Regateos (I)

Antonio Navarro Amuedo | 21 de julio de 2010 a las 14:46

Una de las señas de identidad de este conjunto de pueblos que habita en el norte de África es la generalización del regateo. Obligación en cualquier guía de viajes que se precie sobre Marruecos, el viajero occidental es advertido de que tendrá que contar con esta forma de proceder en su periplo por estas tierras. Las guías del viajero contemporáneas ofrecen, salvado el escollo de la caducidad temporal, orientaciones sobre qué pagar por un par de babuchas en tal o cual medina o por un trayecto en taxi en una travesía urbana del país. No es una tarea agradable. Simpática y curiosa para algunos, desesperante y molesta para otros. Con mayor o menor fortuna, todo el mundo prueba en su visita al Magreb. La cuestión es no ser engañado demasiado; como dice la máxima, en pagar lo que uno está dispuesto a pagar por un objeto determinado dadas las circunstancias del momento.

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Estas magníficas instanténeas son obra de Miguel Roca, buen fotógrafo y mucho mejor persona

Estas magníficas instantáneas son obra de Miguel Roca, buen fotógrafo y mucho mejor persona. Corresponden a la ciudad de Marrakech.

En esto, como en casi nada, Europa no es homogénea y las artes regateadoras de franceses son distintas de las españolas y no digamos de las poco diestras de ingleses -o estadounidenses- o alemanes cuando les da por bajar hasta aquí. Las medinas que reciben turistas de países más ricos o de un perfil económico medio-alto rompen la baraja nacional de los precios. Marrakech, por ejemplo, donde acude a menudo un turismo europeo de alto poder adquisitivo, cuenta con precios más elevados, intolerables para los que venimos del Marruecos menos masificado.

En el arte del regateo hay varias máximas. La primera, la base del silogismo, es que los bienes no tienen un precio fijo. Valen lo que valen en cada circunstancia. Valen lo que el vendedor, quizá apretado por una deuda o feliz de hallarse ante un español que apura sus últimas horas antes de volver a casa y al que le van a sobrar bastantes dirhams en la cartera, acepta mientras entrega la chilaba envuelta en una bolsa de plástico. El vendedor nunca sale perdiendo, recitamos todos al salir del puesto contando las monedas que nos quedan aún en el bolsillo.

Otra máxima es que el extranjero siempre pagará más que el local. Esta máxima la refuerza el hecho de que el vendedor de bolsos de la medina reiterará que el precio por el que te acaba de vender el regalo que le llevarás a tu hermana de Marruecos “es de amigo”. O que “marroquíes y españoles somos hermanos y pagamos lo mismo”.

Todo se regatea, nada permanece estable, en fin, diríamos en un remedo de Heráclito. La cesta de la compra en los puestos de verduras, la carrera de un petit taxi en la ciudad, todo, en suma, en las medinas, gran mercado al aire libre de precios volátiles para todos los bolsillos y todas las voluntades: desde la media docena de huevos hasta el caftán más lujoso pueden revisarse.

Llevo ya un tiempo considerable en estas tierras y me creo feliz cuando apuro y rebajo el precio del regalo que algún visitante que me acompaña quiere llevarse. Pero no pasa un día en que sea víctima de un engaño más o menos consciente. Los expatriados nos advertimos después de cada excursión de los precios no marcados de servicios o productos que vamos a necesitar para ayudar al siguiente que pase por el mismo sitio. Por ejemplo, especialmente importante son los precios en gran taxi. El gran taxi es el transporte público por excelencia en un país donde los autobuses asustan un poco: son viejos Mercedes en los que nos encajamos hasta seis personas sin incluir al chófer. No hay cinturones y las condiciones de seguridad son más que discutibles. Por lo general por cuatro, cinco o seis euros (50 o 60 dirhams) por cabeza uno puede viajar de Rabat a Casablanca, de Tánger a Tetuán, de El Jadida a Ualidía,  de Saidía a Uchda.

Cada maestrillo tiene su librillo. Considero importante no desesperar ni apresurarse. Nunca ofrecer al vendedor nuestro último aliento, la sospecha de que estamos vencidos y próximos a capitular. Hay que superar el escrúpulo de ser violentado verbalmente; aprender a decir no y a moverse con desenvoltura ante las encerronas perfectamente organizadas en los puestos de alfombras o tejidos de las medinas. Incluso circulan reglas nemotécnicas para calcular lo justo. No estoy muy puesto en matemáticas, pero viene a ser que si te piden, de entrada, 100 por algo, hay que dejarlo en la mitad más un poco más como mínimo. Es decir, nunca pagar más de 60. Cuando uno, iluso, se ha salido con la suya y le salen las cuentas, la satisfacción es íntima  e inmediata. Poco importa la escala real del ahorro: a veces hablamos de algunos céntimos de euro al cambio. No es lo importante; es creerse estar a la altura de toda esta ciencia.

El regateo puede convertirse en lo más desagradable para el visitante que llega a Marruecos dispuesto a pasar unas plácidas vacaciones y que acaba siendo protagonista, si se pone a ello, de alguna de estas pequeñas representaciones teatrales del tira y afloja magrebí. Una pareja de finlandeses amigos que lleva viviendo aquí casi dos años reconoce sentirse aliviada y feliz cada vez  que regresa del Marjane, el gran supermercado nacional, donde todos los precios están marcados con etiquetas. Pero no se apuren: aunque parezca que deberá salir protegido del puesto de recuerdos; aunque crea, en el caso de haber logrado su empeño, que ha robado el pan a una familia y que puede ser, cuando menos, víctima de una mala contestación, saldrá bendecido de la tienda, mano al pecho del vendedor, hasta la próxima amigo, inchallah.

  • javierly

    Antonio, si quieres usar mis fotos de Marruecos en este blog las tienes en http://www.flickr.com/photos/javierly/sets/72157606047746914/

  • ANR

    Magnífica exposición del arte del regateo – ríete tú de Jesús Navas o Iniesta – y muy bien escrita. Me parece aleccionadora y además una buena guía práctica. Te reitero mi felicitación.

  • Antonio Navarro Amuedo

    Muchas gracias, Javi, por el ofrecimiento. ¡Te pediré!

  • señor x

    “Poco importa la escala real del ahorro: a veces hablamos de algunos céntimos de euro al cambio. No es lo importante; es creerse estar a la altura de toda esta ciencia.” que gran verdad! y qu lástima que nunca se llegue a estar del todo a la altura!

    Mi estancia en Marruecos me demostró que poco importa la experiencia en el regateo del cliente extranjero, ellos siempre ganan… Más que un arte desarrollado por el comerciante para la supervivencia de su negocio, yo creo que es cualidad innata… por eso sólo puedo reafirmar la última frase del post.

    Felicidaes Antonio! Un artículo muy bueno!

  • Elena

    genial Sir, ¡¡¡me encanta esta entrada sobre el regateo!!!
    te estaba viendo delante del puesto de las babuchas intentando bajar 5 ó 10 dirhans hace año y medio… y ahora fiaje que juya estás hecho!!!
    besotes (y muuuuy prontito en persona!!!)