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Saturno en el PP

Carlos Navarro Antolín | 25 de junio de 2017 a las 5:00

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MIENTRAS declaraba como testigo de la Gürtel en Madrid, la nueva cúpula del partido en Sevilla ejecutaba con mano dura y guante de seda la enésima maniobra por la que Javier Arenas se hace omnipresente en el PP sevillano: la sustitución de Alberto Díaz como portavoz del grupo municipal por Beltrán Pérez. El sillón de jefe de la oposición es el alba con la que se cubre al llamado a ser revestido con la estola de candidato a la Alcaldía. Arenas autorizaba desde Madrid un golpe de mano que, nunca se olvide, ha estado ejecutado e impulsado en Sevilla por Virginia Pérez, la figura incontrolable que ha tambaleado hasta convertir en virutas las frágiles patas de la mesa camilla en la que se han cocido las decisiones del partido en los últimos quince años: Juan Ignacio Zoido, Juan Bueno, Ricardo Tarno y José Luis Sanz. Arenas los ha vencido a todos a base de comérselos, como un Saturno que devora a sus hijos por temor a perder el trono. Se ha hecho con la influencia máxima en el aparato local gracias a unos discípulos leales que reconocen su magisterio, con algunas incorporaciones de nuevo cuño como la de la propia Virginia Pérez. Si algo ha sabido en la vida este Saturno disfrazado de lince andaluz es interpretar los cambios políticos cinco minutos antes que los demás. Por eso sobrevivió a Óscar Alzaga, Fraga y Aznar. Apostó por Rajoy en 2004 cuando todos parecían dejarle tirado en el congreso de Valencia. Y acertó. Siempre ha acertado en las guerras internas, lo que escuece hasta la pataleta a sus propios hijos políticos.

Sobrevivió también a la creación de sus propias figuras políticas de cierta proyección (Luis Miguel Martín Rubio) y de incontestable trayectoria (Juan Ignacio Zoido) y también a las que no controlaba directamente pero operaban con fuerza en sus dominios (Soledad Becerril, Teófila Martínez). A la sagacidad y capacidad de análisis de Arenas hay que sumar su pequeña cuota de riesgo: en algunas ocasiones se la ha jugado, como en la citada de Valencia en 2004. En política hay que arriesgar en alguna ocasión para alcanzar alguna meta. Que se lo digan al socialista Gómez de Celis, que la primera vez que ha apostado en serio por un objetivo –al margen del carril acomodaticio del partido– ha salido triunfante. Sólo las especies que se adaptan sobreviven en la selva de la política actual.

Saturno devoró a sus hijos para cumplir la condición impuesta por su hermano Titán si quería reinar en su lugar. Arenas alcanza ya el grado de deidad en este PP en minoría en España, ansioso en Andalucía y tratando de despertar del coma tras la pérdida de la Alcaldía en Sevilla. Sobrevive a todos los líderes nacionales, regionales y locales. Cierra el Espigón, Arenas sigue. Cambia de dueño Antares, Arenas sigue. Cambian los hermanos mayores de la Macarena, Arenas sigue. Controla a buena parte de sus hijos políticos y tiene ya hasta nietos que aprenden de su estilo. Es un mito al que han querido derribar varias veces, pero aún no ha salido el Júpiter que acabe con su influencia. Porque lo que se juega Arenas a estas alturas del partido no es ya ser ministro o alcalde, sino influir en quien desde Andalucía pretenda pintar algo en cualquier orden del PP. Arenas no está para presidir consejos de Emasesa, ni soportar encierros eventuales de despedidos de Lipasam, tras haber volado en el Falcon de los vicepresidentes del Gobierno, haber pasado fines de semana en las fincas del Estado de Doñana o Quintos de Mora, o haber sido recibido por el Papa en el Vaticano. Uno de los problemas de Arenas es que le tiene miedo reverencial a Sevilla: siempre de su casa al AVE sin pasar por la calle Sierpes.

En Andalucía tiene a Antonio Sanz, delegado del Gobierno. En Sevilla, el doble tentáculo de los Pérez: Virginia y Beltrán. Declarando en la Gürtel cambió al jefe de la oposición: quitó a un hombre al que conoce sobradamente, Alberto Díaz, del bando perdedor en el congreso provincial, para colocar a Beltrán Pérez, del bando ganador. Sustituyó nada menos que al que fue jefe de gabinete de Zoido en la Alcaldía, todo un símbolo. Díaz, por cierto, no ha podido sufrir una coyuntura más adversa como portavoz y, al menos, ha salido del entuerto con una elegancia unánimemente elogiada.

Mientras Rajoy siga en Madrid y Moreno Bonilla no crezca políticamente, Arenas seguirá siendo fuerte en Génova, con crédito entre algunos de los periodistas más influyentes de la corte, y continuará ostentando la marca andaluza del PP en la capital de España. A los hijos rebeldes del líder natural de la derecha andaluza sólo les queda –otra vez– esperar confinados en sus respectivos destinos tras haber intentado su derribo. No sería extraño que trate de recuperar a alguno de sus cachorros rebeldes –ya talluditos– cual Maquiavelo que quiera provocar divisiones incluso en el bando derrotado.

Saturno se comió a los hijos cuando ya tenía las sienes encanecidas. El pasado domingo denunció en estas páginas el veterano Juan Manuel Albendea que “está de moda meterse con Arenas”. No, don Juan Manuel, lo que ocurre es que es Arenas quien no deja de estar de moda. Y es Arenas el que no perdona lo que entiende como deslealtades: que algunos no recuerden que han sido lo que han sido por su dedo. Arenas va a durar más que Villar en la Federación Española de Fútbol, Gallardo en el Colegio de Abogados o Cañete en Aprocom. Es la fuerza del mito. Un Saturno de perseverancia voraz.

El portaaviones Colón

Carlos Navarro Antolín | 11 de junio de 2017 a las 5:00

portaaviones colon digital

SEVILLA no tiene playa por mucho que Alejandro Rojas-Marcos se empeñara. Aquí las olas son de calor, las oleadas son de robos en los comercios de Regina y los oleajes, fuertes oleajes, son en la Madrugada que perdimos. Sevilla cada vez tiene la Feria más larga y la sombra más corta. Sevilla no tiene un urbanismo suave pese a que la ciudad se somete a su particular travesía del desierto durante seis meses, somos peregrinos bajo un sol despiadado en la ciudad donde se fundó Quitasol, sublime contradicción. La sombra vendo, la sombra nos arrebatan. No hay Leopoldo que nos eche el toldo. Somos el sol, vivimos con el sol, nuestra cultura es de sol, de aire libre. Nuestro modo de vivir es en la calle, nuestro concepto de uso de los espacios públicos forma parte de la identidad colectiva. La ciudad, sus hábitos, van en un sentido mientras los responsables de diseñar las calles y plazas recorren justo el opuesto. Choque frontal entre el sentido común y el disparate. La Gerencia de Urbanismo y la ciudad parecen vivir en un divorcio perpetuo. El urbanismo de Manuel del Valle nos dejó una ciudad endurecida que Soledad Becerril trató de reparar con los jardines del Prado. El de Zoido nos ha legado un Paseo de Colón árido, una suerte de segundo capítulo de la barbaridad de la Avenida de la Constitución que perpetró el equipo de Monteseirín. Este Paseo de Colón es un perfecto portaaviones con pista expedita para el despegue de turistas con la piel enrojecida, salmonetes de mochila, chanclas y botella de agua. Los técnicos de la Gerencia de Urbanismo son fieles seguidores del mininalismo de estilo NH, de la arquitectura tipo tanque de tormenta y, por supuesto, de extensiones de terreno sin un palmo de sombra, todo lo cual rematado con un sonriente autorretrato que se guarda en los archivos del organismo autónomo cuando la fotografía debería estar en la galería de los horrores. ¿Para cuándo la medalla de oro de Sevilla a la Gerencia de Urbanismo por recrear el primer portaaviones netamente hispalense? Dicen que Sevilla es un estandarte de la industria aeronáutica, pues también lo es de la naval en pleno casco antiguo. Aquí seguimos teniendo los astilleros bien cerquita del río, hemos fabricado un insufrible portaaviones junto a la Torre del Oro, Arenal de Sevilla, como se fabricaban los barcos en las antiguas Atarazanas.

En este portaaviones sólo se echa en falta algún material de hierro chorreado tan de moda en los arquitectos de la post-Expo. El hierro chorreado vale para una casa de hermandad (Candelaria), un restaurante (la visera del Abades), una parroquia (San Vicente) o cualquier plaza dura (bajos del puente del cachorro , junto a la estación de autobuses Plaza). El hierro chorreado es la maldición del tiempo que nos ha tocado vivir, como lo son el cemento sin ninguna muestra de misericordia en forma de agua y sombra. Alejandro soñó la playa, Zoido inventó una Navidad con camellos y sólo le faltó prometer que acabaría con el calor.
Sevilla es una ciudad sin oasis donde el trazado urbanístico de la Judería nos enseñó hace un puñado de siglos cómo ganarle sombra a la ciudad del sol. Pero preferimos no aprender del pasado e inventar nuevos errores y perseverar en ellos. Yhasta jactarnos con un autorretrato que –ya que está la plaza de toros tan cerquita– es todo un pase de la firma que sólo merece una lluvia de almohadillas procedentes del graderío, del graderío del sol, naturalmente. Porque de la sombra, ni mú. Silencio. No existe. Ni se le espera.

Zoido fue un visionario. A falta de sombra trajo camellos. Fue el que tuvo claro que buena parte de Sevilla se había convertido en un desierto gracias a la gestión de gobiernos de diferentes colores. Y decían que no tenía modelo de ciudad. El portaaviones Colón es el mejor símbolo de la gestión de los espacios urbanos de los últimos 25 años. Quiten a San Isidoro y San Leandro del escudo de la ciudad como pretende la izquierda rancia, y pongan cemento y un camello. Hay que jorobarse.

 

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Arenas manda desde el púlpito

Carlos Navarro Antolín | 22 de mayo de 2017 a las 5:00

PP

EL lince se revistió ayer con la estola. Arenas abrazó el púlpito más que el atril. Entonó el discurso del perdón. Parecía el cura, el pastor, el reverendo. Quien haya perdido un amigo estos meses que se siente con él, que se pidan disculpas. “Estas cosas las he pensado en la primera comunión en la que he estado”. Arenas es un clásico: quiere la paz tras haber hecho la guerra. Hizo del domingo de congreso su particular Jueves Santo. Faltaba la música del órgano y los cantores de boca bien abierta entonando el Perdón, oh Dios mío. Ha ganado otra vez en un conflicto interno del PP. Es el maestro. Él los ha enseñado a todos. Sabe como nadie que primero hay que controlar el aparato y después, siempre después, vendrán los cargos institucionales. Pero sin aparato no hay paraíso. Ayer barrió en el atril. Perdón, en el púlpito. Demostró que en el PP andaluz nadie controla la oratoria como él, ni la historia del partido, ni el plantel de trabajadores. Le hizo un guiño a Rafael Belmonte: “El único que lleva corbata como yo”. Le gusta dejar claro que nadie como él conoce el PP de Sevilla, se recrea en el remarcar, amarrar y dar la última vuelta de tuerca hasta dejar bien apretado el tornillo de su sapiencia. Ni Zoido ni por supuesto Moreno Bonilla. Su mensaje fue una suerte de En mi casa mando yo. A Zoido le mandó un mensaje, otra vez: “El PP no se inventa hoy. La política no es sólo márquetin. La política es pasión”.

En el lenguaje del poder viste mucho eso de llegar tarde o interumpir. Irrumpir, mejor dicho. Zoido llegó cuando hablaba Virginia Pérez. Aplausos. Arenas lo hizo cuando tenía el turno de palabra Teresa Jiménez Becerril. Larga ovación. Arenas sigue teniendo mucho peso en el PP sevillano. Una proyección que después no ha sabido o podido rentabilizar en la ciudad. Su fuerza se ha quedado siempre de puertas para adentro del PP. No es poco. Pero siempre le ha sido insuficiente.

Virginia Pérez estuvo mucho mejor en el primer discurso –anterior a las votaciones– que en el segundo, breve y menos preparado. Zoido aliñó la faena aposta, sabedor de que en esa plaza tenía muy poco que ganar después de haber perdido. Con Virginia Pérez de presidenta se diluye, en principio, su fuerza en el PP sevillano. Pero aquí no se ha cerrado ninguna guerra. La contienda no ha hecho más que empezar. Los perdedores fruncieron el ceño al ver a Beltrán Pérez de presidente de la Junta Local de Sevilla capital. Ahí puede estar el primer motivo de guerra en este nuevo contexto. ¿Cuánto durará Alberto Díaz de portavoz municipal? Sería un contrasentido derrocarlo ya cuando acaba de ser investido como vicepresidente del partido por mucho que el cargo sea simbólico. Crear un símbolo para orillarlo en 24 horas no parecería un ejercicio de coherencia. Es previsible que, al menos, siga de momento. Un momento en política puede durar un cuarto de hora o la eternidad.

El ambiente del congreso, en general, fue de cordialidad. La mañana trascurrió sin problemas. Por la tarde se percibió la emoción del presidente saliente, Juan Bueno, que en privado se considera el “presidente moral del partido”. Arenas, como siempre, alabó su trabajo en público. Pero lo tiene entre sus cachorros díscolos. Yel maestro no ha parado hasta imponerse y, por cierto, colocar de vicepresidenta a Patricia del Pozo, su brazo derecho. El padre Arenas tiene en ella a su Santa Justa. Santa Rufina es Macarena O’Neill.

Los aseos quedaron inutilizados en varios momentos. “No se pueden usar, están limpiando”, decía un amable vigilante. “La limpieza ha empezado”, apostillaba un militante victorioso con guasa. El mediodía fue largo y la sobremesa aún más para algunos (y algunas). “Es lo que tiene no comer en casa, que es donde hay que comer”, aseveró un periodista caracterizado por su sentido común, mesura y educación.

Hubo ausencias, militantes destacados que no comparecieron en la clausura. Silencios elocuentes de Sevilla, hijos díscolos del lince con estola que no quisieron estar. El viejo profesor no suelta la batuta. La política es una noria, el PP de Sevilla una montaña rusa. Arenas es Mortadelo con los disfraces: hoy lince, mañana sacerdote y siempre, siempre, el guerrero del antifaz. Todos sabíamos que estaba detrás de los críticos. Cospedal y Zoido han perdido. Arenas ha ganado. El partido sigue sumido en su particular cuaresma. Hay que seguir limpiando los aseos. Y acortando las sobremesas.

PP

Rajoy hace un ‘ya si eso’

Carlos Navarro Antolín | 9 de abril de 2017 a las 5:00

 

EL tío de la mochila dice que Rajoy no viene el día 20 de abril a la conmemoración del XXV aniversario de la Expo’92.El tío de la mochila es Jorge Moragas, ese señor del pelazo que siempre va detrás del presidente cuando el gallego sale del pleno del Congreso de los Diputados para montarse con rapidez en el coche blindado que aguarda al ralentí en la calle Floridablanca. Moragas es el hombre que habla en nombre de Rajoy, el mismo que, por cierto, usa su enorme influencia para colocar en la ejecutiva del PP andaluz a su gran protegida, Tita Astolfi. Moragas anuncia por carta que Rajoy acepta formar parte del comité de honor de los actos de las bodas de plata de la Muestra Universal, pero que la “complicada agenda institucional y política” del presidente del gobierno le impedirán estar en Sevilla el día 20. En realidad dice que Rajoy aún no puede comprometerse. No dice que no, tampoco dice que sí. Rajoy, a través de su vicario, hace un ya si eso. Todos sabemos que cuando se acepta formar parte de un comité de honor es porque no se va a poner un pie en el sitio adecuado en la hora y el día indicados. Rajoy pasa de estar en Sevilla el día 20 para recordar la gran obra de Felipe González en Sevilla, una ciudad que sigue pagando en los presupuestos estatales (y autonómicos) la gran inversión que recibió con motivo de aquellos fastos. Pareciera que los sevillanos tenemos que seguir pidiendo perdón por el 92, cosa que no ocurre en Barcelona. Pareciera que a nuestras provincias vecinas hay que seguir compensándolas por el “privilegio” del que disfrutamos hace 25 años, no justificado por el peso de la Historia, sino por el dedo de un presidente sevillano que, menos mal, nos dio el AVE los primeros, porque de lo contrario, viendo nuestro potencial y nuestras capacidades de reivindicación, estaríamos aún como los gallegos y vascos: sin oler la alta velocidad.

Ya si eso vendrá Rajoy. O no. El presidente, ya si eso, irá mejor a Barcelona cuando toque recordar los Juegos Olímpicos –“Los mejores de la era moderna”, que dijo Samaranch– o como fue el otro día a anunciar los millones en inversiones que soltará el Estado en 2017 para asegurar la unidad nacional. Ola cohesión. O el equilibrio. O como se diga en el código políticamente correcto de turno. Moragas juega al equilibrio epistolar. Nos suelta un me alegro de verte bueno y a ver si un día nos vemos, al estilo Arenas (Javié), al estilo de Zoido, al estilo andaluz (Este no es tu referéndum). Primero pone el algodón de reconocer la importancia que tuvo la Expo, “que marcó un antes y un después en la ciudad y en la proyección internacional de España”.

–¿Eso lo ha escrito Moragas él solito?
–Han debido ayudarle.

Y después nos coloca la aguja del ya si eso. Ya si eso lo llamaremos si podemos “acompañarle”. Ve yendo tú que ya veré quiénes van y cómo está el PSOE andaluz para entonces. Los reyes eméritos estarán el día 20 en el monasterio de Santa María de las Cuevas para abrir con solemnidad los actos conmemorativos. Pero Rajoy recula. Moragas felicita al alcalde al final de la carta por la celebración de la efeméride. Eso sí que es sevillano. Me recuerda al que felicitó a un pintor en voz alta por la calle Cuna por el “pedazo de cartel” que había hecho, a pesar de que la obra de arte no se había presentado aún. Ojana se llama. Las frases hechas las carga el maligno. A Moragas se le ha olvidado escribir que el Gobierno de España está seguro de que el ministro Zoido sí que se pasará por el acto. Para eso está Zoido, ¿o no? Para presentar libros en el Colegio de Abogados o planes de seguridad del pequeño comercio, o para asistir a inauguraciones de rascacielos y pregones de Semana Santa. Por eso dicen ya con guasa (que no falte) que el de Fregenal de la Sierra es el “ministro laborista” del ejecutivo del PP. Porque se dedica a sus labores. A sus labores en Sevilla.

La verdad es que mejor que contar con Rajoy el 20 de abril en la Cartuja, mucho mejor sería contar con los millones necesarios en el Presupuesto de 2017 para la construcción, por fin, de los túneles que requiere la SE-40 en el Aljarafe. Opara la gran reforma pendiente del Museo de Bellas Artes. O para la red ferroviaria de Cercanías. O para esas comisarías de las que se habla desde los tiempos del socialista Monteseirín como alcalde. Pero decir estas cosas un Domingo de Ramos en Sevilla es como colocarle el silenciador al discurso. Qué más da. Todos esos proyectos vitales para la ciudad bien merecen un ya si eso. Al estilo Moragas. En la Expo al final hizo mucho calor. Quizás podría venir Moragas al acto como director del gabinete del presidente y organizar esa noche un cotarro flamenco, como hizo con ocasión del congreso pepero que hubo en Fibes no hace muchos años. Qué noche aquella, Jorge. Ya si eso la contamos otro día que el coche espera hoy al ralentí y no conviene emitir más gases en Floridablanca.

El precio de Madrid

Carlos Navarro Antolín | 2 de abril de 2017 a las 5:00

COMITÉ DE SEGURIDAD VIAL

EL recurso a la caricatura es la forma de mantener vivo en periodismo un tema que se ha desinflado. Meterse con la Iglesia Católica, manipular las imágenes sagradas o pintarrajear los muros de un templo, es la forma fácil de provocar al público de masas. Cuando los argumentos se han caído hay que buscar nuevos pabilos para mantener el fuego encendido. Madrid no es Sevilla, eso lo está comprobando (sufriendo) el director general de Tráfico, Gregorio Serrano, a cuenta de la polémica del piso de la Guardia Civil que supuestamente le estaban preparando como residencia tras una reforma de 50.000 euros. Cierta prensa capitalina cree, está convencida, de que ha mordido un jugoso muslo y no está dispuesta a sacar los colmillos. Serrano, un sevillano de perfil tradicional, de costumbres arraigadas y que nunca ha sido un político convencional, está siendo literalmente acribillado estos días por una cuestión que no se sostiene. Está siendo vilipendiado de una forma clamorosamente cruel. Serrano no ha dejado de pagar impuestos, no se le ha sorprendido en una gasolinera con material políticamente inflamable, no ha participado en ninguna organización criminal, ni tiene una colección de visones para su mujer con cargo al erario público, ni se ha llevado a familiares a viajes de Estado. Tampoco ha efectuado declaraciones políticamente incorrectas, ni se ha metido a contramano contra la todopoderosa ideología de género, ni le han hecho una fotografía sentado en el sillón del betunero de Palace.

Sevilla no es Madrid, estará maldiciéndose el concejal estos días. Serrano no estuvo afortunado en algunas decisiones o comentarios en su dilatada trayectoria municipal –ejemplos hay de las unas y de los otros– pero la prensa de estos lares terminaba tratándole con condescendencia porque, al final, en esta ciudad de cuatro gatos (en la barriga) sabíamos que se trataba de uno de los concejales que más trabajaban y controlaban los temas. Fue feroz en los años que ejerció en la oposición, es cierto. Tuvo en ocasiones poca misericordia con el socialista Monteseirín en su tramo final como alcalde. Junto a otros compañeros de partido hizo las veces de doberman y erosionó con fuerza aquel último ejecutivo formado por el PSOE e IU. Pero trabajaba mucho. Y en política no es habitual ese ritmo de trabajo. En el gobierno disfrutó algo (poco) y sufrió mucho: le amenazaron de muerte con una pintada en la fachada de su casa (Mercasevilla), le tocó cerrar la televisión local y fue el delegado de Fiestas Mayores que menos pudo agasajar al público en la Caseta Municipal de la Feria por el complejo de austeridad que marcó al PP de aquellos años en toda España.

Serrano está ya viviendo en el piso del edificio propiedad de la DGT que tiene ocupada la jefatura central de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. El precio de residir en este inmueble se detrae de su nómina en función de los metros cuadrados de la finca y el valor catastral, como ocurre con todos los altos cargos del Estado. No hay más. No hubo más mientras no se demuestre lo contrario. El tiempo que ha transcurrido mientras se ha preparado la vivienda tradicionalmente asignada al director de Trafico ha residido en los hoteles que le ha asignado la agencia de viajes que trabaja para el Estado, sabedora de que el tope de la dieta fijada es de 102 euros al día por hospedaje. Unos días le ha tocado alojarse en un cuatro estrellas y otros en un tres estrellas.
Es cierto que el general de la Guardia Civil de Tráfico le pidió el polémico piso para disponer del edificio al completo, como consta en la documentación oficial. Es cierto también que Serrano dijo que sí, accedió a la petición, pero pidió a cambio la cesión de unas instalaciones similares equivalentes, una operación que nunca se produjo, una permuta que no llegó a materializarse. La denuncia de los hechos se ha caído, por eso cierta prensa de Madrid recurre a la caricatura, como hace con la presidenta andaluza. Abundan las fotos con la portada de Feria de fondo, la repetición de las imágenes en las que el concejal reconoce en una comisión de investigación municipal haber hecho un favor a la Guardia Civil al procurarle la construcción de un parquecito infantil. Y estarán al caer las imágenes de una entevista de 2011 en la que anunció que si no se lograba el gobierno de la ciudad, dejaría la política porque ya no podría seguir viviendo con el sueldo de edil de la oposición, de apenas 1.800 euros al mes.

Que el equipo de Zoido tiene un punto cañí es innegable. Que ese rasgo ha sido cultivado por ellos mismos durante años, incluyendo mensajes en las redes sociales bastante frívolos en ocasiones, también. Y que Serrano, el político más próximo en lo personal a Zoido, es quien más trabaja de todo ese equipo lo saben (sabemos) bien en Sevilla. Los puntos débiles del ministro del Interior no están precisamente en Serrano, un tipo madrugador, metódico, buen lector, aficionado a la Historia y que se ha pasado los primeros meses en Madrid tratando de coger las riendas de la DGT y lamentando la pérdida de tiempo que le han supuesto los actos que son compromisos del partido, meros chau-chaus para una foto o para que el líder de turno tenga sus 30 segundos en el telediario dominical.

Han corneado en Madrid a un político sevillano que responde al estereotipo del andaluz que gusta azuzar en la capital. Bajito, de derechas, bien trajeado, sin alopecia, con el acento marcado, de una fisonomía parecida a la del ministro y que, entre cuyas aficiones, están los barcos. Su error ha sido, tal vez, no medir a quienes tenía enfrente, no saber que la Carrera de San Jerónimo no es la Plaza Nueva, que Lhardy o Casa Manolo no son Trifón o Casa Moreno. Que hay que evitar ciertas singladuras en Elcano si se sabe que el jefe podía llegar a ministro. Y que lo que impera, como en todo, es la política defensiva, como imperan la justicia defensiva, la medicina defensiva y, por supuesto, el periodismo defensivo. Mientras Zoido aguante y el gallego siga en silencio, Serrano seguirá en Madrid y viniendo a Sevilla algunos fines de semana. Mientras los naranjitos de Ciudadanos no se pongan estupendos, como en Murcia, Serrano seguirá usando los AVE con frecuencia. La diferencia entre Sevilla y Madrid es que Sevilla te mata con el desprecio y Madrid se ceba con la mordida. Por si acaso, Zoido y sus chicos podrían ir rebajando el punto cañí. Por puro márquetin. Por pura imagen. Qué fea es Imagen, la calle.

La Campana, más allá de los veladores

Carlos Navarro Antolín | 26 de marzo de 2017 a las 5:00

Las franquicias toman La Campana Dunkin coffee en la Campana

La Gerencia de Urbanismo quiere que la esquina de la Campana, la del número 3, la que está justo enfrente de la popular y por fortuna aún suntuosa confitería, vuelva a ser lo que fue, como el Himno de Andalucía, pero en versión comercio de éxito e integrado en el paisaje urbano, no como está ahora. Andaluces, levantaos de los veladores que viene Antonio Muñoz a quitarlos de la Campana. ¿Sólo los veladores? No, viene a quitar más cosas. No se vayan todavía que aún hay más. La Gerencia no sólo quiere segar las mesas y sillas de todos los negocios sin distinción –la igualación por abajo– sino que ha mandado a los inspectores a abrir expedientes a esos negocios del centro que abren al público sin escaparates, sin separadores que marquen los límites, sin que se vea a las claras dónde empieza el negocio y dónde la vía pública, y lo que es peor: con rótulos de muy mal gusto, estridentes, horripilantes. Bien por Antonio Muñoz y sus cruzadas imposibles como responsable del ahora llamado hábitat urbano, de soltera Urbanismo. Este marzo ha ocurrido con la tienda de donuts tuneados que funciona en el local donde estaba la zapatería de Pilar Burgos. Los inspectores de Antonio Muñoz le han dado un tirón de orejas a la promotora Moradia Consultores, S.L., responsable de una obra que no ha gustado nada en las caracolas de la Cartuja. Y con razón.

El gerente de Urbanismo dictamina que las obras realizadas para transformar el local incumplen varios artículos del PGOU y de la ordenanza municipal de publicidad. Recuerda la Gerencia que la fachada de los edificios debe componerse unitariamente en todas las plantas del inmueble, “incluidos los locales comerciales si los hubiere”, como es el caso. “Queda expresamente prohibida la composición incompleta, dejando pendiente la fachada de los bajos comerciales”. Apunta en el caso del número 3 de la Campana a que se ha eliminado el escaparate que había antes, que “conformaba la línea de edificación obligatoria de la parcela”. Deja claro el edicto que la ordenanza de publicidad obliga a cuidar “de manera especial el diseño y su integración en el entorno ambiental de los rótulos que pretendan instalarse en el centro histórico, en los arrabales y en los inmuebles catalogados C, D y E, debiendo utilizarse para los mismos materiales nobles, aleaciones metálicas y piedras artificiales o naturales. Dichos elementos publicitarios deberán justificarse –continúa– de forma razonada su integración en la estética de la fachada, respetando los valores arquitectónicos del edificio”. Y concluye que en el caso de la tienda de os donuts: “No se ajustan los elementos publicitarios instalados a dichas determinaciones”.

En el Ayuntamiento precisan que se va a intervenir de la misma forma con todos estos nuevos locales comerciales del centro que, en muchos casos, sitúan los mostradores de atención al público en la misma puerta, por lo que la clientela no llega ni siquiera a acceder al interior del establecimiento. En el caso de la Campana, la Gerencia obliga a la citada empresa a restituir el orden alterado y a la supresión de los rótulos de publicidad. Establece un plazo y advierte de la sanción en caso de incumplimiento. Deja claro que no es posible la legalización de la obra hecha en ningún caso, luego a la promotora no le cabe ora solución que dar marcha atrás: desandar el camino. La licencia concedida era de obra menor, como ocurre tantas veces en la ciudad, y al final las reformas son bastante mayores. La Gerencia va más allá de la retirada de veladores. Es toda una declaración de intenciones. Hay quien a esto le llama tener claro un modelo de ciudad. La pena es que no vuelvan los zapatos de doña Pilar. Nos tenemos que aguantar con los donuts, que disparan el colesterol, como las hamburguesas. Sevilla se nos va… en el C-2.

El ministro andaluz que cae bien en Madrid

zoido

Los ordenanzas del Congreso de los Diputados están encantados con el ministro andaluz. Los camareros del bar Manolo, sito en la calle Jovellanos, muy famoso por sus croquetas, también lo están. Yalgunos destacados veteranos de la información parlamentaria ya proclaman eso de que el Ministero del Interior es “majete”. Hasta elogian que tenga su equipo conformado, no como la ministra catalana de Sanidad, que sigue con nombramientos pendientes. Zoido cae bien, eso ya lo sabíamos en Sevilla hace muchísimos años. En los próximos días se puede convertir en el primer ministro del Interior que suprime todos los escoltas que aún quedan pendientes en el País Vasco por la amenaza terrorista que llevamos décadas soportando. En breve puede tenerlas ya todas consigo para tomar una decisión que supondría la retirada de una treintena de agentes. No es que sean muchos, pero sería una decisión simbólica. Hay diputados vascos que aseguran que se trataría de un paso importante hacia la normalización absoluta: “No sabéis lo que es vivir con alguien pegado a tu lado todo el día”. Después de algunos episodios convulsos con la cúpula policial, para el ministro andaluz –como le llaman en Madrid– sería un anuncio agradable. Tan agradable como pasar los lunes al sol… de Sevilla, una práctica que en Madrid, todo sea dicho, se comprende a la perfección. A partir de los jueves por la tarde, sus señorías escogen ya un vestuario desenfadado, agarran la maletita de ruedas y cada uno a su tierra. Los miembros del Gobierno, por aquello del consejo de ministros, no pueden retornar a casa hasta el mediodía del viernes. A partir de esa hora sólo quedan los leones del Congreso. Y las croquetas del Manolo se fríen sólo para los turistas. Ñam, ñam.

Quién cose al PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 12 de marzo de 2017 a las 5:00

Quién cose al PP de Sevilla

EL PP de Sevilla está roto. Fracturado. Exhibe cada día con más nitidez las entrañas de un desgarro provocado por la traumática pérdida de la Alcaldía en mayo de 2015. Los recientes comicios internos para la elección de compromisarios para el congreso regional que se celebra el próximo fin de semana en Málaga revelan que Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente regional, afronta la cita con la formación hecha unos zorros en la capital, con dos bandos que, a tenor de los resultados, están condenados a entenderse, pero donde nadie hace el menor intento de buscar el consenso, de coger hilo y dedal y ponerse a coser, dicho sea en los términos que empleó Susana Díaz para aludir a la necesidad de recomponer el PSOE, ahora dirigido por una gestora. El PP de Sevilla, por el momento, no tiene quien lo cosa. La tensión que ha marcado estas últimas elecciones internas no augura unas vísperas tranquilas de cara al decisivo congreso provincial que habrá de celebrarse tras las fiestas mayores.

Según pasan las fechas, el conflicto interno es cada vez más explícito, con su correspondiente efecto en la vida interna del partido, con episodios agrios entre militantes, y con el tono plano que mantiene el Grupo Popular en el Ayuntamiento, donde Alberto Díaz parece guardar aposta un perfil exclusivamente institucional a la espera de acontecimientos. Hasta la celebración del congreso provincial no se sabrá con certeza si su etapa de portavoz es duradera o, por el contrario, queda relegada a una interinidad operativa. Por el momento, Alberto Díaz parece el respetuoso inquilino de un piso en alquiler de corta duración, que aún no se atreve a taladrar las paredes, pero que tiene los cuadros y los espiches preparados. Mientras tanto, el gran beneficiario de esta situación es el socialista Juan Espadas, que se pasea por la verde pradera de la Plaza Nueva a lomos del corcel de la estabilidad, disfrutando de la carencia de una verdadera oposición y de la compañía poco molesta de una todavía bisoña izquierda radical.

Tanto el bando oficialista (Cospedal, Zoido, Juan Bueno, Alberto Díaz y José Luis Sanz) como el crítico o renovador (Arenas, Amalia Gómez, Patricia del Pozo, Virginia Pérez, Beltrán Pérez y Juan Ávila) han inflado el censo de nuevos militantes para ganar apoyos en la elección de los compromisarios. Aquí han votado por las dos facciones madres, hermanos, primos, allegados de todo vínculo, etcétera.

Los oficialistas se han impuesto en la capital en número de compromisarios, pero con el aliento crítico pegado a la nuca pues los chicos de Arenas presumen de haber ganado en número de votos. Los críticos sí han ganado en la provincia en número de compromisarios, pero saben de la importancia que hubiera tenido para sus intereses haber controlado totalmente las cocinas capitalinas, donde han obtenido importantes avances respecto a la anterior elección de compromisarios para el congreso nacional, pero sin que puedan descorchar ninguna botella por el momento. El resultado de estas últimas elecciones a compromisarios revela que ninguna corriente tiene la hegemonía en el PP de Sevilla. Ni siquiera el propio Juan Manuel Moreno Bonilla controla casi nada en la sede provincial sevillana, de ahí que su tibieza sea manifiesta desde que se evidenció el conflicto el último Miércoles de Feria con la fotografía de los críticos en la caseta ‘El Manijero’, que dio nombre al grupo que quiere controlar el supuesto pos-zoidismo en el partido. Es más, el líder regional ha salido pellizcado de estos comicios internos, pues los militantes tenían dos urnas para votar: una para elegir a los compromisarios del congreso regional y otra para respaldar al único candidato a presidente regional. Votaron 472 militantes en la capital, de los que sólo 375 dieron su apoyo a la continuidad de Moreno Bonilla. Queda claro que el malagueño sigue generando silencios entre la militancia sevillana. Sevilla no es sólo una plaza que se le resiste, sino que le provoca sufrimientos porque unos (los oficialistas) no lo quieren en el cargo de presidente regional, y los otros (los críticos) no terminan de sacarlo del burladero de la tibieza para que se alinee con sus intereses.

De la capital, el primer dato a destacar es que nadie discute la victoria de los oficialistas en la elección de los compromisarios. Incluso han ganado, aunque haya sido por sólo cinco votos, en el distrito Sur, donde votan el mismísimo Javier Arenas y Amalia Gómez. Las discusiones se centran en determinados compromisarios, como ocurre en Los Remedios, donde ambos bandos se atribuyen a la concejal Carmen Ríos. La caída de los críticos ha sido notable en San Pablo-Santa Justa, donde han perdido las cuatro actas de compromisarios de los que gozaron la vez anterior.

El segundo dato destacable es que el líder municipal de los críticos, el concejal Beltrán Pérez, ha vencido en su distrito de Palmera-Bellavista, después de haberse quedado fuera del congreso nacional, al que no pudo acudir como compromisario por falta de votos. Pérez se puso esta vez las pilas y ha salvado su marca personal al lograr los tres compromisarios de su distrito para la causa denominada renovadora. De 88 votantes, 57 apoyaron a Beltrán Pérez.

La victoria oficialista ha sido evidente (aunque con corto margen de votos en algunos casos) en distritos como Triana, pese al avance de los críticos; y en Nervión, Casco Antiguo, Sur o San Pablo-Santa Justa.

En la provincia, la victoria de los críticos no hay quien la discuta, con más de veinte representantes de diferencia, lo que alienta a los leales a Arenas a tener esperanzas fundadas en una victoria en el congreso provincial, cuya elección previa de compromisarios se disputará a cara de perro ante la previsible presentación de dos listas. Los críticos presumen especialmente de victoria en Gines y de tener de su lado a un ramillete de alcaldes entre los que figura el de Carmona. La provincia no ha sido nunca el fuerte del aparato capitalino del PP, una circunstancia que los críticos quieren seguir explotando de cara al congreso provincial.
En los días previos a la elección de compromisarios regionales se han vivido todo tipo de conflictos, desde conversaciones telefónicas grabadas donde se pone a caldo a dos destacados críticos, a los habituales retrasos en la entrega de los listados para dificultar la captación de los votantes, pasando por las denuncias sobre la ausencia de cabinas que garantizaran el derecho al voto.

El actual presidente provincial, Juan Bueno, se está tragando con una meritoria buena cara todos los conflictos que lastran el partido desde hace casi un año. El desgaste para su figura es innegable, pues no se recuerda un enconamiento igual y tan prolongado en el tiempo en la historia del partido en Sevilla. Bueno ya se desgastó en las maniobras de verano para prescindir de Virginia Pérez como secretaria general, unas operaciones que dejaron al partido al borde de la gestora. Pocos son los que confían en que Bueno siga como presidente a partir del próximo congreso provincial, salvo que una improbable coincidencia de circunstancias así lo aconsejaran. Es diputado autonómico y hombre que guarda la disciplina debida hacia los aparatos. Sabe sufrir, como ha demostrado en distintas etapas y tal como le ha reconocido Arenas en alguna ocasión. Su futuro en el partido no se discute. Su papel como presidente provincial parece ya caducado.

¿Quién será el próximo presidente del PP sevillano? ¿Existen opciones de fusionar ambas corrientes en una sola lista para evitar una explosión que dejaría un buen número de heridos?

Los críticos mantienen que su candidata a la presidencia provincial es Virginia Pérez, la correosa portavoz del PP en la Diputación Provincial, cuyo estilo especialmente directo pone de los nervios al oficialismo del partido. Si gana la opción crítica, la referencia municipal será Beltrán Pérez, que lleva catorce años como concejal y vivió su mejor momento en el acoso y derribo del gobierno de Monteseirín, una habilidad que necesitará en breve el PP si quiere recuperar la Alcaldía. Arenas, que nunca se olvide auspicia la lista crítica, querrá colocar en buen sitio de la ejecutiva a una de sus grandes protegidas: Patricia del Pozo. La otra es Macarena O’Neill.

Los oficialistas tienen a José Luis Sanz como su principal referencia para la presidencia. El alcalde y senador de Tomares ya fue presidente en la etapa de mayor éxito electoral para el PP en la provincia. Tomares es una plaza consolidada electoralmente para el centro-derecha. Sanz podría intentar ser candidato a la Alcaldía de Sevilla, para lo que necesita tres requisitos: lograr el poder orgánico en el partido, quedar absolutamente limpio de posibles nuevos frentes judiciales, y convencer al electorado de que se puede pasar de alcalde de un municipio del Aljarafe a serlo de la capital. Monteseirín ya pasó de concejal de pueblo y presidente de la Diputación a alcalde de la capital durante doce años. Los requisitos que tendría que cubrir Sanz no son difíciles de superar, pero tampoco hay que descartar el posible regreso de Zoido a Sevilla en caso de que la legislatura sea corta, se produzca una eventual victoria de Pedro Sánchez en el congreso del PSOE y el hoy ministro del Interior quiera retornar como la marca más sólida del centro-derecha hispalense.

Si Sanz gana, su referencia inmediata en la Plaza Nueva será Alberto Díaz –hoy portavoz– aún con más fuerza. La probabilidad de entendimiento entre José Luis Sanz y Virginia Pérez es nula. Entre Sanz y Beltrán Pérez pudiera existir algún tímido brote verde. Muy tímido. Los días que pasen entre la elección de compromisarios para el congreso provincial y la celebración del mismo congreso serán decisivos para conocer la probabilidad de formación de una lista de consenso en función del número de compromisarios que cada bando crea tener asegurado. Si no hay entendimiento, habrá que ir a votaciones precedidas de discursos cargados de emotividad para captar los votos de última hora. Habrá una lista ganadora, otra perdedora y un cartel que seguirá reclamando la presencia de aguja, dedal y muchas horas de paciencia. La unidad de todo partido no pasa por el discurso o los ideales, sino por asegurar la supervivencia de los actores de la gran obra de teatro que es la política. Nunca se olvide que Pepe Caballos, otrora factótum del PSOE andaluz, expulsó en 2004 a una tal Susana Díaz del Ayuntamiento para orillarla en el Congreso de los Diputados. Se la quitó de Andalucía asegurándole esa supervivencia. Y en esa etapa de exilio nació la estrella de la política andaluza que hoy prepara el asalto a la calle Ferraz. Hay patadas para arriba que son el preludio del nacimiento de una gran figura. Hay convulsiones, períodos de costura, de las que puede surgir la candidatura más inesperada.

Amalia irrumpe en la crisis del PP de Sevilla

Carlos Navarro Antolín | 13 de enero de 2017 a las 5:00

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LA tarde del miércoles será difícil de olvidar por la militancia del PP de Sevilla. La formación de la gaviota es una olla exprés a toda potencia donde todos temen el último chuchú, la explosición que provoque los nuevos efectos del enfrentamiento sordo entre Javier Arenas y Juan Ignacio Zoido, que es lo mismo que decir entre los críticos y los oficialistas. La actualidad del partido se concentró la otra tarde en tres frentes. En primer lugar, en la sala de juntas del Grupo Popular del Ayuntamiento, donde los representantes de una y otra facción discutieron sobre los criterios para cubrir una plaza vacante de asesor a 49.000 euros anuales. Unos y otros quieren colocar a un allegado. La sesión vivió momentos de verdadera tensión por el desagradable rifirrafe entre dos concejales. A media tarde, ya en la sede regional, se celebró la reunión de los compromisarios que representarán a Sevilla en el próximo congreso nacional, previsto para febrero en Madrid. Los críticos, encabezados en esa sesión por Virginia Pérez, portavoz del PP en la Diputación Provincial, intentaron difundir un manifiesto sobre las reformas que el sector exige para que haya mayor democracia interna en el partido. Destacados miembros oficialistas recriminaron a la mesa que se estuviera debatiendo sobre un manifiesto entregado por militantes particulares y no sobre los asuntos de debate del congreso nacional. La sorpresa previa para los oficialistas es que el mismísimo Javier Arenas, consagrado a la lucha por el control del partido en Sevilla, se había presentado en la sede regional para presidir esa reunión como vicesecretario general del PP nacional. Y fue el propio Arenas quien zanjó el tema, dejando claro que mientras él ostentara la presidencia, todos los militantes presentes podrían hablar con libertad de cualquier asunto. Arenas, de facto, estaba corrigiendo a sus propios cachorros, algunos de los cuales no soportan ni un minuto más las tutelas del lince de Olvera.

Por la noche, la atención del partido se centró en el homenaje organizado por los críticos a la ex subdelegada del Gobierno, Felisa Panadero, secretaria judicial de profesión, defenestrada del cargo el pasado diciembre por haber tomado partido en la fractura interna del partido, un cese en el que tuvo un peso determinante el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido.

El homenaje se celebró bajo la carpa de un bar-quiosco de Nervión. Aseguran que acudieron 112 militantes, lo que generó bromas al coincidir la cifra con la del número de Emergencias. La sorpresa no sólo fue que acudió el propio Arenas, que por fin se retrata con el sector de los críticos nueve meses después de que éstos hayan comenzado sus andanzas, sino que asistió Amalia Gómez, todo un icono del PP andaluz, ex secretaria de Estado de Asuntos Sociales, ex presidenta del PP de Sevilla y actual presidenta de la Cruz Roja sevillana. Se trataba de exhibir músculo frente al aparato oficialista que lidera Zoido con el aval de María Dolores de Cospedal.

Arenas, que acudió junto a su esposa, Macarena Olivencia, no habló en el homenaje a Panadero, pero sí lo hicieron Amalia Gómez, la propia homenajeada y Virginia Pérez. Gómez fue rotunda e hizo continuos guiños a Arenas sin olvidar algún aguijón por la destitución de Panadero: “Estoy aquí porque quiero a Felisa y quiero a Javier, donde esté Javier estaré yo. Felisa ha hecho una labor magnífica y no es justo”. Virginia Pérez fue directa: “Has sido una subdelegada ejemplar con la que se ha cometido una tremenda injusticia”. Ensalzó la presencia de Amalia Gómez en el acto. “La injusticia de Felisa ha hecho que se unan el presente y el futuro del PP de Sevilla. Y que contemos también con los cimientos del partido”.

El alcalde de Carmona, Juan Ávila, elogió a la ex subdelegada del Gobierno en Sevilla en una reunión marcada por un clima almibarado:“Siempre me ha atendido, siempre ha ayudado a todos los pueblos. Me siento orgulloso de ti”. Y habló, cómo no, la propia homenajeada: “Llevo décadas afiliada al Partido Popular. Soy secretaria judicial. Vuelvo a mi puesto. En mi responsabilidad de gestión he tenido que trabajar con Administraciones de todos los Partidos. A todos he intentado servir y ayudar. A eso me enseñó el Partido Popular en el que creo. Son normales los relevos en las Administraciones, pero no son normales otras cosas. Por vosotros ha merecido la pena. Vuelvo a mi puesto de trabajo, pero voy seguir comprometida con un partido en Sevilla que no sea de cuatro personas, sino de los militantes y en donde la gente no tenga miedo”.

Cada uno de los asistentes abonó diez euros para participar en una muestra más de fuerza de los arenistas. Croquetas, calamaritos y cazuelitas de arroz regados con botellines de cerveza o copas de tinto. No hubo melva, símbolo del gobierno de los 20 concejales de Zoido. Felisa sonrió al recibir un regalo de recuerdo: un reloj. Entre los asistentes, además de los ya citados, acudieron el alcalde de Lora, la alcaldesa de Palomares, cinco diputados provinciales, dos diputados autonómicos (Jaime Raynaud y Patricia del Pozo), cinco concejales de la capital, militantes de diversos distritos de la ciudad y de localidades como Gelves y Morón, ex cargos del Ayuntamiento de Sevilla como Francisco Ibáñez, que fue director general de Medio Ambiente, o Pedro Molina de los Santos, que fue director del Distrito Norte.

El calor añadido lo pusieron las estufas de media altura. Los fumadores se tuvieron que salir del salón. Entre caladas a la intemperie hubo comentarios sobre la tensión de la sesión previa de los compromisarios. Algunos abstemios destacaban que los diez euros no incluían el agua con gas. Acudió también la arquitecta Sol Cruz. Arenas no se fue sin saludar uno a uno a los presentes, escoltado por Macarena O´Neill. Arenas en estado puro. Arenas en versión Javié. Alguien dice por teléfono: “Todo esto se arreglaría con una charla de no más de quince minutos entre Javié y Juan Ignacio, pero…”.
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Las doce uvas de Espadas

Carlos Navarro Antolín | 31 de diciembre de 2016 a las 5:00

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Primera uva. Año y medio en el cargo y ni una palabra más alta que otra, ni una cinta cortada, ni tampoco ningún gran escándalo. Juan Espadas es un político plano. Pasa desapercibido hasta en sus muchos paseos por la calle. Su fuerte no es la notoriedad. Tampoco es su objetivo. Es un alcalde de ruan, pasajero del vagón en silencio del tren de la política, sin concesiones en sus discursos, sin excesos ni brillos. Se siente cómodo en las zonas templadas. Un alcalde sin alharaca, exento de frivolidades. Un carácter que se refleja en su gestión: sin grandes logros materiales por el momento, con algún proyecto sonado a medio plazo (caso de la ampliación del tranvía) de los que está por ver su resultado, y con la certeza quizás de que las grandes soluciones, si existen, nunca deben provocar ruido. Basten dos ejemplos: el nombramiento de un jefe de la Policía Local en una toma de posesión a puerta cerrada, cosa inaudita, y la apuesta por la supresión de chabolas del Vacie, sin cámaras de televisión ni fotógrafos de por medio, con la tesis de que en el asentamiento se debe trabajar con la mayor discreción.

Segunda uva. Espadas es absolutamente dócil ante Susana Díaz. Como cualquier dirigente socialista andaluz, el alcalde de Sevilla está eclipsado por la larga sombra de la presidenta andaluza, consagrada ahora más que nunca a la carrera por la secretaría general del PSOE. En cierta forma, Espadas tiene que moverse entre el hiperliderazgo de Susana Díaz y la omnipresencia costumbrista de Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior y ex alcalde de la ciudad. Dos potentes sombras que no deben ser nada cómodas para un alcalde que hace virtud de su escaso índice de popularidad. Si Susana Díaz abandonase algún día San Telmo, tal vez Espadas tendría la oportunidad de hacer carrera propia. En política nada es gratuito. Quizás por eso ha dedicado muchos esfuerzos durante 2016 a trabajar las líneas de entendimiento y colaboración con Granada, Málaga y Córdoba. En ocasiones lo ha hecho con peticiones tan llamativas como un tren que conecte el aeropuerto de Málaga con la estación ferroviaria de la capital costasoleña, cuando Sevilla carece clamorosamente de esta infraestructura. Espadas es hoy un ejemplo de político muy moderado dentro del PSOE. No controla un partido constituido por agrupaciones de muy diverso peso. Jamás se olvide que ha conseguido la Alcaldía con los peores resultados obtenidos por el PSOE en una capital que en los tiempos de pana y previos al 92 era un fortín para los socialistas.

Tercera uva. Un alcalde plano preside un gobierno plano. Y la gestión, como ya se ha apuntado, es consecuentemente plana. Hay leves excepciones. Como alcalde es una continuación de su estilo al frente de la oposición. Ni frío de enero ni calor de julio Hay que admitir que la falta de chispa de la que adoleció en la oposición es quizás una cualidad que puede ser rentable cuando se está en el gobierno. El equipo de Zoido, por ejemplo, no supo cambiar de registro cuando alcanzó el gobierno. No supo entender que la guerra había terminado. La única concejal del gobierno que le ha puesto en un aprieto ha sido Carmen Castreño, reprobada por el Pleno tras la sentencia del TSJA que dictó que como presidenta del Pleno había contravenido nada menos que la Constitución Española al impedir el debate de las propuestas de la oposición sobre los presupuestos de la ciudad. Espadas se tragó el sapo. Quien por el momento no le ha generado problemas es la delegada de Participación Ciudadana, Adela Castaño, que guarda un perfil discreto tras algunas polémicas sonadas en los años de oposición.

Cuarta uva. A Espadas se le perdonan algunos gestos, llamémoslos así, por los que a su antecesor le hubieran arreciado las críticas. No son muchos, pero sí reveladores. Romper una guitarra en la inauguración de un restaurante americano en la calle San Fernando, subirse en el coche insignia de la vuelta ciclista a España a su paso por Sevilla, convocar una consulta ciudadana sobre la fecha de comienzo de la Feria, o sencillamente aceptar encarnar al rey Baltasar en la cabalgata del Ateneo, cosa que Zoido rechazó dos veces por el tradicional complejo de la derecha. Espadas juega a dos bandas: contenta a la Sevilla tradicional portando crucificados en los vía crucis, y a los socios de investidura de la izquierda radical colocando una iluminación navideña exenta de simbología religiosa.

Quinta uva. El de 2017 será un año donde necesariamente se habrá de ver algún fruto de logro mandato que consumirá su primera mitad. El gobierno amigo de la Junta no se nota por el momento. La inversión en infraestructura se la ha llevado el tranvía de Alcalá de Guadaíra. Tanto la Junta como el Estado siguen relegando a Sevilla en los presupuestos públicos. Tiene razón el PP cuando señala que la gran inversión que necesita Sevilla es el Metro, que no veremos crecer en los próximos cuatro años. Todo indica que Espadas tratará de contentar a la ciudad con la ampliación del Metrocentro de Monteseirín, un costoso y complejo placebo para hacer olvidar el verdadero objetivo de una gran ciudad: las líneas 2, 3 y 4 del suburbano. De este alcalde jamás cabrá esperar una postura firme y exigente ante la Junta para demandar la infraestructura más necesaria en una urbe de cerca de 700.000 habitantes y con una alta densidad de población en la corona metropolitana. En la Junta nadie da la cara por Sevilla por miedo al discurso de los agravios entre provincias hermanas. Las alusiones a la capitalidad de Sevilla son políticamente incorrectas (Espadas) o tachadas de populismo de bajo coste (Zoido). Al final, la gran perjudicada es la ciudad.

Sexta uva. Con Espadas se talan árboles igual que con Zoido. Unos 600 han caído este año, algunos en lugares tan señalados como la acera del Palacio de San Telmo. Este alcalde, al menos, se ha propuesto luchar contra dos lacras de la ciudad: las plazas duras heredadas de finales de los 80 y principios de los 90, y el tormento de Sísifo de los veladores, un tsunami de mesas y sillas que invade las principales calles del centro y muchas de los barrios. La Plaza de Armas ha estrenado un diseño más amable gracias a Adif y Mercadona. La Plaza de Juan Antonio Cavestany, muy cerca de Santa Justa, será reurbanizada con una configuración más apropiada para una ciudad con seis meses de calor que para el clima moscovita que presenta ahora. El concejal Antonio Muñoz, que dirige la cursimente denominada Delegación de Hábitat Urbano, ha sacado las brigadas anti-veladores a las calles con la intención de difundir que el aparato coercitivo del Ayuntamiento existe, que las mesas y sillas ilegales se requisan y que las sanciones se imponen. Las batidas han sido habituales. El primero de enero se debe notar la nueva normativa, muy restrictitiva, impuesta en la Campana, la Avenida y San Fernando.
Zoido y Alberto Díaz

Séptima uva. Espadas sabe como nadie cuánto cuesta movilizar la burocracia de una estructura mastodóntica como el Ayuntamiento, donde el miedo a las imputaciones de los funcionarios y el férreo control de la Intervención municipal, lastran los anhelos de velocidad de cualquier político por lograr con urgencia un proyecto que sea el símbolo de su mandato. Este alcalde no cortará la cinta de la segunda gran tienda de Ikea, para la que la Junta no ha dado facilidades y el Estado, al menos, ha vendido que ha hecho los deberes que le correspondían. El centro de recepción de visitantes –la horripilante obra a la vera del río en Marqués de Contadero– se eterniza y se encarece porque fue adjudicada con una baja temeraria. Altadis es un proyecto varado, un cementerio fabril en pleno casco urbano. Al final, todo lo bueno y lo malo que ocurre en la ciudad se identifica con la figura de su alcalde. El alcalde es el pararrayos donde impactan las quejas que a veces corresponden a las administraciones autonómica y estatal.

Octava uva. A Espadas le encanta hablar de la reformas estructurales en el Ayuntamiento. Ha depositado en funcionarios municipales de corte progresista su apuesta por la gestión cotidiana. Es cierto que se trata de una fórmula clave para el éxito que le ha proporcionado paz interna. Aún así, no tiene fuerza para luchar contra algunos de los frenos de la ciudad: las inercias de una Gerencia de Urbanismo con más jefaturas que indios, sin inspectores por las tardes ni los fines de semana y con un alto coste salarial, las excesivas trabas que en no pocas ocasiones pone el viceinterventor que sacaba de quicio al PP y ahora al PSOE, los cambios disparatados de criterio de las Comisiones de Patrimonio, etcétera. Aquí es donde muchas veces se encuentran las claves del verdadero bloqueo de la ciudad.

Novena uva. El alcalde no puede quejarse de sufrir una oposición implacable. El Pleno le tumbó la operación de compra parcial de la sede de la Junta en la Plaza Nueva, lo que reveló un fallo de negociación previa de los apoyos en la junta de portavoces. Un error impropio del perfil de gestor de que hace gala Espadas. Pero en ningún momento está sufriendo una fiscalización dura de la gestión. Con Ciudadanos mantiene una relación de absoluta armonía, perfecta traducción local del acuerdo autonómico que sostiene al ejecutivo de Susana Díaz. A Espadas le encantaría que Ciudadanos entrara en el gobierno local. El grupo más poblado de la oposición, el PP, se ha pasado año y medio penando la resaca de la pérdida de la Alcaldía de los 20 concejales y preparando el relevo de Zoido, todo lo cual aderezado con un enfrentamiento interno que mantiene en vilo al PP hispalense. Cuanto más tarde el PP en rearmarse, mejor para este alcalde laborioso y con dedicación, pero sin brillo ni grandes resultados palmarios. Participa Sevilla e Izquierda Unida dan pocos dolores de cabeza al alcalde. Los chicos de Participa siguen sin ser reconocidos como hijos legítimos de Pablo Iglesias. Y los ediles de IU, pese a tener un portavoz con momentos de brillantez en los plenos, tienen bastante con buscar un palo al que agarrarse en el hundimiento de la coalición en toda España. Nunca un gobierno en minoría gozó de tanta tranquilidad. Que le pregunten a Manuel del Valle sobre sus cuatro años sin mayoría absoluta, o que se lo digan a Soledad Becerril en sus cuatro años de alcaldesa apoyada (es un decir) por los andalucistas de Rojas-Marcos.

Décima uva. El gran éxito hasta ahora ha sido la gestión de la Semana Santa, en colaboración con la Delegación del Gobierno en Andalucía. Las vallas, los refuerzos policiales y una buena coordinación fueron determinantes para recuperar la sensación de seguridad en una fiesta herida. Un éxito que continuó en la salida extraordinaria del Gran Poder. La Feria, sin problemas de seguridad y con la caseta municipal reabierta. Tan sólo hubo un patinazo en la concesión del diseño de la portada a un militante socialista de Bellavista. Pero el balance de una gestión no se puede ni se debe basar en las fiestas mayores, lo que precisamente se le achacaba a Zoido desde las filas socialistas en el anterior mandato. Al menos Espadas ha estado hábil para bloquear la construcción de una gran mezquita en Sevilla Este mediante argucias administrativas absolutamente legítimas.

Undécima uva. El taxi vuelve a ser un gremio conflictivo cuyos problemas erosionan la imagen de la ciudad. El gobierno no quiere aplicar la sentencia del TSJA de 2001 que impone el turno rotatorio en la polémica parada del aeropuerto, donde los abusos y las irregularidades –sobre todo con pasajeros extranjeros– son una constante. El principal problema de esta parada no es el intrusismo, como se nos quiere hacer ver, sino el mal trato que se ofrece a muchos viajeros a los que se intenta cobrar de más cuando existe un cuadro de tarifas fijas. El reto del taxi en 2017 es el del esmero, como fórmula para competir con las nuevas modalidades de transporte que se ofrecen con éxito por aplicaciones digitales sin riesgos de sobrecostes. La Policía Local perderá 200 agentes en cuatro años si no se aplican soluciones. Sevilla sufre un déficit de policías nacionales y está a punto de sufrirlo también en el cuerpo de seguridad local. La apuesta por un guardia civil al frente de la Policía Local revela el deseo del alcalde de introducir un mando único y una mayor disciplina en un colectivo que ha dado quebraderos de cabeza a todos los alcaldes por la vía del polémico sindicato mayoritario. La Policía Local sigue sin reglamento interno y sin una Relación de Puestos de Trabajo (RPT). En cualquier caso, la paz social se consigue aumentando las partidas presupuestarias para productividades. Ningún alcalde se atreve ni con la Policía Local, ni con los taxistas del aeropuerto. Ni siquiera el que gozó de 20 concejales. Malos tiempos para el ejercicio de la autoridad.

Duodécima uva. A Espadas se le satura el centro de franquicias. Sevilla se despersonaliza en sus principales calles, se iguala a cualquier urbe de corta historia, se muestra impotente para mantener un comercio propio, con sello particular, que la haga diferente y única, que son los valores que, junto a las conexiones del transporte, los monumentos y el sector terciario, convierten a una ciudad en un potente destino turístico. El mismo delegado de Turismo ha mostrado su preocupación por los atentados estéticos en la Avenida y por la caída paulatina de negocios antiguos y únicos. La Campana ha sido tomada por las multinacionales de la hamburguesa y las franquicias del donut. El aeropuerto de San Pablo se obrará en 2017 para ponerlo al día tras 25 años en los que se ha quedado pequeño. Sevilla aspira a captar visitantes de la Costa del Sol tanto como del mercado chino. Y, por supuesto, el objetivo es que Fibes acoja más congresos de entre dos mil y cinco mil visitantes. Todos esos objetivos deben ser combinados con el impulso y cuidado del negocio tradicional, que hacen distinta a una ciudad de otra. Los turistas no vienen a Sevilla a comer hamburguesas ni donuts tuneados. Y el propio PSOE, estando en la oposición, reconoció el problema.

Los pájaros de Cospedal

Carlos Navarro Antolín | 4 de diciembre de 2016 a las 5:00

cospedal pizjuán
A Cospedal empieza a gustarle Sevilla tanto como Arenas se pirraba por Almería en sus buenos tiempos. La ministra de Defensa se hizo su primera foto como tal a bordo de la fragata Navarra, fondeada en aguas del Mediterráneo, y se volvió a España, concretamente a Sevilla, donde estaba interesadísima en asistir al partido de fútbol del Sevilla contra el Valencia, sentada en primera fila de palco, junto a su protegido Zoido, el ministro del Interior que todavía no se ha hecho la foto de ministro pese a que lleva casi un mes en el cargo. Con lo que le gusta a Zoido una foto, aún no hemos visto su bautizo gráfico como ministro. ¿Ustedes han visto a Zoido pasando revista a un destacamento de la Guardia Civil en Alsasua, por poner un ejemplo? ¿Acaso de visita en alguna casa cuartel de las que tienen desconchones? ¿Tal vez en la Academia de la Policía Nacional de Ávila? ¿Quizás lo han avistado por esas carreteras de Dios junto a Gregorio Serrano, quien anda estos días enclaustrado en su despacho de la Dirección General de Tráfico, que es donde tiene que estar cualquiera que se toma en serio una nueva responsabilidad?.

No, a Zoido no lo hemos visto vistiendo el cargo todavía. Sí ha estado en la misa del Gran Poder en la Catedral, en la basílica de la Macarena, en una cena en el Consulado de Portugal de Sevilla, en la entrega de un premio a una empresa en Utrera, en el referido palco de Nervión, en la escuela de otoño del partido celebrada en Carmona, en un almuerzo en Utrera, en la inauguración de una campaña turística en fomento del eje San Sebastián-Madrid, en un comité ejecutivo del PP provincial donde se debatían los criterios de designación de los compromisarios del próximo congreso nacional, lo que para un ministro del Interior es un foro de una importancia capital, que diría Rajoy, por las que hilan… Zoido es ministro del interior con minúscula. Pero muy de interior, por lo que estamos viendo.

Está empeñado en que el palco de las influencias sea el del Sánchez Pizjuán. Ya está bien del centralismo del Bernabéu. Donde se pongan Pepe Castro y el cátering de Robles, que aún no ha puesto veladores con estufas en el antepalco, que se quiten Florentino y las cenas posteriores en El Paraguas. Cospedal al Pizjuán, claro que sí, muy cerca de Manuel Marchena, el hombre fuerte de los doce años de Monteseirín como alcalde, el que dicen que más poder ha ejercido en Sevilla desde los tiempos de Queipo de Llano. Marchena es el último virrey de Sevilla, al que muchos empresarios siguen llamando para agilizar sus licencias. Ni Zoido con sus 20 concejales mandó tanto en la ciudad. Y eso que pudo, pero no supo. O no quiso. Allí estaban los dos en el palco, Cospedal y Zoido, a ver si se les pegaba algo de Marchena. Tanto ha mandado Marchena en Sevilla que en las localidades de Preferente se destiló cierta guasa: “De invitados ilustres están hoy Marchena y dos más”.

Al día siguiente del partido de fútbol, doña Cospedal se fue a Carmona, a darle la plática a la militancia soñolienta del PP. Los muchachos habían pasado la noche de parranda en el hotel cual estudiantes díscolos en viaje de fin de curso a Praga, por eso había sillas vacías cuando la secretaria general comenzó a parlar. Cospedal, para sorpresa de los presentes, se puso el traje de Tippi Hedren, en versión color y de Albacete, acosada por la rebelión silenciosa de los pájaros. Cospedal reveló el gran secreto. Ella ve pájaros en el PP de Sevilla, pájaros de todo tipo, pájaros de diverso pelaje, pero, sobre todo, otea unos pájaros muy concretos cuando suena el tam-tam de la renovación de los cargos orgánicos: “Somos la organización política y la organización civil más importante de España. Tenemos mucho que hacer y trabajar por nuestro país. Esto es algo que compartimos todos los que estamos aquí. Luego, en un partido tan grande, como decía aquél, hay distintas sensibilidades: los conservadores, los liberales… Algunos hablan de palomas, otros de halcones… Y es evidente que cuando llegan los congresos todavía aparecen más pájaros…”. Hubo risas y aplausos. Pío, pío. Cospedal mentó a los pájaros ante un auditorio dividido entre críticos, que venían de exhibir músculo en un almuerzo sabatino, y oficialistas. Es lo mismo que decir que mentó la soga en casa del ahorcado, pues el PP se divide entre los partidarios de Cospedal y Zoido, y los leales a Arenas, Virginia Pérez y una ristra de alcaldes y cargos.

Cospedal habló de pájaros en la ciudad de las aves. En Sevilla, en general, hay muchos pájaros, muchísimos. Hay tantos pájaros (y pájaras, seamos políticamente correctos) como tiburones, que aquí nunca nos hizo falta el acuario para ver escualos de cerca. Aquí los pájaros se sirven fritos como los cerdos se paseaban ya cocidos en la Roma antigua. Cospedal le tiene tomado el pulso a Sevilla, no sólo al PP de la provincia. Tanto viene los Jueves Santos a colocarse la peina y la mantilla para que Zoido la pasee por los palcos, tanto viene a las bodas de Pineda y tanto al palco de Nervión, que ha acabado por captar las claves de la ciudad. De la fragata Navarra en las aguas de Sicilia al palco del Sevilla junto a Marchena. Zoido apuesta por la descentralización, no exportamos ministro del Interior, importamos ministra de Defensa. ¿No hace Carlos Herrera su programa para toda España desde Sevilla? ¿Por qué Zoido no va a ser el ministro del Interior desde el palco del Pizjuán? Al fin y al cabo aquí, siempre, están todos los pájaros. Y si nos falta alguno, los traemos en el AVE. ¿Auriculares, señor?