Interlagos en la Serranía
Día 8
Dudo de que Fernando Alonso se beba el océano en whisky antes de una carrera. La caravana de Arenas, sí.
Estaba fuera del calendario oficial. Por raro que parezca, para ir de Granada a Málaga no hay que pasar por Cádiz. Pero nos perdimos. Eso por dejar conducir al sobrio.
Una cosa llevó a la otra. Los que no escucharon el despertador se sumaron a los que no podían salir de la ducha y a los que necesitaban más de dos cafés. A las 12 nos esperaba Arenas en Ronda. Y a esa hora, tras confundirse el conductor de salida, estábamos en Algodonales.
¡No llegamos¡ Three, two, one…GO¡ Que la virgen de Fitipaldi nos coja confesaos. Delante la carretera, con sus camiones. A los lados, precipicios. Dentro, periodistas dando ánimos al piloto. Inconscientes del peligro. Mientras todos huyen del incendio, ellos corren con los bomberos a ver qué ha pasado.
En los Pueblos Blancos, pálidos como fantasmas llegamos. Arenas padeció la ruta el día anterior, pero al “renegrío” no hay manera de encalarlo. En la plaza prometió autovías a los lugareños. “Chaves no conoce las carreteras secundarias”. Pues anda que las terciarias.
No acaba aquí. Después de comer en Casa Antonio –magnífico el ciervo-, a Marbella. La carretera de San Pedro, paisaje serrano y más curvas que Falete en traje de neopreno. Para mítines-fiesta que estábamos. Vuelta a Sevilla y 600 kilómetros en 15 horas. De récord. Total en campaña: 2.800. De locos.
El cambio, sí Javier, pero de marchas.


