Fronteras

Antonio Navarro Amuedo | 3 de agosto de 2010 a las 20:05

Hace mucho que los tiempos dejaron de ser buenos para la lírica de las fronteras y, sin embargo, sólo fuente para relatos épicos. Nos detendremos hoy en el puesto fronterizo entre Marruecos y Argelia por carretera cercano a la ciudad de Uxda (o Oujda, según la denominación francesa), que permanece desde 1994 cerrado. Los límites entre estos dos Estados son los mayores del mundo por longitud que continúan clausurados. Uxda es una ciudad de medio millón de habitantes situada en los confines de la región oriental de Marruecos, una de las más pobres del país, alejada de los aires renovados de la costa atlántica y castigada por un sol despiadado.  Pese a todo, bastante ordenada. La patria chica del presidente actual de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, paradójicamente. El cierre del límite entre los dos países del Magreb puede ser metáfora de muchas cosas, pero la primera que viene a la cabeza es la de la vergüenza, el caos y la sinrazón reinante en las relaciones entre los dos países vecinos. Teóricamente, desde 1988 Argelia y Marruecos forman, junto a Libia, Túnez y Mauritania, la Unión del Magreb Árabe, un organismo permanente creado con el fin de fomentar el comercio entre la comunidad de naciones norteafricana pero en la práctica inoperante. El sábado pasado, en el llamado Discurso del Trono, con el que el monarca alauita celebra cada 30 de julio su ascenso al poder en Marruecos, Mohamed VI, mostrando su disposición por trabajar en pro de la unidad magrebí, no pasó por alto el error histórico argelino. “Esperamos que Argelia deje de contrariar la lógica de la historia, de la geografía, de la legitimidad y de la legitimidad respecto al Sáhara marroquí y que renuncie a sus maniobras desesperadas que tratan en vano de torpedear la dinámica generada a partir de nuestra propuesta de autonomía para nuestras provincias del sur”.  Las  malas relaciones entre Marruecos y Argelia siguen estando indeleblemente marcadas por el conflicto saharaui: Argelia apoya al Frente Polisario y defiende la independencia de la ex colonia española, que Marruecos administra y segurirá administrando más que presumiblemente.

El coche de Mohamed y nuestra curiosidad nos llevan al famoso puesto fronterizo fantasma. Venimos de Saïdia, una de las playas favoritas de los marroquíes de esta zona, al este de Melilla. La línea parece clara, nos indica el chófer del gran taxi, y se divisan perfectamente los paisajes estivales del otro lado de la frontera. Idénticos cereales pardos, mismo sol sofocante. La ruta está marcada, pero, efectivamente, el puesto fronterizo está cerrado.  Vigilan amenazantes policías a ambos lados del puesto aduanero. Se alertan de la llegada de un coche de Uxda. Cepos y pinchos se disponen a lo ancho de la carretera para impedir el paso a los vehículos y la prohibición de hacer fotografías es expresa. La vista al fondo y detrás de la estructura fronteriza se divisa una bandera verde y blanca de Argelia, media luna y estrella. Nos quedamos con las ganas de cruzar y hablar con los argelinos; tomarnos un bocata de carne picada en el primer pueblo, contar las diferencias entre un lado y otro. La escena parece tan estática que nadie duda de que seguirá siendo idéntica durante años. Qué pena, ¿verdad?

El relato de Mohammed, el taxista que nos llevó desde la estación de tren, tiene tintes épicos, que no gloriosos: hoy conduce un gran taxi con el que da portes a la población local por Uxda y alrededores. Anteriormente, su oficio era el de contrabandista: el taxista se sincera y nos cuenta cómo el cierre de la frontera no es absoluto y que con la complicidad de los agentes el gasoil llega desde Argelia y los plátanos marroquíes cruzan a la vecina República Socialista. Al otro lado de la frontera, continuando la costa mediterránea de resina de pinos, adelfas, olivos y viñas y el mar azul, se erige junto a las ruinas romanas de Tipaza el epitafio de Albert Camus: Comprendo aquí eso que llaman gloria: el derecho de amar sin medida. He aquí la mayor gloria de la condición humana. Que zurzan a las fronteras, los controles policiales y la cabezonería de los que mandan en uno y otro lado. Pero eso lo contaremos otro día.

  • Irene

    ¡Muy bien, Antonio, gran artículo!

  • señor x

    Es un placer leerte. Espero que lo siguiente sea un relato sobre Argelia, las últimas líneas de tu carta han despertado mi curiosidad…y mis ganas de retomar la lectura de Camus.

  • MR

    Grande Antonio!! Pues sí, una pena…..imagine there’s no countries…en fin….

  • Luis de Vega

    Antonio, además del contrabando en ambas direcciones también pasan de tapadillo miembros de la familias rotas por el cerrojazo fronterizo -recordar que fue por la muerte de dos españoles en un atentado en Marraquech- y que desde 1994 tiene complicado el poder verse.

  • Antonio de la Roda Abajo

    Me sumo a las felicitaciones.Bien escrito,si señor.

  • Lucia

    Como siempre, muy bueno!! Esperamos una crónica de Argelia muy pronto ;)
    Congrats!!

  • Elena

    Enhorabuena Antonio, me ha encantado!