Día 1. Los polideportivos son para hacer deporte.
Para iniciar bien este blog, hay que decir que al día 1 de la campaña de Javier Arenas le precedió un día cero. Moguer antecedió a Cádiz antes de que a las 00.00 horas Mariano Rajoy, en la tacita de plata, pulsase un botón instalado en el escenario con el que se inició el asalto popular a los feudos del PSOE. Antes, el caos. La marabunta que sigue al líder popular, desde Pontevedra a Cabo de Gata, asoló, cuales ejercitos de Atila, un inadecuado pabellón deportivo Fernando Portillo. “Prometo reformarlo”, decía Teófila en el mitin.
Inicio oficial de la campaña y viaje a Córdoba. La historia se repite. El salón de un abarrotado hotel de la ciudad sólo puede albergar a 1.500 personas. Ni una más. Y las protestas se suceden fuera, militantes y simpatizantes cabreados con la organización que ponen en un brete al personal de la instalación. Mañana Rajoy y Arenas vuelven a hacer campaña juntos en Málaga. ¿No hay dos sin tres?
Anécdota: Primera noche en un céntrico hotel de Cádiz. Tres estrellas, ni en los galones del bedel. Una llamada al móvil del progenitor de quien esto suscribe informa de que en ese inhóspito recinto pasó hace casi 30 años, junto a mi progenitora, la noche de novios. Echando cuentas, toma fuerza que un servidor fuera allí concebido. “Estaba muy bien, ¿cómo está ahora?“. “Igual, papá, no lo han tocado desde que vinisteis“.


