“¿Debate? Me quedo con CSI”
Aprovechando que la campaña está estos días mucho más relajada debido a que los líderes dedican parte de su tiempo a la preparación de los debates, hoy he aprovechado para irme a Córdoba y, como diría mi madre, darle una vuelta a mi casa.
He cogido el AVE y mis compañeros de viaje me han devuelto a la realidad cuando el tren ni siquiera había dejado la estación de Santa Justa. Montada en la caravana y oyendo todo el día hablar de lo mismo, una tiende a presentar cierto síndrome de Estocolmo y a pensar que el debate político es el ombligo del mundo y que todos los ciudadanos viven pendientes de él. De eso nada. “¿Debate? No pienso verlo. Yo me quedo con CSI, que lo ponen a la misma hora. Que se peleen entre ellos, que es lo único que saben hacer”, decía más o menos textual uno de los dos hombres que conversaban, muy enchaquetados ellos, no se crean. “Pues sí”, le respondía el otro.
Con comentarios así, es lógico que a algunos les obsesione el fantasma de la abstención. Como les contaba cuando les relataba mi charla con aquel taxista gaditano, es la voz de la calle.
Por algo será.


