El valor del barrio en el fútbol

Fonsi Loaiza | 9 de mayo de 2017 a las 16:14

Paradójico tiempo vive el deporte-negocio. Mientras los equipos de fútbol se han convertido en franquicias globales claves para el blanqueo de capitales , los futbolistas de élite reclaman sus orígenes barriales en público. “Parece que todos nos hemos criado en Beverly Hills y aquí hay gente de barrio”, reclamó el capitán Sergio Ramos, dolido porque a las órdenes del Cholo Simeone el Atlético de Madrid se ha apropiado la identificación como “equipo del pueblo”.

No le falta razón a Sergio Ramos sobre su origen obrero. En Informe Robinson el central andaluz explicaba el sentido de pertenencia a su barriada en Camas: “Aquí me conocen como el hijo de la Paqui. En los partidos yo era pequeñito pero cuando había rifirrafe siempre iba al frente. Uno valora mucho más las cosas cuando se cría en estos barrios”. En la actualidad Ramos dispone de todo tipo de lujos con un sueldo diario de 28.000 euros y es como el resto de jugadores de élite un futbolista-empresa con todo tipo de intereses financieros. Posiblemente el siguiente paso en la mercantilización del deporte será que el rendimiento de los jugadores cotice en la bolsa.

En el libro ‘También nos roban el fútbol’, María y Ángel Cappa abundan sobre las consecuencias de estos chicos como multimillonarios prematuros: “Introducen al futbolista en una burbuja que lo aleja de la realidad. Generalmente de origen humilde, de pronto se ve disponiendo recursos económicos que le dan una ficticia sensación de poder que lo hace sentir el amo del mundo. Cuando eso ocurre, el círculo de la trampa se cierra: logran desprenderse de sus raíces y lo desclasan”. También en ‘Chavs, la demonización de la clase obrera’ Owen Jones analiza cómo los futbolistas están desligados a su clase y en consecuencia la clase obrera ha perdido el fútbol. Sin embargo por mucho que triunfen y salgan de su barrio afirman Arantxa Tirado y el Nega en ‘La clase obrera no va al paraíso’ que “cuando se ha nacido en la clase obrera, se pertenece a ella, desde un punto de vista identitario, para siempre. Siempre aflora esa memoria colectiva y ese instinto y poso primario que se transmite de padres a hijos”.

Por mucho que profesionales como Ramos presuman con fotos de estar hospedados en Beverly Hills con su club, siguen reclamando la conciencia del barrio. Si la reclaman es porque saben que el fútbol no existiría sin los campos que han sido levantados en el extrarradio y suburbios. Una demostración de que el fútbol funcionaría sin los de los palcos y sin los lujos de Beverly Hills, pero no existiría sin estos futbolistas criados en barrios de clase trabajadora.


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