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El velador como medida de poder

Carlos Navarro Antolín | 28 de enero de 2018 a las 5:00

 

ZONA DE VELADORES, RETIRADA GRÚA

DICE Monteseirín que en sus tiempos se arreglaban los casos de abusos de veladores recurriendo a don Juan Robles. Alfredo llamaba a su tabernero de cabecera, también presidente de los hosteleros por aquel entonces, y allá que iba el empresario a dar el toque a su compañero. O quitaba mesas, o el Ayuntamiento metía mano a todos por igual. La fórmula funcionó hasta que el avieso Zapatero sacó la Ley Antitabaco que mejoró nuestros pulmones y empeoró la vía pública. Zapatero llenó los veladores como Jesulín de Ubrique llenó las plazas. Pero ni la política, ni la calle, ni el toreo ganaron nada. Se fue Monteseirín y llegó Zoido. Los veladores, como las cucarachas, se multiplicaron. Ya no se recurría a don Juan para arreglar las cosas con la autoridad del patriarca. El gobierno dejó hacer con la coartada de la crisis. Se vivieron estampas de verdadero peligro, como un Domingo de Ramos con la calle Albareda taponada por las mesas, la bulla de público que trataba de avanzar en diferentes direcciones, los camareros alocados… Un caos consentido con el atrezo de pilas de platos sucios.

Los veladores son la nueva medida de poder, los tanques de la hostelería. Un bar sin veladores es como un establecimiento de nueva apertura sin tataki ni camarero lento en sus acciones y parsimonioso en el manejo de la aplicación digital. La que lían algunos con la maquinita para encargar un café y media tostada con jamón… Los veladores mandan como antaño mandaban las cofradías. Las vallas impedían antiguamente el tránsito con una leyenda certera: “Paso de cofradías”. Yahora acotan los espacios de aparcamiento, amenazan con pegar el telefonazo al tío de la grúa y advierten de la causa certera de la prohibición: “Zona de veladores”. Esto recuerda a la carretera que comunica Matalascañas y Mazagón, la que ardió el pasado julio, donde están los terrenos del Picacho a los que acude de vez en cuando el Rey para dirigir maniobras del Ejército. En esa carretera, de solo dos carriles y por donde pasa un lince cada 37 años, se repiten los carteles en el vallado metálico: “Zona militar”. Otrosí. En los años de la Transición se leía una pintada a la entrada de Virgen de Luján que daba la bienvenida al barrio de Los Remedios: “Zona Nacional”. Los carteles y las prohibiciones revelan cómo es la sociedad del momento, como lo reflejan los mercados, los cementerios y las listas de tapas. No hay nada como acotar una zona para veladores para que un sitio sea respetado.

Ahora no hay quien ejerza el papel de líder de los hosteleros. La sede está vacante. Quizás porque nadie tiene la influencia en el poder local y autonómico que Robles tenía con los gobiernos de Monteseirín y Chaves. El centro de la ciudad está cargado de esas zonas de veladores que hay que respetar. Veladores que embisten la Anunciación por donde el Cristo de la Buena Muerte recoge oraciones a deshoras, veladores que arremeten contra San Isidoro en la Costanilla dejando un olor a pizza la mar de agradable, veladores que afean la Casa de los Seises en Placentines, veladores que convierten Mateos Gago en una selva urbana, veladores que acosan fachadas… Antes se prohibía escupir, se prohibía el cante, se prohibía colocar a los niños encima de la barra, se prohibía dar conversación al chófer, no se admitían propinas y se advertía del perro peligroso. Guau. Antes se prohibía aparcar para no taponar una salida de emergencia, la trasera del Museo de Bellas Artes o de los teatros, y la zona de carga y descarga de unos grandes almacenes. Pero no una zona de veladores. En Urbanismo falta media hora para que las licencias se concedan con el vado adjunto para que cada hostelero pueda colocar –con todas las de la ley– la prohibición de aparcar incluso en las horas en las que la terraza no está instalada.

De la dejación de funciones del gobierno de la derecha –acomplejado para tomar decisiones como corresponde a la derecha actual– ocurren los desmanes de hoy. De aquellos barros de la crisis, del hacer la vista gorda y el dejar pasar la zancadilla de ciertos hosteleros a las ordenanzas, vienen estos lodos de los hechos consumados, del terreno ganado al mar de las aceras públicas y del ruido y la cochambre. Alfredo llamaba a Juan Robles. Juan Ignacio no llamaba a nadie. Y Juan Espadas limpia la Campana para que nadie le diga que no ha hecho nada.

Tabernero, saca tus veladores, exhibe tus poderes, pronto saldrá el sol y ni siquiera harán falta los calentadores. Ni un español sin pan, ni un bar sin veladores, ni un taxista sin mal humor, ni un cabify sin pedrada, ni una cofradía sin coronación, ni un político sin el lenguaje de género, ni un concejal de Ciudadanos sin la chaqueta estrecha, ni una calle del centro sin tíos pidiendo firmas que se cruzan como banderilleros al encuentro con el incauto viandante.

Los veladores son la medida perfecta de poder en esta ciudad en tiempos donde nadie gobierna, sino coordina. Nadie ejecuta, sino trata de consensuar. Nadie quiere decidir, sino alcanzar acuerdos. Y como usted ose discrepar, le mandan la grúa de lo políticamente correcto y se lo llevan al depósito. Por reaccionario. ¡Se sienten, coño, en un velador! Permaneceremos aquí hasta que acuda la grúa, municipal por supuesto. Tal vez sea mejor que acuda la grúa, mucho mejor, y no que le den a uno el bote en un taxi. La ciudad está condicionada por los taberneros y los taxistas. Y se quejaban del exceso de coronaciones… ¿Canónicas o pontificias? Perdona a tu pueblo, Señor. Que viene, que viene… la grúa. Doctor, en ocasiones veo veladores.

ZONA DE VELADORES, RETIRADA GRÚA

 

Los elegidos en la mesa de Rajoy

Carlos Navarro Antolín | 24 de enero de 2018 a las 5:00

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LA gran clave de la visita de Rajoy a Sevilla del pasado sábado no estaba en lo que dijera de la candidatura a la Alcaldía. De eso no iba a decir ni pío, porque el presidente no se iba a pegar el tiro en el pie de levantar suspicacias en las otras capitales donde los chicos de la Gaviota están revueltos con el mismo proceso. Su sola presencia era el mayor respaldo que podía ofrecer, por el momento, al concejal Beltrán Pérez. No es poco. Se trata más bien de un privilegio en los tiempos que corren. Y de una señal de que en Génova dan por cerrada la crisis del partido en Sevilla, máxime si se tiene en cuenta que desde ayer se tiene confirmado que la convención nacional del PP también será aquí, en Sevilla, nada menos que en el prime time de abril. La gran clave –decíamos al principio– era saber a quiénes se llevaba el presidente a almorzar tras el acto del sábado, quién era la guardia pretoriana con la que compartiría la ensaladilla y la presa ibérica con patatas fritas. El lugar fue el Mesón de Juan, en la calle José Luis de Casso, en Nervión. Allí llegó con los ministros Zoido y Báñez, el delegado del Gobierno, Antonio Sanz; el factótum Javier Arenas, el coordinador nacional Fernando Martínez Maíllo, el presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla (“Llamadme Juanma”) con la secretaria general de la formación, Loles López; y la presidenta provincial, Virginia Pérez, con el líder de la oposición en el Ayuntamiento, Beltrán Pérez. Sí, el comentario de la tarde era que el candidato in pectore se sentó en el restaurante con los altos jefazos. Un concejal de la oposición tenía su plaza asignada dentro de esa liturgia del poder que nunca se publica. Rajoy se hizo fotos con los camareros y los cocineros, incluso junto al lavaplatos. La sabatina del PP fue feliz. O, mejor dicho, guardó la apariencia de la felicidad, que en política es lo que importa. En política, ya se sabe, la apariencia es la realidad. Y las ausencias son reveladoras. A la convención de los distritos no acudió José Luis Sanz, senador, alcalde de Tomares y uno de los escasos políticos del PP de Sevilla que reúne las características que se precisan para ser aspirante a la Alcaldía. El partido explicó en voz baja que Sanz estaba cumpliendo sus obligaciones como alcalde en los actos de la festividad del patrón de los tomareños, San Sebastián.

Sanz, por cierto, es hombre muy próximo a Zoido. El ministro sevillano quiere desentenderse de cualquier polémica orgánica y de cualquier proceso de selección del candidato. En su día apoyó a Juan Bueno, cabeza de lista del bando perdedor en el congreso provincial, pero ahora considera que ya tiene bastante con el Ministerio del Interior (nevadas incluidas) como para perder (y perderse) en rifirrafes de ámbito local, sobre todo cuando en Génova han decretado la paz oficial en la plaza sevillana. Hace bien Zoido en centrarse en Madrid. Es lo más inteligente. Beltrán Pérez, por si acaso, estuvo especialmente espléndido el sábado con la figura del ministro: “¡Mi amigo, mi referente, mi alcalde!”. Hacemos como con las natillas, repetimos: la apariencia en política es la realidad. Y otra realidad fue que Báñez es especialmente querida en el PP sevillano, donde no pocos la ven como una opción de futuro para Andalucía. La ministra de Huelva, como la llaman sus leales colaboradores, tiene grandes amigos en la capital de Andalucía, por lo que a nadie le extrañó su presencia en la convención de los distritos sevillanos. Báñez, feliz en Madrid, se deja querer en Andalucía. Lo mismo se sube al helicóptero para supervisar las maniobras de estabilización del peligroso fuego de Doñana, que se monta en el AVE para contribuir con su presencia a sofocar los rescoldos del incendio del PP sevillano.

Los socialistas, por ejemplo, no guardaron ayer esa apariencia de felicidad en Sevilla con tanto esmero como los de la gaviota unos días antes. El PP y el PSOE eligieron el mismo sitio para sus primerísimos espadas (Juan). Pero al llegar el mediodía, Susana Díaz y Pedro Sánchez no compartieron mesa. No pasaron de un encuentro de veinte minutos en una estancia de la tercera planta del Hotel NH Collection. Susana tuvo que esperar cerca de diez minutos la llegada de un Pedro Sánchez que está más templado, más serio, como el alumno zascandil que tras haber sido mandado a un internado por una temporada (aquellos meses de gestora en Ferraz) regresa a casa más comedido. Sánchez se limitó a picar algo a mediodía en el hotel, con la compañía de su cuadrilla, antes de seguir con la agenda sevillana que le preparó Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, su tentáculo andaluz. Poco más. Susana no se llevó de bares a su secretario general, como los peperos locales hacen con sus grandes líderes nacionales cuando vienen por Sevilla. ¡Si tampoco lo recibió en la portada de la Feria cuando Pedro llegó en el coche oficial! Aquel día de 2016 tuvo que ir Celis, solitario, a recogerle a la esquina de Muebles Matamoros para llevarle hasta la caseta de la SER, donde sí estaba la presidenta. Y después siguió su periplo por las casetas sin ella, tal como hizo ayer el resto de la jornada. Lo de Susana Díaz y Pedro Sánchez tiene menos arreglo que la Madrugada. Siempre las avalanchas van y vienen…

El breve encuentro de ayer entre ambos dirigentes socialistas en la fría tercera planta del Collection fue seguido desde los altos despachos de Madrid, de donde llegaban opiniones contundentes: “¿Veinte minutos? Poco tenían que hablar a pesar de lo mucho que tendrían que hacerlo”. A Sánchez se acercaron en el desayuno organizado por el Foro Joly todos los socialistas andaluces que algún día se consideraron orillados por Susana Díaz. ¡Qué saludo más afectuoso le dio Rosamar Prieto-Castro al secretario general! Monteseirín y Marchena (M&M) lo cumplimentaron también con afecto. Las malas lenguas cuentan que el catedrático Marchena no es afiliado del PSOE de Triana porque ya se encargó Díaz de que el expediente se quedara en el cajón. Marchena no tiene carné en ningún sentido. Ni del PSOE ni de conducir.

Susana Díaz tenía consejo de gobierno. Era martes (no santo). Se fue a San Telmo en cuanto terminó el desayuno. Unos alegan San Sebastián. Otros San Telmo. El santoral es rico. Pedro Sánchez anunció la presentación de unos presupuestos alternativos para el Estado. Como ha hecho Beltrán Pérez para el Ayuntamiento.

 

Rajoy desciende a los distritos de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 16 de enero de 2018 a las 5:00

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RAJOY estará el sábado en Sevilla salvo sorpresas. De la junta directiva nacional de ayer a la sabatina con los distritos de Sevilla. De una cita en la sede de Génova a otra en el salón del NH Convenciones de Diego Martínez Barrio, donde el PP ha vivido algunos de sus momentos de mayor gloria. El presidente del Gobierno desciende a un formato de micropolítica en la capital de Andalucía, un foro que se suele convocar con la intención de activar la maquinaria interna del partido de cara a unas elecciones municipales. Por este motivo hay quienes interpretan la asistencia de Rajoy como un aldabonazo a la presidenta provincial, Virginia Pérez, que ganó un congreso tras un año de fuertes tensiones internas, y por supuesto a Beltrán Pérez, deseoso de ser proclamado candidato a la Alcaldía de Sevilla. La historia reciente de la designación de candidatos del PP aconseja no dar absolutamente nada por hecho. Las encuestas, las presiones de los ministros, las influencias externas, los equilibrios internos de poder, las causas judiciales abiertas y otras circunstancias pueden dar un vuelco en cualquier momento. Incluso en el último instante. El último ejemplo ocurrió cuando José Luis Sanz tenía todos los avales listos para hacerse con las riendas del PP andaluz y hubo que activar la trituradora porque el dedo de Rajoy designó al malagueño Juan Manuel Moreno Bonilla por influencia de Soraya Sáenz de Santamaría. El registrador de la propiedad todavía se está arrepintiendo. Años antes, Raynaud se perfilaba como un solvente candidato para las municipales de 2007, pero lo acabó siendo Juan Ignacio Zoido después de que se le ofreciera la posibilidad a Soledad Becerril, que declinó el ofrecimiento por considerar cerrada su etapa en la política municipal.

Todo el mundo tiene claro que la visita de Rajoy a Sevilla no está promovida por el líder regional, Juan Manuel Moreno Bonilla, sino por el factótum del PP andaluz, Javier Arenas, que lideró la facción ganadora del congreso provincial sevillano. Arenas está fuerte en Sevilla. Siempre lo ha estado desde un punto de vista orgánico. Pero ahora más. Liberado de la presión electoral directa, su reto es colocar a alguien de confianza en la carrera hacia la Alcaldía. Nadie mejor, por el momento, que un pupilo de la quinta del 74 (aún joven) y curtido en la cruzada municipal. Pero cuando se trata de Arenas y de una política volátil siempre cabe aplicar la cláusula rebus sic stantibus. El PSOE, por ejemplo, ventea que los populares apostarán finalmente por una mujer, como la ex edil Alicia Martínez, actual diputada autonómica que viene de abanderar iniciativas tan blancas como la declaración como BIC de la cabalgata de Sevilla, una moción en la que logró la unanimidad de todos los grupos políticos. El propio alcalde, Juan Espadas, ha reconocido públicamente la labor de la parlamentaria del PP, una forma de alabar el trabajo del Ateneo, de quedar como un político que reconoce la labor del rival y, cómo no, de meter un dedo en el ojo al líder de la oposición, Beltrán Pérez.

La apuesta del presidente Rajoy por acudir a Sevilla se desveló tras la junta directiva nacional celebrada ayer en la sede de la calle Génova, una sesión de dos horas de duración marcada por un ambiente enrarecido, condicionada por cierto halo de melancolía. No son buenos tiempos para el PP en España: la amenaza de Podemos se diluye, por lo que ya no habrá coartada para apelar al voto del miedo;Ciudadanos prepara la maquinaria para comerle el máximo terreno posible al partido de la gaviota y rentabilizar en el mapa nacional el éxito territorial de Cataluña. El panorama en Andalucía no es precisamente mucho mejor que en otras autonomías. El partido no levanta cabeza, los sondeos colocan por debajo de los 30 diputados a Moreno Bonilla y hay serios riesgos de perder varias alcaldías. La de Sevilla se presenta muy difícil para los populares, de ahí que el aparato orgánico apueste por proclamar cuanto antes a Pérez como candidato. El sábado no se espera que Rajoy lo haga, pero a nadie escapa que la fotografía será un primer aval con fuerza. Tal vez en marzo, con ocasión de la convención del PP andaluz prevista en Sevilla o Málaga, sea el momento de un anuncio oficial. No más tarde.

Pese al pesimismo que lastra a este PP desde que en Cataluña se ha quedado como un solar, nadie de Andalucía tomó la palabra en la junta directiva nacional. Acudieron la presidenta provincial, Virginia Pérez; el senador y alcalde de Tomares, José Luis Sanz; los diputados nacionales Ricardo Tarno y María Eugenia Romero y el diputado autonómico Jaime Raynaud, entre otros andaluces. No asistieron el senador Toni Martín, brazo derecho de Moreno Bonilla en la difícil plaza hispalense, ni la diputada Silvia Heredia, ni el concejal Alberto Díaz, vicepresidente del PP de Sevilla.

El partido ha comenzado una movilización extraordinaria de militantes para el sábado. Sin precisar que Rajoy presidirá la convención, se han lanzado mensajes de convocatoria en los que se califica la cita de “importantísima”. Y se afirma: “Es fundamental que demostremos la fortaleza de nuestro partido”. En la arenga telefónica se insta a los militantes a invitar a cuantos amigos se desee y a reservar la mañana del sábado al completo para la actividad del partido. No hay duda de que el aparato orgánico quiere y necesitra explotar al máximo la visita del presidente del Gobierno.

Helada en Interior

Carlos Navarro Antolín | 10 de enero de 2018 a las 5:00

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Gregorio cayó en la trampa invisible de las redes. Pecó de incontinencia. Serrano perdió la oportunidad de quedarse en silencio. A las 08:08 escribió un mensaje con un tono retador, un tuit que puede tener el efecto en un harakiri político. En menos de una hora, los chats internos del Partido Popular eran un hervidero. Se desataron las iras contra el director general del Tráfico. La gestión de la nevada es defendible, los arriolos fabrican argumentarios válidos para casi todo y los hacen llegar de inmediato a los tertulianos. Pero el tono, ese elemento suprasegmental del lenguaje que se enseñaba en el extinto COU, es difícilmente plausible cuando se emplea como lo hizo ayer el ex concejal sevillano. Sobre todo porque comenzó pidiendo disculpas –lo que parecía todo un acierto– y acabó envolviéndose en la bandera carmesí de la ciudad, lo que resultó nefasto para su proyección política. Ese tuit ha dejado al director de la DGT en la cuerda floja entre los suyos, entre la militancia del PP que debe arroparle. Y, sobre todo, ha dejado en jaque al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que quiere a Serrano como a un hijo. Ni la polémica por el piso en el arranque del mandato dejó a Serrano en una situación tan delicada como la actual. En aquella ocasión se cebaron con él. Hubo saña. Pocos salieron (salimos) en su defensa ante un ataque basado en acusaciones frágiles y retorcidas.

Era defendible hasta cierto punto pasar el día de Reyes en casa, al igual que la Junta defiende que sus funcionarios pueden trabajar en las suyas para cumplir las sentencias judiciales. La tecnología ofrece todas las ventajas para la conciliación de la vida laboral y familiar. Quizás el director de la DGT sí debió evitar que el ministro estuviera en el palco del Sevilla-Betis a la misma hora en que miles de coches estaban varados en la nieve. Alguien tenía y tiene que hacer de Pepito Grillo con un Zoido con una querencia indisimulada para darse el piro de Madrid a la mínima oportunidad. Serrano se equivocó bien temprano, precisamente cuando se deben tener las ideas más claras. Y ha provocado una helada en Interior, le ha creado un problema a su principal valedor. Ha encendido el partido en un momento de debilidad manifiesta, con Ciudadanos disputándole al PP la hegemonía del centro-derecha español.

En Madrid hay quien ha aprovechado para ir a la caza del sevillano. Son los ajustes de cuentas de siempre por los prejuicios con todo lo que huela al sur, da igual que sea el director de la DGT, la presidenta de la Junta o un torero que viene de triunfar en la Real Maestranza.

Serrano no ha dejado de pagar impuestos, no se le ha sorprendido en una gasolinera con material políticamente inflamable, no ha participado en ninguna organización criminal, ni tiene una colección de visones para su mujer con cargo al erario público. Tampoco se ha llevado a familiares a viajes de Estado. Ni se ha metido a contramano contra la todopoderosa ideología de género, ni le han hecho una fotografía polémica sentado en el sillón del betunero del Palace. Pero, ay, ha empleado un tono retador en plena crispación nacional después, además, de no haber estado afortunado al apuntar a la negligencia de los conductores entre las causas de los problemas generados pro la nevada en la AP-6.

Tal vez olvidó que su jefe –precisamente su jefe– exhibe continuamente su frenética actividad pública en las redes sociales: fotos en el avión, fotos en actos sociales del contenido más variado, fotos saliendo del Ministerio los viernes por la mañana camino del consejo de ministros, fotos de reuniones en el salón presidido por el retrato de Eduardo Dato e, incluso, hasta una foto en una cena en casa de su amigo Benito Navarrete. Zoido ha convertido el Ministerio del Interior en un escaparate de sus acciones como no hacen otros ministros. Estilo propio se llama. Tal vez sólo por eso se debía prever –precisamente en coherencia con la línea de comunicación que ha seguido el Ministerio, llamémosla así– una fotografía de algún responsable de Interior en la sala de control de la DGT el día en que comienza la operación retorno de miles de españoles. ¿O no se sabía con tiempo que ese día se produciría el desplazamiento de miles de ciudadanos por las carreteras? Pues con la misma precisión que se sabe que el Domingo de Ramos cae en domingo.

El tuit de Serrano ha tratado de buscar en legítima defensa el punto débil del argumento de sus atacantes: su condición de andaluz que vive la vida con sana alegría, su condición de cofrade sin complejos, e incluso su afición a los toros. Pero Serrano erró en el tono. Hasta vicesecretarios como Maroto le afearon ayer públicamente su falta de humildad, prueba de la fuerte contestación interna que ha provocado su airada reacción en Twitter.

Quizás, de nuevo, se comprueba que Serrano no es un político al uso. No es alguien criado en el aparato desde joven. No necesita de la política para mantener su nivel de vida. Está en ella por vocación y, sobre todo, por amistad y lealtad con el jefe, Juan Ignacio Zoido. Serrano forma parte de ese círculo de confort del ex alcalde de Sevilla y hoy ministro del Interior. De carácter muy sociable y con un agudo sentido del humor, Serrano supo ganarse la confianza de Zoido a su llegada al Ayuntamiento cuando lo tenía todo en contra, pues Serrano venía de ser el favorito del líder anterior, Jaime Raynaud, un solvente y veterano diputado autonómico que controla los áridos temas de urbanismo como pocos políticos pueden presumir. Pasó de ser el favorito de uno a serlo de otro tras pasar su particular travesía del desierto. A Serrano le cuesta el dinero su condición de político, casi tanto como terminar de aprender ciertas normas del orden políticamente correcto y, sobre todo, del sentido de la oportunidad. No era el momento de parapetarse en la ciudad de Sevilla. Bastaba con pedir disculpas desde el principio, como cuando se produjo la bajada de guardia del gobierno del PP en el Ayuntamiento en la Madrugada de 2015, cuando hubo cofradías arrasadas y la cúpula del ejecutivo local estaba desaparecida. Una disculpa rápida, a tiempo, es la mejor defensa. La más certera. Una foto en un palco de fútbol cuando hay miles de conductores atrapados en la nieve es un tiro en el pie. Un tuit inoportuno puede marcar el final de una etapa en la política de hoy. La culpa no es de la nieve. Ni de los Reyes Magos. Ni de ser de Sevilla. La culpa es del tono empleado en una política fuertemente marcada por la comunicación y estrechamente condicionada por el márquetin. En la política de hoy se puede gestionar mal e incluso trabajar poco. Se puede hasta robar, que casos hay de indultos en las urnas de políticos más que sospechosos. Pero el personal no perdona el tono indebido después de una jornada de desatinos múltiples con tal de no pedir disculpas desde el principio. Y eso que Serrano es de largo el miembro del equipo de Zoido que más trabaja, el que más se pringó en la etapa municipal con el ERE de Mercasevilla y las disoluciones de Sevilla Global y la televisión local. El que sufrió pintadas en su casa. Pagó cara su etapa municipal.

La foto esta vez era la del ministro metido con los pies en la nieve junto a su director general de Tráfico y su jefe de gabinete mientras reciben las explicaciones de la Guardia Civil y de los altos mandos de la Unidad Militar de Emergencias. Alguien, otra vez, confundió al ministro. O nadie se atrevió a decirle al ministro lo que por su bien hay que decirle: un titular de Interior no pinta nada en una fábrica de polvorones o en la entrega de un premio de una constructora. O la curia no protege a este Papa, o el Papa no se deja proteger. Claro que se puede trabajar fuera del despacho. Hasta Alfonso Jiménez, maestro mayor de la Catedral, lo hacía cuando controlaba al Giraldillo enfermo desde su teléfono móvil. Y seguía al minuto los movimientos de la veleta sin estar en Sevilla. Zoido aún busca la forma de controlar Sevilla estando fuera de ella. Pero aún no ha podido monitorizarla.

 

ZOIDO PRESIDE EL PLENO DEL CONSEJO SUPERIOR DE TRÁFICO

Beltrán clava la sombrilla

Carlos Navarro Antolín | 3 de diciembre de 2017 a las 5:00

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EL portavoz del PP se reivindica. Beltrán Pérez está descaradamente en campaña. No se corta. Esta semana se ha retratado con un par de ministros en Sevilla (el de Justicia y la de Empleo), ha hecho de vocero oficial de Fomento al anunciar inversiones para la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el aeropuerto, ha amagado con llevar a Juan Espadas a los tribunales si no entrega un informe sobre el arbolado (la judicialización de la vida política evoca los años más tronantes de Zoido en su etapa municipal) y ha logrado sacar adelante una moción para que los autobuses urbanos tengan wifi gratuito. Ha estado hábil para echar en el tapete un naipe contra el que no hay baraja que compita. El uso de las tecnologías entra en ese ramillete de temas sin aristas que el código políticamente correcto aprueba con notoria facilidad. Da igual que el wifi nos vuelva tontos en un autobús, nos prive de la conversación, de la lectura o de la contemplación del paisaje urbano. Nadie osará decir que el uso abusivo del teléfono móvil fomenta la cultura de la distracción. Contra el wifi no se puede ir en la sociedad actual. Y este Pérez, que tiene carnet de becerrista, le ha sacado una tanda de pases aseados al torito de su moción. Por unanimidad. Todo, absolutamente todo, está encaminado a clavar bien fuerte la sombrilla de su candidatura en la playa de un PP donde Arenas empuja a favor del objetivo, pero donde el ministro Zoido sigue mirando a Sevilla por el retrovisor del coche oficial del parque móvil de Interior. ¿Para qué si no se mete Zoido a valorar el acuerdo entre los hermanos mayores de la Madrugada? ¿A cuenta de qué desciende el ministro a un asunto local? Para hacerse presente en la vida de la ciudad por enésima vez. Huelva tiene su ministra, nuestra dilecta Fátima Báñez, que es llamada así por sus colaboradores en las redes sociales: “La ministra de Huelva”. Pero Zoido, en cambio, no se atreve a decir que es el ministro de Sevilla, aunque es palmario que no quiere olvidarse de Sevilla como destino político por mucho que comente en privado que su vida municipal está finita. Por eso Beltrán Pérez juega con toda la habilidad de la que es capaz desde su puesto de jefe de la oposición, con una evidente obsesión por fijar su posición como candidato. En las filas socialistas vaticinan de forma interesada que el correoso concejal del PP no será el candidato, que el centro-derecha sevillano apostará al final por un independiente si es preciso, por alguien que tenga más edad y una posición más consolidada en la sociedad civil. Claro que también propagaban en 2011 que el PP nunca sacaría mayoría absoluta en Sevilla y terminó obteniendo 20 concejales.

Por si acaso, Beltrán Pérez se codea con el rector, el arzobispo, las cofradías y toda la ristra de ministros sonrientes a los que es capaz de tener acceso con la ayuda de su padrino político, al mismo tiempo que presume sin complejos de su afición taurina o se retrata en círculos sociales de la ciudad de contrastada frivolidad. Combina la moqueta y los saraos. Ocupa todos los nichos que puede con prisas, con la premura propia del velocista que sabe que tiene pocos metros por delante y varios rivales (fuertes) en la carrera. Nunca olviden al senador José Luis Sanz, ex presidente provincial y alcalde de Tomares. Beltrán Pérez sabe que los tiempos tienen luces y sombras. Cuanto más tarde el PP en designar candidato, más se abrirá el debate sobre la idoneidad del hoy portavoz municipal y emergerán las dudas, pero también tendrá más días para elevar su grado de conocimiento en esas encuestas que el partido usará para imponerle la beca de alcaldable, o para mandarle a la papelera de reciclaje. Su gran ventaja es que está dentro del edificio, se encuentra ya en el interior del castillo que pretende controlar: el Ayuntamiento. Ha rebajado la tensión con la presidenta provincial tras haber tomado decisiones peliagudas que no fueron respaldadas por la jefa. A Virginia Pérez le dedicó públicamente su conferencia en el club Antares, una suerte de bálsamo en una ceremonia oficiosa de proclamación de candidatura con testigos de excepción: Javier Arenas (¡cómo no!) y el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz.

Beltrán Pérez hinca el palo de la sombrilla con toda la intensidad que puede, cava el hoyo para asegurarse la mayor profundidad, y se afana en la tarea con la ilusión de un dominguero que calcula los movimientos de la marea para garantizarse la misma ubicación durante toda la jornada. Pero que, en el fondo, sabe que la política genera olas impredecibles capaces de arrasar los castillos de la ilusión por muchas conchas y caracolas que hayan sido colocados como fortaleza, doblar los más fuertes palos de sombrillas y dejarte con el cubo y el rastrillo en las manos para lo que resta de domingo. La sombrilla clavada genera el derecho de conquista para este político que primero tiene que sortear los monstruos internos (el PP tiene una colección digna de la cafetería de la Guerra de las Galaxias) si quiere enfrentarse al segundo gran enemigo: un alcalde sin aristas al que su partido no le discute la ubicación de su sombrilla, porque la playa socialista, al menos la sevillana, está en calma y con la bandera verde al viento. Si Moreno Bonilla, líder regional del PP, pasa a la historia por algo en Sevilla será por su precisa definición de Juan Espadas: un político triangular. Conecta con todos los estamentos de la ciudad. Espadas goza del frescor efímero de una sombrilla bien clavada, pero sufrirá cada día más una doble oposición: la que ejerce Beltrán Pérez, con una experiencia de catorce años en el Ayuntamiento, y la del ministro de Interior, que prefiere el cortinaje, el ascua de luz de las arañas y los lienzos nobles del Salón Colón, antes que la contemplación del retrato del desgraciado Eduardo Dato que preside la sala de reuniones de su palacete del Paseo de la Castellana. Hay palacios que aburren. Cualquier sombrilla genera más sombra que un arbolito de la Avenida.

El desaire de Alejandro Rojas-Marcos

Carlos Navarro Antolín | 23 de octubre de 2017 a las 5:00

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

Existe una memoria histórica gracias a la cual algunos desayunan, almuerzan y cenan a diario, un fin muy loable, y por medio de la que también algunos pretenden ganar ahora la guerra que sus antepasados perdieron hace ya casi ochenta años, un fin absolutamente perverso que aniquila el espíritu de reconciliación de los próceres de la Transición. Ya se sabe que la mejor foto fija de España, la que nunca caduca, es la del cuadro de los garrotazos de Goya. Una foto que estaba casi con las esquinas desgastadas, con los colores en sepia, cuando el avieso Zapatero nos la puso en digital por los siglos de los siglos. El sábado se reunieron en el Ayuntamiento la mayoría de los concejales de dos corporaciones municipales, las dos que presidió Manuel del Valle como alcalde, de 1983 a 1991, nada menos que los capitulares que pusieron la ciudad a punto para la Exposición Universal. Don Juan Espadas los recibió con el cuello abierto, como Pedro Sánchez acude al Palacio Real. Y allí estuvieron también los portavoces de Ciudadanos, Javier Millán, y de Participa Sevilla, Susana Serrano. Del PP no hubo nadie, dicen que no los invitaron, estarían buscando los topos del palomar en plan rastreator. Manuel del Valle pronunció unas palabras en el Ayuntamiento, después pidió agua porque hacía calor y se la ofrecieron con toda amabilidad… en un vaso de plástico. Tendrá menaje la Casa Consistorial para tener que recurrir al plástico… Ni un jarrillo de lata, ni un vaso de plata como llevan los mozos de espada que se precian de serlo, ni un cántaro de Lebrija. Si hasta hay tazas con la heráldica de la Corporación. No es que tuvieran que estar los maceros para servirle el agua a don Manuel, pero de ahí a un vaso cutre… Lo mejor, como de costumbre, estaba por llegar. Y llegó, vaya si llegó. Don Alejandro Rojas-Marcos apareció directamente al almuerzo en el Hotel Inglaterra (50 euros por barba y para los que no tenían barba) porque alegó que no acude a actos políticos. Ojú. Recuerden que el alcalde más carismático de la democracia, el que acorraló al PSOE siendo diputado en las Cortes, tampoco aceptó la Medalla de la Ciudad que sí acudieron a recoger el andaluz inglés que es Luis Uruuela, la dama de la política que es Soledad Becerril y el gran Monteseirín (“Llamadme Alfredo”), entregadas por el hoy ministro del Interió que está a punto de coger el mando de los mossos, don Juan Ignacio Zoido. Alejandro (no hay otro en Sevilla) se presentó en el almuerzo con camiseta amarilla y chaqueta. Llegó cuando los corrillos disfrutaban del primer sorbo de la cerveza. Repartió saludos hasta que se produjo el primer minuto de oro. Luis Pizarro, aquel correoso portavoz de Izquierda Unida, le tendió la mano. Y Alejandro no se la apretó. Menudo desaire. Le dijo que no lo saludaba y que si después era necesario le explicaría a todo el mundo la causa de haberle colocado el carro de la nieve al hoy adjunto al Defensor del Pueblo Andaluz. Pizarro, conocido entonces por Luispi, fue quien se hartó de denunciar asuntos urbanísticos del PA de Rojas-Marcos. ¿Recuerdan aquella teoría del holding de empresas vinculadas a las cajas de ahorro? ¿Recuerdan las indagaciones sobre un conseguidor que aparecía en todas las recalificaciones? ¿Recuerdan que hubo quien se fue hasta el Registro de Vitoria a pedir papeles? Nada de aquello tuvo trascendencia jurídica, eran otros tiempos en los que la Fiscalía se dedicaba a otros menesteres, pero todo aquello terminó en que Soledad Becerril se negó a entregarle de nuevo las competencias de Urbanismo tras los resultados de las elecciones de 1999, por lo que el PA pegó el volantazo hacia el PSOE de Monteseirín y, cuatro años después, se hundió en los comicios de 2003 desgastado por las denuncias del “urbanismo bajo sospecha” para acabar desapareciendo definitivamente de la Plaza Nueva en las elecciones de 2007.

Pues el sábado se vio que Rojas-Marcos no olvida. Ni perdona. Tampoco se lo ha perdonado a Soledad Becerril, a la que no saluda ni siquiera si se la encuentra en una caseta de Feria, ni tampoco el otro día en el almuerzo de confraternización de los capitulares corporación municipal en la que convivieron hace ya treinta años. Lo peor de todo es que Manuel del Valle presume siempre de que en esos años existía una camaradería que ahora se echa en falta. Y el sábado volvió a decirlo. Sin que estuviera previsto, Alejandro tomó la palabra y mantuvo el tono de tensión al referir que le habían dicho que el acto era un encuentro de “amigos”, pero él precisó en público que allí había amigos, enemigos, rivales y compañeros de partido. Más tensión bien despachada. Soledad Becerril no quiso hablar, le pareció oportuno que sólo lo hiciera quien fue el alcalde de aquellos años que se recordaban en el acto. Las caras eran de póker, de domingo por la tarde o de Viernes Santo por la mañana, según los casos. El rencor histórico existe. El día que algunos consigan hacerlo rentable, tendremos un nuevo chiringuito montado. Y esta vez no se le puede reprochar nada a Arenas (Javié), que excusó su asistencia porque estaba con la cuestión catalana. Y así es. Hay homenajes que los carga el diablo y encuentros de antiguos compañeros que salen mucho más caros que los 50 euros que les cobraron por comer… malamente. Genio y figura. El alcalde que más amó Sevilla le dejó la mano colgada a Pizarro, aquel estudiante de Medicina que tan bien se llevaba con los concejales de derechas. El sábado, por cierto, se sentó con los de la antigua AP-PDP y el posterior PP. La derecha le dio cobijo a Luispi. Hay heridas mal cerradas. Y en los 50 euros no estaba incluida la copa de la casa. Que es lo peor. Mucho peor que el vaso de plástico que le largaron a don Manuel del Valle, un alcalde de ruan al que dejaron sin disfrutar de la Expo.

Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle Reunidón de los que fueron concejales del 83 al 87 y del 87 al 91,coincidiendo que fue alcalde Manuel del Valle

La crisis de los melones

Carlos Navarro Antolín | 22 de octubre de 2017 a las 5:00

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EL catamarán Luna de Sevilla surcaba las aguas en una tarde de calor húmedo, de las que deja el ambiente mostoso, no sólo por la sensación de vértigo que genera que Rajoy haya apretado el botón rojo, sino porque Sevilla tarda siempre demasiado en despedirse del verano. Pasa el catamarán y nuestro hombre, desde la horrible balaustrada de Marqués del Contadero, mira al público jovial que viaja en la planta alta, una tripulación marcada por las chanclas, embebida en las nuevas tecnologías y ajena a lo que cuenta la megafonía sobre los orígenes de la ciudad. “Mira qué felices van esos turistas, ¿recuerdas la última noche electoral de Zoido en 2011? Nos montamos en este mismo barco y la foto del día siguiente fue la de Juan Ignacio con Asunción Fley a su lado. Quisimos representar el inicio de una nueva singladura. Seis años después, Zoido está a punto de asumir el mando de los mossos, el partido en Sevilla está malherido y en Andalucía no se sostiene. Lo que nos faltaba es lo de esta semana, lo del presidente diciendo que las ocho capitales están abiertas como melones. Lo del coñazo del desfile que le pillaron diciendo a Rajoy a micrófono encendido es una anécdota al lado de lo de Moreno. Por cierto, Rajoy pidió disculpas a las fuerzas armadas, mientras este hombre se ha dedicado a practicar el acoso y derribo de Alberto Díaz. O, mejor dicho, ha ordenado a Beltrán Pérez que lo haga para no mancharse él las manos. La alegría que tendrá Susana en el Palacio de San Telmo”.

El catamarán se otea ya en lontananza, los ciclistas maniobran por las rampas del adefesio diseñado por la Gerencia de Urbanismo como centro de recepción de turistas. Nuestro hombre continúa su parlamento en la tarde de calor pegajoso. Ahora comenta el contenido de un mensaje que le acaba de llegar: “Verónica Pérez ha recibido un 94% de apoyo a su informe de gestión y un 96% a su nueva ejecutiva. Nosotros acabamos de hacernos con el control de los once distritos y llega este hombre y nos reabre la herida. Este Moreno es el Zapatero del PP andaluz. Sabe que eligirá a los candidatos a las alcaldías, pero teme que no llegue a tiempo de poder influir en las listas electorales. Sabe que la misma noche de las autonómicas tendrá que marcharse si saca menos de 33 diputados. Lo sabe. Yparece que quiere irse ajustando cuentas. La caza de brujas de medio pelo de esta semana no se presta a otra interpretación. Los muchachos del palomar esperaban un mensaje de apoyo a la candidatura de Beltrán Pérez, que se ha tragado el sapo de orillar a Alberto Díaz. ¿Tal vez por eso lo grabaron? No lo sé, ni me importa. La crisis de los melones va a durar mucho tiempo, porque aún tiene que entrar en juego la presidenta provincial, cuyo silencio es elocuente. Y hay que saber qué opina Javier Arenas de la degradación de Alberto Díaz. Fíjate qué dos silencios más significativos… Nadie arropa a Moreno, al que todos damos como caballo perdedor. Ha reventado Sevilla, pero es que ha encendido a Bendodo en Málaga, ha dejado Huelva como unos zorros… Lo mejor que nos ha podido pasar es que lo de Cataluña reduzca el impacto de tanto despropósito. Esto da pie a nuevos cruces de alianzas, a que enemigos supuestamente irreconciliables tengan de pronto intereses comunes, a escrutar la evolución de este chico, Beltrán Pérez, que siempre nos ha parecido tan gladiador como prudente. ¿Se ha echado en los brazos de Juanma? No lo sé, me dicen que lo amenazaron con quitarlo a él de portavoz y colocar a Sánchez Estrella si no cesaba a Alberto en 48 horas. Todo muy cutre en la sede regional, muy de aprendices de Juego de Tronos. Tanto trabajar para los congresos de distrito para, al final, que venga este hombre a reventarnos por no asumir el alcance de sus palabras. Tú no pierdas nunca de vista a Arenas. Cuando más callado está es cuando lanza los mensajes más certeros. Y que no te digan que está concentrado con lo de la Cataluña. Javier puede con todo a la vez. Yse guarda el as en la manga, siempre”.

El catamarán regresa ya de Chapina. Nuestro hombre se vuelve de pronto cuando ya se marchaba: “Recuerda que la historia no se repite, la historia es la misma. Yque buena parte de lo que ocurra en Sevilla dependerá de cómo se entiendan Arenas y Virginia. Y Virginia deja claro a todos que no es ahijada de Arenas, que no entiende de tutelas ni tutías, como dijo don Manuel. Anda que a don Manuel, por cierto, lo iban a sorprender diciendo que en Málaga nos podíamos meter una hostia…”.

El riesgo de venir a Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 4 de octubre de 2017 a las 5:00

avión

AL bueno de Zoido le hace la agenda el enemigo. Y el enemigo siempre está dentro. En el vientre, en las entrañas, en las agallas. Dice un político andaluz de raza que todo dirigente que se precie ha de contar con tres colaboradores propios: un jefe de gabinete, un jefe de prensa y una secretaria. Nadie como la cuadrilla propia va a salir del burladero a protegerte con el capote en caso de cornada grave. Se supone. Pero a Zoido nadie de su cuadrilla, ninguna mente sesuda de Génova, ningún asesor de los que suma trienios en Interior, debió avisarle la noche del domingo que el lunes no era el día para venir a Sevilla, con Cataluña tambaleándose como una olla a presión y con los telediarios repitiendo las imágenes de policías y guardias civiles enfrentándose a la población civil, o siendo directamente agredidos por gente encolerizada y astutamente aleccionada para ganar la batalla de la imagen.

Resulta un ejercicio frustrante tratar de convencer a la opinión pública de que quien levanta la porra es el bueno, que quien frena a una masa vociferante es el que está haciendo cumplir la legalidad, y que quien pretende votar –¡oh, concepto albo e inmaculado!– y está en apariencia desarmado es el malo, quien quiere romper a las bravas el clima de convivencia. Dicho está: “Lamento tener que defender lo obvio”.

El ministro del Interior nunca debió volverse a su tierra el lunes 2-O, ni mucho menos publicar una fotografía de su vuelo a Sevilla, una frivolidad en tiempos convulsos, una ligereza fatua, una licencia impropia. El día no era para fotos en un jet, ni para colgar medallas, ni para otros postureos. Alguien debió estar pendiente, alguien debió hacer guardia en los despachos oficiales apretando la esclavina de la prudencia, para salir al quite del ministro y librarlo del avieso toro de las redes sociales, del agujero negro donde la imagen de un político corre el riesgo de perderse por el sumidero de los mensaje fáciles, de la dictadura de los 140 caracteres que dominan una política más que nunca epidérmica, lastrada por los contenidos vacuos, irreflexivos y de usar y tirar. El ministro del Interior del Reino de España tenía que estar el lunes en Madrid, en su despacho de trabajo, o en Cataluña, junto a los policías y guardias civiles que andan en una penosa búsqueda de posada sin estrella que les sirva de guía. Pero el lunes no era el día para estar en Sevilla. Muchos de sus correligionarios, mucha gente que lo estima, muchos militantes que valoran su elevado grado de conocimiento entre electorado, se quedaron ojipláticos al comprobar que Zoido efectuaba el viaje a Sevilla, se quitaba de Madrid y se dedicaba a la entrega de distinciones cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado habían quedado retratadas injustamente como opresoras y –todavía peor– justo a esas horas del lunes aparecían como liebres asustadas huyendo de la presión del separatismo mostrenco, de esteladas y puños en alto.

Zoido comenzó su pontificado en Interior regresando a Sevilla a los dos minutos para asistir a una celebración religiosa ante el Gran Poder en la Catedral, cuando la Guardia Civil, precisamente esos días, estaba en jaque en Alsasua después de que varios agentes hubieran sufrido las agresiones de unos bárbaros, unos hechos por los que la Fiscalía pide 50 años de cárcel para los autores al apreciar delitos de lesiones terroristas.

Y Zoido se vino a Sevilla, en plena crisis catalana, para presidir la entrega de las medallas de la festividad de la Policía Nacional. Como lo peor está por llegar, en Sevilla le tenían preparada una suerte de emboscada, pues alguien se preocupó de comprobar las identidades de los agentes condecorados por Zoido. Entre ellos figuraban varios policías locales que habían ejercido como sus escoltas en sus cuatro años de alcalde. De nuevo nadie le advirtió que resulta llamativo que un ministro del Interior galardone a sus antiguos escoltas. Es sabido cómo cuidaba Zoido a sus agentes siendo alcalde, incluidas invitaciones a mesa y mantel. Su pasión por esa micropolítica –llamémosla así– se conocía en Sevilla, todavía se recuerda y hasta fue admirada en muchas ocasiones. Sus aficiones por las políticas de corto alcance, de proximidad con el ciudadano, fueron su gran aval para alcanzar la cúspide municipal, pero ahora están siendo sus pies de barro como ministro del Interior en la coyuntura más delicada para España tras el 23-F, según la calificación del presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó.

O la cuadrilla de asesores de diverso plumaje no sabe imponer sus criterios ni estrategias, o este rey no tiene nadie que sea capaz de decirle que está desnudo. Por la curia llega la lepra, advierte el Papa argentino. Los escoltas, para colmo, simbolizan a la perfección ese círculo de confort donde los políticos tienden a empadronarse con grave riesgo de perder la perspectiva. Hay aviones a los que no conviene subirse. Hay fotos que no deben hacerse. Hay veces que conviene no estar en Sevilla aunque solo sea, precisamente, para mantener la silla. Cataluña ardiendo y el ministro en la capital de Andalucía entregando medallas a sus anteriores escoltas es una secuencia letal. Acebes es la cara del 11-M. Zoido lleva camino de ser el rostro de un Estado incapaz de apagar el coloso en llamas que es Cataluña. Esto no se resuelve con tuits, ni almuerzos para agradar a los escoltas, ni abrazos por doquier. Esto es política de altura. Y la altura no se consigue por mucho que uno se suba a un avión. Un ministerio no es un ayuntamiento. Ytodos comprendemos que cambiar la melva por la sobrasada no es plato de buen gusto.

El conflicto en el PP alcanza las cuentas de la campaña de 2015

Carlos Navarro Antolín | 20 de septiembre de 2017 a las 5:00

RECIBO+FOLIO

UN miembro de la ejecutiva provincial del PP pretende que un acto electoral que pagó de su bolsillo –el de cierre de campaña de Zoido en 2015– sea computado como pago de cuotas y de esa manera no ser excluido de la carrera hacia la presidencia del distrito Los Remedios. Como consecuencia de esta peculiar denuncia interna han aflorado dos hechos que han puesto en jaque a los cuadrados de mando del partido en San Fernando y hasta en Génova: el último acto de campaña de las municipales de 2015 fue pagado por un particular, y su aportación económica (3.300 euros) no figura en la contabilidad del partido, según revela el informe de tesorería al que alude el donante. La última etapa de Juan Bueno como presidente provincial –actualmente dedicado a sus tareas como diputado autonómico– sufre ahora un inesperado vaivén de consecuencias imprevisibles por efecto de esta denuncia interna.

Los rescoldos de la fractura que ha sufrido el PP de Sevilla durante todo un año se reavivan con ocasión de la próxima celebración del congreso destinado a la renovación de cargos en los distritos, fijados para este sábado. El comité organizador de este congreso ha rechazado una de las dos candidaturas presentadas para la presidencia de Los Remedios, el gran feudo de los populares en la capital. El excluido es David Antequera, actual secretario de Transparencia de la ejecutiva provincial, que no podrá concurrir a las elecciones por haber estado en situación de impago de los recibos como afiliado. El comité organizador, que preside Macarena O´Neill, persona de la máxima confianza de Javier Arenas, se ha basado en el artículo 35 de los estatutos para tumbar la candidatura de Antequera, afín al sector del partido que perdió en el pasado congreso provincial. A la presidencia del partido en Los Remedios opta como candidata única María del Mar Sánchez Estrella, portavoz adjunta del grupo municipal, ahora mismo encuadrada en la nueva corriente que controla una formación que preside Virginia Pérez desde el pasado 21 de mayo.

Antequera, que entró a formar parte del actual comité ejecutivo como secretario de Transparencia por los equilibrios pactados previamente entre los entonces oficialistas (Juan Bueno) y los críticos (Virginia Pérez), ha elevado a los comités regional y nacional de derechos y garantías una denuncia interna por la que ha aflorado que él pagó de su bolsillo el acto de fin de campaña electoral de Juan Ignacio Zoido en 2015 –celebrado en un restaurante de Los Remedios– y que su aportación económica (3.300 euros) no figura ni en la contabilidad ni en el informe de tesorería del partido, hechos que ahora analizan las estructuras nacional y regional de la formación de centro-derecha.

Antequera defiende que esa aportación debería haber sido tenida en cuenta para dar por pagados sobradamente sus recibos como afiliado, cosa que no se ha producido y por la que ha sido excluido de la carrera por la presidencia del PP de Los Remedios. El pago de los 3.300 euros se efectuó el 20 de junio de 2015, cuando el PP ya había sido desalojado del gobierno local tras cuatro años de mayoría absolutísima de Juan Ignacio Zoido. Antequera fue director del distrito Los Remedios durante gran parte del mandato de Zoido como alcalde. Se trata de un militante muy conocido en el partido, activo desde sus años universitarios y que exhibe proximidad con el hoy ministro del Interior, con el que posa en fotografías recientes en su cuenta personal de la red social de facebook.

Nadie en el PP de Sevilla puede dudar del profundo conocimiento que Antequera tiene de las estructuras del PP sevillano, ni de sus contactos con dirigentes de la sede de Génova, dados sus anteriores puestos de responsabilidad en sus años de miembro de Nuevas Generaciones. En su denuncia ante instancias regionales y nacionales del partido aporta el recibo de haber pagado los 3.300 euros, un documento que lleva el sello de la empresa que prestó el servicio: “Por si existe la más mínima duda a la veracidad de mis palabras”. Antequera pretende también tumbar la candidatura de la única pre-candidata aprobada hasta ahora en Los Remedios, la edil María del Mar Sánchez Estrella, por no estar afiliada en el distrito que pretende presidir, sino en Triana, una denuncia que, por el momento, no ha obtenido resultado. En su denuncia alega que sufre “un daño que empieza a ser irreparable” al no ser aprobada su condición de aspirante a la presidencia del PP de los Remedios.

El acto de cierre de campaña de las municipales de 2015 consistió en una alocución de Zoido ante militantes y representantes vecinales de cada uno de los distritos de la ciudad. Uno a uno fueron hablando en público los vecinos y Zoido contestó de forma personalizada a todos ellos, prometiendo finalmente “un gobierno para todos”.

El Alcázar, en el punto de mira

Carlos Navarro Antolín | 17 de septiembre de 2017 a las 5:00

catedral de sevilla  de lamadrid 6.

Otra vez Icomos actúa de rompeolas del patrimonio histórico. El Real Alcázar no se toca. El proyecto de reforma de la Puerta del León se queda en el aire porque el alcalde, reacio a las polémicas, no quiere ser noticia, busca siempre el círculo de confort del perfil plano, la comodidad del tono gris, la actuación solvente del futbolista que juega mejor sin el balón en los pies. No quiere problemas. Juan Espadas ni de lejos está dispuesto a pasar a la historia por ser el alcalde que puso en peligro la declaración de patrimonio de la humanidad de los tres principales edificios monumentales de la ciudad: la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias. Icomos amaga con que Sevilla pierde la máxima catalogación y el alcalde se pliega porque sabe que en esta sociedad lo que importa, ante todo, es la etiqueta, la marca, el eslogan. Malos tiempos para asumir riesgos en la política. Tan es así que Zoido, siendo alcalde, se fue a San Petersburgo a defender la Torre Sevilla para eso, para que Sevilla no perdiera la etiqueta de ciudad patrimonio de la humanidad. De anunciar la paralización de la torre en campaña electoral a defender su construcción. Responsabilidad institucional, dijeron unos. Oportunismo político, otros. El caso es que los hechos fueron así. Hasta se vendió el regreso de San Petersburgo como un retorno triunfal, con foto del alcalde bajando del avión, una suerte de Air Force Juan (Ignacio). Sólo faltó la banda de música.

Nada cuanto ocurre en el Alcázar es ajeno a Sevilla. Se trata de un edificio codiciado, símbolo de poder y estatus. El Alcázar –o los Alcázares mejor dicho– reúne la belleza del arte, el valor de la historia, el misterio de las leyendas y la capacidad de identificación con sultanes, emperadores, jefes de Estado, presidentes del Gobierno, alcaldes, poetas… El Alcázar lo tiene todo. Ytodos los gobernantes en algún momento quieren dejar su impronta.

Se lió cuando en la década de los años ochenta se suprimieron los parterres de las murallas, bonita decoración vegetal que todavía se recuerda. Se lió cuando el gobierno socialista de Manuel del Valle quitó a medianoche, por sorpresa y sin previo aviso, la Cruz de los Caídos que el cardenal Segura no había dejado instalar en los muros de la Catedral, ¿verdad Paco Mir?

Se lió cuando Rojas-Marcos ejercía de alcalde en  el despacho reservado para este cargo en tan  reales dependencias, al igual que cuando no se terminaba de suprimir el antiestético aparcamiento de autobuses turísticos delante de la Puerta del León. Se lió cuando el concejal Javier Landa (PP) impidió su uso a los miembros del Curso de Temas Sevillanos (¡Duro con  las espigas, suave con las espuelas, don Javier!) y hasta cuando se encendió la polémica por la intención de borrar del nomenclátor el título de la Plaza de la Alianza para dedicarla al ministro Indalecio Prieto, quien firmó la cesión del monumento a la ciudad de Sevilla, un rótulo finalmente colocado delante de la sede de Hacienda, a la vera de la Casa de la Moneda.  Se lió cuando desapareció un trozo de yesería, cuando el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, encendió un pitillo en el Patio de la Montería, o cuando una concejal usó sus salones y patios para el reportaje de su boda.

El Alcázar es un monumento sensible, con un eco indudable. La Catedral igualmente lo es. Son dos iconos de la ciudad. La reforma de los accesos del turismo por la Puerta del León no es un proyecto cualquiera, como no lo fue la transformación de la Catedral para su puesta a punto para la Exposición Universal de 1992, una revolución liderada por el inolvidable canónigo Francisco Navarro, que sustituyó los estadillos hechos a mano por las hojas de excel, introdujo los tornos y promovió una serie de reformas que le costaron no pocos disgustos. ¿Recuerdan aquel proyecto de cafetería en la Cilla finalmente frustrado?

Si será importante el Alcázar que sus puestos en el patronato se reservan para los principales concejales, la figura del alcaide se otorga a una trayectoria de prestigio y hasta una ex alcaldesa, Soledad Becerril, llegó a dimitir  como consejera en protesta por el desvío de fondos para la conservación de la Casa Consistorial. Becerril siempre defendió que los ingresos que genera el Alcázar por la visita turística deben revertir con exclusividad en su conservación. El Alcázar tiene una contrastada capacidad de autofinanciación.

El Alcázar está hoy en el punto de mira. La seguridad, las tarifas, los macetones, las obras por ahora frustradas en la Puerta del León y hasta el rifirrafe entre políticos de diferentes partidos condenados al entendimiento para sacar adelante el presupuesto de  una gran capital. Nunca a nadie ha dejado indiferente el primer monumento civil de la ciudad. Obama se quedó sin conocerlo, Rojas-Marcos lo usó como despacho. El andalucista concebía la política como una vocación que llevaba implícito el riesgo. Hoy los tiempos son distintos. Icomos frunce el ceño y el Ayuntamiento se allana.  La prudencia máxima, el dontancredismo como norma. El león es el único que tiene asegurada la permanencia.