El País: el intelectual colectivo de la Transición ya no funciona

Fonsi Loaiza | 22 de mayo de 2017 a las 15:02

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“La Cultura de la Transición es el paradigma cultural hegemónico que ha prevalecido en España en las últimas tres décadas. Una cosmovisión que no considera cultura lo problemático, no hay posibilidad de criticar esta manera de ver el mundo aparentemente neutral que no se mete en temas políticos. El castigo para los que se salen de esta cultura es la marginalidad. Se trata de una cultura muy vertical cuya razón de ser es establecer cohesión y propaganda en el Estado”, analiza Guillem Martínez. Quien no sea como todo el mundo, piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado, explicó Ortega y Gasset en La rebelión de las masas.

El diario El País es el dispositivo de comunicación y el poder simbólico que ha ejercido la hegemonía discursiva e ideológica desde la Transición. Ha sido el gran representante del orden en España y ha tenido una influencia determinante para crear opinión pública. Tal y como argumenta Wilhemi: “En la Transición continuaron los mismos jueces, los mismos policías generales y políticos provenientes de la dictadura. Los sectores empresariales de la burguesía reclamaron un cambio político como única forma de lograr un pacto social que les permitiera recuperar la hegemonía y la mayoría de dirigentes franquistas también entendieron que su supervivencia política dependía de la capacidad de reforma de la dictadura. Se impuso la política del consenso, no hubo depuración del aparato del Estado ni juicio a los responsables de las violaciones de derechos humanos y fue la movilización social el factor que impidió la continuidad del régimen una vez muerto Franco. La Transición mediante la reforma se produjo en medio de una gran violencia política estatal entre 1975 y 1982 con grupos fascistas como Colectivo Almendros o Fuerza Nueva con muertos y miles de heridos en un proceso condicionado por los bastiones hereditarios del franquismo como Ejército, judicatura y cuerpos represivos”

Según Emmanuel Rodríguez, la Transición finalmente “condujo a un sistema de democracia liberal y representativa homologable a las del resto de Europa con la diferencia de que en los otros países venían de una victoria del antifascismo y España salía de una dictadura de orígenes fascistas. En esta época hubo un florecimiento de nuevas clases medias. En 1956 el ministro de Vivienda franquista Arrese expresó que querían un país de propietarios y no de proletarios y promocionaron la vivienda en propiedad con función moralizante. A pesar de la autopercepción de pertenecer a la clase media, existía una gran brecha de condiciones materiales e ingresos reales y en 1974 el 10% más rico acumulaba casi el 40% de la renta total y el 50% más pobre no alcanzaba a sumar el 20% habiéndose impuesto el capitalismo familiar español en un franquismo que fue privilegio y oportunidad para la oligarquía”.

“El gran éxito de la Transición consistió en la exitosa operación de convertir en tabúes las vergüenzas políticas a partir del consenso, la herramienta que impuso el silencio en el debate nacional”, argumenta Gregorio Morán. Los medios de comunicación jugaron un papel muy importante en el imaginario simbólico, según explica Gregorio Morán: “Fueron cómplices y beneficiarios de la democracia, el envoltorio de mentiras cubrió el sistema, hubo un encubrimiento del pasado donde decir la verdad era desestabilizar la democracia y se acabó dando por bueno el engaño y conservando la hegemonía de quienes habían vencido”. Auspiciado por mandarines culturales de la monarquía este órgano hegemónico y poder fáctico operó de manera fascinante y se entró en la historia de España en la medida que se apareciese o no en las páginas de El País, que le ganó la partida a Diario 16 al moverse mejor en el anterior régimen y conseguir antes la autorización para publicarse. Manuel Fraga, ministro de Gobernación en el gobierno continuista de Arias Navarro y en el accionariado de PRISA autorizó la salida del primer ejemplar el 25 septiembre de 1975. Sale a la calle el 4 de mayo de 1976.

El Diario Independiente de la Mañana, El País, se convirtió en el paradigma de la Transición española a la democracia. Morán en El Cura y los mandarines lo considera “el proyecto de creación de una opinión pública y el intelectual colectivo potencial más exitoso e influyente de España posiblemente en toda su historia”. En El País analiza Morán que “no hay nuevas luces, no descubre lo nuevo sino que es la segunda fila de lo viejo, que no había podido expandirse, la que triunfa y ocupa el espacio de la hegemonía encabezando las aspiraciones de la mayoría de esa masa crítica que surge tras padecer los años del cólera y necesita cierta benevolencia hacia sí misma”.

Los cinco fundadores de El País fueron: José Ortega Spottorno, presidente. Carlos Mendo, consejero, Darío Valcácer y como abogados José Juan de Carlos y Jordán de Urríes. En la ampliación del Consejo de Administración participan Ramón Tamames, Antonio de Senillosa, Julián Marías y Jesús Polanco. Además, Juan de Borbón, conde de Barcelona, apoyó el proyecto e incluso intervino para que le concedieran créditos, analiza Rubén Juste que era la concepción del proyecto de un diario moderno de una derecha que preparaba la transición del franquismo a la monarquía y que tuvo la negativa del novelista Miguel Delibes para ser director. Razona Juste que Fraga era el partidario de un periódico para las nuevas clases medias. En 1972 se crea PRISA, la promotora del diario El País, cuya idea inicial era una reedición del periódico fundado por Ortega padre, El Sol, bajo la batuta del hijo. Finamente fue promocionado Carlos Mendo Baos, consejero delegado de PRISA y con el 17% de acciones se impuso. Más tarde se marchó con Fraga como director de comunicación y Juan Luis Cebrián aceptó la designación. En 1968 Cebrián le había profesado veneración a Fraga escribiendo en agradecimiento a la Ley de Prensa, que permitía que saliera el rotativo Informaciones, del cual era subdirector Cebrián: “El Movimiento no es solo Falange, lo somos todos”.

A finales de 1975 Cebrián se consolida como director de El País y Jesús Polanco como consejero delegado de Prisa formando un tándem producto periodístico – empresa. Jesús Polanco fundó la Editorial Santillana en 1958 en pleno franquismo por sus buenas relaciones con los altos cargos del régimen. Cebrián era hijo de Vicente Cebrián, alto cargo de la prensa del régimen franquista como director de medios de comunicación del Movimiento Nacional. En 1974 Cebrián era el responsable de Informativos de TVE con el ministro Pío Cabanillas. Fraga explica en sus memorias que Cebrián se embarca en El País “conmigo y por mí”. En 1976 la policía del ministro Martín Villa detenía a jóvenes solo por llevar en lugar visible El País y registraba la casa del director Cebrían, 30 años más tarde, el exmnistro Martín Villa, vinculado a la matanza policial de Vitoria en 1976, y el exdirector Cebrían serán Presidente y Director General de la misma sociedad que dirige El País, explica Morán. A Jesús Polanco, Gregorio Morán lo define como “un empresario que sabía utilizar al Gobierno para la promoción de sus productos y que finalmente es él quien promociona al Gobierno para beneficio extraordinario de sus intereses”. A ese enriquecimiento se le une los negocios en América Latina a la sombra de lo gobiernos más reaccionarios como la Colombia de Uribe.

El País era más que un periódico. Era un símbolo, un emblema para una España que soñaba con ser moderna e ilustrada y, de momento, se conformaba con simular que lo era, describe el periodista Enric González. Como intelectual colectivo y depositario de la cultura oficial fue uno de los instrumentos más eficaces en la legitimación de Juan Carlos de Bobón, beneficiado del 23-F, y soporte de los gobiernos liberales de Felipe González.

Pascual Serrano expone que “El País ha sido referente del laicismo y progresismo en España pero si se observa el recorrido de muchos directivos y colaboradores su destino ha sido la derecha y el Partido Popular como Wert, Luis de Guindos, la primera jefa de Documentación, Beatriz Rodríguez-Salmones, Carlos Mendo, que fue candidato del Partido Popular a las elecciones al Parlamento Europeo, la periodista Pilar Marcos, que acabó siendo directora de publicaciones de FAES o Hermann Tertsch, íntimo de Esperanza Aguirre”.

Medios como el diario El País han funcionado como el aparato cultural del ‘extremo centro’ y herramientas del neoliberalismo para el control ideológico de la sociedad y “la legislación se ha ido acomodando a ellos en lugar en lugar de ser controlados por los ciudadanos”, analiza Serrano. En Guardianes de la libertad, Chomsky explica este debilitamiento democrático: “Los medios de comunicación inculcan a los individuos valores, creencias, y códigos de comportamiento que les harán integrarse en las estructuras institucionales y se orientan hacia unos objetivos de rentabilidad estrictamente de mercado”.

En el año 2000 Prisa comienza a cotizar en Bolsa y en 2010 El País pasó a ser controlado por fondo buitre. Para el profesor Reig: “Prisa ha estado en bancarrota técnica en varias ocasiones y sus bancos acreedores han mirado para otro lado para no perder influencia. La banca es prestamista y accionista y busca negocio e influenciar. El deterioro de la empresa va ligado al mayor dominio de sociedades financieras y bancarias”. Obtuvo la televisión de Cuatro con el gobierno de Zapatero con una famosa frase que dijo Polanco: “No tendrán cojones de dejarnos sin televisiones”. Un tercio de la plantilla de El País fue despedida a través de un ERE, la empresa tiene más de 3.000 millones de euros de deuda y el directivo Cebrián ha conseguido un bonus retirement y en los últimos siete años ha cobrado más de 25 millones de euros de sueldo. Cebrián no es el culpable de la crisis general, aunque sí agravó la de Prisa y El País y obtuvo, encima, beneficios de ella: cobró como pirómano y como bombero, argumenta Enric González, que se marchó del periódico tras el ERE (2013: 180). Ha perdido la credibilidad, en 2012 publicó en portada una foto falsa de Hugo Chávez en la portada en 2013. Una muestra del cambio de criterio en el periódico se observa en las editoriales. En julio de 1997 escribe sobre el Che Guevara: el guerrillero más emblemático y seductor de la Revolución cubana, símbolo del idealista coherente y el hombre de acción. En octubre de 2007 lo denomina: “asesino, reguero de fracaso y muerte” con grandes críticas de los redactores.

Ante la tesitura de insurrección pacífica de la ciudadanía, El País publicó en su editorial de 2012 La urgencia de pactar, que más tarde acabó produciéndose en octubre de 2016 con la abstención del PSOE al gobierno de Rajoy y el derrocamiento del secretario general Pedro Sánchez. El resurgir de Pedro Sánchez es la derrota de un intelectual colectivo y de unas élites que no comprenden a nuestro pueblo y que detestan cualquier tipo de disidencia.


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