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Beltrán clava la sombrilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2017 a las 5:00

Beltrán clava la sombrilla 2

EL portavoz del PP se reivindica. Beltrán Pérez está descaradamente en campaña. No se corta. Esta semana se ha retratado con un par de ministros en Sevilla (el de Justicia y la de Empleo), ha hecho de vocero oficial de Fomento al anunciar inversiones para la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el aeropuerto, ha amagado con llevar a Juan Espadas a los tribunales si no entrega un informe sobre el arbolado (la judicialización de la vida política evoca los años más tronantes de Zoido en su etapa municipal) y ha logrado sacar adelante una moción para que los autobuses urbanos tengan wifi gratuito. Ha estado hábil para echar en el tapete un naipe contra el que no hay baraja que compita. El uso de las tecnologías entra en ese ramillete de temas sin aristas que el código políticamente correcto aprueba con notoria facilidad. Da igual que el wifi nos vuelva tontos en un autobús, nos prive de la conversación, de la lectura o de la contemplación del paisaje urbano. Nadie osará decir que el uso abusivo del teléfono móvil fomenta la cultura de la distracción. Contra el wifi no se puede ir en la sociedad actual. Y este Pérez, que tiene carnet de becerrista, le ha sacado una tanda de pases aseados al torito de su moción. Por unanimidad. Todo, absolutamente todo, está encaminado a clavar bien fuerte la sombrilla de su candidatura en la playa de un PP donde Arenas empuja a favor del objetivo, pero donde el ministro Zoido sigue mirando a Sevilla por el retrovisor del coche oficial del parque móvil de Interior. ¿Para qué si no se mete Zoido a valorar el acuerdo entre los hermanos mayores de la Madrugada? ¿A cuenta de qué desciende el ministro a un asunto local? Para hacerse presente en la vida de la ciudad por enésima vez. Huelva tiene su ministra, nuestra dilecta Fátima Báñez, que es llamada así por sus colaboradores en las redes sociales: “La ministra de Huelva”. Pero Zoido, en cambio, no se atreve a decir que es el ministro de Sevilla, aunque es palmario que no quiere olvidarse de Sevilla como destino político por mucho que comente en privado que su vida municipal está finita. Por eso Beltrán Pérez juega con toda la habilidad de la que es capaz desde su puesto de jefe de la oposición, con una evidente obsesión por fijar su posición como candidato. En las filas socialistas vaticinan de forma interesada que el correoso concejal del PP no será el candidato, que el centro-derecha sevillano apostará al final por un independiente si es preciso, por alguien que tenga más edad y una posición más consolidada en la sociedad civil. Claro que también propagaban en 2011 que el PP nunca sacaría mayoría absoluta en Sevilla y terminó obteniendo 20 concejales.

Por si acaso, Beltrán Pérez se codea con el rector, el arzobispo, las cofradías y toda la ristra de ministros sonrientes a los que es capaz de tener acceso con la ayuda de su padrino político, al mismo tiempo que presume sin complejos de su afición taurina o se retrata en círculos sociales de la ciudad de contrastada frivolidad. Combina la moqueta y los saraos. Ocupa todos los nichos que puede con prisas, con la premura propia del velocista que sabe que tiene pocos metros por delante y varios rivales (fuertes) en la carrera. Nunca olviden al senador José Luis Sanz, ex presidente provincial y alcalde de Tomares. Beltrán Pérez sabe que los tiempos tienen luces y sombras. Cuanto más tarde el PP en designar candidato, más se abrirá el debate sobre la idoneidad del hoy portavoz municipal y emergerán las dudas, pero también tendrá más días para elevar su grado de conocimiento en esas encuestas que el partido usará para imponerle la beca de alcaldable, o para mandarle a la papelera de reciclaje. Su gran ventaja es que está dentro del edificio, se encuentra ya en el interior del castillo que pretende controlar: el Ayuntamiento. Ha rebajado la tensión con la presidenta provincial tras haber tomado decisiones peliagudas que no fueron respaldadas por la jefa. A Virginia Pérez le dedicó públicamente su conferencia en el club Antares, una suerte de bálsamo en una ceremonia oficiosa de proclamación de candidatura con testigos de excepción: Javier Arenas (¡cómo no!) y el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz.

Beltrán Pérez hinca el palo de la sombrilla con toda la intensidad que puede, cava el hoyo para asegurarse la mayor profundidad, y se afana en la tarea con la ilusión de un dominguero que calcula los movimientos de la marea para garantizarse la misma ubicación durante toda la jornada. Pero que, en el fondo, sabe que la política genera olas impredecibles capaces de arrasar los castillos de la ilusión por muchas conchas y caracolas que hayan sido colocados como fortaleza, doblar los más fuertes palos de sombrillas y dejarte con el cubo y el rastrillo en las manos para lo que resta de domingo. La sombrilla clavada genera el derecho de conquista para este político que primero tiene que sortear los monstruos internos (el PP tiene una colección digna de la cafetería de la Guerra de las Galaxias) si quiere enfrentarse al segundo gran enemigo: un alcalde sin aristas al que su partido no le discute la ubicación de su sombrilla, porque la playa socialista, al menos la sevillana, está en calma y con la bandera verde al viento. Si Moreno Bonilla, líder regional del PP, pasa a la historia por algo en Sevilla será por su precisa definición de Juan Espadas: un político triangular. Conecta con todos los estamentos de la ciudad. Espadas goza del frescor efímero de una sombrilla bien clavada, pero sufrirá cada día más una doble oposición: la que ejerce Beltrán Pérez, con una experiencia de catorce años en el Ayuntamiento, y la del ministro de Interior, que prefiere el cortinaje, el ascua de luz de las arañas y los lienzos nobles del Salón Colón, antes que la contemplación del retrato del desgraciado Eduardo Dato que preside la sala de reuniones de su palacete del Paseo de la Castellana. Hay palacios que aburren. Cualquier sombrilla genera más sombra que un arbolito de la Avenida.

El desaire de Alejandro Rojas-Marcos

Carlos Navarro Antolín | 23 de octubre de 2017 a las 5:00

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

Existe una memoria histórica gracias a la cual algunos desayunan, almuerzan y cenan a diario, un fin muy loable, y por medio de la que también algunos pretenden ganar ahora la guerra que sus antepasados perdieron hace ya casi ochenta años, un fin absolutamente perverso que aniquila el espíritu de reconciliación de los próceres de la Transición. Ya se sabe que la mejor foto fija de España, la que nunca caduca, es la del cuadro de los garrotazos de Goya. Una foto que estaba casi con las esquinas desgastadas, con los colores en sepia, cuando el avieso Zapatero nos la puso en digital por los siglos de los siglos. El sábado se reunieron en el Ayuntamiento la mayoría de los concejales de dos corporaciones municipales, las dos que presidió Manuel del Valle como alcalde, de 1983 a 1991, nada menos que los capitulares que pusieron la ciudad a punto para la Exposición Universal. Don Juan Espadas los recibió con el cuello abierto, como Pedro Sánchez acude al Palacio Real. Y allí estuvieron también los portavoces de Ciudadanos, Javier Millán, y de Participa Sevilla, Susana Serrano. Del PP no hubo nadie, dicen que no los invitaron, estarían buscando los topos del palomar en plan rastreator. Manuel del Valle pronunció unas palabras en el Ayuntamiento, después pidió agua porque hacía calor y se la ofrecieron con toda amabilidad… en un vaso de plástico. Tendrá menaje la Casa Consistorial para tener que recurrir al plástico… Ni un jarrillo de lata, ni un vaso de plata como llevan los mozos de espada que se precian de serlo, ni un cántaro de Lebrija. Si hasta hay tazas con la heráldica de la Corporación. No es que tuvieran que estar los maceros para servirle el agua a don Manuel, pero de ahí a un vaso cutre… Lo mejor, como de costumbre, estaba por llegar. Y llegó, vaya si llegó. Don Alejandro Rojas-Marcos apareció directamente al almuerzo en el Hotel Inglaterra (50 euros por barba y para los que no tenían barba) porque alegó que no acude a actos políticos. Ojú. Recuerden que el alcalde más carismático de la democracia, el que acorraló al PSOE siendo diputado en las Cortes, tampoco aceptó la Medalla de la Ciudad que sí acudieron a recoger el andaluz inglés que es Luis Uruuela, la dama de la política que es Soledad Becerril y el gran Monteseirín (“Llamadme Alfredo”), entregadas por el hoy ministro del Interió que está a punto de coger el mando de los mossos, don Juan Ignacio Zoido. Alejandro (no hay otro en Sevilla) se presentó en el almuerzo con camiseta amarilla y chaqueta. Llegó cuando los corrillos disfrutaban del primer sorbo de la cerveza. Repartió saludos hasta que se produjo el primer minuto de oro. Luis Pizarro, aquel correoso portavoz de Izquierda Unida, le tendió la mano. Y Alejandro no se la apretó. Menudo desaire. Le dijo que no lo saludaba y que si después era necesario le explicaría a todo el mundo la causa de haberle colocado el carro de la nieve al hoy adjunto al Defensor del Pueblo Andaluz. Pizarro, conocido entonces por Luispi, fue quien se hartó de denunciar asuntos urbanísticos del PA de Rojas-Marcos. ¿Recuerdan aquella teoría del holding de empresas vinculadas a las cajas de ahorro? ¿Recuerdan las indagaciones sobre un conseguidor que aparecía en todas las recalificaciones? ¿Recuerdan que hubo quien se fue hasta el Registro de Vitoria a pedir papeles? Nada de aquello tuvo trascendencia jurídica, eran otros tiempos en los que la Fiscalía se dedicaba a otros menesteres, pero todo aquello terminó en que Soledad Becerril se negó a entregarle de nuevo las competencias de Urbanismo tras los resultados de las elecciones de 1999, por lo que el PA pegó el volantazo hacia el PSOE de Monteseirín y, cuatro años después, se hundió en los comicios de 2003 desgastado por las denuncias del “urbanismo bajo sospecha” para acabar desapareciendo definitivamente de la Plaza Nueva en las elecciones de 2007.

Pues el sábado se vio que Rojas-Marcos no olvida. Ni perdona. Tampoco se lo ha perdonado a Soledad Becerril, a la que no saluda ni siquiera si se la encuentra en una caseta de Feria, ni tampoco el otro día en el almuerzo de confraternización de los capitulares corporación municipal en la que convivieron hace ya treinta años. Lo peor de todo es que Manuel del Valle presume siempre de que en esos años existía una camaradería que ahora se echa en falta. Y el sábado volvió a decirlo. Sin que estuviera previsto, Alejandro tomó la palabra y mantuvo el tono de tensión al referir que le habían dicho que el acto era un encuentro de “amigos”, pero él precisó en público que allí había amigos, enemigos, rivales y compañeros de partido. Más tensión bien despachada. Soledad Becerril no quiso hablar, le pareció oportuno que sólo lo hiciera quien fue el alcalde de aquellos años que se recordaban en el acto. Las caras eran de póker, de domingo por la tarde o de Viernes Santo por la mañana, según los casos. El rencor histórico existe. El día que algunos consigan hacerlo rentable, tendremos un nuevo chiringuito montado. Y esta vez no se le puede reprochar nada a Arenas (Javié), que excusó su asistencia porque estaba con la cuestión catalana. Y así es. Hay homenajes que los carga el diablo y encuentros de antiguos compañeros que salen mucho más caros que los 50 euros que les cobraron por comer… malamente. Genio y figura. El alcalde que más amó Sevilla le dejó la mano colgada a Pizarro, aquel estudiante de Medicina que tan bien se llevaba con los concejales de derechas. El sábado, por cierto, se sentó con los de la antigua AP-PDP y el posterior PP. La derecha le dio cobijo a Luispi. Hay heridas mal cerradas. Y en los 50 euros no estaba incluida la copa de la casa. Que es lo peor. Mucho peor que el vaso de plástico que le largaron a don Manuel del Valle, un alcalde de ruan al que dejaron sin disfrutar de la Expo.

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

La crisis de los melones

Carlos Navarro Antolín | 22 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL catamarán Luna de Sevilla surcaba las aguas en una tarde de calor húmedo, de las que deja el ambiente mostoso, no sólo por la sensación de vértigo que genera que Rajoy haya apretado el botón rojo, sino porque Sevilla tarda siempre demasiado en despedirse del verano. Pasa el catamarán y nuestro hombre, desde la horrible balaustrada de Marqués del Contadero, mira al público jovial que viaja en la planta alta, una tripulación marcada por las chanclas, embebida en las nuevas tecnologías y ajena a lo que cuenta la megafonía sobre los orígenes de la ciudad. “Mira qué felices van esos turistas, ¿recuerdas la última noche electoral de Zoido en 2011? Nos montamos en este mismo barco y la foto del día siguiente fue la de Juan Ignacio con Asunción Fley a su lado. Quisimos representar el inicio de una nueva singladura. Seis años después, Zoido está a punto de asumir el mando de los mossos, el partido en Sevilla está malherido y en Andalucía no se sostiene. Lo que nos faltaba es lo de esta semana, lo del presidente diciendo que las ocho capitales están abiertas como melones. Lo del coñazo del desfile que le pillaron diciendo a Rajoy a micrófono encendido es una anécdota al lado de lo de Moreno. Por cierto, Rajoy pidió disculpas a las fuerzas armadas, mientras este hombre se ha dedicado a practicar el acoso y derribo de Alberto Díaz. O, mejor dicho, ha ordenado a Beltrán Pérez que lo haga para no mancharse él las manos. La alegría que tendrá Susana en el Palacio de San Telmo”.

El catamarán se otea ya en lontananza, los ciclistas maniobran por las rampas del adefesio diseñado por la Gerencia de Urbanismo como centro de recepción de turistas. Nuestro hombre continúa su parlamento en la tarde de calor pegajoso. Ahora comenta el contenido de un mensaje que le acaba de llegar: “Verónica Pérez ha recibido un 94% de apoyo a su informe de gestión y un 96% a su nueva ejecutiva. Nosotros acabamos de hacernos con el control de los once distritos y llega este hombre y nos reabre la herida. Este Moreno es el Zapatero del PP andaluz. Sabe que eligirá a los candidatos a las alcaldías, pero teme que no llegue a tiempo de poder influir en las listas electorales. Sabe que la misma noche de las autonómicas tendrá que marcharse si saca menos de 33 diputados. Lo sabe. Yparece que quiere irse ajustando cuentas. La caza de brujas de medio pelo de esta semana no se presta a otra interpretación. Los muchachos del palomar esperaban un mensaje de apoyo a la candidatura de Beltrán Pérez, que se ha tragado el sapo de orillar a Alberto Díaz. ¿Tal vez por eso lo grabaron? No lo sé, ni me importa. La crisis de los melones va a durar mucho tiempo, porque aún tiene que entrar en juego la presidenta provincial, cuyo silencio es elocuente. Y hay que saber qué opina Javier Arenas de la degradación de Alberto Díaz. Fíjate qué dos silencios más significativos… Nadie arropa a Moreno, al que todos damos como caballo perdedor. Ha reventado Sevilla, pero es que ha encendido a Bendodo en Málaga, ha dejado Huelva como unos zorros… Lo mejor que nos ha podido pasar es que lo de Cataluña reduzca el impacto de tanto despropósito. Esto da pie a nuevos cruces de alianzas, a que enemigos supuestamente irreconciliables tengan de pronto intereses comunes, a escrutar la evolución de este chico, Beltrán Pérez, que siempre nos ha parecido tan gladiador como prudente. ¿Se ha echado en los brazos de Juanma? No lo sé, me dicen que lo amenazaron con quitarlo a él de portavoz y colocar a Sánchez Estrella si no cesaba a Alberto en 48 horas. Todo muy cutre en la sede regional, muy de aprendices de Juego de Tronos. Tanto trabajar para los congresos de distrito para, al final, que venga este hombre a reventarnos por no asumir el alcance de sus palabras. Tú no pierdas nunca de vista a Arenas. Cuando más callado está es cuando lanza los mensajes más certeros. Y que no te digan que está concentrado con lo de la Cataluña. Javier puede con todo a la vez. Yse guarda el as en la manga, siempre”.

El catamarán regresa ya de Chapina. Nuestro hombre se vuelve de pronto cuando ya se marchaba: “Recuerda que la historia no se repite, la historia es la misma. Yque buena parte de lo que ocurra en Sevilla dependerá de cómo se entiendan Arenas y Virginia. Y Virginia deja claro a todos que no es ahijada de Arenas, que no entiende de tutelas ni tutías, como dijo don Manuel. Anda que a don Manuel, por cierto, lo iban a sorprender diciendo que en Málaga nos podíamos meter una hostia…”.

El riesgo de venir a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2017 a las 5:00

avión

AL bueno de Zoido le hace la agenda el enemigo. Y el enemigo siempre está dentro. En el vientre, en las entrañas, en las agallas. Dice un político andaluz de raza que todo dirigente que se precie ha de contar con tres colaboradores propios: un jefe de gabinete, un jefe de prensa y una secretaria. Nadie como la cuadrilla propia va a salir del burladero a protegerte con el capote en caso de cornada grave. Se supone. Pero a Zoido nadie de su cuadrilla, ninguna mente sesuda de Génova, ningún asesor de los que suma trienios en Interior, debió avisarle la noche del domingo que el lunes no era el día para venir a Sevilla, con Cataluña tambaleándose como una olla a presión y con los telediarios repitiendo las imágenes de policías y guardias civiles enfrentándose a la población civil, o siendo directamente agredidos por gente encolerizada y astutamente aleccionada para ganar la batalla de la imagen.

Resulta un ejercicio frustrante tratar de convencer a la opinión pública de que quien levanta la porra es el bueno, que quien frena a una masa vociferante es el que está haciendo cumplir la legalidad, y que quien pretende votar –¡oh, concepto albo e inmaculado!– y está en apariencia desarmado es el malo, quien quiere romper a las bravas el clima de convivencia. Dicho está: “Lamento tener que defender lo obvio”.

El ministro del Interior nunca debió volverse a su tierra el lunes 2-O, ni mucho menos publicar una fotografía de su vuelo a Sevilla, una frivolidad en tiempos convulsos, una ligereza fatua, una licencia impropia. El día no era para fotos en un jet, ni para colgar medallas, ni para otros postureos. Alguien debió estar pendiente, alguien debió hacer guardia en los despachos oficiales apretando la esclavina de la prudencia, para salir al quite del ministro y librarlo del avieso toro de las redes sociales, del agujero negro donde la imagen de un político corre el riesgo de perderse por el sumidero de los mensaje fáciles, de la dictadura de los 140 caracteres que dominan una política más que nunca epidérmica, lastrada por los contenidos vacuos, irreflexivos y de usar y tirar. El ministro del Interior del Reino de España tenía que estar el lunes en Madrid, en su despacho de trabajo, o en Cataluña, junto a los policías y guardias civiles que andan en una penosa búsqueda de posada sin estrella que les sirva de guía. Pero el lunes no era el día para estar en Sevilla. Muchos de sus correligionarios, mucha gente que lo estima, muchos militantes que valoran su elevado grado de conocimiento entre electorado, se quedaron ojipláticos al comprobar que Zoido efectuaba el viaje a Sevilla, se quitaba de Madrid y se dedicaba a la entrega de distinciones cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado habían quedado retratadas injustamente como opresoras y –todavía peor– justo a esas horas del lunes aparecían como liebres asustadas huyendo de la presión del separatismo mostrenco, de esteladas y puños en alto.

Zoido comenzó su pontificado en Interior regresando a Sevilla a los dos minutos para asistir a una celebración religiosa ante el Gran Poder en la Catedral, cuando la Guardia Civil, precisamente esos días, estaba en jaque en Alsasua después de que varios agentes hubieran sufrido las agresiones de unos bárbaros, unos hechos por los que la Fiscalía pide 50 años de cárcel para los autores al apreciar delitos de lesiones terroristas.

Y Zoido se vino a Sevilla, en plena crisis catalana, para presidir la entrega de las medallas de la festividad de la Policía Nacional. Como lo peor está por llegar, en Sevilla le tenían preparada una suerte de emboscada, pues alguien se preocupó de comprobar las identidades de los agentes condecorados por Zoido. Entre ellos figuraban varios policías locales que habían ejercido como sus escoltas en sus cuatro años de alcalde. De nuevo nadie le advirtió que resulta llamativo que un ministro del Interior galardone a sus antiguos escoltas. Es sabido cómo cuidaba Zoido a sus agentes siendo alcalde, incluidas invitaciones a mesa y mantel. Su pasión por esa micropolítica –llamémosla así– se conocía en Sevilla, todavía se recuerda y hasta fue admirada en muchas ocasiones. Sus aficiones por las políticas de corto alcance, de proximidad con el ciudadano, fueron su gran aval para alcanzar la cúspide municipal, pero ahora están siendo sus pies de barro como ministro del Interior en la coyuntura más delicada para España tras el 23-F, según la calificación del presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó.

O la cuadrilla de asesores de diverso plumaje no sabe imponer sus criterios ni estrategias, o este rey no tiene nadie que sea capaz de decirle que está desnudo. Por la curia llega la lepra, advierte el Papa argentino. Los escoltas, para colmo, simbolizan a la perfección ese círculo de confort donde los políticos tienden a empadronarse con grave riesgo de perder la perspectiva. Hay aviones a los que no conviene subirse. Hay fotos que no deben hacerse. Hay veces que conviene no estar en Sevilla aunque solo sea, precisamente, para mantener la silla. Cataluña ardiendo y el ministro en la capital de Andalucía entregando medallas a sus anteriores escoltas es una secuencia letal. Acebes es la cara del 11-M. Zoido lleva camino de ser el rostro de un Estado incapaz de apagar el coloso en llamas que es Cataluña. Esto no se resuelve con tuits, ni almuerzos para agradar a los escoltas, ni abrazos por doquier. Esto es política de altura. Y la altura no se consigue por mucho que uno se suba a un avión. Un ministerio no es un ayuntamiento. Ytodos comprendemos que cambiar la melva por la sobrasada no es plato de buen gusto.

El conflicto en el PP alcanza las cuentas de la campaña de 2015

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2017 a las 5:00

RECIBO+FOLIO

UN miembro de la ejecutiva provincial del PP pretende que un acto electoral que pagó de su bolsillo –el de cierre de campaña de Zoido en 2015– sea computado como pago de cuotas y de esa manera no ser excluido de la carrera hacia la presidencia del distrito Los Remedios. Como consecuencia de esta peculiar denuncia interna han aflorado dos hechos que han puesto en jaque a los cuadrados de mando del partido en San Fernando y hasta en Génova: el último acto de campaña de las municipales de 2015 fue pagado por un particular, y su aportación económica (3.300 euros) no figura en la contabilidad del partido, según revela el informe de tesorería al que alude el donante. La última etapa de Juan Bueno como presidente provincial –actualmente dedicado a sus tareas como diputado autonómico– sufre ahora un inesperado vaivén de consecuencias imprevisibles por efecto de esta denuncia interna.

Los rescoldos de la fractura que ha sufrido el PP de Sevilla durante todo un año se reavivan con ocasión de la próxima celebración del congreso destinado a la renovación de cargos en los distritos, fijados para este sábado. El comité organizador de este congreso ha rechazado una de las dos candidaturas presentadas para la presidencia de Los Remedios, el gran feudo de los populares en la capital. El excluido es David Antequera, actual secretario de Transparencia de la ejecutiva provincial, que no podrá concurrir a las elecciones por haber estado en situación de impago de los recibos como afiliado. El comité organizador, que preside Macarena O´Neill, persona de la máxima confianza de Javier Arenas, se ha basado en el artículo 35 de los estatutos para tumbar la candidatura de Antequera, afín al sector del partido que perdió en el pasado congreso provincial. A la presidencia del partido en Los Remedios opta como candidata única María del Mar Sánchez Estrella, portavoz adjunta del grupo municipal, ahora mismo encuadrada en la nueva corriente que controla una formación que preside Virginia Pérez desde el pasado 21 de mayo.

Antequera, que entró a formar parte del actual comité ejecutivo como secretario de Transparencia por los equilibrios pactados previamente entre los entonces oficialistas (Juan Bueno) y los críticos (Virginia Pérez), ha elevado a los comités regional y nacional de derechos y garantías una denuncia interna por la que ha aflorado que él pagó de su bolsillo el acto de fin de campaña electoral de Juan Ignacio Zoido en 2015 –celebrado en un restaurante de Los Remedios– y que su aportación económica (3.300 euros) no figura ni en la contabilidad ni en el informe de tesorería del partido, hechos que ahora analizan las estructuras nacional y regional de la formación de centro-derecha.

Antequera defiende que esa aportación debería haber sido tenida en cuenta para dar por pagados sobradamente sus recibos como afiliado, cosa que no se ha producido y por la que ha sido excluido de la carrera por la presidencia del PP de Los Remedios. El pago de los 3.300 euros se efectuó el 20 de junio de 2015, cuando el PP ya había sido desalojado del gobierno local tras cuatro años de mayoría absolutísima de Juan Ignacio Zoido. Antequera fue director del distrito Los Remedios durante gran parte del mandato de Zoido como alcalde. Se trata de un militante muy conocido en el partido, activo desde sus años universitarios y que exhibe proximidad con el hoy ministro del Interior, con el que posa en fotografías recientes en su cuenta personal de la red social de facebook.

Nadie en el PP de Sevilla puede dudar del profundo conocimiento que Antequera tiene de las estructuras del PP sevillano, ni de sus contactos con dirigentes de la sede de Génova, dados sus anteriores puestos de responsabilidad en sus años de miembro de Nuevas Generaciones. En su denuncia ante instancias regionales y nacionales del partido aporta el recibo de haber pagado los 3.300 euros, un documento que lleva el sello de la empresa que prestó el servicio: “Por si existe la más mínima duda a la veracidad de mis palabras”. Antequera pretende también tumbar la candidatura de la única pre-candidata aprobada hasta ahora en Los Remedios, la edil María del Mar Sánchez Estrella, por no estar afiliada en el distrito que pretende presidir, sino en Triana, una denuncia que, por el momento, no ha obtenido resultado. En su denuncia alega que sufre “un daño que empieza a ser irreparable” al no ser aprobada su condición de aspirante a la presidencia del PP de los Remedios.

El acto de cierre de campaña de las municipales de 2015 consistió en una alocución de Zoido ante militantes y representantes vecinales de cada uno de los distritos de la ciudad. Uno a uno fueron hablando en público los vecinos y Zoido contestó de forma personalizada a todos ellos, prometiendo finalmente “un gobierno para todos”.

El Alcázar, en el punto de mira

Carlos Navarro Antolín | 17 de septiembre de 2017 a las 5:00

catedral de sevilla  de lamadrid 6.

Otra vez Icomos actúa de rompeolas del patrimonio histórico. El Real Alcázar no se toca. El proyecto de reforma de la Puerta del León se queda en el aire porque el alcalde, reacio a las polémicas, no quiere ser noticia, busca siempre el círculo de confort del perfil plano, la comodidad del tono gris, la actuación solvente del futbolista que juega mejor sin el balón en los pies. No quiere problemas. Juan Espadas ni de lejos está dispuesto a pasar a la historia por ser el alcalde que puso en peligro la declaración de patrimonio de la humanidad de los tres principales edificios monumentales de la ciudad: la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias. Icomos amaga con que Sevilla pierde la máxima catalogación y el alcalde se pliega porque sabe que en esta sociedad lo que importa, ante todo, es la etiqueta, la marca, el eslogan. Malos tiempos para asumir riesgos en la política. Tan es así que Zoido, siendo alcalde, se fue a San Petersburgo a defender la Torre Sevilla para eso, para que Sevilla no perdiera la etiqueta de ciudad patrimonio de la humanidad. De anunciar la paralización de la torre en campaña electoral a defender su construcción. Responsabilidad institucional, dijeron unos. Oportunismo político, otros. El caso es que los hechos fueron así. Hasta se vendió el regreso de San Petersburgo como un retorno triunfal, con foto del alcalde bajando del avión, una suerte de Air Force Juan (Ignacio). Sólo faltó la banda de música.

Nada cuanto ocurre en el Alcázar es ajeno a Sevilla. Se trata de un edificio codiciado, símbolo de poder y estatus. El Alcázar –o los Alcázares mejor dicho– reúne la belleza del arte, el valor de la historia, el misterio de las leyendas y la capacidad de identificación con sultanes, emperadores, jefes de Estado, presidentes del Gobierno, alcaldes, poetas… El Alcázar lo tiene todo. Ytodos los gobernantes en algún momento quieren dejar su impronta.

Se lió cuando en la década de los años ochenta se suprimieron los parterres de las murallas, bonita decoración vegetal que todavía se recuerda. Se lió cuando el gobierno socialista de Manuel del Valle quitó a medianoche, por sorpresa y sin previo aviso, la Cruz de los Caídos que el cardenal Segura no había dejado instalar en los muros de la Catedral, ¿verdad Paco Mir?

Se lió cuando Rojas-Marcos ejercía de alcalde en  el despacho reservado para este cargo en tan  reales dependencias, al igual que cuando no se terminaba de suprimir el antiestético aparcamiento de autobuses turísticos delante de la Puerta del León. Se lió cuando el concejal Javier Landa (PP) impidió su uso a los miembros del Curso de Temas Sevillanos (¡Duro con  las espigas, suave con las espuelas, don Javier!) y hasta cuando se encendió la polémica por la intención de borrar del nomenclátor el título de la Plaza de la Alianza para dedicarla al ministro Indalecio Prieto, quien firmó la cesión del monumento a la ciudad de Sevilla, un rótulo finalmente colocado delante de la sede de Hacienda, a la vera de la Casa de la Moneda.  Se lió cuando desapareció un trozo de yesería, cuando el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, encendió un pitillo en el Patio de la Montería, o cuando una concejal usó sus salones y patios para el reportaje de su boda.

El Alcázar es un monumento sensible, con un eco indudable. La Catedral igualmente lo es. Son dos iconos de la ciudad. La reforma de los accesos del turismo por la Puerta del León no es un proyecto cualquiera, como no lo fue la transformación de la Catedral para su puesta a punto para la Exposición Universal de 1992, una revolución liderada por el inolvidable canónigo Francisco Navarro, que sustituyó los estadillos hechos a mano por las hojas de excel, introdujo los tornos y promovió una serie de reformas que le costaron no pocos disgustos. ¿Recuerdan aquel proyecto de cafetería en la Cilla finalmente frustrado?

Si será importante el Alcázar que sus puestos en el patronato se reservan para los principales concejales, la figura del alcaide se otorga a una trayectoria de prestigio y hasta una ex alcaldesa, Soledad Becerril, llegó a dimitir  como consejera en protesta por el desvío de fondos para la conservación de la Casa Consistorial. Becerril siempre defendió que los ingresos que genera el Alcázar por la visita turística deben revertir con exclusividad en su conservación. El Alcázar tiene una contrastada capacidad de autofinanciación.

El Alcázar está hoy en el punto de mira. La seguridad, las tarifas, los macetones, las obras por ahora frustradas en la Puerta del León y hasta el rifirrafe entre políticos de diferentes partidos condenados al entendimiento para sacar adelante el presupuesto de  una gran capital. Nunca a nadie ha dejado indiferente el primer monumento civil de la ciudad. Obama se quedó sin conocerlo, Rojas-Marcos lo usó como despacho. El andalucista concebía la política como una vocación que llevaba implícito el riesgo. Hoy los tiempos son distintos. Icomos frunce el ceño y el Ayuntamiento se allana.  La prudencia máxima, el dontancredismo como norma. El león es el único que tiene asegurada la permanencia.

Saturno en el PP

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2017 a las 5:00

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MIENTRAS declaraba como testigo de la Gürtel en Madrid, la nueva cúpula del partido en Sevilla ejecutaba con mano dura y guante de seda la enésima maniobra por la que Javier Arenas se hace omnipresente en el PP sevillano: la sustitución de Alberto Díaz como portavoz del grupo municipal por Beltrán Pérez. El sillón de jefe de la oposición es el alba con la que se cubre al llamado a ser revestido con la estola de candidato a la Alcaldía. Arenas autorizaba desde Madrid un golpe de mano que, nunca se olvide, ha estado ejecutado e impulsado en Sevilla por Virginia Pérez, la figura incontrolable que ha tambaleado hasta convertir en virutas las frágiles patas de la mesa camilla en la que se han cocido las decisiones del partido en los últimos quince años: Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno y José Luis Sanz. Arenas los ha vencido a todos a base de comérselos, como un Saturno que devora a sus hijos por temor a perder el trono. Se ha hecho con la influencia máxima en el aparato local gracias a unos discípulos leales que reconocen su magisterio, con algunas incorporaciones de nuevo cuño como la de la propia Virginia Pérez. Si algo ha sabido en la vida este Saturno disfrazado de lince andaluz es interpretar los cambios políticos cinco minutos antes que los demás. Por eso sobrevivió a Óscar Alzaga, Fraga y Aznar. Apostó por Rajoy en 2004 cuando todos parecían dejarle tirado en el congreso de Valencia. Y acertó. Siempre ha acertado en las guerras internas, lo que escuece hasta la pataleta a sus propios hijos políticos.

Sobrevivió también a la creación de sus propias figuras políticas de cierta proyección (Luis Miguel Martín Rubio) y de incontestable trayectoria (Juan Ignacio Zoido) y también a las que no controlaba directamente pero operaban con fuerza en sus dominios (Soledad Becerril, Teófila Martínez). A la sagacidad y capacidad de análisis de Arenas hay que sumar su pequeña cuota de riesgo: en algunas ocasiones se la ha jugado, como en la citada de Valencia en 2004. En política hay que arriesgar en alguna ocasión para alcanzar alguna meta. Que se lo digan al socialista Gómez de Celis, que la primera vez que ha apostado en serio por un objetivo –al margen del carril acomodaticio del partido– ha salido triunfante. Sólo las especies que se adaptan sobreviven en la selva de la política actual.

Saturno devoró a sus hijos para cumplir la condición impuesta por su hermano Titán si quería reinar en su lugar. Arenas alcanza ya el grado de deidad en este PP en minoría en España, ansioso en Andalucía y tratando de despertar del coma tras la pérdida de la Alcaldía en Sevilla. Sobrevive a todos los líderes nacionales, regionales y locales. Cierra el Espigón, Arenas sigue. Cambia de dueño Antares, Arenas sigue. Cambian los hermanos mayores de la Macarena, Arenas sigue. Controla a buena parte de sus hijos políticos y tiene ya hasta nietos que aprenden de su estilo. Es un mito al que han querido derribar varias veces, pero aún no ha salido el Júpiter que acabe con su influencia. Porque lo que se juega Arenas a estas alturas del partido no es ya ser ministro o alcalde, sino influir en quien desde Andalucía pretenda pintar algo en cualquier orden del PP. Arenas no está para presidir consejos de Emasesa, ni soportar encierros eventuales de despedidos de Lipasam, tras haber volado en el Falcon de los vicepresidentes del Gobierno, haber pasado fines de semana en las fincas del Estado de Doñana o Quintos de Mora, o haber sido recibido por el Papa en el Vaticano. Uno de los problemas de Arenas es que le tiene miedo reverencial a Sevilla: siempre de su casa al AVE sin pasar por la calle Sierpes.

En Andalucía tiene a Antonio Sanz, delegado del Gobierno. En Sevilla, el doble tentáculo de los Pérez: Virginia y Beltrán. Declarando en la Gürtel cambió al jefe de la oposición: quitó a un hombre al que conoce sobradamente, Alberto Díaz, del bando perdedor en el congreso provincial, para colocar a Beltrán Pérez, del bando ganador. Sustituyó nada menos que al que fue jefe de gabinete de Zoido en la Alcaldía, todo un símbolo. Díaz, por cierto, no ha podido sufrir una coyuntura más adversa como portavoz y, al menos, ha salido del entuerto con una elegancia unánimemente elogiada.

Mientras Rajoy siga en Madrid y Moreno Bonilla no crezca políticamente, Arenas seguirá siendo fuerte en Génova, con crédito entre algunos de los periodistas más influyentes de la corte, y continuará ostentando la marca andaluza del PP en la capital de España. A los hijos rebeldes del líder natural de la derecha andaluza sólo les queda –otra vez– esperar confinados en sus respectivos destinos tras haber intentado su derribo. No sería extraño que trate de recuperar a alguno de sus cachorros rebeldes –ya talluditos– cual Maquiavelo que quiera provocar divisiones incluso en el bando derrotado.

Saturno se comió a los hijos cuando ya tenía las sienes encanecidas. El pasado domingo denunció en estas páginas el veterano Juan Manuel Albendea que “está de moda meterse con Arenas”. No, don Juan Manuel, lo que ocurre es que es Arenas quien no deja de estar de moda. Y es Arenas el que no perdona lo que entiende como deslealtades: que algunos no recuerden que han sido lo que han sido por su dedo. Arenas va a durar más que Villar en la Federación Española de Fútbol, Gallardo en el Colegio de Abogados o Cañete en Aprocom. Es la fuerza del mito. Un Saturno de perseverancia voraz.

El portaaviones Colón

Carlos Navarro Antolín | 11 de junio de 2017 a las 5:00

portaaviones colon digital

SEVILLA no tiene playa por mucho que Alejandro Rojas-Marcos se empeñara. Aquí las olas son de calor, las oleadas son de robos en los comercios de Regina y los oleajes, fuertes oleajes, son en la Madrugada que perdimos. Sevilla cada vez tiene la Feria más larga y la sombra más corta. Sevilla no tiene un urbanismo suave pese a que la ciudad se somete a su particular travesía del desierto durante seis meses, somos peregrinos bajo un sol despiadado en la ciudad donde se fundó Quitasol, sublime contradicción. La sombra vendo, la sombra nos arrebatan. No hay Leopoldo que nos eche el toldo. Somos el sol, vivimos con el sol, nuestra cultura es de sol, de aire libre. Nuestro modo de vivir es en la calle, nuestro concepto de uso de los espacios públicos forma parte de la identidad colectiva. La ciudad, sus hábitos, van en un sentido mientras los responsables de diseñar las calles y plazas recorren justo el opuesto. Choque frontal entre el sentido común y el disparate. La Gerencia de Urbanismo y la ciudad parecen vivir en un divorcio perpetuo. El urbanismo de Manuel del Valle nos dejó una ciudad endurecida que Soledad Becerril trató de reparar con los jardines del Prado. El de Zoido nos ha legado un Paseo de Colón árido, una suerte de segundo capítulo de la barbaridad de la Avenida de la Constitución que perpetró el equipo de Monteseirín. Este Paseo de Colón es un perfecto portaaviones con pista expedita para el despegue de turistas con la piel enrojecida, salmonetes de mochila, chanclas y botella de agua. Los técnicos de la Gerencia de Urbanismo son fieles seguidores del mininalismo de estilo NH, de la arquitectura tipo tanque de tormenta y, por supuesto, de extensiones de terreno sin un palmo de sombra, todo lo cual rematado con un sonriente autorretrato que se guarda en los archivos del organismo autónomo cuando la fotografía debería estar en la galería de los horrores. ¿Para cuándo la medalla de oro de Sevilla a la Gerencia de Urbanismo por recrear el primer portaaviones netamente hispalense? Dicen que Sevilla es un estandarte de la industria aeronáutica, pues también lo es de la naval en pleno casco antiguo. Aquí seguimos teniendo los astilleros bien cerquita del río, hemos fabricado un insufrible portaaviones junto a la Torre del Oro, Arenal de Sevilla, como se fabricaban los barcos en las antiguas Atarazanas.

En este portaaviones sólo se echa en falta algún material de hierro chorreado tan de moda en los arquitectos de la post-Expo. El hierro chorreado vale para una casa de hermandad (Candelaria), un restaurante (la visera del Abades), una parroquia (San Vicente) o cualquier plaza dura (bajos del puente del cachorro , junto a la estación de autobuses Plaza). El hierro chorreado es la maldición del tiempo que nos ha tocado vivir, como lo son el cemento sin ninguna muestra de misericordia en forma de agua y sombra. Alejandro soñó la playa, Zoido inventó una Navidad con camellos y sólo le faltó prometer que acabaría con el calor.
Sevilla es una ciudad sin oasis donde el trazado urbanístico de la Judería nos enseñó hace un puñado de siglos cómo ganarle sombra a la ciudad del sol. Pero preferimos no aprender del pasado e inventar nuevos errores y perseverar en ellos. Yhasta jactarnos con un autorretrato que –ya que está la plaza de toros tan cerquita– es todo un pase de la firma que sólo merece una lluvia de almohadillas procedentes del graderío, del graderío del sol, naturalmente. Porque de la sombra, ni mú. Silencio. No existe. Ni se le espera.

Zoido fue un visionario. A falta de sombra trajo camellos. Fue el que tuvo claro que buena parte de Sevilla se había convertido en un desierto gracias a la gestión de gobiernos de diferentes colores. Y decían que no tenía modelo de ciudad. El portaaviones Colón es el mejor símbolo de la gestión de los espacios urbanos de los últimos 25 años. Quiten a San Isidoro y San Leandro del escudo de la ciudad como pretende la izquierda rancia, y pongan cemento y un camello. Hay que jorobarse.

 

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Arenas manda desde el púlpito

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2017 a las 5:00

PP

EL lince se revistió ayer con la estola. Arenas abrazó el púlpito más que el atril. Entonó el discurso del perdón. Parecía el cura, el pastor, el reverendo. Quien haya perdido un amigo estos meses que se siente con él, que se pidan disculpas. “Estas cosas las he pensado en la primera comunión en la que he estado”. Arenas es un clásico: quiere la paz tras haber hecho la guerra. Hizo del domingo de congreso su particular Jueves Santo. Faltaba la música del órgano y los cantores de boca bien abierta entonando el Perdón, oh Dios mío. Ha ganado otra vez en un conflicto interno del PP. Es el maestro. Él los ha enseñado a todos. Sabe como nadie que primero hay que controlar el aparato y después, siempre después, vendrán los cargos institucionales. Pero sin aparato no hay paraíso. Ayer barrió en el atril. Perdón, en el púlpito. Demostró que en el PP andaluz nadie controla la oratoria como él, ni la historia del partido, ni el plantel de trabajadores. Le hizo un guiño a Rafael Belmonte: “El único que lleva corbata como yo”. Le gusta dejar claro que nadie como él conoce el PP de Sevilla, se recrea en el remarcar, amarrar y dar la última vuelta de tuerca hasta dejar bien apretado el tornillo de su sapiencia. Ni Zoido ni por supuesto Moreno Bonilla. Su mensaje fue una suerte de En mi casa mando yo. A Zoido le mandó un mensaje, otra vez: “El PP no se inventa hoy. La política no es sólo márquetin. La política es pasión”.

En el lenguaje del poder viste mucho eso de llegar tarde o interumpir. Irrumpir, mejor dicho. Zoido llegó cuando hablaba Virginia Pérez. Aplausos. Arenas lo hizo cuando tenía el turno de palabra Teresa Jiménez Becerril. Larga ovación. Arenas sigue teniendo mucho peso en el PP sevillano. Una proyección que después no ha sabido o podido rentabilizar en la ciudad. Su fuerza se ha quedado siempre de puertas para adentro del PP. No es poco. Pero siempre le ha sido insuficiente.

Virginia Pérez estuvo mucho mejor en el primer discurso –anterior a las votaciones– que en el segundo, breve y menos preparado. Zoido aliñó la faena aposta, sabedor de que en esa plaza tenía muy poco que ganar después de haber perdido. Con Virginia Pérez de presidenta se diluye, en principio, su fuerza en el PP sevillano. Pero aquí no se ha cerrado ninguna guerra. La contienda no ha hecho más que empezar. Los perdedores fruncieron el ceño al ver a Beltrán Pérez de presidente de la Junta Local de Sevilla capital. Ahí puede estar el primer motivo de guerra en este nuevo contexto. ¿Cuánto durará Alberto Díaz de portavoz municipal? Sería un contrasentido derrocarlo ya cuando acaba de ser investido como vicepresidente del partido por mucho que el cargo sea simbólico. Crear un símbolo para orillarlo en 24 horas no parecería un ejercicio de coherencia. Es previsible que, al menos, siga de momento. Un momento en política puede durar un cuarto de hora o la eternidad.

El ambiente del congreso, en general, fue de cordialidad. La mañana trascurrió sin problemas. Por la tarde se percibió la emoción del presidente saliente, Juan Bueno, que en privado se considera el “presidente moral del partido”. Arenas, como siempre, alabó su trabajo en público. Pero lo tiene entre sus cachorros díscolos. Yel maestro no ha parado hasta imponerse y, por cierto, colocar de vicepresidenta a Patricia del Pozo, su brazo derecho. El padre Arenas tiene en ella a su Santa Justa. Santa Rufina es Macarena O’Neill.

Los aseos quedaron inutilizados en varios momentos. “No se pueden usar, están limpiando”, decía un amable vigilante. “La limpieza ha empezado”, apostillaba un militante victorioso con guasa. El mediodía fue largo y la sobremesa aún más para algunos (y algunas). “Es lo que tiene no comer en casa, que es donde hay que comer”, aseveró un periodista caracterizado por su sentido común, mesura y educación.

Hubo ausencias, militantes destacados que no comparecieron en la clausura. Silencios elocuentes de Sevilla, hijos díscolos del lince con estola que no quisieron estar. El viejo profesor no suelta la batuta. La política es una noria, el PP de Sevilla una montaña rusa. Arenas es Mortadelo con los disfraces: hoy lince, mañana sacerdote y siempre, siempre, el guerrero del antifaz. Todos sabíamos que estaba detrás de los críticos. Cospedal y Zoido han perdido. Arenas ha ganado. El partido sigue sumido en su particular cuaresma. Hay que seguir limpiando los aseos. Y acortando las sobremesas.

PP

Rajoy hace un ‘ya si eso’

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2017 a las 5:00

 

EL tío de la mochila dice que Rajoy no viene el día 20 de abril a la conmemoración del XXV aniversario de la Expo’92.El tío de la mochila es Jorge Moragas, ese señor del pelazo que siempre va detrás del presidente cuando el gallego sale del pleno del Congreso de los Diputados para montarse con rapidez en el coche blindado que aguarda al ralentí en la calle Floridablanca. Moragas es el hombre que habla en nombre de Rajoy, el mismo que, por cierto, usa su enorme influencia para colocar en la ejecutiva del PP andaluz a su gran protegida, Tita Astolfi. Moragas anuncia por carta que Rajoy acepta formar parte del comité de honor de los actos de las bodas de plata de la Muestra Universal, pero que la “complicada agenda institucional y política” del presidente del gobierno le impedirán estar en Sevilla el día 20. En realidad dice que Rajoy aún no puede comprometerse. No dice que no, tampoco dice que sí. Rajoy, a través de su vicario, hace un ya si eso. Todos sabemos que cuando se acepta formar parte de un comité de honor es porque no se va a poner un pie en el sitio adecuado en la hora y el día indicados. Rajoy pasa de estar en Sevilla el día 20 para recordar la gran obra de Felipe González en Sevilla, una ciudad que sigue pagando en los presupuestos estatales (y autonómicos) la gran inversión que recibió con motivo de aquellos fastos. Pareciera que los sevillanos tenemos que seguir pidiendo perdón por el 92, cosa que no ocurre en Barcelona. Pareciera que a nuestras provincias vecinas hay que seguir compensándolas por el “privilegio” del que disfrutamos hace 25 años, no justificado por el peso de la Historia, sino por el dedo de un presidente sevillano que, menos mal, nos dio el AVE los primeros, porque de lo contrario, viendo nuestro potencial y nuestras capacidades de reivindicación, estaríamos aún como los gallegos y vascos: sin oler la alta velocidad.

Ya si eso vendrá Rajoy. O no. El presidente, ya si eso, irá mejor a Barcelona cuando toque recordar los Juegos Olímpicos –“Los mejores de la era moderna”, que dijo Samaranch– o como fue el otro día a anunciar los millones en inversiones que soltará el Estado en 2017 para asegurar la unidad nacional. Ola cohesión. O el equilibrio. O como se diga en el código políticamente correcto de turno. Moragas juega al equilibrio epistolar. Nos suelta un me alegro de verte bueno y a ver si un día nos vemos, al estilo Arenas (Javié), al estilo de Zoido, al estilo andaluz (Este no es tu referéndum). Primero pone el algodón de reconocer la importancia que tuvo la Expo, “que marcó un antes y un después en la ciudad y en la proyección internacional de España”.

–¿Eso lo ha escrito Moragas él solito?
–Han debido ayudarle.

Y después nos coloca la aguja del ya si eso. Ya si eso lo llamaremos si podemos “acompañarle”. Ve yendo tú que ya veré quiénes van y cómo está el PSOE andaluz para entonces. Los reyes eméritos estarán el día 20 en el monasterio de Santa María de las Cuevas para abrir con solemnidad los actos conmemorativos. Pero Rajoy recula. Moragas felicita al alcalde al final de la carta por la celebración de la efeméride. Eso sí que es sevillano. Me recuerda al que felicitó a un pintor en voz alta por la calle Cuna por el “pedazo de cartel” que había hecho, a pesar de que la obra de arte no se había presentado aún. Ojana se llama. Las frases hechas las carga el maligno. A Moragas se le ha olvidado escribir que el Gobierno de España está seguro de que el ministro Zoido sí que se pasará por el acto. Para eso está Zoido, ¿o no? Para presentar libros en el Colegio de Abogados o planes de seguridad del pequeño comercio, o para asistir a inauguraciones de rascacielos y pregones de Semana Santa. Por eso dicen ya con guasa (que no falte) que el de Fregenal de la Sierra es el “ministro laborista” del ejecutivo del PP. Porque se dedica a sus labores. A sus labores en Sevilla.

La verdad es que mejor que contar con Rajoy el 20 de abril en la Cartuja, mucho mejor sería contar con los millones necesarios en el Presupuesto de 2017 para la construcción, por fin, de los túneles que requiere la SE-40 en el Aljarafe. Opara la gran reforma pendiente del Museo de Bellas Artes. O para la red ferroviaria de Cercanías. O para esas comisarías de las que se habla desde los tiempos del socialista Monteseirín como alcalde. Pero decir estas cosas un Domingo de Ramos en Sevilla es como colocarle el silenciador al discurso. Qué más da. Todos esos proyectos vitales para la ciudad bien merecen un ya si eso. Al estilo Moragas. En la Expo al final hizo mucho calor. Quizás podría venir Moragas al acto como director del gabinete del presidente y organizar esa noche un cotarro flamenco, como hizo con ocasión del congreso pepero que hubo en Fibes no hace muchos años. Qué noche aquella, Jorge. Ya si eso la contamos otro día que el coche espera hoy al ralentí y no conviene emitir más gases en Floridablanca.