Laura Mármol3 de Marzo de 2008 a las 1:30 pm
La tarde empezaba bien para Chaves. Su equipo, el Betis, le ganaba por cuatro goles a cero al Murcia en casa. A la hora en la que terminó el encuentro, el candidato del PSOE acababa de entrar en las instalaciones de Canal Sur para disputar su propio partido, el que le enfrentaba a Arenas en un cara a cara que no se producía desde hacía 14 años.
A su llegada a la tele, Chaves se mostró menos tenso que en el debate a cuatro. Se acercó a la prensa y hasta se rió. Igual al final del enfrentamiento. Se sentía ganador. Al menos ganó en ahorrarse disgustos de un Arenas que empezó fuerte en la crítica personal pero que luego no fue a más.
Lo cierto es que cuando el candidato del PP puso sobre la mesa los ahorros del presidente, la prensa que seguíamos la grabación nos empezamos a frotar las manos. Ya saben lo que nos gusta, bueno como a casi todos, porque no me negarán que el enfrentamiento cuerpo a cuerpo que se vivió durante la primera parte le dio vidilla al debate.
El cara a cara fue mucho más entretenido que el encuentro de los cuatro candidatos del pasado martes. La prueba es que a casi todos los que estábamos allí se nos pasó como un suspiro. Al término, en el PSOE había sonrisas. En el PP, también. Por ello, un grupo de periodistas de una y otra caravana también aprovechamos para echar unas risas juntos, sobre todo pensando en que ya encaramos la recta final.
Laura Mármol29 de Febrero de 2008 a las 5:06 pm
Ya están preparadas todas las fichas con los datos que Chaves debe manejar para el cara a cara con Arenas. Así lo aseguran en el círculo que rodea al candidato del PSOE, que sin embargo discrepa a la hora de decir si el presidente de la Junta ha visionado el debate a cuatro que mantuvo el pasado martes en Canal Sur. Algunos mantienen que sí y otros que no. Si la realidad es la segunda, no hay problema, porque el propio Chaves aseguró que en su casa, su mujer e hijos ya se encargan de ponerle todas las pegas del mundo.
Laura Mármol26 de Febrero de 2008 a las 12:48 am
Aprovechando que la campaña está estos días mucho más relajada debido a que los líderes dedican parte de su tiempo a la preparación de los debates, hoy he aprovechado para irme a Córdoba y, como diría mi madre, darle una vuelta a mi casa.
He cogido el AVE y mis compañeros de viaje me han devuelto a la realidad cuando el tren ni siquiera había dejado la estación de Santa Justa. Montada en la caravana y oyendo todo el día hablar de lo mismo, una tiende a presentar cierto síndrome de Estocolmo y a pensar que el debate político es el ombligo del mundo y que todos los ciudadanos viven pendientes de él. De eso nada. “¿Debate? No pienso verlo. Yo me quedo con CSI, que lo ponen a la misma hora. Que se peleen entre ellos, que es lo único que saben hacer”, decía más o menos textual uno de los dos hombres que conversaban, muy enchaquetados ellos, no se crean. “Pues sí”, le respondía el otro.
Con comentarios así, es lógico que a algunos les obsesione el fantasma de la abstención. Como les contaba cuando les relataba mi charla con aquel taxista gaditano, es la voz de la calle.
Por algo será.