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Moreno Bonilla, a tumba abierta

Carlos Navarro Antolín | 17 de octubre de 2017 a las 5:00

El presidente del PP-A

UNA arenga en toda regla con críticas incluidas a la dirección nacional. El líder regional del PP acudió al Ayuntamiento para pedirle a los concejales del Grupo Popular que eleven el tono de sus denuncias políticas para erosionar al socialista Juan Espadas, que destapen con su trabajo a un alcalde que juega a ser amable con todos los públicos y, además, que sean pacientes para contar con un candidato oficial a la Alcaldía. Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) se ve obligado a aplazar hasta principios de 2018 la designación del cabeza de lista a las próximas municipales. La designación como tal del portavoz Beltrán Pérez se hace de rogar, como era previsible según la liturgia del PP de las últimas décadas. Moreno Bonilla no se ahorró críticas al calendario impuesto por Génova con respecto a la elección de alcaldables: “Esto no tiene sentido”. Se confesó en cierta manera ante los doce concejales de la capital en una reunión a puerta cerrada en la que también participaron el secretario general del PP de Sevilla, Juan de la Rosa, la incombustible Patricia del Pozo (donde ella esté, está Arenas) e incluso el flamante senador autonómico, “el amigo Toni”, en alusión a Antonio Martín Iglesias, hombre de confianza de Moreno Bonilla en el PP sevillano.

El líder regional se mostró muy preocupado con la lentitud del calendario de designación de candidatos. Habló del grupo político de Huelva como un “grupo machacado”, no ocultó que en Málaga puede haber un fracaso si no se elige pronto a un buen candidato: “Nos podemos meter una hostia”. Y en Granada dijo que “el melón está abierto”. Moreno Bonilla se expresó a tumba abierta en un acto que al Grupo Popular que pilota Beltrán Pérez le sirvió para dar –de nuevo– la imagen aperturista hacia todas las estructuras y cargos del partido.

El presidente regional tomó la palabra durante algo más de un cuarto de hora. “Agradezco la hospitalidad que siempre me dispensáis, la he sentido siempre en estos tres años y varios meses ya que llevo en Sevilla”. Y rápidamente fijó el contexto político, siguiendo las técnicas de oratoria de Arenas: “Estamos ya en situación electoral. Los acontecimientos que se están produciendo nos llevan a un tiempo electoral en Cataluña e incluso a nivel nacional, lo que condiciona a su vez todos los escenarios. Las elecciones municipales serán el último domingo de mayo. Y las autonómicas, en teoría, el último domingo de marzo, lo que implica que sólo habrá ocho semanas de diferencia. Si se descuenta la Semana Santa y la Feria son sólo seis. Si nos va mal en las autonómicas nos irá mal en las municipales por cuestión de dinámicas ascendentes y descendentes”. Abundó en la importancia de las autonómicas, donde él mismo se juega su futuro político, consciente de que será su segunda y última oportunidad para el asalto de San Telmo: “La sociología electoral nos habla de dinámicas caprichosas, nos dice que si son ascendentes te suben y entramos en una dinámica de optimismo, pero si no lo son… Vamos a tener con las autonómicas una primera vuelta, que será clave para generar una dinámica ascendente. Las autonómicas nos la tenemos que tomar como algo muy nuestro, porque de ellas va a depender la probabilidad real de gobernar Sevilla”.

Se hizo una pregunta: “¿Tenemos posibilidades reales de gobernar Sevilla? Evidentemente que sí. Tenemos posibilidades reales. Y no lo digo yo, sino la demoscopia sociológica. Tenemos posibilidades. Sevilla no es Andalucía, donde ganamos una vez y no pudimos gobernar desgraciadamente. En Sevilla hemos gobernado con Soledad Becerril y con la mayoría histórica de Juan Ignacio Zoido. Aquí hay mucha gente que ya ha cogido una vez la papeleta del PP y, como la ha cogido, son susceptibles de que la cojan otra vez. Es verdad que Juan Espadas es un hombre moderado, una persona agradable, el típico hombre que se esfuerza por agradar a todos. A mi me ve y desde la otra punta me dice: ‘Presidente, ¿cómo estás?’. Juega a eso. A ser centrado, moderado, agradable y sin aristas porque juega a ser triangular. Tiene una estrategia clarísima de triangulación electoral. Va formando mayorías en función de las necesidades y del momento, pero es que además es un tío que ya de por sí tiene la marca PSOE, que le da apoyos importantes, y después va cogiendo de Ciudadanos, de nosotros, de las abstenciones… y va haciendo sus mayorías. Esto le ha funcionando en la primera etapa de la legislatura, pero en la segunda no le está funcionando”.

Moreno Bonilla reivindicó su experiencia directa como vecino de Sevilla a la hora de palpar la realidad social: “Yo vivo aquí desde hace más de tres años, salgo por aquí, salgo a cenar por aquí, como por aquí, viene gente y te dice cosas. Y noto ya una frustración y cierta decepción en sectores próximos al socialismo y al alcalde, en sectores económicos e intelectuales”. Y pasó a la crítica directa al alcalde: “Sevilla no tiene proyecto de ciudad. Ya hay quien lo dice claramente. Se están perdiendo años. Incluso se habla de decadencia del gobierno. Y si bajas dos peldaños, hay barrios y distritos que no están arropados. Espadas, el hombre, es muy amable, pero la gente se pregunta en qué le ha beneficiado. ¿Qué ventajas me aporta este señor? La gente se ha dado cuenta de cómo ha quedado desnudado el personaje. El personaje venía nuevo, por así decirlo, pero ya le va a ir mal. Tenéis que pasar a una actitud de mayor confrontación, y de mayor coordinación con el grupo parlamentario y del propio PP autonómico. En Sevilla tenemos que volcarnos todos. Hay que hacer un esfuerzo brutal y titánico. Sevilla es un símbolo, Sevilla es prioritaria. Yo no puedo plantearme un gobierno con Ciudadanos si aquí no ocurren una serie de cosas. La primera es que ganemos en la capital, evidentemente. Y tenemos que ganar en el Aljarafe y mantener el tipo en localidades como Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra. Sevilla es fundamental. Sin Sevilla no podemos hacer nada, el peso de la capital es evidente. En Sevilla nos jugamos el tipo. Vamos a organizar un calendario de actividades muy potente”.

Repartió estopa a la Junta: “La primera víctima de la política miope y centralista de la Junta es Sevilla. La primera. No hay ciudad más castigada, quitemos esa palabra, digamos orillada, que Sevilla. Si la Junta provincializara los datos de los presupuestos, una de las grandes damnificadas se vería que es Sevilla. Tenéis que coger este discurso con fuerza y garra”.
Fue crítico con Génova en cuanto al calendario de designación de candidatos, sabedor de que en Sevilla aprieta fuerte Beltrán Pérez (impulsado por Arenas): “Soy partidario de cerrar cuanto antes los candidatos a las capitales. Lo reconozco. No me parece sensato ni razonable que tengamos melones abiertos en las ocho capitales de provincia. Sabéis que donde tenemos responsabilidades, en municipios de menos de 20.000 habitantes, estamos cerrando candidaturas. Hay paradojas absurdas, como que pueda cerrar el candidato de Jerez pero no el de Cádiz. La decisión sobre las capitales se comparte con la dirección nacional, que entiendo que tiene capitales complejas por cerrar como Madrid y Valencia… Que tengáis clara mi posición, esto no debe retrasarse más allá de enero. Desgraciadamente mi posición choca con la de la dirección nacional. Todo lo de Cataluña nos ha perjudicado. Se había hecho un plan de acción municipal muy bueno, donde Javier estaba trabajando muchísimo, pero todo esto de Cataluña nos está perjudicando mucho”. Y abordó el asunto en el contexto andaluz, donde dejó algunas perlas y hasta una referencia a su fracaso electoral: “Mi sensación es que esto se retrasa y no tiene ningún sentido. No lo digo por Sevilla solamente. En Huelva tenemos un grupo machacado. Pienso también en Granada, donde tenemos posibilidades reales de volver a gobernar, una ciudad conservadora donde tenemos el melón abierto. Pienso en la propia Málaga donde hay una circunstancia ahí, que qué hacemos o no hacemos… que al final nos puede llevar a que nos metamos una hostia. Al final, coño, cuanto antes tengamos a la gente trabajando con certidumbre, mucho mejor”. Al valorar la influencia del desafío separatista catalán en la vida del partido, estuvo muy claro: “Si sale bien, el PP saldrá reforzado como marca. Si esto sale mal, al PP como marca lo cogen por los tobillos y nos tiran para abajo. Yo lo he vivido en 2015 y te hace perder muchas posibilidades. Yo confío en el presidente, las cosas las está haciendo con equilibrio y mesura. Las cosas pueden salir bien. Todos estamos bajo el paraguas de la marca”.
Admitió que los candidatos, incluido el de Sevilla, no estarán designado antes de Navidad: “En las designaciones que tengamos responsabilidad compartida, opinaremos. Esperemos a que se atienda el sentido común. Es verdad que si nosotros nos negamos a algo, es difícil que la dirección nacional nos obligue a lo contrario. Buscaremos la mejor opción. Yo puedo tener un amigo íntimo o un primo hermano, pero si no saca los resultados, no nos vale. Se buscarán los mejores candidatos posibles, y eso se hará con fórmulas tradicionales, como las encuestas nuestras y las que haga la dirección nacional, y también habrá opiniones políticas, porque a lo mejor un buen candidato te puede desunir un grupo. Queremos cerrarlo lo antes posible, a principios de 2018, pero no depende de nosotros. Y lo haremos de forma inteligente, ecuánime y pensando en el interés general”.

A los doce concejales del Grupo Popular les puso una tarea muy específica: “Seguid en la línea de hacerle pupa a Espadas. De Espadas digo que es el decimocuarto consejero de la Junta. Se comporta más cono un consejero que un alcalde. Creo que el camino que estáis recorriendo lo estáis haciendo muy bien. Hay un grupo municipal con enorme calidad política y experiencia. Estoy convencido, yo apostaría por cosas importantes, a que vamos a gobernar Sevilla. Es verdad que con un pacto con Ciudadanos. Con un concejal más podemos gobernar. No es difícil gobernar en Sevilla. Ciudadanos no va a bajar. Mucha gente nuestra estaba cabreada con Rajoy, con los impuestos, que si dijo… los rollos. Pero podemos volver a rescatar esos apoyos, podemos conseguirlo, lo tenemos al alcance de la mano. Tenemos que decidir el candidato a alcalde lo antes posible. Yo no lo demoraría mucho más. Este grupo se está comportando de manera responsable y sensata. Y el portavoz está teniendo mucha mano izquierda”.

El gurú del palomar

Carlos Navarro Antolín | 8 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL voto está decidido antes de las campañas electorales. La gran mayoría del electorado no decide su opción durante esos quince cansinos días. Por eso conviene vivir en una campaña permanente, no confiar nada al período legal de petición de voto. Se trata de una de las principales tesis del nuevo gurú del palomar, como son conocidas las dependencias de la planta alta del Ayuntamiento donde tienen sus despachos los doce ediles del PP. El líder municipal Beltrán Pérez, que se alzó con la portavocía del grupo mayoritario del Ayuntamiento tras conquistar el poder orgánico con Virginia Pérez como cabeza de cartel, ya tiene su propio Panoramix. Beltrán Pérez rehusa en todo momento presentarse como candidato a la Alcaldía en 2019, pero no hay que ser ningún fino analista para –primero– apreciar sus movimientos como tal y –segundo– evaluar que lo tiene casi a todo a favor para serlo, salvo que se produzca un volantazo dado desde Madrid para colocar a otro candidato que ofrezca mejores garantías en las encuestas. En cualquier caso, los sondeos internos deben estar ahora mismo paralizados, pues toda la actualidad está condicionada por el desafío separatista catalán. Los partidos saben que de poco sirve ahora mismo preguntar al electorado en clave local. Cualquier opinión está fuertemente influida por los hechos que copan los informativos y tertulias.

El nuevo asesor estrella del Grupo Popular en el Ayuntamiento se llama Rafael Laza y es de Álava. Un vasco debe ser el autor de la poción mágica que debe llevar al correoso concejal Pérez a la cúspide de la candidatura a la Alcaldía, un consultor con pedigrí en el PP y con despacho en la sede nacional de la calle Génova, ya que ejerce de jefe de gabinete de Javier Maroto, el ex alcalde Vitoria (ciudad preciosa donde las haya, pero llévense el abrigo). Maroto es vicesecretario general de Acción Sectorial del PP, con muy buena relación con Javier Arenas, padrino político de Beltrán Pérez. Maroto y Arenas salen todos los lunes en los maitines junto a Rajoy y Cospedal. Laza es quien ha estado siempre junto al conocido dirigente vasco, incluso en la brillante etapa de Maroto como alcalde de Álava.

Laza se presenta como consultor español especializado en planificación estratégica, “campaña permanente y diseño de campañas municipales”. En 2012 fue distinguido con el premio Victory Adwards al consultor político revelación en España e Iberoamérica. Ha sido coordinador del comité de consultores y asesores de la Asociación de Comunicación Política de España. Y, por supuesto, ha desempeñado varios cargos en el PP siempre vinculados al dirigente vasco. Laza es de los que defienden planes de lanzamiento de políticos basados en la Estrategia 4×4, para obtener “un liderazgo de 360 grados”.

El vasco Lazo está contratado por pocos meses. Ya ha visitado el Ayuntamiento de Sevilla para conocer in situ los terrenos por donde se mueve el líder del PP municipal. Cuenta con poco menos de 4.700 seguidores en la red social Twitter, en la que su mensaje más destacado en clave de comunicación política dice así: “Olvida tu nariz. Para conocer al electorado utiliza métodos científicos: encuestas, focus groups, entrevistas, observación…”

Laza concede mucha importancia a los cien primeros días de gestión del político: “La primera impresión es la que cuenta. ¿Cómo nos perciben?”. El siguiente hito lo fija en la mitad del mandato: “Ya nos conocen. ¿Con qué imagen? ¡Ojo! Hay que construir el voto mayoritario y las estrategias a llevar a cabo”. El tercero es la precampaña: “¿Cuándo arranca? ¿Qué comunicamos? ¿Con qué estrategias?”. Y el último, obviamente, es la campaña electoral, en la que insta a analizar “el cuándo, cómo, dónde, por qué y para qué” de los objetivos.

Laza hace ya las funciones de asesor externo. Incluso se le atribuye algún logro en las guerras que los partidos emprenden en las redes sociales para erosionar a sus rivales. Estará ejerciendo al menos hasta Navidad. La estrategia más intensa sólo empezará cuando se confirme que Beltrán Pérez es el candidato. Ese papel provocará necesariamente otras decisiones, siempre en el contexto de un partido que aún sufre la fractura interna en la que ha vivido un año, pero que, eso sí, ha demostrado disciplina de voto en el último congreso de distritos, pues Virginia Pérez controla el cien por cien.

Beltrán Pérez no es el primer político del PP andaluz que contrata a un gurú. Juan Manuel Moreno Bonilla se hizo en sus inicios en la sede regional del partido con los servicios del politólogo catalán Antonio Gutiérrez-Rubí, el mismo que diseñó la imagen del socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y que está considerado uno de los mejores expertos de la comunicación en España. Gutiérrez-Rubí es precisamente ahora una de las voces más críticas con la gestión del gobierno de Rajoy en la crisis catalana. Entre sus perlas de los últimos días destacan dos: “Rajoy pretende secuestrar la propia idea de España” y “El gran patrocinador del independentismo en Cataluña se llama Mariano Rajoy”. Los meses de colaboración del gurú catalán con Juan Manuel Moreno, por fortuna para el malagueño, no fueron muchos.

El riesgo de venir a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2017 a las 5:00

avión

AL bueno de Zoido le hace la agenda el enemigo. Y el enemigo siempre está dentro. En el vientre, en las entrañas, en las agallas. Dice un político andaluz de raza que todo dirigente que se precie ha de contar con tres colaboradores propios: un jefe de gabinete, un jefe de prensa y una secretaria. Nadie como la cuadrilla propia va a salir del burladero a protegerte con el capote en caso de cornada grave. Se supone. Pero a Zoido nadie de su cuadrilla, ninguna mente sesuda de Génova, ningún asesor de los que suma trienios en Interior, debió avisarle la noche del domingo que el lunes no era el día para venir a Sevilla, con Cataluña tambaleándose como una olla a presión y con los telediarios repitiendo las imágenes de policías y guardias civiles enfrentándose a la población civil, o siendo directamente agredidos por gente encolerizada y astutamente aleccionada para ganar la batalla de la imagen.

Resulta un ejercicio frustrante tratar de convencer a la opinión pública de que quien levanta la porra es el bueno, que quien frena a una masa vociferante es el que está haciendo cumplir la legalidad, y que quien pretende votar –¡oh, concepto albo e inmaculado!– y está en apariencia desarmado es el malo, quien quiere romper a las bravas el clima de convivencia. Dicho está: “Lamento tener que defender lo obvio”.

El ministro del Interior nunca debió volverse a su tierra el lunes 2-O, ni mucho menos publicar una fotografía de su vuelo a Sevilla, una frivolidad en tiempos convulsos, una ligereza fatua, una licencia impropia. El día no era para fotos en un jet, ni para colgar medallas, ni para otros postureos. Alguien debió estar pendiente, alguien debió hacer guardia en los despachos oficiales apretando la esclavina de la prudencia, para salir al quite del ministro y librarlo del avieso toro de las redes sociales, del agujero negro donde la imagen de un político corre el riesgo de perderse por el sumidero de los mensaje fáciles, de la dictadura de los 140 caracteres que dominan una política más que nunca epidérmica, lastrada por los contenidos vacuos, irreflexivos y de usar y tirar. El ministro del Interior del Reino de España tenía que estar el lunes en Madrid, en su despacho de trabajo, o en Cataluña, junto a los policías y guardias civiles que andan en una penosa búsqueda de posada sin estrella que les sirva de guía. Pero el lunes no era el día para estar en Sevilla. Muchos de sus correligionarios, mucha gente que lo estima, muchos militantes que valoran su elevado grado de conocimiento entre electorado, se quedaron ojipláticos al comprobar que Zoido efectuaba el viaje a Sevilla, se quitaba de Madrid y se dedicaba a la entrega de distinciones cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado habían quedado retratadas injustamente como opresoras y –todavía peor– justo a esas horas del lunes aparecían como liebres asustadas huyendo de la presión del separatismo mostrenco, de esteladas y puños en alto.

Zoido comenzó su pontificado en Interior regresando a Sevilla a los dos minutos para asistir a una celebración religiosa ante el Gran Poder en la Catedral, cuando la Guardia Civil, precisamente esos días, estaba en jaque en Alsasua después de que varios agentes hubieran sufrido las agresiones de unos bárbaros, unos hechos por los que la Fiscalía pide 50 años de cárcel para los autores al apreciar delitos de lesiones terroristas.

Y Zoido se vino a Sevilla, en plena crisis catalana, para presidir la entrega de las medallas de la festividad de la Policía Nacional. Como lo peor está por llegar, en Sevilla le tenían preparada una suerte de emboscada, pues alguien se preocupó de comprobar las identidades de los agentes condecorados por Zoido. Entre ellos figuraban varios policías locales que habían ejercido como sus escoltas en sus cuatro años de alcalde. De nuevo nadie le advirtió que resulta llamativo que un ministro del Interior galardone a sus antiguos escoltas. Es sabido cómo cuidaba Zoido a sus agentes siendo alcalde, incluidas invitaciones a mesa y mantel. Su pasión por esa micropolítica –llamémosla así– se conocía en Sevilla, todavía se recuerda y hasta fue admirada en muchas ocasiones. Sus aficiones por las políticas de corto alcance, de proximidad con el ciudadano, fueron su gran aval para alcanzar la cúspide municipal, pero ahora están siendo sus pies de barro como ministro del Interior en la coyuntura más delicada para España tras el 23-F, según la calificación del presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó.

O la cuadrilla de asesores de diverso plumaje no sabe imponer sus criterios ni estrategias, o este rey no tiene nadie que sea capaz de decirle que está desnudo. Por la curia llega la lepra, advierte el Papa argentino. Los escoltas, para colmo, simbolizan a la perfección ese círculo de confort donde los políticos tienden a empadronarse con grave riesgo de perder la perspectiva. Hay aviones a los que no conviene subirse. Hay fotos que no deben hacerse. Hay veces que conviene no estar en Sevilla aunque solo sea, precisamente, para mantener la silla. Cataluña ardiendo y el ministro en la capital de Andalucía entregando medallas a sus anteriores escoltas es una secuencia letal. Acebes es la cara del 11-M. Zoido lleva camino de ser el rostro de un Estado incapaz de apagar el coloso en llamas que es Cataluña. Esto no se resuelve con tuits, ni almuerzos para agradar a los escoltas, ni abrazos por doquier. Esto es política de altura. Y la altura no se consigue por mucho que uno se suba a un avión. Un ministerio no es un ayuntamiento. Ytodos comprendemos que cambiar la melva por la sobrasada no es plato de buen gusto.

El conflicto en el PP alcanza las cuentas de la campaña de 2015

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2017 a las 5:00

RECIBO+FOLIO

UN miembro de la ejecutiva provincial del PP pretende que un acto electoral que pagó de su bolsillo –el de cierre de campaña de Zoido en 2015– sea computado como pago de cuotas y de esa manera no ser excluido de la carrera hacia la presidencia del distrito Los Remedios. Como consecuencia de esta peculiar denuncia interna han aflorado dos hechos que han puesto en jaque a los cuadrados de mando del partido en San Fernando y hasta en Génova: el último acto de campaña de las municipales de 2015 fue pagado por un particular, y su aportación económica (3.300 euros) no figura en la contabilidad del partido, según revela el informe de tesorería al que alude el donante. La última etapa de Juan Bueno como presidente provincial –actualmente dedicado a sus tareas como diputado autonómico– sufre ahora un inesperado vaivén de consecuencias imprevisibles por efecto de esta denuncia interna.

Los rescoldos de la fractura que ha sufrido el PP de Sevilla durante todo un año se reavivan con ocasión de la próxima celebración del congreso destinado a la renovación de cargos en los distritos, fijados para este sábado. El comité organizador de este congreso ha rechazado una de las dos candidaturas presentadas para la presidencia de Los Remedios, el gran feudo de los populares en la capital. El excluido es David Antequera, actual secretario de Transparencia de la ejecutiva provincial, que no podrá concurrir a las elecciones por haber estado en situación de impago de los recibos como afiliado. El comité organizador, que preside Macarena O´Neill, persona de la máxima confianza de Javier Arenas, se ha basado en el artículo 35 de los estatutos para tumbar la candidatura de Antequera, afín al sector del partido que perdió en el pasado congreso provincial. A la presidencia del partido en Los Remedios opta como candidata única María del Mar Sánchez Estrella, portavoz adjunta del grupo municipal, ahora mismo encuadrada en la nueva corriente que controla una formación que preside Virginia Pérez desde el pasado 21 de mayo.

Antequera, que entró a formar parte del actual comité ejecutivo como secretario de Transparencia por los equilibrios pactados previamente entre los entonces oficialistas (Juan Bueno) y los críticos (Virginia Pérez), ha elevado a los comités regional y nacional de derechos y garantías una denuncia interna por la que ha aflorado que él pagó de su bolsillo el acto de fin de campaña electoral de Juan Ignacio Zoido en 2015 –celebrado en un restaurante de Los Remedios– y que su aportación económica (3.300 euros) no figura ni en la contabilidad ni en el informe de tesorería del partido, hechos que ahora analizan las estructuras nacional y regional de la formación de centro-derecha.

Antequera defiende que esa aportación debería haber sido tenida en cuenta para dar por pagados sobradamente sus recibos como afiliado, cosa que no se ha producido y por la que ha sido excluido de la carrera por la presidencia del PP de Los Remedios. El pago de los 3.300 euros se efectuó el 20 de junio de 2015, cuando el PP ya había sido desalojado del gobierno local tras cuatro años de mayoría absolutísima de Juan Ignacio Zoido. Antequera fue director del distrito Los Remedios durante gran parte del mandato de Zoido como alcalde. Se trata de un militante muy conocido en el partido, activo desde sus años universitarios y que exhibe proximidad con el hoy ministro del Interior, con el que posa en fotografías recientes en su cuenta personal de la red social de facebook.

Nadie en el PP de Sevilla puede dudar del profundo conocimiento que Antequera tiene de las estructuras del PP sevillano, ni de sus contactos con dirigentes de la sede de Génova, dados sus anteriores puestos de responsabilidad en sus años de miembro de Nuevas Generaciones. En su denuncia ante instancias regionales y nacionales del partido aporta el recibo de haber pagado los 3.300 euros, un documento que lleva el sello de la empresa que prestó el servicio: “Por si existe la más mínima duda a la veracidad de mis palabras”. Antequera pretende también tumbar la candidatura de la única pre-candidata aprobada hasta ahora en Los Remedios, la edil María del Mar Sánchez Estrella, por no estar afiliada en el distrito que pretende presidir, sino en Triana, una denuncia que, por el momento, no ha obtenido resultado. En su denuncia alega que sufre “un daño que empieza a ser irreparable” al no ser aprobada su condición de aspirante a la presidencia del PP de los Remedios.

El acto de cierre de campaña de las municipales de 2015 consistió en una alocución de Zoido ante militantes y representantes vecinales de cada uno de los distritos de la ciudad. Uno a uno fueron hablando en público los vecinos y Zoido contestó de forma personalizada a todos ellos, prometiendo finalmente “un gobierno para todos”.

La sombra mínima

Carlos Navarro Antolín | 10 de septiembre de 2017 a las 5:00

macetones en la Avenida de la Constitución

LA tapita, la pincelada, el chupito. El diíta en la playa, la semanita, la escapadita. La ciudad sublima lo pequeño, le encanta arremolinarse en una taberna recoleta donde hay triple fila para pedir (Cateca, Peregil, La Fresquita, Jota, Tremendo…) y dejar vacíos amplios locales de pretendido postín, disfrutar con los diminutivos (playita, flamenquito, yintonsito, pescaíto) y con las proporciones calculadas a ojo (media tajá, media papa, una pechá de trabajar que diría el cura Chamizo). A esta ciudad que se recrea con lo pequeño, que se regocija en los espacios diminutos, que tiene un centro de devoción mariana en una capillita del Postigo donde caben la Virgen y dos devotos de perfil, le han colocado los árboles que se merece en la Avenida para generar sombra a medida de los sevillanos. Cien gramos de sombra mal despachados. Esto es lo que hay. Los sevillanos al sol, como en un lunes perpetuo en la ciudad de los parados a la que cuesta (del bacalao y de la bacalá) la misma vida rebajar la cifra de desempleados, ¿verdad mi dilecta ministra Fátima Báñez?

El alcalde nos ha despachado una racioncita de árboles en reducción, lo que aporta una pincelada de sombra. A seguir sudando por la Avenida, metáfora de la vida cotidiana que nos toca vivir en este mes del miedo y de los sudores pegajosos. Los 25 ficus en macetones que se colocaron el viernes en la Avenida son de chiste. Aceptamos el ‘ficus rubiginosa’ como especie que aporta sombra en la Avenida, aunque en realidad parezcan esos arbolitos que se ponen a la entrada de las boutiques de la calle Serrano para dar lustre al establecimiento, o en las puertas de los templos en esas bodas pretenciosas que organiza Carlos Telmo. Los arbolitos de Espadas son la sombra mímina en la ciudad de los diminutivos, en la ciudad menguante, que procura hacer de la necesidad virtud y aprovechar la amenaza terrorista para resolver el problema de una Avenida sin sombra desde hace más de una década en una ciudad con un semestre de calor asegurado. A grandes problemas, soluciones diminutas. Somos así. Somo más de trincherazo que de faena completa, de taconazo repentino que de partido jugado con un rendimiento regular, del duende de la inspiración que del trabajo programado.

Tenemos un alcalde con buena voluntad. Algo es algo, dijo el calvo cuando le salió el pelo. Por fin llegó la cosecha, hermano. Como somos la ciudad de la esperanza, la tendremos en que estos árboles crezcan. No será por falta de esperanza por lo que vayamos a hundirnos los sevillanos. Cada vez que recorremos la Avenida a pie se nos pone cara de lagartos al sol. O de lagartija. Incluso de lagartitos, por aquello del diminutivo. Juan Espadas ha sido el alcalde que dijo no a la gran mezquita, que ya es difícil, pero que sigue sin aportar sombra a la Avenida. Dice el aforismo que quien puede más lo puede lo menos, pero se ve que es más díficil lo de no tostarnos al sol que rechazar una peligrosa iniciativa que la España buenista y acomplejada de hoy se hubiera tragado en cualquier otra ciudad.

Estos ficus escuálidos son magníficos para ser usados como ceniceros gigantes o como soporte para atarse los cordones de los zapatos. Son la medida perfecta de una ciudad que no puede más, que no llega, que le cuesta un mundo cualquier empresa. Nosotros a lo bestia: plantamos setas gigantes de madera en la Encarnación y arbolitos de pin y pon junto a la Catedral. Ycon 25 arbolitos liamos un bosque. Con todos sus pájaros. Y pajaritos.

El precio de vivir la calle

Carlos Navarro Antolín | 3 de septiembre de 2017 a las 5:00

CALLE ASUNCION

Cuánto más se manifiesta la idiosincrasia de una ciudad en la calle, más difícil es blindar los espacios públicos y más complejo resulta hacerlo en las horas de máxima concentración de personas. El Ayuntamiento ha fortificado las principales calles de la ciudad en tiempo récord: macetones, vallas, mayor presencia policial, agentes del cuerpo local con chalecos antibalas… Y al mismo tiempo ha culminado la actualización del informe sobre la proliferación de acontecimientos públicos, un estudio que demuestra que las convocatorias multitudinarias se han disparado un 300% desde 2004 y, sobre todo, no dejan de aumentar en los últimos tres años. El trabajo de seguimiento incluye el recién terminado agosto. Sevilla vive la calle a tope. Con intensidad. La ciudad estaba mirando con preocupación la próxima Semana Santa, sobre todo la Madrugada, cuando los atentados de Barcelona han forzado a las autoridades a trabajar de forma inmediata con una visión global. El problema no está sólo en la Madrugada, ni siquiera solamente en las grandes fiestas. El problema se extiende ahora a todo el año y de forma muy especial a los fines de semana. El calendario de actos públicos con elevada participación ciudadana es difícilmente abarcable por los cuerpos y fuerzas de seguridad. La misma ciudad acoge en este inicio de curso, por ejemplo, un concierto de Hombres G, una coronación canónica, una feria taurina, partidos de fútbol internacionales… A la degradación de la convivencia urbana –creciente en los últimos años, y que en el caso de Sevilla ha cristalizado en la popular noche del Viernes Santo– se ha sumado la psicosis de la amenaza yihadista, una sensación de miedo que vertebra ahora las grandes urbes. El miedo es un estado de ánimo colectivo potenciado por sucesos de los que se ha sido testigo directo o por los medios de comunicación: cuando ocurrió el fuego de Doñana estaban muy recientes las imágenes del fuego en Portugal, cuando el público corría en la Madrugada tenía frescas las imágenes del camión de Niza. La ciudad de Sevilla ha vivido también episodios de tristeza colectiva, como tras los asesinatos de Alberto Jiménez Becerril y su mujer (1998) y el repentino fallecimiento del futbolista Antonio Puerta (2007).

Las autoridades, conscientes de que la seguridad es una percepción subjetiva, tratan de frenar la sensación de pánico con una estratégica exhibición de los agentes en lugares de alto tránsito peatonal. Basta un paseo por la Avenida de la Constitución para sentir que vivimos en una continua víspera de la boda de la infanta Elena (marzo de 1995), pero sin gallardetes ni iluminaciones especiales de estilo Camelot.

El pánico es una cerilla encendida en un pajar, un persianazo que es confundido con un camión enloquecido irrumpiendo en una vía urbana, un grito adolescente que inicia una algarada, una situación de perenne vulnerabilidad con la que grandes ciudades han de convivir y que han de superar a base de una suerte de educación colectiva que exige serenidad y tiempo. El miedo nos iguala, nos convierte en ciudadanos en continua guardia, en sociedades que sufren una situación de jaque permanente, en vecinos precavidos que sin motivo racional aparente evitan una calle, sortean una avenida o rechazan el acceso a unos grandes almacenes.

El macetón –icono de la seguridad del tiempo que nos ha tocado vivir– impide la irrupción de vehículos con terroristas al volante en zonas de elevada afluencia de público y el acceso directo en coche a edificios de alto valor histórico-artístico: la Catedral, el Alcázar, el Archivo de Indias. Pero los puntos sensibles de una ciudad como Sevilla no se limitan al centro histórico. Ni son fijos. Hay un sinfín de aglomeraciones itinerantes (procesiones, vía-crucis, traslados, manifestaciones, cabalgatas) y de espectáculos de alto riesgo (conciertos, partidos de fútbol, incluidos los internacionales) que en su mayoría se concentran en los días de la semana con menor número de agentes disponibles, como se refleja en el estudio. El aumento de acontecimientos masivos no se ha registrado progresivamente todos los días de la semana en los últimos tres años, sino de forma especial y pronunciada los sábados (un 14,%%) y los domingos (un 24,5%).

El Ayuntamiento insiste desde hace meses en que necesita convocar nuevas plazas de agentes de la Policía Local: entre 200 y 300 más. El cuerpo envejece, sufre las contingencias propias de cualquier colectivo y se asegura reiterdamente que no da para más. El gobierno exige que el Estado levante las restricciones impuestas en los años de crisis. Aquí aparece inevitablmente la política. O se permite la convocatoria de oposiciones, o se da el visto bueno para que la Intervención General apruebe el pago de más horas extras. Las administraciones locales se quejan de estar asfixiadas por la tasa de reposición cero. Aprovechan la actual coyuntura para apretar al ministro Montoro. En este nuevo estudio del Ayuntamiento de Sevilla, en el apartado de las conclusiones, se advierte que ya ha habido que rechazar numerosos eventos al no disponer de agentes de la Policía Local, se ha puesto en práctica un protocolo de ahorro y se ha intensificado el cobro de tasas. Aun así, el estudio concluye que el ahorro no se percibe porque las convocatorias de eventos se han disparado en los últimos años. Como curiosidad, cuando se registra un leve descenso de las procesiones se aprecia un aumento de las cruces de mayo. El estudio revela que se han reducido los actos de carácter reivindicativos (de 540 a 477). En los últimos tres años sí han aumentado los eventos calificados de cultos, romerías, traslados y vía crucis. También lo han hecho los culturales (de 423 a 634) y los deportivos (de 100 a 118).

El gobierno local clama para que el Estado le permita gastar dinero en una macroconvocatoria de plazas para la Policía Local. El discurso político asegura que el dinero está en el banco pero el Ayuntamiento está atado por las medidas de contención que entraron en vigor con la crisis. La ciudad hace cada vez más uso de la calle, los datos revelan que vive con intensidad de puertas hacia afuera. La autoridad que rechaza convocatorias por falta de agentes es la misma que promueve una Feria de formato largo para que la fiesta alcance dos fines de semana en lugar de uno. Otras voces no discuten que hacen falta más agentes, pero apuntan a la necesidad de cambiar el esquema de trabajo de los agentes, de arbitrar turnos específicos para los fines de semana o de repercutir el cobro de los servicios especiales a las entidades convocantes.

La seguridad tiene un precio económico y un coste social que se traduce en incomodidades y restricciones. Los macetones por el momento han salido gratis para las arcas municipales y no han causado un efecto antiestético en los edificios próximos. El siguiente paso será la adquisición de videocámaras, lo que conllevará nuevas negociaciones con el interventor, y continuar con la reivindicación política de más plazas policiales. Los atentados de Cataluña son la coartada perfecta, el cheque en blanco para los cambios sin necesidad de debates previos. Mientras dura la sensación de miedo, nadie alza la voz contra un macetón. Sevilla ha perdido la cultura de la bulla en el peor momento, ha dejado de confiar en sí misma cuando más fácilmente cunde el miedo. Y en los años en que precisamente sus actos multitudinarios han aumentado un 300%: de 2004 a 2017.

eventos masivos

Elogio de agosto

Carlos Navarro Antolín | 13 de agosto de 2017 a las 5:00

Fotos de turistas y hoteles para reportaje sobre ofertas y preci

AGOSTO todavía es una delicia que se sirve en plato pequeño, sin raciones ni medias raciones. Agosto es el mes donde Sevilla es más pura porque hay más silencio, menos sevillanos y los turistas caminan abatidos por el calor sin temor a ser agredidos. En Sevilla siempre se ha sabido convivir con los turistas con un pacto no escrito por el cual tienen sus zonas reservadas, sus bares y sus horarios propios. El bar Gonzalo es de turistas, como lo es el entorno de la Catedral, el barrio de Santa Cruz con sus comercios despersonalizados, lo que queda de la Carbonería con sus leyendas, las franquicias del café donde dejan quitarse los zapatos, las gitanas que venden romero y los tablaos flamencos. Y no se discute. Los sevillanos y los turistas se han organizado siempre de forma natural, como antiguamente en las bullas. Ustedes por allí con cada vez más sitio, nosotros por acá con cada vez menos. Y en algunos casos se convive directamente, como al compartir barra del Rinconcillo o la espera por un taxi de los que lleva el aire acondicionado apagado. Suficiente tienen los turistas con aguantar el ataque del mercurio alto y con soportar el malaje habitual del sector de los servicios. Agosto es una reserva de soledad monacal en plena vía pública, donde en muchos momentos se puede experimentar esa sensación que tanto le gusta a sevillanos como el doctor Yebra, siempre feliz a contramano, en sentido opuesto al del rebaño de la bulla, sin temor a la soledad, al qué dirán, a parecer que no se está integrado cuando no hay integración plena sin conocimiento, ni más amor verdadero por una ciudad que el que sienta sus raíces en el estudio de su historia y en el análisis de sus personajes. Agosto puede hasta con la muerte, silencia a los que fallecen en su regazo de sudor, música de chicharra y humedad de aspersores de terraza, deja sin eco las esquelas y pasa la pizarra anunciando el aplazamiento de los funerales hasta septiembre, que agosto no quiere crisantemos porque no conoce más flores que las varas de nardos y las moñas de jazmines vendidas en bandejas, coja usted la que más le guste por un euro.

Agosto anestesia la ciudad, deja dormidas las polémicas que marcan el cansino ritmo de la vida cotidiana y crea las suyas propias, polémicas de ratas que corren por los barrios, ramas que se desprenden, plagas que amenazan los árboles y visitantes atendidos de sopitipandos por las calores. Agosto cierra bares, echa persianas, mete a los albañiles dentro, recorta el horario de misas y convierte la televisión en una caja idiota más idiotizada que nunca. Agosto despuebla las calles y deja ver una piel desnuda de adoquines, unas fachadas más expuestas que nunca, unos comercios sedientos de mirones. Agosto mejora la ciudad porque la empequeñece como la casa vacía que parece perder metros cuadrados a la espera de vida y muebles. Agosto es una oportunidad para el reencuentro con la ciudad, para revivir los mejores momentos del año en un laberinto de calles que guardan el recuerdo de los hitos de tu existencia. Agosto tiene el silencio y la espesura que permiten la serenidad para vivir mejor, el sopor de cochero de punto que se reclina malamente para dormitar mientras pleitea con una mosca, el frío del agua de tirador que alivia los paseos largos por las plazas duras y el golpeteo de la piocha que derriba tabiques para levantar nuevo muros. En agosto un bar se convierte en otro bar, un comercio de ropa en sucursal de banca privada, una joyería en tienda de helados de yogures. En agosto se gana el otoño, en agosto se forjan las reformas, en agosto hay quienes pierden su silla por el éxodo estival. Sevilla en agosto coge hechuras de convento con pocas monjas, muchos refectorios clausurados y olor a cerrado. Agosto en Sevilla es la expresión de un hermoso vacío de tarde de domingo, de patio de la Caridad donde la soledad se cita consigo misma y corteja con la muerte con los rosales por testigos. Agosto es el precipicio del calendario por donde se despeña todo lo fatuo, todo lo irrelevante, todo lo ruidoso que amenaza la serena calma de nuestra existencia, nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda; la paciencia del agosto sevillano todo lo alcanza.

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El pedrismo más light

Carlos Navarro Antolín | 6 de agosto de 2017 a las 5:00

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EN la carrera por el poder en el PSOE de Sevilla, en ese hipódromo donde se disputa la primera plaza que da derecho al control del aparato, los pedristas hispalenses han escogido el caballo menos conocido, teóricamente con menor entidad de los posibles y con el palmarés más escuálido. Es cierto que en la política de hoy las trayectorias cuentan muy poco. Prima la obediencia ciega al líder, esa cualidad que lleva a tirarse a la piscina sin agua, esa capacidad para construir una unión temporal frente al enemigo común (que para los pedristas es Susana Díaz) y esa sumisión inmediata a las directrices de la superioridad por ridículas y temerarias que sean, como ser repelida del templo de Ferraz ante las cámaras de todos los telediarios tras entrar revestida con la estola de “máxima autoridad” (Verónica Pérez).

El pedrismo hispalense ha elegido a la ex concejal Eva Patricia Bueno para aspirar a la secretaría general del PSOE sevillano. Antes tendrá que asumir la difícil tarea de reunir el 20% de los avales, cosa que hasta los sanchistas más convencidos admiten que equivale a encontrar el Vellocino de Oro. Eva Patricia Bueno es la opción más plana de los seguidores de este Pedro que trata de edificar la nueva Iglesia socialista sobre la piedra de las primarias donde derrotó al icono del PSOE andaluz. Bueno es una opción light. Cumplirá la función de instrumento necesario, de colaboradora indispensable para dar el aldabonazo y denunciar la imposibilidad de celebrar unas primarias con dos listas por el requisito imposible de sumar tan alto porcentaje de avales. ¿Algún socialista a sueldo en la Junta, el Ayuntamiento o la Diputación estampará su firma para avalar la lista pedrista?

Eva Patricia Bueno es la secretaria general de la Agrupación Miraflores, donde Sánchez ganó en las primarias por muy poco margen. Pero ganó. Los pedristas sólo vencieron en cinco agrupaciones sevillanas: Bellavista, Nervión, Dos Hermanas, Las Cabezas y la citada de Miraflores. Esta desconocida del PSOE sevillano tiene su propia agrupación fuertemente dividida. El bando contrario en Miraflores lo encabeza en la práctica Antonio Rodríguez, con plaza laboral fija en Emasesa, donde fue una suerte de jefe de gabinete para obras menores en tiempos del virrey Marchena, pasó al ostracismo en la etapa de Zoido y ahora ha levantado el vuelo con Juan Espadas, al que debe lealtad. Eva Patricia fue en tiempos una protegida de Evangelina Naranjo, la ex concejal y ex consejera de la Junta, pero las dos se distanciaron cuando la primera apoyó a Fernández Tapias y la segunda a Madina en las primarias que venció Pedro Sánchez. A Bueno se le reconoce criterio propio en muchos asuntos, aunque también un excesivo entusiasmo a la hora de hablar de algunos de sus supuestos logros en su etapa de edil, como conseguir que el recorrido de la cabalgata se ampliara a los barrios, y la habilidad para haber salido absolutamente limpia del caso Fitonovo aun habiendo sido concejal de Parques y Jardines. Perito agrícola de profesión, su perfil es el más bajo de los posibles para emprender la carrera hacia el poder de la agrupación socialista tradicionalmente más potente de España. Nieves Hernández, ex portavoz de gobierno local, ha rechazado la contienda después de haber liderado las plataformas sanchistas en toda España. Luis Ángel Rojo tampoco ha dado el paso al frente, quizás porque ni siquiera logró que la lista de Pedro Sánchez ganara en la agrupación de la que es secretario general (Sur). Y Maribel Montaño, vista con buenos ojos por el entorno del ex alcalde Monteseirín, tampoco ha querido saber de esta empresa.

Eva Patricia Bueno comparte con Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el gran pedrista andaluz, la cualidad propia de un núcleo muy particular del PSOE sevillano: la vocación crítica, la necesidad de estar siempre frente al aparato. Esta ex edil es el cucharón necesario para ser golpeado en la cacerola del susanismo y denunciar que las normas del “viejo PSOE” impiden una votación con dos listas, en lugar de ser aplicadas las normas del “nuevo PSOE” que a partir de 2018 rebajan el porcentaje de avales necesario hasta un 3% simbólico. Hacer ruido, evidenciar, hacerse oír. La política de hoy tiene poco de discurso racional, menos de ideología, y mucho de lucha por el poder puro y duro. Y, sobre todo, por el ajuste de cuentas personales. El caballo menos conocido para un hipódromo donde muy probablemente no habrá siquiera carrera. Una apuesta plana y sin riesgos. Los pedristas se conforman con encender la bengala para dejar clara su presencia.

Al gran estratega del sanchismo del Sur, el correoso Gómez de Celis, poco le importa que no se consiga el 20% de los avales. Sabe que la conquista del PSOE andaluz comienza por los cimientos y requiere de algo tan cotizado en política (por la dictadura del cortoplacismo) como es el tiempo. Tras hacer ruido con Eva Patricia, sólo habrá que esperar la entrada en vigor de la nueva normativa que rebaja la exigencia de avales y, después, preparar la batalla en la conformación de las listas de las municipales de 2019, donde el sanchismo querrá sus cuotas en las listas. Hoy ya la tiene en la Plaza Nueva con la edil Inmaculada Acevedo, un ariete poco conocido de Gómez de Celis en el actual gobierno local. Ahí, en el ruedo municipal, es donde Celis le hará cosquillas muy incómodas al actual alcalde, Juan Espadas, si no se las hace antes por otras vías, dadas sus más que solventes conexiones desde hace años con sectores políticos conservadores donde él y los suyos se entienden con terceros a la hora de defender intereses comunes. Porque, insistimos, sólo el enemigo común es capaz de establecer uniones con cierta solidez en la política y explicar extrañas adhesiones. Que socialistas andaluces moderados, con sentido de Estado y altura de miras, reconozcan que han votado a Pedro Sánchez sólo se explica por la animadversión a Susana Díaz, a la que el vídeo ‘robado’ tras la derrota en Madrid y la guasa del cónsul le han venido de perlas. Aparece como víctima quien tanto ha destacado durante años por su perfil más duro. Nada más conmovedor que ser la agredida, la agraviada, la odiada. Entonces el caballo va al galope.

Un portavoz ante el espejo

Carlos Navarro Antolín | 23 de julio de 2017 a las 5:00

Beltrán sentado

CONSCIENTES del tiempo que se ha llevado sangrando la herida de la división interna, el PP de Sevilla se apresura en pintar la fachada, adecentar la casa y mesarse los cabellos para poner su mejor cara ante el votante. Los populares se dan prisa para alcanzar agosto con los primeros deberes hechos. El líder supremo, Javier Arenas, ha desembarco nada menos que en el Ayuntamiento para reforzar la posición del jefe de la oposición, Beltrán Pérez. Arenas no pisaba la Casa Consistorial desde la toma de posesión como alcalde de Juan Ignacio Zoido, allá por el verano de 2011. A la sesión estaban convocados todos los cargos electos de Sevilla, en presencia, por supuesto, de la presidenta provincial, Virginia Pérez. Arenas, a puerta cerrada, les pidió a todos que trasladen la voz del grupo municipal a los despachos de la Administración del Estado. Y Virginia, siempre con la aguja y el dedal para coser los jirones internos tras un año de zozobra, hizo alusión a que la familia estaba al completo pese a las heridas aún por cicatrizar: “Como veis, existen mesas lo suficientemente grandes para que podamos caber todos”. Claro, lo dijo porque en la sala había miembros destacados del bando oficialista que perdió el control del partido, algunos tan importantes como José Luis Sanz, alcalde de Tomares y senador, jaleado y proclamado el jueves en las redes sociales como “referente del municipalismo del PP”, y también estaban Alberto Díaz, hoy portavoz adjunto del grupo municipal, y los ex presidentes provinciales Ricardo Tarno, diputado nacional, y Juan Bueno, diputado autonómico. La verdad es que acudieron todos los citados salvo la concejal Lola de Pablo-Blanco y la diputada nacional Silvia Heredia, en ambos casos por razones justificadas.

Beltrán Pérez, llamado a ser el candidato en 2019 con todo el apoyo de Arenas y Virginia, tal como se pudo evidenciar el viernes, ha trazado la hoja de ruta de los próximos meses en un documento al que ha tenido acceso este periódico. Lo llamativo del guión es que el PP de Sevilla se dispone a la recuperación del voto de los electores “tradicionales de la Derecha”, escrito así: con mayúsculas. El PP es consciente de que debe remontar el auge de Ciudadanos y contrarrestar el efecto de Espadas en los sectores conservadores de la ciudad. El actual alcalde no provoca rechazo en Los Remedios, ni en el Centro, ni en Triana, ni mucho menos en Nervión, distritos tradicionalmente azules. Espadas es un socialdemócrata sin aristas de los que tanto gusta en Sevilla. Tampoco acumula mandatos como Monteseirín, por lo que aún no ha cometido irregularidades que puedan generarle escándalos mediáticos, ni tan siquiera preside un Ayuntamiento con sueldos altos. Por todo esto, Beltrán Pérez tiene que sacar su perfil más político, reinventarse como concejal correoso de la oposición. No le vale hoy su estilo de éxito anterior a 2011, cuando fue uno de los arietes más fuertes contra el cuartel de Monteseirín. Basta recordar aquella rueda de prensa en la que hizo sonar un cencerro para llamar la atención del entonces alcalde socialista. Hoy no hay facturas de comilonas, ningún cargo electo cobra por encima de los 60.000, todavía no hay primos colocados y los viajes (pocos) han dejado de ser noticia.

Beltrán Pérez se mira estos días al espejo a la búsqueda, quizás, de un nuevo perfil, de un nuevo estilo que lo diferencie a las claras de la imagen de un alcalde que le ha comido terreno al PP por los terrenos de esa derecha sociológica tan amplia en una ciudad como Sevilla. El viernes, entre los suyos y sin cámaras, pronunció un discurso de alcalde, en el que llamó a los cargos hispalenses del PP a trabajar para que Sevilla ejerza una “calidad competitiva” como capital de Andalucía y que sea una urbe que lidere el área metropolitana. En el documento insta a huir de “los liderazgos personales”, a mantener “agilidad y comunicación” con otros grupos municipales de la oposición y a que los doce concejales del PP tengan la convicción de que forman “el mejor grupo del Ayuntamiento”, entre otros detalles de funcionamiento interno. El mismo guión insta a los concejales a “tener vida propia, capacidades propias y agenda propia”. Pero la principal idea es la de la necesidad de “convencer” al votante de derecha. Tal vez por eso Arenas citó a los suyos en el Salón Santo Tomás: para que sus cachorros rebeldes (el bando oficialista) metieran el dedo en la llaga del costado del que ha sido designado como candidato ‘in pectore’ a la Alcaldía de Sevilla en 2019. Beltrán es el elegido por Arenas. De eso no hay duda. En política, un cuarto de hora es mucho tiempo. Arenas representa la eternidad, capaz de pegar un regate en una baldosa, de estar brujuleando por Génova y aparecer en pleno julio en el Ayuntamiento del que fue concejal hasta 1989. Su éxito es que se reinventa. Beltrán Pérez tiene que pasar del cencerro al perfil institucional sin descuidar el aguijón político. Y, al mismo tiempo, mirarse en el espejo y reconocerse.

El pedrismo hispalense

Carlos Navarro Antolín | 16 de julio de 2017 a las 5:00

pedristas

SON pocos y tienen el camino cuesta arriba. Se trata del futuro de la agrupación socialista más importante de España, del fortín tradicional del partido, de la provincia que se mantiene roja cada noche electoral por mucho que la piel de toro se tiña de azul. En cuanto pase el congreso regional del enrocamiento de Susana Díaz en sus cuarteles andaluces, la batalla se librará en la agrupación sevillana, dirigida hasta ahora por Verónica Pérez, que ejerce las funciones de un fiel peón de la presidenta, por la que se inmoló el día que se proclamó en Madrid como “la máxima autoridad” del partido para entrar en la sede de Ferraz, pero a la que ni siquiera dejaron pasar el bolso por el escáner de seguridad. Toda España comprobó de lo que son capaces los políticos de hoy por agradar a sus jefes. La piscina sin agua. El pozo sin agua. Elijan la metáfora que ustedes prefieran. El caso es que se lanzó. Se tiró. La evidencia fue máxima y la autoridad nula. Verónica Pérez está políticamente achicharrada de Despeñaperros para arriba, pero todo indica que seguirá al frente del aparato hispalense. Los pedristas se mueven de cara al congreso provincial. Tienen que hacerse notar, generar algo de ruido, plantear guerra. Son pocos pero se han movido mucho y con éxito para devolver a su líder a la secretaría general del PSOE. El primer escollo que tienen es la necesidad de reunir el 20% de los avales para presentar una lista y forzar las primarias, una tarea difícil cuando se trata de pedir firmas de apoyo a militantes que trabajan en el Ayuntamiento, la Diputación o en cualquier despacho de los que se requiere la publicación del nombramiento en el BOJA para ser ocupado. Ellos, por lógica, hubieran preferido un porcentaje de avales simbólico, muy reducido, de los que defiende el nuevo orden del PSOE constituido en la sede de Ferraz, pero el congreso provincial de Sevilla se regirá por el estilo antiguo, emanado del XXVIII congreso federal, celebrado en Sevilla: sin un 20%de firmas no hay candidatura.

Es sabido que el pedrismo andaluz tiene su estratega principal en el ex concejal Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y su perfil más institucional en el sempiterno alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano.

Pero los pedristas necesitan un rostro que intente el asalto a la agrupación sevillana, aunque sea de forma testimonial. Una cosa es renunciar a la contienda en el control de la ejecutiva regional (pista libre para Susana Díaz) y otra muy distinta entregar la cuchara en la lucha por el control de las estructuras provinciales. La cara más amable de pedrismo hispalense es la de Nieves Hernández, una licenciada en Derecho, trabajadora de la UGT y militante del PSOE desde 1992. Forma parte de la agrupación Centro. Ha sido presidenta de las muy activas plataformas en apoyo a Pedro Sánchez que surgieron en buen número por toda España después de la defenestración del entonces secretario general aquel sábado de octubre. Hernández no se corta un pelo cuando se refiere a Susana Díaz como una persona “ambiciosa”. Tiene buena imagen, fue durante un tiempo la portavoz de voz dulce del gobierno de Monteseirín en el Ayuntamiento. Está retirada de la política, pero aquella caída de Pedro Sánchez la hizo retornar a la actividad política. Tiene una relación de estrecha confianza con Gómez de Celis. Es una alfonsista.

La segunda opción es Maribel Montaño, carmonense de la hornada del 62, licenciada en Geografía e Historia y funcionaria municipal en su localidad natal. Formó parte de la ejecutiva provincial del PSOE de Sevilla y después de la federal como secretaria de Igualdad. Fue asesora de Monteseirín cuando era presidente de la Diputación Provincial. También fue delegada provincial de Cultura con Carmen Calvo de consejera (hoy pedrista con sillón en la ejecutiva federal) y años después formó parte del gobierno municipal como delegada de Cultura y –al igual que Nieves Hernández– como portavoz del gobierno de Monteseirín durante un período.

Y la tercera opción sería la de Luis Ángel Hierro, actual componente de la ejecutiva provincial, economista con plaza universitaria que vivió algunos días de gloria –con sus minutos de telediario– cuando intentó ser candidato a la secretaría general del PSOE en 2012, en un intento –dijo– por demostrar que la obligación de reunir previamente altos porcentajes de avales lastran el proceso. Ese mismo año dimitió como presidente del Consejo Económico y Social de Sevilla tras censurar que “todos los gobiernos” quieren controlar este organismo, tiene experiencia como diputado en el Congreso y se caracteriza por ejercer de verso libre en el PSOE sevillano. Es secretario general de la agrupación Sur (cargo que alcanzó por un estrecho margen de votos), desde la que ha promovido apoyos para Pedro Sánchez, como han hecho también los secretarios de las agrupaciones de Miraflores, Nervión y Bellavista.