La sobria ebriedad
Decimocuarto día andalucista. Esto es Cai.
He desayunado en Ronda, he almorzado en Sevilla y he cenado en Cádiz. Entro en la ducha, de vuelta a Sevilla, y me pregunto si me duché anoche o esta mañana y dónde. Tras dos minutos consigo recordar que esta mañana en Ronda. Qué locura.
Me cuentan que en la carta que, junto a sus papeletas, envía CA a los domicilios para pedir el voto hay faltas de ortografía. Vaya, precisamente hoy que Julián Álvarez habla de mejorar la educación. Logro un ejemplar y falsa alarma. Un par de concordancias y una tilde en un cómo. No es para tanto y no le doy mayor importancia JL.
Me da un primer ataque anticipado de lo que llamaremos síndrome post-campañal. No me consuela pensar que eso significa que he sido feliz aquí. Me animo en Cádiz.
Tony Rodríguez, con su inseparable camiseta cadista, juega en casa. Los que le vemos todos los días agradecemos los nuevos chistes que va añadiendo al repertorio. El de hoy tiene que ver con Chaves y con un limón que sólo es posible rallar en un somier. Adivinen.
Tras el mitin un desconocido me reconoce y me cuenta que le gusta el blog. Es de lo que se trata y es lo que llena.
Nachy se hace una foto con la canalla para colgarla en su web y se despide a pesar de que queda la fiesta de mañana y la noche del 9M. Investigaré.
Delante de los chipirones en un bar de Cai se nos acerca un borracho y espeta: “¿Sabéis qué es la felicidad, pisha?”. Lo mejor de la caravana son los personajes anónimos que encuentras en el camino. Me embelesan los filósofos de barra.
En la próxima, por cierto, iré a Cabra o me rebelaré en otra provincia. En tiempos electorales, puedo prometer y prometo que buscaré aceite de Priego para darme un homenaje como Dios manda en una mañana pausada de domingo de tostadas y periódico.


