Y el blog…
Día 7
Tengo que confesar que, hace hoy una semana, no sabía qué era un blog.
Andaba por la redacción del periódico, inmerso en los orígenes del café de la máquina, cuando me pararon los compañeros de Internet para darme la buena nueva. ¿Pero qué carajo es un blog?, encontraron como respuesta. Así, me salió fácil. Ya tenía hecho el equipaje y no cabía nada más.
Nadie me lo explicó y pensé que me habrían confundido con otro. Error. Plaza de España de Cádiz. Levantazo. Look: mozo de hotel. Maleta de mano, portátil y mochila del PP a la espalda. Me faltaba un palillo chino con un plato en la boca y los circos se rifarían mi cláusula en el Diario. Mensajito en el móvil. Qué alegría da que se acuerden de ti. Salvo si es tu jefe. “Y el blog…”. Sabía yo que….
Mil llamadas a la centralita. “Por favor, ¿alguien de Internet?”. “No hay nadie”. “¿Alguien de informática”. “No han llegado”. “¿Alguien de diseño, o de administración?” “Hasta por la tarde, chungo”. “¿Alguien?” “Lo siento, está llamando a un periódico”. “Ya, ya, disculpe, es que tengo que hacer un blog y…”. “Oiga, que esto es una casa seria. Buenos días”.
Hace ya de esto toda una semana. En el ecuador de campaña, y de vida de este espacio, tengo que reconocer, que me ha calado, hasta los huesos. No como, no duermo, no…, sólo pienso en el blog, mi amor de caravana. Me emociono y todo.
Dejémoslo entonces. Pero ya que me pongo sensible, aunemos los sentimientos con el fin de este blog, la actualidad política. Por sentimientos, elijamos por ejemplo, la furia, muy española, como las banderas del PP. Y por la actualidad, el precio de las cosas, por ejemplo, el vino tinto. No una copita de riojita, ni un chiquito como el del vasco de un poco más abajo, sino cuánto cuesta una botella, el vino de la casa para no ir más lejos. A 45 euros que va ya en un bar de Granada, anoche.
Yo es que soy más de cerveza e ignoraba que la inflación también afectaba a los caldos. No olí ni el tapón pero pagué a escote con el resto de comensales. Las cuatro, y sin rebajas. Algunos, más bien, alguna, achacó la elevada factura a una bola de paté que, casualmente, pedí yo. La sacaron de una lata. Tres euros. La tarjeta de crédito ardiendo. Tener amigos para esto, no tiene precio.
No sé por qué extraño mecanismo del cerebro, pero la anécdota del vino me ha recordado el “posible” cara a cara del domingo, algo tan incierto como el origen del mundo. Pero me voy a arriesgar: Arenas irá y, si me equivoco, invito a una botellita de la casa a todo el que escriba un comentario en este blog. Señores del PP, demuestren su buen humor, y comenten algo, que esto está muy soso con tanto halago.


