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La curva de septiembre

Carlos Navarro Antolín | 18 de agosto de 2018 a las 20:00

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el portavoz del grupo municipal del PP, Beltrán Pérez, firman el acuerdo de Presupuestos para 2018

CIUDADANOS trata de cerrar el fichaje de Manuel Valls para alcanzar la Alcaldía de Barcelona. El PP no tiene aspirante para las municipales en la capital catalana. Parece condenado a ser una fuerza residual, resignado a no tocar bola desde que los naranjas le han robado el espacio y desde que los policías y guardias civiles de Zoido protagonizaron una estampa demoledora para los intereses electorales del partido de la gaviota. Barcelona se mueve mientras el PP está a la espera del efecto Casado. En Sevilla debe subir unos grados el debate municipal, septiembre debe ser un aldabonazo en la vida política local, sumida en una tranquilidad extraordinaria para el actual alcalde, quien tiene un horizonte de citas fijas que le garantizan el relumbrón: los premios Goya, las fiestas mayores y la cumbre mundial del turismo. Añadan el período blanco de las navidades y tendrán, a priori, un calendario más que amable para Juan Espadas, cargado de esas convocatorias que permiten que la urbe esté “posicionada” en España y en el mundo, según la tesis preferida por el alcalde y sus colaboradores.

Ciudadanos se conforma por el momento con Javier Millán, quien es consciente de que será candidato en el supuesto de que su partido no encuentre un Manuel Valls para Sevilla a última hora. El PP no sabe si desear que lo halle, o si le interesa que siga Millán. El pacto de gobierno soñado por la derecha tras el 26-M necesita sumar 16 concejales. Las cuentas no salen con Millán, que no termina de despertar pasiones, pero podrían no interesar un candidato sorpresa si le resta votos a los peperos más que a los socialistas. A esto hay que añadir que Beltrán Pérez necesita un salto de calidad, unos meses finales con intensidad para emerger con fuerza. Necesita provocar el desgaste de un alcalde que no genera rechazo. Y en la lucha por ese objetivo vendrán las curvas a partir de septiembre. Uno de los flancos débiles de Espadas, al margen de las ratas en los barrios y de los árboles caídos que son convenientemente aireados en las redes sociales, vendrá por la política nacional. Al alcalde lo atacarán fundamentalmente por la vía de Pedro Sánchez, el presidente de los 84 diputados que es abucheado en Sanlúcar de Barrameda. La fiera ruge en el tendido y también en Bajo Guía. A Zapatero le pitaban el 12 de octubre.

Prepárense para Plenos municipales con reiteradas llamadas a asuntos de Madrid y a la explotación, además, de las desavenencias entre el Gobierno de la Nación y el de Andalucía. En dos meses ya hemos tenido la primera a cuenta del número de inmigrantes menores de edad que Andalucía se ve obligada a recibir. Espadas será atacado en el Salón Colón y en los pasillos del Ayuntamiento por su condición de miembro de un partido que se deja apoyar por los separatistas y proetarras, que no protege la figura del Rey en las manifestaciones y que provoca un irresponsable efecto llamada en los inmigrantes. Por eso se ventea que es “el alcalde del PSOE”, porque son las siglas las que se consideran vulnerables, y no, por el momento, la persona del alcalde.

El PP aprovechará el bajo perfil del candidato de Ciudadanos para tratar más que nunca de hacerse de nuevo con ese espacio electoral conservador que, en parte, se supone ocupado por el partido del Albert Rivera. La crisis de los árboles ha revelado el endurecimiento del discurso del Grupo Popular, que pidió dimisiones en cuanto se conoció el fallecimiento del sevillano de 74 años, mientras Ciudadanos se perdió en peticiones de comisión de investigación, que ya se sabe el rédito que han tenido las que se han organizado en la historia de la democracia. Solo una, la que montó Zoido por el derogado Plan Centro, tuvo alguna consecuencia. Y fue un tiro en el pie para el propio alcalde Zoido. El PP de entonces fue a por lana con aquella comisión y salió trasquilado.

Fíjense que a mitad de este agosto el PP ya ha presentado una serie de preguntas sobre la caída del árbol del Alcázar con el firme propósito de ir preparando para septiembre un ambiente de tensión. El principal grupo de la oposición busca demostrar que el accidente pudo ser evitado, que hubo negligencia en la conservación del arbolado y que, por lo tanto, su inicial petición de dimisión del delegado de Urbanismo estaba y está más que justificada. El Ayuntamiento informó de un herido leve el día del accidente. La víctima falleció a los dos meses. Será el asunto más delicado de los días de política local que se aproximan.
El alcalde no tiene ninguna responsabilidad directa en los asuntos de ámbito nacional, pero la política permite poner las luces largas o cortas a conveniencia. Al PP municipal le convendrá mucho mirar a Madrid, obligar al alcalde a pronunciarse sobre asuntos de la política que se cuecen en la capital mediante hábiles mociones presentadas en tiempo y forma, y ejercer un martilleo continuo para explotar en clave local los desaciertos, los cambios de criterios o las debilidades de la Moncloa. El empecinamiento de Zapatero en no admitir la crisis hundió la marca del PSOE, lo que afectó a sus alcaldes y candidatos en las municipales de 2011. Las primeras medidas de Rajoy en el Gobierno hundieron las opciones reales de Arenas de alcanzar la presidencia de la Junta. Cuanto ocurre en Madrid tiene consecuencias en la política a menor escala. La ola de Madrid, como dicen los gurús a sueldo, levanta o arrastra candidatos por toda España. En este modo de hacer política local son especialistas los grupos de Izquierda Unida y Participa Sevilla, que se pasan el mandato con mociones sobre asuntos en los que el Ayuntamiento no tiene competencia: el Sahara, los tipos de interés, las cláusulas suelo, el precio de la luz, Cuba, las políticas de Educación, etcétera. Se trata de ocupar los nichos que se consideran propios. Pocos votos, pero seguros.

Es previsible que Espadas sea hábil y pase a la acción por mucho que descarte siempre cualquier opción de ataque directo al rival político, pues no se conoce que haya venteado por el momento ningún trapo sucio de la era Zoido. Si le azuzan con Pedro Sánchez, es muy probable que el alcalde pueda defenderse metiendo el dedo en la llaga de un Pablo Casado, presidente del PP, previsiblemente imputado en el caso del máster. Con el más que probable fuego cruzado entre los dos grandes partidos, Ciudadanos tendrá que sacar beneficio de una vez en clave local, una tarea que sigue pendiente tras más de tres años con presencia en el Ayuntamiento, mientras los dos grupos de la izquierda más a la izquierda (Participa Sevilla e IU), unidos bajo el lema Adelante Sevilla, procurarán romper el techo de cinco concejales que ahora suman entre ambos, a los que solo se ha oído a cuenta de bochinches en el interior del Ayuntamiento, asuntos de memoria histórica o discursos alarmistas en el período de la pos-crisis económica.

El panorama que se avecina en Sevilla es un septiembre marcado por el inicio de la dureza en el debate político previo a las elecciones. Una de las mayores curvas del curso que viene será la negociación del presupuesto general de la ciudad, la herramienta que necesita todo gobierno para ejercer su labor y la ciudad para funcionar. Juan Espadas asumió varios compromisos de cara a esas cuentas (la bajada del IBI en un 5%, entre otros) a cambio de que el PP permitiera la aprobación de las de 2018. El PP de Beltrán Pérez, paradójicamente, le permitió gobernar en 2018. Ahora vienen tiempos de zancadillas, dedos acusadores y mucha crispación en las redes sociales en un contexto nacional donde unos y otros buscarán motivos para buscarse las vergüenzas.

La ciudad de Fernando

Carlos Navarro Antolín | 12 de agosto de 2018 a las 5:00

Eclipse de luna. Antonio Pizarro/Diario de Sevilla.

APENAS el tiempo de una primera nana con música de chicharra de agosto y con el sabor de dulces besos de bienvenida, apenas el tiempo de un Avemaría en los labios de una abuela para dar gracias por el alumbramiento, apenas el tiempo de poner el meñique entre tus minúsculos dedos para sentir el tacto de tu piel rosa, apenas el tiempo de unos prematuros y precoces achuchones, cuidados de capazo, ojitos cerrados. Fernando se ha ido fugaz, veloz, con el tiempo justo para ser Fernando, testimonio cierto de vida, con el tiempo preciso para dejar su huella entre los suyos, entre nosotros, una huella de patuco de miel, con ese amor limpio que brota de la verdad desnuda que son los recién nacidos. Su vida ha durado apenas el tiempo de una chicotá de la Virgen de la Esperanza, los cuatro zancos a tierra que Ella quiere bendecir a la criatura con su mirada; de un ir y venir de cualquier día y a cualquier hora, de un bendito plisplás en el que cabe, sublime contradicción, todo el amor y todo el vacío.

Apenas el tiempo de realizar cualquier actividad rutinaria, de las que se hacen cada día sin pensar, llevados por esa hermosa inercia de los actos de la vida cotidiana en la que todos le habíamos hecho hueco. Apenas el tiempo que se tarda en subir el puente de San Bernardo para buscar la presencia gozosa de la cigüeña, que ya sabrás, Fernando, que las zancudas aparecen por San Blas en los campanarios de Sevilla como lo hacen por la tierra de barros por donde tu sangre se hace extremeña. Apenas el tiempo que se dedica a dibujar el boceto del lienzo de tu vida, efímera existencia de color blanco donde todavía no caben baches de carboncillo. Apenas el tiempo que se emplea en modelar una nube de algodón dulce y rosa, que ahora, Fernando, tus algodones son las nubes de verdad, celestial parque de bolas para jugar, reír y saltar sin pensar en nada más, para imaginar garabatos en el aire y danzar en cualquier canasto de oro, y tus regalos serán los globos que mis hijos y tantos otros niños lanzan siempre para recreo de los querubines que en el cielo de Sevilla ya zascandilean contigo.

Apenas te ha dado tiempo de conocer tu ciudad y, fíjate, ya nunca te olvidaremos, santo inocente de este agosto, el tiempo en que todos huyen de Sevilla y, ay Fernando, Dios ha venido a por ti, precisamente a por ti, para acunarte en su regazo de noches frescas y amaneceres de espadaña, gorriones y cielos claros.

Apenas el tiempo de la procesión de la Virgen, sonrisa enigmática, palio de tumbilla y Niño Jesús calzado de oro, la Virgen que trajo el Rey Santo, patrón del que recibiste su nombre. Sale la Virgen, parto de nardos por la Puerta de los Palos, y se recoge tan fugaz que parece un sueño que a las pocas horas nos mantiene embriagados por las dudas. Y sabemos que todo fue cierto porque fue bello, que todo ocurrió porque fue auténtico, que todo fue verdad porque fue breve. Las cosas importantes en Sevilla siempre duran poco, como el tiempo de la Virgen en la calle, como tu existencia, Fernando, tus benditas horas con sabor a caramelo y melodía de tiernos gorjeos.

Apenas el tiempo para paladear tu presencia de nenuco, para saber que eres de los nuestros para siempre, cuando la ciudad es más ciudad porque hay más silencio y cuando huele al jazmín engarzado en las moñas tan efímeras y bonitas como tú. Apenas el tiempo que un mozo tarda en recorrer la cucaña y, zas, caer al río que nos lleva, que siempre nos conduce a la Sanlúcar de tu padre. Apenas el tiempo que un coche de punto tarda en abandonar el centro por la calle San José, adoquines, convento y San Nicolás al fondo, mientras el sonido de los cascos del caballo marca la distancia recta que conduce al arrabal de tus abuelos.

Apenas el tiempo, quizás, de un cambio de clase en las aulas de la Universidad donde se cruzaron las vidas de tus padres. Apenas el tiempo de una oración apresurada cuando el Señor busca ya la posada de su basílica en la noche alta, apenas el tiempo que tarda el sol en cobijarse en el horizonte de una playa del Puerto de Santa María, apenas el tiempo en que la luna flirtea con la Giganta con la imposible celestina de un eclipse, apenas el tiempo en que un vencejo se posa para hurtar las migas olvidadas en un velador, apenas el tiempo en que la noria de la vida tarda en subirte al trono y bajarte al cieno, apenas el tiempo que dura el dorado de una palma rizada en un balcón, apenas el tiempo que tarda en girar el torno de San Leandro cuando compramos yemas, o el de Santa Paula cuando vamos a por mermeladas y ofrecemos la mejor respuesta a un saludo de bienvenida: “Sin pecado concebida, hermana”.

Apenas el tiempo que tarda en pasar la cabalgata donde tú ya eres nuestro rey y nosotros los beduinos que mantendremos alegres tu recuerdo. Apenas el tiempo que tarda en despedirse la espuma blanca de las olas que se echan a morir en la playa de tu corta existencia. Apenas el tiempo que dura el cruce de miradas de la pareja que baila, o la manzanilla en dejarse caer por la venencia hasta la caña. Apenas el tiempo en que tardas en besar la mano de la Esperanza cada diciembre, apenas el tiempo justo en que los seises están estirados de puntillas cuando adoran a Dios.

Las cosas trascendentes de Sevilla están marcadas por el sello de la fugacidad. Escrito está que los niños no se mueren, nunca se mueren, son caireles que tintinean siempre a la vera del Refugio que alumbra tu barrio. Todo se compendia en tu pequeña vida de agosto, como toda la ciudad se concentra en el mes en que Sevilla es más Sevilla. Y Sevilla es ya para siempre la ciudad del niño Fernando.

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Javier Arenas, un superviviente en peligro

Carlos Navarro Antolín | 5 de agosto de 2018 a las 5:00

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“Yo me conformo ya con sentirme cómodo cuando llegue a la sede del partido”, confesó en un encuentro celebrado solo días antes de la moción de censura repentina que echó a Rajoy de la Moncloa. Javier Arenas no es ningún anciano. Cumplirá 61 años en diciembre en una España con una esperanza de vida por encima de los 80. Su virtud, o su lastre, es que lleva cuarenta años en la actividad política, de los que treinta y cinco los ha pasado en cargos públicos. Nadie en Andalucía se ha mantenido tantos años en activo en puestos tan distintos y preferentes. En una trayectoria tan dilatada le ha dado tiempo a cosechar grandes amistades tanto como a crearse un buen ramillete de enemigos, críticos y desafectos. Porque entre sus adversarios hay grados. Ha ejercido el poder con todas sus consecuencias: ha colocado a tanta gente como frustraciones ha provocado en quienes no fueron premiados con un puesto, y ha movido a su antojo a un buen número de peones, muchos de los cuales después se han rebelado tratando de darle por un político amortizado. Arenas lo ha sido casi todo en política. Suma tanto tiempo en el machito por dos razones fundamentales: posee cualidades brillantes (oratoria, intuición, astucia, capacidad de persuasión) y sabe sufrir cuando llega la hora. En la actual coyuntura, el lince de Olvera se encuentra ante la enésima adversidad. Pablo Casado, el nuevo líder de la derecha española, decidió dejarle sin cargos añadidos. El todopoderoso Arenas condenado a ser un senador raso. Pero en cuestión de horas, Arenas logró el asidero de la portavocía adjunta en el Senado, un punto de apoyo, testimonial si cabe si se aprecia su colosal currículum, pero una agarradera en la práctica para ir saliendo del paso y ganar tiempo para, quién sabe, reinventarse otra vez, asumir un nuevo rol.

Arenas se conforma de momento con esa portavocía adjunta, un tendido de Sol en el coso de la política para un político que ha disfrutado muchas veces del alivio de la sombra acomodado en las mullidas almohadillas del poder.

Nadie lleva tantos años en activo como Arenas. Ni Felipe ni Guerra. Ni Rojas-Marcos, que lo quiso fichar en su día para las filas andalucistas. Ni Soledad Becerril, ni por supuesto Chaves, Griñán o Zarrías, tres socialistas que penan en el banquillo por el caso de los ERE.

Arenas ha sobrevivido a varias crisis. Ahora ha quedado relegado tras perder Soraya Sáenz de Santamaría la batalla por la presidencia nacional del PP. Arenas se encuentra ante el precipicio, una situación que, no obstante, no es nueva en su trayectoria.

En 1986 era un prometedor edil democristiano por la denominada Coalición Popular en el Ayuntamiento de Sevilla cuando sufrió su primer golpe. Quedó descabalgado de la portavocía del grupo municipal al escindirse la AP de Manuel Fraga del PDP de Óscar Alzaga. Fue defenestrado pese a su ya considerable tirón mediático. En 1987 se presentó como cabeza de lista a las municipales por el PDP y obtuvo menos de 5.000 votos. No sacó ni su acta de concejal tras una campaña basada en el lema ‘Es capaz’, plasmado en unos carteles donde se veía a Arenas ante una batería de micrófonos. Tras este segundo tropiezo se dedicó a sus labores de parlamentario andaluz y a las de un despacho de abogados que fundó con Javier Alés y Luis Miguel Martín Rubio en una habitación del edificio María Luisa Park. Posteriormente se unieron Carlos Rosado y Juancho Fernández Trueba. El joven Arenas, que aún no tenía los 30 años cumplidos, aquel dirigente prometedor y mediático, conoció muy pronto las hieles de la política.

En 1989 fue reclutado para las filas del nuevo PP en una reunión celebrada en casa del macareno y concejal Manuel García, en la calle San Luis. Allí estaban de testigos dos jóvenes de Nuevas Generaciones, Juan Luis Muriel y Jaime Bretón, y el diputado nacional Juan Carlos Guerra Zunzunegui, muy vinculado a importantes empresas periodísticas. Al bautismo, pues, no le faltaban padrinos de peso. Todos le reconocían una enorme capacidad de liderazgo.

Tras la caída de Antonio Hernández Mancha y el ascenso de José María Aznar a la presidencia nacional del PP en el célebre congreso celebrado en Sevilla en 1990, éste tuvo claro quién sería su hombre para sustituir a Gabino Puche en Andalucía. Aznar siempre apostó por Arenas. Lo impulsó desde el principio. Arenas fue candidato a la presidencia de la Junta dos veces en una primera etapa: 1993 y 1996. En la primera le arrebató la mayoría absoluta al PSOE (dio lugar a la conocida como legislatura de la ‘pinza’ en la que el PP se alió con la IU de Luis Carlos Rejón para bloquear al gobierno) y en la segunda se quedó con 40 diputados y Chaves ya pudo gobernar con el PA con toda comodidad. En aquel tiempo cometió un error al dejarse fotografiar mientras el betunero del Hotel Palace daba lustre a sus zapatos. Aquella imagen le costó para siempre la injusta etiqueta de señorito andaluz. A Arenas se le podrán reprochar muchas cosas, pero no la de ser un  señorito.

En cualquier caso nunca dos derrotas fueron tan rentabilizadas en política. A Aznar le valió el aumento de votos que el PP obtenía en Andalucía para llegar a la Moncloa en 1996. El objetivo principal estaba cumplido. A Arenas no se le exigía entonces ganar las elecciones andaluzas. Su esfuerzo fue premiado con un largo período de sucesivos cargos de indudable peso: varias veces ministro, secretario general y vicepresidente del Gobierno. Dejó Andalucía, donde dicen que podía haber llegado a presidente al tercer intento, para protagonizar sus ocho años de mayor brillo personal.

Los atentados del 11-M de 2004 desalojaron al PP del Gobierno contra todo pronóstico. Arenas tuvo que regresar a la aventura regional. Cesó así la etapa de Teófila Martínez como presidenta del PP andaluz, vigilada siempre por el principal vicario de Arenas, Antonio Sanz. La verdad es que Arenas nunca dejó de tutelar el partido desde sus altos despachos en la capital. En esos momentos difíciles, el lince de Olvera demostró su enorme facilidad para pasar del Falcon presidencial al monovolumen de la sede regional del PP, de pasear por los jardines de la Moncloa a patearse los pueblos más perdidos de Andalucía. Una evolución parecida a la de ahora: de vicesecretario general en Génova y secretario general del grupo popular en el Senado, a mero portavoz adjunto en la Cámara Alta. Ahora no le alumbra más que la tenue luz de una velita de promesa después de haber disfrutado de todo un cirio pascual.
En su segunda etapa andaluza fue otras dos veces candidato a la presidencia de la Junta: 2008 y 2012. 2008, además, fue un año clave en lo orgánico. Su apoyo a Mariano Rajoy en el congreso de Valencia fue fundamental para que el gallego no fuera descabalgado de la presidencia del partido. Rajoy lo premió con una vicesecretaría general, aunque nunca lo hizo ministro. Algunos creen que por cautela en caso de que el sevillano resultara imputado a cuenta de las investigaciones judiciales del caso Bárcenas, en el que Arenas declaró como testigo en 2013.

En las autonómicas de 2008 obtuvo 47 diputados, pero Chaves recuperó la mayoría absoluta. En 2012, ¡qué amarga victoria!, ganó por primera vez las elecciones, con 50 diputados, pero quedó orillado del gobierno. Ha sido el golpe más duro de toda su carrera política. Sus más allegados se empeñaron entonces en dar por concluida su carrera política. Era el cuarto intento de alcanzar la Junta, esta vez lastrado por las medidas impopulares tomadas por Rajoy desde noviembre de 2011 para salvar a España del rescate económico. Las elecciones andaluzas fueron en marzo. Arenas tuvo al peor enemigo en casa en esos cuatro primeros meses del Ejecutivo de Rajoy, donde no había viernes sin el Consejo de Ministros recortando el estado del bienestar de todos los españoles.

Arenas desde entonces se conforma con influir en la sombra, con asistir desde una segunda fila a los acontecimientos. Ganó el congreso provincial de Sevilla en 2017 impulsando decisivamente a algunos de sus ‘nietos’, Beltrán Pérez y Virginia Pérez entre ellos, contra sus antiguos ‘hijos’, caso de  Juan Ignacio Zoido, José Luis Sanz, Juan Bueno o Ricardo Tarno. Hay una escena de la novela El Abuelode Pérez Galdos,  magistralmente llevada al cine por José Luis Garci, que retrata el momento en que todos los deudos del Conde de Albrit intentan confinarlo de buenas maneras en un monasterio con la excusa de proporcionarle comodidad en sus años de ancianidad. ¡Qué derroche de tacto! Cuando el viejo noble se da cuenta del ardid, comienza a protestar, les reprocha la conducta y, uno a uno, les recuerda cuánto hizo por sacarlos adelante. Arenas podría hoy afirmar mirando a la cara de sus antiguos pelotas: “A ti te coloqué en Madrid y te ayudé a acabar Derecho”, “A ti te coloqué a tu familiar en el Ayuntamiento del pueblo”, “A ti te firmé la carta de recomendación”, “A ti te hice delegado del Gobierno”.

Uno de sus grandes amigos auguraba en las vísperas de las votaciones del último congreso en Madrid que Arenas tenía interiorizado que su etapa política concluía con la marcha de Rajoy. Pero Soraya Sáenz de Santamaría lo citó entre sus colaboradores si se alzaba con la presidencia, y es cierto que el plenario del Hotel Marriot Auditorium recibió con aplausos su nombre.

Ganó Pablo Casado, el joven vicesecretario que siempre se ha referido en privado al político andaluz como “el maestro Arenas”, con el que ha almorzado casi todos los lunes tras los ‘maitines’. Pero la aviesa Cospedal se cobró su apoyo y Arenas fue descabalgado. Cospedal se ha afanado hasta el último minuto de su secretaría general en tratar de derribar a Arenas, para lo cual ha ido reclutando en los últimos años a aquellos que en tiempos fueron dóciles peones del lince de Olvera. Aquellos que se peleaban por jugar al pádel con Arenas, reservarle mesa en el Espigón, reunirse con él en Antares, estar a su lado en los cafés en Oriza, recogerle en Santa Justa cuando regresaba de Madrid para pedirle algún favor en el trayecto del coche… Y ahora no terminan de organizar su funeral después de llevar escribiendo su obituario político desde aquella noche electoral de 2012 en la que decenas de bandejas de canapés quedaron intactas.

A Arenas quizás le quede ahora la contemplación de pequeñas satisfacciones superadas ya las ilusiones por ser presidente del Congreso o del Senado. Es presidente de honor del PP andaluz, lo que le reviste de autoridad moral para pedir ser diputado o senador. Su ilusión sería ver de alcalde de Sevilla a Beltrán Pérez, o tal vez el aumento de alcaldías del PP en la provincia… Esas cuotas de poder que le permitan sentirse recibido con calor en el partido y en las instituciones (¡cómo le gusta regresar a los salones del Ayuntamiento sevillano!) y ser requerido por una nueva hornada de dirigentes que le pidan consejo.

Es tenido por muchos como el político andaluz más inteligente en la historia de la democracia. Hay quienes lo tienen por un trilero o un consumado engatusador. En cualquier caso ha creado escuela, es imitado hasta en su discurso y en sus gestos. Es el padre de la derecha andaluza. Hasta ahora se ha levantado después de cada traspiés. Ahora el ex vicepresidente del Gobierno quiere simplemente sentirse cómodo. Su vida es la política, no el despacho de abogados. Aznar apadrinó a un hijo suyo en la Macarena. Aznar ha vuelto a pisar la sede de Génova tras la victoria de Casado. Aznar ha logrado sentirse cómodo, otra vez, en Génova. La política no tiene memoria, sólo entiende de alianzas coyunturales. Y en esos tejemanejes, Arenas ha demostrado ser todo un druida. Y lo más difícil: un druida de larga trayectoria que sabe más por viejo… que por druida. Todo el día inventando pócimas para sobrevivir y estar cómodo. Todos los que lo quieren enterrar son deudos suyos cuando Arenas no tiene ni  la edad en la que Churchill fue Primer Ministro por primera vez. Javier Arenas, un niño de 60 años, un maestro del regate corto, todavía no ha dicho su última palabra, porque lo ha sido todo, lo ha vivido todo y nada es capaz de sorprenderle. Si estuviéramos en una cultura anglosajona, este andaluz tendría la agenda cargada de conferencias bien remuneradas y daría clases en varias universidades privadas sobre la vocación perenne, la habilidad para reinventarse, la capacidad para crear un partido hegemónico (una estructura fuerte sin riesgo de guerras cainitas) que represente a la derecha andaluza. Pero en esta tierra priman la envidia y el betunero. Quizás sus dos principales defectos hayan sido rodearse de demasiados mediocres y tenerle un respeto excesivo a una ciudad como Sevilla. El druida se enfrenta ahora al enésimo reto: hallar la pócima que le salve de un nuevo precipicio.

La verdadera competencia

Carlos Navarro Antolín | 18 de julio de 2018 a las 5:00

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LOS partidos de fútbol que alguien trata de ganar en los despachos nunca tienen la sal, la alegría, ni el jolgorio de los goles. Son, a lo sumo, victorias frías que nadie recuerda, nadie celebra, nadie rememora salvo para referir que fueron eso: triunfos administrativos. Son como el dinero ganado en la lotería: el primer día se celebra, a partir del segundo se oculta. Las victorias logradas por abogados o gerentes son gélidas en el mejor de los casos, porque el fútbol es pasión y emoción, es sentimiento y hasta memoria, por mucho que la legislación que convirtió los clubes en sociedades anónimas dejara el futuro de la mayoría de las entidades en manos de los accionistas y no de los socios.

En el periodismo ocurre tres cuartos bien despachados de lo mismo. El ejercicio romántico de hacer un periódico tiene mucho, muchísimo, de pasión. La verdadera competencia está en el kiosko con las ediciones de papel que por fortuna sobreviven, en las pujantes ediciones digitales, en lograr vertebrar una ciudad de 700.000 habitantes en tiempo récord, en escrutar el día a día de la urbe en titulares propios, en lograr que parte de la población se identifique con una marca, en conseguir un grado de penetración más que notable en sectores tradicionalmente atribuidos a otras marcas periodísticas. La información no se da ni se quita. Hay que trabajarla cada día, como el Rey se ha de ganar el empleo cada amanecer. Con esfuerzo, con dedicación, con cariño, con sacrificio. La información está ahí, hay que buscarla. Hay que cazar cada día el mamut de la noticia. Así es como se compite. No metiendo el pie como una guadaña al delantero que se ha escapado, sino metiendo tú los goles de los titulares de cada día. La verdadera competencia en periodismo no está en los despachos, no está en el dinero, no está en los ERE que encima te debilitan porque te restan recursos humanos, no está en las amenazas ni en las presiones a las fuentes que no te has trabajado, o que consideras que te deben llamar mientras te apoltronas en una silla, porque piensas que eres depositario de un privilegio que te concede la historia y el prestigio que otros trabajaron.

La verdadera competencia en periodismo está simple y llanamente en estar en la calle para obtener información, no para hacer amigos o llenarte la panza de canapés, no para tratar de ser un personaje a costa de la marca de la empresa, no para medrar socialmente por la vía de tu posición profesional lo que no recibiste por la cuna. La verdadera competencia está en ocupar los espacios sociales del otro con trabajo, simplemente con trabajo. Sin meter los codos, con humildad, con dedicación, con horas de presencia o ausencia según la conveniencia que dicta el interés periodístico, con la idea clara y firme de que prima la noticia de interés general por encima de la relación social particular, teniendo claro que la preferencia es del periódico (siempre del periódico) por encima de tu propia posición.

Bastaría recordar algunos principios básicos, sin pretensiones didácticas, con la única intención de refrescar normas de actuación que increíblemente parecen olvidadas. O a lo peor, maliciosamente orilladas. El periodista que compite con honradez y honestidad no espera a que le llamen, es él quien llama por teléfono. No aguarda la noticia, es él quién corre a su encuentro. No hace campañas a favor ni en contra de nadie, sólo procura ser el narrador omnisciente que siempre se guarda contactos en todos los bandos no por gusto o simpatías personales, sino porque el periódico (siempre el periódico) debe estar salvaguardado de fobias o intereses particulares o institucionales.

No hace muchos días que referimos a un alto directivo de los medios de comunicación la manía de algunos periódicos por entrar en campañas de todo tipo. Lo peor no es entrar –le dijimos– lo peor es perderlas. Hay especialistas en apostar siempre a los caballos perdedores. Y quien resulta dañado es el periódico (siempre el periódico).

La ciudad de Sevilla es como la información. No es patrimonio de nadie. Está ahí para quien quiera trabajar. Repetimos: en buena lid. La verdadera competencia es marcar la actualidad desde el Ayuntamiento a las cofradías, desde la Real Maestranza a los sindicatos, desde los colegios profesionales a los partidos políticos, desde los tribunales de Justicia a los clubes de fútbol. Y más hermoso es hacerlo cuando, repetimos, se trata de sectores que por tradición se consideran territorios exclusivos de tus propios competidores, colectivos en los que tienes el privilegio de narrar cómo son sus entrañas: desde la retransmisión de un comité ejecutivo de una formación política, a las votaciones para el pregonero de Semana Santa, pasando por las deudas fiscales de políticos de distinto signo.

La verdadera competencia es publicar con detalle los sucesos que otros no huelen, los tejemanejes de la mafia del taxi, los vídeos que desmontan las teorías paranoicas de la Madrugada, las restauraciones de la Catedral, las reformas en un monumento como la plaza de toros, el Palacio Arzobispal o de un edificio como el estadio del Sevilla, los ingresos de nuevos caballeros maestrantes, el informe de la juez Alaya poniendo a parir a Bolaños, el informe del inspector del SAS sobre el fraude en las clínicas dentales, la propuesta de tranvía que ha generado un debate de altura política, el nuevo mapa escolar o los nuevos criterios para gravar las herencias más modestas pese al enojo de la Junta de Andalucía. Sí, pese al enojo de esa Junta que dicen nos condiciona para hacer periodismo. La misma Junta que tuvo que dar explicaciones a toda España por el absurdo formulario de solicitud de plaza escolar donde los padres quedaban relegados a meros “guardadores” y se dividían en progenitor A y progenitor B.

La verdadera competencia es tener en cuenta que el adversario también puede hacer buen periodismo y que siempre, siempre, hay que aprender del rival y ser capaces de subirse cuanto antes al tren de los los temas que tus compañeros han puesto en marcha para tratar de capitalizarlos cuanto antes. “Hay que elogiar el mérito donde quiera que se halle”, enseñaba un histórico periodista.

Todo esto no se hace con dinero, mucho menos con despidos. Se hace con vocación, como enseñaba el inolvidable Antonio de la Torre en la redacción de Cardenal Ilundáin. En periodismo no se está por dinero ni para tratar de ser un personaje. Se está para sentir el enorme gozo de hacer un periódico cada día, ejercer el oficio más hermoso del mundo, experimentar el placer de fiscalizar al poderoso en beneficio de los débiles y, por supuesto, para no dejarse arrastrar por prejuicios o manías personales.
La verdadera competencia es lograr un rótulo de publicidad en la Plaza de Cuba, la cesión del manto camaronero de la Virgen de la Esperanza para una exposición institucional o, siendo un conjunto de cabeceras locales, tener corresponsales propios en la Guerra de los Balcanes o en un cónclave de Roma. La verdadera competencia es hacerse un hueco donde no lo había, abrir mercado donde todos tenían la toalla tirada o donde otros fracasaron en el intento. La verdadera competencia se hace pisando temas, no mordiendo cuellos. Siendo el primero en ofrecer información y análisis, fabricando un producto fresco y ágil, pegado a la realidad y exento de personalismos exagerados. La verdadera competencia se hace con equipos, no con sectas. Se hace estando en los actos sociales precisos y el tiempo necesario para cazar ese mamut de la noticia, no para promociones personales.

Compitamos siempre en los kioskos, haciendo periodismo, sin zancadillas. Con sagacidad y sin soberbia. Con anticipación y sin amenazas. Con el firme y legítimo interés de conquistar cada día mediante el trabajo y el esfuerzo los espacios que en periodismo no son el cortijo de nadie, sino del primero que los ocupa y sabe mantenerlos. Mala cosa cuando se trata de ganar en un despacho el partido que no se ha sido capaz de competir en el terreno de juego. Levanten el teléfono, trabajen, salgan a la calle, tomen el pulso, vibren con la actualidad, insistan ante las instancias oportunas, sean pesados. Aquí funciona lo de siempre por mucho que hayan evolucionado las tecnologías. No sean funcionarios de la información. No te preguntes qué puede hacer tu periódico por ti para encumbrarte, sino que puedes hacer tú por tu periódico para dar solidez a la cabecera sin la cual no seríamos nada. Y la respuesta es clara: trabajar, no figurar ni pegar dentelladas que revelan impotencia. Trabajar sin complejos. Y alzar la voz de forma excepcional para que tu silencio por educación no se interprete como debilidad o sumisión.

La información sí que es como aquello que decían del campo: patrimonio del que lo trabaja. Ahí, sólo ahí, es donde deben competir los periódicos. Por eso los hay que se hacen un hueco.

A la vieja que está en misa siempre le molesta tener que desplazarse en el banco para dejar sitio a la jovencita. Se mueve a duras penas, refunfuña y lanza una mirada con desdén a la recién llegada que, en el fondo, acusa su propia miseria: la de la elegancia perdida, la de aquella señora que no ha sabido reinterpretar con el paso de los años aquel estilo de dama que encandilaba. No supo adaptarse. No supo renovarse. Comienza la misa y no reza: refunfuña. Siempre está mirando a la de al lado, con obsesión y tirria. Amén. O punto. Que recuerda a un bar del Arenal.

¿La naranja caída?

Carlos Navarro Antolín | 15 de julio de 2018 a las 5:00

Ayuntamiento. Javier Millán, portavoz de Ciudadanos en el ayunt

NADIE discute que la política es una montaña rusa, es un teatro cotidiano donde la gran verdad es que todo es falso y es también el terreno propicio para que las relaciones personales sean uniones temporales de intereses que se disfrazan de amistad. El elogio en política puede ser una daga, la crítica puede ser una maniobra para despistar la atención, pero el ninguneo, ay el ninguneo, es ese chorreón de vinagre barato que se vierte en una ensalada incomestible. Al portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento, Javier Millán, lo ninguneó su líder dónde y cuándo más escuece: en Sevilla y a diez meses de las elecciones municipales. Ocurrió el miércoles ante un auditorio que se quedó perplejo. Albert Rivera, presidente de un partido donde sólo Inés Arrimadas resta brillo al líder, se explayó al ponderar la figura de Manuel Valls, el ex primer ministro francés que se perfila como atractivo candidato naranja a la Alcaldía de Barcelona. Rivera citó el caso de Ana Hidalgo, la gaditana que ejerce de alcaldesa de París con toda naturalidad, y elogió de Valls su talante europeísta y moderado. Acto seguido, tras un largo discurso en el que jamás se refirió a Sevilla, se le preguntó directamente si Ciudadanos está necesitado de un Manuel Valls para la carrera electoral en la capital de Andalucía. La respuesta de Rivera fue de las que lo dicen todo, absolutamente todo, sin decir nada, absolutamente nada.

–¿No le gustaría tener un perfil parecido al de Manuel Valls para aspirar a la Alcaldía de Sevilla? ¿Echa en falta tener una cantera más amplia?
–Bueno, pues… Viendo a los competidores, tampoco veo demasiada cantera… En todo caso sí que le reconozco una cosa. Estamos incorporando talento a este proyecto. Las puertas están abiertas. Se pueden presentar independientes a las primarias, lo acaba de aprobar el consejo general del partido por unanimidad, lo cual no es fácil en política. Esto no lo ha hecho ningún partido. Lo lógico en un partido es meter los codos para que no entre gente buena. Y aquí, la unanimidad de un consejo general ha dicho sí a que se presente gente aunque no sean militantes. De hecho, la mitad de la ejecutiva que yo presido eran gente independiente. Juan [Marín] era independiente, no era de Ciudadanos cuando se incorporó. ¿Qué creo que hay que hacer? Abrir, buscar y encontrar gente, gente que está trabajando dentro y que está trabajando fuera. Así que yo, en este caso de las primarias de Ciudadanos, veo que hay gente que ha trabajado en el Parlamento que ha hecho una labor magnífica y que va a estar ahí. Y yo me alegro, pero también se abren las puertas a renovaciones e incorporaciones, porque ésa es la idea de Ciudadanos: seguir creciendo, seguir sumando y ser un partido unido. Fíjese en la diferencia. Somos un partido con primarias, con independientes, unido y creciente. Otros tienen un partido menguante, sin primarias, con división interna y, desde luego, sin independientes. Yo entiendo la política de otra manera, yo vine de la sociedad civil, de la empresa, me incorporé hace unos años a esto y creo que es bueno haber trabajado en otros ámbitos distintos a la política.

Rivera ninguneó a Millán. No lo citó. Ni siquiera para valorar su trabajo de más tres años en la oposición municipal. Ciudadanos tiene tres concejales, obtenidos en las elecciones de 2105, y a nadie escapa que el partido naranja no termina de capitalizar en Sevilla el auge de la marca en España, aunque Rivera y los suyos se hayan quedado ahora con cierta sensación de noqueo tras la moción de censura.

La verdad es que en procesos de designación de candidatos a la Alcaldía hemos visto vodeviles de todo tipo, pero jamás el ninguneo al que Rivera sometió a Javier Millán. Hemos presenciado a Arenas jugando con Raynaud, Soledad Becerril y Zoido de cara a las municipales de 2007. Hemos visto al PSOE barajando para 2011 al entonces alcalde Monteseirín, a Rosamar Prieto-Castro para un período interino, a la hoy ministra María Jesús Montero y, por supuesto, a Juan Espadas. Pero no veíamos a los líderes ningunear a los que, por el momento, estaban con un puesto en el Ayuntamiento. Al menos cumplían con la fórmula del elogio al “gran trabajo que se está haciendo”, una labor que “hoy por hoy” hacía acreedor al que estaba en el puesto de poder continuar, aunque el partido tiene “muchas personas válidas” para emprender con éxito la carrera electoral. Se ve que Rivera es distinto. Debe ser efecto de la nueva política. Millán no existe para el líder. Millán es consciente, de hecho, de dos claves fundamentales para su futuro político:no despega por sí, acaso aumentaría los concejales porque la marca nacional sumaría votos, y es consciente de que no es el deseado, sino el que pasaba por allí y dirige el grupo municipal con más ilusión que cabeza.

Rivera pudo haber ponderado la labor del grupo municipal de Ciudadanos, al menos para destacar su capacidad para dar estabilidad al gobierno de minoría de Juan Espadas. ¿Acaso no lo hizo con Juan Marín, que con sus solitarios nueve diputados ha hecho tanto bien por Andalucía, según repitió Rivera varias veces en su discurso?”. Rivera castigó a su portavoz municipal en Sevilla con un silencio de desprecio propio de la afición de la Real Maestranza, ese público cruel que, mientras el matador regresa al callejón con la cara descompuesta, busca al tío de las bebidas, aprovecha para ir a los aseos (orinaderos en el argot de la cartelería de la plaza) o estira las piernas mientras contempla el vuelo de los vencejos con la Giralda de fondo. Todo, menos dedicarle siquiera una mirada compasiva al diestro.

La puntilla de Rivera fue recurrir al mal de muchos para justificar la falta de un candidato ilusionante en Sevilla. “Viendo a los competidores, tampoco veo a demasiada cantera”. No defendió a su portavoz, se abonó al consuelo de tontos. Aceptamos Millán como candidato (o no) mientras se busca un Manuel Valls. Acto seguido, Rivera publicita una suerte de casting (primarias) al que invita a militantes e independientes. Y eso que sólo quedan diez meses para los comicios.

En política existen los candidatos cuneros, los candidatos a palos, los supercandidatos, los criados en las filas de las juventudes de turno, los paracaidistas y los que son ninguneados en su propia tierra por un presidente que viene de Madrid. Debe ser, claro que sí, la nueva política, la que no guarda las viejas formas hipócritas. Rivera nos dejó a Millán como una naranja caída. Y si Ciudadanos se la come como aspirante a la Alcaldía en 2019 es porque no hay otra. Sevilla busca un Manuel Valls. Si Millán se queda como candidato es por descarte. Ni Rivera ni Marín lo quieren. Lo clamoroso es que no lo disimulan. Hay silencios que apalean, hay naranjas sin vitamina, hay consuelos irritantes. Lo de aguantar como sea en el puesto sí que es propio de la vieja política. Ya lo dice Rivera: para como están los demás… Nos vale Millán, el ninguneado por el jefe en su propia plaza.

Todos con un robot en diez años

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2018 a las 20:45

Presentaci¿n de un robot, con forma de rana, que servir¿ de gu¿a para turistas

Imagen de archivo de un robot que hace de guía turístico en el Real Alcázar

Los robots están ahí, han llegado como el tapicero a su ciudad, señora. Más de la mitad de los empleos andaluces se verán afectados en diez años por la automatización, sobre todo si se trata de jóvenes con escasa formación, según el estudio de la Asociación de Empresarios del Sur de España (Cesur), que alaba la mejora en la cifras del desempleo. A mayor formación, menor es el riesgo de que un robot te mande a sufrir los lunes al sol. Y si nuestra actividad profesional requiere de muchas habilidades cognitivas e intelectuales, más difícil será que el robot nos derribe como el toro al caballo por mucho que embista contra el peto de la competitividad. Del estudio de Cesur concluimos que por mucho que el mundo sea cada día más globalizado y esté más tecnificado, siguen vigente los valores de siempre que algunos pretenden orillar: la lectura como ejercicio intelectual, la necesidad de formación humanística y el desarrollo de un perfil que nos haga distintos y por tanto difíciles de ser sustituidos por una máquina. Y ninguna de estas virtudes, qué cosas, se consigue sin hincar codos previamente, sin la fundamental adquisición del hábito de estudio, sin conocer de dónde venimos, sin practicar la memoria (no la memorieta), el espíritu crítico (no la crispación de las redes sociales) o la escritura (no el tuit que simboliza el pensamiento ligero de hoy). Quién nos iba a decir que el mejor blindaje para seguir en el mercado de trabajo en la Andalucía de los próximos diez años sería el desarrollo del intelecto, cuando justamente algunos comerciales de la Educación nos venden un futuro donde todo queda reducido a saber relacionarse en equipos, hablar idiomas y estar dispuestos a aceptar un empleo en la India. Alguno ha malinterpretado a conciencia la enseñanza de don Alfonso de Cossío, que cuestionaba para qué aprenderse los artículos del Código Civil pudiendo llevar el pequeño volumen bajo el brazo. El problema de hoy, aplicado al ejemplo descrito, es ignorar cuestiones preliminares básicas: qué es un código, quiénes impulsaron el derecho codificado o cómo se sistematiza un código. La mera indagación de datos sin el cultivo previo de la memoria productiva (esfuerzo) conduce al conocimiento frío, no digerido y que, por lo tanto, no produce beneficios reales en el sujeto. Estudiar no es divertido, por mucho que nos lo repitan. Es una actividad seria que requiere de esfuerzo y que, por supuesto, puede resultar edificante.

Corremos el riesgo de alentar generaciones de alumnos capaces de hablar varios idiomas pero de no saber escribir tres frases seguidas correctas en la lengua materna. Más que nunca, lo reitera el referido estudio, es necesario el ejercicio intelectual. Ya se sabe que los grandes economistas, qué revelador, han sido filósofos antes que nada.

Lejos de ver la robotización como una amenaza, conviene apreciarla como una ayuda, un acicate, una oportunidad para mejorar la producción. A veces más valdría que un robot nos sirviera el café o nos vendiera el periódico, dado el poco esmero del sector servicios. Seguro que el robot te cambia el tenedor sucio por uno limpio en el segundo plato, te responde las gracias, te las da directamente, como hace la máquina de tabaco, o incluso te pone directamente el vaso de agua junto al café sin necesidad de reclamarlo. Un robot podría ejercer la oposición en el Parlamento de Andalucía como Dios manda, regular la parada de taxis en el Aeropuerto, crear un sistema de sombra en la Avenida para las horas de máximo calor, o escrutar el público que cada día de festejos se concentra en la Puerta del Príncipe para chivarte quiénes son los trincones de foto que se colocan por segundo o tercer día consecutivo.

Hasta podríamos esperar la fabricación de un robot con cierto malaje, sello distintivo de la eficacia en versión local.

Del interesante estudio de Cesur, llama la atención la caída de la industria de la madera y el corcho y de otras asociadas a las actividades de la construcción. Habría que precisar a qué corchos se refiere, porque tenemos claro que hay determinados corchos de la sociedad sevillana que han resistido estupendamente la crisis, como se ve en las fotos de los actos y otros saraos, pero esto ya es digno de otro estudio. Y se necesitará un modelo de robot de vanguardia para quitar a algunos de las fotos, porque los hay que han sacado cum laude en el máster de habilidades.

La gran ventaja del PP de Sevilla en las primarias

Carlos Navarro Antolín | 8 de julio de 2018 a las 6:00

PP

LA máquina estaba perfectamente engrasada. Es la ventaja de quienes hicieron su revolución particular, que cuando llega una crisis que no es particular, sino que afecta a todas las estructuras, a algunos les pilla con el cuerpo preparado, el ánimo entrenado y la lección aprendida. La pérdida de la Moncloa dejó al PP en estado de conmoción y, al mismo tiempo, con la obligación de efectuar un relevo exprés en los despachos de la sede la calle Génova. El PP de Sevilla llevaba un año de resaca pública (y publicada) por el congreso provincial que sacudió su vida interna y que supuso la renovación de sus cargos en una operación no exenta de traumas. En el mapa nacional del PP, Sevilla ha sido el campo de batalla de dos líderes nacionales: Arenas y Cospedal. Siempre ha ganado Arenas. Entonces y ahora. Ya lo dijo alguien con sentido del humor esta semana: “El PP no está preparado para ganar un congreso sin Arenas”.

Andalucía ha sido fundamental para Soraya Sáenz de Santamaría, los telediarios nacionales así lo han reflejado, pero Sevilla ha sido especialmente clave. La circunscripción sevillana ha sido la que más votos ha dado a la ex vicepresidenta del Gobierno: 1.688. Más del doble de los sufragios conseguidos por María Dolores de Cospedal. Es más, Sevilla ha sido la provincia de España donde más diferencia de votos ha habido entre Sáenz de Santamaría y Pablo Casado: un total de 1465 votos. Y todas estas cifras, tan contundentes e incontestables, han sido generadas por una estructura de partido que venía de vivir una fortísima crisis interna a todos los niveles: desde el superior, con la rivalidad entre Arenas y Cospedal, hasta al nivel intermedio, con la refriega entre Virginia Pérez y Beltrán Pérez y los componentes de la denominada mesa de camilla que ha controlado el PP en los últimos lustros, a la que se sentaban Ricardo Tarno, José Luis Sanz y Juan Bueno.

El PP de Sevilla le ha sacado un enorme rédito a aquellos días tensos del congreso provincial. Tenía la maquinaria interna a punto cuando se ha producido la gran sacudida del desalojo de Rajoy de la Moncloa y se ha activado el congreso extraordinario con unas primarias inéditas en la historia del partido. Sevilla ha demostrado jugar con la ventaja de la experiencia. La capacidad de movilización en favor de Soraya Sáenz de Santamaría deja muy reforzada a la combativa presidenta Virginia Pérez, que supo primero virar rápida y hábilmente desde un apoyo expreso a Feijóo hasta una apuesta decidida por Soraya. Además, tuvo el gesto de acudir como presidenta provincial a los actos electorales tanto de Cospedal en Tomares, como de Pablo Casado en la sede regional de la calle San Fernando.

La jornada del jueves deja otras muchas claves de interés para comprender la transformación de las estructuras del PP sevillano. La figura de Zoido queda muy diluida en Sevilla, con independencia de que acuerdos de última hora puedan salvarle de alguna forma con la asignación de algún papel en la estructura del partido en Madrid. Cospedal debió oler esa pérdida de influencia del ex alcalde cuando su único acto electoral en la circunscripción sevillana lo hizo en Tomares. La secretaria general no pisó la capital pese a contar con el apoyo del ex alcalde. No se atrevió. El escrutinio le ha dado la razón. Resultó llamativo que en su distrito de Nervión, pese a su implicación personal, Zoido no ha podido sacar adelante a sus candidatos como compromisarios (uno era el ex presidente del partido, Juan Bueno, y la otra Alicia Martínez, parlamentaria andaluza) frente a un veterano concejal (Jaime Ruiz) y la nueva presidenta del distrito (Inmaculada Gallardo) que trabaja en el grupo municipal que lidera Beltrán Pérez.

En el distrito de Triana, el trabajo discreto y eficaz de Rafael Belmonte y Mario Muñoz Seca (muy alejados del estereotipo tradicional del trianero) ha dejado fuera de órbita en poco menos de año y medio a una figura clave del zoidismo como Curro Pérez, que hasta hace pocos días era nada menos que el jefe de gabinete del ministro del Interior. El resultado para los partidarios de Zoido ha sido un espanto en Triana, donde han sido vencidos por más del triple de l os votos. En el distrito de los Remedios, tan solo Eloy Carmona ha conseguido su condición de compromisario y queda como solitario símbolo del zoidismo.
No ha habido oposición al aparato provincial en el Casco Antiguo, Cerro-Amate, Macarena, Norte o la Palmera-Bellavista (donde Luis Miguel Ruiz, beltranista acérrimo, controla el distrito). En los distritos Sur y San Pablo aumenta la distancia de los ahora oficialistas con respecto a los componentes del anterior equipo de gobierno. Los chicos de Nuevas Generaciones se comportaron como siempre: alineados con Virginia y Beltrán Pérez. En el Este, Francisco Ibáñez, beltranista desde primera hora fue el único candidato.

Los líderes del movimiento manijero, el que se hizo con las riendas del partido en el congreso provincial, movilizaron como nunca a sus votantes llevándolos hasta las mesas electorales. Los escasos referentes del zoidismo (localizados en municipios como Tomares, Mairena del Aljarafe y Espartinas) no lograron meter una cantidad de votos importante para Cospedal. Llamativos han sido los casos de Alcalá de Guadaíra y Dos Hermanas, donde las filas del partido parecen pacificadas a tenor de los resultados. Una cuestión distinta es que el PP haya cogido fuerza como para obtener buenos resultados en unas elecciones. No se debe confundir la interpretación de estos comicios internos con el mayor o menor músculo que tenga el partido en cada municipio de cara a unos comicios donde deberá batirse con otras formaciones. El PP tiene en Dos Hermanas, por ejemplo, las mismas posibilidades de ganar la liga que la Agrupación Deportiva de Ceuta de jugar la Champions.

Javier Arenas y Virginia Pérez votan en la sede del PP-A (calle San

 

En el PP sevillano se cumple desde el jueves el aforismo de Gramsci: “Toda fuerza emergente tiende a hacerse hegemónica”. Una victoria definitiva del sorayismo el 20 de julio facilitará el poder absoluto del aparato actual del partido. Y un mandato de Pablo Casado le otorgará, como mínimo, plena independencia . “Respetaré la autonomía provincial y regional”, proclamó en su reciente discurso de campaña en la sede regional en Sevilla.

El error de Zoido y los partidarios sevillanos de Cospedal ha sido, quizás, utilizar las estrategias antiguas en tiempos nuevos. En fútbol ya no ganan siempre los alemanes, pero en política suelen seguir ganando los aparatos. Los liderazgos de hoy exigen ser renovados cada día, como el mismo Rey Juan Carlos decía que debía ganarse el puesto cada día. El caso de Arenas confirma esta teoría: ha demostrado una tremenda habilidad para bajarse del falcon de ministro y subirse a la furgoneta del PP andaluz; para no dejar de actualizarse, ni de aprenderse los nombres de los nuevos miembros de Nuevas Generaciones de Sevilla que no habían nacido cuando él ya estaba en la pomada. Se ha empleado con tal intensidad que nadie ha logrado echarle. Su caso ya es digno de estudio. ¿Qué personaje de la política andaluza y sevillana suma tantos años seguidos en puestos de influencia?

La gran derrotada de las primarias es Cospedal, tanto en toda España como en Sevilla. Resulta sorprendente que toda una secretaria general no haya tenido el apoyo de ninguno de los lugartenientes de Rajoy. Arenas y Ayllón han estado con Soraya, mientras que Maroto y Levy han apoyado a Casado. Cospedal no ha sabido tejerse una red de apoyos pese al enorme poder interno que ha ostentado durante años. Sus aliados en Sevilla parece que han sacado más de ella de lo que ellos le han aportado. El único que ahora depende de sí mismo es el senador José Luis Sanz, al que le basta con revalidar la Alcaldía de Tomares, pues el poder territorial es el mejor aval en la política. Todos los demás quedan en tenguerengue, a la espera de componendas en la formación de una nueva ejecutiva. El PP de Sevilla ha quedado pacificado. Los ganadores lo han demostrado casi con la crueldad que es marca de esta tierra.

La misma historia en los bares nuevos

Carlos Navarro Antolín | 5 de julio de 2018 a las 17:41

10.4.2000 BARES FOTO.FLORES ESQUIVIAS
La historia no se repite. Es la misma, que decía don José Luis Murga, catedrático de Derecho Romano. Un local del centro se lleva años sin actividad, con la estética de cristales pintados y el cartel que ofrece su venta o alquiler. Un buen día, superada la crisis económica, aparecen los albañiles, los fontaneros, el tío del yeso, el electricista, el contratista y toda la cuadrilla que son la antesala de la reapertura tras años de páramo. Cuando por fin llegan los muebles se deduce, cómo no, que abrirá un nuevo bar en la ciudad de los bares: la barra, los veladores, la máquina del tirador, la cámara frigorífica, la vitrina de los helados… El casco antiguo de Sevilla, en el fondo, es un gran apartamento turístico con una gran cantidad de bares. Vivimos de convertir el ocio en negocio. Así vamos tirando, felices en la indolencia que forma parte de la heráldica de la ciudad. Aquí suprimen la festividad de San Fernando y el santo no dice ni mú, no se queja, sigue tumbado en la urna de plata. Y algunos cuentan con ventaja porque tienen muy claro que la ciudad de hoy sigue el ejemplo del rey por antonomasia.

La obra del nuevo bar avanza con todo su ruido y su polvo, con sus parones para almorzar, bocadillos, papel de plata, fiambrera y lata de Águila Amstel, hasta que un buen día los cristales opacos se convierten en lunas que dejan apreciar el esplendor de lo nuevo y todo huele a pintura. Incluso un decorador ha trabajado para crear una atmósfera nueva, acogedora, con unas luces amables que evocan el ambiente de un gran café parisino. La carta está muy cuidada, con una relación de zumos de frutas muy original. Las tazas para los cafés son de diseño: tratan de emular el estilo Art Decó. Los camareros no visten de negro, sino camisas blancas. El cliente que llega es saludado y acomodado en una mesa por un dependiente que hace la puerta. La barra también es cómoda, con taburetes de base amplia.

El gran problema, donde todo esfuerzo del inversor se hace baldío, es cuando se trata de pedir un simple café mientras cuatro camareros se entretienen con un lavavajillas que despide el vapor propio de la tarea recién finalizada. Se dedican a observar el lavavajillas como si una nave marciana acabara de aterrizar. Después estos cuatro magníficos pasan a discutir quién recoge los vasos sucios de un velador del interior, se olvidan del vaso de agua que se les ha reclamado por enésima vez, o se entretienen en buscar una de las frutas que deben ser exprimidas para un zumo. Se han olvidado, sin saberlo, de quién es el protagonista principal del establecimiento, de quién permitirá amortizar la inversión del negocio en el que, por fin, han encontrado un empleo. Al garete el Art Decó, las luces de época y la carta selecta. El cliente de muchos bares es sencillamente la cuarta o quinta prioridad.

Si se han preguntado alguna vez por qué triunfan algunas tabernas muy pequeñas, donde los clientes se apostan en el exterior hasta en invierno, no duden nunca de la respuesta: por el oficio del camarero y por la presencia continua del ojo del dueño. En hostelería pasa como con el periodismo: de nada sirve una web potente si no hay noticias propias, de nada sirve la inversión en diseño, las nuevas tecnologías para apuntar la comanda, si no hay un profesional detrás de la barra. En esta ciudad quisieron montar una escuela de hostelería para enseñar a atender al público y la cosa acabó en el caso de los ERE que se ha llevado por delante a dos ex presidentes de la Junta, ¿recuerdan?

Un día se produce el persianazo del negocio de marras y quizás algunos de los que miraban el lavavajillas se justificarán en su fuero interno: es que la cosa está muy mala. Y tal vez se apunten a un máster. Nunca sabrán la verdad. Nunca les enseñarán o, aun peor, nunca querrán aprender. El local volverá a los cristales pintados, a la inactividad, a la estética de abandono y polvo. Y, al menos, el día que reabra porque un incauto se decida a hacer una nueva inversión, volverán a tener trabajo el fontanero, el electricista y el tío del yeso. Que nunca falte el optimismo a falta del café. Y así vamos tirando con el diseño, la selección de personal y otras gaitas, mientras esos bares pequeños acumulan años y décadas de éxito sin que nadie se fije en la verdadera razón: el oficio. La suprema lección de ponerle manteca al bollo y dejarse de… lavavajillas.

Arenas sale del burladero y apoya a Soraya en las primarias del PP

Carlos Navarro Antolín | 2 de julio de 2018 a las 12:55

LOCAL-POLÍTICA-PP-PRIMARIAS

FUE en Almería, la primera vez fue en Almería, ay Javié. Como la sevillana de Salmarina, célebre por la película de Saura para el 92, pero cambiando el topónimo y el ay chiquilla por el incombustible Arenas. El lince de la política andaluza estaba agazapado en su particular coto de cara a las primarias. Sabíamos de sus movimientos porque está fichado como buen lince protegido, pero no se dejaba ver. ¿Dónde está Arenas?, preguntaba la militancia con cierto morbo mientras veía cómo los ex ministros iban tomando posiciones en favor de los candidatos. Pero de Javié nadie decía nada. Todos callaban. Silencio, se pregunta por Arenas. Pues está con cualquiera, decían, menos con Cospedal. Y estará por encima de todo con quien resulte ganador. Después del fiasco de Feijóo se daba por hecho que Javié estaría con Soraya, aunque también sin perder la interlocución con Pablo Casado, que ya se sabe la capacidad del andaluz de conectar con los jóvenes, sobre todo si le recuerdan a su dilecto Beltrán Pérez. Pero no había ni una foto, ni un tuit que levantara acta de las preferencias de Arenas. Veíamos al fiel escudero Antonio Sanz, vicario general del arenismo en Andalucía, arropando a la ex vicepresidenta por las calles de Málaga junto a Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) y un Elías Bendodo peregrinando en botines. Pero nada de Javié, convertido durante unos días en una especie de ausente de oro como, de hecho, estuvo en el período previo al polémico congreso del PP de Sevilla. Nunca se le vio apoyando a Virginia Pérez de forma expresa, aunque todos sabíamos por el humo (cigarro rubio) dónde estaba el fuego…

A la presidenta provincial, por cierto, la hemos visto naturalmente con Soraya, pero también con Cospedal en Tomares (Me colé en una fiesta) y con Pablo Casado en la sede regional.

La ausencia de Javié ha sido una constante en estas primarias hasta el pasado domingo. Fue en Almería, ¿dónde iba a ser tratándose de Arenas? La primera vez fue en la Almería dorada. No en Sevilla, a la que Arenas tiene más jindama que un torero a los autobuses que van para Cádiz: Los Amarillos. O hasta más miedo que la propia Cospedal, que para su acto sevillano prefirió Tomares a la propia capital. Qué tendrá Tomares, qué tendrá el turrón.

Arenas apretó los dientes el domingo, salió del burladero y aplaudió a Soraya en Almería. Lo hizo a cazadora abierta, que es el grado máximo de apoyo en el código particular de Javié, mucho más importante que el apretón de mejillas o el medio abrazo, que es el que se da solo con los antebrazos.

Pues ya sabemos con quién está Javié. Por fin. La verdad se nos ha revelado como una luz cegadora. Dicen que las ocho provincias andaluzas están divididas de cara a las primarias. Pero en realidad son nueve. Arenas es la novena provincia andaluza en el mapa del PP, como en tiempos de la España de la UCD era Murcia. Fue en Almería, la primera vez… Ay, Javié.

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Sevilla, en manos de los ‘influencers’

Carlos Navarro Antolín | 27 de junio de 2018 a las 16:34

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Como el banderillero que alcanza el sillón de cargo público a fuerza de degenerar, Sevilla degenera de tal forma y a tal velocidad que está ahora en manos de los ‘influencers’, que son una suerte de combinación entre canis y noveleros con miles de seguidores en las redes sociales. Estamos de enhorabuena porque los ‘influencers’ nos recomiendan como destino turístico. Ni los viajeros románticos del XIX ni los esfuerzos de Espadas y Muñoz por captar chinos de pantalón corto para los salones del Alfonso XIII. Aquí dominan las redes sociales, el nuevo cortijo con sus correspondientes nuevos capataces. Cada vez que hay una cola de adolescentes hormonados en la puerta de un comercio de Velázquez o Tetuán, ya sabemos que se trata de la visita fugaz de un ‘influencer’ al que la muchachada adora como al nuevo vellocino de oro. Debe ser que estamos convenientemente “bien posicionados en esos nuevos escenarios de influencia”, que diría el alcalde. Hemos pasado de vender destinos en Fitur, con los otrora cacareados operadores del sector, a posicionar la urbe como destino en las redes, con los influyentes de nuevo cuño, siempre según el código lingüístico-cuchufleta de cada momento. Los ‘influencers’ son nuestros nuevos señores, dicho a lo Mañara. La lista de los que recomiendan la ciudad como destino turístico está formada por nombres como Dulceida, Álex Chiner, Alba Paul, María Pombo, Marta Lozano, Marta Pombo, Sara Baceiredo, Corina Randazzo, Jim Reno, Javier Ruescas o Teresa Andrés Gonzalvo. ¿Les suenan de algo? Como si hubieran pasado lista al tramo de cruces de una cofradía de barrio.

El personal antes viajaba donde le decía el operador de la agencia de viajes: el socorrido paquetito a Praga, el crucerito por el Nilo con derecho a diarrea, la consabida ruta por los castillos franceses, o la escapada al complejo hotelero de Punta Cana que es como Sancti Petri pero sin tener a tiro el Trofeo Carranza. Ahora aquel pobre hombre de la mesa de la oficinita de Marsans o de Halcón, aquel señor que te exhibía las palmeras de ensueño y las piedras con historia para el viaje de tu vida, ha sido sustituido por los dichosos ‘influencers’ y  su legión de imitadores, que lo mismo elevan un destino o un negocio, que lo derriban a golpe de tuit porque no han sido recibidos como sultanes. Dios nos coja confesados y con los deberes hechos cuando el ‘influencer’ llame a nuestra puerta. El tuit del ‘influencer’ es el nuevo juicio rápido de una ciudad y de un negocio. Rápido y… sumarísimo.

Ni la mujer de Beckham diciendo que España olía a ajo pudo con España como destino turístico, ni el soberbio y decadente Maradona nos hizo ningún favor diciendo que gracias a su fichaje por el Sevilla estaba la ciudad colocada en el mapa. Por fortuna dicen que en Sevilla tenemos una buena oferta gastronómica y cultural. Dónde habrán almorzado o cenado estas criaturas para hacer semejantes afirmaciones, qué concepto tienen de la gastronomía local y qué idea de cultura. Siempre se enseña a los niños que hay que tener precaución con las malas influencias. A largo plazo salen caras. Beckham era fatuo y breve como todo producto de márketing, Maradona no se tiene en pie en los estadios de Moscú y los ‘influencers’ serán engullidos por la sociedad del consumo rápido tras dejarnos el turismo de bermuda y maceta de tintorro de las despedidas de soltero. En Sevilla al menos no es fácil coger una diarrea. Y no olemos mucho a ajo. Lo tenemos todo a favor. Estamos bien posicionados. Y ahora hasta los perros puede viajar en autobús.