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Saturno en el PP

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2017 a las 5:00

caja negra versión OK

MIENTRAS declaraba como testigo de la Gürtel en Madrid, la nueva cúpula del partido en Sevilla ejecutaba con mano dura y guante de seda la enésima maniobra por la que Javier Arenas se hace omnipresente en el PP sevillano: la sustitución de Alberto Díaz como portavoz del grupo municipal por Beltrán Pérez. El sillón de jefe de la oposición es el alba con la que se cubre al llamado a ser revestido con la estola de candidato a la Alcaldía. Arenas autorizaba desde Madrid un golpe de mano que, nunca se olvide, ha estado ejecutado e impulsado en Sevilla por Virginia Pérez, la figura incontrolable que ha tambaleado hasta convertir en virutas las frágiles patas de la mesa camilla en la que se han cocido las decisiones del partido en los últimos quince años: Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno y José Luis Sanz. Arenas los ha vencido a todos a base de comérselos, como un Saturno que devora a sus hijos por temor a perder el trono. Se ha hecho con la influencia máxima en el aparato local gracias a unos discípulos leales que reconocen su magisterio, con algunas incorporaciones de nuevo cuño como la de la propia Virginia Pérez. Si algo ha sabido en la vida este Saturno disfrazado de lince andaluz es interpretar los cambios políticos cinco minutos antes que los demás. Por eso sobrevivió a Óscar Alzaga, Fraga y Aznar. Apostó por Rajoy en 2004 cuando todos parecían dejarle tirado en el congreso de Valencia. Y acertó. Siempre ha acertado en las guerras internas, lo que escuece hasta la pataleta a sus propios hijos políticos.

Sobrevivió también a la creación de sus propias figuras políticas de cierta proyección (Luis Miguel Martín Rubio) y de incontestable trayectoria (Juan Ignacio Zoido) y también a las que no controlaba directamente pero operaban con fuerza en sus dominios (Soledad Becerril, Teófila Martínez). A la sagacidad y capacidad de análisis de Arenas hay que sumar su pequeña cuota de riesgo: en algunas ocasiones se la ha jugado, como en la citada de Valencia en 2004. En política hay que arriesgar en alguna ocasión para alcanzar alguna meta. Que se lo digan al socialista Gómez de Celis, que la primera vez que ha apostado en serio por un objetivo –al margen del carril acomodaticio del partido– ha salido triunfante. Sólo las especies que se adaptan sobreviven en la selva de la política actual.

Saturno devoró a sus hijos para cumplir la condición impuesta por su hermano Titán si quería reinar en su lugar. Arenas alcanza ya el grado de deidad en este PP en minoría en España, ansioso en Andalucía y tratando de despertar del coma tras la pérdida de la Alcaldía en Sevilla. Sobrevive a todos los líderes nacionales, regionales y locales. Cierra el Espigón, Arenas sigue. Cambia de dueño Antares, Arenas sigue. Cambian los hermanos mayores de la Macarena, Arenas sigue. Controla a buena parte de sus hijos políticos y tiene ya hasta nietos que aprenden de su estilo. Es un mito al que han querido derribar varias veces, pero aún no ha salido el Júpiter que acabe con su influencia. Porque lo que se juega Arenas a estas alturas del partido no es ya ser ministro o alcalde, sino influir en quien desde Andalucía pretenda pintar algo en cualquier orden del PP. Arenas no está para presidir consejos de Emasesa, ni soportar encierros eventuales de despedidos de Lipasam, tras haber volado en el Falcon de los vicepresidentes del Gobierno, haber pasado fines de semana en las fincas del Estado de Doñana o Quintos de Mora, o haber sido recibido por el Papa en el Vaticano. Uno de los problemas de Arenas es que le tiene miedo reverencial a Sevilla: siempre de su casa al AVE sin pasar por la calle Sierpes.

En Andalucía tiene a Antonio Sanz, delegado del Gobierno. En Sevilla, el doble tentáculo de los Pérez: Virginia y Beltrán. Declarando en la Gürtel cambió al jefe de la oposición: quitó a un hombre al que conoce sobradamente, Alberto Díaz, del bando perdedor en el congreso provincial, para colocar a Beltrán Pérez, del bando ganador. Sustituyó nada menos que al que fue jefe de gabinete de Zoido en la Alcaldía, todo un símbolo. Díaz, por cierto, no ha podido sufrir una coyuntura más adversa como portavoz y, al menos, ha salido del entuerto con una elegancia unánimemente elogiada.

Mientras Rajoy siga en Madrid y Moreno Bonilla no crezca políticamente, Arenas seguirá siendo fuerte en Génova, con crédito entre algunos de los periodistas más influyentes de la corte, y continuará ostentando la marca andaluza del PP en la capital de España. A los hijos rebeldes del líder natural de la derecha andaluza sólo les queda –otra vez– esperar confinados en sus respectivos destinos tras haber intentado su derribo. No sería extraño que trate de recuperar a alguno de sus cachorros rebeldes –ya talluditos– cual Maquiavelo que quiera provocar divisiones incluso en el bando derrotado.

Saturno se comió a los hijos cuando ya tenía las sienes encanecidas. El pasado domingo denunció en estas páginas el veterano Juan Manuel Albendea que “está de moda meterse con Arenas”. No, don Juan Manuel, lo que ocurre es que es Arenas quien no deja de estar de moda. Y es Arenas el que no perdona lo que entiende como deslealtades: que algunos no recuerden que han sido lo que han sido por su dedo. Arenas va a durar más que Villar en la Federación Española de Fútbol, Gallardo en el Colegio de Abogados o Cañete en Aprocom. Es la fuerza del mito. Un Saturno de perseverancia voraz.

En la fiesta de Juan Bueno

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2017 a las 5:00

Fiesta bueno

LOS homenajes en Sevilla los carga el diablo. ¿Cuántos cazadores no despiden a sus presas, ya cazadas y desplumadas, con el correspondiente homenaje de cena, discurso y placa? En Sevilla homenajeamos muy bien, estupendamente, se nos da de cine. Aquí se jubila del cargo un presidente del Consejo de Cofradías y sale organizada una cena de 600 comensales en dos minutos. Se jubila (o jubilan) un cardenal que ha gobernado 28 años y todavía estamos esperando a que haya un homenaje masivo de la sociedad civil como Dios manda. Las varas de medir son de cualquier manera. A Monteseirín, por ejemplo, le dieron su homenaje en las setas tras doce años de alcalde. En vez de a puerta cerrada, que así fue, alguien dijo con cierta guasa que fue a setas tapadas porque a la prensa no la dejaron acercarse. El otro día le dieron su homenaje al bueno de Juan Bueno tras cuatro años de presidente del PP sevillano. Fue un homenaje a plaza partida, que se decía de los antiguos espectáculos taurinos. Pero no porque acudiera sólo la parte que apoyó a Juan en el XIV congreso de la formación, sino porque asistió la mitad de la mitad de los que lo votaron. En la fiesta de Juan, que no era la de Blas ni la gente –válgame Dios– salía con varias copas de más, hubo muchas ausencias. Notables ausencias. Reveladoras ausencias. De la famosa mesa camilla que dicen que ha gobernado el PP en los últimos tiempos no fue nadie: Ricardo Tarno estaba con los asuntos de la OTAN que le corresponden como diputado nacional, y José Luis Sanz con los de sus dominios de Tomares que le corresponden como alcalde. Tampoco se dejó ver el ministro Juan Ignacio Zoido, que al día siguiente tenía el coñazo del desfile de las Fuerzas Armadas en Guadalajara, dicho sea según la expresión de Rajoy a micrófono abierto, ¿recuerdan?. El presidente del Gobierno, por cierto, se borró del desfile este año para ir a dar una conferencia a Sitges. Don Mariano, usted sí que sabe.

Tampoco, por supuesto, fue Arenas a la fiesta de Juan, a pesar de que tanto elogia siempre a Bueno en sus discursos. El lince no apareció, el lince anda moviendo las piezas del nuevo orden del PP sevillano. Hablando del nuevo orden, tampoco estuvieron Los Pérez: ni Virginia ni Beltrán. ¿Pero el PP de Sevilla no era una gran familia donde todos estaban ya la mar de contentos, pidiéndose perdón por las esquinas y dándose abrazos de costaleros con besos triples en las mejillas? Unos no fueron porque no podían, otros porque alegan que no se les convocó.

Las ausencias no serían por el precio de la fiesta. Se estipularon cinco euros para el merecido obsequio. Las consumiciones eran de Bollullos.

–¿Un cáterin de la provincia?
–No, de Bollullos es que cada uno se paga lo suyo.

La cosa no era gravosa. Asistió algún primer espada como el subdelegado del Gobierno, don Ricardo Gil-Toresano, que le debe el cargo a Zoido y Bueno y que, además, el sitio (La Raza) le cogía cerca de la alcoba (Plaza de España). A Gil-Toresano le diseñaron el festolín con escuadra y cartabón, como Curro Pérez le cuadra las agendas de los lunes al ministro Zoido: un actito en Sevilla para alargar el fin de semana.

El nuevo secretario general, Juan de la Rosa, no faltó, como tampoco lo hizo José Miguel Luque. En la heráldica del buenismo bien podrían aparecer Luque y de la Rosa como los particulares San Isidoro y San Leandro del bueno de Juan Bueno.
Hubo concejales como María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Ignacio Flores y Jaime Ruiz, y diputadas provinciales como Carolina González Vigo. El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, Alberto Díaz, hizo acto de presencia algunos minutos.

Quizás alguien debió pensar en una fecha más idónea para celebrar el homenaje. Tal vez se precipitó la convocatoria. Juan Bueno es un personaje que no tiene aristas pese a todo lo que ha soportado en el último año. Siempre correcto, siempre educado, alejado de las formas agrestes de otros figuras, hay quien dice que le ha pasado como a muchos arzobispos recién aterrizados en Sevilla:que ha estado mal asesorado. Un presidente de partido es un símbolo cuando deja de serlo. Y como tal merece ser cuidado. A Bueno le ha tocado vivir como presidente la mayor convulsión que ha sufrido el PP sevillano desde su fundación. Nunca antes había ocurrido todo lo que ha sucedido en el último año, pese a que algunos se empeñaban en negar la importancia de los hechos. Está por ver que la agitación interna no se reproduzca en los próximos meses. Se sabrá después de agosto.

El homenaje debió ser masivo. Los nostálgicos tienen razón: Sevilla se nos va. Ya no nos sale bien ni la Madrugada ni los homenajes. Esto no es lo que era.

La batalla del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 19 de junio de 2016 a las 6:24

cajanegra190616Ilustración: Rosell

 

La tensión emerge. Se evidencian los primeros golpes directos. La batalla por el PP de Sevilla tiene ya dos bandos claramente diferenciados con cabecillas locales y con sendos líderes desde Madrid. La contienda empieza a sumar no sólo fotos en las que unos exhiben músculo y otros una preocupación palmaria por unos movimientos inéditos en la historia del partido, sino que genera también momentos en los que se producen rifirrafes entre destacados responsables ante mucha militancia presente. Valga el ejemplo de los pudorosos padres que han perdido el pudor y discuten delante de la prole.

Ocurrió la tarde del lunes, 6 de junio, en la sede provincial de la calle Rioja. El presidente provincial, Juan Bueno, convocó por medio de Ignacio Flores una reunión con una treintena de militantes muy escogidos, entre ellos varios responsables de distrito. Todos ellos tenían en común no haber participado, de momento, en la Operación Manijero, organizada por el sector crítico que reclama un vuelco en el partido. La coartada de Bueno era informar de los preparativos de la campaña electoral. En realidad se trataba de un intento por entonar el Prietas las filas tras las escaramuzas  de los críticos que, liderados por la secretaria general Virginia Pérez y el concejal Beltrán Pérez, cosechan cada día más apoyos, publicados en las fotografías de familia que difunden estratégicamente por las redes. La reunión transcurría, en principio, con toda normalidad hasta que ocurrieron dos cosas: la entrada en la sala de Virginia Pérez, que había sido ninguneada de la convocatoria, y la pregunta de un militante de Triana (allegado al edil Curro Pérez) que demandaba información sobre las fotos de la Operación Manijero, tomadas en unos actos a los que –no se olvide– no estaban invitados los rostros tradicionales del PP. El militante preguntó –dicen que la pregunta fue en tono capcioso– y Juan Bueno respondió como presidente provincial. Las valoraciones de Bueno no debieron gustar nada a la camarlenga Virginia Pérez, que irrumpió con una intervención no autorizada e interrumpida por la mesa. Así estalló la refriega. Juan Bueno dejó claro que no autorizaba la intervención nada menos que de su secretaria general, afeó su conducta y le negó reiteradamente el uso de la palabra. Bueno recriminó a la camarlenga que se había colado en la sala, cosa que él –afirmó– nunca había hecho en los cónclaves promovidos por ella: “¡Te lo vuelvo a repetir, yo no me he metido en una reunión tuya!”. Reprobó su conducta ante el nutrido grupo de militantes: “¡Estás dando un ejemplo muy malo a los compañeros!”, gritó Bueno. Reivindicó, con una evidente tensión, su potestad como presidente provincial para responder a la pregunta sobre unas fotografías inéditas en el PP: “Yo voy a contestar, me han preguntado a mí”, dijo para que no lo hiciera Virginia Pérez en su lugar. Y ante la intervención de la secretaria general, que alzaba la voz desde las últimas filas, el presidente Bueno insistió: “¡Que no, que no, que no tienes la palabra”. Nadie daba crédito a la tensión que acababa de aflorar. De las fotos en las redes sociales se había pasado al enfrentamiento directo entre el número uno y la número dos del partido, nítidamente ya posicionados cada uno en un bando.

En el bando oficialista, avalado desde Génova por la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, figuran junto a Juan Bueno dos de los rostros tradicionales de los últimos tres lustros del PP de Sevilla: el diputado nacional Ricardo Tarno y el alcalde de Tomares, José Luis Sanz. Con ellos está el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido. Los cinco tienen el objetivo común de pararle los pies a Javier Arenas, al que ya frenaron en su intento por repetir como número uno por Sevilla en las elecciones generales del pasado diciembre, un logro que enojó a Arenas, que después de muchos años pasó a ser “el ausente” en unas elecciones generales. Todo lo que Tarno, Sanz, Bueno y Zoido saben de política lo han aprendido de Arenas. Casi todo lo que han conseguido se lo de deben a él en buena medida. Ocurre que hace ya algún tiempo que todos quieren matar al padrino, hartos de que éste quiera disponer de unos y otros en función de sus intereses estratégicos. Para ellos es clave parar a Arenas y no permitirle que vuelva a controlar el PP sevillano por medio de sus afines.

En el bando crítico, impulsado por el propio Arenas en sus continuas reuniones conspiratorias y en sus archiconocidos culebreos de fin de semana por los pueblos, figuran la secretaria general Virginia Pérez (conocida también como la camarlenga porque, en realidad, no puede figurar formalmente como secretaria general al no formar parte del comité ejecutivo) y el concejal Beltrán Pérez, los dos arietes de la Operación Manijero. Ella quiere ser la próxima presidenta del partido. Él aspira a la portavocía del grupo municipal. Entre ambos, con la bendición del padre natural del centro derecha-andaluz, han conseguido que la subdelegada del Gobierno, diputados autonómicos, alcaldes de la provincia, concejales de la capital y militantes varios, acepten retratarse en armonía y ambiente festivo para exigir el cambio en la estructura local de un partido marcado por el estatismo y la ausencia de voces críticas.

Arenas quiere llegar al próximo congreso nacional apuntándose el control de Sevilla por medio de compromisarios leales a su causa. Cospedal quiere hacer lo mismo por medio de Zoido y los tres rostros tradicionales. De aquí a entonces existe la posibilidad de que un bando abra brechas en el otro. Los oficialistas intentarán minar la relación de confianza que mantienen Virginia Pérez y Beltrán Pérez mediante ofrecimientos políticos diversos,  siempre y cuando el PP salga bien parado del 26-J, pues el conflicto se recrudecerá si el resultado no es bueno. Sin el pan del gobierno en la familia, las dentelladas entre hermanos se disparan. Los críticos, además de volcarse en sumar nuevos apoyos entre la militancia y preparar nuevas acciones de demostración de fuerza, tratarán de ganarse la adhesión pública del concejal Alberto Díaz, uno de los principales amigos de José Luis Sanz. Sanz tiene la capacidad de elegir bando al ser el único alcalde del PP al frente de un ayuntamiento metropolitano y poseer un escaño como senador. De hecho mantiene una  relación fluida con Beltrán Pérez, con quien cenó la pasada Feria horas después de que trascendiera el primer aldabonazo de la Operación Manijero.

Otro escenario donde se libra la batalla del PP de Sevilla es el grupo popular en el Ayuntamiento, donde Zoido pierde adeptos de forma paulatina, bien porque tienen cuentas pendientes por sus decisiones como alcalde, bien porque ven próximo el final de una etapa y quieren estar bien posicionados para el futuro. Beltrán Pérez cuenta con la adhesión pública de los concejales María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Evelia Rincón y José Luis Martínez. Son cinco en total de los doce actuales. Si Zoido dimite tras las elecciones generales, el siguiente en la lista es Jaime Ruiz, que ahora está colocado en el Tribunal Económico y Administrativo ganando casi el doble de lo que percibe un concejal en la oposición. Lo lógico en tal supuesto sería que Ruiz renunciara a tomar posesión como concejal, pero los oficialistas han previsto esta posibilidad y ya le han advertido que, llegado el caso, tiene que aceptar su retorno al Pleno a toda costa. ¿La razón? Si Ruiz no acepta, el siguiente en la lista es el abogado Rafael Belmonte, beltranista acérrimo que, además, está muy bien conectado con la sociedad civil. Belmonte sería el sexto adepto al nuevo orden. Los oficialistas quieren impedir que Beltrán Pérez sume ese apoyo dentro del grupo. El referido Alberto Díaz sería, pues, absolutamente clave para inclinar la balanza a favor de Beltrán Pérez, que con él y la entrada de Belmonte tendría su particular mayoría absoluta garantizada dentro del grupo.

Zoido cuenta en el grupo municipal con la lealtad de su portavoz adjunto, Gregorio Serrano, avalado por el presidente Juan Bueno para ser portavoz titular si el ex alcalde dimite en el Ayuntamiento, y de Curro Pérez, que fue su delegado en Triana y descafeinado portavoz del gobierno de los 20 concejales. Curro Pérez, por cierto, no despierta precisamente simpatías en Javier Arenas. ¿Tiene Zoido algún partidario más entre los concejales?  Quizás Lola de Pablo-Blanco, que sabe que su futuro político sin Zoido es sencillamente inexistente. Los restantes que no han sido nombrados, caso de Ignacio Flores, estarán con el poder establecido en cada momento. Y el poder establecido en el principal grupo de la oposición sigue siendo Zoido por el momento.

Todo se mide en tal grado en esta batalla que las llamadas telefónicas a los militantes están siendo continuas para pulsar los apoyos, desprestigiar al rival u obtener información sobre los movimientos del contrario. Los asesores del grupo son mirados con lupa. Y, cuando hubo una vacante, se descartó la contratación de una de las trabajadoras más veteranas y conocedoras del Ayuntamiento por ser la cónyuge de uno de los miembros de la ejecutiva regional del partido que más reclama la renovación del PP sevillano y el fin de la era Zoido.

Hasta antiguos rostros del PP, como el ex edil y ex secretario general Ricardo Villena, ha reaparecido en la escena al asistir a una de las reuniones de emergencia convocadas por el sector oficialista para analizar la revuelta, cuando Villena hace años que vive refugiado en el Tribunal Económico Administrativo. Arenas, por su parte, sigue pidiendo a los suyos que apoyen los movimientos de los Pérez (Virginia y Beltrán). ¿Quiénes son los suyos? Jaime Raynaud, Felisa Panadero, Patricia del Pozo, Macarena O’Neill, Rafael Salas, Rafael Carmona… ¿Qué dicen los oficialistas? Que la Operación Manijero no tendrá éxito al ser una “suma de resentidos”, que la inercia del partido se volverá a imponer y que Javier Arenas abandonará el bando cuando vea que la iniciativa pierde fuerza, o cuando consiga sus objetivos particulares en el congreso nacional.

La batalla, en definitiva, es una suma de frentes particulares. Arenas contra Cospedal. Arenas contra sus antiguos cachorros rebeldes. Tarno, Sanz y Bueno contra Arenas. Beltrán Pérez contra Zoido. Virginia Pérez contra Juan Bueno. A todo esto, el presidente regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, se frota las manos al ver que del PP sevillano, del que no ha obtenido más que el frío del desprecio, recibe ahora hasta peticiones de apoyo. El malagueño espera ser el pescador del río revuelto hispalense.

Agitación inédita en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 5 de junio de 2016 a las 5:00

reuniones PP sevilla
LOS tres rostros tradicionales del PP sevillano (Tarno, Bueno y Sanz) se estiraron al ver la fotografía. Los tres antiguos cachorros de Arenas fruncieron el ceño. Alguien debió llamar el lunes a uno de ellos, el diputado nacional Ricardo Tarno:“Ricardo, tenemos un problema”. Virginia Pérez, la camarlenga del PP sevillano que hace las veces de secretaria general, ha pegado el segundo aldabonazo. Pérez se desmarca del pelotón y reclama un sitio preferente en la futura estructura provincial del partido. Un PP sevillano que tendrá que celebrar su congreso tras los congresos nacional y regional que serán convocados después de las elecciones generales. La camarlenga no quiere ser un florero. No acepta tutelas. Como es consciente de que le reprochan escasos resultados electorales donde se ha presentado hasta ahora, apuesta por exhibir músculo interno.

La fotografía difundida el lunes por los propios interesados –tal como hicieron en la primera puesta en escena el Miércoles de Feria– disparó las alarmas del aparato oficial. No es normal que tantos afiliados y de cierta relevancia se reúnan por segunda vez al margen del poder orgánico establecido para hacer valer sus deseos de cambio, sus ansias de renovación. Estas cosas casi nunca han ocurrido en el PP sevillano. Habría que remontarse al congreso de 2000, pero todo aquello fue muy distinto.

Al trío que hasta ahora se ha repartido los principales cargos del aparato provincial (Los citados Tarno, Sanz y Bueno) les ha salido una fuerte contestación liderada por Virginia Pérez en colaboración con el concejal Beltrán Pérez, y auspiciada por Arenas, que no asistió a ninguno de los dos encuentros celebrados hasta ahora, pero envió su bendición al pedir a sus incondicionales que estuvieran presentes. Hay que dejar constancia de que en la reunión del lunes estaban la subdelegada del Gobierno, cinco de los doce concejales de la capital, cuatro diputados provinciales (entre ellos, la secretaria general del partido), dos diputados autonómicos, la secretaria del Grupo Popular en el Parlamento, los alcaldes de Carmona, Palomares, Villanueva del Ariscal y Lora del Río, los presidentes del PP de Gelves, Morón y Coria del Río, la ex concejal de Presidencia de Mairena del Aljarafe (en la etapa de Tarno como alcalde) y el núcleo duro de Nuevas Generaciones de Sevilla con su presidente regional al frente, entre muchos asesores del gobierno de Zoido y conocidos militantes.

El encuentro de este sector crítico se celebró en el Círculo Arte Vivo. Esa misma noche, el aparato oficial se reunió de urgencia en un restaurante del Aljarafe. Allí acudieron el presidente provincial, Juan Bueno; el alcalde de Tomares, José Luis Sanz, el diputado nacional Ricardo Tarno; el ex alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido con su jefe de gabinete José Miguel Luque; y Eloy Carmona, edil de Tomares. Como se aprecia en la fotografía, los rostros eran más propios de la salida de la Mortaja que de la noche del alumbrao.

Tarno, Bueno, Sanz y Zoido saben que detrás de los críticos está Arenas, que no les perdona haber puesto el PP de Sevilla, su PP de Sevilla, al servicio de su enemiga Cospedal, la secretaria general en Génova que, como mínimo, está dispuesta a jugar sus cartas en el nuevo partido que se configure en los congresos posteriores al 26-J. El trío sevillano también sabe que las maniobras de Arenas para controlar Sevilla le vienen muy bien al líder regional, Moreno Bonilla, el invasor malagueño que ve como crecen sus adeptos (los conocidos como afrancesados) en la plaza sevillana donde ha sido tratado con frialdad desde el principio, excepto por la propia Virginia Pérez y un ramillete escaso de militantes sevillanos, caso de Toni Martín, miembro de su ejecutiva. El ramillete de partidarios sevillanos de Moreno Bonilla se convierte poco a poco en un ramo frondoso, pese a que el malagueño no está en un momento boyante, sino más bien al contrario, pues se especula con su retorno a Madrid si el PP retiene la Moncloa.

El PP regional hace un seguimiento al detalle de la agitación interna que vive el partido. Por el momento, fuentes internas tienen una súplica muy clara: “Estas tres semanas tenemos que remar todos en la misma dirección, después ya vendrán los procesos inevitables”.

El todavía aparato provincial tratará de dar un vuelco a la situación. Uno de los objetivos del trío tradicional será el de romper la alianza entre Virginia Pérez, que quiere ser la futura presidenta provincial, y el edil Beltrán Pérez, que aspira a la portavocía municipal. Ambos son claves en el reclutamiento de adeptos a la causa crítica. Pero a nadie escapa que la ruptura también podría producirse en el propio trío, pues Sanz tiene poder territorial y un acta de senador. Vuela sólo. Yaspira a volar más alto.

Las espinas del comité electoral del PP

Carlos Navarro Antolín | 19 de mayo de 2016 a las 5:00

EL PP-A CELEBRA MAÑANA EL CONGRESO DEL RELEVO DE ARENAS COMO PRESIDENTE
EL PP no es un partido en el que sean usuales las corrientes críticas. El presidencialismo de Génova embadurna todas las sedes regionales y provinciales. No se discute más allá de algún conciliábulo en los bares o de alguna intervención aislada al modo de francotirador perdido en la masa de una junta directiva provincial. En el PSOE las luchas internas son una tradición y se retransmiten al detalle. No hace muchos años se han vivido las disputas por la secretaría general del despacho de Luis Montoto con sus bandos perfectamente organizados, sus afines perfectamente conocidos y sus traidores de última hora perfectamente anunciados.

Pero las filas del centro derecha suelen estar prietas. Por eso cualquier movimiento genera la atención, como las fotos de la Operación Manijero del pasado Miércoles de Feria, con un buen ramillete de concejales y militantes reunidos al margen de los rostros tradicionales del partido y, por supuesto, sin Zoido. O la fotografía del pasado domingo, cuando el mismísimo Javier Arenas (el ciprés de sombra alargada) y la camarlenga Virginia Pérez se dieron un homenaje en la Feria de Carmona, donde el PP gobierna al borde de la mayoría absoluta. Tampoco entonces estaban los rostros tradicionales. Ni, por supuesto, Zoido.

El pasado lunes se celebró el comité electoral del PP de Sevilla, que preside uno de los rostros tradicionales del partido, el diputado nacional Ricardo Tarno. El comité electoral en la práctica es un foro de militantes que se reúnen para dar el visto bueno a las listas electorales que previamente han decidido los aparatos. Es decir, los militantes son utilizados para dar la apariencia de democracia interna.

Pero el lunes ocurrió que tres componentes de ese comité se abstuvieron en la votación que debía refrendar la lista al Congreso de los Diputados, que lidera Juan Ignacio Zoido, y al Senado, encabezada por José Luis Sanz. La ex concejal Carmen Ríos, que fue delegada del distrito Los Remedios con Zoido, no dio su voto afirmativo. Todos en el partido saben que Ríos sigue molesta por no haber sido colocada en puesto de salida en las pasadas municipales. Zoido tampoco la tuvo a ella, precisamente, entre sus concejalas favoritas. Las veces que el alcalde y la delegada de Los Remedios despacharon juntos sobre asuntos del distrito fueron tantas como las que el PP ha ganado en Dos Hermanas. Tampoco apoyó las listas Dolores Rodríguez, alcaldesa de Palomares cuyo hijo es un asesor muy próximo al líder regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, que anhela el control del partido en Sevilla, una formación que se le escapa de las manos como jabón mojado. Un partido que Arenas también está deseando controlar para chinchar a Cospedal, la protectora de Zoido. Rodríguez no fue al comité del lunes, pero telefoneó para excusar su ausencia y expresar su deseo de abstenerse de la votación. Tarno le dejó claro que para pronunciarse en un sentido u otro debía estar presente. Y tampoco votó a favor María Eugenia Moreno, diputada provincial, portavoz del PP en Huévar y coordinadora de redes sociales del PP de Sevilla.
Dos abstenciones que, en la práctica, son tres. Tres disconformidades que son una marejada en un mar pepero donde nunca suele ocurrir nada, más allá de alguna gaviota díscola pérdida en el azul de la alta mar, pero donde en los últimas meses hay aguas tímidamente revueltas. Tres espinas en un reducido comité electoral. Algo se mueve, al tímido estilo del PP, marca de la casa.

El PP de Sevilla se enroca

Carlos Navarro Antolín | 29 de octubre de 2014 a las 12:25

junta directiva PP
EL PP de Sevilla se enroca. Se evidenció en la junta directiva provincial del lunes. Las cosas son lo que son y no lo que las partes quieren que sean. Se enroca frente al aparato regional de Moreno Bonilla. Porque el líder natural de la derecha andaluza sigue ejerciendo como tal y se presentó a última hora a presidir la sesión y porque el partido ha nombrado para director de campaña de las municipales a un concejal de Mairena del Aljarafe, Juan de la Rosa, antiguo secretario de organización de la ejecutiva regional de Zoido y Sanz, y como coordinadora general del PP de Sevilla a Virginia Pérez, que es la número tres del PP andaluz, que ahora retorna a casa. Pérez, es la cuota sevillana que Moreno Bonilla colocó en su organigrama. Pero la realidad es que el PP andaluz no tiene ni número dos (Loles López) ni número tres, sencillamente porque hasta el número uno está puesto en duda.
Virginia Pérez, concejal de la oposición en la Rinconada, diputada provincial y cuñada del alcalde de Mairena del Aljarafe, Ricardo Tarno, trabajará más a partir de ahora para el PP provincial. En ningún caso se puede interpretar que el PP regional toma por fin las riendas del provincial. Aquí se podría decir en clave política lo de Julio Iglesias que corre por las redes sociales y que es válido para cualquier situación: “Moreno Bonilla sigue sin olerla en el PP de Sevilla. Ylo sabes…”
Juan de la Rosa no sólo es ex secretario de organización de la efímera ejecutiva regional de Zoido, sino concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe, donde gobierna Tarno. Ojo, porque Tarno gana peso. A De la Rosa se le reconoce capacidad de trabajo desde el punto de vista logístico en todos los actos del partido, domina la siempre compleja logística y el protocolo, pero no es lo que se conoce como un fontanero. Tampoco de su designación se puede colegir que Moreno Bonilla, ni muchísimo menos, desembarca en el PP sevillano. Salió escopetado de la ejecutiva regional cuando se frustró la operación diseñada por Cospedal para dejar a Sanz como presidente. De la Rosa es un hombre de la confianza de Sanz. Con esto todo está dicho.
Si acaso, en el mejor de los supuestos para sus intereses, Moreno Bonilla se deshace de Loles López en el Parlamento, con la que no está a gusto como secretaria general, por la sencilla razón de que sigue sin ejercer como tal, y también se deshace de la incómoda cuota sevillana representada por Virginia Pérez, a la que en el partido se le reconoce coraje y carácter.
La junta directiva provincial del lunes se presentaba como una de tantas, plúmbeas y lista para el prietas las filas. Pero, oh sorpresa, se presentó de improviso nada menos que Javier Arenas. La junta iba iba a ser presidida por Loles López, secretaria regional en las tarjetas de visita. De hecho, la enlatada nota de prensa así lo informaba. El comunicado en ningún momento hace alusión a la presencia del vicesecretario general del PP nacional, don Javier Arenas, presidente de honor del PP andaluz. Ni una mención. No se le esperaba.
Pero Javié llegó, besó, abrazó, arqueó la ceja y manejó a la perfección el cotarro. Dio los turnos de palabra: primero al presidente de Nuevas Generaciones, después al presidente provincial, Juan Bueno, y seguidamente al secretario general del PP sevillano, Eloy Carmona. Después se autoconcedió la palabra y trazó un brillante discurso de diez minutos sobre la coyuntura política actual, sin obviar el incómodo asunto de los imputados. Repitió su teoría sobre los votantes del PP que no acudieron a las urnas en las europeas, que hicieron eso: quedarse en casa. Pero no votaron a Podemos. Defendió la política económica y la gestión de la cuestión catalana de Rajoy. Y después de hablar, sabiendo que no hay orador más brillante que él en el centro derecha andaluz, invitó a Loles López por si quería tomar la palabra. Arenas volvió a su feudo: el PP de Sevilla. O, mejor dicho, no volvió porque nunca se ha ido. Sólo lo parecía. Presidió, lideró y manejó la junta directiva provincial de la que Zoido estaba ausente. Una junta directiva provincial a la que acude la columna vertebral del partido en Sevilla: presidentes locales, alcaldes de la provincia, concejales de la capital, etcétera.
Lo mejor ocurrió cuando Arenas anunció los nombramientos de la coordinadora general del PP de Sevilla y del director de campaña. “¿Alguien se opone?” Y se produjo un silencio masticable. Una quietud sólo rota cuando cierto sector de la bancada, donde estaba el líder de Nuevas Generaciones y antiguos cargos del partido, rompieron a aplaudir por cortesía.
Todo lo manejó Arenas como en sus buenos tiempos, cuando reservaba varias horas de despacho para hacer repaso de la situación de los pueblos de la provincia, de los que se sabía al dedillo quién era quién, los escrutinios de las últimas votaciones y los diferentes problemas sin necesidad de chuletas. Hay que reconocerle el mérito. Arenas reconquista, o no quiere perder ni un ápice de influencia en Sevilla. Y, como mínimo, escenifica su dominio. La cara de Juan Bueno, presidente provincial, era la del hijo al que el padre no termina de dejarlo volar solo. Cuando todos lo hacían en los maitines de Génova aprovechando el tiro de cámara para susurrarle al oído a Rajoy, apareció para controlar la junta directiva provincial de Sevilla. La nota de prensa oficial ni lo mencionaba. Pero allí estaba.
Moreno Bonilla ni está ni se le espera en Sevilla. El PP sevillano es de Arenas. Y lo sabes…

La manchita del PP y el lamparón de Ana Hermoso

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2012 a las 5:00


El PP no tiene ni de lejos la tradición de pluralidad de listas que animan los congresos del PSOE. En el PP se lo piensan mucho antes de meterle el dedo en el ojo al poder orgánico. A los socialistas les va mucho más la marcha. La derecha tiene ese punto plúmbeo que hace insoportables los congresos. La excepción que confirma la regla en Sevilla se produjo en el año 2000, cuando Miguel Ángel Arauz, bastante bien acompañado, quiso disputarle la presidencia a Ricardo Tarno, bastante apuntalado por Arenas. Pero Arauz se cayó en el hoyo de los avales. Su candidatura fue excluida en el transcurso de un congreso tenso. Los militantes no pudieron votar entre una u otra. El caso es que técnicamente se puede afirmar que en el PP de Sevilla, al menos desde que se denomina PP, nunca una lista alternativa ha llegado a la última ronda. Habría que remontarse a la antigua Alianza Popular para encontrar un ejemplo. Por lo general, los estados del partido se reducen a dos: anestesiado o eufórico. Pero extrañamente se evidencian divisiones. Los críticos, de haberlos, son minoría. Y si alguna vez se cuentan por decenas, suelen ser de actitud pasiva. Pocas veces afloran las dagas. Hubo un verano en que el ex concejal Joaquín Peña anduvo intentado ser presidente del PP sevillano yendo, dicen, casa por casa de los militantes. Con el paso del tiempo, un Zoido magnánimo lo nombró director general de Medio Ambiente en el Ayuntamiento. Aquí paz y después… Jesús Despojado. El anuncio estival de Ana Hermoso de disputarle la presidencia a Juan Bueno, actual secretario general y candidato oficialista, parecía traer la emoción a un partido de vida interna habitualmente plana. Dicen que la fuerza que mueve a Hermoso tiene origen en el cabreo que pilló cuando se vio relegada de las listas en las autonómicas y en las generales. A Antonino Gallego le ocurrió algo parecido siendo alcalde de Bollullos de la Mitación, pero no montó una candidatura alternativa. Dimitió en diciembre de 2009 cansado de las palabras huecas de Arenas, se fue a la empresa privada y le dieron una gran cena de homenaje a la que asistieron los altos mandos de la gaviota. Los escasos alcaldes que tiene el PP en la provincia se rebelan de vez en cuando, sacan pecho porque se sienten fuertes y es entonces cuando se plantan en la calle San Fernando y piden pista en el glamour del Congreso de los Diputados o del Parlamento. Se permiten el lujo porque tienen el aval de los votos que en su conjunto le faltan a un partido que hasta hace poco era la cuarta fuerza política en la provincia. El caso es que una alcaldesa del Aljarafe que rozó la mayoría absoluta en Bormujos en un contexto adverso ha dado el paso al frente echando sal en la herida de una formación que no termina de despegar en la circunscripción hispalense: “Somos la manchita roja del mapa”, dijo el día que presentó su programa a la presidencia del partido. Todo un torpedo en la línea de flotación de una estructura de mando en la que, nunca se olvide, está Juan Bueno como secretario general. Pero hete aquí que cuando llega la hora de elegir a los compromisarios para el congreso, la aspirante Hermoso no logra colocar a ningún afín entre los cinco que corresponden al PP de… Bormujos. Se queda sin los apoyos de su tierra. Su pueblo le falla. Caramba. Y por eso todo apunta a que nos quedamos huérfanos de emoción en el congreso, a no ser que algunos se levanten airados cuando Bueno difunda el nombre de su secretario general. La alcaldesa tiene su particular “manchita” en su propia casa. Quizás porque, efectivamente, todo el PP tiene en la provincia esa “manchita”. Y ella no es ajena al lamparón. Bueno (Juan) está lo bueno.