Archivos para el tag ‘turismo’

Doce meses muy largos

Carlos Navarro Antolín | 30 de enero de 2017 a las 5:00

Imagen obra
Es como aquel cartel con guasa del mercadillo del Charco de la Pava donde se leía: “Calcetines, un euro. Oferta, cinco pares de calcetines, cinco euros”. Va uno paseando a la vera del río, se topa con el mamotreto de la obra de construcción del denominado Centro de Atención al Visitante, lee el cartel oficial al que obliga la ley y piensa dos cosas. Primero, ¿pero de verdad hay que atender aún más a los visitantes? Vamos a acabar como Boabdil: de rodillas y entregando la réplica de las llaves de la ciudad al capitán de cada crucero que atraca en el Guadalquivir. Menos mal que el teniente de alcalde delegado de Turismo, Antonio Muñoz, el Varoufakis hispalense, está en plena forma, porque se va a hartar de usar el reclinatorio con tanto turista que vendrá a ponerse detrás de las vallas de Semana Santa y a dar vueltas sin rumbo por la Feria como pollos sin cabeza, quiero decir sin caseta. Y, en segundo lugar, ¿se han fijado en la duración de la obra? Dice que “doce meses”. ¡Un derroche de precisión, una apuesta por la transparencia! ¿Pero de qué fecha a qué fecha, almas mías? No informan del día de inicio ni del día de finalización. Nos lo tragamos todo: las ampliaciones de presupuesto, que nos quieran colar la obra terminada cuando realmente no lo está, que el alcalde se refiera a los desfases de presupuesto y de plazos como “problemillas”, pero, señores de la constructora, no nos hagan ustedes como el cartel del mercadillo. La obra de Marqués del Contadero va a durar a este paso los doce meses más largo de la historia. Doce meses que ya han pasado y que, de hecho, van a seguir pasando. Tal vez podrían haber puesto algún dato más: “Doce meses, un año”. O mejor aún: “Doce meses… Tela”. Pero, eso sí, han tenido mucho interés en informar de los céntimos del presupuesto… Risas en off. Saquen el reclinatorio.

Sevilla, se alquila

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2016 a las 5:00

TORRE DON FABRIQUE_CONCIERTO
La vieja dama reunió a la familia en el salón de suntuosidad ajada, dorados apagados y vitrinas con platería enlutada por el paso del tiempo. Hacía ya unos años que el marqués se llevó para siempre la llave de la despensa y que el albacea había procedido conforme a lo expresado por el causante y, también, en función de criterios avaros, que ya se sabe qué parte corresponde al que reparte. La vieja dama toma asiento en la silla isabelina, reposa los antebrazos en la caoba de la mesa con esmero para no arrugar el paño de encaje, pierde la mirada en el lienzo de un antepasado con monóculo y bigote de húsar, y comunica a la descendencia:

–Ahora mismo no hay para pagar el próximo recibo del IBI. Os recuerdo que son 18.000 euros. No hay otro remedio que tomar de una vez la decisión.

Yla vieja dama, que ausculta con precisión los tiempos y siempre ha vivido con los pies en el suelo y atenta a la actualidad, pide la venia para alquilar varias partes de la hacienda para bodas y otros actos sociales. El vestíbulo cubierto es muy amplio para los cócteles en días de lluvia, de pie caben fácilmente trescientas personas. En el apeadero pueden servirse los aperitivos de bienvenida en primavera y verano. Las caballerizas, bien arregladas, son idóneas para el gran comedor. Siempre habrá algún gracioso que refiera eso de yantar donde en otro tiempo se han alimentado las bestias, pero Sevilla es la ciudad de la guasa. La mayoría se pirra por estar junto al noble al mismo tiempo que se regodea en sus penurias. Yel almacén, con una pequeña reforma, sirve para las horas de barra libre.

Sevilla es Tara, quemada por la guerra de la crisis económica, con los cultivos arrasados y las cortinas hechas jirones. El alcalde es Scarlett O´Hara en lo alto de un velador:“A Dios no pongo por testigo porque no me deja rojo sevillano ni los chicos de Participa, pero juro que no volveré a pasar hambre”. Y Juan Espadas, dispuesto a todo para reactivar la economía local, pone las zonas nobles de la ciudad en alquiler para cócteles y banquetes. Así recaudará 900.000 euros, casi lo mismo que el millón anual por las licencias de los veladores. Con Espadas será posible dar una copa de empresa en la Puerta de Jerez, donde el catálogo municipal dice que el primer atractivo es la fuente de Híspalis, la que parece sacada de un tanatorio del Aljarafe construido en tiempos de pelotazos urbanísticos con edil de Urbanismo imputado. También se podrá presentar un modelo de coche de alta gama con pedazo de cena para diez mil comensales en la Plaza de España. ¿Prefiere presentar su nuevo perfume en los Jardines de Murillo y tener luego varias mesas altas para servir el Möet Chandon? En este caso lo recomendable es limpiar previamente las ratas allí empadronadas, las de cuatro patas quiero decir. Si lo prefiere, ese acto social que siempre había soñado puede tener su marco incomparable en la ciudad de los marcos incomparables: en los Baños de la Reina Mora, en la Plaza de América (“¡Yo lo vi primero!, dirá Mario Niebla del Toro con el turbante y sus invitados de postín) o en la Alameda de Hércules, la que Monteseirín alfombró de un amarillo más feo que un chino con fiebre, y Zoido directamente no supo qué hacer, entretenido en pensar si estaba bien sujeta la placa que conmemora que un día inauguró un bacalao en Argote de Molina. Literal: un bacalao.

Sevilla se alquila para fiestas como la hacienda de la familia noble venida a menos. Arrendamos los escenarios de la grandeza que un día habitó entre nosotros. El márketin es cruel como un niño y nos dice las verdades: somos un gran salón de celebraciones, los hosteleros de Europa. ¿No montamos un horror llamado Munarco por ser la ciudad de la Semana Santa por antonomasia? Pues vendamos Sevilla como un gran velador. Yel Ayuntamiento, como la familia que tiembla con sólo imaginarse en el BOP por no pagar el próximo IBI, ha hecho el catálogo de plazas y edificios aptos para festines. Pero, ay pena, penita, pena, se han olvidado de la Plaza de San Francisco como la joya de la tatarabuela que no se alquila. Orgullo se llama. Claro, la Plaza de San Francisco ya tiene arrendatario con jaimas y mesas altas desde hace años. Que cambien la letra de la leyenda sobre la ciudad. “Monteseirín me transformó, Zoido me cercó de veladores y mesas altas y Juan Espadas me alquiló pa banquetes y otras gracias”.

Los olvidos de Zoido en Bruselas

Carlos Navarro Antolín | 9 de julio de 2013 a las 21:12


Zoido se ha ido a Bruselas a promocionar Sevilla como destino turístico. Allí ha pronunciado un discurso rico en referencias a grandes personajes y que ha resultado como las homilías de monseñor Asenjo, que siempre nos suenan, oiga. Esto lo he oído yo en otra iglesia, esto lo he oído yo en un Pleno municipal. Hay discursos que son un ejercicio para la mente, como los crucigramas de los domingos. Discursos que son la versión en papel de los moros de Queipo, discursos de cortar, pegar y largar. Los mismos moros, las mismas referencias. Zoido habló nada menos que de Trajano, Adriano y Julio César. ¿Recuerdan cuando Rojas-Marcos se fabricó un vídeo en la campaña del 99 en el que el mismísimo Alejandro entablaba un diálogo con el Julio César de la Alameda de Hércules? Alejandro se subió a la columna y se puso a la altura de quien amuralló la ciudad antes de que hubiera carriles bici. Enseguía don Julio iba ahora a poner una muralla habiendo comisión de patrimonio, veladores como botellines de la Cruzcampo e inspectores de disciplina urbanística buscando perras para la caja municipal. Zoido citó también a los visigodos, que ya se sabe lo importante que fueron los visigodos para Sevilla, tanto que los turistas alemanes se hartan de preguntar por la Sevilla de los visigodos; a Almutamid, que tiene nombre de restaurante de la Gran Plaza; San Isidoro y San Leandro, San Fernando, Velázquez, Murillo, Bécquer, Machado… Hasta refirió a Felipe González entre los sevillanos con talento y excelencia, con lo que le escuece a Javier Arenas (Javié, para el alcalde) que su ahijado político le dé pista al ex presidente socialista. Punto de mala uva ahora que a Javié no le llega la camisa de Javier Sobrino al cuello a cuenta de ese tesorero que tiene hechuras de portero de discoteca cara. Con el discurso de Zoido nos llevamos un chasco porque el alcalde no citó a José Manuel Soto como atractivo de la ciudad, pese a que hace poco le concedió la medalla por ser un “exponente de la canción ligera”, según decía la nota oficial. ¡Rabos de pasa para el alcalde! Tampoco citó a Los del Río, que también recibieron la medalla el pasado mayo, por el “enorme impacto” que le dieron a la ciudad con la canción Macarena. Esa canción a la que siempre sigue el ¡aaaaaaaaaaaay! que recuerda a los que suelta la concejal socialista Encarna Martínez en los Plenos cuando pilla al portavoz del PP en un renuncio: “¡Aaaaaaaaaaaaaaay, señor Bueno, aaaaaaaaay!” Y en esos momentos es cuando el Pleno coge altura, entra en nivel de verdad, pero un nivel de Castelar y Cánovas del Castillo revestidos de maceros. Pues eso, nosotros soltamos nuestro particular ¡aaaaaaaaaaaay! por los olvidos del alcalde en Bruselas. Zoido tampoco citó a los simpáticos jóvenes de Siempre Así, que tengan la edad que tengan siempre son jóvenes, ¿verdad? Y no dijo nada de la ciudad de los 10.000 veladores. Si queremos fomentar Sevilla como destino de más de dos pernoctaciones hay que procurar que la gente tome asiento, que el personal se sienta a gusto en cualquiera de los bares, mejor que mejor si son del Grupo La Raza. Si hace falta se dice aquello del “¡se sienten, coño!” Que para eso tenemos Argote de Molina plagada de mesas, sillas y de esos aspersores que le remojan el pelo gratis total como esos urinarios de Japón que le dejan la mar de fresquita esa parte del cuerpo que está algo más abajo. Y para eso tenemos una Avenida de la Buhaira convertida en gran terraza para sentarse, en la que sólo falta que los señores del Registro de la Propiedad también pongan veladores. ¿Y de los gin tonic? Pues tampoco dijo nada el alcalde en Bruselas sobre Sevilla como ciudad de los Gin Tonic. Mucho hablar los denominados operadores turísticos de lo bien que va Sevilla como destino del turismo gay, como destino de los reyes magos en verano y como destino de alto nivel cultural con esas santas de Zurbarán del gran Benito Navarrete, pero ni mú del gin tonic. ¿Acaso no hemos inventado Ginebralia los sevillanos? Yo digo aquí como la concejal Encarna Martínez: “Aaaaaaaaaaaay, señor Zoido, que ha tenido usted muchos olvidos” Y lo remato con media verónica: “¡Aaaaaaaaaaay!”

La disciplina del turista de paraguas

Carlos Navarro Antolín | 3 de mayo de 2012 a las 13:51

Mucho criticar a cierto turismo con las apostillas de mochila, cantimplora y camiseta, pero ahí están los tíos, guardando disciplinadamente una considerable cola para visitar la Catedral bajo una manta de agua. Estos son más bien turistas de capuchas y paraguas, de los que se mojan más que un nazareno del Tardón o que Sarkozy en el debate francés, que menudo debate fue lo de anoche, tocándose los costados, y no los monólogos a los que nos condenan en España los asesores de la mordaza, vulgo expertos de la comunicación política. Estos turistas son los que refrendan el balance de las visitas de la Catedral en 2011, el único brote verde que ha debido haber de verdad en la economía local. Porque la Catedral se ha venido arriba ciertamente. Y el Cabildo facilita el acceso de todos, ni uno se queda fuera. Que usted viene en pantalón corto, adelante. Que viene con sandalias, adelante. Que viene exhibiendo mata de pelo de las axilas, adelante y no se deje la mochila del Coronel Tapioca en el mostrador. ¿No dicen los asesores económicos que hay que facilitar el tráfico? Pues circulen, circulen por esos tornos, que no está la cosa para poner trabas. Y la prueba es esta cola de hoy mismo, a punto de crecer hasta la misma Puerta de la Campanilla. Estos turistas son como los aficionados de la Maestranza, aguantan lo que le echen. Y después, al paellador de Mateos Gago. En veladores, por supuesto. Que los veladores son otros brotes verdes… Ojú, los veladores.

Se vende hotel por 36 millones de euros

Carlos Navarro Antolín | 14 de abril de 2012 a las 5:00

Se lo han ofrecido ya varias veces a distintos empresarios. Pero nadie termina por comprar ese hotel que, curiosamente, todos coinciden en calificar como una joyita de las que siempre da dinero. Uno ha estudiado la operación a fondo, pero lo niega y aduce que su sector no tiene que ver con el hotelero, sino con el transporte. Está en una ubicación privilegiada. Es un referente para el turismo de calidad, sobre todo para el procedente de Madrid hacia arriba. Ya ha hospedado a muchos famosos en fechas señaladas. Sus vistas son de ensueño. Y posee ese toque minimalista y oscuro, con alguna licencia en oro, que gusta mucho ahora, aunque los expertos dicen que tiene el inconveniente de que esta estética tiene los días contados. Hubo un empresario comprador que incluso cerró con un afamado relaciones públicas que se hiciera cargo de la promoción del negocio entre cierta jet set. Y el susodicho asesor de imagen, muy respetado en todos los círculos desde 1992, lo ha comentado en clave en su blog. Pero el precio de 36 millones termina siempre chocando en el rompeolas de los bancos. O según quién pida la financiación. Ayer mismo, uno de esos empresario ha confesado: “Este hotel es como ciertos barcos, que sólo dan dos días de felicidad: cuando los compras y cuando los vendes. ¿Cuántos clientes tengo que captar para amortizar 36 millones de euros? Son muchas horas de navegación”. El dueño niega la mayor: el hotel no se vende. Dice que alguien habrá oído campanas, pero que no se ha enterado de dónde. Y eso que ese campanario lleva siglos oyéndose en todo el centro. Si la Giganta contara la de gin tonics que se toman en esa terraza…

Zoido y sus 80 millones de chinos en el taco

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2012 a las 21:09

Zoido nos quiere llenar el centro de chinos en verano porque al parecer en esos meses viene demasiada poca gente a ver la Catedral, el Alcázar y los bares de Robles, que son de los pocos que hacen caja en agosto. El alcalde no precisa si serán chinos lavados, como ese pavimento idóneo para las construcciones exteriores, no me sean malpensados tan rápidos, pero verdaderamente convendrá que lo sean por aquello de los cuarenta grados a la sombra. Zoido nos ha llenado las calles en Navidad de un montón de noveleros venidos hasta de fuera de Sevilla para alzar el teléfono y sacar fotos de lo “preciosísima” que estaba la Avenida, porque hay que ver lo preciosa que estaba, señora, con lo feísima que la tenían los tíos de antes que ahora desfilan por los juzgados con disciplina y puntualidad cofradiera. Después de la que este hombre ha liado en Navidad, ahora quiere llamar la atención de “los 80 millones de chinos millonarios que viven en China”, según ha dicho literalmente en ese sitio tan solemne que es el Salón Santo Tomás del Ayuntamiento, que digo yo que en ese lugar se hablan las cosas serias de la ciudad. Por eso hay que tomarse muy en serio lo de Zoido y sus 80 millones de chinos en el taco. Pues yo, como Santo Tomás, tengo que ver para creer que de verdad aterrice en San Pablo tantísimo chino entre el Corpus y San Miguel. Si así fuera ya vemos a Robles multiplicando los aspersores de las terrazas de sus bares para refrescar a tanto chino (lavado), porque otra cosa no podrán ver, a no ser que le prorroguen el contrato al tío de los camellos de Matalascañas que pobló la Encarnación en las pascuas. El Ayuntamiento dice que está preparando un vídeo como el de la Navidad para atraer a los turistas en verano. Si Sus Majestades de Oriente estaban sesteando en la Plaza del Triunfo en pleno diciembre con el termómetro volando bajo como el grajo, ya me dirán ustedes con que nos sorprenderá la Factoría Serrano (Gregorio) para que no se note la caló de Sevilla de julio y agosto. ¡Montones, montones de aspersores como los de las terrazas del Laredo y El Cairo para esos chinos millonarios! Ya lo advertía un ciudadano en precampaña hartito de oír tanta promesa: “A Zoido sólo le falta prometer que acabará con la caló de Sevilla”. Pues ahora quiere llenarnos las calles de chinos en verano. Está claro que para viajar a Sevilla en agosto hay que ser tan… chino como un chino. Pero la mar de chino, en el preciso grado máximo de eso que usted y yo estamos pensando de chino. “¿Le puele dal otla vez al cholito del agua, camalelo, me pasa el búcalo y me busca pol favol el teléfono de Don Zoilo que le voy a decil dos palablitas?”