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La ciudad que espera sentada

Carlos Navarro Antolín | 10 de diciembre de 2017 a las 5:00

Casa Eme

EN Sevilla hay más bares que macetones con árboles de sombra rácana, más bares que procesiones de gloria, más bares que tíos pidiendo firmas en la Plaza Nueva o en la Campana tan pesados como moscas de una venta de carretera, más bares que pregones (hasta la cabalgata tiene pregón y gente dispuesta a darlo), más bares que apartamentos turísticos con inquilinos que arrastran la maleta con una mano y miran el teléfono móvil con la otra para, al final, acabar preguntando desesperados a un taxista dónde está el hotel Las Casas de la Judería. Y el taxista se carga de un plumazo el encanto del grimpolón con el dibujo de un águila que utilizaba el duque de Medinaceli en sus barcos de regata, el símbolo que Ignacio Medina, duque de Segorbe, emplea hoy como divisa de sus hoteles.

–Tienes que seguir de frente. El hotel es el que tiene las banderas de Robin Hood.

Habrá bares en Sevilla, pero los funcionarios tienen bien crecidita la pila de los expedientes que piden nuevas licencias de apertura, ampliaciones de local, un aumento de la terraza de veladores, una nueva salida de humos para hacer más grande la cocina… Habrá bares, pero pocos pueden presumir de que sus clientes los esperan a la intemperie en estos días de frío con una fidelidad sólo comparable al puente de la Calzada de Pascual González, que siempre lo estaba esperando, como los partidarios de Curro que, en medio de los chubascos de almohadillas, en un arrebato de misericordia, clamaban en una lección de amor y fidelidad: “¡Mañana vengo a verte otra vez!”

Ahí están los clientes de Casa Eme, ocupando los veladores como los parroquianos que llegan a misa y van poco a poco llenando los bancos. Están las mesas, están las sillas, están los consumidores, pero el bar está cerrado. No importa la espera, ni el frío. El horario está tasado y se cumple a rajatabla. El personal aguarda porque busca las coquinas, el montadito de fuagrás de pato y gambas, el de solomillo alwhisky y los caracoles en temporada. El dueño lo hace todo. No está más que él. Y funciona. La hora de cierre no se altera ni aunque empiecen a entrar costaleros con la ropa ceñida a los ojos pidiendo cerveza. Se les espanta: “¡Yo no estoy aquí para estas cosas!”. Estilo se llama. Dicen que un día le preguntaron al tabernero por su nombre y que respondió al estilo genial de Belmonte: “Eme”. El interrogador miró el toldo y leyó lo obvio: “Casa Eme”. Puso cara del fiscal acusador que se retira y sentencia: “De acuerdo, señoría, no hay más preguntas”. A Curro le esperaban sus lances, a Eme sus coquinas. La clientela adiestrada es el sueño del titular de cualquier negocio, es la traducción a la práctica de la teoría de las lentejas en versión hostelera. Seis veladores llenos antes de abrir no lo mejora ni el Consejo de Cofradías, que tiene hecha la recaudación completa de la carrera oficial antes de que empiece el negocio.

A Sevilla se le da la mar de bien lo de esperar sentada. Lo mismo aguardamos sedentes que nos pongan una línea de Metro que una ración de coquinas, lo mismo que nos pongan el tren entre Santa Justa y el Aeropuerto que el montadito de solomillo al whisky, lo mismo nos da Robin Hood que el águila del abuelo de Segorbe. Y si nos pegan el persianazo en el bar para invitarnos a salir, o no nos ponen ni tren ni Metro, decimos lo mismo que el partidario: “Mañana venimos otra vez”. Y la vida pasa mientras estamos… sentados. Para que luego se pregunten dónde está la sociedad civil. En los veladores. Todo el día en los veladores.

Centro de Estimulación Precoz Cristo del Buen Fin  Susana Díaz y Juan Espadas inauguran las nuevas instalaciones

El PP y Ciudadanos cultivan la huerta, mantienen en línea a los embajadores

Ciudadanos está deseando tocar pelo en el gobierno andaluz. Lo saben hasta los niños de parvulario. Yen Sevilla también aspiran al gobierno, pero a partir del próximo mandato. Nunca antes. Sueña la margarita con ser romero y Ciudadanos con formar parte de la junta de gobierno… con la lista más votada. Ay, qué ilusión que las monjas nos llevan de excursión y si es con Beltrán Pérez mucho mejor, ¿verdad Javier Millán?. En el caso del Ayuntamiento, el PP es el aliado natural para Ciudadanos y el PSOE es la relación de conveniencia. A Espadas se le puede apoyar, pero siempre que sea desde fuera. Ciudadanos es el betadine del gobierno actual: de uso externo. Con el PP se podría uno coger la mano. Y hasta ir al cine los domingos por la tarde, como iban Chaves y Griñán antes de que la amistad se fuera por la borda. Se nos rompió el amor de tanto piripi en la terraza de Antonio Romero tras la película de precepto dominical. En los nuevos tiempos que se avecinan nada será posible si el PP no es el partido más votado. Difícilmente podría Ciudadanos explicar a sus votantes que apoya a la segunda lista. Sería, valga el ejemplo, cometer el error de Rojas-Marcos en 1999. Los dos partidos de centro-derecha están en línea, cultivan la huerta, mantienen en contacto a sus embajadores con una periodicidad semanal. Pero, primero, los dos cabecillas deben ser candidatos. Y ni Pérez ni Millán lo  son por el momento. Tiempos para los oráculos sin piripis.

 

Beltrán clava la sombrilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2017 a las 5:00

Beltrán clava la sombrilla 2

EL portavoz del PP se reivindica. Beltrán Pérez está descaradamente en campaña. No se corta. Esta semana se ha retratado con un par de ministros en Sevilla (el de Justicia y la de Empleo), ha hecho de vocero oficial de Fomento al anunciar inversiones para la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el aeropuerto, ha amagado con llevar a Juan Espadas a los tribunales si no entrega un informe sobre el arbolado (la judicialización de la vida política evoca los años más tronantes de Zoido en su etapa municipal) y ha logrado sacar adelante una moción para que los autobuses urbanos tengan wifi gratuito. Ha estado hábil para echar en el tapete un naipe contra el que no hay baraja que compita. El uso de las tecnologías entra en ese ramillete de temas sin aristas que el código políticamente correcto aprueba con notoria facilidad. Da igual que el wifi nos vuelva tontos en un autobús, nos prive de la conversación, de la lectura o de la contemplación del paisaje urbano. Nadie osará decir que el uso abusivo del teléfono móvil fomenta la cultura de la distracción. Contra el wifi no se puede ir en la sociedad actual. Y este Pérez, que tiene carnet de becerrista, le ha sacado una tanda de pases aseados al torito de su moción. Por unanimidad. Todo, absolutamente todo, está encaminado a clavar bien fuerte la sombrilla de su candidatura en la playa de un PP donde Arenas empuja a favor del objetivo, pero donde el ministro Zoido sigue mirando a Sevilla por el retrovisor del coche oficial del parque móvil de Interior. ¿Para qué si no se mete Zoido a valorar el acuerdo entre los hermanos mayores de la Madrugada? ¿A cuenta de qué desciende el ministro a un asunto local? Para hacerse presente en la vida de la ciudad por enésima vez. Huelva tiene su ministra, nuestra dilecta Fátima Báñez, que es llamada así por sus colaboradores en las redes sociales: “La ministra de Huelva”. Pero Zoido, en cambio, no se atreve a decir que es el ministro de Sevilla, aunque es palmario que no quiere olvidarse de Sevilla como destino político por mucho que comente en privado que su vida municipal está finita. Por eso Beltrán Pérez juega con toda la habilidad de la que es capaz desde su puesto de jefe de la oposición, con una evidente obsesión por fijar su posición como candidato. En las filas socialistas vaticinan de forma interesada que el correoso concejal del PP no será el candidato, que el centro-derecha sevillano apostará al final por un independiente si es preciso, por alguien que tenga más edad y una posición más consolidada en la sociedad civil. Claro que también propagaban en 2011 que el PP nunca sacaría mayoría absoluta en Sevilla y terminó obteniendo 20 concejales.

Por si acaso, Beltrán Pérez se codea con el rector, el arzobispo, las cofradías y toda la ristra de ministros sonrientes a los que es capaz de tener acceso con la ayuda de su padrino político, al mismo tiempo que presume sin complejos de su afición taurina o se retrata en círculos sociales de la ciudad de contrastada frivolidad. Combina la moqueta y los saraos. Ocupa todos los nichos que puede con prisas, con la premura propia del velocista que sabe que tiene pocos metros por delante y varios rivales (fuertes) en la carrera. Nunca olviden al senador José Luis Sanz, ex presidente provincial y alcalde de Tomares. Beltrán Pérez sabe que los tiempos tienen luces y sombras. Cuanto más tarde el PP en designar candidato, más se abrirá el debate sobre la idoneidad del hoy portavoz municipal y emergerán las dudas, pero también tendrá más días para elevar su grado de conocimiento en esas encuestas que el partido usará para imponerle la beca de alcaldable, o para mandarle a la papelera de reciclaje. Su gran ventaja es que está dentro del edificio, se encuentra ya en el interior del castillo que pretende controlar: el Ayuntamiento. Ha rebajado la tensión con la presidenta provincial tras haber tomado decisiones peliagudas que no fueron respaldadas por la jefa. A Virginia Pérez le dedicó públicamente su conferencia en el club Antares, una suerte de bálsamo en una ceremonia oficiosa de proclamación de candidatura con testigos de excepción: Javier Arenas (¡cómo no!) y el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz.

Beltrán Pérez hinca el palo de la sombrilla con toda la intensidad que puede, cava el hoyo para asegurarse la mayor profundidad, y se afana en la tarea con la ilusión de un dominguero que calcula los movimientos de la marea para garantizarse la misma ubicación durante toda la jornada. Pero que, en el fondo, sabe que la política genera olas impredecibles capaces de arrasar los castillos de la ilusión por muchas conchas y caracolas que hayan sido colocados como fortaleza, doblar los más fuertes palos de sombrillas y dejarte con el cubo y el rastrillo en las manos para lo que resta de domingo. La sombrilla clavada genera el derecho de conquista para este político que primero tiene que sortear los monstruos internos (el PP tiene una colección digna de la cafetería de la Guerra de las Galaxias) si quiere enfrentarse al segundo gran enemigo: un alcalde sin aristas al que su partido no le discute la ubicación de su sombrilla, porque la playa socialista, al menos la sevillana, está en calma y con la bandera verde al viento. Si Moreno Bonilla, líder regional del PP, pasa a la historia por algo en Sevilla será por su precisa definición de Juan Espadas: un político triangular. Conecta con todos los estamentos de la ciudad. Espadas goza del frescor efímero de una sombrilla bien clavada, pero sufrirá cada día más una doble oposición: la que ejerce Beltrán Pérez, con una experiencia de catorce años en el Ayuntamiento, y la del ministro de Interior, que prefiere el cortinaje, el ascua de luz de las arañas y los lienzos nobles del Salón Colón, antes que la contemplación del retrato del desgraciado Eduardo Dato que preside la sala de reuniones de su palacete del Paseo de la Castellana. Hay palacios que aburren. Cualquier sombrilla genera más sombra que un arbolito de la Avenida.

Espadas saca la infantería

Carlos Navarro Antolín | 26 de noviembre de 2017 a las 5:00

Ayuntamiento. Espadas informa sobre los asuntos tratados en el M

MIENTRAS se aclara cuándo podremos ir en tranvía de San Bernardo a Santa Justa, cuál será el uso de inmuebles como los de la Gavidia y la antigua iglesia de San Hermenegildo, cuándo pondremos el pie en el edificio de la antigua estación de Cádiz o en el del antiguo mercado de la Puerta de la Carne, en qué futuro período de la Historia estarán comunicados por tren el aeropuerto y la estación ferroviaria, o qué conjunción de planetas debe producirse para tener la siguiente línea de Metro, mientras ocurre todo esto, decíamos, el alcalde ha apostado sin proclamarlo por eso que se da en llamar la política de infantería, también conocida en el código cursi como la política de proximidad o micropolítica. Se trata de que los administrados sientan cerca a su Administración, de que perciban con claridad que el Ayuntamiento barre, poda y cierra los bares ruidosos. La expresión del Estado es el vacío, la del Ayuntamiento es una legión de barrenderos, policías y jardineros. Llevamos tres semanas en las que la sombra del Ayuntamiento es alargada, un ciprés estilizado con aspiraciones a dar sombra de platanero de indias. Se repiten los comunicados y convocatorias sobre las podas y plantaciones de nuevos árboles, sabedor el gobierno de que la oposición ha hecho pupa en este asunto. Los anuncios de planes especiales de limpieza, con el amplificador de campañas de concienciación, también se multiplican a menos de dos años de las elecciones, incluidos los de limpiar el entorno de la Catedral de publicidades estridentes. Y qué decir de las intervenciones de la Policía Local en el horario de máximo apogeo de la movida nocturna, no ya contra los efectos de la botellona, sino directamente contra bares de renombre y en zonas de elevada cotización de Nervión o el Centro.

Espadas, al que se ha acusado en reiteradas ocasiones de ejercer una política de ni fu ni fá, de tibieza, de tener prestigio en ciertos sectores de la ciudad sin haberse pringado en grandes cuestiones, ha sacado la infantería, se mete en los charcos y exhibe los tentáculos de una estructura mastodóntica como la del Ayuntamiento, a la que se reprocha con frecuencia estar oxidada y tardar una eternidad en afrontar un problema. Ahora existe eso que se llama voluntad política para requisar veladores, sillas y chirimbolos sin licencia; inspeccionar bares a los que se mide el aforo y el nivel de ruido, y ordenar la retirada de anuncios de fuerte impacto visual como los que afeaban la plaza del Salvador en su confluencia con Álvarez Quintero. La infantería en política ofrece conquistas a corto plazo que no son nada despreciables. Tal vez no genere el brillo de un balance material que incluya un gran proyecto que sirva de estandarte para identificar un alcalde con un logro, pero quizás los ciudadanos hayan superado ya con creces los tiempos en los que se exigían proyectos colosales de dudosa rentabilidad, como el estadio de la Cartuja o las Setas. Este gobierno, por el momento, es casi mejor cuando juega sin balón, como al frenar la gran mezquita de Sevilla Este, que cuando trata de hacer goles con alguna filigrana, como la ampliación de la Feria o la compra de inmuebles de la Junta en la Plaza Nueva, una operación que se quedó varada a la mitad de un Pleno por falta de apoyo de otros grupos políticos.

La ciudad está necesitada de mucha política de infantería, la que se aprecia de forma inmediata, pero que no descorre cortinillas de azulejos que quedan para la posteridad. La política de infantería obliga a un compromiso permanente, a una tensión mantenida en el tiempo para que, por ejemplo, las inspecciones a los bares abusones no queden como una andanada, a mantener una vigilancia de oficio para que las zonas libres de obstáculos sean, efectivamente, lugares por los que se pueda transitar todos los días. Tal vez Espadas pueda un día presumir como el nonagenario duque de Edimburgo (“Soy el que mejor descorre las cortinillas en las inauguraciones”) pero por el momento su eficacia se plasma en los comunicados de balances de lucha contra la movida, la retirada de obstáculos y en ese eficiente juego sin esférico que carece de brillo y que la memoria selectiva y cruel del votante suele olvidar con facilidad. Recuerden que poco le sirvió a Zoido la venta machacona de unas cuentas saneadas.

Por mucho que al alcalde le gusten los foros de gobiernos locales, las jornadas de sosteniliblidad en cuestiones variopintas y otras entelequias para rellenar la agenda, la realidad es que ha tenido que recurrir a la infantería, una vez superada la mitad del mandato. Es la mejor forma de hacerse patente y de preparar la vía pública para las grandes concentraciones de Navidad y Semana Santa. A los administrados les importa poco el porcentaje que han conseguido los sanchistas en la agrupación Centro, ignoran quiénes son los concejales de Participa Sevilla y tienen escaso o ningún conocimiento de los avances de Sevilla para beneficiarse de los programas europeos de smart city. Quieren una calle limpia, un transporte eficaz y que las ordenanzas se cumplan. Lo de contar con un servicio de taxi con esmero se deja para la carta a los Reyes Magos. Eso es cuestión de poderosos magos. Ahí no hay infantería que valga.

La guerra de Cuba

Carlos Navarro Antolín | 12 de noviembre de 2017 a las 5:00

Caja Negra Puerto de Cuba

HACE mucho tiempo que Río Grande dejó de ser Río Grande y pasó a formar parte del elenco de marcas de Sevilla que viven del rastro de la fama, de las migas que sobraron del bollo orondo, del polvo caído de la estrella apagada de un establecimiento que atendió con brillantez a la emergente población de los Remedios de los años setenta en adelante. Río Grande triunfaba cuando en Sevilla funcionaban muy pocos restaurantes de verdad. El Becerra de la calle Recaredo era el preferido por la clase política municipal de los últimos años del franquismo y primeros de la democracia. La Isla del Arenal, el que servía a la clientela del Alfonso XIII. El Robles de Placentines combinaba el turismo de alta calidad con una mayoría de sevillanos del centro. La Raza era el refugio para decenas de visitantes de la Plaza de España. Yapunten si acaso una tríada más en el casco antiguo:Los Corales, El Burladero y Senra. Y se acabó.

A Río Grande acudía Doña María, la madre del Rey, tras sus visitas al templo del Salvador, de lo que daban fe unas fotografías expuestas a la entrada del restaurante. Y cuando era su hijo, don Juan Carlos, quien quería comer con vistas a la Torre del Oro, telefoneaba a su madre para que le recomendara algún plato. Río Grande fue agonizando lentamente, como casi todas las grandes marcas que han sido el estandarte hostelero de varias generaciones. En Sevilla hay cosas que se acaban poco a poco, como Río Grande, y cosas que están más que acabadas, como el economato Ecovol y su bar donde servían la tapa de salchicha roja con patatas congeladas; el cine Fantasio con los trailer iniciales de Movierecord, o el bar Asturias con el desarme y los cachopos.

No hay sentencia de muerte peor para un negocio señero que cuando alguien dice: “¿Ese sitio? Ha cambiado de dueño”. Que se lo digan a la antigua tasca del Burladero desde que la trincaron los pijas de la multinacional de turno sin pajolera idea del oficio. El cambio de dueño genera desconfianza, provoca recelos y obliga a poner en cuarentena cualquier establecimiento. Muy sevillano es eso de colocar el cordón sanitario a un bar que ha cambiado de dueño. Eso le pasó a Río Grande, que un día cambió de dueño y una legión de sevillanos dejaron de ir a almorzar a su espléndido comedor. Al perro flaco del cambio de titular se sumaron polémicas urbanísticas y hasta judiciales en las que ahora no vamos a entrar por enésima vez. Y como hecho curioso –revelador– cocurrió, mire usted, que comenzó a coger buena fama una cuidada terraza de copas, llamada Puerto de Cuba, fundada en 2005. La terraza se volvió más conocida y con muchísimo más tirón de público que el restaurante en muy poco tiempo. Yahí empezaron los problemas. A la marca herida de Río Grande le salió la incómoda marca pujante de la terraza de copas, nacida en sus mismas entrañas, en un espacio alquilado por la propiedad a un grupo de empresarios a razón de 90.000 euros anuales. Entre esos promotores figura, por cierto, Pablo Castilla, el que fue gerente de la televisión local con Monteseirín y con Zoido. Puerto de Cuba aprovechó el río como casi nadie hace en Sevilla. Tanto hablar de la calle ancha olvidada de la ciudad hasta que llegó este grupo de arriesgados, alquilaron un barco y ofrecieron pequeños cruceros entre copa y copa, e incluso copa en mano en la cubierta, a los clientes de la terraza dispuestos a pagar un plus. El personal se apuntaba en masa a lo de llegar al bar en barco y cenar luego en… Abades. He ahí otro de los problemas: los pasajeros no se quedaban en Río Grande pese a que el barco atracaba en Puerto de Cuba. La terraza iba como un tiro mientras el restaurante y su bar de tapas no lograban beneficiarse de la ingente captación de público de Puerto de Cuba.

Hace unos días que un grupo de forzudos han acabado literalmente con la terraza, han desmontado todo el mobiliario, han cambiado las cerraduras y han vigilado para que ni Castilla ni sus socios puedan acceder al lugar que han explotado desde 2005. Puerto de Cuba ha pagado religiosamente los 90.000 euros anuales a la propiedad con el viento a favor de un cambio climático que alarga los veranos y que genera que haya clientela al aire libre hasta entrado el mes de noviembre.

Puerto de Cuba ha revalorizado una finca cuya referencia era la marca agonizante de Río Grande. Y en ella ha puesto los ojos un fondo de inversión (Faetón Capital, S.L.) vinculado a un destacado empresario de la ciudad, Miguel Gallego, que lo adquiere como inversión. Según el comunicado oficial, Río Grande será cedido en alquiler a una firma de “operadores profesionales del sector”.

–Ojú. Lo de operadores suena más a quirófano que a ensaladilla bien elaborada.

Los compradores valoran internamente los activos de la sociedad en 9,6 millones de euros. La finca tiene dos zonas bien diferenciadas (el restaurante y la conocida terraza de copas) que suman 2.800 metros cuadrados. La rentabilidad del alquiler se calcula en un 6%. Con estos datos –nunca publicados– se comprenden las prisas de la parte vendedora por dejar la finca libre de inquilinos a la mayor brevedad para su entrega al fondo de inversión. Los empresarios de Puerto de Cuba han sido como la vieja indefensa que sobrevive en el bloque de pisos cuando la grúa está lista para el derribo y sólo queda ella por bajar la escalera. Se entiende que el abogado José Manuel García-Quílez, que representa a los desalojados, haya afirmado que jamás ha visto nada igual en sus veinticinco años como letrado: ni tantas prisas, ni tanta vehemencia, ni tantos forzudos con estética de los que recogen las fichas de los coches locos. Lo que está claro, mi dilecto García-Quílez, es que no volverás a ver a ningún monarca almorzando en Río Grande. Ahora resulta, además, que Río Grande no es un restaurante sino un “complejo”, según el lenguaje fatuo de los comunicados oficiales.

El desalojo de la terraza efectuado en la noche de Halloween, como quien aprovecha las luces bajas, los disfraces y la risa hierática de las calabazas, nos retrotrae a una Sevilla en blanco y negro donde todo el mundo calla, echa el visillo y cierra las ventanas, mientras se perpetran acciones de dudosa legalidad por personajes patibularios a sueldo. Por dinero danza el perro. Unos activos valorados en 9,6 millones de euros dan para muchos canes, para muchos bailes y para muchas cuadrillas de forzudos con sus correspondientes relevos. Castilla ha cometido el gran error de revalorizar una marca herida a base de trabajo y tesón. El éxito del gin tonic ha provocado la guerra de Cuba, una contienda que no ha hecho más que empezar y que se comenzará a despachar el próximo viernes en el juzgado con una pila de denuncias, actas notariales, fotografías, vídeos y todo ese rosario de pruebas de cualquier proceso complicado que se precie.

Que al sevillano no le gustan tantos cambios de dueño en tan poco tiempo es una regla que no falla, como la de parar solamente en las ventas donde hay muchos camiones aparcados. En las ventas no suele haber operadores. Acaso algún forzudo que mata la espera al son de una melodía de Camela, una de esas canciones que suenan en los coches locos los domingos por la tarde.

PuertoCuba

La crisis de los melones

Carlos Navarro Antolín | 22 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL catamarán Luna de Sevilla surcaba las aguas en una tarde de calor húmedo, de las que deja el ambiente mostoso, no sólo por la sensación de vértigo que genera que Rajoy haya apretado el botón rojo, sino porque Sevilla tarda siempre demasiado en despedirse del verano. Pasa el catamarán y nuestro hombre, desde la horrible balaustrada de Marqués del Contadero, mira al público jovial que viaja en la planta alta, una tripulación marcada por las chanclas, embebida en las nuevas tecnologías y ajena a lo que cuenta la megafonía sobre los orígenes de la ciudad. “Mira qué felices van esos turistas, ¿recuerdas la última noche electoral de Zoido en 2011? Nos montamos en este mismo barco y la foto del día siguiente fue la de Juan Ignacio con Asunción Fley a su lado. Quisimos representar el inicio de una nueva singladura. Seis años después, Zoido está a punto de asumir el mando de los mossos, el partido en Sevilla está malherido y en Andalucía no se sostiene. Lo que nos faltaba es lo de esta semana, lo del presidente diciendo que las ocho capitales están abiertas como melones. Lo del coñazo del desfile que le pillaron diciendo a Rajoy a micrófono encendido es una anécdota al lado de lo de Moreno. Por cierto, Rajoy pidió disculpas a las fuerzas armadas, mientras este hombre se ha dedicado a practicar el acoso y derribo de Alberto Díaz. O, mejor dicho, ha ordenado a Beltrán Pérez que lo haga para no mancharse él las manos. La alegría que tendrá Susana en el Palacio de San Telmo”.

El catamarán se otea ya en lontananza, los ciclistas maniobran por las rampas del adefesio diseñado por la Gerencia de Urbanismo como centro de recepción de turistas. Nuestro hombre continúa su parlamento en la tarde de calor pegajoso. Ahora comenta el contenido de un mensaje que le acaba de llegar: “Verónica Pérez ha recibido un 94% de apoyo a su informe de gestión y un 96% a su nueva ejecutiva. Nosotros acabamos de hacernos con el control de los once distritos y llega este hombre y nos reabre la herida. Este Moreno es el Zapatero del PP andaluz. Sabe que eligirá a los candidatos a las alcaldías, pero teme que no llegue a tiempo de poder influir en las listas electorales. Sabe que la misma noche de las autonómicas tendrá que marcharse si saca menos de 33 diputados. Lo sabe. Yparece que quiere irse ajustando cuentas. La caza de brujas de medio pelo de esta semana no se presta a otra interpretación. Los muchachos del palomar esperaban un mensaje de apoyo a la candidatura de Beltrán Pérez, que se ha tragado el sapo de orillar a Alberto Díaz. ¿Tal vez por eso lo grabaron? No lo sé, ni me importa. La crisis de los melones va a durar mucho tiempo, porque aún tiene que entrar en juego la presidenta provincial, cuyo silencio es elocuente. Y hay que saber qué opina Javier Arenas de la degradación de Alberto Díaz. Fíjate qué dos silencios más significativos… Nadie arropa a Moreno, al que todos damos como caballo perdedor. Ha reventado Sevilla, pero es que ha encendido a Bendodo en Málaga, ha dejado Huelva como unos zorros… Lo mejor que nos ha podido pasar es que lo de Cataluña reduzca el impacto de tanto despropósito. Esto da pie a nuevos cruces de alianzas, a que enemigos supuestamente irreconciliables tengan de pronto intereses comunes, a escrutar la evolución de este chico, Beltrán Pérez, que siempre nos ha parecido tan gladiador como prudente. ¿Se ha echado en los brazos de Juanma? No lo sé, me dicen que lo amenazaron con quitarlo a él de portavoz y colocar a Sánchez Estrella si no cesaba a Alberto en 48 horas. Todo muy cutre en la sede regional, muy de aprendices de Juego de Tronos. Tanto trabajar para los congresos de distrito para, al final, que venga este hombre a reventarnos por no asumir el alcance de sus palabras. Tú no pierdas nunca de vista a Arenas. Cuando más callado está es cuando lanza los mensajes más certeros. Y que no te digan que está concentrado con lo de la Cataluña. Javier puede con todo a la vez. Yse guarda el as en la manga, siempre”.

El catamarán regresa ya de Chapina. Nuestro hombre se vuelve de pronto cuando ya se marchaba: “Recuerda que la historia no se repite, la historia es la misma. Yque buena parte de lo que ocurra en Sevilla dependerá de cómo se entiendan Arenas y Virginia. Y Virginia deja claro a todos que no es ahijada de Arenas, que no entiende de tutelas ni tutías, como dijo don Manuel. Anda que a don Manuel, por cierto, lo iban a sorprender diciendo que en Málaga nos podíamos meter una hostia…”.

Moreno revienta Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de octubre de 2017 a las 5:00

Parlamento, Sesión de control.

AQUELLA noche de marzo de 2015 en la que Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) se pegó el batacazo en las elecciones autonómicas, el PP de Sevilla lo dejó abandonado en el salón del Hotel Meliá. Un abandono cruel como los silencios de indiferencia que la ciudad dedica a ciertos personajes y a determinadas obras. Ni el alcalde Zoido ni otros destacados dirigentes estuvieron para arroparle en un descalabro que dejó al partido con sólo 33 diputados de los 50 que logró Javier Arenas. Esa noche sólo aparecieron cuatro concejales del entonces todopoderoso gobierno de la ciudad: Beltrán Pérez. Evelia Rincón, Rafael Belmonte y José Luis García, cuatro ediles orillados en aquel ejecutivo que quisieron tener un gesto con el líder regional en sus peores horas, cuatro concejales que después sufrieron los efectos de haber dado aquel paso al frente en aquellas fatídicas horas al estar en un acto prohibido, en el que, además, se cumplía la elocuente realidad de haber menos gente que invitados. Juan Manuel Moreno Bonilla seguía así una historia de desencuentros con la capital de Andalucía. Nunca se ha entendido con su partido en Sevilla: ni con Virginia Pérez, ni con Juan Bueno, ni por supuesto con Juan Ignacio Zoido, ni con el senador José Luis Sanz, ni con tantos y tantos cargos de mayor o menor relumbrón del organigrama hispalense. Llegó meses después el año de fuertes tensiones en el PP sevillano, una oportunidad para ejercer la autoridad, pero Moreno Bonilla se puso de perfil. Jugó a la tibieza. Ni estuvo con el bando donde se incluían aquellos cuatro concejales que acudieron a lamerle las heridas en esa noche negra (un bando impulsado por Javier Arenas), ni mucho menos con el bando de los partidarios de Zoido y Cospedal. Sevilla ha sido su gran problema en estos más de tres años y pico que lleva en la capital de Andalucía. Sólo un político de la talla de Javier Arenas ha sabido manejarse en esta ciudad sin haberse sentido nunca integrado en ella. Arenas le ha tenido siempre un miedo reverencial a Sevilla. El miedo reverencial es un freno, pero también protege de meteduras de pata. A Moreno se le nota su desconfianza con la ciudad y a la ciudad se le nota el poco entusiasmo que tiene para con el malagueño. No nos engañemos: poca gente ve en Sevilla a Juan Manuel Moreno como la esperanza blanca del centro-derecha andaluz que logre sacar al PSOE del Palacio de San Telmo. El último inquilino de derechas que ocupó el viejo palacio llevaba sotana. Y nada hace presagiar que el sastre de la curia se pase por la sede la calle San Fernando próximamente. Nada.

A Moreno le aplican en Sevilla la sentencia del conde de Mayalde sobre algunos políticos jóvenes: «Tienen todos nuestros defectos y ninguna de nuestras virtudes». Y se la dedican sus potenciales votantes, aquellos que anidan en los sectores que, sobre el papel, deberían ser sus apoyos naturales. Moreno sí se ha hecho con la compañía de un ramillete de sevillanos, pero muy corto. Insuficiente. Su espacio se lo tiene comido Susana Díaz.

El error de este presidente regional ha sido doble esta semana. Primero, expresarse a puerta cerrada sobre la actualidad de su partido con un lenguaje de taberna, sin valorar que si han trascendido las votaciones y deliberaciones de un cónclave donde se elegía pontífice, no iba a ocurrir menos con su reunión con los concejales de la capital. “En Málaga nos podemos meter una hostia”. “En Huelva tenemos un grupo machacado”. “Al final, coño, cuanto antes tengamos a la gente trabajando con certidumbre, mucho mejor”. Y la guinda de referirse al alcalde de Sevilla, Juan Espadas, con la expresión “el tío”. El segundo error fue ordenar a la mañana siguiente, con el café recién servido, el cese como portavoz adjunto del grupo municipal de Alberto Díaz, al que culpa sin pruebas de haber transmitido sus palabras. Fuentes de la regional reiteran que en ningún momento se señaló a nadie en particular, sino simplemente se pidió una investigación y la toma de decisiones. Dicho lo cual, que diría don Manuel Fraga, conviene precisar que el martes por mañana, bien tempranito, la estructura regional del PP, encolerizada como casi nunca se había visto, comenzó a tensionar el grupo municipal pidiendo la cabeza del portavoz adjunto, Alberto Díaz, destacado zoidista, vicepresidente del PP sevillano y miembro de la Junta Directiva Nacional a propuesta de Rajoy. Incluso esa misma estructura regional le dio un plazo de 48 horas al portavoz, Beltrán Pérez, para ejecutar el cese de su portavoz adjunto. El PP andaluz puso entre la espada y la pared a Beltrán Pérez. Y, lo que es peor, evidenció por primera vez un desacuerdo entre dos que hasta ahora habían cabalgado juntos: la presidenta provincial, Virginia Pérez, y el portavoz municipal, Beltrán Pérez. Incomprensiblemente, sin la diligencia de un buen padre de familia, el líder andaluz estaba volviendo a reabrir heridas en un partido que terminaba de celebrar sus congresos de distrito con un resultado uniforme (Virginia Pérez ya controla los once), que no lleva ni tres meses con un nuevo y experimentado portavoz en el Ayuntamiento y que, según el propio testimonio del presidente regional expresado el lunes, considera que es fundamental que la formación en Sevilla rinda al cien por cien para obtener un resultado que le permita gobernar Andalucía con Ciudadanos. ¡Pista, que va el artista!

Moreno ha reventado el partido en Sevilla con tal de alcanzar una suerte de salvación tras su discurso airado, con tal de ajustar cuentas, con tal de mostrar la autoridad (escasa) de quien da un arreón sin control, ejerce una maniobra destemplada, pega una andanada sorpresiva, sin importarle a quién se lleva por delante. O quizás sí: queriendo castigar a Alberto Díaz por ser el íntimo amigo del senador José Luis Sanz, alcalde de Tomares, orillado de la candidatura a presidente regional cuando el malagueño accedió a ella: “Juanma, tú lo has querido”, le dijo Rajoy en aquel congreso.

Moreno creía que al ser duro con las espigas de Alberto Díaz limpiaba su imagen tras sus reproches a puerta cerrada a la dirección nacional (en los que ha podido tener hasta razón) y tras haber exhibido un perfil poco serio, más propio de quien –mosqueado– le pega un empujón a la máquina de los petacos en una taberna con el firme cargado de serrín. Nada de pedir disculpas por el tono empleado, nada de retractarse de algunas afirmaciones, nada de destensionar el entuerto con alguna fórmula inteligente. Una cabeza, el malagueño necesitaba una cabeza. Y Beltrán Pérez –contra el criterio del aparato orgánico provincial– optó por entregársela. “No hay ninguna prueba”, afirmaron ayer fuentes oficial del PP sevillano. Al mismo tiempo, confirmaron que el señor Díaz seguirá no sólo de concejal, sino de vicepresidente del partido. Nadie entiende nada. Si se tiene la profunda convicción de que Alberto Díaz transmite lo que no debe, si se tiene la certeza de que revela las deliberaciones, ¿cómo es que sigue de concejal, asistiendo a las reuniones y vicepresidiendo el partido? Era, simplemente, la gran coartada de la resentida estructura regional para señalar a quien fue jefe de gabinete de Zoido. El pretexto para el ajuste de cuentas. La exigencia planteada a un joven portavoz, temeroso de que Moreno Bonilla no colabore en su sueño de ser el candidato a la Alcaldía, pues la regional tendrá que pronunciarse en su momento. A Díaz no le tocan ni el sueldo ni el cargo orgánico. Sólo se le arrincona de forma simbólica. Lo mismo hizo Juan Bueno cuando tensionó el partido para orillar a Virginia Pérez. La quitó de coordinadora general (camarlenga, le decíamos) pero la mantuvo de portavoz en la Diputación. La camarlenga se creció en el castigo –como el toro de Miguel Hernández que citó el ministro Wert– y es hoy la presidenta del partido.

El doble error de Moreno evidencia debilidad, revela torpeza, demuestra un estilo chusco. Porque sería mucho peor creernos la versión oficial del partido, que se lava en cierta manera las manos al asegurar que no pidió ninguna cabeza en concreto, lo que supondría que la estructura regional deja sólo a Beltrán Pérez en la compleja maniobra de castigar a alguien del que no existe una sola prueba sobre las acusaciones que se vierten. Y Pérez se la jugó aquella noche de 2015 estando a su lado en las horas más duras de su trayectoria política. A Moreno Bonilla cabe aplicarle el título de aquella célebre tribuna de opinión de Ricardo de la Cierva: “Qué error, qué inmenso error”. Al tiempo.

 

Alberto Díaz y Beltrán Pérez

Moreno Bonilla, a tumba abierta

Carlos Navarro Antolín | 17 de octubre de 2017 a las 5:00

El presidente del PP-A

UNA arenga en toda regla con críticas incluidas a la dirección nacional. El líder regional del PP acudió al Ayuntamiento para pedirle a los concejales del Grupo Popular que eleven el tono de sus denuncias políticas para erosionar al socialista Juan Espadas, que destapen con su trabajo a un alcalde que juega a ser amable con todos los públicos y, además, que sean pacientes para contar con un candidato oficial a la Alcaldía. Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) se ve obligado a aplazar hasta principios de 2018 la designación del cabeza de lista a las próximas municipales. La designación como tal del portavoz Beltrán Pérez se hace de rogar, como era previsible según la liturgia del PP de las últimas décadas. Moreno Bonilla no se ahorró críticas al calendario impuesto por Génova con respecto a la elección de alcaldables: “Esto no tiene sentido”. Se confesó en cierta manera ante los doce concejales de la capital en una reunión a puerta cerrada en la que también participaron el secretario general del PP de Sevilla, Juan de la Rosa, la incombustible Patricia del Pozo (donde ella esté, está Arenas) e incluso el flamante senador autonómico, “el amigo Toni”, en alusión a Antonio Martín Iglesias, hombre de confianza de Moreno Bonilla en el PP sevillano.

El líder regional se mostró muy preocupado con la lentitud del calendario de designación de candidatos. Habló del grupo político de Huelva como un “grupo machacado”, no ocultó que en Málaga puede haber un fracaso si no se elige pronto a un buen candidato: “Nos podemos meter una hostia”. Y en Granada dijo que “el melón está abierto”. Moreno Bonilla se expresó a tumba abierta en un acto que al Grupo Popular que pilota Beltrán Pérez le sirvió para dar –de nuevo– la imagen aperturista hacia todas las estructuras y cargos del partido.

El presidente regional tomó la palabra durante algo más de un cuarto de hora. “Agradezco la hospitalidad que siempre me dispensáis, la he sentido siempre en estos tres años y varios meses ya que llevo en Sevilla”. Y rápidamente fijó el contexto político, siguiendo las técnicas de oratoria de Arenas: “Estamos ya en situación electoral. Los acontecimientos que se están produciendo nos llevan a un tiempo electoral en Cataluña e incluso a nivel nacional, lo que condiciona a su vez todos los escenarios. Las elecciones municipales serán el último domingo de mayo. Y las autonómicas, en teoría, el último domingo de marzo, lo que implica que sólo habrá ocho semanas de diferencia. Si se descuenta la Semana Santa y la Feria son sólo seis. Si nos va mal en las autonómicas nos irá mal en las municipales por cuestión de dinámicas ascendentes y descendentes”. Abundó en la importancia de las autonómicas, donde él mismo se juega su futuro político, consciente de que será su segunda y última oportunidad para el asalto de San Telmo: “La sociología electoral nos habla de dinámicas caprichosas, nos dice que si son ascendentes te suben y entramos en una dinámica de optimismo, pero si no lo son… Vamos a tener con las autonómicas una primera vuelta, que será clave para generar una dinámica ascendente. Las autonómicas nos la tenemos que tomar como algo muy nuestro, porque de ellas va a depender la probabilidad real de gobernar Sevilla”.

Se hizo una pregunta: “¿Tenemos posibilidades reales de gobernar Sevilla? Evidentemente que sí. Tenemos posibilidades reales. Y no lo digo yo, sino la demoscopia sociológica. Tenemos posibilidades. Sevilla no es Andalucía, donde ganamos una vez y no pudimos gobernar desgraciadamente. En Sevilla hemos gobernado con Soledad Becerril y con la mayoría histórica de Juan Ignacio Zoido. Aquí hay mucha gente que ya ha cogido una vez la papeleta del PP y, como la ha cogido, son susceptibles de que la cojan otra vez. Es verdad que Juan Espadas es un hombre moderado, una persona agradable, el típico hombre que se esfuerza por agradar a todos. A mi me ve y desde la otra punta me dice: ‘Presidente, ¿cómo estás?’. Juega a eso. A ser centrado, moderado, agradable y sin aristas porque juega a ser triangular. Tiene una estrategia clarísima de triangulación electoral. Va formando mayorías en función de las necesidades y del momento, pero es que además es un tío que ya de por sí tiene la marca PSOE, que le da apoyos importantes, y después va cogiendo de Ciudadanos, de nosotros, de las abstenciones… y va haciendo sus mayorías. Esto le ha funcionando en la primera etapa de la legislatura, pero en la segunda no le está funcionando”.

Moreno Bonilla reivindicó su experiencia directa como vecino de Sevilla a la hora de palpar la realidad social: “Yo vivo aquí desde hace más de tres años, salgo por aquí, salgo a cenar por aquí, como por aquí, viene gente y te dice cosas. Y noto ya una frustración y cierta decepción en sectores próximos al socialismo y al alcalde, en sectores económicos e intelectuales”. Y pasó a la crítica directa al alcalde: “Sevilla no tiene proyecto de ciudad. Ya hay quien lo dice claramente. Se están perdiendo años. Incluso se habla de decadencia del gobierno. Y si bajas dos peldaños, hay barrios y distritos que no están arropados. Espadas, el hombre, es muy amable, pero la gente se pregunta en qué le ha beneficiado. ¿Qué ventajas me aporta este señor? La gente se ha dado cuenta de cómo ha quedado desnudado el personaje. El personaje venía nuevo, por así decirlo, pero ya le va a ir mal. Tenéis que pasar a una actitud de mayor confrontación, y de mayor coordinación con el grupo parlamentario y del propio PP autonómico. En Sevilla tenemos que volcarnos todos. Hay que hacer un esfuerzo brutal y titánico. Sevilla es un símbolo, Sevilla es prioritaria. Yo no puedo plantearme un gobierno con Ciudadanos si aquí no ocurren una serie de cosas. La primera es que ganemos en la capital, evidentemente. Y tenemos que ganar en el Aljarafe y mantener el tipo en localidades como Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra. Sevilla es fundamental. Sin Sevilla no podemos hacer nada, el peso de la capital es evidente. En Sevilla nos jugamos el tipo. Vamos a organizar un calendario de actividades muy potente”.

Repartió estopa a la Junta: “La primera víctima de la política miope y centralista de la Junta es Sevilla. La primera. No hay ciudad más castigada, quitemos esa palabra, digamos orillada, que Sevilla. Si la Junta provincializara los datos de los presupuestos, una de las grandes damnificadas se vería que es Sevilla. Tenéis que coger este discurso con fuerza y garra”.
Fue crítico con Génova en cuanto al calendario de designación de candidatos, sabedor de que en Sevilla aprieta fuerte Beltrán Pérez (impulsado por Arenas): “Soy partidario de cerrar cuanto antes los candidatos a las capitales. Lo reconozco. No me parece sensato ni razonable que tengamos melones abiertos en las ocho capitales de provincia. Sabéis que donde tenemos responsabilidades, en municipios de menos de 20.000 habitantes, estamos cerrando candidaturas. Hay paradojas absurdas, como que pueda cerrar el candidato de Jerez pero no el de Cádiz. La decisión sobre las capitales se comparte con la dirección nacional, que entiendo que tiene capitales complejas por cerrar como Madrid y Valencia… Que tengáis clara mi posición, esto no debe retrasarse más allá de enero. Desgraciadamente mi posición choca con la de la dirección nacional. Todo lo de Cataluña nos ha perjudicado. Se había hecho un plan de acción municipal muy bueno, donde Javier estaba trabajando muchísimo, pero todo esto de Cataluña nos está perjudicando mucho”. Y abordó el asunto en el contexto andaluz, donde dejó algunas perlas y hasta una referencia a su fracaso electoral: “Mi sensación es que esto se retrasa y no tiene ningún sentido. No lo digo por Sevilla solamente. En Huelva tenemos un grupo machacado. Pienso también en Granada, donde tenemos posibilidades reales de volver a gobernar, una ciudad conservadora donde tenemos el melón abierto. Pienso en la propia Málaga donde hay una circunstancia ahí, que qué hacemos o no hacemos… que al final nos puede llevar a que nos metamos una hostia. Al final, coño, cuanto antes tengamos a la gente trabajando con certidumbre, mucho mejor”. Al valorar la influencia del desafío separatista catalán en la vida del partido, estuvo muy claro: “Si sale bien, el PP saldrá reforzado como marca. Si esto sale mal, al PP como marca lo cogen por los tobillos y nos tiran para abajo. Yo lo he vivido en 2015 y te hace perder muchas posibilidades. Yo confío en el presidente, las cosas las está haciendo con equilibrio y mesura. Las cosas pueden salir bien. Todos estamos bajo el paraguas de la marca”.
Admitió que los candidatos, incluido el de Sevilla, no estarán designado antes de Navidad: “En las designaciones que tengamos responsabilidad compartida, opinaremos. Esperemos a que se atienda el sentido común. Es verdad que si nosotros nos negamos a algo, es difícil que la dirección nacional nos obligue a lo contrario. Buscaremos la mejor opción. Yo puedo tener un amigo íntimo o un primo hermano, pero si no saca los resultados, no nos vale. Se buscarán los mejores candidatos posibles, y eso se hará con fórmulas tradicionales, como las encuestas nuestras y las que haga la dirección nacional, y también habrá opiniones políticas, porque a lo mejor un buen candidato te puede desunir un grupo. Queremos cerrarlo lo antes posible, a principios de 2018, pero no depende de nosotros. Y lo haremos de forma inteligente, ecuánime y pensando en el interés general”.

A los doce concejales del Grupo Popular les puso una tarea muy específica: “Seguid en la línea de hacerle pupa a Espadas. De Espadas digo que es el decimocuarto consejero de la Junta. Se comporta más cono un consejero que un alcalde. Creo que el camino que estáis recorriendo lo estáis haciendo muy bien. Hay un grupo municipal con enorme calidad política y experiencia. Estoy convencido, yo apostaría por cosas importantes, a que vamos a gobernar Sevilla. Es verdad que con un pacto con Ciudadanos. Con un concejal más podemos gobernar. No es difícil gobernar en Sevilla. Ciudadanos no va a bajar. Mucha gente nuestra estaba cabreada con Rajoy, con los impuestos, que si dijo… los rollos. Pero podemos volver a rescatar esos apoyos, podemos conseguirlo, lo tenemos al alcance de la mano. Tenemos que decidir el candidato a alcalde lo antes posible. Yo no lo demoraría mucho más. Este grupo se está comportando de manera responsable y sensata. Y el portavoz está teniendo mucha mano izquierda”.

El gurú del palomar

Carlos Navarro Antolín | 8 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL voto está decidido antes de las campañas electorales. La gran mayoría del electorado no decide su opción durante esos quince cansinos días. Por eso conviene vivir en una campaña permanente, no confiar nada al período legal de petición de voto. Se trata de una de las principales tesis del nuevo gurú del palomar, como son conocidas las dependencias de la planta alta del Ayuntamiento donde tienen sus despachos los doce ediles del PP. El líder municipal Beltrán Pérez, que se alzó con la portavocía del grupo mayoritario del Ayuntamiento tras conquistar el poder orgánico con Virginia Pérez como cabeza de cartel, ya tiene su propio Panoramix. Beltrán Pérez rehusa en todo momento presentarse como candidato a la Alcaldía en 2019, pero no hay que ser ningún fino analista para –primero– apreciar sus movimientos como tal y –segundo– evaluar que lo tiene casi a todo a favor para serlo, salvo que se produzca un volantazo dado desde Madrid para colocar a otro candidato que ofrezca mejores garantías en las encuestas. En cualquier caso, los sondeos internos deben estar ahora mismo paralizados, pues toda la actualidad está condicionada por el desafío separatista catalán. Los partidos saben que de poco sirve ahora mismo preguntar al electorado en clave local. Cualquier opinión está fuertemente influida por los hechos que copan los informativos y tertulias.

El nuevo asesor estrella del Grupo Popular en el Ayuntamiento se llama Rafael Laza y es de Álava. Un vasco debe ser el autor de la poción mágica que debe llevar al correoso concejal Pérez a la cúspide de la candidatura a la Alcaldía, un consultor con pedigrí en el PP y con despacho en la sede nacional de la calle Génova, ya que ejerce de jefe de gabinete de Javier Maroto, el ex alcalde Vitoria (ciudad preciosa donde las haya, pero llévense el abrigo). Maroto es vicesecretario general de Acción Sectorial del PP, con muy buena relación con Javier Arenas, padrino político de Beltrán Pérez. Maroto y Arenas salen todos los lunes en los maitines junto a Rajoy y Cospedal. Laza es quien ha estado siempre junto al conocido dirigente vasco, incluso en la brillante etapa de Maroto como alcalde de Álava.

Laza se presenta como consultor español especializado en planificación estratégica, “campaña permanente y diseño de campañas municipales”. En 2012 fue distinguido con el premio Victory Adwards al consultor político revelación en España e Iberoamérica. Ha sido coordinador del comité de consultores y asesores de la Asociación de Comunicación Política de España. Y, por supuesto, ha desempeñado varios cargos en el PP siempre vinculados al dirigente vasco. Laza es de los que defienden planes de lanzamiento de políticos basados en la Estrategia 4×4, para obtener “un liderazgo de 360 grados”.

El vasco Lazo está contratado por pocos meses. Ya ha visitado el Ayuntamiento de Sevilla para conocer in situ los terrenos por donde se mueve el líder del PP municipal. Cuenta con poco menos de 4.700 seguidores en la red social Twitter, en la que su mensaje más destacado en clave de comunicación política dice así: “Olvida tu nariz. Para conocer al electorado utiliza métodos científicos: encuestas, focus groups, entrevistas, observación…”

Laza concede mucha importancia a los cien primeros días de gestión del político: “La primera impresión es la que cuenta. ¿Cómo nos perciben?”. El siguiente hito lo fija en la mitad del mandato: “Ya nos conocen. ¿Con qué imagen? ¡Ojo! Hay que construir el voto mayoritario y las estrategias a llevar a cabo”. El tercero es la precampaña: “¿Cuándo arranca? ¿Qué comunicamos? ¿Con qué estrategias?”. Y el último, obviamente, es la campaña electoral, en la que insta a analizar “el cuándo, cómo, dónde, por qué y para qué” de los objetivos.

Laza hace ya las funciones de asesor externo. Incluso se le atribuye algún logro en las guerras que los partidos emprenden en las redes sociales para erosionar a sus rivales. Estará ejerciendo al menos hasta Navidad. La estrategia más intensa sólo empezará cuando se confirme que Beltrán Pérez es el candidato. Ese papel provocará necesariamente otras decisiones, siempre en el contexto de un partido que aún sufre la fractura interna en la que ha vivido un año, pero que, eso sí, ha demostrado disciplina de voto en el último congreso de distritos, pues Virginia Pérez controla el cien por cien.

Beltrán Pérez no es el primer político del PP andaluz que contrata a un gurú. Juan Manuel Moreno Bonilla se hizo en sus inicios en la sede regional del partido con los servicios del politólogo catalán Antonio Gutiérrez-Rubí, el mismo que diseñó la imagen del socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y que está considerado uno de los mejores expertos de la comunicación en España. Gutiérrez-Rubí es precisamente ahora una de las voces más críticas con la gestión del gobierno de Rajoy en la crisis catalana. Entre sus perlas de los últimos días destacan dos: “Rajoy pretende secuestrar la propia idea de España” y “El gran patrocinador del independentismo en Cataluña se llama Mariano Rajoy”. Los meses de colaboración del gurú catalán con Juan Manuel Moreno, por fortuna para el malagueño, no fueron muchos.

El riesgo de venir a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2017 a las 5:00

avión

AL bueno de Zoido le hace la agenda el enemigo. Y el enemigo siempre está dentro. En el vientre, en las entrañas, en las agallas. Dice un político andaluz de raza que todo dirigente que se precie ha de contar con tres colaboradores propios: un jefe de gabinete, un jefe de prensa y una secretaria. Nadie como la cuadrilla propia va a salir del burladero a protegerte con el capote en caso de cornada grave. Se supone. Pero a Zoido nadie de su cuadrilla, ninguna mente sesuda de Génova, ningún asesor de los que suma trienios en Interior, debió avisarle la noche del domingo que el lunes no era el día para venir a Sevilla, con Cataluña tambaleándose como una olla a presión y con los telediarios repitiendo las imágenes de policías y guardias civiles enfrentándose a la población civil, o siendo directamente agredidos por gente encolerizada y astutamente aleccionada para ganar la batalla de la imagen.

Resulta un ejercicio frustrante tratar de convencer a la opinión pública de que quien levanta la porra es el bueno, que quien frena a una masa vociferante es el que está haciendo cumplir la legalidad, y que quien pretende votar –¡oh, concepto albo e inmaculado!– y está en apariencia desarmado es el malo, quien quiere romper a las bravas el clima de convivencia. Dicho está: “Lamento tener que defender lo obvio”.

El ministro del Interior nunca debió volverse a su tierra el lunes 2-O, ni mucho menos publicar una fotografía de su vuelo a Sevilla, una frivolidad en tiempos convulsos, una ligereza fatua, una licencia impropia. El día no era para fotos en un jet, ni para colgar medallas, ni para otros postureos. Alguien debió estar pendiente, alguien debió hacer guardia en los despachos oficiales apretando la esclavina de la prudencia, para salir al quite del ministro y librarlo del avieso toro de las redes sociales, del agujero negro donde la imagen de un político corre el riesgo de perderse por el sumidero de los mensaje fáciles, de la dictadura de los 140 caracteres que dominan una política más que nunca epidérmica, lastrada por los contenidos vacuos, irreflexivos y de usar y tirar. El ministro del Interior del Reino de España tenía que estar el lunes en Madrid, en su despacho de trabajo, o en Cataluña, junto a los policías y guardias civiles que andan en una penosa búsqueda de posada sin estrella que les sirva de guía. Pero el lunes no era el día para estar en Sevilla. Muchos de sus correligionarios, mucha gente que lo estima, muchos militantes que valoran su elevado grado de conocimiento entre electorado, se quedaron ojipláticos al comprobar que Zoido efectuaba el viaje a Sevilla, se quitaba de Madrid y se dedicaba a la entrega de distinciones cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado habían quedado retratadas injustamente como opresoras y –todavía peor– justo a esas horas del lunes aparecían como liebres asustadas huyendo de la presión del separatismo mostrenco, de esteladas y puños en alto.

Zoido comenzó su pontificado en Interior regresando a Sevilla a los dos minutos para asistir a una celebración religiosa ante el Gran Poder en la Catedral, cuando la Guardia Civil, precisamente esos días, estaba en jaque en Alsasua después de que varios agentes hubieran sufrido las agresiones de unos bárbaros, unos hechos por los que la Fiscalía pide 50 años de cárcel para los autores al apreciar delitos de lesiones terroristas.

Y Zoido se vino a Sevilla, en plena crisis catalana, para presidir la entrega de las medallas de la festividad de la Policía Nacional. Como lo peor está por llegar, en Sevilla le tenían preparada una suerte de emboscada, pues alguien se preocupó de comprobar las identidades de los agentes condecorados por Zoido. Entre ellos figuraban varios policías locales que habían ejercido como sus escoltas en sus cuatro años de alcalde. De nuevo nadie le advirtió que resulta llamativo que un ministro del Interior galardone a sus antiguos escoltas. Es sabido cómo cuidaba Zoido a sus agentes siendo alcalde, incluidas invitaciones a mesa y mantel. Su pasión por esa micropolítica –llamémosla así– se conocía en Sevilla, todavía se recuerda y hasta fue admirada en muchas ocasiones. Sus aficiones por las políticas de corto alcance, de proximidad con el ciudadano, fueron su gran aval para alcanzar la cúspide municipal, pero ahora están siendo sus pies de barro como ministro del Interior en la coyuntura más delicada para España tras el 23-F, según la calificación del presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó.

O la cuadrilla de asesores de diverso plumaje no sabe imponer sus criterios ni estrategias, o este rey no tiene nadie que sea capaz de decirle que está desnudo. Por la curia llega la lepra, advierte el Papa argentino. Los escoltas, para colmo, simbolizan a la perfección ese círculo de confort donde los políticos tienden a empadronarse con grave riesgo de perder la perspectiva. Hay aviones a los que no conviene subirse. Hay fotos que no deben hacerse. Hay veces que conviene no estar en Sevilla aunque solo sea, precisamente, para mantener la silla. Cataluña ardiendo y el ministro en la capital de Andalucía entregando medallas a sus anteriores escoltas es una secuencia letal. Acebes es la cara del 11-M. Zoido lleva camino de ser el rostro de un Estado incapaz de apagar el coloso en llamas que es Cataluña. Esto no se resuelve con tuits, ni almuerzos para agradar a los escoltas, ni abrazos por doquier. Esto es política de altura. Y la altura no se consigue por mucho que uno se suba a un avión. Un ministerio no es un ayuntamiento. Ytodos comprendemos que cambiar la melva por la sobrasada no es plato de buen gusto.

El conflicto en el PP alcanza las cuentas de la campaña de 2015

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2017 a las 5:00

RECIBO+FOLIO

UN miembro de la ejecutiva provincial del PP pretende que un acto electoral que pagó de su bolsillo –el de cierre de campaña de Zoido en 2015– sea computado como pago de cuotas y de esa manera no ser excluido de la carrera hacia la presidencia del distrito Los Remedios. Como consecuencia de esta peculiar denuncia interna han aflorado dos hechos que han puesto en jaque a los cuadrados de mando del partido en San Fernando y hasta en Génova: el último acto de campaña de las municipales de 2015 fue pagado por un particular, y su aportación económica (3.300 euros) no figura en la contabilidad del partido, según revela el informe de tesorería al que alude el donante. La última etapa de Juan Bueno como presidente provincial –actualmente dedicado a sus tareas como diputado autonómico– sufre ahora un inesperado vaivén de consecuencias imprevisibles por efecto de esta denuncia interna.

Los rescoldos de la fractura que ha sufrido el PP de Sevilla durante todo un año se reavivan con ocasión de la próxima celebración del congreso destinado a la renovación de cargos en los distritos, fijados para este sábado. El comité organizador de este congreso ha rechazado una de las dos candidaturas presentadas para la presidencia de Los Remedios, el gran feudo de los populares en la capital. El excluido es David Antequera, actual secretario de Transparencia de la ejecutiva provincial, que no podrá concurrir a las elecciones por haber estado en situación de impago de los recibos como afiliado. El comité organizador, que preside Macarena O´Neill, persona de la máxima confianza de Javier Arenas, se ha basado en el artículo 35 de los estatutos para tumbar la candidatura de Antequera, afín al sector del partido que perdió en el pasado congreso provincial. A la presidencia del partido en Los Remedios opta como candidata única María del Mar Sánchez Estrella, portavoz adjunta del grupo municipal, ahora mismo encuadrada en la nueva corriente que controla una formación que preside Virginia Pérez desde el pasado 21 de mayo.

Antequera, que entró a formar parte del actual comité ejecutivo como secretario de Transparencia por los equilibrios pactados previamente entre los entonces oficialistas (Juan Bueno) y los críticos (Virginia Pérez), ha elevado a los comités regional y nacional de derechos y garantías una denuncia interna por la que ha aflorado que él pagó de su bolsillo el acto de fin de campaña electoral de Juan Ignacio Zoido en 2015 –celebrado en un restaurante de Los Remedios– y que su aportación económica (3.300 euros) no figura ni en la contabilidad ni en el informe de tesorería del partido, hechos que ahora analizan las estructuras nacional y regional de la formación de centro-derecha.

Antequera defiende que esa aportación debería haber sido tenida en cuenta para dar por pagados sobradamente sus recibos como afiliado, cosa que no se ha producido y por la que ha sido excluido de la carrera por la presidencia del PP de Los Remedios. El pago de los 3.300 euros se efectuó el 20 de junio de 2015, cuando el PP ya había sido desalojado del gobierno local tras cuatro años de mayoría absolutísima de Juan Ignacio Zoido. Antequera fue director del distrito Los Remedios durante gran parte del mandato de Zoido como alcalde. Se trata de un militante muy conocido en el partido, activo desde sus años universitarios y que exhibe proximidad con el hoy ministro del Interior, con el que posa en fotografías recientes en su cuenta personal de la red social de facebook.

Nadie en el PP de Sevilla puede dudar del profundo conocimiento que Antequera tiene de las estructuras del PP sevillano, ni de sus contactos con dirigentes de la sede de Génova, dados sus anteriores puestos de responsabilidad en sus años de miembro de Nuevas Generaciones. En su denuncia ante instancias regionales y nacionales del partido aporta el recibo de haber pagado los 3.300 euros, un documento que lleva el sello de la empresa que prestó el servicio: “Por si existe la más mínima duda a la veracidad de mis palabras”. Antequera pretende también tumbar la candidatura de la única pre-candidata aprobada hasta ahora en Los Remedios, la edil María del Mar Sánchez Estrella, por no estar afiliada en el distrito que pretende presidir, sino en Triana, una denuncia que, por el momento, no ha obtenido resultado. En su denuncia alega que sufre “un daño que empieza a ser irreparable” al no ser aprobada su condición de aspirante a la presidencia del PP de los Remedios.

El acto de cierre de campaña de las municipales de 2015 consistió en una alocución de Zoido ante militantes y representantes vecinales de cada uno de los distritos de la ciudad. Uno a uno fueron hablando en público los vecinos y Zoido contestó de forma personalizada a todos ellos, prometiendo finalmente “un gobierno para todos”.