Medias negras
Día 12
Hay días más claros y otros más oscuros. Y no es sólo por el tiempo.
Salimos aún de noche y para desvelarnos, paramos a desayunar en el Hostal del Sol, en Villanueva del Río, provincia de Córdoba y camino de Jaén. Tan agradable nombre no fue vaticinio de lo que nos aguardaba.
En Cazorla, en unas vacaciones de Semana Santa hace diez años regaladas por un colega de facultad –hoy dj, un sabio-, acuñé la expresión “estar a punto de morir por congelación etílica”. Cómo se bebe en los pueblos y hasta dónde baja el mercurio en los días de Pasión. Y la parca, ayer, parece que seguía por aquí, gélida. Había en la calle más perros que personas buscando un rastrito de sol.
Es grande Andalucía, pero Javier nos llevó hasta el “santo reino” porque tenía que transmitir su profecía del cambio delante de la Iglesia del Salvador de Úbeda. No estaba ni Cristo.
Eso sí, todo muy renacentista. Maquiavelo, que sería un gran político también en estos tiempos, fliparía. Y el príncipe, convencido de suceder al rey de la vasta región, va a lo suyo y lo mismo le da cruzarse el reino de punta a punta en unas horas. De Huelva y Sevilla a Jaén. Y su caravana, esteparia, con él.
Por si el panorama no pintara bastante desolador, por la noche nos tuvimos que quedar a dormir en las afueras. Triunfo, que se llamaba el hotel, para el bar de enfrente. Fuera cierto o no que allí estuviera hospedado Zarrías, al que le pitarían los oídos por lo que Gabino Puche le zampaba a diez metros –“crece todo, las hipotecas, los precios, las viviendas, menos él”-, las copas para calentar el cuerpo no corrieron, con nosotros, a cuenta del virrey.
En un escenario tan sombrío, sólo vinieron a poner luz las de siempre. Lobas, que con sus risas resucitan a los muertos. Y no hacen falta anillos de colores para deslumbrar, ni puntería para acertar al corazón. Hay días que pintan negros, pero se quedan a medias, gracias a ellas.


