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La ministra voluntaria en el fuego de Doñana

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2017 a las 20:23

Incendio de Moguer y Mazagón

El nuevo símbolo del poder no es el coche oficial, sino el chalequillo de múltiples bolsillos que reparte Protección Civil en los casos de tragedia. Puede usted tener la agenda cargada de actos y los ternos más lucidos de Madrid que si nunca le han dado un chalequillo estilo Coronel Tapioca es que usted nunca ha estado en la zona cero de ninguna tragedia. No es nadie. Se vio el domingo y el lunes en el denominado Puesto de Mando Avanzado, desde donde se seguía la evolución del incendio que, por fortuna, se ha saldado sin ni siquiera un solo herido, lo que nos permite fijarnos ya en algunos detalles aparentemente secundarios de los días en que vivimos peligrosamente y respiramos con dificultad. Los señores del PP esta vez reaccionaron con celeridad, no como con el incendio de Riotinto que afectó a casi 35.000 hectáreas de monte de Sevilla y Huelva en 2004. Aquel fuego provocó una lluvia de cenizas en el centro de Sevilla que aún se recuerda. Los entonces barandas del PP andaluz tardaron en acudir al lugar de los hechos. Pero esta vez no, esta vez hubo dos ministros que en Madrid se subieron al avión el mismo domingo por la mañana. A falta de uno fueron dos. Don Zoido acudió al tener las competencias de Protección Civil, que para eso dependen del organigrama de Interior. Estaba en Madrid el domingo porque quiso vigilar in situ el dispositivo de la marcha del Orgullo Gay, que ya es difícil pillar al ministro sevillano en la capital del reino un fin de semana. Pero al avión se subió también la ministra de Empleo, Fátima Báñez, nacida en San Juan del Puerto. Dicen que le oyeron decir: “Es mi tierra, me duele, tengo que estar allí”. Y no la pudieron parar. Rompió la agenda, donde figuraba nada menos que la cena del 40 aniversario de la CEOE bajo la presidencia del Rey. A la fiesta de la patronal tuvo que acudir el jerezano Alfonso Dastis, ministro de Asuntos Exteriores. El Estado, nunca se olvide, no quería quedarse atrás frente a la todopoderosa Junta de Andalucía en un suceso que a esas horas tenía ya todos los indicios de ser el incendio del año, máxime si se tenía en cuenta el caso tan reciente de Portugal. A Báñez la telefoneaban el presidente Rajoy y la vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría para interesarse por el fuego. Se nota que es la veterana del consejo de ministros, la que más tiempo lleva en el mismo sillón. La vicepresidenta, por cierto, se conoce el terreno por sus estancias en la costa onubense los meses de agosto. Y también la telefoneó el ministro de Energía, Álvaro Nadal, que se encontraba en Luxemburgo.

Cuentan que la ministra onubense se organizó su despacho aparte en el puesto de control y que se entendió la mar de bien con Rosa Aguilar, la consejera de Justicia y Gobierno Interior, con la que se trata desde sus tiempos de diputadas en el Congreso. A pocos pasó desapercibida la presencia de esta ministra que, sobre el papel, no tenía competencias directas en la extinción de un fuego. Ninguna. Sus razones para estar en el sitio eran emocionales. Allí estuvo dos días reforzando la presencia del Estado y, también, su particular perfil andaluz. O quizás ejerciendo de ministra de Huelva como Zoido lo hace en Sevilla, porque había que ver cómo la saludaban los trabajadores del Parador de Mazagón, que visitó junto a la presidenta de la red de establecimientos del Estado, o los del Supermercado El Jamón, cadena fundada en Lepe. El momento de mayor apuro ocurrió la tarde del domingo, cuando las llamas se aproximaban a Matalascañas. Eso provocó que los dos ministros se quedaran también el lunes con los chalequillos puestos. Parecían fotógrafos en pleno safari. Chalequillo para Antonio Sanz, delegado del Gobierno; para los ministros Báñez y Zoido, para los consejeros Fiscal y Aguilar, para el director de Gobierno Interior de la Junta, Demetrio Pérez. Política de proximidad, política de Coronel Tapioca. En la CEOE se quedaron esperando con los manteles gordos. La ministra tenía que apagar un fuego, nunca mejor dicho. Cambió la gala por el chalequillo. La tierra quemada tarda 50 años en recuperarse. La política vive al minuto. Los perfiles deben ser cuidados. Una ausencia no se perdona. Una presencia se recuerda para siempre.

Rajoy hace un ‘ya si eso’

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2017 a las 5:00

 

EL tío de la mochila dice que Rajoy no viene el día 20 de abril a la conmemoración del XXV aniversario de la Expo’92.El tío de la mochila es Jorge Moragas, ese señor del pelazo que siempre va detrás del presidente cuando el gallego sale del pleno del Congreso de los Diputados para montarse con rapidez en el coche blindado que aguarda al ralentí en la calle Floridablanca. Moragas es el hombre que habla en nombre de Rajoy, el mismo que, por cierto, usa su enorme influencia para colocar en la ejecutiva del PP andaluz a su gran protegida, Tita Astolfi. Moragas anuncia por carta que Rajoy acepta formar parte del comité de honor de los actos de las bodas de plata de la Muestra Universal, pero que la “complicada agenda institucional y política” del presidente del gobierno le impedirán estar en Sevilla el día 20. En realidad dice que Rajoy aún no puede comprometerse. No dice que no, tampoco dice que sí. Rajoy, a través de su vicario, hace un ya si eso. Todos sabemos que cuando se acepta formar parte de un comité de honor es porque no se va a poner un pie en el sitio adecuado en la hora y el día indicados. Rajoy pasa de estar en Sevilla el día 20 para recordar la gran obra de Felipe González en Sevilla, una ciudad que sigue pagando en los presupuestos estatales (y autonómicos) la gran inversión que recibió con motivo de aquellos fastos. Pareciera que los sevillanos tenemos que seguir pidiendo perdón por el 92, cosa que no ocurre en Barcelona. Pareciera que a nuestras provincias vecinas hay que seguir compensándolas por el “privilegio” del que disfrutamos hace 25 años, no justificado por el peso de la Historia, sino por el dedo de un presidente sevillano que, menos mal, nos dio el AVE los primeros, porque de lo contrario, viendo nuestro potencial y nuestras capacidades de reivindicación, estaríamos aún como los gallegos y vascos: sin oler la alta velocidad.

Ya si eso vendrá Rajoy. O no. El presidente, ya si eso, irá mejor a Barcelona cuando toque recordar los Juegos Olímpicos –“Los mejores de la era moderna”, que dijo Samaranch– o como fue el otro día a anunciar los millones en inversiones que soltará el Estado en 2017 para asegurar la unidad nacional. Ola cohesión. O el equilibrio. O como se diga en el código políticamente correcto de turno. Moragas juega al equilibrio epistolar. Nos suelta un me alegro de verte bueno y a ver si un día nos vemos, al estilo Arenas (Javié), al estilo de Zoido, al estilo andaluz (Este no es tu referéndum). Primero pone el algodón de reconocer la importancia que tuvo la Expo, “que marcó un antes y un después en la ciudad y en la proyección internacional de España”.

–¿Eso lo ha escrito Moragas él solito?
–Han debido ayudarle.

Y después nos coloca la aguja del ya si eso. Ya si eso lo llamaremos si podemos “acompañarle”. Ve yendo tú que ya veré quiénes van y cómo está el PSOE andaluz para entonces. Los reyes eméritos estarán el día 20 en el monasterio de Santa María de las Cuevas para abrir con solemnidad los actos conmemorativos. Pero Rajoy recula. Moragas felicita al alcalde al final de la carta por la celebración de la efeméride. Eso sí que es sevillano. Me recuerda al que felicitó a un pintor en voz alta por la calle Cuna por el “pedazo de cartel” que había hecho, a pesar de que la obra de arte no se había presentado aún. Ojana se llama. Las frases hechas las carga el maligno. A Moragas se le ha olvidado escribir que el Gobierno de España está seguro de que el ministro Zoido sí que se pasará por el acto. Para eso está Zoido, ¿o no? Para presentar libros en el Colegio de Abogados o planes de seguridad del pequeño comercio, o para asistir a inauguraciones de rascacielos y pregones de Semana Santa. Por eso dicen ya con guasa (que no falte) que el de Fregenal de la Sierra es el “ministro laborista” del ejecutivo del PP. Porque se dedica a sus labores. A sus labores en Sevilla.

La verdad es que mejor que contar con Rajoy el 20 de abril en la Cartuja, mucho mejor sería contar con los millones necesarios en el Presupuesto de 2017 para la construcción, por fin, de los túneles que requiere la SE-40 en el Aljarafe. Opara la gran reforma pendiente del Museo de Bellas Artes. O para la red ferroviaria de Cercanías. O para esas comisarías de las que se habla desde los tiempos del socialista Monteseirín como alcalde. Pero decir estas cosas un Domingo de Ramos en Sevilla es como colocarle el silenciador al discurso. Qué más da. Todos esos proyectos vitales para la ciudad bien merecen un ya si eso. Al estilo Moragas. En la Expo al final hizo mucho calor. Quizás podría venir Moragas al acto como director del gabinete del presidente y organizar esa noche un cotarro flamenco, como hizo con ocasión del congreso pepero que hubo en Fibes no hace muchos años. Qué noche aquella, Jorge. Ya si eso la contamos otro día que el coche espera hoy al ralentí y no conviene emitir más gases en Floridablanca.

Dos alcaldes sobre el redondel

Carlos Navarro Antolín | 13 de junio de 2015 a las 5:00

EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz
LA vida es lo que ocurre en veinte minutos en el ruedo de una plaza de toros, el tiempo de lidia que marca el reglamento. Orto y ocaso, tragedia y éxito, sol y sombra, silencio y clamor, vítores y bronca, gobierno y oposición, nobles y plebeyos, curas y civiles, cemento y albero, tendido y grada, abrazos y miradas aviesas, trajes oscuros y telas coloridas… El Rey se queda al canapé. Su padre también lo hacía. Los tíos del pinganillo hacen un cordón de seguridad, como los cofrades pretenciosos delante de un paso de palio. Los señores de cable en la oreja siempre tienen cara seria, de negarte el saludo y la ubicación del baño, al fondo a la derecha. La gente en Sevilla sabe cangrejear delante del monarca la mar de bien. En el albero están el alcalde saliente y el alcalde entrante. El titular y el in pectore. Una, dos y tres, dos alcaldes sobre el redondel. Pero Sevilla, cruel como un infante, ya no ve al saliente como alcalde, ni todavía ve al entrante como tal. Sevilla estos días ve a su Ayuntamiento como Roma en días de sede vacante. Los políticos juegan a veces a dar frío durante su mandato, sin saber que ellos lo recibirán también. Saluda al subir, que te los encontrarás al bajar, enseña el Papa Francisco.

El Rey se llevó los aplausos con solo abrazar el atril, como un pregonero de Semana Santa al que el público quiere tributar un ad calorem para que se sienta a gusto y pierda cualquier atisbo de nervio. Ovación larga y sentida. “Aún no he dicho nada”, respondió agradecido. Pero Sevilla aplicó eso tan hispalense de al amigo, todo; al enemigo, nada, y al indiferente, la legislación vigente. Y al Rey venían de pitarle en Barcelona, que los telediarios están en el imaginario colectivo. Entre el público se oyó: “¡Viva el Rey!, ¡viva España!” Sevilla no ha dejado a su Rey, madeja de la heráldica local.
Aquí no se pita. Hay abrazos sentidos, como el que se dieron monseñor Asenjo y Alfredo Sánchez Monteseirín. El arzobispo no olvida que el alcalde socialista lo arropó en sus inicios difíciles en Sevilla. De hecho, aún se recuerda el consejo desenfadado que el cardenal le dio en su día al prelado hispalense ante Sánchez Monteseirín y un coro de sacerdotes: “Juan José, de todos los que estamos aquí, del que te puedes fiar es del alcalde”.

Y otro abrazo se dieron Monteseirín y Espadas. “Ahora que vuelven los míos, iré a la toma de posesión”, dijo Monteseirín en los dominios del tendido uno. Yrecibió una andanada.

–¿Seguro que los que vuelven son los tuyos?

Monteseirín se rió. “Sí, hombre, sí”. Pues no lo invitaron a ningún acto de la campaña. Como sería la cosa que Monteseirín se dedicó a arrimar el hombro en la campaña de Ángel Gabilondo a las autonómicas de Madrid. Estos días está feliz. Vuelve a pisar el ruedo de la plaza de toros con mocasín firme. Y lo hace del brazo de doña Teresa: “Soy su madre, no su mujer”.
El presidente del Consejo de Cofradías, Carlos Bourrellier, resta importancia a los rumores que lo sitúan como asesor del gobierno de Espadas en materia de fiestas mayores. Espadas accedió a la carpa y no encontraba quién lo acomodara. El responsable de protocolo del Ayuntamiento no estuvo al quite. Seguro que hoy la cosa cambia en el Salón Colón. “Y más a partir del lunes”.

–Eso seguro, Juan.

Dos ex alcaldes de ruán participaban en el acto: Fernando de Parias y Manuel del Valle. El alcalde saliente, Juan Ignacio Zoido, era la otra cara de la tragedia griega, el emoticono frío de las últimas horas en el cargo. Pero allí estaba, aguantando el tipo. No se olvide que Monteseirín pegó la espantá en la toma de posesión de Zoido en el verano de 2011. Y la plaza de toros no es mal sitio para una despedida. Que se lo digan a Ruiz Miguel. O a Manolo Vázquez. Por allí andaba el catedrático Javier Landa, siempre sonriente. Y un par de concejales del naufragado gobierno de los veinte concejales, el mismo que perdió 60.000 votos en cuatro años, 40 votos cada día. ¿Cuántos votantes caben en la plaza de toros de la Real Maestranza? Pues se pueden llenar casi cinco plazas de toros de Sevilla con los votantes que ha perdido el PP en las pasadas elecciones municipales. ¿Pensaría eso alguien durante el canapé? Frío, frío… Gélido, gélido. Los langostinos pelados daban la vuelta al ruedo. Sevilla es plaza de primera, da derecho a tres entradas por bandeja. El queso aparece en dados y la carne en lonchas. Las miradas se sirven frías, cruzan la raya de picadores del rencor cuando divisan ciertos abrazos por muy impostados que sean los abrazos. Los abrazos en política se dan para enviar mensajes a un tercero, al que mira desde el burladero de la memoria. No hay abrazos de afecto en el teatro de la mentira que es la política.

La única verdad en el ruedo estaba en quienes cangrejeaban ante el Rey sorteando a los tíos del cable antiguo de teléfono en la oreja, en el frío pasajero del alcalde saliente y sin plañideras, en la madre de Monteseirín sonriente al ver a su hijo rehabilitado en la vida social, en la señorial figura de don Otto Moeckel, medalla de plata de la institución nobiliaria; en la cerveza que se tomaron los trabajadores del escenario como cuadrilla de mulilleros tras el arrastre del toro.
¿La verdad? La verdad es que el Rey pasó por Sevilla otra vez siendo alcalde Juan Ignacio Zoido. Eso dirá el frío mármol de la historia. Pero no dirá nada del frío del albero. Una, dos y tres, dos alcaldes estaban sobre el redondel.
EL REY FELIPE SEXTO ENTREGA LOS PREMIOS UNIVERSITARIOS Y TAURINOS DE LA MAESTRANZA DE CABALLERIA foto Juan Carlos Muñoz

¿Con quién cenó el Rey el sábado en Sevilla?

Carlos Navarro Antolín | 6 de diciembre de 2011 a las 19:11

No se asusten los peperos que no se lo llevó Pepe Griñán al restaurante de la calle Antonia Díaz que el hoy presidente de la Junta frecuentaba junto a Manuel Chaves en los tiempos de vino, rosas y tardes dominicales de cine junto a Amparo Rubiales y Rosamar Prieto-Castro. La cosa quedó tan mal entre ambos amigos que aquello parece ya de los años del Movierecord. Zoido jamás hubiera consentido que Griñán pegara semejante y real mangazo después de lo que se ha currado el hombre la cuestión del tenis. La verdad es que el alcalde ha debido recordar estos meses atrás sus tiempos de opositor: solo ante el objetivo y zancadilleado por las circunstancias. Y una vez más se ha dado cuenta de que el camino que va cuesta arriba es el que conduce a la meta. 

Pero no, el Rey no cenó con Griñán aquella noche de sábado en Sevilla tras la derrota de la Davis en el partido de dobles. Y eso que al presidente le hubiera venido de perlas para limpiar su imagen después de las coces que le ha dado al torneo y de la torpeza de sus asesores a la hora de anunciar su incomparecencia en el estadio y su ulterior rectificación. Tampoco cenó con el alcalde de Sevilla.

Tan privilegiada y selectísima velada estaba reservada para otro comensal. Don Juan Carlos cenó con su hijo, el Príncipe de Asturias, y con el periodista Carlos Herrera. El cuarto en la mesa fue el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno. No hubo nadie más. El mangazo no lo pegó Griñán. Lo pegó Herrera en un restaurante de la calle San Fernando, a la verita misma del Alcázar. Algunos no se lo perdonarán nunca. Queremos decir que no se lo perdonarán a Herrera. Ni maestrantes, ni autoridades militares, ni alto clero. El Rey fue a relajarse con un periodista. Justo al día diguiente, Rajoy sentenció: “No están los tiempos para cenas”. Pero cuando dijo eso ya era domingo. Y el gallego dijo cenas. Los mangazos son otra cosa.