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Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

Amalia irrumpe en la crisis del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 13 de enero de 2017 a las 5:00

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LA tarde del miércoles será difícil de olvidar por la militancia del PP de Sevilla. La formación de la gaviota es una olla exprés a toda potencia donde todos temen el último chuchú, la explosición que provoque los nuevos efectos del enfrentamiento sordo entre Javier Arenas y Juan Ignacio Zoido, que es lo mismo que decir entre los críticos y los oficialistas. La actualidad del partido se concentró la otra tarde en tres frentes. En primer lugar, en la sala de juntas del Grupo Popular del Ayuntamiento, donde los representantes de una y otra facción discutieron sobre los criterios para cubrir una plaza vacante de asesor a 49.000 euros anuales. Unos y otros quieren colocar a un allegado. La sesión vivió momentos de verdadera tensión por el desagradable rifirrafe entre dos concejales. A media tarde, ya en la sede regional, se celebró la reunión de los compromisarios que representarán a Sevilla en el próximo congreso nacional, previsto para febrero en Madrid. Los críticos, encabezados en esa sesión por Virginia Pérez, portavoz del PP en la Diputación Provincial, intentaron difundir un manifiesto sobre las reformas que el sector exige para que haya mayor democracia interna en el partido. Destacados miembros oficialistas recriminaron a la mesa que se estuviera debatiendo sobre un manifiesto entregado por militantes particulares y no sobre los asuntos de debate del congreso nacional. La sorpresa previa para los oficialistas es que el mismísimo Javier Arenas, consagrado a la lucha por el control del partido en Sevilla, se había presentado en la sede regional para presidir esa reunión como vicesecretario general del PP nacional. Y fue el propio Arenas quien zanjó el tema, dejando claro que mientras él ostentara la presidencia, todos los militantes presentes podrían hablar con libertad de cualquier asunto. Arenas, de facto, estaba corrigiendo a sus propios cachorros, algunos de los cuales no soportan ni un minuto más las tutelas del lince de Olvera.

Por la noche, la atención del partido se centró en el homenaje organizado por los críticos a la ex subdelegada del Gobierno, Felisa Panadero, secretaria judicial de profesión, defenestrada del cargo el pasado diciembre por haber tomado partido en la fractura interna del partido, un cese en el que tuvo un peso determinante el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido.

El homenaje se celebró bajo la carpa de un bar-quiosco de Nervión. Aseguran que acudieron 112 militantes, lo que generó bromas al coincidir la cifra con la del número de Emergencias. La sorpresa no sólo fue que acudió el propio Arenas, que por fin se retrata con el sector de los críticos nueve meses después de que éstos hayan comenzado sus andanzas, sino que asistió Amalia Gómez, todo un icono del PP andaluz, ex secretaria de Estado de Asuntos Sociales, ex presidenta del PP de Sevilla y actual presidenta de la Cruz Roja sevillana. Se trataba de exhibir músculo frente al aparato oficialista que lidera Zoido con el aval de María Dolores de Cospedal.

Arenas, que acudió junto a su esposa, Macarena Olivencia, no habló en el homenaje a Panadero, pero sí lo hicieron Amalia Gómez, la propia homenajeada y Virginia Pérez. Gómez fue rotunda e hizo continuos guiños a Arenas sin olvidar algún aguijón por la destitución de Panadero: “Estoy aquí porque quiero a Felisa y quiero a Javier, donde esté Javier estaré yo. Felisa ha hecho una labor magnífica y no es justo”. Virginia Pérez fue directa: “Has sido una subdelegada ejemplar con la que se ha cometido una tremenda injusticia”. Ensalzó la presencia de Amalia Gómez en el acto. “La injusticia de Felisa ha hecho que se unan el presente y el futuro del PP de Sevilla. Y que contemos también con los cimientos del partido”.

El alcalde de Carmona, Juan Ávila, elogió a la ex subdelegada del Gobierno en Sevilla en una reunión marcada por un clima almibarado:“Siempre me ha atendido, siempre ha ayudado a todos los pueblos. Me siento orgulloso de ti”. Y habló, cómo no, la propia homenajeada: “Llevo décadas afiliada al Partido Popular. Soy secretaria judicial. Vuelvo a mi puesto. En mi responsabilidad de gestión he tenido que trabajar con Administraciones de todos los Partidos. A todos he intentado servir y ayudar. A eso me enseñó el Partido Popular en el que creo. Son normales los relevos en las Administraciones, pero no son normales otras cosas. Por vosotros ha merecido la pena. Vuelvo a mi puesto de trabajo, pero voy seguir comprometida con un partido en Sevilla que no sea de cuatro personas, sino de los militantes y en donde la gente no tenga miedo”.

Cada uno de los asistentes abonó diez euros para participar en una muestra más de fuerza de los arenistas. Croquetas, calamaritos y cazuelitas de arroz regados con botellines de cerveza o copas de tinto. No hubo melva, símbolo del gobierno de los 20 concejales de Zoido. Felisa sonrió al recibir un regalo de recuerdo: un reloj. Entre los asistentes, además de los ya citados, acudieron el alcalde de Lora, la alcaldesa de Palomares, cinco diputados provinciales, dos diputados autonómicos (Jaime Raynaud y Patricia del Pozo), cinco concejales de la capital, militantes de diversos distritos de la ciudad y de localidades como Gelves y Morón, ex cargos del Ayuntamiento de Sevilla como Francisco Ibáñez, que fue director general de Medio Ambiente, o Pedro Molina de los Santos, que fue director del Distrito Norte.

El calor añadido lo pusieron las estufas de media altura. Los fumadores se tuvieron que salir del salón. Entre caladas a la intemperie hubo comentarios sobre la tensión de la sesión previa de los compromisarios. Algunos abstemios destacaban que los diez euros no incluían el agua con gas. Acudió también la arquitecta Sol Cruz. Arenas no se fue sin saludar uno a uno a los presentes, escoltado por Macarena O´Neill. Arenas en estado puro. Arenas en versión Javié. Alguien dice por teléfono: “Todo esto se arreglaría con una charla de no más de quince minutos entre Javié y Juan Ignacio, pero…”.
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Las doce uvas de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2016 a las 5:00

ESPADAS CAJA
Primera uva. Año y medio en el cargo y ni una palabra más alta que otra, ni una cinta cortada, ni tampoco ningún gran escándalo. Juan Espadas es un político plano. Pasa desapercibido hasta en sus muchos paseos por la calle. Su fuerte no es la notoriedad. Tampoco es su objetivo. Es un alcalde de ruan, pasajero del vagón en silencio del tren de la política, sin concesiones en sus discursos, sin excesos ni brillos. Se siente cómodo en las zonas templadas. Un alcalde sin alharaca, exento de frivolidades. Un carácter que se refleja en su gestión: sin grandes logros materiales por el momento, con algún proyecto sonado a medio plazo (caso de la ampliación del tranvía) de los que está por ver su resultado, y con la certeza quizás de que las grandes soluciones, si existen, nunca deben provocar ruido. Basten dos ejemplos: el nombramiento de un jefe de la Policía Local en una toma de posesión a puerta cerrada, cosa inaudita, y la apuesta por la supresión de chabolas del Vacie, sin cámaras de televisión ni fotógrafos de por medio, con la tesis de que en el asentamiento se debe trabajar con la mayor discreción.

Segunda uva. Espadas es absolutamente dócil ante Susana Díaz. Como cualquier dirigente socialista andaluz, el alcalde de Sevilla está eclipsado por la larga sombra de la presidenta andaluza, consagrada ahora más que nunca a la carrera por la secretaría general del PSOE. En cierta forma, Espadas tiene que moverse entre el hiperliderazgo de Susana Díaz y la omnipresencia costumbrista de Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior y ex alcalde de la ciudad. Dos potentes sombras que no deben ser nada cómodas para un alcalde que hace virtud de su escaso índice de popularidad. Si Susana Díaz abandonase algún día San Telmo, tal vez Espadas tendría la oportunidad de hacer carrera propia. En política nada es gratuito. Quizás por eso ha dedicado muchos esfuerzos durante 2016 a trabajar las líneas de entendimiento y colaboración con Granada, Málaga y Córdoba. En ocasiones lo ha hecho con peticiones tan llamativas como un tren que conecte el aeropuerto de Málaga con la estación ferroviaria de la capital costasoleña, cuando Sevilla carece clamorosamente de esta infraestructura. Espadas es hoy un ejemplo de político muy moderado dentro del PSOE. No controla un partido constituido por agrupaciones de muy diverso peso. Jamás se olvide que ha conseguido la Alcaldía con los peores resultados obtenidos por el PSOE en una capital que en los tiempos de pana y previos al 92 era un fortín para los socialistas.

Tercera uva. Un alcalde plano preside un gobierno plano. Y la gestión, como ya se ha apuntado, es consecuentemente plana. Hay leves excepciones. Como alcalde es una continuación de su estilo al frente de la oposición. Ni frío de enero ni calor de julio Hay que admitir que la falta de chispa de la que adoleció en la oposición es quizás una cualidad que puede ser rentable cuando se está en el gobierno. El equipo de Zoido, por ejemplo, no supo cambiar de registro cuando alcanzó el gobierno. No supo entender que la guerra había terminado. La única concejal del gobierno que le ha puesto en un aprieto ha sido Carmen Castreño, reprobada por el Pleno tras la sentencia del TSJA que dictó que como presidenta del Pleno había contravenido nada menos que la Constitución Española al impedir el debate de las propuestas de la oposición sobre los presupuestos de la ciudad. Espadas se tragó el sapo. Quien por el momento no le ha generado problemas es la delegada de Participación Ciudadana, Adela Castaño, que guarda un perfil discreto tras algunas polémicas sonadas en los años de oposición.

Cuarta uva. A Espadas se le perdonan algunos gestos, llamémoslos así, por los que a su antecesor le hubieran arreciado las críticas. No son muchos, pero sí reveladores. Romper una guitarra en la inauguración de un restaurante americano en la calle San Fernando, subirse en el coche insignia de la vuelta ciclista a España a su paso por Sevilla, convocar una consulta ciudadana sobre la fecha de comienzo de la Feria, o sencillamente aceptar encarnar al rey Baltasar en la cabalgata del Ateneo, cosa que Zoido rechazó dos veces por el tradicional complejo de la derecha. Espadas juega a dos bandas: contenta a la Sevilla tradicional portando crucificados en los vía crucis, y a los socios de investidura de la izquierda radical colocando una iluminación navideña exenta de simbología religiosa.

Quinta uva. El de 2017 será un año donde necesariamente se habrá de ver algún fruto de logro mandato que consumirá su primera mitad. El gobierno amigo de la Junta no se nota por el momento. La inversión en infraestructura se la ha llevado el tranvía de Alcalá de Guadaíra. Tanto la Junta como el Estado siguen relegando a Sevilla en los presupuestos públicos. Tiene razón el PP cuando señala que la gran inversión que necesita Sevilla es el Metro, que no veremos crecer en los próximos cuatro años. Todo indica que Espadas tratará de contentar a la ciudad con la ampliación del Metrocentro de Monteseirín, un costoso y complejo placebo para hacer olvidar el verdadero objetivo de una gran ciudad: las líneas 2, 3 y 4 del suburbano. De este alcalde jamás cabrá esperar una postura firme y exigente ante la Junta para demandar la infraestructura más necesaria en una urbe de cerca de 700.000 habitantes y con una alta densidad de población en la corona metropolitana. En la Junta nadie da la cara por Sevilla por miedo al discurso de los agravios entre provincias hermanas. Las alusiones a la capitalidad de Sevilla son políticamente incorrectas (Espadas) o tachadas de populismo de bajo coste (Zoido). Al final, la gran perjudicada es la ciudad.

Sexta uva. Con Espadas se talan árboles igual que con Zoido. Unos 600 han caído este año, algunos en lugares tan señalados como la acera del Palacio de San Telmo. Este alcalde, al menos, se ha propuesto luchar contra dos lacras de la ciudad: las plazas duras heredadas de finales de los 80 y principios de los 90, y el tormento de Sísifo de los veladores, un tsunami de mesas y sillas que invade las principales calles del centro y muchas de los barrios. La Plaza de Armas ha estrenado un diseño más amable gracias a Adif y Mercadona. La Plaza de Juan Antonio Cavestany, muy cerca de Santa Justa, será reurbanizada con una configuración más apropiada para una ciudad con seis meses de calor que para el clima moscovita que presenta ahora. El concejal Antonio Muñoz, que dirige la cursimente denominada Delegación de Hábitat Urbano, ha sacado las brigadas anti-veladores a las calles con la intención de difundir que el aparato coercitivo del Ayuntamiento existe, que las mesas y sillas ilegales se requisan y que las sanciones se imponen. Las batidas han sido habituales. El primero de enero se debe notar la nueva normativa, muy restrictitiva, impuesta en la Campana, la Avenida y San Fernando.
Zoido y Alberto Díaz

Séptima uva. Espadas sabe como nadie cuánto cuesta movilizar la burocracia de una estructura mastodóntica como el Ayuntamiento, donde el miedo a las imputaciones de los funcionarios y el férreo control de la Intervención municipal, lastran los anhelos de velocidad de cualquier político por lograr con urgencia un proyecto que sea el símbolo de su mandato. Este alcalde no cortará la cinta de la segunda gran tienda de Ikea, para la que la Junta no ha dado facilidades y el Estado, al menos, ha vendido que ha hecho los deberes que le correspondían. El centro de recepción de visitantes –la horripilante obra a la vera del río en Marqués de Contadero– se eterniza y se encarece porque fue adjudicada con una baja temeraria. Altadis es un proyecto varado, un cementerio fabril en pleno casco urbano. Al final, todo lo bueno y lo malo que ocurre en la ciudad se identifica con la figura de su alcalde. El alcalde es el pararrayos donde impactan las quejas que a veces corresponden a las administraciones autonómica y estatal.

Octava uva. A Espadas le encanta hablar de la reformas estructurales en el Ayuntamiento. Ha depositado en funcionarios municipales de corte progresista su apuesta por la gestión cotidiana. Es cierto que se trata de una fórmula clave para el éxito que le ha proporcionado paz interna. Aún así, no tiene fuerza para luchar contra algunos de los frenos de la ciudad: las inercias de una Gerencia de Urbanismo con más jefaturas que indios, sin inspectores por las tardes ni los fines de semana y con un alto coste salarial, las excesivas trabas que en no pocas ocasiones pone el viceinterventor que sacaba de quicio al PP y ahora al PSOE, los cambios disparatados de criterio de las Comisiones de Patrimonio, etcétera. Aquí es donde muchas veces se encuentran las claves del verdadero bloqueo de la ciudad.

Novena uva. El alcalde no puede quejarse de sufrir una oposición implacable. El Pleno le tumbó la operación de compra parcial de la sede de la Junta en la Plaza Nueva, lo que reveló un fallo de negociación previa de los apoyos en la junta de portavoces. Un error impropio del perfil de gestor de que hace gala Espadas. Pero en ningún momento está sufriendo una fiscalización dura de la gestión. Con Ciudadanos mantiene una relación de absoluta armonía, perfecta traducción local del acuerdo autonómico que sostiene al ejecutivo de Susana Díaz. A Espadas le encantaría que Ciudadanos entrara en el gobierno local. El grupo más poblado de la oposición, el PP, se ha pasado año y medio penando la resaca de la pérdida de la Alcaldía de los 20 concejales y preparando el relevo de Zoido, todo lo cual aderezado con un enfrentamiento interno que mantiene en vilo al PP hispalense. Cuanto más tarde el PP en rearmarse, mejor para este alcalde laborioso y con dedicación, pero sin brillo ni grandes resultados palmarios. Participa Sevilla e Izquierda Unida dan pocos dolores de cabeza al alcalde. Los chicos de Participa siguen sin ser reconocidos como hijos legítimos de Pablo Iglesias. Y los ediles de IU, pese a tener un portavoz con momentos de brillantez en los plenos, tienen bastante con buscar un palo al que agarrarse en el hundimiento de la coalición en toda España. Nunca un gobierno en minoría gozó de tanta tranquilidad. Que le pregunten a Manuel del Valle sobre sus cuatro años sin mayoría absoluta, o que se lo digan a Soledad Becerril en sus cuatro años de alcaldesa apoyada (es un decir) por los andalucistas de Rojas-Marcos.

Décima uva. El gran éxito hasta ahora ha sido la gestión de la Semana Santa, en colaboración con la Delegación del Gobierno en Andalucía. Las vallas, los refuerzos policiales y una buena coordinación fueron determinantes para recuperar la sensación de seguridad en una fiesta herida. Un éxito que continuó en la salida extraordinaria del Gran Poder. La Feria, sin problemas de seguridad y con la caseta municipal reabierta. Tan sólo hubo un patinazo en la concesión del diseño de la portada a un militante socialista de Bellavista. Pero el balance de una gestión no se puede ni se debe basar en las fiestas mayores, lo que precisamente se le achacaba a Zoido desde las filas socialistas en el anterior mandato. Al menos Espadas ha estado hábil para bloquear la construcción de una gran mezquita en Sevilla Este mediante argucias administrativas absolutamente legítimas.

Undécima uva. El taxi vuelve a ser un gremio conflictivo cuyos problemas erosionan la imagen de la ciudad. El gobierno no quiere aplicar la sentencia del TSJA de 2001 que impone el turno rotatorio en la polémica parada del aeropuerto, donde los abusos y las irregularidades –sobre todo con pasajeros extranjeros– son una constante. El principal problema de esta parada no es el intrusismo, como se nos quiere hacer ver, sino el mal trato que se ofrece a muchos viajeros a los que se intenta cobrar de más cuando existe un cuadro de tarifas fijas. El reto del taxi en 2017 es el del esmero, como fórmula para competir con las nuevas modalidades de transporte que se ofrecen con éxito por aplicaciones digitales sin riesgos de sobrecostes. La Policía Local perderá 200 agentes en cuatro años si no se aplican soluciones. Sevilla sufre un déficit de policías nacionales y está a punto de sufrirlo también en el cuerpo de seguridad local. La apuesta por un guardia civil al frente de la Policía Local revela el deseo del alcalde de introducir un mando único y una mayor disciplina en un colectivo que ha dado quebraderos de cabeza a todos los alcaldes por la vía del polémico sindicato mayoritario. La Policía Local sigue sin reglamento interno y sin una Relación de Puestos de Trabajo (RPT). En cualquier caso, la paz social se consigue aumentando las partidas presupuestarias para productividades. Ningún alcalde se atreve ni con la Policía Local, ni con los taxistas del aeropuerto. Ni siquiera el que gozó de 20 concejales. Malos tiempos para el ejercicio de la autoridad.

Duodécima uva. A Espadas se le satura el centro de franquicias. Sevilla se despersonaliza en sus principales calles, se iguala a cualquier urbe de corta historia, se muestra impotente para mantener un comercio propio, con sello particular, que la haga diferente y única, que son los valores que, junto a las conexiones del transporte, los monumentos y el sector terciario, convierten a una ciudad en un potente destino turístico. El mismo delegado de Turismo ha mostrado su preocupación por los atentados estéticos en la Avenida y por la caída paulatina de negocios antiguos y únicos. La Campana ha sido tomada por las multinacionales de la hamburguesa y las franquicias del donut. El aeropuerto de San Pablo se obrará en 2017 para ponerlo al día tras 25 años en los que se ha quedado pequeño. Sevilla aspira a captar visitantes de la Costa del Sol tanto como del mercado chino. Y, por supuesto, el objetivo es que Fibes acoja más congresos de entre dos mil y cinco mil visitantes. Todos esos objetivos deben ser combinados con el impulso y cuidado del negocio tradicional, que hacen distinta a una ciudad de otra. Los turistas no vienen a Sevilla a comer hamburguesas ni donuts tuneados. Y el propio PSOE, estando en la oposición, reconoció el problema.

Los pájaros de Cospedal

Carlos Navarro Antolín | 4 de diciembre de 2016 a las 5:00

cospedal pizjuán
A Cospedal empieza a gustarle Sevilla tanto como Arenas se pirraba por Almería en sus buenos tiempos. La ministra de Defensa se hizo su primera foto como tal a bordo de la fragata Navarra, fondeada en aguas del Mediterráneo, y se volvió a España, concretamente a Sevilla, donde estaba interesadísima en asistir al partido de fútbol del Sevilla contra el Valencia, sentada en primera fila de palco, junto a su protegido Zoido, el ministro del Interior que todavía no se ha hecho la foto de ministro pese a que lleva casi un mes en el cargo. Con lo que le gusta a Zoido una foto, aún no hemos visto su bautizo gráfico como ministro. ¿Ustedes han visto a Zoido pasando revista a un destacamento de la Guardia Civil en Alsasua, por poner un ejemplo? ¿Acaso de visita en alguna casa cuartel de las que tienen desconchones? ¿Tal vez en la Academia de la Policía Nacional de Ávila? ¿Quizás lo han avistado por esas carreteras de Dios junto a Gregorio Serrano, quien anda estos días enclaustrado en su despacho de la Dirección General de Tráfico, que es donde tiene que estar cualquiera que se toma en serio una nueva responsabilidad?.

No, a Zoido no lo hemos visto vistiendo el cargo todavía. Sí ha estado en la misa del Gran Poder en la Catedral, en la basílica de la Macarena, en una cena en el Consulado de Portugal de Sevilla, en la entrega de un premio a una empresa en Utrera, en el referido palco de Nervión, en la escuela de otoño del partido celebrada en Carmona, en un almuerzo en Utrera, en la inauguración de una campaña turística en fomento del eje San Sebastián-Madrid, en un comité ejecutivo del PP provincial donde se debatían los criterios de designación de los compromisarios del próximo congreso nacional, lo que para un ministro del Interior es un foro de una importancia capital, que diría Rajoy, por las que hilan… Zoido es ministro del interior con minúscula. Pero muy de interior, por lo que estamos viendo.

Está empeñado en que el palco de las influencias sea el del Sánchez Pizjuán. Ya está bien del centralismo del Bernabéu. Donde se pongan Pepe Castro y el cátering de Robles, que aún no ha puesto veladores con estufas en el antepalco, que se quiten Florentino y las cenas posteriores en El Paraguas. Cospedal al Pizjuán, claro que sí, muy cerca de Manuel Marchena, el hombre fuerte de los doce años de Monteseirín como alcalde, el que dicen que más poder ha ejercido en Sevilla desde los tiempos de Queipo de Llano. Marchena es el último virrey de Sevilla, al que muchos empresarios siguen llamando para agilizar sus licencias. Ni Zoido con sus 20 concejales mandó tanto en la ciudad. Y eso que pudo, pero no supo. O no quiso. Allí estaban los dos en el palco, Cospedal y Zoido, a ver si se les pegaba algo de Marchena. Tanto ha mandado Marchena en Sevilla que en las localidades de Preferente se destiló cierta guasa: “De invitados ilustres están hoy Marchena y dos más”.

Al día siguiente del partido de fútbol, doña Cospedal se fue a Carmona, a darle la plática a la militancia soñolienta del PP. Los muchachos habían pasado la noche de parranda en el hotel cual estudiantes díscolos en viaje de fin de curso a Praga, por eso había sillas vacías cuando la secretaria general comenzó a parlar. Cospedal, para sorpresa de los presentes, se puso el traje de Tippi Hedren, en versión color y de Albacete, acosada por la rebelión silenciosa de los pájaros. Cospedal reveló el gran secreto. Ella ve pájaros en el PP de Sevilla, pájaros de todo tipo, pájaros de diverso pelaje, pero, sobre todo, otea unos pájaros muy concretos cuando suena el tam-tam de la renovación de los cargos orgánicos: “Somos la organización política y la organización civil más importante de España. Tenemos mucho que hacer y trabajar por nuestro país. Esto es algo que compartimos todos los que estamos aquí. Luego, en un partido tan grande, como decía aquél, hay distintas sensibilidades: los conservadores, los liberales… Algunos hablan de palomas, otros de halcones… Y es evidente que cuando llegan los congresos todavía aparecen más pájaros…”. Hubo risas y aplausos. Pío, pío. Cospedal mentó a los pájaros ante un auditorio dividido entre críticos, que venían de exhibir músculo en un almuerzo sabatino, y oficialistas. Es lo mismo que decir que mentó la soga en casa del ahorcado, pues el PP se divide entre los partidarios de Cospedal y Zoido, y los leales a Arenas, Virginia Pérez y una ristra de alcaldes y cargos.

Cospedal habló de pájaros en la ciudad de las aves. En Sevilla, en general, hay muchos pájaros, muchísimos. Hay tantos pájaros (y pájaras, seamos políticamente correctos) como tiburones, que aquí nunca nos hizo falta el acuario para ver escualos de cerca. Aquí los pájaros se sirven fritos como los cerdos se paseaban ya cocidos en la Roma antigua. Cospedal le tiene tomado el pulso a Sevilla, no sólo al PP de la provincia. Tanto viene los Jueves Santos a colocarse la peina y la mantilla para que Zoido la pasee por los palcos, tanto viene a las bodas de Pineda y tanto al palco de Nervión, que ha acabado por captar las claves de la ciudad. De la fragata Navarra en las aguas de Sicilia al palco del Sevilla junto a Marchena. Zoido apuesta por la descentralización, no exportamos ministro del Interior, importamos ministra de Defensa. ¿No hace Carlos Herrera su programa para toda España desde Sevilla? ¿Por qué Zoido no va a ser el ministro del Interior desde el palco del Pizjuán? Al fin y al cabo aquí, siempre, están todos los pájaros. Y si nos falta alguno, los traemos en el AVE. ¿Auriculares, señor?

Sonrisas y lágrimas

Carlos Navarro Antolín | 27 de noviembre de 2016 a las 5:00

sonrisasylagrimas
EL coche del ministro del Interior llegó esta semana hasta la sede de la Conferencia Episcopal Española en Madrid. Del vehículo se bajó el arzobispo de Sevilla. Zoido y el prelado hispalense se habían encontrado en Atocha. Se llevan muy bien desde que ambos coincidieron en Toledo: uno como delegado del Gobierno en Castilla la Mancha y el otro como obispo auxiliar. El ministro insistió en acercar a monseñor Asenjo, que viajó a la capital para participar en la asamblea plenaria de los obispos españoles bajo la presidencia extraordinaria de los reyes de España y la asistencia de Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno. El ministro estuvo el miércoles posterior en Sevilla, recibido a las puertas del Consulado de Portugal por José Pérez, consejero delegado de Ernst&Young, para presidir la entrega anual del premio que convoca la consultoría. Zoido se dio un baño de abrazos y cumplimenteos en un ambiente a favor de querencia. César llegó, vio y venció. Zoido vino, cenó y se marchó por la mañana con la corona de laureles de decenas de palmadas en la espalda y guiños públicos en los discursos. Sevilla, que en mayo de 2015 se convirtió en un tormento tras la pérdida de la Alcaldía, vuelve a tener para Zoido ese color que es como la tapa de lomo de Casa Ruperto: especiá. Ruperto, ese paraíso de los pájaros. Fritos.

Esta misma semana, el alcalde socialista Juan Espadas sufría de nuevo el frío de la mañana de San Clemente en la Catedral –lobera y pendón– y el de gobernar en minoría: le han tumbado la compra de la sede de la Junta en la Plaza Nueva y sus planes para los sesenta solares de la ciudad, donde pretendía obligar a construir en unos y permitir, en cambio, que los del conjunto histórico siguieran como están. Ningún grupo lo ha apoyado: ni los socios de investidura, ni los chicos del PPque ahora están capitaneados por Alberto Díaz.

Zoido viene a Sevilla como el madrileño que se baja del AVE la noche del alumbrao. Espadas sufre los efectos de la noria del Muelle de las Delicias en proceso de desmontaje, un fracaso más en las apuestas por reforzar la oferta turística. Zoido asiste a los pontificales de la Catedral y visita la Macarena. Espadas sufre otro pulso de la constructora del centro de recepción de visitantes junto al río. La empresa alega que no queda ya dinero para terminar la obra.

Sonrisas y lágrimas. La política sí que es una noria. Aquel líder de la oposición que vivaqueaba en el palomar aguardando la llamada del presidente Rajoy, es hoy el que regresa a Sevilla a cruzar una y otra vez bajo el Arco del Triunfo de los abrazos, besos y parabienes de una ciudad encantada de tenerle como ministro. Ni un español sin pan, ni un sevillano sin su foto con Zoido. Y Espadas sufriendo en el potro de tortura de la Alcaldía. Hasta tiene que arrear con el entierro de la segunda tienda de Ikea, la que Zoido iba a arreglar en 15 días. ¿Se acuerdan?. Si la Alcaldía fue un potro con 20 concejales, ¿verdad Juan Ignacio?, cómo no será para quien tiene sólo once y ha de entenderse con ediles que casi no llegan a la talla de delegados de la ESO.

El ascenso de Zoido al Ministerio del Interior, gracias a un dedazo –como no podía ser de otra forma– ha coincidido con la previsible cuesta arriba de un mandato que, en breve, comenzará a experimentar los efectos de curvas pronunciadas. Lo dijo Pepote: la alegría en fútbol puede durar hasta una semana, pero en política nunca más de un cuarto de hora. La política es una noria que un día se monta con comisiones a 60.000 euros y otro día se desmonta. Un día estás en un palomar, otro día con un séquito de policías nacionales de paisano y el tableteo de un helicóptero, banda sonora del poder. Nadie en Sevilla te recuerda que eres mortal. Aquí el único que mantendrá su condición hasta el final es don Juan José. Otros actúan como si los hubieran ordenado en lugar de designado. Efímero tableteo. Suba que yo le acerco. Y Espadas se quedó en Sevilla. Y Sevilla se quedó sin noria.

El fin del cuaderno azul en el PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 20 de noviembre de 2016 a las 5:00

Feria 2016
EL PP de Sevilla sigue siendo un partido en crisis, fracturado, sometido a un continuo estrés, a los vaivenes propios de un cambio de pontificado, del inicio de un nuevo ciclo, donde hay fuerzas que se resisten al cambio y agentes que tratan de irrumpir con la vitola de ser los paladines de un nuevo estilo. El PP de Sevilla es un paciente al que la estructura regional no consigue monitorizar, no logra controlar sus pasos, ni vaticinar sus querencias. El PP de Sevilla vive en continuas contracciones, a la espera de un parto que nunca llega. Funciona sufriendo. Es imposible algún augurio a largo plazo. Cualquier anuncio de futuro que no se pueda materializar en poco tiempo resulta poco creíble. Humo. Zoido se ha ido y su marcha ha desencadenado una suerte de proceso sucesorio en el grupo municipal, avanzado y retransmitido en directo por este periódico en su edición digital a mediodía del pasado jueves. Todo es interino en el PP y en el Grupo Popular. Nada es fijo. El pujante sector crítico logró el jueves una portavocía adjunta y –tal vez lo más importante– consiguió que el nuevo organigrama se acordara tras un debate de tres horas. Una sesión tan larga fue la prueba palmaria del fin del cuaderno azul, aquella libreta que simbolizaba la política digital de la era aznariana: la elección a dedo de los sucesores y delfines en un partido eminentemente presidencialista.

Hasta el mismo Arenas, consciente de que ya pasaron sus días de vino y rosas, anda remangado para lograr que los suyos sean fuertes en la plaza sevillana. Los críticos no pudieron frenar el jueves que el portavoz principal en el Ayuntamiento sea un oficialista, Alberto Díaz, ex jefe de gabinete del alcalde Zoido. Los críticos hubieran preferido, al menos de boquilla, a la concejal María del Mar Sánchez Estrella para dejar así en la reserva activa (activísima se podría decir) al verdadero aspirante a candidato a la Alcaldía en 2019: Beltrán Pérez. El pecado de Sánchez Estrella fue, tal vez, postularse en exceso para el cargo. Un pecado, en cualquier caso, perdonable en el mundo de la política tras cumplir alguna penitencia liviana.

El presidente provincial, Juan Bueno –la cara amable del aparato– jugó con los tiempos. Estuvo hábil hasta que se le vieron las cartas (marcadas). Sus prisas lo delataron. ¿Por qué había que dejar reorganizado el grupo municipal ese mismo jueves? Porque si esperaba un día más ya no dispondría de la mayoría necesaria (siete sobre doce) para sacar adelante su plan, pues la salida de Gregorio Serrano y Curro Pérez (oficialistas fichados por Zoido para Madrid) lo dejaba en cuadro de inmediato, por mucho que hubiera forzado la presencia de Jaime Ruiz, que todavía no ha jurado el cargo de concejal. Ruiz avaló el plan de Bueno sin entusiasmo: “No es mi propuesta pero la apoyo por respeto al presidente del partido”. Si Bueno esperaba la llegada de los sustitutos, la cosa se le ponía aún más fea, pues ya calientan en el andén Rafael Belmonte (vicario general de la causa beltraniana) y Carmen Ríos (crítica con el zoidismo). Bueno metió la directa, afrontó y forzó una reorganización a paso de mudá. Gregorio Serrano, que a esas horas aún ocultaba su condición de flamante director general de la DGT, pidió “respeto” para el presidente provincial. Los críticos, que comenzaban a olerse que el barco oficialista sufría vías de agua, pidieron retrasar la reunión para repetirla cuando ya se pudieran sentar en la mesa los doce concejales que, de verdad, iban a representar al PP en los dos años y medio de mandato que aún quedan. Pero Bueno quería a toda costa dejar los deberes hechos antes de que Zoido confirmara sus fichajes hispalenses, los que iban a dejar a Bueno sin garantías de éxito.

La consecuencia del inminente desembarco de Belmonte y Ríos es que el oficialista Alberto Díaz será un portavoz que dirigirá el Grupo Popular en aparente minoría, será una especie de Rajoy del palomar que tendrá que dialogar cada día, cada minuto, cada instante. No con el PSOE, sino con los suyos. Porque corre el riesgo de ser revocado en cualquier momento. Para dejarle claro que es un portavoz en situación de supuesta fragilidad, los críticos se movieron en la misma mañana del viernes. Se sintieron estafados por Bueno, que no reveló el jueves que Serrano y Pérez tenían ya un pie en el AVE para mudarse a Madrid. Hasta la Secretaría del Ayuntamiento llegaron los amagos para revertir los nombramientos. Bastaba con que cinco concejales retiraran sus firmas del acuerdo alcanzado el día anterior. Con el amago enseñaron la punta del cañón, exhibieron el músculo. Y nada más. Entre los oficialistas hay quien asegura que, en realidad, carecían de las firmas suficientes.

La estructura regional pidió paz, suplicó un período de calma tras meses de convulsión. Derrocar al nuevo portavoz era técnicamente posible, pero el escándalo estaba servido. El PP de Sevilla sería, de nuevo, un avispero a dos meses del congreso nacional. Y, sobre todo, en fechas muy próximas a la elección de los compromisarios que habrán de representar a la provincia en esa cita de febrero en Madrid.

Díaz se comerá los polvorones como portavoz mientras la regional siga frenando el empuje del ariete de los concejales críticos, auspiciados desde la Diputación por la correosa portavoz Virginia Pérez, y dirigidos desde Madrid por el lince Arenas. Díaz es un hombre de José Luis Sanz, el senador y alcalde de Tomares al que su pueblo hace tiempo que se le queda pequeño. El cariño de la regional por todo lo que huela a Sanz es más bien escaso, pero el PP andaluz no quiere más frentes abiertos. Moreno Bonilla no tiene ningún entusiasmo por Zoido, al que culpa en buena parte del rechazo que sufre en Sevilla, ni por Sanz, al que Zoido aupó a la condición de aspirante a presidente regional con un sonoro fracaso. Pero la regional prefiere a Díaz de portavoz durante un período pacífico que sufrir otra crisis como la del pasado verano. Díaz, por el momento, ha comenzado a entrevistarse cara a cara con los concejales críticos. Ha encontrado, en principio, buen talante y ganas de trabajar en armonía. El nuevo portavoz del PP es consejero de Emasesa, la joya de la corona de las empresas municipales. Parece que seguirá siéndolo. Yque respetará el puesto de María del Mar Sánchez Estrella en el patronato del Alcázar. Los cambios que haga, en las empresas municipales o en el equipo de asesores, están por ver. Ahí se percibirá si es un portavoz con las manos libres, o tutelado desde el Ministerio del Interior. De lo que no hay duda es de que conoce los errores del zoidismo.

Beltrán Pérez, hoy portavoz adjunto de su formación en el Ayuntamiento, querrá ser el portavoz principal más pronto que tarde. El caso es que no se lleva mal con Alberto Díaz. Desde la pasada Feria, como se aprecia en la imagen que ahora ve la luz, establecieron una conexión bendecida por el propio José Luis Sanz. En cuanto Sanz tuvo conocimiento del primer acto de los críticos, ocurrido el mediodía del Miércoles de Feria en la caseta Los Manijeros, sabía que el personaje clave, con el que se medirá tarde o temprano, era Beltrán Pérez. Díaz estuvo con Pérez el martes de Feria, con Rafael Belmonte como testigo. Y Sanz y su fiel Díaz acudieron a la caseta particular de Beltrán Pérez el mismo miércoles por la noche. Ambas partes siempre han tenido la interlocución abierta en los meses más duros de empuje de los críticos.

El posible salto de Sanz a la política municipal en Sevilla, opción ya apuntada en estas páginas en varias ocasiones, pasa por varios requisitos. Que se quede limpio cuanto antes de cualquier nuevo frente judicial. Que recupere el poder orgánico, por lo que tendría que ser de nuevo presidente del PP hispalense, ya lo fue en un período notable. Y que sepa convencer al electorado de que hoy se puede ser alcalde de Tomares y mañana aspirar a la Alcaldía de Sevilla. Sanz es un tipo criado en el casco antiguo y hermano muy antiguo en San Isidoro, por lo que goza del marchamo capitalino, otra cosa es que el padrinazgo de Zoido para esa aventura sea el adecuado.

El Zoido de 2016 es ministro, pero no es el Arenas del 96 al 2004. Zoido no tiene influencia en los designios del partido como la tenía el de Olvera en sus buenos tiempos. Ya se vio cuando el ex magistrado fue presidente regional interino, un período negro en una trayectoria política que alcanza ya las dos décadas. El peor favor que Zoido puede hacer a su amigo Sanz es promocionarlo para ser alcalde de Sevilla. Incluso hacer como que lo hace. Ocurre que Zoido ha aprendido de Arenas todo lo que sabe de política. Como diría Malú en su canción de éxito:“Me has enseñado tú. Tú has sido mi maestro para hacer sufrir. Si alguna vez fui mala lo aprendí de ti. No digas que no entiendes como puedo ser así…”. Zoido ha visto a Arenas hacer y deshacer en Andalucía y en Sevilla desde los despachos de Madrid. Eso le influye. Es determinante. Pero Arenas podía permitirse aquellas acciones por dos razones: había creado escuela, todos eran sus discípulos, por lo que tenía autoridad moral, y además siempre conseguía perpetuarse en alguna plaza de poder orgánico e institucional en Madrid. Zoido no ha creado escuela, más allá de tener una cuadrilla de fieles (Gregorio Serrano y Curro Pérez) y no se ha perpetuado en el poder. Más bien al contrario, los lodos de hoy del PP sevillano proceden del barro de haber perdido la Alcaldía de los 20 concejales. Cuando el poder sale por la puerta, las uniones en los partidos saltan por la ventana. A la vista está.

Mal haría Zoido en jugar a ser Arenas a la hora de ejercer de árbitro en el PP sevillano por mucho que el Ministerio del Interior sea una plaza de una indiscutible importancia. Zoido se puede salvar a sí mismo. Por su currículum, por su encanto personal para ganarse a Cospedal como se ganó en su día a Arenas, por su inteligencia de hombre de pueblo y por su pericia para hacerse el sueco. Pero no puede salvar a los demás ni erigir nuevos candidatos. Por el momento no goza de esa potestad. Tuvo una gran oportunidad de convertirse en ese político total del PP en Andalucía, creador de nuevas figuras. Pero no quiso. Rajoy aún está esperando que Zoido le diga en una conversación privada que su sucesor como máximo responsable del partido en Andalucía era Sanz. Esa petición, realizada en firme y con rotundidad, hubiera puesto a Rajoy en un serio compromiso, pues se la hubiera hecho quien ostentaba en ese momento la presidencia regional del partido y la Alcaldía que se había convertido en el estandarte del municipalismo para el PP. Zoido nunca dio ese paso, más allá de referencias en contextos mitineros.

Los nuevos tiempos en el PP no tienen ya el azul de ninguna libreta. Todo lo ocurrido en la formación hispalense en los últimos meses prueba que buena parte de los cargos y militantes han perdido ese respeto reverencial por el aparato del partido, que ahora se ve vulnerable y que es heredera de una estructura incapaz de haber conservado el poder municipal que se logró de forma tan brillante. No se equivocaron José Luis Sanz ni Alberto Díaz en abrir la interlocución con Beltrán Pérez en aquellos días de Feria. Los hechos demuestran que Díaz está condenado a entenderse con los críticos en el Grupo Popular. Y que los críticos tienen que medir su fuerza, ahora que en el Ayuntamiento la van a tener con más intensidad que antes, para no aparecer como políticos con un apetito voraz de poder. Ysi Sanz quiere bajar de Tomares a Sevilla es mejor que construya el teleférico prometido. Porque ya no hay ministro que tenga un dedo tan poderoso. Los emperadores desaparecieron como los dinosaurios. Hasta hay uno que fue vicepresidente del Gobierno que sigue enredando las madejas aparentemente menos importantes. Se toma la molestia en hacerlo. Vivaquea todo lo que le dejan. Ojo al tipo. Arenas no estaba muerto, estaba de parranda. El de siempre, el que los enseñó a todos. El maestro Yoda del PP andaluz. Sigue descendiendo al foro donde se eligen los portavoces de la oposición municipal. Quizás porque sabe que el poder se construye de abajo hacia arriba. Los cuadernos azules ya no señalan desde arriba a los que mandarán desde abajo.
Sev.

Días intensos en el palomar del PP

Carlos Navarro Antolín | 17 de noviembre de 2016 a las 5:00

Foro Joly con Soraya Sáez de Santamaría, Portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados. Presentado por Javier Arenas
LOS movimientos internos para la reordenación del Grupo Popular en el Ayuntamiento se intensifican desde la marcha de Juan Ignacio Zoido. La edil María del Mar Sánchez Estrella se mueve para ser la nueva portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento, según confirmaron ayer fuentes oficiales del partido. Hoy mismo, de hecho, ofrece una rueda de prensa sobre asuntos de patrimonio histórico con la que alcanzará una notoriedad clave en unas jornadas especialmente sensibles en el palomar, que es como se conoce popularmente a las dependencias del partido en la Casa Consistorial.

Sánchez Estrella, amiga personal de Zoido y ex delegada de Cultura, tiene buena relación con el grupo de cinco concejales que forman parte del sector crítico, encabezados en el Ayuntamiento por Beltrán Pérez, por lo que podría ser la candidata de consenso que encajara en los planes del presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno.

Bueno prefiere el consenso antes que someter la elección del portavoz a una votación, lo que siempre entraña riesgos, de ahí que esté consagrado estos días a cambiar impresiones con cada uno de los concejales (en un contexto de más o menos formalidad) con el objetivo de pulsar sus opiniones y preferencias. Bueno, que ostenta el cargo de presidente del grupo municipal por ser el presidente provincial del partido, no ha esperado a que se oficialicen los posibles fichajes sevillanos del ministro Zoido, unos fichajes que, sin duda, tendrían una gran repercusión en la reordenación del grupo si, por ejemplo, el ex alcalde tira de algunos de sus afines para el Ministerio de Interior, como pudieran ser los casos del actual portavoz adjunto, Gregorio Serrano, o de Alberto Díaz, hoy concejal y que fue su jefe de gabinete en los años de alcalde.

Si la opción de Sánchez Estrella saliera adelante, Bueno puede habilitar dos portavocías adjuntas con las que guardar los equilibrios entre oficialistas y críticos, como ya hizo el PSOE en la última etapa de Monteseirín. Ocurre también que la opción de Sánchez Estrella no cuenta con todos los apoyos dentro del propio sector oficialista, donde hay quien considera que se está moviendo demasiado para postularse al cargo en unos tiempos en los que, precisamente, conviene tener más “paciencia” que nunca.

El Grupo Popular ya ha pasado por situaciones de interinidad muy similares. La última vez fue cuando Raynaud dimitió en el verano de 2006 y el PP decidió que la edil Alicia Martínez asumiera la portavocía de forma interina, mientras Juan Ignacio Zoido se preparaba para sus primeras elecciones municipales. En las filas oficialistas, algunos sí ven a Sánchez Estrella como la portavoz interina idónea, pero otros del mismo sector advierten que ella no oculta que se ve para empresas mayores, por lo que alertan de la posibilidad de que, al final, la conflictividad esté garantizada a medio plazo.

Lo único confirmado ahora mismo es que el río está revuelto. El presidente provincial no disimula cierta euforia. Bueno va últimamente mucho a Madrid, donde recibe mucho cariño, como le ocurrió en la toma de posesión de Montoro como ministro. Serrano y Díaz guardan silencio. Y Sánchez Estrella se mueve.

El alcalde irritado

Carlos Navarro Antolín | 25 de septiembre de 2016 a las 5:00

JUAN ESPADAS VOTA LA CONSULTA SOBRE LA FERIA
SE ha tambaleado el pedestal de su trabajada fama de técnico riguroso, alejado del humo del puesto de las castañas urbanísticas. El alcalde Juan Espadas se ha metido él solito en una bulla de Feria en pleno septiembre. Le han birlado la cartera de hombre serio, le han despojado de la coraza de político gestor, de la imagen de ejecutivo que saca 25 horas al día y que jamás se salpica del irreversible barro de las frivolidades.

Se ha irritado a golpe de telediario nacional, de los informativos rapaces que buscan la carroña del ceceo y el sobrepeso para mantenernos condenados a la estética estereotipada de pueblo inculto, indolente, conformista y anestesiado. El gran técnico del PSOE de Sevilla, amamantado y criado en los despachos de la Junta, lápiz, calculadora y cartabón, ha hundido a la ciudad en el pozo de las banalidades, caseta, jolgorio y vino. Su bien elaborada fama de gestor, de hombre de despacho, de silencio, temple y mando, de flexo y folios ordenados en una carpetilla para cada asunto, se ha desmoronado como un castillo de arena a la primera ola embravecida del mandato: la consulta sobre la Feria.

Juan Fernandez-Rodríguez García del Busto, el alcalde de frac en las grandes solemnidades que era hermano de Pasión, trasladó la Feria del Prado a los Remedios. Y Juan Espadas nos lleva a las urnas cibernéticas para preguntarnos por su fecha de celebración. Espadas se ha irritado cuando se ha visto colocado deliberadamente en la casilla de salida de los alcaldes de corte populista, se ha sentado en ese velador de la política local que está cargado de cacahuetes y cerveza fresquita, esas mesas donde se arregla el mundo a golpe de tirador. “No es lo que parece”, pretende explicar sin éxito el alcalde. Él, al que difícilmente se sorprende en un bar ni siquiera después de un Pleno, quedará en el recuerdo como el alcalde que convocó el plebiscito de la Feria. El alcalde irritado porque llevó a Sevilla a los telediarios un mes de septiembre a cuenta de una fiesta, otra más. El alcalde que siendo líder de la oposición quiso bautizar a Zoido como el superalcalde de las fiestas mayores y que está ya como el propio Zoido: colocando las fiestas mayores en el centro del debate político, talando árboles y promocionando procesiones magnas, el hat trick justamente contrario de su ideario.

Tanto pregonar sostenibilidades, transversalidades y reformas estructurales en el pregón cotidiano de las idioteces vacuas de la oratoria política actual, para, al final, colocar los farolillos (y farolillas) a destiempo y con el viento en contra. Se cuidó de no acudir a presidir el balance de la pasada Semana Santa, su mayor logro de gestión hasta ahora, para no inmiscuirse en los asuntos costumbristas, de acuerdo con el tacticismo de salón tan del gusto de los gobernantes de hoy. Se ausentó por conveniencia, para no parecer un alcalde folclórico, y ha terminado al poco tiempo pinchándose al tocar la rosa de la Feria. El alcalde se irrita y atribuye toda la polémica “a dos o tres mentes estrechas”.

Tanto trabajarse el eje turístico con los alcaldes de Málaga, Granada y Córdoba, y tanto vendernos hasta una aventura galáctica (¿Recuerdan cuando Sevilla iba a acoger un congreso de la agencia espacial europea?), para al final quedarnos condenados al fotocol del caballito de plástico, clavel de solapa y sombrero de ala ancha.

El golpe ha sido duro por imprevisto. Espadas, un tipo en apariencia muy alejado del perfil de Zoido y más próximo al de Manuel del Valle, se ha visto sobrepasado por los efectos de su propia decisión. La ciudad banalizada. Ya le ocurrió al trascender que el Ayuntamiento alquila monumentos y plazas públicas de la ciudad para cuchipandas de alto copete, una decisión de su gobierno tan legítima como discutible. Se irritó al ver las recreaciones virtuales de una Plaza de España, una Puerta de Jerez o un Monasterio de Santa Clara con mesas altas y taburetes. El patrimonio histórico rentabilizado con fines hosteleros. La ciudad convertida en un gran velador, la ciudad preocupada por la fecha de la Feria en los coletazos del verano. La política de hoy es márquetin. Y el márquetin tiende a la reducción, a la injusta simplificación. Yeso irrita al alcalde, que corre el riesgo de ser el cojo del desfile, convencido de ser el único que lleva el paso correcto.

Espadas reabrió la caseta municipal, tras los años de la austeridad de escaparate impuesta por Zoido, para ganar la gloria efímera de un titular de prensa. Nadie lo criticó. Espadas ha confirmado su participación como Baltasar en la cabalgata del centenario, invitado por el Ateneo. Su presencia en el cortejo está más que justificada. Pero Espadas debe entender que debutar en las consultas populares preguntando por la Feria lo coloca como un alcalde con pies de barro en el ya de por sí lodazal de la política de hoy.

Los árboles cayendo y el sevillano votando si quiere un día más de juerga oficial. Las nuevas líneas de Metro desapareciendo y el sevillano distraído con el sonido del sonajero de la consulta ferial. Los veladores creciendo como adosados del Aljarafe en tiempos de bonanza y el sevillano celebrando que el pescao frito de un sábado será de mejor calidad que el de un lunes.

El alcalde de escuadra y cartabón, que se había ganado el respeto de la derecha sociológica, anda perdido en la bulla. Yde la bulla sólo se sale con calma, apretando la cartera con una mano y esperando a que se organicen las dos corrientes en sentidos opuestos. Hay quien dice que todo no es más que la maldición de Carretero. Como el Benfica con Gutmann.

El duelo a puerta cerrada

Carlos Navarro Antolín | 18 de septiembre de 2016 a las 5:00

RP JUAN BUENO
NADA ha trascendido de la última intervención de Virginia Pérez como secretaria general del PP en el comité celebrado a puerta cerrada. De tal intensidad fue el aldabonazo del jefe Arenas a sus cachorros que ha eclipsado cuanto dijeron Juan Bueno, presidente provincial, y la conocida como la camarlenga. Pues sepan todos que la Pérez intervino unos minutos y soltó un combinado de perlas australiana con cien gramos de ojana bien despachaítos, que ya se sabe que la política es una actuación. E incluso una sobreactuación. Pues que se abra el telón y sepamos cuanto ocurrió intramuros.

El discurso de la camarlenga era el más esperado. Comenzó negando la mayor: “Se me ha solicitado la renuncia como secretaria general porque se considera que ha habido un hecho desleal, una deslealtad. Yo entiendo que no he sido desleal ni con el partido ni con su presidente. Cumplo los acuerdos y, de hecho, hoy renuncio como secretaria general”. Acto seguido Virginia pegó el aguijonazo al denunciar que se enteró por la prensa de los dos nuevos fichajes que Bueno y Zoido preparaban para blindar la cúpula del partido contra el sector crítico que ella encabeza en Sevilla, unos nombramientos abortados por el mismísimo Arenas en colaboración con Fernando Martínez Maíllo, vicesecretario general de Organización. “El PP de Sevilla es un partido serio, debe ser un ejemplo de seriedad, compromiso, lealtad, participación y respeto. Pero la sensación que uno tiene cuando se entera por los medios de comunicación de convocatorias y de nombramientos de los que debería conocer precisamente este comité, es es de indignación y desconcierto, justamente algo que debemos corregir”. Y comenzó a combinar el fuego a discreción contra los rostros tradicionales que se han alternado en el control del partido en los últimos lustros con los guiños estratégicos de cara exclsuivamente a la galería: “No quiero un PP lleno de personalismos, sino que refleje los equipos, el proyecto de las ideas, principios y valores. Mi partido es el de los ocho alcaldes. José Luis, Ricardo, Juan, Jorge, Martín, Antonio, Lola o José Leocadio, quien no está aquí hoy porque está ejerciendo de alcalde. Mi partido es el de los cargos públicos y orgánicos. El de Zoido, Arenas, Juanma Moreno y Loles López. Es el de los 278 concejales de la provincia, el de los concejales de la capital y, sobre todo, el de los hombres y mujeres que no aspiran más que a ayudar, que no salen en las fotos, pero que son el pilar sólido del proyecto”.

Uno de los mensajes más directos se produjo cuando expuso su ideal de partido:“Quiero hacer un ruego. Me gustaría que este partido no fuera el partido del rencor, sino el de la unión. Que no sea el partido de tres o cuatro, sino de veinte mil. ¡Tenemos veinte mil afiliados! Con ellos tenemos que ofrecer proyectos para un millón y medio de sevillanos de la capital y la provincia. Tengamos amplitud de miras”.

A modo de declaración de últimas voluntades como secretaria general, Pérez hizo una petición con un tono pretendidamente solemne:“Os pido un último favor. Comportaos con nuestro nuevo secretario general como conmigo. No puedo estar más agradecida por el trato que he recibido en este año. Querido Andrés [Parrado], compañero de aventuras con el que tengo afinidad y amistad, tienes mi mano tendida”. Hubo un largo aplauso.

El presidente provincial Juan Bueno explicó previamente de forma muy somera el cese (renuncia) de Pérez como secretaria general por efecto de los “acontecimientos” que han marcado la vida interna del partido. “Las buenas relaciones que deben existir entre un presidente y una secretaria general se truncaron. Es cierto que yo soy el presidente y, por tanto, soy el que necesita más que nadie mantener esas relaciones. Yo le pedí a la secretaria general que ocurriera lo que está ocurriendo en este momento [su renuncia]. No hay más quejas sobre nadie, ni siquiera sobre ella. Ella es vicesecretaria general del PP andaluz y de Sevilla. Yes portavoz en la Diputación. Y lo va a seguir siendo. Cada uno hacemos las cosas lo mejor que podemos y ella lo va a seguir haciendo. Es la explicación que os quería dar. A algunos les parecerá suficiente y a otros no”. Bueno dejó claro que no entraría en detalles sobre sus problemas con Virginia Pérez. No habría reproches personales:“En los momentos que vivimos, creo que no nos llevaría a nada bueno hurgar en la pormenorización de otro tipo de cuestiones, hurgar en todos los problemas que hemos tenido, en los errores que yo, por supuesto, he cometido, en los asuntos en los que yo no he estado fino… Os pido que con esta explicación no os deis por satisfechos, pero sí por explicados”.

El comité tuvo notas pintorescas, como la del representante de Lebrija, harto de que el abogado del partido tarde en atender sus necesidades y cansado de los problemas internos: “Uno está luchando en Lebrija contra una manada de lobos y viene aquí y resulta que si hay un bando, otro bando…”. Bueno tomó la palabra de nuevo al final de la sesión:“Pido perdón por no haber controlado las filtraciones”. Y algunos hablaron de la cantidad de mosquitos que hay en Coria, la localidad del nuevo secretario general. El PP de Sevilla ya no tiene camarlenga. Pero la curia la sigue controlando (o condicionando) el mismo de siempre. Arenas, el sumo pontífice.
REUNION PP

Los puyazos de Arenas

Carlos Navarro Antolín | 15 de septiembre de 2016 a las 5:00

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL DEL PP
DE Manuel Chaves se decía en tiempos que no tenía ningún complejo en remangarse y ponerse a trabajar en cuestiones propias de fontaneros de partido. Es verdad que así lo hizo en 1999, cuando acudió a casa de Rojas-Marcos para negociar directamente el pacto de gobierno que devolvió la Alcaldía a los socialistas. No delegó en cargos orgánicos ni en mediadores. No le importó desplazarse a casa de un particular pese a su condición de presidente de la Junta de Andalucía. Se bajó del pedestal, cogió el pico y la pala y se marchó hasta la calle Castelar, milla de oro del andalucismo en los buenos tiempos, a remover la tierra y edificar los pilares de un acuerdo de gobierno. Desde allí telefoneó al consejero Francisco Vallejo: “Hay que hacer el Metro de Sevilla. Sí, como me oyes”. El PP se durmió, dio por hecho que se revalidaría el pacto con los andalucistas por tercera vez y no supo ver que la inacción de sus cargos, sumado al odio africano que ya enfrentaba a los dos líderes en liza (Alejandro y Soledad, Soledad y Alejandro), hacían imposible el acuerdo. Arenas debió aprender entonces que la distancia es el olvido, el globo picado que pierde fuerza con lenta cadencia, la esponja apretada que se reseca al perder el agua. Por eso el pasado viernes, tantos años después, se remangó, se subió en el tren de alta velocidad por enésima vez (Felipe González creó el AVE pensando en Arenas) y vino a poner orden en el polémico comité del PP sevillano, una suerte de jaula de grillos donde su descendencia política anda a la gresca desde julio. Dos bandos. Unos batallan en su nombre y otros en el de Dolores de Cospedal.

Arenas usó su condición de vicesecretario general para presidir el comité sevillano. Y también empleó su autoridad moral y su siempre solvente oratoria para propinar esos puyazos dirigidos a la muchachada díscola, a todos aquellos a los que ha amamantado cuando eran sus cachorros políticos y que, al final, son los cuervos que quieren sacarle los ojos.

Se le nota a leguas. Arenas está muy decepcionado con Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno, José Luis Sanz… Y a su vez todos ellos están hartos de las tutelas del lince de Olvera. Incluso el líder regional, Moreno Bonilla, ha flirteado contra natura con los sevillanos antiarenistas por si sacaba tajada del conflicto, ya que no hay nada que una más que el enemigo común.

En el tenso comité del viernes, celebrado a puerta cerrada, Arenas, aficionado a arrancar los discursos con referencias a la actualidad nacional, auguró que al PP le irá bien en las elecciones de Galicia. Y sobre las del País Vasco, donde siempre ha estado personalmente volcado, hizo un ruego: “Tenemos que hacer lo posible para que nuestros compañeros vascos sientan el calor del PP de Sevilla”.

Colocado el toro del comité en suerte tras los trasteos iniciales con la política española, comenzaron las puyas en clave local. Arenas trufó su discurso de referencias a sus buenos resultados electorales siendo candidato a la Presidencia de la Junta y número uno al Congreso de los Diputados por Sevilla. Todo un mensaje a Moreno Bonilla y a quienes se han emborrachado en la primera taberna de un empate en número de escaños en Sevilla en las últimas generales: “En 1994 ya gané en las ocho capitales andaluzas en unas autonómicas…”. Más perlas, más puyas, más recados: “Cuando tuve el honor de ganarle unas elecciones al PSOE…”. “Nuestro referente deben ser los cinco diputados nacionales de 2000”, todo un puyazo a los que descorchan el cava por sólo cuatro escaños. “Nuestro referente deben ser los 20 concejales de Zoido y los siete diputados autonómicos por Sevilla”, instando al huir del conformismo. Sabida es la teoría de Arenas por la que prefiere ser segundo con un 40% de votos que no primero con sólo el 20% de sufragios.

Y el gran mensaje: “Tuve el honor de ganar al PSOE unas elecciones autonómicas, no pude gobernar y decidí dar un paso atrás. En un partido se pueden trabajar de muchas maneras. Por eso desde aquel momento decidí trabajar desde un segundo plano. En política hay que saber cuándo hay que pasar a un segundo plano”. Zoido, que se aferra al palomar del Ayuntamiento y que no pudo gobernar tras las municipales de 2015 tras el descalabro que supuso la pérdida de 60.000 votos, estaba en primera fila oyendo la lección de su antiguo padrino.

Arenas denunció una circunstancia poco conocida:es inadmisible que haya 23 pueblos sin concejales del PP. “Me emplearé a fondo para que el partido presente listas en todos los pueblos”, dijo dejando entrever que estará muy encima del PP sevillano. Fue todo un aviso a Juan Bueno, presidente provincial, para que tome nota de que el padre natural del centro derecha sevillano no está dispuesto a abandonar el hogar levantado a golpe de furgoneta por los municipios de la provincia, en los duros años en que iba reclutando perfiles moderados para sustituir a los vecinos más próximos a los ideales de Fuerza Nueva.

“En los partidos es muy importante la unidad, las bases de unidad se asientan en el respeto a la opinión discrepante, en el trabajo intenso que sirve para unir a los compañeros, en rodearse de los más inteligentes, a ser posible más inteligentes que tú, aunque no sean tus amigos…”. En este momento se torcieron algunos gestos.

Arenas habló, riñó, logró controlar un comité en el que los oficialistas (sus hijos díscolos) no pudieron sacar adelante los nombramientos de dos nuevos vicesecretarios con los que Bueno y Zoido pretendían blindar la cúpula del partido. Despojar a Virginia Pérez de las funciones de secretaria general ha tenido un precio: ver a Arenas remangado para luchar por el control del PP de Sevilla y anotarse una nueva victoria. Esas victorias parciales que tienen el sabor de un arroz de Becerrita, la sensación relajante de un partido de pádel recién terminado en Antares, los destellos de miel dorada de un dedito de Cardhu.