Archivos para el tag ‘Tomares’

En la fiesta de Juan Bueno

Carlos Navarro Antolín | 30 de mayo de 2017 a las 5:00

Fiesta bueno

LOS homenajes en Sevilla los carga el diablo. ¿Cuántos cazadores no despiden a sus presas, ya cazadas y desplumadas, con el correspondiente homenaje de cena, discurso y placa? En Sevilla homenajeamos muy bien, estupendamente, se nos da de cine. Aquí se jubila del cargo un presidente del Consejo de Cofradías y sale organizada una cena de 600 comensales en dos minutos. Se jubila (o jubilan) un cardenal que ha gobernado 28 años y todavía estamos esperando a que haya un homenaje masivo de la sociedad civil como Dios manda. Las varas de medir son de cualquier manera. A Monteseirín, por ejemplo, le dieron su homenaje en las setas tras doce años de alcalde. En vez de a puerta cerrada, que así fue, alguien dijo con cierta guasa que fue a setas tapadas porque a la prensa no la dejaron acercarse. El otro día le dieron su homenaje al bueno de Juan Bueno tras cuatro años de presidente del PP sevillano. Fue un homenaje a plaza partida, que se decía de los antiguos espectáculos taurinos. Pero no porque acudiera sólo la parte que apoyó a Juan en el XIV congreso de la formación, sino porque asistió la mitad de la mitad de los que lo votaron. En la fiesta de Juan, que no era la de Blas ni la gente –válgame Dios– salía con varias copas de más, hubo muchas ausencias. Notables ausencias. Reveladoras ausencias. De la famosa mesa camilla que dicen que ha gobernado el PP en los últimos tiempos no fue nadie: Ricardo Tarno estaba con los asuntos de la OTAN que le corresponden como diputado nacional, y José Luis Sanz con los de sus dominios de Tomares que le corresponden como alcalde. Tampoco se dejó ver el ministro Juan Ignacio Zoido, que al día siguiente tenía el coñazo del desfile de las Fuerzas Armadas en Guadalajara, dicho sea según la expresión de Rajoy a micrófono abierto, ¿recuerdan?. El presidente del Gobierno, por cierto, se borró del desfile este año para ir a dar una conferencia a Sitges. Don Mariano, usted sí que sabe.

Tampoco, por supuesto, fue Arenas a la fiesta de Juan, a pesar de que tanto elogia siempre a Bueno en sus discursos. El lince no apareció, el lince anda moviendo las piezas del nuevo orden del PP sevillano. Hablando del nuevo orden, tampoco estuvieron Los Pérez: ni Virginia ni Beltrán. ¿Pero el PP de Sevilla no era una gran familia donde todos estaban ya la mar de contentos, pidiéndose perdón por las esquinas y dándose abrazos de costaleros con besos triples en las mejillas? Unos no fueron porque no podían, otros porque alegan que no se les convocó.

Las ausencias no serían por el precio de la fiesta. Se estipularon cinco euros para el merecido obsequio. Las consumiciones eran de Bollullos.

–¿Un cáterin de la provincia?
–No, de Bollullos es que cada uno se paga lo suyo.

La cosa no era gravosa. Asistió algún primer espada como el subdelegado del Gobierno, don Ricardo Gil-Toresano, que le debe el cargo a Zoido y Bueno y que, además, el sitio (La Raza) le cogía cerca de la alcoba (Plaza de España). A Gil-Toresano le diseñaron el festolín con escuadra y cartabón, como Curro Pérez le cuadra las agendas de los lunes al ministro Zoido: un actito en Sevilla para alargar el fin de semana.

El nuevo secretario general, Juan de la Rosa, no faltó, como tampoco lo hizo José Miguel Luque. En la heráldica del buenismo bien podrían aparecer Luque y de la Rosa como los particulares San Isidoro y San Leandro del bueno de Juan Bueno.
Hubo concejales como María del Mar Sánchez Estrella, Pía Halcón, Ignacio Flores y Jaime Ruiz, y diputadas provinciales como Carolina González Vigo. El portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, Alberto Díaz, hizo acto de presencia algunos minutos.

Quizás alguien debió pensar en una fecha más idónea para celebrar el homenaje. Tal vez se precipitó la convocatoria. Juan Bueno es un personaje que no tiene aristas pese a todo lo que ha soportado en el último año. Siempre correcto, siempre educado, alejado de las formas agrestes de otros figuras, hay quien dice que le ha pasado como a muchos arzobispos recién aterrizados en Sevilla:que ha estado mal asesorado. Un presidente de partido es un símbolo cuando deja de serlo. Y como tal merece ser cuidado. A Bueno le ha tocado vivir como presidente la mayor convulsión que ha sufrido el PP sevillano desde su fundación. Nunca antes había ocurrido todo lo que ha sucedido en el último año, pese a que algunos se empeñaban en negar la importancia de los hechos. Está por ver que la agitación interna no se reproduzca en los próximos meses. Se sabrá después de agosto.

El homenaje debió ser masivo. Los nostálgicos tienen razón: Sevilla se nos va. Ya no nos sale bien ni la Madrugada ni los homenajes. Esto no es lo que era.

Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

La olla exprés del PP sevillano

Carlos Navarro Antolín | 7 de febrero de 2017 a las 5:00

Caja negra espartinas
LA vicepresidenta del Gobierno está triste. ¿Qué le pasa a la vicepresidenta? Dicen que suspiró en Málaga el pasado sábado al echar en falta al ministro del Interior en la reunión de trabajo sobre la ponencia política que el PP llevará al congreso nacional. Juan Ignacio Zoido hizo rabona. No estuvo junto a Soraya Sáenz de Santamaría, ni junto a Javier Arenas, autor del documento sobre política autonómica y administración territorial, ni junto a Cristóbal Montoro, ese socialdemócrata a juicio de Esperanza Aguirre, ni junto a Fátima Báñez, la ministra de Empleo que ha salido políticamente reforzada nada menos que después de hacer una polémica reforma laboral, ni junto a un tal Feijoó, que gobierna Galicia sin oposición que le rechiste, ni junto al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”), que preside el partido en Andalucía. Zoido los plantó a todos, pese a que el cartel era de Domingo de Resurrección. ¿Dónde estaba Zoido? Pues apostó por estar en Espartinas para presidir la inauguración de la nueva sede del partido en esta localidad. Si es que el ex alcalde de Sevilla como disfruta es de alcalde. No lo puede remediar. Es como el torero que va de paisano y la gente dice: “Mira, ese señor que va por ahí tiene todas las hechuras de un matador de toros”. O el que monta a caballo y luce las piernas arqueadas:“Aquel otro parece que acaba de salir de las cuadras de Pineda”. Pues uno ve a Zoido y dice:“Es el alcalde de España, alcalde por los cuatro costados”.

Zoido apostó el sábado por algo mucho más divertido que oír a Javier Arenas hablando sobre política territorial. Qué horror, otra vez la vuvuzela de Cataluña. Los sábados están hechos para el hombre. Apostó por posicionarse una vez más en la guerra interna que vive el PP sevillano, fracturado entre oficialistas (Cospedal, Zoido, Juan Bueno) y manijeros (Arenas y Los Pérez: Virginia y Beltrán). El ministro prefirió la micropolítica. Para colmo, Espartinas está fuertemente dividida. En la localidad aljarafeña, otrora un bastión del centro-derecha hispalense, se reproduce de forma palmaria el enfrentamiento que sufre el PP de la capital. El presidente, Domingo Salado, va por libre. Y el secretario general, Javier Jiménez, no tiene reparos en denunciar la actitud de su presidente ni en una carta dirigida a los altos mandos del partido, ni desde la cuenta oficial de la formación en tuiter. Los manijeros de Espartinas denuncian que todo un ministro del Interior ha inaugurado una sede en su domicilio particular y se quejan de que no rinde cuentas de la gestión del partido en las instancias debidas.

Espartinas no es cualquier pueblo para el PP. Espartinas era todo un estandarte hasta hace año y medio. Era el único municipio con peso para el centro-derecha cuando el PSOE barría en cada cita electoral en el 90% de los municipios. Hoy ese estandarte se ha deshilachado y su posición la juega ahora Tomares, donde gobierna con reiteradas mayorías absolutas el senador José Luis Sanz, y en parte Carmona, donde Juan Ávila mantiene el bastón de alcalde acariciando la mayoría absoluta.

Espartinas es más que una olla exprés para el PP de Sevilla en vísperas del congreso nacional. Es un frente abierto, descarnado si se atiende a la propia difusión del conflicto que han hecho sus protagonistas. Zoido prefirió Espartinas porque sabe que el control político del PP de Sevilla es absolutamente clave para su futuro después de ser ministro. Y todo político piensa en su futuro desde el primer día en que se estrena en un cargo. Zoido no puede consentir que el PP sevillano quede en manos de los manijeros después del congreso provincial que se celebrará este mismo año. Por eso hace rabona en un debate de altura y prefiere los asuntos domésticos. Ya lo demostró cuando asistió a una reunión técnica sobre los criterios de elección de los compromisarios. En Espartinas están tirando a dar. Y el soldado Zoido ha elegido trinchera de nuevo. Qué sevillano es eso de aplicar la ausencia o presencia, según la conveniencia.

El fin del cuaderno azul en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de noviembre de 2016 a las 5:00

Feria 2016
EL PP de Sevilla sigue siendo un partido en crisis, fracturado, sometido a un continuo estrés, a los vaivenes propios de un cambio de pontificado, del inicio de un nuevo ciclo, donde hay fuerzas que se resisten al cambio y agentes que tratan de irrumpir con la vitola de ser los paladines de un nuevo estilo. El PP de Sevilla es un paciente al que la estructura regional no consigue monitorizar, no logra controlar sus pasos, ni vaticinar sus querencias. El PP de Sevilla vive en continuas contracciones, a la espera de un parto que nunca llega. Funciona sufriendo. Es imposible algún augurio a largo plazo. Cualquier anuncio de futuro que no se pueda materializar en poco tiempo resulta poco creíble. Humo. Zoido se ha ido y su marcha ha desencadenado una suerte de proceso sucesorio en el grupo municipal, avanzado y retransmitido en directo por este periódico en su edición digital a mediodía del pasado jueves. Todo es interino en el PP y en el Grupo Popular. Nada es fijo. El pujante sector crítico logró el jueves una portavocía adjunta y –tal vez lo más importante– consiguió que el nuevo organigrama se acordara tras un debate de tres horas. Una sesión tan larga fue la prueba palmaria del fin del cuaderno azul, aquella libreta que simbolizaba la política digital de la era aznariana: la elección a dedo de los sucesores y delfines en un partido eminentemente presidencialista.

Hasta el mismo Arenas, consciente de que ya pasaron sus días de vino y rosas, anda remangado para lograr que los suyos sean fuertes en la plaza sevillana. Los críticos no pudieron frenar el jueves que el portavoz principal en el Ayuntamiento sea un oficialista, Alberto Díaz, ex jefe de gabinete del alcalde Zoido. Los críticos hubieran preferido, al menos de boquilla, a la concejal María del Mar Sánchez Estrella para dejar así en la reserva activa (activísima se podría decir) al verdadero aspirante a candidato a la Alcaldía en 2019: Beltrán Pérez. El pecado de Sánchez Estrella fue, tal vez, postularse en exceso para el cargo. Un pecado, en cualquier caso, perdonable en el mundo de la política tras cumplir alguna penitencia liviana.

El presidente provincial, Juan Bueno –la cara amable del aparato– jugó con los tiempos. Estuvo hábil hasta que se le vieron las cartas (marcadas). Sus prisas lo delataron. ¿Por qué había que dejar reorganizado el grupo municipal ese mismo jueves? Porque si esperaba un día más ya no dispondría de la mayoría necesaria (siete sobre doce) para sacar adelante su plan, pues la salida de Gregorio Serrano y Curro Pérez (oficialistas fichados por Zoido para Madrid) lo dejaba en cuadro de inmediato, por mucho que hubiera forzado la presencia de Jaime Ruiz, que todavía no ha jurado el cargo de concejal. Ruiz avaló el plan de Bueno sin entusiasmo: “No es mi propuesta pero la apoyo por respeto al presidente del partido”. Si Bueno esperaba la llegada de los sustitutos, la cosa se le ponía aún más fea, pues ya calientan en el andén Rafael Belmonte (vicario general de la causa beltraniana) y Carmen Ríos (crítica con el zoidismo). Bueno metió la directa, afrontó y forzó una reorganización a paso de mudá. Gregorio Serrano, que a esas horas aún ocultaba su condición de flamante director general de la DGT, pidió “respeto” para el presidente provincial. Los críticos, que comenzaban a olerse que el barco oficialista sufría vías de agua, pidieron retrasar la reunión para repetirla cuando ya se pudieran sentar en la mesa los doce concejales que, de verdad, iban a representar al PP en los dos años y medio de mandato que aún quedan. Pero Bueno quería a toda costa dejar los deberes hechos antes de que Zoido confirmara sus fichajes hispalenses, los que iban a dejar a Bueno sin garantías de éxito.

La consecuencia del inminente desembarco de Belmonte y Ríos es que el oficialista Alberto Díaz será un portavoz que dirigirá el Grupo Popular en aparente minoría, será una especie de Rajoy del palomar que tendrá que dialogar cada día, cada minuto, cada instante. No con el PSOE, sino con los suyos. Porque corre el riesgo de ser revocado en cualquier momento. Para dejarle claro que es un portavoz en situación de supuesta fragilidad, los críticos se movieron en la misma mañana del viernes. Se sintieron estafados por Bueno, que no reveló el jueves que Serrano y Pérez tenían ya un pie en el AVE para mudarse a Madrid. Hasta la Secretaría del Ayuntamiento llegaron los amagos para revertir los nombramientos. Bastaba con que cinco concejales retiraran sus firmas del acuerdo alcanzado el día anterior. Con el amago enseñaron la punta del cañón, exhibieron el músculo. Y nada más. Entre los oficialistas hay quien asegura que, en realidad, carecían de las firmas suficientes.

La estructura regional pidió paz, suplicó un período de calma tras meses de convulsión. Derrocar al nuevo portavoz era técnicamente posible, pero el escándalo estaba servido. El PP de Sevilla sería, de nuevo, un avispero a dos meses del congreso nacional. Y, sobre todo, en fechas muy próximas a la elección de los compromisarios que habrán de representar a la provincia en esa cita de febrero en Madrid.

Díaz se comerá los polvorones como portavoz mientras la regional siga frenando el empuje del ariete de los concejales críticos, auspiciados desde la Diputación por la correosa portavoz Virginia Pérez, y dirigidos desde Madrid por el lince Arenas. Díaz es un hombre de José Luis Sanz, el senador y alcalde de Tomares al que su pueblo hace tiempo que se le queda pequeño. El cariño de la regional por todo lo que huela a Sanz es más bien escaso, pero el PP andaluz no quiere más frentes abiertos. Moreno Bonilla no tiene ningún entusiasmo por Zoido, al que culpa en buena parte del rechazo que sufre en Sevilla, ni por Sanz, al que Zoido aupó a la condición de aspirante a presidente regional con un sonoro fracaso. Pero la regional prefiere a Díaz de portavoz durante un período pacífico que sufrir otra crisis como la del pasado verano. Díaz, por el momento, ha comenzado a entrevistarse cara a cara con los concejales críticos. Ha encontrado, en principio, buen talante y ganas de trabajar en armonía. El nuevo portavoz del PP es consejero de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales. Parece que seguirá siéndolo. Yque respetará el puesto de María del Mar Sánchez Estrella en el patronato del Alcázar. Los cambios que haga, en las empresas municipales o en el equipo de asesores, están por ver. Ahí se percibirá si es un portavoz con las manos libres, o tutelado desde el Ministerio del Interior. De lo que no hay duda es de que conoce los errores del zoidismo.

Beltrán Pérez, hoy portavoz adjunto de su formación en el Ayuntamiento, querrá ser el portavoz principal más pronto que tarde. El caso es que no se lleva mal con Alberto Díaz. Desde la pasada Feria, como se aprecia en la imagen que ahora ve la luz, establecieron una conexión bendecida por el propio José Luis Sanz. En cuanto Sanz tuvo conocimiento del primer acto de los críticos, ocurrido el mediodía del Miércoles de Feria en la caseta Los Manijeros, sabía que el personaje clave, con el que se medirá tarde o temprano, era Beltrán Pérez. Díaz estuvo con Pérez el martes de Feria, con Rafael Belmonte como testigo. Y Sanz y su fiel Díaz acudieron a la caseta particular de Beltrán Pérez el mismo miércoles por la noche. Ambas partes siempre han tenido la interlocución abierta en los meses más duros de empuje de los críticos.

El posible salto de Sanz a la política municipal en Sevilla, opción ya apuntada en estas páginas en varias ocasiones, pasa por varios requisitos. Que se quede limpio cuanto antes de cualquier nuevo frente judicial. Que recupere el poder orgánico, por lo que tendría que ser de nuevo presidente del PP hispalense, ya lo fue en un período notable. Y que sepa convencer al electorado de que hoy se puede ser alcalde de Tomares y mañana aspirar a la Alcaldía de Sevilla. Sanz es un tipo criado en el casco antiguo y hermano muy antiguo en San Isidoro, por lo que goza del marchamo capitalino, otra cosa es que el padrinazgo de Zoido para esa aventura sea el adecuado.

El Zoido de 2016 es ministro, pero no es el Arenas del 96 al 2004. Zoido no tiene influencia en los designios del partido como la tenía el de Olvera en sus buenos tiempos. Ya se vio cuando el ex magistrado fue presidente regional interino, un período negro en una trayectoria política que alcanza ya las dos décadas. El peor favor que Zoido puede hacer a su amigo Sanz es promocionarlo para ser alcalde de Sevilla. Incluso hacer como que lo hace. Ocurre que Zoido ha aprendido de Arenas todo lo que sabe de política. Como diría Malú en su canción de éxito:“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro para hacer sufrir. Si alguna vez fui mala lo aprendí de ti. No digas que no entiendes como puedo ser así…”. Zoido ha visto a Arenas hacer y deshacer en Andalucía y en Sevilla desde los despachos de Madrid. Eso le influye. Es determinante. Pero Arenas podía permitirse aquellas acciones por dos razones: había creado escuela, todos eran sus discípulos, por lo que tenía autoridad moral, y además siempre conseguía perpetuarse en alguna plaza de poder orgánico e institucional en Madrid. Zoido no ha creado escuela, más allá de tener una cuadrilla de fieles (Gregorio Serrano y Curro Pérez) y no se ha perpetuado en el poder. Más bien al contrario, los lodos de hoy del PP sevillano proceden del barro de haber perdido la Alcaldía de los 20 concejales. Cuando el poder sale por la puerta, las uniones en los partidos saltan por la ventana. A la vista está.

Mal haría Zoido en jugar a ser Arenas a la hora de ejercer de árbitro en el PP sevillano por mucho que el Ministerio del Interior sea una plaza de una indiscutible importancia. Zoido se puede salvar a sí mismo. Por su currículum, por su encanto personal para ganarse a Cospedal como se ganó en su día a Arenas, por su inteligencia de hombre de pueblo y por su pericia para hacerse el sueco. Pero no puede salvar a los demás ni erigir nuevos candidatos. Por el momento no goza de esa potestad. Tuvo una gran oportunidad de convertirse en ese político total del PP en Andalucía, creador de nuevas figuras. Pero no quiso. Rajoy aún está esperando que Zoido le diga en una conversación privada que su sucesor como máximo responsable del partido en Andalucía era Sanz. Esa petición, realizada en firme y con rotundidad, hubiera puesto a Rajoy en un serio compromiso, pues se la hubiera hecho quien ostentaba en ese momento la presidencia regional del partido y la Alcaldía que se había convertido en el estandarte del municipalismo para el PP. Zoido nunca dio ese paso, más allá de referencias en contextos mitineros.

Los nuevos tiempos en el PP no tienen ya el azul de ninguna libreta. Todo lo ocurrido en la formación hispalense en los últimos meses prueba que buena parte de los cargos y militantes han perdido ese respeto reverencial por el aparato del partido, que ahora se ve vulnerable y que es heredera de una estructura incapaz de haber conservado el poder municipal que se logró de forma tan brillante. No se equivocaron José Luis Sanz ni Alberto Díaz en abrir la interlocución con Beltrán Pérez en aquellos días de Feria. Los hechos demuestran que Díaz está condenado a entenderse con los críticos en el Grupo Popular. Y que los críticos tienen que medir su fuerza, ahora que en el Ayuntamiento la van a tener con más intensidad que antes, para no aparecer como políticos con un apetito voraz de poder. Ysi Sanz quiere bajar de Tomares a Sevilla es mejor que construya el teleférico prometido. Porque ya no hay ministro que tenga un dedo tan poderoso. Los emperadores desaparecieron como los dinosaurios. Hasta hay uno que fue vicepresidente del Gobierno que sigue enredando las madejas aparentemente menos importantes. Se toma la molestia en hacerlo. Vivaquea todo lo que le dejan. Ojo al tipo. Arenas no estaba muerto, estaba de parranda. El de siempre, el que los enseñó a todos. El maestro Yoda del PP andaluz. Sigue descendiendo al foro donde se eligen los portavoces de la oposición municipal. Quizás porque sabe que el poder se construye de abajo hacia arriba. Los cuadernos azules ya no señalan desde arriba a los que mandarán desde abajo.
Sev.

Suben las chuches, sube el barril

Carlos Navarro Antolín | 25 de noviembre de 2015 a las 5:00

RAJOY VISITA FABRICA DE HEINEKEN
NOVIEMBRE tiene el sonido de una esquila, la estética antigua de funeral de la Caridad, la ampulosidad de una casulla de negro y oro, la brisa de los primeros fríos, la opacidad de los primeros vahos y la tinta de las esquelas que deja el primer luto en las yemas de los dedos. En noviembre se tiende a preferir las calorías de los taninos del vino a los fríos del fermentado. Quizás por eso la Cruzcampo, una de esas marcas blancas (y de oro) de la ciudad, apuesta ahora por revisar al alza el precio de sus productos. El tabernero suda en noviembre como un pavo cuando del altillo baja el árbol de plástico de la Navidad. Hay dos precios en Sevilla que ya pueden dispararse que no bajará la demanda:las tarifas de las sillas de la carrera oficial y el precio del barril de la Cruzcampo.
El barril de 50 litros de la rubia sevillana por excelencia se ha encarecido este noviembre un 3,22%. Ha pasado de 117,67 a 121,58 euros. Y no ha sido de las subidas más caras. En 2013 se encareció un 3,7%, de 110,24 a 114,42 euros. ¿Qué hace el tabernero además de sudar? Repercutir la subida en el precio de la caña. Opasarse al botellín. Pero no es lo mismo el tirador de la silla de la Campana que la chapa de ver las cofradías en el callejón de Rivero.
Rajoy desembarca en Heineken en noviembre. Suben las chuches y sube el barril. El verdadero IPC en clave hispalense es el Índice del Precio de la Cruzcampo. El año que el Consejo subió por encima del 10% los precios de la quidiello de la carrera oficial, hubo demanda para duplicar el aforo. El personal tiene dinero y tiempo para lo que quiere. Yhay doctores de la iglesia local que aseguran que el año de la misericordia consiste en quedarse en un bar donde sólo hay tirador de Mahou. En Sevilla se han hecho fotos libando Cruzcampo el Rey y el cardenal.
Noviembre trae a Rajoy a la Heineken, al Tomares de José Luis Sanz y al restaurante Rafael Ruiz de Amador de los Ríos, de donde el presidente se fue a Santa Justa a subirse al AVE de las 15:45. En Sevilla se quedan los barriles. Y las barrilas de la Madrugada.
No hay SE-35, ni conexión ferroviaria del aeropuerto a la estación. No tenemos sombra en la Avenida, ni vuelos internacionales a los principales aeropuertos de Europa. La línea uno del Metro es sencillamente la línea (pero sin la Concepción), porque pasarán varias generaciones para que haya otra. Pero tenemos autobuses nocturnos los fines de semana que permiten beber para olvidar, tenemos un eje Sevilla-Málaga del que no se para se hablar en todas las tertulias (tururú) y cerveza bien fresquita. Tómese otra, presidente, que por mucho que suba este IPC jamás nos pondrá al borde del rescate.

Once autobuses y una pulsera

Carlos Navarro Antolín | 21 de mayo de 2015 a las 5:00

pulsera
LA camisa blanca sustituye al coche oficial como símbolo de poder en tiempos de penuria. Pedro Sánchez y Antonio Gutiérrez Limones aparecieron ayer de blanco. Rajoy, Moreno Bonilla, Zoido y Arenas gastaron también camisas albas. El mitin del Prado de San Sebastián fue casi un micromitin. Estaban preparadas ochocientas sillas, que se quedaron en seiscientas. El formato está desfasado. El mitin ya no sirve para enseñar músculo, tan sólo para lograr la conexión en directo con el telediario, que es lo importante. Se cita a las personas a las siete y media de la tarde, la melodía sube de volumen a las ocho menos diez, que para eso el poder tiene licencia para llegar tarde, y la cúpula escenifica una entrada entre abrazos y besos por el pasillo central, una liturgia en la que el lince Arenas siempre fija la vista en los que están más lejos, que son los que se muestran doblemente agradecidos por el guiño inesperado. Una liturgia en la que Magdalena Ybarra le coloca a Rajoy una pulsera electoral: Pasión por Tomares, la localidad donde se presenta a la reelección José Luis Sanz, que no fue candidato a la Presidencia de la Junta porque el dedo del presidente no lo señaló. No hubo dedazo, pero sí muñeca.

Revuelo de camisas blancas y confesiones al oído. Los datos internos del PP apuntan a que la gaviota será la más votada en los once municipios de mayor población en Andalucía: las ocho capitales, Jerez, Marbella y Algeciras. Las mayorías absolutas son comoArmada: ni están, ni se les espera.

Un vídeo sobre las bonanzas de España precede a Rajoy. Aparecen monumentos, playas cristalinas, industrias pujantes, científicos entre probetas, ingenieros trazando puentes, niños inmaculados… Y hasta un lince. Pero un lince auténtico, no Arenas, sino un lince del coto, de los que protege la Junta. ¿Quién ha sido el lince del PP que a su vez ha puesto un lince en el vídeo? Si la Junta cualquier día le pega el cambiazo al Hércules del escudo para birlarle un león y colocarle un lince. Menudo lince.

Nadie habla del futuro en los atriles de los mítines. No hay razón, sólo emoción. Y una emoción de bajo coste. Todo es el pasado, un ritual destinado a la encuadernación de un tomo con un título dorado en el lomo: Elogio del buen administrador. Moreno Bonilla dice que Sevilla ha mejorado mucho gracias al esfuerzo de los sevillanos. Y después dice que también gracias al trabajo de Zoido, claro. El líder malagueño refiere los casos de corrupción en Mercasevilla y en la Fundación DeSevilla. Y hasta se acuerda de las facturas falsas, aquel caso venteado por Zoido en un debate electoral. Y destaca el saneamiento de la Hacienda local hispalense. Moreno tilda de “sello de identidad” que el PP sanea las cuentas donde gobierna.

Zoido hace balance de sus cuatro años de alcalde. Rajoy también ensalza el orden en las cuentas. Salvo referencias a la Zona Franca, no hay grandes alusiones a proyectos específicos de futuro. Todo es pasado. Rajoy con la barrila del rescate evitado en 2012. Y Zoido con las medidas de austeridad que tuvo que tomar en 2011. La alusión más parecida a un proyecto de futuro fue la realizada a la Zona Franca, en la que el gobierno local ha trabajado estos cuatro años. Otra vez el pasado. El alcalde le explicó a Rajoy que se encontró Emasesa con pérdidas económicas. Zoido es la seguridad porque no ser mete en jaleos. “Somos previsibles”, proclamó el candidato a la reelección. Y tanto, contestó uno del público en voz baja.

Varios concejales del gobierno aguantaron de pie. El profesor Landa, muy próximo al escenario, donde todo el mundo pudo verlo. Gregorio Serrano, Curro Pérez (que venía con pañuelo y polvo del primer día de camino del Rocío de Triana, tipo Indiana Jones) y Rafael Belmonte, todos en vertical.

Las mechas rubias están en extinción. Como los autobuses para traer a incondicionales de la provincia: sólo once. Ay, de aquellos tiempos con sesenta autobuses en la explanada de Fibes. Los autobuses a los mítines son lo que los camiones a las ventas de carretera: cuantos más haya, mejor.

Las camisas blancas desaparecieron. “La política es una actividad noble”, dejó dicho Rajoy. El blanco es el color de la inocencia. En las previas del mitin hay operarios que pasan la fregona al escenario. Y hay gente que se abraza pese a que antes y después se echan fango. La liturgia de la mentira. Todo sea por el minuto de telediario, el vellocino de oro de los políticos en campaña.

Sanz se quita el luto

Carlos Navarro Antolín | 20 de mayo de 2015 a las 5:00

sanz
PASÓ el luto para el alcalde de Tomares. Han sido meses muy duros para José Luis Sanz, que pasó de aspirar a la presidencia de la Junta de Andalucía a enrocarse en el municipio que preside desde los tiempos en que prometió un teleférico para que sus vecinos llegaran rápido a Sevilla sin soportar las retenciones de los años del boom económico, parcelita en el Aljarafe y barbacoa para el domingo. Sanz se ha pasado más de un año cuestionado, con su apellido en los titulares de las informaciones de tribunales. Sanz ha visto a sus correligionarios de Sevilla firmarle los avales para ser presidente del PP andaluz y, menos de doce horas después, ha presenciado cómo esos papeles eran engullidos por la trituradora mientras los firmantes prestaban su aval al aspirante elegido por el dedo de Mariano Rajoy. Ser testigo de esa evolución, aparte de constituir una oportunidad inmejorable para el conocimiento profundo de la condición humana, debe imprimir carácter, como ocurre con los sacramentos. El caso es que Sanz y Cospedal perdieron frente a Mariano Rajoy y… Javié. Javié no hay más que uno y sigue con la ruta de los pueblos sin pisar la capital hasta el desembarco de Rajoy de hoy. A Sanz le arreciaron los mensajes el día en que los que eran de José Luis siempre habían sido de Juanma (Moreno Bonilla). Lo animaban a dar el paso y desafiar la decisión del aparato en un partido eminentemente presidencialista. Incluso algún mensaje hubo desde la alta cúpula de Madrid para que saliera del burladero. Pero no lo hizo. Se quedó mordiendo la esclavina. No nos engañemos: nunca ha sido su estilo hacer política a contraestilo. Hubiera sido sobreactuar. Era como pedirle a Sanz que cogiera la guitarra y animara la fiesta. Y Sanz no es el mejor acompañante de una juerga, pero no por aburrido, que no lo es, sino por finura y frialdad.

Ahora que el Tribunal Supremo ha aliviado de sus hombros el peso de una losa, dicen que Sanz está recordando las zancadillas, evocando lo que pudo ser y no fue, haciendo inventario de quienes han estado junto a él en las horas difíciles (Amicus certus in re incerta cernitur) y haciendo una campaña electoral más en la moto que en los mítines. Es de los pocos candidatos del PP que tiene opciones firmes de repetir la mayoría absoluta. Sanz las mata callando. No nos referimos a ningún ánimo de venganza, sino a su estilo de hacer gestión: de casa en casa, de vecino en vecino. No hay ni habrá teleférico, pero sí hay pista de hielo en Navidad, un rosario de parques nuevos que disparan la ratio de metro cuadrado de zona verde por habitante, de aceras y pasos de cebra pintados con tiralíneas y hasta un Ayuntamiento diseñado por Vázquez Consuegra, símbolos de una localidad con un nivel de vida alabado mucho más allá de Sevilla. Todo eso hay, es cierto. Pero también tiene enemigos declarados con vocación de eternidad, fruta amarga para este pepero metido de lleno en la macedonia de la política de cada día.

Fue cirineo de Zoido en la aventura regional. Zoido perdió y él fue el efecto colateral de la derrota. Lo dieron por acabado, pero se está levantando. Sanz es un político de silencio, de vagón de AVE sin ruidos que encima se impuso el luto mientras duró la penitencia judicial, la pena de telediario, la sentencia de la calle, el juicio cotidiano que nunca se celebró con togas. Algún día tendrá que contar las cuitas de todos estos meses, el empecinamiento de la fiscal jefe, los silencios de algunos de sus adorables compañeros de partido….

El luto ha quedado levantado. No es que Sanz sea un emoticono sonriente de los que se usan en los mensajes de telefonía móvil. Todavía no se ha inventado el emoticono apropiado para Sanz: el que se ríe hacia dentro, sin publicidad. Este lunes, en plena campaña electoral, el alcalde de Tomares se pegó un paseo por el municipio, acompañado por el comunicador Carlos Herrera. Sin prensa ni más testigos que algún destacado miembro de su cuadrilla y el ramillete de vecinos sorprendidos por la escena. Hubo visita a la hermandad del Rocío, a cuyos hermanos siempre canta la sevillana si tienen penas o alegrías. Herrera procedía de la aldea onubense y se paró en Tomares antes de seguir la ruta hasta Sanlúcar de Barrameda.

Sanz se ha quitado el luto. Todo lo que un sevillano fino y frío se puede quitar el luto. El domingo, puerta grande o enfermería.
sanz2

Sanz no pierde sus orígenes

Carlos Navarro Antolín | 29 de junio de 2012 a las 5:00

De Tomares (sin teleférico) al resto de Andalucía (con el volvo del partido). De Casa Esteban a los menús de las estaciones de servicio de la A-92. Sin perder la referencia, sin olvidar el origen. José Luis Sanz seguirá como alcalde. Su más que previsible ascenso a la secretaría general del PP andaluz dentro de dos semanas no le hará dejar el puesto que verdaderamente ha contribuido a consolidar su imagen como político, un cargo ganado y revalidado en el frente de las urnas y no por efecto del dedo de Arenas. Una alcaldía que le permite contar desde hace cinco años con una parcela de poder propia, desarrollar labores de gestión más allá de los despachos de una sede regional en la que durante mucho tiempo se corría el riesgo de quedar anestesiado por el cómodo sofá de la oposición. Tomares no se pierde. Los vecinos no entenderían de tejemanejes de partido. Castigarían una espantá. Y el PP podría poner en peligro una de las pocas plazas fuertes que tiene en la provincia, un ayuntamiento consolidado con una mayoría absoluta en 2011 tras un primer mandato apuntalado por un solitario edil del PA, una reválida que tendrá que hacer Zoido en la capital en 2015 si quiere pensar en nuevas empresas.
El PP cuenta para la gestión diaria de Tomares con 14 concejales de los que trece residen en el propio municipio. Sólo uno –Eloy Carmona– no vive en el pueblo. No debe haber problemas de intendencia para la compaginación de los cargos. Aunque la política no entiende de lógicas, si Zoido insiste en que puede seguir de alcalde de Sevilla, que tiene más de 700.000 habitantes, Sanz debe seguir al frente de Tomares, que tiene 22.000 habitantes.
También seguirá de senador. Muchos de los presidentes provinciales tienen escaño en la cámara alta, que se convertirá en un lugar idóneo para tratar asuntos del partido. Sanz sí dejará la presidencia del PP sevillano, al que ha llevado a convertirse en la segunda fuerza política en la provincia tras años sonrojantes en que era la tercera por detrás de Izquierda Unida, una posición que el PP sólo suele obtener en circunscripciones de Cataluña y el País Vasco. En su debe quedará no haber logrado la primera victoria del PP en Sevilla ni en las generales ni en las autonómicas, una plaza que sigue teñida de rojo en el actual mapa azul.
Claro que en el partido todo el mundo coloca estos días la apostilla de que Sanz se perfila como próximo secretario general siempre y cuando los equilibrios territoriales no lo impidan. El único recelo tiene el olor del rico espeto de sardina. De Málaga también vino la única crítica pública cuando Zoido también se perfilaba para la presidencia. Francisco de la Torre aludió a la acumulación de cargos del alcalde, respirando por la herida de la FEMP que el alcalde malagueño anhela para sí dejando ver sus ambiciones, cosa que algunos entienden como torpeza impropia de un político de largo recorrido. Aunque en Málaga también hay quienes prefieren al sevillano Sanz antes que a otros malagueños…
Sanz se hizo alcalde de Tomares prometiendo un teléferico para conectar el pueblo con la capital. Tras aquellas elecciones dijo una frase antológica: “Lo del teleférico iba en serio”. Yeso que este sevillano de centro, ex alumno de Portaceli y nazareno de ruán no suele gastar en alharacas, aunque sí destila comentarios con cargas de profundidad. Es de San Isidoro, como Zoido. Pero Sanz es mucho más antiguo en la nómina de la cofradía de la Costanilla. Y ha cultivado un trato fluido con el hoy alcalde de Sevilla, quien le ha dado su sitio como presidente del partido pasándole a consulta previamente algunos discursos claves. Los de Zoido y Sanz son caracteres tan distintos como complementarios, de perfiles que congenian. Dos productos de la Factoría Arenas. Dos alcaldes. Dos alumnos de colegios religiosos. Ninguno de los dos ha tenido especialmente buena relación con Antonio Sanz. Ya se sabe que no hay algo que una más que el enemigo común. Lo dicho: una misma cofradía.

El frutero de Tomares tiene quien le escriba

Carlos Navarro Antolín | 9 de mayo de 2011 a las 19:02

Domingo por la tarde. La Feria agoniza. Hace calor. El vecino del Aljarafe no puede más. Siente la imperiosa necesidad de fumar. Todos los bares que conoce están chapados. Coge la moto y se acerca al Cinema, en el Manchón, un oasis en el páramo de la tarde. Abre la puerta y busca al camarero para que active la máquina. Su tabaco, gracias. Y cuando se da la vuelta, oh sorpresa, comprueba que en un velador se encuentra al conocido como el frutero de Tomares, segundo teniente de alcalde del municipio donde gobierna el PP de José Luis Sanz, con cuatro políticos socialistas. Encima de la mesa hay ordenadores portátiles. La cosa huele a reunión de pastores. Dos de ellos son concejales socialistas en la oposición tomareña. Pero los otros dos… Huuuuum. ¿Quiénes son esos dos chicos aún jóvenes? Sale del bar con la cajetilla bien agarrada. Busca el mechero. Piensa. ¡Ah, sí! Los otros dos son de ese grupo de incondicionales de aquel que pudo ser candidato del PSOE a la Alcaldía. Aquel chico que Griñán apoyó en un primer momento, pero que después la cosa acabó en nada. ¡Celis, hombre, Celis! Eran dos de los chicos de Celis, empeñados en ayudar a Cristina Pérez en Tomares para que el PP pierda el gobierno y presentarse así ante el partido como los causantes de la derrota pepera. Los dos trabajan en el Ayuntamiento de la capital. Uno de ellos ni votó en su agrupación la lista de Espadas. Menudo aguijón. Al otro le gusta mucho echar el pitillo en el andén a media mañana. Son buenos muchachos.

El frutero ha enviado hoy a los medios de domunicación una carta poniendo a caldo al alcalde de Tomares, el mismo que lo puso en la lista en 2007 y el que lo ha quitado en 2011. Todo lo cual a doce días de las elecciones. El frutero tiene quien le escriba. Credibilidad reducida. Las cosas del fumar. Si te reúnes en El Copo, te ven. Y si te reúnes en el Cinema, te ven, te ven, te ven.

Tomares ‘connection’

Carlos Navarro Antolín | 30 de noviembre de 2010 a las 14:36

tomares

Qué tendrá Tomares, qué tendrá, que se han fijado en ella los Celis’ boys. Tomares tiene los huevos fritos con patatas con tomate de Casa Esteban, una hermandad del Rocío que las letras de las sevillanas le cantan (“Los hermanos de Tomares sienten pena y alegría…”), el mejor legado torero de los Bombita, el caserío tradicional y el del american style life con piscina y manguerita dominical, y su cuota de atascos en hora punta que no la arregla ni el teleférico non nato del alcalde José Luis Sanz. Pido un teleférico para conseguir un Metro y tiro porque me toca. Pero Tomares tiene algo, ay Tomares, que la guardia pretoriana de Gómez de Celis, ese político en la reserva activa, le ha puesto los ojos a la localidad. Los chicos de Celis han decidido echarle una mano a la flamante candidata socialista a la Alcaldía, Cristina Pérez Galvez, que aspira a darle la batalla al presidente del PP de Sevilla. Los chicos de Celis no dan puntada sin hilo, se mueven siempre escurridizamente como el que espera rematar a córner y cuando pisan el andén, que lo pisan a diario, no se sabe si entran o salen del Ayuntamiento. ¿No tiene el PP designados sus tutores apócrifos para realizar un seguimiento semanal de diversas localidades donde el partido de la gaviota quiere cerrar la tradicional sangría de votos que lastra sus aspiraciones a la Junta? Arenas y Raynaud en Dos Hermanas, el propio Sanz en los alrededores de Tomares, Zoido en Utrera, etcétera… Pues los chicos de Celis apadrinan a la candidata tomareña, dispuesta a cambiar el sentido de unas encuestas que auguran una mayoría absoluta pepera. Pero por si acaso, no hay que perder de vista la Tomares connection. Ni los huevos fritos. Con su chorrito de vinagre…