Carta a Mohammed VI

Antonio Navarro Amuedo | 20 de agosto de 2010 a las 0:01

Majestad:

Vaya por delante que no estoy muy acostumbrado a dirigirme a monarcas ni a figuras de la envergadura de la suya y le agradezco que perdone la descortesía en la que incurriré una y otra vez al utilizar unas formas que no son las que usted frecuenta en su correspondencia habitual. Le agradezco mucho, repito, la amabilidad de acceder a leer estas torpes líneas.

Como podrá imaginarse, me han animado a escribirle esta misiva desde el otro lado del Estrecho, donde me encuentro, no muy lejos del bello puerto de Tánger y al azul espumoso que baña el Cabo Espartel,  los episodios acaecidos en torno a la frontera de la ciudad de Melilla con su Reino.

Le aseguro que el sentir mío y de los míos y me atrevo a decir que el de miles y miles, la inmensa mayoría de los españoles, es el del repudio de la violencia y la discriminación hacia cualquier persona, sea ésta quien sea, cualquiera que sea su raza, fortuna o condición. Desconozco si han tenido lugar esos episodios desagradables que su Ministerio denuncia, porque no he hablado con nadie envuelto en los mismos, pero si ello hubiera ocurrido, mi reacción no sería otra que la de una repulsa absoluta. Y reitero lo dicho: la misma sería compartida por mis próximos y la mayoría inmensa de mis compatriotas.

He visto en alguna ocasión el ambiente de la frontera de Beni Enzar, en Nador, que se ha hecho tristemente célebre estos días. Y la he cruzado a pie. He charlado con los taxistas de Nador, con algún comerciante de los cafés cercanos, he subido a los autobuses que nos transportaban por la zona, he hablado con policías y con gente anónima que cruza a uno y otro lado, que lleva haciéndolo toda la vida, a gente que maneja el español con formas y giros castellanos con la misma certeza con que habla la darija de estas tierras mediterráneas. Sé que son sombras de la realidad, pequeños instantes cotidianos, que no he hecho un trabajo de campo exhaustivo, así que no puedo arrojar aserciones rotundas, porque sería injusto y faltaría a la verdad, pero fueron mis impresiones.

Sin embargo, en mi pobre y esporádica observación he visto, sobre todo, comprensión y simpatía por parte de la Policía española. He visto guiñar el ojo a marroquíes que cruzaban cargados de productos de los supermercados melillenses, algunos de ellos forzando los límites de la naturaleza humana.

Con todo, la impresión mayor que conservo del tiempo en que viví en las tierras de su Reino es la de la bondad, la simpatía y el cariño dispensados hacia mi persona. Y, por lo que he podido apreciar, ésta es conducta general de los habitantes de su Reino hacia los foráneos.

Lo he celebrado desde el primer día. He tratado de difundirlo siempre a propios y extraños. A viajeros esporádicos y a familiares que llegaban a visitarme. A compatriotas y a gentes, en fin, de todo el mundo que pasaban por el Magreb. La mayoría de los marroquíes quieren a España. Y eso, con los errores y las injusticias cometidas por mis antepasados a lo largo de la historia, que no las negaré, es una noble manifestación de magnanimidad.

Por todo ello, Majestad, no puedo sino manifestarle mi tristeza por lo ocurrido estos días en torno al paso fronterizo de Melilla.

Comprendo y respeto la legítima aspiración marroquí de reclamar la soberanía de la ciudad de Melilla. Existen vías, a éste y otro lado del Estrecho, para expresarla; para ello están los foros institucionales y la prensa. Pero creo que las consecuencias de los incidentes de Beni Enzar no ayudan a nada. No, desde luego, a que su Reino abra un debate serio y razonable en torno a la cuestión de la soberanía de la ciudad.

Por el contrario, los acontecimientos de estas últimas semanas han dado alas a las posturas más radicales y nefastas para la relación entre ambos países. En mi país, con independencia de quién tenga la razón, al margen de lo certero de los diagnósticos, los hechos han causado daño.

En primer lugar, han vuelto a enfrentar a Gobierno y oposición. Y han contribuido a separar un poco más a los españoles y a minar la convivencia política y general.

Y, fundamentalmente, han deteriorado la imagen de Marruecos entre mis compatriotas. Algo que nos entristece a los que queremos y respetamos profundamente a Marruecos. Algo que molesta especialmente a quienes trabajan diariamente por el bienestar de ambos pueblos, que no son pocos, se lo aseguro.

Gente que, usted debe saberlo, aprecia los avances realizados por su Reino en materia de progreso material y social y que usted ha capitaneado. Personas que son perfectamente conscientes, sin embargo, de que aún queda mucho por hacer y que hay amplias zonas de sombra. Son profesionales que están dando lo mejor de su edad por empresas que crecen y se desarrollan a ambos lados del Estrecho. Conozco a algunos y por ello los recuerdo ahora, porque es justo decirlo. Empresarios, profesores, periodistas, etc. Trabajan y viven en Tánger, Larache, Tetuán, Asilah, pero también en Rabat, Casablanca o Agadir. Son invisibles allí y aquí. Desgraciadamente.

Hombres y mujeres que, ilusionadas, han creído en Marruecos, en el Magreb, en su futuro, en su amistad y cooperación con España, al considerarlo el vecino y amigo que siempre ha debido ser.

Gentes que se han sentido decepcionadas por estos hechos, por el odio destilado por algunos en Marruecos y en España, por el retroceso que puede suponer, aunque que se nieguen a aceptarlo y lo combatirán con todas sus fuerzas, todo este episodio. Se han dicho cosas injustas y con muy mala intención.

A mí me da la sensación de que parte del trabajo hecho se ha tirado por tierra. Espero que tardemos poco en recuperar el terreno desandado. Pondremos la mejor de nuestras voluntades.

Creo que ya he abusado demasiado de su tiempo. Le reitero el agradecimiento por haber llegado hasta este punto con la lectura.

Ramadan mubarak.

  • Bea

    ¡Bravo!Genial como siempre, Antonio. Te diré que me ha gustado tanto que me ha tocado la fibra sensible y ya sabes que por mi tierra eso no es fácil. Un besote y a seguir haciéndonos disfrutar.

  • Antonio de la Roda Abajo

    Tu carta me parece valiente, llena de cordura,inteligencia y ánimo conciliador. Y además bien escrita.
    Ojalá fuese leída -además de por SM- por activistas y políticos de ambos lados de la frontera y asumieran su espíritu antes de tomar cualquier iniciativa.
    Otra vez mi más sincera enhorabuena.

  • Trinidad

    Las opiniones generalistas contra Marruecos y todo lo árabe han renacido en esta España de Reconquista. Somos un país de vergüenzas y pensamos que lo único importante somos nosotros y en este momento. Olvidamos la historia y nos creemos superiores. Asco me doy estos días de ser española.

  • Juan José Téllez

    Excelente post. Y excelente blog. Un nuevo puente lucido entre dos mundos que se solapan. Enhorabuena.

  • aurora

    Muy bueno Antonio, ojalá hubiera más buena voluntad por todas las partes.

    Saludos

  • Antonio Navarro Amuedo

    En efecto, Trinidad, creo que las opiniones contra Marruecos y la cultura árabe nunca se han marchado del todo y el 11-S tuvo que ver mucho en este renacimiento de la desconfianza y el racismo hacia ellos. Ahora nos toca estar a la altura y separar la provocación de unos pocos del conjunto de los marroquíes y no seguir alimentando el desprecio hacia esta gente. Yo, difiero aquí de ti, no creo que en este episodio los españoles hayamos hecho nada censurable. Es más, cunde entre nosotros la sensación de ser siempre los estafados, de tener la peor diplomacia, la más blanda, la más descoordinada; al menos es la sensación que yo he tenido estos días.

  • Alejandra LR

    Siempre con las palabras más adecuadas consigues describir cada situación, por incómoda que sea. Suscribo todo lo que aquí dices!

  • Juan M. Pascual

    Yo nunca comprenderé ni veré legítima la aspitación marroquí de reclamar la soberanía de la ciudad de Melilla, ni de Ceuta, ni de las Chafarinas, peñón de Alhucemas, etc… Melilla es española desde hace más de 500 años,y me parece preocupante que los españoles empecemos a pensar que el reino marroquí tiene algún derecho sobre ellas.

  • señor x

    Felicidades Antonio! Me ha encantado la forma y el contenido. Muy original! Se agradece leer textos tan conciliadores, escritos con sensatez y buena voluntad.

    Yo también creo que la diplomacia española está siendo de lo más conciliadora con Marruecos, creo que ellos deben poner también de su parte. Al fin y al cabo estamos condenados a entenedernos.

  • Erde

    Sr. Pascual, reconocer derecho a Marruecos a reclamar Ceuta, Melilla y demás no significar otorgarle derecho alguno sobre los territorios españoles del norte de África. De la misma manera que otorgar el derecho a los nacionalistas a pedir la independencia de Cataluña, Galicia, País Vasco o Trebujena en el Parlamento signifique estar a favor de que dejen de ser españoles. Sí le digo sin embargo que en Marruecos la inmensa mayoría del pueblo reclama Ceuta, Melilla y el Sáhara por imperativo nacionalista. Nunca, salvo excepciones, se han preguntado el porqué de esa reclamación ni entienden a los que no lo reclaman cual hooligans.

    Antonio, buen post aunque me temo que el destinatario no lo ha leído en carne y hueso. Insiste, que los que están por debajo sí suelen entretenerse con blogs como el tuyo.