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Pornografía en el Alcázar de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 10 de octubre de 2018 a las 11:14

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El Alcázar ha rehabilitado el estanque del Mercurio. Y el mercurio, el otro, se ha disparado. Una pareja especializada en la grabación de vídeos pornográficos ha hecho de las suyas en el interior del recinto. El monumento civil más importante de la ciudad ha servido de escenario para escenas de sexo explícito, grabadas después de un paseo que la protagonista inicia en el Jardín del Marqués de Vega-Inclán, muy próxima a la cafetería, y que termina en el lugar conocido como El Macetero, donde se encuentra el vivero de plantas, muy cerca ya del Palacio de Yanduri de la Puerta Jerez. Durante el paseo, la protagonista deja ver sus partes íntimas al mismo tiempo que el cámara se recrea en algunas de las zonas del monumento.
Los actores entran en el Real Alcázar como turistas y, una vez en el interior y siempre tras el paseo inicial, aprovechan una zona de escasa afluencia de visitantes (la del vivero) para la grabación de las escenas más subidas de tono. Pornografía pura y dura. El Ayuntamiento, que asegura haber tenido conocimiento del asunto hace unos días, estudia tomar medidas contra los intervinientes. Los servicios jurídicos contemplan desde la interposición de una denuncia por haberse efectuado una grabación irregular, sin haber pedido permiso ni haber afrontado el pago de tasas, o la aplicación directa de la ordenanza en materia de igualdad y violencia contra la mujer. En cualquier caso, todo apunta a que los hechos serán puestos hoy mismo en conocimiento de la Policía Nacional. Mientras el patronato del Alcázar y el propio Ayuntamiento estudian las medidas, el vídeo acumula ya más de dos millones de visitas. El patronato tiene comprobado que el vídeo fue grabado en abril y subido al portal pornhub en agosto. La misma pareja ha grabado escenas del mismo tono en lugares públicos de la ciudad como el Parque de María Luisa, pero ahora el caso es especial al tratarse de un recinto privado, vigilado por cámaras y al que se accede mediante el pago de una entrada.

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Cómo suda Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 30 de septiembre de 2018 a las 5:00

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SEVILLA tiene una capacidad innegable para la resignación, unas tragaderas de hipopótamo de plástico harto de bolas en aquel juego de mesa de los años ochenta que sigue en distribución, unas fauces donde caben todos los oprobios, todas las carencias estructurales y muchas prestaciones básicas. No hablamos ahora de la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el Aeropuerto, ni de un nuevo carril en el Puente del Centenario. Esta ciudad no es que ponga la otra mejilla tras cada torta, es que alterna las mejillas tras cada golpe con la velocidad de un estafermo. Sevilla es mansa, no protesta, acaso suelta alguna andanada cruel de vez en cuando, pero es una ciudad pastueña, feliz en su indolencia cotidiana. Llevamos años sin sombra en la Avenida de la Constitución, pero nos encanta sudar en este septiembre de calores mojados, este mes en que Sevilla es una Barcelona sin alcaldesa populista ni sociedad civil fracturada. Aquí somos felices con los sobacos sudados como Camacho en el Mundial de Corea. Hace un año que nos pusieron unos arbolitos diminutos plantados en macetones enormes que parecen los bonsais de Felipe González, pero que ahora son los bonsais de Espadas. La verdad es que Espadas es el único alcalde que se ha atrevido a colocar sombra en la Avenida. La sombra mínima. Cómo suda Sevilla, que diría el Padre Cué. Al alcalde, o se le caen los árboles o se le encogen. Nadie baraja un sistema de toldos, ni de velas, ni de nada parecido. Hasta que un día oímos en la confidencialidad de una tertulia, en la privacidad de una charla sin que la grabe el avieso Villarejo, la verdad del barquero. La Avenida de la Constitución no se peatonalizó. Se transformó, que no es lo mismo. No se puede poner sombra en la Avenida porque eso atraería tal cantidad de viandantes que la convertiría en una vía pública muy insegura. De hecho, desde que se colocaron los macetones tras los atentados de Cataluña, la Avenida es todavía más incómoda para el peatón: el tranvía, el cruce de coches desde Alemanes a García de Vinuesa, las gradas de la Catedral, el carril bici, las terrazas de veladores… Hay poco espacio para el peatón. Y, sobre todo, no hay espacio para más peatones de los que de por sí se atreven a recorrer este desierto urbano, pasarela de turistas zarrapastrosos que nutren las arcas de la Catedral. Se puede comprobar fácilmente como los macetones obligan al peatón a invadir el espacio de seguridad del tranvía. ¿Para qué crear entonces las amplias zonas de sombra que necesita esta gran arteria de acceso al centro comercial? Hay que contentarse con el beneficio generado con la reforma para el templo metropolitano, que se ha librado de la polución que ennegrecía la piedra. Siempre hay una palmadita en la espalda para que dejemos de protestar. El error, pretendido tal vez, estaba en el lenguaje. No se peatonalizó, se transformó. Y nos lo tragamos. Del reivindicativo “¡Carril bici ya!” exhibido en los sillines al “¡Carril peatón ya!” que acabaremos pegándonos en la espalda. Nos tragamos la reforma con el nombre que no era. No interesaba decir la verdad, todavía menos ahora, cuando se han plantado los bonsais de Espadas. Hasta que un día alguien se apiada de nosotros y nos dice que lo nuestro no es el toreo, que nos retiremos a otro oficio. Nos ayuda a cortarnos la coleta de la inocencia con unas tijeras de plata, y nos deja casi como el Gallo de Morón: sin plumas y… sudando.

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Javier Millán, el pringado

Carlos Navarro Antolín | 25 de septiembre de 2018 a las 5:00

Cesco Rodríguez

El portavoz de Ciudadanos en Sevilla está debilitado, se siente cuestionado y especialmente orillado por los altos mandos del partido. Javier Millán confiesa que es tratado como un “pringado” por los máximos responsables de la formación naranja. Así se lo dice a un cargo del partido en Sevilla. Y, efectivamente, “pringado” lleva desde el último congreso nacional, celebrado en febrero de 2017, cuando lo dejaron fuera del consejo general de Ciudadanos pese a estar llamado a ejercer de referencia de la formación en la capital de Andalucía. Las grabaciones a las que ha tenido acceso este periódico prueban que el todavía portavoz del Grupo Municipal de la formación naranja en Sevilla se ha aficionado muy pronto a la vieja política, demasiado pronto, casi como el chaval que adquiere los vicios de los viejos conductores nada más aprobar el carnet. Millán, por seguir con la comparación, ya no se molesta en anunciar el cambio de carril con el intermitente. Se tira a tumba abierta a poner a caldo a compañeros de partido.

Su desesperación, derivada de la progresiva pérdida de apoyos internos, condiciona constantemente su discurso. La grabación que revela hoy este periódico demuestra que Millán ha hecho su particular máster en el juego de tronos, las traiciones, las escaramuzas y el intento de generar alianzas forzadas, amén de un curso especializado en el uso de términos despectivos para referirse a compañeros de partido que han de decidir sobre su futuro. Ya le pasó a Chiqui Benegas en los años 90 cuando le grabaron largando de Felipe González, ¿recuerdan? Felipe era “Dios” y Narcís Serra era “el catalán”. Para el sevillano Javier Millán, el catalán Fran Hervías, secretario de Organización de Ciudadanos, es el “gordo”. El líder regional, Juan Marín, es un hombre “acojonado”, al que se refiere como “manzanilla” y como “Sanlúcar”, en alusión al exquisito vino de la localidad natal del líder regional de Ciudadanos. Y la diputada por Sevilla, Virginia Salmerón, es “la marquesa que no quiere trabajar”, una “tipa”, una “muchacha” que, según su testimonio, “no me soporta”. Al menos, Millán se refiere a sí mismo como un “pringado” que se recorre los barrios de Sevilla mientras la obsesión de sus días, la citada Virginia Millán, “lo que quiere es vivir bien”.

Javier Millán ha sido sorprendido, como los viejos políticos, largando de su propio partido, al que califica de “panda de amigos”. Olvida que él mismo sería un pandillero. Plantea, ¡ay la vieja política y los extraños compañeros de cama!, la conveniencia de “cultivar la amistad con Juan Marín”, el líder regional que aspira a entrar en el próximo Gobierno andaluz. Y denuncia el “nivel de tiranía” que, en su opinión, se sufre en Ciudadanos.

Millán confiensa que teme ser “cepillado”. Esto es, que no le dejen ser candidato a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Es sabido que Ciudadanos necesita un Manuel Valls para ilusionar a su gente en Sevilla. Millán no remonta en las encuestas, no ha sacado rédito del período de fuerte división interna del PP sevillano, ni ha capitalizado el éxito de crecimiento de Ciudadanos en toda España. Ciudadanos conoce de la debilidad de Millán como candidato casi desde el principio, por eso nunca ha gozado del respeto de Madrid. Si fuera una marca sólida, capaz de triplicar el número de concejales, tal vez el partido hubiera tenido el gesto de incluirlo en ese consejo general por mucho que no tuviera afinidad personal con los principales jerarcas naranjas.

Millán se duele continuamente en la conversación de su enfrentamiento con uno de los máximos responsables del partido, Fran Hervías, esposa de la diputada Virginia Salmerón. “El ve por los ojos de ella”. Pero no sólo no tiene el apoyo de Hervías. Millán fue ninguneado recientemente por el mismísimo Albert Rivera en un acto reciente en Sevilla, donde el emergente político catalán no sólo no lo citó, sino que se mostró partidario de incorporar a gente con talento en la carrera electoral por la Alcaldía de Sevilla. Prueba de la desesperación de Millán es la reciente alianza contranatura con Podemos e IU para pedir un pleno extraordinario, una maniobra mal vista por sus superiores en el partido.

La conversación que revela este periódico está trufada de alusiones al partido como una “panda de amigos” donde él ha quedado arrinconado, pese a lo cual intenta hacerse con la candidatura a la Alcaldía.

Millán, el pringado, anda a la desesperada en la búsqueda de apoyos para que su figura no se diluya como un azucarillo. Lo peor, quizás, es referirse al número tres del partido como el “gordo”. Le bastaba, tal vez, con referirse a Hervías como el “catalán”, que fue lo que hizo Benegas en los años 90 cuando largaba de Narcís Serra en sus charlas teléfonicas. Millán no ha aprendido lo que enseñan algunos viejos maestros cuando una tertulia se caldea: a un calvo se le puede decir de todo, incluso mentarle a la familia, pero lo que nunca tolerará es que le digan… calvo.

En fútbol ganan los alemanes. En política, los aparatos. Y el enemigo, ay Javier, el enemigo siempre está dentro. Estas confesiones en política nunca terminan en absolución. “Si me pudieran echar un insecticida, me lo echaban”. Todo lo has dicho tú. Y todo te lo has dicho tú.

El portavoz de Cs en el Ayuntamiento de Sevilla, Javier Millán, comparece ante los medios para informar de una nueva medida de Ciudadanos en la negociación del presupuesto

La ciudad respira

Carlos Navarro Antolín | 16 de septiembre de 2018 a las 5:00

 

SEVILLA.

Por la noche todas las ciudades mejoran. La noche es aliada de la belleza como el silencio del sosiego y el vacío de la calma. La noche camufla los defectos, las señales del tiempo, las arrugas por el uso. La noche estiliza las formas, funde el cielo oscuro con la penumbra de las calles. La caída de la noche es el chorreón de agua de búcaro en la muleta de un torero en una tarde de viento. Templa, apacigua los ánimos, permite una perspectiva de los asuntos libre de la contaminación de ruidos y ajetreos, huérfana de los estruendos del transporte urbano y del repertorio de pitidos de las nuevas tecnologías, tam-tam de la vida cotidiana.

La noche es como el agua en el albero: refresca las cabezas, alivia de calor el ambiente. La noche ensalza la arquitectura y hace brillar los pavimentos de adoquines. Por la noche se oye respirar a una ciudad que parece ajena a todos los sucesos de la capital del reino, a las disputas municipales, a las guerras por el poder en clave local, a las pugnas por el control de un territorio del tamaño de una baldosa. La noche puede con todo, deja un aire limpio que ni siquiera enturbian las dimisiones de ministros, las peleas de gallinero de las redes sociales, las diadas del odio o los plagios sonrojantes que dejan en jaque a la Universidad.

La noche es una oportunidad para el reencuentro íntimo con la ciudad, con los secretos de la trama urbana, con los sonidos que sólo se oyen cuando todos duermen. La ciudad de noche ofrece una versión para cada habitante, no dejar de ser más que la prolongación de uno mismo. A la luz de la luna es posible una ciudad a la carta, personalizada, a la medida.

No se conoce bien una ciudad hasta que cae la noche y ella se deja cortejar, exhibe su verdadera piel, derriba fachadas impostadas y muestra fachadas desconocidas, sonidos imperceptibles durante el día: el descorrer de una persiana a deshoras, unas pisadas marcadas por esa velocidad que sólo imprime el miedo, un portazo, un grito, una discusión, un susurro, un motor que de pronto se apaga, los cascos de un caballo de coche de punto de recogida por el Paseo de Colón, el reguero de un manguerazo por Cuna, el choque de dos vasos recogidos de una vez por la mano de un camarero del Salvador, el silbido del conductor del camión de la basura por la Plaza de la Magdalena, el tintineo del llavero del tabernero del Arenal que retorna a casa…

La noche embellece hasta las partes menos agraciadas de la ciudad, como los tapacubos lo hacen con las ruedas de un coche de alta gama. Las ciudades, como las personas, son mejores cuando duermen. Todas las ciudades son preciosas en una postal y cuando son paseadas por la noche. Para conocer una ciudad hay que patearla de noche, cuando ella habla sola sin que nadie hable por ella, cuando se muestra como en los planos, sin capacidad de engaño, en el cuerpo desnudo de su arquitectura, en el sosiego de sus parques vacíos, en la montaña hueca de la Catedral, que vista desde el espacio parecerá un cráter con vencejos; en los azulejos de imágenes que recogen alguna oración a baja luz, en las avenidas despobladas donde los semáforos buscan diálogos imposibles y los monumentos de bronce parecen mimos sin pedir limosna.

La ciudad de noche tiene mucho de territorio exclusivo para cabales. A veces parece que la ciudad se ha hecho tan adulta que no se reconoce en ella ningún rasgo de esa infancia sin aristas, de esos días azules como urbe, de esas señales que hacen posible una imagen idealizada que sirve de asidero emocional de nuestros días. Será que la ciudad se ha roto de tanto usarla. Por eso la noche es buena, porque nos reencuentra con el asfalto de nuestra existencia bajo la luz romántica de una farola. Y entonces valoramos más todo aquello que no vemos durante el día por pura incapacidad, por exceso de ruido, por prestar atención a esa suma de frivolidades que marcan las horas que nos han tocado vivir.

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La arenga del PP a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 9 de septiembre de 2018 a las 5:00

VIRGINIA PÉREZ, JAVIER ARENAS

ESTA semana hubo cónclave del PP sevillano. Junta Directiva Provincial se llama. El curso ha comenzado sin la asistencia del responsable de seguridad. El PP mejora, ya no se intuye un grado de tensión que haga necesaria la presencia de ese señor corpulento que ha evitado más de una gresca. Arenas estuvo. En su ausencia o presencia (según conveniencia) estaba el morbo. Yestuvo, esta vez en primera fila junto al veterano Felipe Rodríguez Melgarejo. Habló Arenas al final para felicitar a la presidenta Virginia Pérez por su discurso, el mejor desde que es presidenta. Lástima que la reunión fuera a puerta cerrada. Y habló Melgarejo que, como siempre, abogó por un PP sin complejos en asuntos como TVE, la exhumación de Franco, etcétera. Se percibió, apuntábamos, un cambio en el discurso de la presidenta, que no hizo ya ninguna referencia a asuntos internos. La presidenta preparó una intervención netamente política, una suerte de arenga dirigida a la militancia del PP en clave nacional. Parece el inicio, esta vez sí, de un tiempo nuevo en la formación sevillana tras tiempos convulsos. Tal vez Virginia Pérez quiere seguir el mensaje de Casado en el congreso extraordinario de julio, cuando recién investido como presidente proclamó en el plenario del Hotel Marriot: “¡Ya no vamos a perder ni un minuto más en hablar de nosotros!”. Y la presidenta parece que se ha tomado la labor con entusiasmo al emplear un tono más político, más crítico, más duro, más directo y más irónico. Se dirigió a la junta de pie, ante el atril, “algo que sé que no es habitual”, dijo ella misma.

En el congreso extraordinario, como era obligado, no se pudieron debatir ponencias, razón por la que la presidenta se felicitó de que el nuevo PP de Casado haya convocado para diciembre una convención nacional: “Estaremos el 1 y 2 de diciembre donde toque estar. Allí estará el PP de Sevilla. Se nos están complicando las cosas como españoles. No es que se nos estén complicando las cosas políticamente a nosotros, individualmente o como dirección política”. Pérez cargó contra directamente contra el presidente Pedro Sánchez y sus socios de investidura: “Hicieron una moción de censura contra España, contra todos los españoles”. Reconoció que aún no habían pasado los cien primeros días de Sánchez en la presidencia: “Pero estamos en casa, aquí me voy a permitir criticar lo que quiera criticar. Sánchez es un presidente legítimo por la Constitución, pero ilegítimo porque no lo ha votado nadie. Me preocupa enormemente ver lo que han hecho en 95 días con tres semanas de vacaciones. ¡A Dios gracias que han sido tres semanas de vacaciones! Yo espero que este hombre, aunque sea ateo, coja las vacaciones de Navidad, Semana Santa y todo lo que le den”. Censuró el estilo de gobierno de un presidente en minoría:“¡Ancha es Castilla con los decretos! Pretende modificar las atribuciones del Senado. ‘Tengo una varita que se llama decreto y ¡pam!’. Pero es que va a más, es que este señor –dijo– al que no lo votó nadie porque tiene 84 diputados, se levanta un buen día y se plantea conseguir los votos de Podemos. Ya está. ‘¡Vamos a sacar a Franco del Valle de los Caídos!’ ¿Modificando la Ley de Memoria Histórica? No, por decreto. ¿Qué es la Transición, por Dios, teniendo una herramienta como el decreto en la mano?”.

La mayor parte del discurso fue de asuntos de política nacional. Un cambio de táctica por elevación. “Mirad, yo nací en democracia y no soy precisamente muy joven. Yo nací con una Constitución. Que venga este señor a decir que por decreto, por urgente necesidad, hay que abrir una tumba… Este señor, con todos mis respetos, se lo tiene que hacer mirar. Es lamentable y preocupante. Sí, es preocupante porque tiene la varita del decreto. Este señor decide cambiar el Código Civil por decreto para que se le pueda quitar la patria potestad a un padre con un informe de los servicios sociales. ¡Yo no veo a nadie salir a la calle, ni siquiera a nosotros, no nos oigo!. Me gustaría oírnos ahora por lo menos una cuarta parte de lo críticos que fuimos con nosotros mismos. La situación lo requiere, no estamos hablando de ninguna tontería. Estamos hablando de la Transición, de nuestra democracia, de nuestro Congreso, de nuestro Senado, de nuestras casas, de nuestros hijos.. ¿Dónde estaría un presidente del Gobierno del PP con 84 diputados si anunciara, solamente anunciara, alguna de estas medidas?”.

La presidenta del PP sevillano también se refirió a la fuerte polémica del huido Puigdemont y el juez Llarena. “¿Tú qué tipo de presidente eres?”, preguntó retóricamente a Pedro Sánchez. “Y sigo sin oírnos, quiero oírnos porque nos tendrán que escuchar. Quiero un presidente del Gobierno que se ponga de pie y que diga que a mi Justicia, la de mi país, no la juzga nadie. Pero a nosotros… No nos oigo”.

Repartió estopa también a la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio: “Sale una señora diciendo que le han metido un gol con un sindicato de prostitutas… ¡Y tampoco nos oigo! Y eso ha pasado hace cuatro días. Esto es para pensarlo, es muy serio lo que está pasando con el gobierno de nuestro país. Por decreto hacemos una purga en RTVE y no pasa nada. A este paso van a echar al bedel de TVE porque votó a la UCD. Cuando uno es de izquierdas es inmune, no pasa nada. ¡Y yo sigo sin oírnos! Quiero que eso cambie”.

Refirió la presencia de Casado en Algeciras el pasado verano: ““He oído a Pablo Casado hablar de inmigración. Lo hemos tenido en Andalucía. Hemos conseguido que pongan otro centro de acogida de menores en otro municipio donde gobernamos. Han desaparecido 80 chavales, no sabemos dónde están estos chiquillos, que vienen a buscar un futuro mejor, no vienen de vacaciones. Alguien tendría que explicarlo. Se nos tiene que oír cuando lleguen las elecciones tenemos que ganar por nuestros hijos”.

No hubo alusiones ya a los problemas de convivencia generados por el congreso provincial. Tampoco asistieron muchos de los cospedalianos que se pasaron al bando de Casado. Ni los diputados Zoido y Tarno, ni el senador Sanz, alcalde de Tomares. Éste último gozó en la feria de su pueblo de la compañía del alcalde de Vejer, José Ortiz, hoy secretario del Grupo Popular en el Senado. Ortiz es de los escasos casadistas pata negra del mapa andaluz. El caso es que por un motivo u otro tanto en Sevilla como en Andalucía, el casadismo está pendiente de fundación. Todavía no tiene su particular foto de la tortilla. Unos no lo apoyaron nunca, otros lo apoyaron en segunda instancia por conveniencia que rima con supervivencia. ¿De quién fiarse en el Sur, Pablo?

La curva de septiembre

Carlos Navarro Antolín | 18 de agosto de 2018 a las 20:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

CIUDADANOS trata de cerrar el fichaje de Manuel Valls para alcanzar la Alcaldía de Barcelona. El PP no tiene aspirante para las municipales en la capital catalana. Parece condenado a ser una fuerza residual, resignado a no tocar bola desde que los naranjas le han robado el espacio y desde que los policías y guardias civiles de Zoido protagonizaron una estampa demoledora para los intereses electorales del partido de la gaviota. Barcelona se mueve mientras el PP está a la espera del efecto Casado. En Sevilla debe subir unos grados el debate municipal, septiembre debe ser un aldabonazo en la vida política local, sumida en una tranquilidad extraordinaria para el actual alcalde, quien tiene un horizonte de citas fijas que le garantizan el relumbrón: los premios Goya, las fiestas mayores y la cumbre mundial del turismo. Añadan el período blanco de las navidades y tendrán, a priori, un calendario más que amable para Juan Espadas, cargado de esas convocatorias que permiten que la urbe esté “posicionada” en España y en el mundo, según la tesis preferida por el alcalde y sus colaboradores.

Ciudadanos se conforma por el momento con Javier Millán, quien es consciente de que será candidato en el supuesto de que su partido no encuentre un Manuel Valls para Sevilla a última hora. El PP no sabe si desear que lo halle, o si le interesa que siga Millán. El pacto de gobierno soñado por la derecha tras el 26-M necesita sumar 16 concejales. Las cuentas no salen con Millán, que no termina de despertar pasiones, pero podrían no interesar un candidato sorpresa si le resta votos a los peperos más que a los socialistas. A esto hay que añadir que Beltrán Pérez necesita un salto de calidad, unos meses finales con intensidad para emerger con fuerza. Necesita provocar el desgaste de un alcalde que no genera rechazo. Y en la lucha por ese objetivo vendrán las curvas a partir de septiembre. Uno de los flancos débiles de Espadas, al margen de las ratas en los barrios y de los árboles caídos que son convenientemente aireados en las redes sociales, vendrá por la política nacional. Al alcalde lo atacarán fundamentalmente por la vía de Pedro Sánchez, el presidente de los 84 diputados que es abucheado en Sanlúcar de Barrameda. La fiera ruge en el tendido y también en Bajo Guía. A Zapatero le pitaban el 12 de octubre.

Prepárense para Plenos municipales con reiteradas llamadas a asuntos de Madrid y a la explotación, además, de las desavenencias entre el Gobierno de la Nación y el de Andalucía. En dos meses ya hemos tenido la primera a cuenta del número de inmigrantes menores de edad que Andalucía se ve obligada a recibir. Espadas será atacado en el Salón Colón y en los pasillos del Ayuntamiento por su condición de miembro de un partido que se deja apoyar por los separatistas y proetarras, que no protege la figura del Rey en las manifestaciones y que provoca un irresponsable efecto llamada en los inmigrantes. Por eso se ventea que es “el alcalde del PSOE”, porque son las siglas las que se consideran vulnerables, y no, por el momento, la persona del alcalde.

El PP aprovechará el bajo perfil del candidato de Ciudadanos para tratar más que nunca de hacerse de nuevo con ese espacio electoral conservador que, en parte, se supone ocupado por el partido del Albert Rivera. La crisis de los árboles ha revelado el endurecimiento del discurso del Grupo Popular, que pidió dimisiones en cuanto se conoció el fallecimiento del sevillano de 74 años, mientras Ciudadanos se perdió en peticiones de comisión de investigación, que ya se sabe el rédito que han tenido las que se han organizado en la historia de la democracia. Solo una, la que montó Zoido por el derogado Plan Centro, tuvo alguna consecuencia. Y fue un tiro en el pie para el propio alcalde Zoido. El PP de entonces fue a por lana con aquella comisión y salió trasquilado.

Fíjense que a mitad de este agosto el PP ya ha presentado una serie de preguntas sobre la caída del árbol del Alcázar con el firme propósito de ir preparando para septiembre un ambiente de tensión. El principal grupo de la oposición busca demostrar que el accidente pudo ser evitado, que hubo negligencia en la conservación del arbolado y que, por lo tanto, su inicial petición de dimisión del delegado de Urbanismo estaba y está más que justificada. El Ayuntamiento informó de un herido leve el día del accidente. La víctima falleció a los dos meses. Será el asunto más delicado de los días de política local que se aproximan.
El alcalde no tiene ninguna responsabilidad directa en los asuntos de ámbito nacional, pero la política permite poner las luces largas o cortas a conveniencia. Al PP municipal le convendrá mucho mirar a Madrid, obligar al alcalde a pronunciarse sobre asuntos de la política que se cuecen en la capital mediante hábiles mociones presentadas en tiempo y forma, y ejercer un martilleo continuo para explotar en clave local los desaciertos, los cambios de criterios o las debilidades de la Moncloa. El empecinamiento de Zapatero en no admitir la crisis hundió la marca del PSOE, lo que afectó a sus alcaldes y candidatos en las municipales de 2011. Las primeras medidas de Rajoy en el Gobierno hundieron las opciones reales de Arenas de alcanzar la presidencia de la Junta. Cuanto ocurre en Madrid tiene consecuencias en la política a menor escala. La ola de Madrid, como dicen los gurús a sueldo, levanta o arrastra candidatos por toda España. En este modo de hacer política local son especialistas los grupos de Izquierda Unida y Participa Sevilla, que se pasan el mandato con mociones sobre asuntos en los que el Ayuntamiento no tiene competencia: el Sahara, los tipos de interés, las cláusulas suelo, el precio de la luz, Cuba, las políticas de Educación, etcétera. Se trata de ocupar los nichos que se consideran propios. Pocos votos, pero seguros.

Es previsible que Espadas sea hábil y pase a la acción por mucho que descarte siempre cualquier opción de ataque directo al rival político, pues no se conoce que haya venteado por el momento ningún trapo sucio de la era Zoido. Si le azuzan con Pedro Sánchez, es muy probable que el alcalde pueda defenderse metiendo el dedo en la llaga de un Pablo Casado, presidente del PP, previsiblemente imputado en el caso del máster. Con el más que probable fuego cruzado entre los dos grandes partidos, Ciudadanos tendrá que sacar beneficio de una vez en clave local, una tarea que sigue pendiente tras más de tres años con presencia en el Ayuntamiento, mientras los dos grupos de la izquierda más a la izquierda (Participa Sevilla e IU), unidos bajo el lema Adelante Sevilla, procurarán romper el techo de cinco concejales que ahora suman entre ambos, a los que solo se ha oído a cuenta de bochinches en el interior del Ayuntamiento, asuntos de memoria histórica o discursos alarmistas en el período de la pos-crisis económica.

El panorama que se avecina en Sevilla es un septiembre marcado por el inicio de la dureza en el debate político previo a las elecciones. Una de las mayores curvas del curso que viene será la negociación del presupuesto general de la ciudad, la herramienta que necesita todo gobierno para ejercer su labor y la ciudad para funcionar. Juan Espadas asumió varios compromisos de cara a esas cuentas (la bajada del IBI en un 5%, entre otros) a cambio de que el PP permitiera la aprobación de las de 2018. El PP de Beltrán Pérez, paradójicamente, le permitió gobernar en 2018. Ahora vienen tiempos de zancadillas, dedos acusadores y mucha crispación en las redes sociales en un contexto nacional donde unos y otros buscarán motivos para buscarse las vergüenzas.

La ciudad de Fernando

Carlos Navarro Antolín | 12 de agosto de 2018 a las 5:00

Eclipse de luna. Antonio Pizarro/Diario de Sevilla.

APENAS el tiempo de una primera nana con música de chicharra de agosto y con el sabor de dulces besos de bienvenida, apenas el tiempo de un Avemaría en los labios de una abuela para dar gracias por el alumbramiento, apenas el tiempo de poner el meñique entre tus minúsculos dedos para sentir el tacto de tu piel rosa, apenas el tiempo de unos prematuros y precoces achuchones, cuidados de capazo, ojitos cerrados. Fernando se ha ido fugaz, veloz, con el tiempo justo para ser Fernando, testimonio cierto de vida, con el tiempo preciso para dejar su huella entre los suyos, entre nosotros, una huella de patuco de miel, con ese amor limpio que brota de la verdad desnuda que son los recién nacidos. Su vida ha durado apenas el tiempo de una chicotá de la Virgen de la Esperanza, los cuatro zancos a tierra que Ella quiere bendecir a la criatura con su mirada; de un ir y venir de cualquier día y a cualquier hora, de un bendito plisplás en el que cabe, sublime contradicción, todo el amor y todo el vacío.

Apenas el tiempo de realizar cualquier actividad rutinaria, de las que se hacen cada día sin pensar, llevados por esa hermosa inercia de los actos de la vida cotidiana en la que todos le habíamos hecho hueco. Apenas el tiempo que se tarda en subir el puente de San Bernardo para buscar la presencia gozosa de la cigüeña, que ya sabrás, Fernando, que las zancudas aparecen por San Blas en los campanarios de Sevilla como lo hacen por la tierra de barros por donde tu sangre se hace extremeña. Apenas el tiempo que se dedica a dibujar el boceto del lienzo de tu vida, efímera existencia de color blanco donde todavía no caben baches de carboncillo. Apenas el tiempo que se emplea en modelar una nube de algodón dulce y rosa, que ahora, Fernando, tus algodones son las nubes de verdad, celestial parque de bolas para jugar, reír y saltar sin pensar en nada más, para imaginar garabatos en el aire y danzar en cualquier canasto de oro, y tus regalos serán los globos que mis hijos y tantos otros niños lanzan siempre para recreo de los querubines que en el cielo de Sevilla ya zascandilean contigo.

Apenas te ha dado tiempo de conocer tu ciudad y, fíjate, ya nunca te olvidaremos, santo inocente de este agosto, el tiempo en que todos huyen de Sevilla y, ay Fernando, Dios ha venido a por ti, precisamente a por ti, para acunarte en su regazo de noches frescas y amaneceres de espadaña, gorriones y cielos claros.

Apenas el tiempo de la procesión de la Virgen, sonrisa enigmática, palio de tumbilla y Niño Jesús calzado de oro, la Virgen que trajo el Rey Santo, patrón del que recibiste su nombre. Sale la Virgen, parto de nardos por la Puerta de los Palos, y se recoge tan fugaz que parece un sueño que a las pocas horas nos mantiene embriagados por las dudas. Y sabemos que todo fue cierto porque fue bello, que todo ocurrió porque fue auténtico, que todo fue verdad porque fue breve. Las cosas importantes en Sevilla siempre duran poco, como el tiempo de la Virgen en la calle, como tu existencia, Fernando, tus benditas horas con sabor a caramelo y melodía de tiernos gorjeos.

Apenas el tiempo para paladear tu presencia de nenuco, para saber que eres de los nuestros para siempre, cuando la ciudad es más ciudad porque hay más silencio y cuando huele al jazmín engarzado en las moñas tan efímeras y bonitas como tú. Apenas el tiempo que un mozo tarda en recorrer la cucaña y, zas, caer al río que nos lleva, que siempre nos conduce a la Sanlúcar de tu padre. Apenas el tiempo que un coche de punto tarda en abandonar el centro por la calle San José, adoquines, convento y San Nicolás al fondo, mientras el sonido de los cascos del caballo marca la distancia recta que conduce al arrabal de tus abuelos.

Apenas el tiempo, quizás, de un cambio de clase en las aulas de la Universidad donde se cruzaron las vidas de tus padres. Apenas el tiempo de una oración apresurada cuando el Señor busca ya la posada de su basílica en la noche alta, apenas el tiempo que tarda el sol en cobijarse en el horizonte de una playa del Puerto de Santa María, apenas el tiempo en que la luna flirtea con la Giganta con la imposible celestina de un eclipse, apenas el tiempo en que un vencejo se posa para hurtar las migas olvidadas en un velador, apenas el tiempo en que la noria de la vida tarda en subirte al trono y bajarte al cieno, apenas el tiempo que dura el dorado de una palma rizada en un balcón, apenas el tiempo que tarda en girar el torno de San Leandro cuando compramos yemas, o el de Santa Paula cuando vamos a por mermeladas y ofrecemos la mejor respuesta a un saludo de bienvenida: “Sin pecado concebida, hermana”.

Apenas el tiempo que tarda en pasar la cabalgata donde tú ya eres nuestro rey y nosotros los beduinos que mantendremos alegres tu recuerdo. Apenas el tiempo que tarda en despedirse la espuma blanca de las olas que se echan a morir en la playa de tu corta existencia. Apenas el tiempo que dura el cruce de miradas de la pareja que baila, o la manzanilla en dejarse caer por la venencia hasta la caña. Apenas el tiempo en que tardas en besar la mano de la Esperanza cada diciembre, apenas el tiempo justo en que los seises están estirados de puntillas cuando adoran a Dios.

Las cosas trascendentes de Sevilla están marcadas por el sello de la fugacidad. Escrito está que los niños no se mueren, nunca se mueren, son caireles que tintinean siempre a la vera del Refugio que alumbra tu barrio. Todo se compendia en tu pequeña vida de agosto, como toda la ciudad se concentra en el mes en que Sevilla es más Sevilla. Y Sevilla es ya para siempre la ciudad del niño Fernando.

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Javier Arenas, un superviviente en peligro

Carlos Navarro Antolín | 5 de agosto de 2018 a las 5:00

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“Yo me conformo ya con sentirme cómodo cuando llegue a la sede del partido”, confesó en un encuentro celebrado solo días antes de la moción de censura repentina que echó a Rajoy de la Moncloa. Javier Arenas no es ningún anciano. Cumplirá 61 años en diciembre en una España con una esperanza de vida por encima de los 80. Su virtud, o su lastre, es que lleva cuarenta años en la actividad política, de los que treinta y cinco los ha pasado en cargos públicos. Nadie en Andalucía se ha mantenido tantos años en activo en puestos tan distintos y preferentes. En una trayectoria tan dilatada le ha dado tiempo a cosechar grandes amistades tanto como a crearse un buen ramillete de enemigos, críticos y desafectos. Porque entre sus adversarios hay grados. Ha ejercido el poder con todas sus consecuencias: ha colocado a tanta gente como frustraciones ha provocado en quienes no fueron premiados con un puesto, y ha movido a su antojo a un buen número de peones, muchos de los cuales después se han rebelado tratando de darle por un político amortizado. Arenas lo ha sido casi todo en política. Suma tanto tiempo en el machito por dos razones fundamentales: posee cualidades brillantes (oratoria, intuición, astucia, capacidad de persuasión) y sabe sufrir cuando llega la hora. En la actual coyuntura, el lince de Olvera se encuentra ante la enésima adversidad. Pablo Casado, el nuevo líder de la derecha española, decidió dejarle sin cargos añadidos. El todopoderoso Arenas condenado a ser un senador raso. Pero en cuestión de horas, Arenas logró el asidero de la portavocía adjunta en el Senado, un punto de apoyo, testimonial si cabe si se aprecia su colosal currículum, pero una agarradera en la práctica para ir saliendo del paso y ganar tiempo para, quién sabe, reinventarse otra vez, asumir un nuevo rol.

Arenas se conforma de momento con esa portavocía adjunta, un tendido de Sol en el coso de la política para un político que ha disfrutado muchas veces del alivio de la sombra acomodado en las mullidas almohadillas del poder.

Nadie lleva tantos años en activo como Arenas. Ni Felipe ni Guerra. Ni Rojas-Marcos, que lo quiso fichar en su día para las filas andalucistas. Ni Soledad Becerril, ni por supuesto Chaves, Griñán o Zarrías, tres socialistas que penan en el banquillo por el caso de los ERE.

Arenas ha sobrevivido a varias crisis. Ahora ha quedado relegado tras perder Soraya Sáenz de Santamaría la batalla por la presidencia nacional del PP. Arenas se encuentra ante el precipicio, una situación que, no obstante, no es nueva en su trayectoria.

En 1986 era un prometedor edil democristiano por la denominada Coalición Popular en el Ayuntamiento de Sevilla cuando sufrió su primer golpe. Quedó descabalgado de la portavocía del grupo municipal al escindirse la AP de Manuel Fraga del PDP de Óscar Alzaga. Fue defenestrado pese a su ya considerable tirón mediático. En 1987 se presentó como cabeza de lista a las municipales por el PDP y obtuvo menos de 5.000 votos. No sacó ni su acta de concejal tras una campaña basada en el lema ‘Es capaz’, plasmado en unos carteles donde se veía a Arenas ante una batería de micrófonos. Tras este segundo tropiezo se dedicó a sus labores de parlamentario andaluz y a las de un despacho de abogados que fundó con Javier Alés y Luis Miguel Martín Rubio en una habitación del edificio María Luisa Park. Posteriormente se unieron Carlos Rosado y Juancho Fernández Trueba. El joven Arenas, que aún no tenía los 30 años cumplidos, aquel dirigente prometedor y mediático, conoció muy pronto las hieles de la política.

En 1989 fue reclutado para las filas del nuevo PP en una reunión celebrada en casa del macareno y concejal Manuel García, en la calle San Luis. Allí estaban de testigos dos jóvenes de Nuevas Generaciones, Juan Luis Muriel y Jaime Bretón, y el diputado nacional Juan Carlos Guerra Zunzunegui, muy vinculado a importantes empresas periodísticas. Al bautismo, pues, no le faltaban padrinos de peso. Todos le reconocían una enorme capacidad de liderazgo.

Tras la caída de Antonio Hernández Mancha y el ascenso de José María Aznar a la presidencia nacional del PP en el célebre congreso celebrado en Sevilla en 1990, éste tuvo claro quién sería su hombre para sustituir a Gabino Puche en Andalucía. Aznar siempre apostó por Arenas. Lo impulsó desde el principio. Arenas fue candidato a la presidencia de la Junta dos veces en una primera etapa: 1993 y 1996. En la primera le arrebató la mayoría absoluta al PSOE (dio lugar a la conocida como legislatura de la ‘pinza’ en la que el PP se alió con la IU de Luis Carlos Rejón para bloquear al gobierno) y en la segunda se quedó con 40 diputados y Chaves ya pudo gobernar con el PA con toda comodidad. En aquel tiempo cometió un error al dejarse fotografiar mientras el betunero del Hotel Palace daba lustre a sus zapatos. Aquella imagen le costó para siempre la injusta etiqueta de señorito andaluz. A Arenas se le podrán reprochar muchas cosas, pero no la de ser un  señorito.

En cualquier caso nunca dos derrotas fueron tan rentabilizadas en política. A Aznar le valió el aumento de votos que el PP obtenía en Andalucía para llegar a la Moncloa en 1996. El objetivo principal estaba cumplido. A Arenas no se le exigía entonces ganar las elecciones andaluzas. Su esfuerzo fue premiado con un largo período de sucesivos cargos de indudable peso: varias veces ministro, secretario general y vicepresidente del Gobierno. Dejó Andalucía, donde dicen que podía haber llegado a presidente al tercer intento, para protagonizar sus ocho años de mayor brillo personal.

Los atentados del 11-M de 2004 desalojaron al PP del Gobierno contra todo pronóstico. Arenas tuvo que regresar a la aventura regional. Cesó así la etapa de Teófila Martínez como presidenta del PP andaluz, vigilada siempre por el principal vicario de Arenas, Antonio Sanz. La verdad es que Arenas nunca dejó de tutelar el partido desde sus altos despachos en la capital. En esos momentos difíciles, el lince de Olvera demostró su enorme facilidad para pasar del Falcon presidencial al monovolumen de la sede regional del PP, de pasear por los jardines de la Moncloa a patearse los pueblos más perdidos de Andalucía. Una evolución parecida a la de ahora: de vicesecretario general en Génova y secretario general del grupo popular en el Senado, a mero portavoz adjunto en la Cámara Alta. Ahora no le alumbra más que la tenue luz de una velita de promesa después de haber disfrutado de todo un cirio pascual.
En su segunda etapa andaluza fue otras dos veces candidato a la presidencia de la Junta: 2008 y 2012. 2008, además, fue un año clave en lo orgánico. Su apoyo a Mariano Rajoy en el congreso de Valencia fue fundamental para que el gallego no fuera descabalgado de la presidencia del partido. Rajoy lo premió con una vicesecretaría general, aunque nunca lo hizo ministro. Algunos creen que por cautela en caso de que el sevillano resultara imputado a cuenta de las investigaciones judiciales del caso Bárcenas, en el que Arenas declaró como testigo en 2013.

En las autonómicas de 2008 obtuvo 47 diputados, pero Chaves recuperó la mayoría absoluta. En 2012, ¡qué amarga victoria!, ganó por primera vez las elecciones, con 50 diputados, pero quedó orillado del gobierno. Ha sido el golpe más duro de toda su carrera política. Sus más allegados se empeñaron entonces en dar por concluida su carrera política. Era el cuarto intento de alcanzar la Junta, esta vez lastrado por las medidas impopulares tomadas por Rajoy desde noviembre de 2011 para salvar a España del rescate económico. Las elecciones andaluzas fueron en marzo. Arenas tuvo al peor enemigo en casa en esos cuatro primeros meses del Ejecutivo de Rajoy, donde no había viernes sin el Consejo de Ministros recortando el estado del bienestar de todos los españoles.

Arenas desde entonces se conforma con influir en la sombra, con asistir desde una segunda fila a los acontecimientos. Ganó el congreso provincial de Sevilla en 2017 impulsando decisivamente a algunos de sus ‘nietos’, Beltrán Pérez y Virginia Pérez entre ellos, contra sus antiguos ‘hijos’, caso de  Juan Ignacio Zoido, José Luis Sanz, Juan Bueno o Ricardo Tarno. Hay una escena de la novela El Abuelode Pérez Galdos,  magistralmente llevada al cine por José Luis Garci, que retrata el momento en que todos los deudos del Conde de Albrit intentan confinarlo de buenas maneras en un monasterio con la excusa de proporcionarle comodidad en sus años de ancianidad. ¡Qué derroche de tacto! Cuando el viejo noble se da cuenta del ardid, comienza a protestar, les reprocha la conducta y, uno a uno, les recuerda cuánto hizo por sacarlos adelante. Arenas podría hoy afirmar mirando a la cara de sus antiguos pelotas: “A ti te coloqué en Madrid y te ayudé a acabar Derecho”, “A ti te coloqué a tu familiar en el Ayuntamiento del pueblo”, “A ti te firmé la carta de recomendación”, “A ti te hice delegado del Gobierno”.

Uno de sus grandes amigos auguraba en las vísperas de las votaciones del último congreso en Madrid que Arenas tenía interiorizado que su etapa política concluía con la marcha de Rajoy. Pero Soraya Sáenz de Santamaría lo citó entre sus colaboradores si se alzaba con la presidencia, y es cierto que el plenario del Hotel Marriot Auditorium recibió con aplausos su nombre.

Ganó Pablo Casado, el joven vicesecretario que siempre se ha referido en privado al político andaluz como “el maestro Arenas”, con el que ha almorzado casi todos los lunes tras los ‘maitines’. Pero la aviesa Cospedal se cobró su apoyo y Arenas fue descabalgado. Cospedal se ha afanado hasta el último minuto de su secretaría general en tratar de derribar a Arenas, para lo cual ha ido reclutando en los últimos años a aquellos que en tiempos fueron dóciles peones del lince de Olvera. Aquellos que se peleaban por jugar al pádel con Arenas, reservarle mesa en el Espigón, reunirse con él en Antares, estar a su lado en los cafés en Oriza, recogerle en Santa Justa cuando regresaba de Madrid para pedirle algún favor en el trayecto del coche… Y ahora no terminan de organizar su funeral después de llevar escribiendo su obituario político desde aquella noche electoral de 2012 en la que decenas de bandejas de canapés quedaron intactas.

A Arenas quizás le quede ahora la contemplación de pequeñas satisfacciones superadas ya las ilusiones por ser presidente del Congreso o del Senado. Es presidente de honor del PP andaluz, lo que le reviste de autoridad moral para pedir ser diputado o senador. Su ilusión sería ver de alcalde de Sevilla a Beltrán Pérez, o tal vez el aumento de alcaldías del PP en la provincia… Esas cuotas de poder que le permitan sentirse recibido con calor en el partido y en las instituciones (¡cómo le gusta regresar a los salones del Ayuntamiento sevillano!) y ser requerido por una nueva hornada de dirigentes que le pidan consejo.

Es tenido por muchos como el político andaluz más inteligente en la historia de la democracia. Hay quienes lo tienen por un trilero o un consumado engatusador. En cualquier caso ha creado escuela, es imitado hasta en su discurso y en sus gestos. Es el padre de la derecha andaluza. Hasta ahora se ha levantado después de cada traspiés. Ahora el ex vicepresidente del Gobierno quiere simplemente sentirse cómodo. Su vida es la política, no el despacho de abogados. Aznar apadrinó a un hijo suyo en la Macarena. Aznar ha vuelto a pisar la sede de Génova tras la victoria de Casado. Aznar ha logrado sentirse cómodo, otra vez, en Génova. La política no tiene memoria, sólo entiende de alianzas coyunturales. Y en esos tejemanejes, Arenas ha demostrado ser todo un druida. Y lo más difícil: un druida de larga trayectoria que sabe más por viejo… que por druida. Todo el día inventando pócimas para sobrevivir y estar cómodo. Todos los que lo quieren enterrar son deudos suyos cuando Arenas no tiene ni  la edad en la que Churchill fue Primer Ministro por primera vez. Javier Arenas, un niño de 60 años, un maestro del regate corto, todavía no ha dicho su última palabra, porque lo ha sido todo, lo ha vivido todo y nada es capaz de sorprenderle. Si estuviéramos en una cultura anglosajona, este andaluz tendría la agenda cargada de conferencias bien remuneradas y daría clases en varias universidades privadas sobre la vocación perenne, la habilidad para reinventarse, la capacidad para crear un partido hegemónico (una estructura fuerte sin riesgo de guerras cainitas) que represente a la derecha andaluza. Pero en esta tierra priman la envidia y el betunero. Quizás sus dos principales defectos hayan sido rodearse de demasiados mediocres y tenerle un respeto excesivo a una ciudad como Sevilla. El druida se enfrenta ahora al enésimo reto: hallar la pócima que le salve de un nuevo precipicio.

La verdadera competencia

Carlos Navarro Antolín | 18 de julio de 2018 a las 5:00

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LOS partidos de fútbol que alguien trata de ganar en los despachos nunca tienen la sal, la alegría, ni el jolgorio de los goles. Son, a lo sumo, victorias frías que nadie recuerda, nadie celebra, nadie rememora salvo para referir que fueron eso: triunfos administrativos. Son como el dinero ganado en la lotería: el primer día se celebra, a partir del segundo se oculta. Las victorias logradas por abogados o gerentes son gélidas en el mejor de los casos, porque el fútbol es pasión y emoción, es sentimiento y hasta memoria, por mucho que la legislación que convirtió los clubes en sociedades anónimas dejara el futuro de la mayoría de las entidades en manos de los accionistas y no de los socios.

En el periodismo ocurre tres cuartos bien despachados de lo mismo. El ejercicio romántico de hacer un periódico tiene mucho, muchísimo, de pasión. La verdadera competencia está en el kiosko con las ediciones de papel que por fortuna sobreviven, en las pujantes ediciones digitales, en lograr vertebrar una ciudad de 700.000 habitantes en tiempo récord, en escrutar el día a día de la urbe en titulares propios, en lograr que parte de la población se identifique con una marca, en conseguir un grado de penetración más que notable en sectores tradicionalmente atribuidos a otras marcas periodísticas. La información no se da ni se quita. Hay que trabajarla cada día, como el Rey se ha de ganar el empleo cada amanecer. Con esfuerzo, con dedicación, con cariño, con sacrificio. La información está ahí, hay que buscarla. Hay que cazar cada día el mamut de la noticia. Así es como se compite. No metiendo el pie como una guadaña al delantero que se ha escapado, sino metiendo tú los goles de los titulares de cada día. La verdadera competencia en periodismo no está en los despachos, no está en el dinero, no está en los ERE que encima te debilitan porque te restan recursos humanos, no está en las amenazas ni en las presiones a las fuentes que no te has trabajado, o que consideras que te deben llamar mientras te apoltronas en una silla, porque piensas que eres depositario de un privilegio que te concede la historia y el prestigio que otros trabajaron.

La verdadera competencia en periodismo está simple y llanamente en estar en la calle para obtener información, no para hacer amigos o llenarte la panza de canapés, no para tratar de ser un personaje a costa de la marca de la empresa, no para medrar socialmente por la vía de tu posición profesional lo que no recibiste por la cuna. La verdadera competencia está en ocupar los espacios sociales del otro con trabajo, simplemente con trabajo. Sin meter los codos, con humildad, con dedicación, con horas de presencia o ausencia según la conveniencia que dicta el interés periodístico, con la idea clara y firme de que prima la noticia de interés general por encima de la relación social particular, teniendo claro que la preferencia es del periódico (siempre del periódico) por encima de tu propia posición.

Bastaría recordar algunos principios básicos, sin pretensiones didácticas, con la única intención de refrescar normas de actuación que increíblemente parecen olvidadas. O a lo peor, maliciosamente orilladas. El periodista que compite con honradez y honestidad no espera a que le llamen, es él quien llama por teléfono. No aguarda la noticia, es él quién corre a su encuentro. No hace campañas a favor ni en contra de nadie, sólo procura ser el narrador omnisciente que siempre se guarda contactos en todos los bandos no por gusto o simpatías personales, sino porque el periódico (siempre el periódico) debe estar salvaguardado de fobias o intereses particulares o institucionales.

No hace muchos días que referimos a un alto directivo de los medios de comunicación la manía de algunos periódicos por entrar en campañas de todo tipo. Lo peor no es entrar –le dijimos– lo peor es perderlas. Hay especialistas en apostar siempre a los caballos perdedores. Y quien resulta dañado es el periódico (siempre el periódico).

La ciudad de Sevilla es como la información. No es patrimonio de nadie. Está ahí para quien quiera trabajar. Repetimos: en buena lid. La verdadera competencia es marcar la actualidad desde el Ayuntamiento a las cofradías, desde la Real Maestranza a los sindicatos, desde los colegios profesionales a los partidos políticos, desde los tribunales de Justicia a los clubes de fútbol. Y más hermoso es hacerlo cuando, repetimos, se trata de sectores que por tradición se consideran territorios exclusivos de tus propios competidores, colectivos en los que tienes el privilegio de narrar cómo son sus entrañas: desde la retransmisión de un comité ejecutivo de una formación política, a las votaciones para el pregonero de Semana Santa, pasando por las deudas fiscales de políticos de distinto signo.

La verdadera competencia es publicar con detalle los sucesos que otros no huelen, los tejemanejes de la mafia del taxi, los vídeos que desmontan las teorías paranoicas de la Madrugada, las restauraciones de la Catedral, las reformas en un monumento como la plaza de toros, el Palacio Arzobispal o de un edificio como el estadio del Sevilla, los ingresos de nuevos caballeros maestrantes, el informe de la juez Alaya poniendo a parir a Bolaños, el informe del inspector del SAS sobre el fraude en las clínicas dentales, la propuesta de tranvía que ha generado un debate de altura política, el nuevo mapa escolar o los nuevos criterios para gravar las herencias más modestas pese al enojo de la Junta de Andalucía. Sí, pese al enojo de esa Junta que dicen nos condiciona para hacer periodismo. La misma Junta que tuvo que dar explicaciones a toda España por el absurdo formulario de solicitud de plaza escolar donde los padres quedaban relegados a meros “guardadores” y se dividían en progenitor A y progenitor B.

La verdadera competencia es tener en cuenta que el adversario también puede hacer buen periodismo y que siempre, siempre, hay que aprender del rival y ser capaces de subirse cuanto antes al tren de los los temas que tus compañeros han puesto en marcha para tratar de capitalizarlos cuanto antes. “Hay que elogiar el mérito donde quiera que se halle”, enseñaba un histórico periodista.

Todo esto no se hace con dinero, mucho menos con despidos. Se hace con vocación, como enseñaba el inolvidable Antonio de la Torre en la redacción de Cardenal Ilundáin. En periodismo no se está por dinero ni para tratar de ser un personaje. Se está para sentir el enorme gozo de hacer un periódico cada día, ejercer el oficio más hermoso del mundo, experimentar el placer de fiscalizar al poderoso en beneficio de los débiles y, por supuesto, para no dejarse arrastrar por prejuicios o manías personales.
La verdadera competencia es lograr un rótulo de publicidad en la Plaza de Cuba, la cesión del manto camaronero de la Virgen de la Esperanza para una exposición institucional o, siendo un conjunto de cabeceras locales, tener corresponsales propios en la Guerra de los Balcanes o en un cónclave de Roma. La verdadera competencia es hacerse un hueco donde no lo había, abrir mercado donde todos tenían la toalla tirada o donde otros fracasaron en el intento. La verdadera competencia se hace pisando temas, no mordiendo cuellos. Siendo el primero en ofrecer información y análisis, fabricando un producto fresco y ágil, pegado a la realidad y exento de personalismos exagerados. La verdadera competencia se hace con equipos, no con sectas. Se hace estando en los actos sociales precisos y el tiempo necesario para cazar ese mamut de la noticia, no para promociones personales.

Compitamos siempre en los kioskos, haciendo periodismo, sin zancadillas. Con sagacidad y sin soberbia. Con anticipación y sin amenazas. Con el firme y legítimo interés de conquistar cada día mediante el trabajo y el esfuerzo los espacios que en periodismo no son el cortijo de nadie, sino del primero que los ocupa y sabe mantenerlos. Mala cosa cuando se trata de ganar en un despacho el partido que no se ha sido capaz de competir en el terreno de juego. Levanten el teléfono, trabajen, salgan a la calle, tomen el pulso, vibren con la actualidad, insistan ante las instancias oportunas, sean pesados. Aquí funciona lo de siempre por mucho que hayan evolucionado las tecnologías. No sean funcionarios de la información. No te preguntes qué puede hacer tu periódico por ti para encumbrarte, sino que puedes hacer tú por tu periódico para dar solidez a la cabecera sin la cual no seríamos nada. Y la respuesta es clara: trabajar, no figurar ni pegar dentelladas que revelan impotencia. Trabajar sin complejos. Y alzar la voz de forma excepcional para que tu silencio por educación no se interprete como debilidad o sumisión.

La información sí que es como aquello que decían del campo: patrimonio del que lo trabaja. Ahí, sólo ahí, es donde deben competir los periódicos. Por eso los hay que se hacen un hueco.

A la vieja que está en misa siempre le molesta tener que desplazarse en el banco para dejar sitio a la jovencita. Se mueve a duras penas, refunfuña y lanza una mirada con desdén a la recién llegada que, en el fondo, acusa su propia miseria: la de la elegancia perdida, la de aquella señora que no ha sabido reinterpretar con el paso de los años aquel estilo de dama que encandilaba. No supo adaptarse. No supo renovarse. Comienza la misa y no reza: refunfuña. Siempre está mirando a la de al lado, con obsesión y tirria. Amén. O punto. Que recuerda a un bar del Arenal.

¿La naranja caída?

Carlos Navarro Antolín | 15 de julio de 2018 a las 5:00

Ayuntamiento. Javier Millán, portavoz de Ciudadanos en el ayunt

NADIE discute que la política es una montaña rusa, es un teatro cotidiano donde la gran verdad es que todo es falso y es también el terreno propicio para que las relaciones personales sean uniones temporales de intereses que se disfrazan de amistad. El elogio en política puede ser una daga, la crítica puede ser una maniobra para despistar la atención, pero el ninguneo, ay el ninguneo, es ese chorreón de vinagre barato que se vierte en una ensalada incomestible. Al portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento, Javier Millán, lo ninguneó su líder dónde y cuándo más escuece: en Sevilla y a diez meses de las elecciones municipales. Ocurrió el miércoles ante un auditorio que se quedó perplejo. Albert Rivera, presidente de un partido donde sólo Inés Arrimadas resta brillo al líder, se explayó al ponderar la figura de Manuel Valls, el ex primer ministro francés que se perfila como atractivo candidato naranja a la Alcaldía de Barcelona. Rivera citó el caso de Ana Hidalgo, la gaditana que ejerce de alcaldesa de París con toda naturalidad, y elogió de Valls su talante europeísta y moderado. Acto seguido, tras un largo discurso en el que jamás se refirió a Sevilla, se le preguntó directamente si Ciudadanos está necesitado de un Manuel Valls para la carrera electoral en la capital de Andalucía. La respuesta de Rivera fue de las que lo dicen todo, absolutamente todo, sin decir nada, absolutamente nada.

–¿No le gustaría tener un perfil parecido al de Manuel Valls para aspirar a la Alcaldía de Sevilla? ¿Echa en falta tener una cantera más amplia?
–Bueno, pues… Viendo a los competidores, tampoco veo demasiada cantera… En todo caso sí que le reconozco una cosa. Estamos incorporando talento a este proyecto. Las puertas están abiertas. Se pueden presentar independientes a las primarias, lo acaba de aprobar el consejo general del partido por unanimidad, lo cual no es fácil en política. Esto no lo ha hecho ningún partido. Lo lógico en un partido es meter los codos para que no entre gente buena. Y aquí, la unanimidad de un consejo general ha dicho sí a que se presente gente aunque no sean militantes. De hecho, la mitad de la ejecutiva que yo presido eran gente independiente. Juan [Marín] era independiente, no era de Ciudadanos cuando se incorporó. ¿Qué creo que hay que hacer? Abrir, buscar y encontrar gente, gente que está trabajando dentro y que está trabajando fuera. Así que yo, en este caso de las primarias de Ciudadanos, veo que hay gente que ha trabajado en el Parlamento que ha hecho una labor magnífica y que va a estar ahí. Y yo me alegro, pero también se abren las puertas a renovaciones e incorporaciones, porque ésa es la idea de Ciudadanos: seguir creciendo, seguir sumando y ser un partido unido. Fíjese en la diferencia. Somos un partido con primarias, con independientes, unido y creciente. Otros tienen un partido menguante, sin primarias, con división interna y, desde luego, sin independientes. Yo entiendo la política de otra manera, yo vine de la sociedad civil, de la empresa, me incorporé hace unos años a esto y creo que es bueno haber trabajado en otros ámbitos distintos a la política.

Rivera ninguneó a Millán. No lo citó. Ni siquiera para valorar su trabajo de más tres años en la oposición municipal. Ciudadanos tiene tres concejales, obtenidos en las elecciones de 2105, y a nadie escapa que el partido naranja no termina de capitalizar en Sevilla el auge de la marca en España, aunque Rivera y los suyos se hayan quedado ahora con cierta sensación de noqueo tras la moción de censura.

La verdad es que en procesos de designación de candidatos a la Alcaldía hemos visto vodeviles de todo tipo, pero jamás el ninguneo al que Rivera sometió a Javier Millán. Hemos presenciado a Arenas jugando con Raynaud, Soledad Becerril y Zoido de cara a las municipales de 2007. Hemos visto al PSOE barajando para 2011 al entonces alcalde Monteseirín, a Rosamar Prieto-Castro para un período interino, a la hoy ministra María Jesús Montero y, por supuesto, a Juan Espadas. Pero no veíamos a los líderes ningunear a los que, por el momento, estaban con un puesto en el Ayuntamiento. Al menos cumplían con la fórmula del elogio al “gran trabajo que se está haciendo”, una labor que “hoy por hoy” hacía acreedor al que estaba en el puesto de poder continuar, aunque el partido tiene “muchas personas válidas” para emprender con éxito la carrera electoral. Se ve que Rivera es distinto. Debe ser efecto de la nueva política. Millán no existe para el líder. Millán es consciente, de hecho, de dos claves fundamentales para su futuro político:no despega por sí, acaso aumentaría los concejales porque la marca nacional sumaría votos, y es consciente de que no es el deseado, sino el que pasaba por allí y dirige el grupo municipal con más ilusión que cabeza.

Rivera pudo haber ponderado la labor del grupo municipal de Ciudadanos, al menos para destacar su capacidad para dar estabilidad al gobierno de minoría de Juan Espadas. ¿Acaso no lo hizo con Juan Marín, que con sus solitarios nueve diputados ha hecho tanto bien por Andalucía, según repitió Rivera varias veces en su discurso?”. Rivera castigó a su portavoz municipal en Sevilla con un silencio de desprecio propio de la afición de la Real Maestranza, ese público cruel que, mientras el matador regresa al callejón con la cara descompuesta, busca al tío de las bebidas, aprovecha para ir a los aseos (orinaderos en el argot de la cartelería de la plaza) o estira las piernas mientras contempla el vuelo de los vencejos con la Giralda de fondo. Todo, menos dedicarle siquiera una mirada compasiva al diestro.

La puntilla de Rivera fue recurrir al mal de muchos para justificar la falta de un candidato ilusionante en Sevilla. “Viendo a los competidores, tampoco veo a demasiada cantera”. No defendió a su portavoz, se abonó al consuelo de tontos. Aceptamos Millán como candidato (o no) mientras se busca un Manuel Valls. Acto seguido, Rivera publicita una suerte de casting (primarias) al que invita a militantes e independientes. Y eso que sólo quedan diez meses para los comicios.

En política existen los candidatos cuneros, los candidatos a palos, los supercandidatos, los criados en las filas de las juventudes de turno, los paracaidistas y los que son ninguneados en su propia tierra por un presidente que viene de Madrid. Debe ser, claro que sí, la nueva política, la que no guarda las viejas formas hipócritas. Rivera nos dejó a Millán como una naranja caída. Y si Ciudadanos se la come como aspirante a la Alcaldía en 2019 es porque no hay otra. Sevilla busca un Manuel Valls. Si Millán se queda como candidato es por descarte. Ni Rivera ni Marín lo quieren. Lo clamoroso es que no lo disimulan. Hay silencios que apalean, hay naranjas sin vitamina, hay consuelos irritantes. Lo de aguantar como sea en el puesto sí que es propio de la vieja política. Ya lo dice Rivera: para como están los demás… Nos vale Millán, el ninguneado por el jefe en su propia plaza.