Preludio
Día 15 (fin de la campaña)
La jornada empezaba bien, descansados y camino de la luminosa Málaga. Tres días de frío sobran. Me llevo la tarjeta del hotel, dice el conductor que funciona en el Plus. Al solecito, el candidato inicia su maratón particular a pie de calle. Calle Larios.
Risas. La espontánea Dolores se sube el atril y le planta dos besos. No se queda para escucharle, tiene que hacer la comida.
Piropos. Oña envidia el moreno de Arenas. Cada vez que se lo encuentra, lo piropea.
Despedidas. Arenas agradece la labor informativa de los periodistas que le han seguido una quincena de nuestras vidas. Él seguirá con su ruta hasta Jerez, encontrarse con Rajoy en Sevilla y terminar en Almería.
Sabores. Tremendo el café. En veinte minutos, se nos acercan seis personas a la mesa con la mano tendida. La microeconomía tampoco anda bien. Un guitarrista nos cobra a un euro una canción de Peter Gabriel y otra de Juan Sebastián Bach, Preludio en mi menor.
Era malo, pero lo que vino después fue peor. No estábamos preparados para esto. Indignación, rabia, impotencia e hijosdeputa. Campaña suspendida. Como en 2004. Incertidumbre.


