eugenia Romero y el diputado autonómico Jaime Raynaud, entre otros andaluces. No asistieron el senador Toni Martín, brazo derecho de Moreno Bonilla en la difícil plaza hispalense, ni la diputada Silvia Heredia, ni el concejal Alberto Díaz, vicepresidente del PP de Sevilla.

El partido ha comenzado una movilización extraordinaria de militantes para el sábado. Sin precisar que Rajoy presidirá la convención, se han lanzado mensajes de convocatoria en los que se califica la cita de “importantísima”. Y se afirma: “Es fundamental que demostremos la fortaleza de nuestro partido”. En la arenga telefónica se insta a los militantes a invitar a cuantos amigos se desee y a reservar la mañana del sábado al completo para la actividad del partido. No hay duda de que el aparato orgánico quiere y necesitra explotar al máximo la visita del presidente del Gobierno.

El riesgo de venir a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2017 a las 5:00

avión

AL bueno de Zoido le hace la agenda el enemigo. Y el enemigo siempre está dentro. En el vientre, en las entrañas, en las agallas. Dice un político andaluz de raza que todo dirigente que se precie ha de contar con tres colaboradores propios: un jefe de gabinete, un jefe de prensa y una secretaria. Nadie como la cuadrilla propia va a salir del burladero a protegerte con el capote en caso de cornada grave. Se supone. Pero a Zoido nadie de su cuadrilla, ninguna mente sesuda de Génova, ningún asesor de los que suma trienios en Interior, debió avisarle la noche del domingo que el lunes no era el día para venir a Sevilla, con Cataluña tambaleándose como una olla a presión y con los telediarios repitiendo las imágenes de policías y guardias civiles enfrentándose a la población civil, o siendo directamente agredidos por gente encolerizada y astutamente aleccionada para ganar la batalla de la imagen.

Resulta un ejercicio frustrante tratar de convencer a la opinión pública de que quien levanta la porra es el bueno, que quien frena a una masa vociferante es el que está haciendo cumplir la legalidad, y que quien pretende votar –¡oh, concepto albo e inmaculado!– y está en apariencia desarmado es el malo, quien quiere romper a las bravas el clima de convivencia. Dicho está: “Lamento tener que defender lo obvio”.

El ministro del Interior nunca debió volverse a su tierra el lunes 2-O, ni mucho menos publicar una fotografía de su vuelo a Sevilla, una frivolidad en tiempos convulsos, una ligereza fatua, una licencia impropia. El día no era para fotos en un jet, ni para colgar medallas, ni para otros postureos. Alguien debió estar pendiente, alguien debió hacer guardia en los despachos oficiales apretando la esclavina de la prudencia, para salir al quite del ministro y librarlo del avieso toro de las redes sociales, del agujero negro donde la imagen de un político corre el riesgo de perderse por el sumidero de los mensaje fáciles, de la dictadura de los 140 caracteres que dominan una política más que nunca epidérmica, lastrada por los contenidos vacuos, irreflexivos y de usar y tirar. El ministro del Interior del Reino de España tenía que estar el lunes en Madrid, en su despacho de trabajo, o en Cataluña, junto a los policías y guardias civiles que andan en una penosa búsqueda de posada sin estrella que les sirva de guía. Pero el lunes no era el día para estar en Sevilla. Muchos de sus correligionarios, mucha gente que lo estima, muchos militantes que valoran su elevado grado de conocimiento entre electorado, se quedaron ojipláticos al comprobar que Zoido efectuaba el viaje a Sevilla, se quitaba de Madrid y se dedicaba a la entrega de distinciones cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado habían quedado retratadas injustamente como opresoras y –todavía peor– justo a esas horas del lunes aparecían como liebres asustadas huyendo de la presión del separatismo mostrenco, de esteladas y puños en alto.

Zoido comenzó su pontificado en Interior regresando a Sevilla a los dos minutos para asistir a una celebración religiosa ante el Gran Poder en la Catedral, cuando la Guardia Civil, precisamente esos días, estaba en jaque en Alsasua después de que varios agentes hubieran sufrido las agresiones de unos bárbaros, unos hechos por los que la Fiscalía pide 50 años de cárcel para los autores al apreciar delitos de lesiones terroristas.

Y Zoido se vino a Sevilla, en plena crisis catalana, para presidir la entrega de las medallas de la festividad de la Policía Nacional. Como lo peor está por llegar, en Sevilla le tenían preparada una suerte de emboscada, pues alguien se preocupó de comprobar las identidades de los agentes condecorados por Zoido. Entre ellos figuraban varios policías locales que habían ejercido como sus escoltas en sus cuatro años de alcalde. De nuevo nadie le advirtió que resulta llamativo que un ministro del Interior galardone a sus antiguos escoltas. Es sabido cómo cuidaba Zoido a sus agentes siendo alcalde, incluidas invitaciones a mesa y mantel. Su pasión por esa micropolítica –llamémosla así– se conocía en Sevilla, todavía se recuerda y hasta fue admirada en muchas ocasiones. Sus aficiones por las políticas de corto alcance, de proximidad con el ciudadano, fueron su gran aval para alcanzar la cúspide municipal, pero ahora están siendo sus pies de barro como ministro del Interior en la coyuntura más delicada para España tras el 23-F, según la calificación del presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó.

O la cuadrilla de asesores de diverso plumaje no sabe imponer sus criterios ni estrategias, o este rey no tiene nadie que sea capaz de decirle que está desnudo. Por la curia llega la lepra, advierte el Papa argentino. Los escoltas, para colmo, simbolizan a la perfección ese círculo de confort donde los políticos tienden a empadronarse con grave riesgo de perder la perspectiva. Hay aviones a los que no conviene subirse. Hay fotos que no deben hacerse. Hay veces que conviene no estar en Sevilla aunque solo sea, precisamente, para mantener la silla. Cataluña ardiendo y el ministro en la capital de Andalucía entregando medallas a sus anteriores escoltas es una secuencia letal. Acebes es la cara del 11-M. Zoido lleva camino de ser el rostro de un Estado incapaz de apagar el coloso en llamas que es Cataluña. Esto no se resuelve con tuits, ni almuerzos para agradar a los escoltas, ni abrazos por doquier. Esto es política de altura. Y la altura no se consigue por mucho que uno se suba a un avión. Un ministerio no es un ayuntamiento. Ytodos comprendemos que cambiar la melva por la sobrasada no es plato de buen gusto.

La ministra voluntaria en el fuego de Doñana

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2017 a las 20:23

Incendio de Moguer y Mazagón

El nuevo símbolo del poder no es el coche oficial, sino el chalequillo de múltiples bolsillos que reparte Protección Civil en los casos de tragedia. Puede usted tener la agenda cargada de actos y los ternos más lucidos de Madrid que si nunca le han dado un chalequillo estilo Coronel Tapioca es que usted nunca ha estado en la zona cero de ninguna tragedia. No es nadie. Se vio el domingo y el lunes en el denominado Puesto de Mando Avanzado, desde donde se seguía la evolución del incendio que, por fortuna, se ha saldado sin ni siquiera un solo herido, lo que nos permite fijarnos ya en algunos detalles aparentemente secundarios de los días en que vivimos peligrosamente y respiramos con dificultad. Los señores del PP esta vez reaccionaron con celeridad, no como con el incendio de Riotinto que afectó a casi 35.000 hectáreas de monte de Sevilla y Huelva en 2004. Aquel fuego provocó una lluvia de cenizas en el centro de Sevilla que aún se recuerda. Los entonces barandas del PP andaluz tardaron en acudir al lugar de los hechos. Pero esta vez no, esta vez hubo dos ministros que en Madrid se subieron al avión el mismo domingo por la mañana. A falta de uno fueron dos. Don Zoido acudió al tener las competencias de Protección Civil, que para eso dependen del organigrama de Interior. Estaba en Madrid el domingo porque quiso vigilar in situ el dispositivo de la marcha del Orgullo Gay, que ya es difícil pillar al ministro sevillano en la capital del reino un fin de semana. Pero al avión se subió también la ministra de Empleo, Fátima Báñez, nacida en San Juan del Puerto. Dicen que le oyeron decir: “Es mi tierra, me duele, tengo que estar allí”. Y no la pudieron parar. Rompió la agenda, donde figuraba nada menos que la cena del 40 aniversario de la CEOE bajo la presidencia del Rey. A la fiesta de la patronal tuvo que acudir el jerezano Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores. El Estado, nunca se olvide, no quería quedarse atrás frente a la todopoderosa Junta de Andalucía en un suceso que a esas horas tenía ya todos los indicios de ser el incendio del año, máxime si se tenía en cuenta el caso tan reciente de Portugal. A Báñez la telefoneaban el presidente Rajoy y la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría para interesarse por el fuego. Se nota que es la veterana del consejo de ministros, la que más tiempo lleva en el mismo sillón. La vicepresidenta, por cierto, se conoce el terreno por sus estancias en la costa onubense los meses de agosto. Y también la telefoneó el ministro de Energía, Álvaro Nadal, que se encontraba en Luxemburgo.

Cuentan que la ministra onubense se organizó su despacho aparte en el puesto de control y que se entendió la mar de bien con Rosa Aguilar, la consejera de Justicia y Gobierno Interior, con la que se trata desde sus tiempos de diputadas en el Congreso. A pocos pasó desapercibida la presencia de esta ministra que, sobre el papel, no tenía competencias directas en la extinción de un fuego. Ninguna. Sus razones para estar en el sitio eran emocionales. Allí estuvo dos días reforzando la presencia del Estado y, también, su particular perfil andaluz. O quizás ejerciendo de ministra de Huelva como Zoido lo hace en Sevilla, porque había que ver cómo la saludaban los trabajadores del Parador de Mazagón, que visitó junto a la presidenta de la red de establecimientos del Estado, o los del Supermercado El Jamón, cadena fundada en Lepe. El momento de mayor apuro ocurrió la tarde del domingo, cuando las llamas se aproximaban a Matalascañas. Eso provocó que los dos ministros se quedaran también el lunes con los chalequillos puestos. Parecían fotógrafos en pleno safari. Chalequillo para Antonio Sanz, delegado del Gobierno; para los ministros Báñez y Zoido, para los consejeros Fiscal y Aguilar, para el director de Gobierno Interior de la Junta, Demetrio Pérez. Política de proximidad, política de Coronel Tapioca. En la CEOE se quedaron esperando con los manteles gordos. La ministra tenía que apagar un fuego, nunca mejor dicho. Cambió la gala por el chalequillo. La tierra quemada tarda 50 años en recuperarse. La política vive al minuto. Los perfiles deben ser cuidados. Una ausencia no se perdona. Una presencia se recuerda para siempre.

A Moragas le llaman al orden por fumar en el Alcázar

Carlos Navarro Antolín | 31 de mayo de 2017 a las 5:00

MORAGAS PRESENTA CAMPAÑA ELECTORAL PP

Ocurrió en la recepción oficial a los participantes en el foro foro hispano-británico celebrado en Sevilla para analizar el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Los altos representantes admiraban el Patio de la Montería, guiados por el alcalde de la ciudad, Juan Espadas, cuando alguien del séquito municipal advirtió que un señor trajeado encendió un pitillo sin ningún tipo de reparo. En las estancias de los Reales Alcázares, que no olvidemos que son patrimonio de la humanidad, está terminantemente prohibido fumar. Se cuidan tanto los detalles de uso del monumento que hasta hay hora tope para las celebraciones. Aún así, alguien hizo la consulta a la conservadora –allí presente– para cerciorarse de la normativa aplicable. La respuesta fue tajante: no se admite fumar ni siquiera en los espacios abiertos. De hecho, no existen ceniceros en ningún rincón, ni en ningún despacho. El fumador era nada menos que el diputado Jorge Moragas, director del gabinete del presidente Mariano Rajoy y hombre fuerte desde hace años en el área de relaciones internacionales del PP. Se le llamó la atención con discreción, el hombre se quedó algo absorto y preguntó qué hacer con el cigarro. “Lo apaga y se lo mete en el bolsillo”, le dijeron. Moragas se quedó sin fumar. Por un Alcázar cardiosaludable.

El chubasquero del PP

Carlos Navarro Antolín | 10 de mayo de 2017 a las 13:48

RAJOY Y COSPEDAL VISITA ZONAS INUNDADAS EN CIUDAD REAL

La gran novedad del barómetro del CIS es que devuelve al PSOE a la segunda posición de la carrera electoral. El PP seguiría ganando elecciones, lo que ya no sorprende, y Podemos caería al tercer puesto. Está comprobado que el PP está revestido con un chubasquero que le protege de cualquier temporal de corrupción, por mucho que este sondeo haya sido previo a la Operación Lezo que tiene en jaque a José Antonio Nieto, secretario de Estado de Seguridad y ex alcalde de Córdoba. La corrupción en el PP parece amortizada para el electorado tanto como los ERE para el PSOE andaluz. Los socialistas avanzan en los sondeos pese a que el partido está hecho unos zorros y parecen no advertir el peligro de extinción que corren sus colegas franceses. El electorado deja sin castigo la triple división interna del partido de centro izquierda.

Queda claro que el PP es el gran partido nacional en estos momentos, lo sigue siendo, lo es desde el otoño de 2011.

No se resiente como su equivalente francés por mucho que trasciendan mensajes cómplices de Rajoy con su corrupto tesorero, por mucha que sea la podredumbre que se ventila de los años del aguirrismo en Madrid, por muchos furgones de Policía que se agolpen en la sede de Génova para efectuar registros, por muchos nuevos casos que vayan viciando el ambiente, algunos más forzados que otros (como el de Murcia), por mucho que hayamos visto a grandes iconos esposados como Rato, Matas, etcétera. El PP es sólido incluso por muchos incendios políticos que sufran algunas de sus estructuras provinciales donde las relaciones entre diferentes corrientes están marcadas por el odio africano. Y hasta por mucho que Ciudadanos vaya recogiendo una cosecha meritoria pero aún débil. El gran logro de Aznar fue reunir a toda la derecha en un único partido y lograr ocupar el centro político. Y el grán mérito de Rajoy es jugárselo todo a la casilla de la recuperación económica, la que concede el chubasquero que protege de todas las tormentas. No puede haber otra causa que apuntale la solidez del PP que los datos económicos que se traducen en más empleos, por precarios que puedan ser; y en la trayectoria solvente, por el momento, de ministras andaluzas como Fátima Báñez, que salió limpia de los charcos de la reforma laboral y de la reforma de las pensiones, y que, de hecho, es la que más tiempo lleva en un cargo tan poco grato. Resulta sorprendente que los números sostengan a este PP en momentos delicados como el actual. El CIS refleja que no ha existido cuaresma para este partido. Lo dijo un asesor con ínfulas de Arriola: “Si la gente llega a fin de mes se olvida de todo lo demás”. España es diferente. La extrema derecha sigue anestesiada. Los sondeos inyectan sangre en un PSOE con cierto color cadavérico. Y el PP de Rajoy sube poco a poco el puerto de montaña de la consolidación económica gracias a esas ruedas de prensa en las que Tomás Burgo cuenta las buenas nuevas de las filiaciones a la Seguridad Social como el Conde Draco de Barrio Sésamo. España es refractaria a los contagios revolucionarios de las naciones vecinas. Tenemos velocidad propia. Un estilo particular. Una gran misericordia para perdonar siempre que el bolsillo suene.

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Rajoy fuerza un mal acuerdo en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 27 de abril de 2017 a las 5:00

RAJOY CLAUSURA EN SEVILLA ACTO XXV ANIVERSARIO ALTA VELOCIDAD EN ESPAÑA

UN mal acuerdo antes que una votación reglada por los estatutos vigentes. Un acuerdo que convierte los estatutos en papel mojado. Un acuerdo forzado por el propio presidente nacional, según la confesión del actual presidente provincial en un foro de íntimos. Los dos aspirantes a la presidencia del PP de Sevilla firmaron ayer un documento de cinco puntos que deja orillada la normativa interna del partido. ¿El objetivo? Cumplir las órdenes de Rajoy para que al congreso provincial del 21 de mayo se llegue con un solo candidato a la presidencia tras un año de tensiones que tienen absolutamente fracturada una formación tras la traumática pérdida de la Alcaldía de Sevilla. ¿El precio? A priori muy caro, pues se condena a convivir en la futura ejecutiva a dos bandos que llevan un año en guerra en un partido donde hay caracteres manifiestamente incompatibles y hasta algunos odios africanos. Todo sea por la foto forzada del día 21, todo sea por la gloria efímera del titular periodístico que venteará el humo de la supuesta unidad y la integración de las diferentes sensibilidades. Prueba de ello es que ha habido que aplazar hasta mañana las votaciones previstas para hoy por el enésimo enfrentamiento entre críticos (Virginia Pérez) y oficialistas (Juan Bueno). Los críticos denunciaron la falta de papeletas y de otras medidas para garantizar un proceso en el que está prevista la participación de más de 8.000 votantes, una cifra insólita en el PP sevillano. Las impugnaciones, las afiliaciones masivas de última hora, la falta de papeletas y otras causas terminaron por forzar el aplazamiento de las votaciones (hubo gritos en la sede provincial), dejando en el ambiente una sensación de chapuza incontrolable hasta desde los despachos de la sede nacional. No se fían unos de otros, pero Rajoy pretende que convivan en una ejecutiva. Pocos minutos después de firmar la supuesta paz, un nuevo despropósito se hacía evidente con el aplazamiento de las votaciones. La paz era frágil. No aguantan una hora juntos y Rajoy quiere que compartan piso durante cuatro años.

El documento firmado ayer en la sede regional por Juan Bueno, actual presidente provincial, y Virginia Pérez, portavoz del PP en la Diputación, consta de cinco puntos. Las horas de negociación estuvieron marcadas por una fuerte tensión. Se pidió en algún momento a los participantes que entraran en la reunión sin teléfonos móviles para evitar filtraciones. El punto inicial del acuerdo consiste en que el candidato que obtenga un voto menos acepta retirarse voluntariamente de la carrera presidencial, pese a que los estatutos fijan que el perdedor sólo debería abandonar la contienda en primera instancia si obtiene 15 puntos menos de apoyo que su rival. Es decir, el perdedor por menos de 15 puntos podría seguir aspirando a la presidencia en el congreso y darle un vuelco al resultado, pero se anula esa posibilidad. La segunda condición es que si no existe una diferencia de un 40% o más entre ambos aspirantes en la votación, el ganador se compromete a elegir a su secretario general de entre una terna que confeccionará el bando perdedor, pese a que los estatutos otorgan plena libertad al presidente para nombrar a su número dos, una figura clave en el gobierno del partido, pues se dedica, sobre todo, al control del más de centenar de pueblos de la provincia. En tercer lugar, se establecen unos cómputos en función del resultado de la doble votación (elección de presidente y de compromisarios) para garantizar los equilibrios en la composición de la futura ejecutiva. En cuarto lugar, se fija en diez el número de vicesecretarios. Y, por último, ambos aspirantes se comprometen a elegir por consenso al presidente del comité electoral, así como cada bando elegirá a cinco miembros de este órgano que confecciona las listas electorales.

El mismo Juan Bueno, actual presidente provincial, reconoció ayer en un foro privado la intervención del propio Mariano Rajoy: “Hace unos minutos he firmado un acuerdo por una razón muy simple: el bien del partido. Había una decisión en la mesa por la que si no firmábamos el acuerdo, había que posponer la votación a la semana que viene. Incluso el propio presidente nacional quiere que no se llegue al congreso sin un acuerdo”. Bueno, seguidamente, se refiere al sector crítico en su alocución privada como “los que nos quieren quitar de en medio”. Yarenga a sus incondicionales:”Más que nunca la victoria será nuestra mañana. ¡Vamos a apretarnos los machos, que sé que os los estáis apretando a muerte! Mañana vamos a ganar!”. A esas horas aún se desconocía que las votaciones no se iban a celebrar hoy jueves.

En política, como en todo, cada cual debe torear con su cuadrilla. YJuan Bueno y Virginia Pérez firmaron ayer un documento en el que ambos –si ganan– renuncian a torear con sus respectivas cuadrillas. Es decir, renuncian a trabajar con personal de su estricta confianza. Rajoy manda. Todos obedecen.

Del ausente y los presentes en el balcón macareno

Carlos Navarro Antolín | 11 de abril de 2016 a las 5:00

COSPEDAL PRESENTA A ZOIDO EN FORUM EUROPA EN SEVILLA
Con las pijotas metidas en harina a punto de ingresar en el perol por la vía de las urgencias que nunca se colapsan, que son las del pescao el Lunes del alumbrao y no las del Virgen del Rocío, el personal aún se sigue preguntando por el ausente en el balcón de la Macarena la pasada Madrugada. Sí, por el ausente… Y por los presentes. ¡Qué cantidad de presentes, Dios de mi vida! ¿Cuántos trajo el ministro Catalá a mangar loseta del balcón macareno otro año más? Dicen que veintidós. Otros que dieciséis. Alguno afirma que la cosa fue de veintena. Las cuentas salen según se mire si Cospedal y Zoido, con sus respectivos acompañantes, computan o no en el séquito ministerial pepero. Pero vayamos al grano:¡Lo bien construido que está ese balcón! Estoy deseando ver la ITE del balcón de la Macarena. Estoy viendo al arquitecto:“Divino, el balcón está divino. Aguanta todos los pájaros. Manolo García lo tiene como tiene la hermandad, en perfecto estado de revista”. De los presentes ya lo hemos dicho todo. O casi. Porque algunos no se han enterado de que su cofradía ya se recogió. O de que están en funciones. Yninguno, pero ninguno, se enteró de que no eran precisamente días de revolotear en los balcones de la vanidad. La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, se ha pasado cinco días en Sevilla, cinco, de vacaciones, con Zoido de cicerone abriéndole puertas, balcones y pregones taurinos. El ministro de Justicia ya estuvo el año pasado en ese mismo balcón y alguien debió haberle explicado la diferencia entre el uso y el abuso. Yo no sé si Arenas (el ausente) no estuvo en el balcón porque, siendo veterano macareno, intuyó que no era conveniente poner en un aprieto a Manolo García, o porque verdaderamente dedicó el Jueves Santo a una jornada de convivencia en su finca de Olvera con el mismísimo presidente Rajoy, que dicen que es lo que hizo. En el PP aún están esperando que Cospedal, cinco días en Sevilla como cinco soles, aprovechara un ratito para comparecer junto al lider regional con cualquier pretexto y cumplir así con el partido. Del hotel Doña María a la sede regional hay un bonito paseo. Pero está claro que vino a Sevilla para cofradías y toros, como los turistas de los 60:sol y playa.

Política de aperitivo

Carlos Navarro Antolín | 10 de noviembre de 2015 a las 14:06

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Comer es un éxito social digno de ser narrado. Los españoles abusan de las redes sociales para exhibir platos de comida casi tanto como para publicar fotos de los pinreles con el mar de fondo. Como y veraneo, chínchate. El que llena el buche ha de contarlo. Antes se sacudía uno las migas de la solapa del abrigo para demostrar que había yantado. Ahora se cuelgan fotos de almuerzos pantagruélicos regados con exquisitos caldos. Y desde bien temprano, oiga, que ya se sabe el dicho de una a las doce y doce a la una. Rajoy se va de bares y lo cuenta. Difunde sus cuchipandas justo ahora que se acercan las elecciones, claro. Los políticos son interesados como niños. Y tratan de colartela con la inocente ternura (impostada) de un niño. Zoido come tartas y lo cuenta en Twitter. Zoido va a un bar de la calle Asunción y cuenta que el solomillo al whisky de ese establecimiento está que tiembla el misterio. ¡Óle! ¿Pero dónde ha dejado la melva? Comer se asocia a una imagen de victoria, a un estado de felicidad, a una trayectoria de éxito. Los ganadores comen y van de bares. La aventuras del gran Astérix siempre acababan en banquete, con el bardo debidamente atado por aguafiestas. Los perdedores no comen, reman como galeotes al ritmo que marca el comitre. Con Rajoy y Zoido es divertido hacer las catorce estaciones del vía crucis de la hostelería local. Juan Espadas, en cambio, frecuenta poco el tabernerío. Sus tuits son más sobre modelos productivos, sostenibilidad y otras gaitas. Espadas es más de botellita de agua recargada en el grifo, como Torrijos era de menú frugal en la Casa de Soria. Alfredo era un alcalde glotón, pero sólo desde el punto de vista político. Zoido se ha relajado por fin con su condición de cabeza de lista al Congreso. Y se va de bares, qué lugares. Para que luego digan los siesos de turno que no tiene modelo de ciudad. Serán amargados los tíos de la botellita de agua. Hay que atarlos, como al bardo. Hombre, por Dios.

¡Cómo cuida Javié a los de Almería!

Carlos Navarro Antolín | 18 de octubre de 2015 a las 5:00

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Mientras el PSOE se dispersa con el fichaje de Irene Lozano, en el PP están pendientes del reparto de bollos, vienas y otros mendrugos. ¿Quién será el número uno por Sevilla? ¿Zoido? Depende de lo que haga Javié. ¿Quién será el número uno por Almería? ¿Hernando? Depende de lo que haga Javié. ¿Quién será el dos por Sevilla y por Almería? Depende de lo que haga Javié. Preguntar en el PP andaluz por las listas en ciertas circunscripciones es que como intentar sacarle conversación a la máquina de tabaco, que aunque la menees porque se ha quedado con un euro, siempre responde amable: “Su tabaco, gracias”. Pues eso: “Depende de lo que haga Javié”. ¿Y qué hace Javié? Volver a ganar la plaza de catedrático del Culebreo, volver a venderle a todos que Mariano lo acaba de llamar, impartir el Máster sobre cómo sobrevivir a todas las derrotas, relegar a Moreno Bonilla a la condición de pequeño saltamontes del centro-derecha andaluz, tener a todos con el corazón en vilo hasta la foto finish de la composición de la lista y, sobre todo, despedir la legislatura con los diputados y senadores por Almería. ¡Cómo cuida Javié a los de Almería por lo que pueda pasar! Ahí lo tienen días atrás de almuerzo, fraternal por supuesto, con Rosario Soto, Rafael Hernando, Luis Rogelio Rodríguez Comendador (con tirantes), Juan José Matarí, Eugenio González, Mar Agüero y Carmen Navaro. Este Javié siempre tiene un pie el atrio (macareno) y otro en el desierto almeriense; un pie en el AVE y otro en la A-92. Que si se queda de senador autonómico para ser presidente del Senado en la próxima legislatura, que si Moreno Bonilla dice que Javié no manda en Andalucía (risas en off) y a los tres días dice que es un político de prestigio, brillante y de trayectoria inigualable que irá en la lista que quiera (de lo cual no nos cabe duda), que si Javié está metiéndole el dedo en el ojo a Zoido haciéndole esperar más que el dentista de la Seguridad Social… Y resulta que Javié lo que estaba es compartiendo mesa, mantel y tinto con su gente de Almería. Almería es a Javié lo que Sevilla al Rey Sabio: nunca lo ha dejado. Y todo político es como un perrillo de ojos tiernos: siempre acude al sitio donde más caricias recibe en el lomo. Llena ahí, Luis Rogelio, y pide media de queso para acabar el tinto.