Relaxing tres puntos in Liga

Fonsi Loaiza | 14 de enero de 2014 a las 1:40

- La modificación del reglamento para otorgar tres puntos a la victoria no ha traído un fútbol más atractivo para el aficionado sino más apegado a la leyes absurdas de la oferta y la demanda de los poderosos.

Se ha reemplazado el corazón del fútbol por su imagen en el electrocardiograma, escribe el autor Vladimir Dimitrijevic en ‘La vida es un balón redondo’. Si antes el fútbol pasaba por la magia, ahora pasa inexorablemente por la caja, dejó como última reflexión del juego antes de morir el gran poeta Mario Benedetti. La historia del fútbol es un triste viaje del placer de jugar al deber de ganar, nos recuerda Eduardo Galeano en su Biblia del deporte rey, ‘El fútbol a sol y sombra’.

Cada vez importan más los récords y menos la memoria de lo que emociona. La primera generación que vivirá peor que la de sus padres crece en torno a un fútbol en el que la tendencia habitual es la de catalogar cualquier cosa como la mejor de la historia. Las ligas dentro de poco serán de 400 puntos, 1.000 goles y un millón de pases para comercializarlas mejor en China. Entre tanto dato “histórico” no hay espacio ni tiempo para que los abuelos cuenten lo bueno que eran Kubala y Di Stéfano y que los padres digan lo bien que se lo pasaban jugando a las chapas de Gárate y Quini. Para que crezcan mejor los nietos no callemos a los abuelos.

En España la regla de los tres puntos se implantó en 1995, catorce años después que en Inglaterra. La idea en teoría fue para apostar por un juego más ofensivo. Y en parte datos en mano se ha logrado una reducción del número de empates y una subida exponencial en lo que a número de goles se refiere. El promedio en Primera División ha pasado de estar alrededor de 2,5 goles por partido antes de 1995 a rondar siempre entre 2,5 y 3, es decir sigue una tendencia hacia lo alto. Sólo una vez habría cambiado el campeón. En la temporada 2006-07, el Real Madrid de Capello quedó campeón empatado a 76 puntos con el Barcelona de Rijkaard, al que superó por los enfrentamientos directos y por aquel gol de Tamudo. Si las victorias valieran dos puntos, el Barça hubiera resultado campeón con un punto más. Aunque realmente no sabríamos qué hubiera pasado si se hubieran mantenido los dos puntos por victoria. Son meras hipótesis ya que no enfocarían de la misma forma los disímiles encuentros.

El Atlético de Madrid fue el primer campeón con el formato de los tres puntos en la temporada 1995-96. Un bloque dispuesto siempre a la batalla y al esfuerzo colectivo. Muy parecido en espíritu al que ha confeccionado el Cholo Simeone en la actualidad. El equipo que mejor aprovecha sus recursos y que más rinde por encima de sus posibilidades. El equipo de la filosofía del partido a partido. El Atlético ha logrado unos números brutales pero su entrenador nunca alardea de ellos. Sigue una filosofía del esfuerzo: “Sólo en el diccionario éxito está antes que trabajo”. Tras el empate ante el Barcelona mostró su vitalidad: “damos pelea con una pequeña diferencia de 400 millones de euros”. A veces el corazón iguala el presupuesto y por eso el fútbol es tan seguido en el mundo pero hacen falta métodos para racionalizar loa campeonatos.

Desde aquella temporada 1995-96 el fútbol español viene arrastrando vicios insostenibles. La LFP decidió excluir a Sevilla y Celta por no presentar en plazo la documentación correspondiente. Como medida de presión de los aficionados, más de 40.000 sevillistas se congregaron para pedir que el club se mantuviera en Primera y hasta hubo peñistas que se declararon en huelga de hambre. Finalmente ambos equipos fueron aceptados con la contribución de un abogado llamado José María Del Nido y apoyado por el ministro Rubalcaba la Liga la disputaron 22 equipos.

put

Para la temporada siguiente el señor José María Aznar se sacó de la chistera un Real Decreto que eliminaba las exigencias económicas de las Sociedades Anónimas Deportivas. El ideólogo de la burbuja inmobiliaria pensó que así no habría estallido social. Tampoco habría que estar al día con Hacienda, Seguridad Social, ni tener cuentas auditadas ni presentar avales del presupuesto para participar en la conocida por ‘La liga de las estrellas’. En 1997 el deporte de la pelota pasó, solo en España, a ser de interés general con la Ley más populista, la del fútbol. Además el gobierno años más tarde, en 2003, se sacó de la manga, la conocida como Ley Beckham, para atraer a profesionales de alta cualificación y que permitía que los extranjeros que llegaran a España tributaran durante seis años como no residentes a un tipo fijo del 24%, es decir como un mileurista. Todo fue un brindis al sol y una pantomima.

Entre tanta exhibición de liberalismo económico los tres puntos han servido de muy poco para fomentar el espectáculo en los terrenos de juego. Se ha entregado el deporte al negocio de las corbatas y se lo han quitado a la gente de a pie. Desde 1995 dieciséis equipos han quedado entre los cuatro de arriba (Barcelona, Real Madrid, Atlético, Valencia, Betis, Deportivo, Espanyol, Athletic, Real Sociedad, Mallorca, Zaragoza, Celta, Sevilla, Málaga, Osasuna, Villarreal) y solo cinco equipos han conquistado el título (Barcelona 8, Real Madrid 6, Valencia 2, Deportivo y Atlético).

El periodista y referente ético, Dante Panzeri, fue el primero que pidió los tres puntos para la victoria. También demandó que se quitara el punto para el empate a 0, ya que no debería contar lo mismo que un empate a 3. Esto forzaría a buscar el gol siempre como los cinco puntos por diferencia de más de dos goles. Incluso otorgar dos puntos al empate visitante y uno al empate como local. En el fútbol se debería castigar el no intento de conversión de goles y que los equipos estén más preocupados en no perder que en ganar. Un juego al servicio del resultado y que se piense de forma utilitaria, lejos de lo lúdico, no tiene ningún sentido.

Inscritos en este contexto los números importan más que nunca. Se han instalado muy bien dentro del espíritu de show e incluso se prima a los futbolistas por conseguir 100 puntos. Pero es evidente que más puntos no tiene por qué ser sinónimo de mejor juego ni más goles de mejor futbolista. ¿Es mejor Verza del Almería que Iniesta porque haya marcado más goles? ¿Se pueden comparar jugadores de distintas épocas?

La verdadera influencia en los ya casi veinte años del cambio en el reglamento de los dos a los tres puntos por victoria ha sido el descomunal número de indecentes que han sabido aprovecharse de un moroso impune como el fútbol. La deuda llega a los 3.600 millones de euros y Bruselas ha tomado cartas en el asunto abriendo expediente a siete clubes.

Los tres puntos no han llenado los ojos que miramos el fútbol pero quienes gobiernan han sabido vaciar nuestros bolsillos. Más que nuevas reglas necesitamos una ética de los valores democráticos, que todo se haga a la vista, que se interioricen los principios del deporte y que se imponga una cosa tan sencilla como jugar limpio.

Los brindis al sol se han convertido en lunes al sol, los mileuristas en seres envidiados, Del Nido está en la cárcel y se recogen firmas para su indulto, el banco que hemos salvado los españoles, Bankia, tiene en venta al Valencia. El libro de Belén Esteban es el más comprado, se nos vende la mejor liga del mundo con partidos a todas horas y mientras la mujer del expresidente Aznar tuvo la genial idea de invitarnos a todos a tomar un relaxing café con leche. A precio ZP supongo, 80 céntimos y si antes estábamos en la Champions, ahora estaremos en la Europa League.

Estoy de acuerdo con Bertrand Russell cuando dijo que el último resultado de la civilización es ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente. Sin embargo, las vidas llenas solo de ocio son el ejemplo de la barbarie y abren las puertas al salvajismo capitalista del que somos esclavos.

Las reglas impuestas en un juego no tienen consistencia si la sociedad se encuentra profundamente enferma. Dijimos adiós al gol del cojo con el de Raúl al Zaragoza, las estrellas no juegan si tienen gastroenteritis. El único precepto higiénico de tres puntos es el de los vecinos de Gamonal: Apagar la televisión, salir a la calle y mandarlos a tomar por el relaxing culo. El resto es como este artículo: papel higiénico con el que se lo limpiarán los mandamases del fútbol, la política y la economía. 

Por @fonsiloaiza

Oda a Casillas

Fonsi Loaiza | 30 de diciembre de 2013 a las 1:15

Dijo el portero argelino y Premio Nobel de literatura, Albert Camus, que todo cuanto sabe con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debía al fútbol. El deporte rey es una de las primeras aproximaciones que tienen los niños a la vida en sociedad. Para Javier Marías, no ver saltar al césped a Iker Casillas es como no ver hacerlo a Di Stéfano cuando él era pequeño. He perdido cierto sentido de pertenencia con el Real Madrid por el maltrato y la persecución de un sector del madridismo hacia uno de mis ídolos de la niñez. Creo en la lealtad a los héroes de la infancia y detesto la cobardía de los mediocres y sus ataques en jauría desde el anonimato. Por eso hoy quiero romper una lanza en verso a favor del mejor portero del mundo que sufre en sus carnes las ofensas de mezquinos y desmemoriados. He visto carteles con la palabra topo antes de llegar a su pueblo y me duelen en el alma. Los genios luchan en soledad y no necesitan rimas ni palabras, pero siempre es conveniente decir lo que uno piensa y siente. Escribo por necesidad fisiológica, porque me lo pide el cuerpo, no por intereses ni para agradar. Prefiero que me llamen cursi a demagogo. Prefiero caminar para ser yo mismo. Prefiero una sonrisa comprometida a un aplauso inmerecido. Prefiero defender a los honestos que complacer a los farsantes.

 

Oda a Casillas

Quisiera convertirme en Alberti y escribir una oda como la de Platko.

Y cantar que su vuelta fue la vuelta del viento.

Que su vuelta fue la vuelta al corazón de la esperanza.

 

¡Iker Casillas!, castellano de valor, abulense del pueblo de Navalacruz.

No se deja llevar por los falsos encantos y en el trabajo y la lucha se ha forjado.

Santo de bondad como sus paisanos Santa Teresa y San Juan de la Cruz.

 

¡Iker Casillas!, como el Quijote acomete a cada paso  lo imposible.

¡Iker Casillas!, puso fin a nuestro destino trágico.

Librado del amargado demonio, siniestro y tétrico,

Las algaradas, cruzadas y persecuciones siguen perennes.

Pero, ¡oh, capitán blanco! No se preocupe: Caín nació en España.

Aquí se desprecia al hermano, desde la trinchera del odio.

 

¡Iker Casillas!, orgullo del madridismo nostálgico.

Ha demostrado la grandeza y saber estar del Real Madrid

sin perder el tiempo en atacar a los que tanto lo odian.

Los dioses ni se jubilan ni guardan rencor; hacen y callan.

 

En el patio del colegio me pedía ser Iker Casillas bajo los palos.

Nunca con los pies tuve destreza y quise hacer con las manos

todo lo que no podía hacer con mis torpes piernas.

 

De sus guantes aprendí que de fútbol se podía escribir.

Su camiseta me enseñó que la dignidad nunca está en juego,

que en todo oficio lo importante son los principios.

 

Se equivocaba Quevedo, el dinero no nos hace caballeros.

Joderá siempre a los más mediocres su verdadero mérito.

El valor de levantar trofeos sin despegar los pies del suelo.

 

Por Fonsi Loaiza @fonsiloaiza en twitter

El Balón de Oro del Football Association

Fonsi Loaiza | 22 de diciembre de 2013 a las 4:21

Llegan los últimos días del año y nos martirizan con ‘rankings’ de las mejores jugadas y los mejores goles. ¿No tenemos suficiente con ver cómo nos toman por gilipollas y se ríen de nosotros los políticos? Se ha superficializado tanto el fútbol que los jugadores necesitan además de fisioterapeutas, agentes, preparadores físicos y psicólogos: unos buenos ‘community mánagers’ para controlar sus cuentas en redes sociales y unos grandes editores de vídeo para hacer los mejores ‘highlights’ posibles. Están de enhorabuena los que eligieron la carrera de periodismo para hacerse ricos con el fútbol, harán de ‘advertising agents’, publicistas en castellano, para demostrar que sus jugadores son ‘Top’ y poseen una gran ‘IQ’ (Intelligence quotient’). Todo ‘very cool’ en el ‘Football Business’ de la mercadotecnia y la venta de camisetas.

A mayor palabras en inglés para hacerse los eruditos con el fútbol, menor interés en el juego histórico de Inglaterra. He compartido comida, café y partido con uno de los mejores historiadores de fútbol de este país, Ángel Iturriaga y no le he escuchado ninguna para sentirse intelectual. El otro día vía twitter dejó una interesante reflexión sobre el Blackburn Olympic. “Cambió todo en la FA Cup de 1883 con jugadores asalariados y no formados en colegios caros. Ganó al Old Etonians (élite social) practicando un juego muy similar al ‘passing-game‘”.

Este equipo apodado con el nombre de los Lights Blues por el color de sus camisetas (azul celeste como titular y azul oscuro como suplente en caso de coincidir con la del rival) , acabó desapareciendo muy pronto, en 1889, sin embargo fue pionero transformando uno de los juegos populares que llegó a las ciudades con la Revolución Industrial. Se pasó del fútbol como pasatiempo de los caballeros de clase alta a un deporte profesional. No existía el concepto de entrenador como lo conocemos hoy día, pero Jack Hunter, dueño de un bar, hacía algo parecido a entrenador-jugador. Apostó por un jugador en centro del campo y se inventó así un primer boceto de nuevo sistema de combinación, pases y control de juego en un equipo formado por artesanos.

Ángel también reclama que el nombre original del deporte rey es el de Football Association. Denominación que se utilizaba para diferenciarlo del “football”, que al no tener reglas se practicaba con las manos, y que más tarde adoptaría el nombre de Football Rugby. Su sentido histórico nada tiene que ver con el esnobismo que impera en el mundo del fútbol.

 Ambos compartimos devoción por Sergio Busquets. Para mi gusto Busquets es la metáfora del significado colectivo del fútbol y en su cerebro se encuentra la memoria de este deporte. Interpreta el juego como ninguno. Cuando todos retroceden y reculan, él presiona y roba con inteligencia. Controla en su mente: pelota, tiempo, espacio, compañero y adversario. Lleva a la espalda el dorsal 16 y el nombre Sergio. Pasa de vender camisetas, prefiere jugar al fútbol. Al buen fútbol. Nadie antes había ganado 18 títulos a los 25 años de edad ni en sus primeros 160 partidos de Liga había perdido solo 8 encuentros. Tiene el mejor porcentaje de precisión en el pase de la Liga (93,4%) y trata el balón como un diamante, no se lo quita nunca de encima, se lo ofrece a sus compañeros como una promesa. Una promesa contra las modas y el fútbol moderno y un antídoto contra los premios individuales, los highlights de jugadas, los rankings de goles. “Juego para los demás. Me gusta pensar que mi trabajo ayudó a que mis compañeros jugaran mejor. Ojalá fuera invisible. Por eso no tengo Twitter ni Facebook” declaró en una entrevista en El País. Él es un homenaje para el Blackburn Olympic, el Football Asociation, el passing-game y una reclamación del fútbol añejo. Da igual que dejaran más días para la votación del Balón de Oro, él no estaba nominado. Si en fútbol importara solo el fútbol inventarían uno para él. El Balón de Oro del Football Association, el futbolista que mejores partidos hace y el que mejor juega a un toque del mundo.

En twitter: @fonsiloaiza 

*Recopilación de frases de hombres de fútbol sobre el gran Busquets

“Si yo fuera jugador de fútbol actualmente me gustaría parecerme a Busquets” (Del Bosque)

“La primera vez que vi jugar a Busquets llamé a un amigo para decirle que había visto a un jugador de una especie en extinción” (Menotti)

 “Si ves el juego en sí, si quitas las porterías, el más determinante es Busquets. Su juego es la base del Barcelona” (Cruyff)

 “Los que más saben de fútbol son los que más valoran a Busquets. Estoy enamorado de él. Tácticamente es perfecto (Xavi Hernández)

 “Aquí todos los compañeros saben que para que sean protagonistas, al que necesitamos siempre es a Busquets (Guardiola)

 “Busquets fue el mejor del Mundial. Interpreta el fútbol de manera tan natural, tan fácil que es una gozada ver todo lo que hace” (Xabi Alonso)

“Messi es el mejor, el balón va donde quiere Xavi, Iniesta es una mezcla de Messi y Xavi pero todo se reduce en Busquets (Mascherano)

“¿Lo mejor de Busi? ¡Mejor encuentra algo que haga mal!” (Casillas)

Etiquetas: ,

Contra el fútbol del McDonald’s

Fonsi Loaiza | 13 de diciembre de 2013 a las 22:46

En el deporte rey imperan las leyes de la actual sociedad capitalista. El fútbol nos espejea, reproduce nuestras miserias, se rige por códigos lejanos al mero juego y cercanos al negocio y a nuestras mediocridades. Los premios ocupan gran parte de la agenda periodística. Están preparados para generar expectación y emociones vacías. Hemos llegado a un punto aberrante en el que la parafernalia y la mercadotecnia del fútbol tienen más peso que todos los otros deportes juntos para los medios de comunicación.

El Balón de Oro es la exaltación del modelo propagado por el establishment. El de usar y tirar. Lo añadido. Los colorantes y conservantes parecen ser más importantes que el sustento alimenticio. Un premio en el que no está nominado Sergio Busquets tendrá precio pero no valor.  Siempre he defendido que hay dos tipos de fútbol. El de toda la vida, el que se hace a fuego lento, el fútbol para guardar; y el dominante, el que imita a la comida basura y chatarra, el fútbol McDonald’s.

El periodismo deportivo no solo debe luchar contra el sectarismo, ese que se coloca la bufanda en los ojos y no en los hombros, sino también contra la ambigüedad. No podemos lavarnos las manos y esperar resultados para posicionarnos por intereses y no por ideas. En ese espacio triunfa lo banal.

Crear es mucho más complicado que destruir y los periodistas deberíamos difundir esta idea. El fútbol ofensivo es lo que hace afición y especular no da más garantía de éxito, sino al contrario. Esperar el error ajeno es una forma pusilánime de jugar, siempre a expensas del contrario. Y un deporte es su gente. Los estadios en España están cada vez más vacíos de aficionados y de buen fútbol condicionados por el precio desmesurado de las entradas y el exagerado miedo a perder motivado por el cortoplacismo.

Datos alarmantes.

1- Sólo un entrenador de Primera División entrenaba a su actual equipo en 2011, Luis García en el Getafe, que además estuvo en la picota en las primeras fechas de competición este año.

2- Campos llenos hasta el momento: 58 partidos en la Liga inglesa, 54 partidos en la Liga alemana y solo 4 partidos en la Liga española.

El periodista entre periodistas, Dante Panzeri, argumentaba que “cambiar este fútbol exige destruir, destruir lo que lo está destruyendo”. Los periodistas nos hemos acostumbrado a cruzarnos de brazos y hacemos de Relaciones Públicas, somos creadores de marketing y no de conocimientos. Sin proyectos futbolísticos es imposible disfrutar del juego. Y los clubes de fútbol se han acostumbrado a cambiar de caballo a mitad del río. Llamativo el caso de Pepe Mel. Era el entrenador que más tiempo llevaba entrenando a uno de los equipos de Primera División (3 años, 4 meses, 9 dias) y que además clasificó el año pasado al Betis para la Europa League y rechazó grandes ofertas de otros equipos.

El fútbol vive en la histeria permanente por eso las reflexiones de una voz autorizada como la de Marcelo Bielsa tienen un valor incalculable. Cuando yo era chico, y vivía en un barrio, el gran logro era tener un auto, y cuanto más lujoso era el auto más reconocimiento para la familia que lo había obtenido. Pero había una distinción para nosotros, el reconocimiento a la familia era en función de qué había hecho para conseguir ese auto. Había familias que trabajan padres e hijos y se compraban un Seat. Y había familias que se ganaban la lotería y se compraban un Mercedes Benz. Y nosotros valorábamos al que trabajaba mucho y se había comprado el Seat. Doy ese ejemplo porque a partir de ahí aprendí que no se evalúa lo conseguido sino lo merecido.Si se premia un proceso que lo que consiguió lo hizo de manera inmerecida hay mucho riesgo porque enseña a los que observan que un atajo te lleva al objetivo. ¿Qué hace el mundo contemporáneo? No importa… ¿vos tenés un Mercedes Benz? Vos estás arriba”.

 Los últimos criticados por la prensa de forma ventajista fueron Iniesta y Xavi. He leído muchas idioteces en torno a los dos futbolistas que más satisfacciones nos han dado pero me quedé con una: “si quieres ser vertical no puedes jugar con ellos”. La verticalidad en el juego es como la flexibilidad en el trabajo, dos eufemismos para autorizar el despido y el mal juego.

Los criticones de Xavi e Iniesta son los mismos que endiosan al que gana solo por el hecho de ganar. Como en el caso de Brasil, el vigente campeón de la Copa Confederaciones. Un equipo que hizo 108 faltas, el que más en el torneo. Cuatro futbolistas brasileños: Neymar, Óscar, Luis Gustavo y Dani Alves estaban en el ranking de los 10 futbolistas con más faltas, mientras no había ninguno en el ranking de los 10 futbolistas con más pases. El seleccionador Scolari es perjudicial para la salud del fútbol. Hace varios años ordenó escupir y pegar a un jugador para que lo expulsaran y pidió públicamente a sus pupilos que cometieran más faltas y traspasaran el límite del reglamento. Uno entrena como es y el técnico brasileño se ha postulado contra homosexuales y a favor de la dictadura de Pinochet. Si Diego Costa juega con España contra Brasil, Scolari ya tiene plan orquestado.

La semana pasada se cumplieron dos años del aniversario del fallecimiento del gran Sócrates de Souza. Uno de los grandes futbolistas luchadores por la democracia. Un valiente que salió a jugar con una cinta en el pelo que rezaba: “Necesitamos justicia” y con una bandera que mostraba el enunciado de la esencia del fútbol “ganar o perder pero siempre con democracia”.

Uno de los últimos deseos que pidió Sócrates fue que Pep Guardiola entrenara a la selección de Brasil. El entrenador catalán es un revolucionario del juego y crítico del sistema preponderante: “desde jóvenes a los jugadores les dicen que hay que luchar, que hay que ganar y esas cosas, y llegan a Primera sin saber nada del juego. Esto es lo que pasa y por eso es tan difícil que la gente hable realmente de fútbol”. Da pena ver que los periodistas no hayamos aprendido casi nada de lo que transmitió por nuestros campos este genio.

De los periodistas no dependen los resultados ni las decisiones que se toman en el fútbol pero sí los criterios de evaluación y la posible mejoría del deporte. El periodista gaditano Rafael Ballester fue un innovador en este sentido e inventó la fórmula de los lanzamientos de penaltis para desempatar los partidos en un trofeo Carranza. Santiago Segurola tituló en portada sobre la final Italia-Francia del Mundial 2006: ‘El triunfo de la nada’. “El pelotazo es todo lo contrario de la elaboración. No desordena. El entramado defensivo sigue en su sitio. Si todos los equipos hicieran lo mismo que Italia, el fútbol sería un pésimo partido de tenis entre dos Materazzis”.

El fútbol tiene en su punto silvestre gran parte de la popularidad obtenida a lo largo de los años. Es un deporte imperfecto y que no excluye por condiciones sociales. Sus reglas son fáciles de entender y no se necesita más que una pelota de trapo para practicarlo. Incluso como explica Jorge Valdano, “el fútbol es anterior a sí mismo” porque el hombre siempre ha tenido la necesidad animal de jugar, de empujar algo similar a una pelota con el pie, y antes de que se inventara ya existía algo parecido. Necesitamos reivindicar ese placer de jugar por delante del deber de ganar también con algunas reglas que podrían ayudar a cambiar el panorama desalentador para apostar en el futuro por la cultura del pasado del fútbol.

Por ejemplo deberíamos exigir que se establezcan unas reglas contra la distorsión de la competición por el factor económico. Actualmente no es ilegal endeudarse y obtener ventajas financieras como la recalificación de campos de fútbol. Además no existe una justa racionalización de la explotación de los derechos de televisión, y el gran desequilibrio acabará por matar la competitividad. La enorme cantidad de partidos va en detrimento de la calidad de los encuentros porque así se prima el físico por encima del talento. Es necesario reducir el número de partidos.

También hay que extirpar las manías de los futbolistas de hacer teatro. La televisión ha teatralizado al fútbol. Es curioso que los defensas sean más comedidos en sus entradas, no por haberlo interiorizado como valor sino por vergüenza a ser catalogado como violentos y sin embargo cada día haya más drama en las acciones de los delanteros. No creo que por más multas se cambie esta actitud. No existe castigo social. Todavía para muchos ser pillo es sinónimo de ser listo. Debemos concienciar de que estas jugadas van en contra del deporte. Una simple multa no tendrá importancia para millonarios prematuros como los futbolistas de élite. Además para priorizar la vistosidad en el juego deberían de controlarse el número de faltas. Supongo que considerarán algunas faltas como inteligentes los que llaman a la pelota el problema. Hay que poner freno a las interrupciones del juego y una buena forma podría ser la expulsión por tiempo o por número de faltas como ocurre en otros deportes como el waterpolo o baloncesto sin olvidar que el fútbol es un deporte de contacto. Además la mejor manera de potenciar el fútbol de ataque sería quitar el punto para el empate a 0 ya que no debería contar lo mismo que un empate a 3 y forzaría a buscar el gol siempre. También habría que revisar las prórrogas de los partidos de vuelta que favorecen al equipo visitante y en las que debería empezar otra eliminatoria independiente.

Son algunos matices que podrían ayudar a apostar por un fútbol más atrevido y que requieren consenso y diálogo pero la vertiente ética es mucho más importante. Y es lo que reclamaba Sócrates “no se juega para ganar sino para que no te olviden” o como revindicó Santi Segurola en su crónica del 2006, “en fútbol vale más lo que se guarda en la memoria. Lo otro es un trofeo que se guarda en la vitrina”. 

Actualmente el Rayo de Paco Jémez es la ración que me tomo para quitarme el hambre de fútbol. Mi Cádiz está en las últimas, mi Madrid me causa indiferencia desde que llegó Mourinho y no juega Casillas, el Barça del Tata no es el de Guardiola y Bielsa no entrena. Así que el Rayo es el único equipo que me reconforta porque me defiende como aficionado. “Por la puerta grande o en la enfermería” pone su entrenador en el estado del WhatsApp. El Rayo es un equipo que nos recuerda que la producción se mide en función de las posibilidades, es el equipo con menos presupuesto de la categoría y el año pasado con un Seat sin licencia para jugar en Europa pasó por encima de los Mercedes Benz. Este año es el segundo equipo con más posesión de la Liga, el tercero en tiros a puerta y el quinto que menos concede pero sin el qué, la victoria, la prensa ya no valora el cómo ni la intención. Algo parecido pasa con los Mercedes de Xavi e Iniesta. Esa autopista sin freno de fútbol asociativo ha perdido dos partidos. Manda el fútbol que sirve el McDonald. ¡Paco, ponnos otra de croquetitas caseras que este blog acaba de empezar!