Mubarak

Antonio Navarro Amuedo | 20 de septiembre de 2010 a las 2:15

Mubarak tiene nombre de dictador egipcio, pero en verdad es un pacifista bereber. Como la momia egipcia, Mubarak, el portero de mi edificio, tiene una edad indeterminada, o, al menos, cuando nos lanzamos a adivinar cuántos años puede tener este luchador de la escalera, enjuto, minúsculo, fibroso, con su bigotillo leve y casi adolescente, nadie se pone de acuerdo. Como miles de bereberes del sur de Marruecos, Mubarak, o M’barak, así, sin que la u suene, a la forma marroquí, dejó las tierras de la región de Agadir para tratar de ganarse la vida en Rabat, en esta fachada atlántica del Magreb de las oportunidades relativas. Él limpia la escalera, vigila que dejemos las puertas y ventanas bien cerradas, su auténtica obsesión, recolecta fajos de dirhams para la casera a principios de cada mes y se lleva, de paso, alguna propina al margen de su remuneración recaudatoria. Otros bereberes que, como Mubarak, dominan el árabe –en un bilingüismo que causa sonrojo a cualquiera de nuestros compatriotas– al tiempo que su lengua materna, que es un mosaico de formas nómadas, se buscan la vida en mil y un oficios, entre los que se hallan prósperos negocios de lecherías o confiterías que se reparten por toda la ciudad.

Además, Mubarak dedica las tardes y los fines de semana, con un chaleco que no abandona ni en julio ni en agosto,  a la cafetería Amanda, frente por frente a nuestro edificio, donde gana el resto del jornal con el que poder alimentar a las cuatro bocas de su casa, si es que se puede llamar así a lo que se halla bajo el techo de un altillo del edificio y acoge a sus dos niñas, a Ibrahim y a su señora esposa.  Eso, claro, sin dejar de echarle el ojo al edificio. Cuánto capital humano desaprovechado, me decía mi primo Luis Miguel, que también lo conoce. El oficio de Mubarak, qué digo, es el de la supervivencia cotidiana. Una lucha diaria. Pero sin aspavientos, sin vanidades. Con alegría. Su horizonte, las cuatro esquinitas de la manzana, que custodia como el más fiel de los servidores.

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Mubarak es muy religioso, muy conservador, machista; seguramente sus planteamientos filosóficos rozan el llamado islamismo, pero no tengo ninguna duda de que todo eso del terrorismo basado en su fe musulmana le repugna. Yo a Mubarak no lo he visto matar ni a una cucharacha. Un día le hice el gesto de que había que sacrificar a unos gatos, pobrecitos, te acordarás, para ver si él sabía a quién podíamos dárselos porque nadie los quería y no tenían ya futuro alguno, y se reía a carcajadas de pensar que pudiéramos hacer algo así, aunque fuese con la ayuda de un veterinario. Bueno, miento, a Mubarak lo he visto matar a un cordero, o ayudar a sujetar al animal antes de su sacrificio en la fiesta del Aid-el-Kbir, con la que se recuerda la piedad de Dios ante el hijo que Abraham –o Ibrahim, como se llama su niño, que es del Barça aunque yo he intentado en vano hacerlo sevillista– estaba a punto de sacrificar por amor. El mismo amor a Dios y a cualquier atisbo de vida circundante que profesa Mubarak.

Mubarak es, en el buen sentido de la palabra, bueno. Muy pronto volverá a repetirse la imagen que ves junto a la carta. Y después de desmenuzar a un cordero que será el sablazo gordo del año y que colgará en esa estancia cubierta por la uralita donde vive su estirpe entera, me reservará unas cuantas brochetas que especiará con sal y comino, como ha hecho cada año.

Sin familia aquí, Mubarak interpreta a veces el papel de un pariente para mí. Más de un día y más de dos me ha devuelto a los corrales de mi casa porque me había dejado sin afeitar un mechón bajo la barbilla. Y cada vez que me ve con barba de tres días me advierte haciendo el gesto de empuñar una maquinilla y moverla por la cara de que con esta edad toca ya salir de casa afeitado. Desde casi el principio Mubarak me dice también con las manos y los ojos que él y yo nos profesamos un cariño especial, que no soy como el resto de vecinos de este 5 rue del Percebe llamado Youssef Ibn Tachfine, rey bereber, como Mubarak, que fundó, dicen las crónicas, el movimiento almorávide.

La pena que tengo es que en estos dos años de comandancia general en mi bloque apenas Mubarak y yo hemos podido hablar. Mubarak no habla francés y yo no hablo árabe. Bueno, yo creo que andamos empatados en eso. Hablamos unas cuantas frases en sendos idiomas que nos sirven para saber que todo anda en orden, que seguimos un día más con salud y con vida. Hablamos del tiempo, del trabajo, de lo mal remunerados que estamos ambos, de las respectivas familias y, aunque no te lo creerás, de política. Una vez veía que repasaba con interés, sentado en su silla de mimbre, desde la que otea la entrada y salida del personal, el semanario francés L’Express, pero me confesó que no lo entendía, que sólo se detenía en las fotos. Únicamente buscaba a Obama, al que admira. Eso sí, cada referencia al presidente norteamericano y esperanza de África, incluido este pedazo del norte bereber, la lee con avidez en la prensa arabófona. “¡Como yo, Barak, Barak, se llama como yo!”, comentaba eufórico el día de la llegada del senador de Chicago a la Casa Blanca.

La otra, la Casablanca de aquí, Mubarak la conoce de unas pocas veces, no más. Nunca estuvo él en el norte lejano de Tetuán y Tánger de los aires del Estrecho. Nunca ha pisado Mubarak la playa, que no le gusta nada, me asegura él. Desde luego nunca estuvo de vacaciones. Su única vacación comienza a las once de la noche en que se envuelve en su pijama blanco y dura hasta las seis de la mañana, cuando comienza a rondar la escalera. Mi amigo Mubarak no ha salido de Marruecos, ni tendrá, probablemente, la posibilidad jamás de conocer otros horizontes que los de esta manzana de escaleras, veladores y cafés donde se encierran las fatigas de una vida entera. Y, sin embargo, un día más, silba y sonríe cada vez que nos cruzamos en el recodo de la escalera.

  • Yasmin

    Gracias Antonio!! como ya te dije otras veces me haces sentir muy en casa.
    Un abrazo

  • Elena

    Igual que con otras entradas que he leido de este “diario”, con cada palabra se me amontonan las imágenes como si de repente me hubiera trasladado al gran barrio de Hassan… que grande Antonio!! me encanta!!
    busa kbira!!!

  • Luis

    ¡¡Por fin el esperado homenaje a Mubarak!! ¡¡Cuánto lo celebro!! Lo dices muy bien: qué difícil el oficio de la supervivencia cotidiana; qué meritorio llevarlo a cabo y estar en paz con uno mismo al término de cada jornada. Un abrazo. Luis M.

  • Antonio de la Roda Abajo

    …..bieeen, como sonaría en los tendidos de la plaza del Baratillo cuando el torero se está doblando con arte en los compases iniciales de la faena de muleta.
    Me ha encantado el homenaje a ese pequeño-gran personaje que nos descubres y al que someramente conocí durante mi visita a tu casa.
    De nuevo mi enhorabuena. Pero esta vez más sentida y justificada, Antonio.

  • Lucia

    Tengo la piel de gallina y casi la lagrimilla colgando del rabillo del ojo, me has transmitido tantos sentimientos tan familiares…ha sido muy muy bueno!!! Me he teletransportado a Youssef ibn Tachafine por un momento y he visto a Mubarak en tu portal…
    Gracias por regalarnos relatos como estos!! Felicidades!!

  • señor x

    Lástima por mí que no conozco a este célebre portero… Y aunque la vida de Mubarak, parece similar a la de tantos otros marroquíes que sí he conocido: rutinaria, sencilla y siempre hacia delante, consigues Antonio, con tus descripciones y tus cariñosas palabras engrandecer al personaje y a la persona. Y que no levante la mirada de la carta hasta la última palabra. Gracias de nuevo.

  • J33

    Enhorabuena por este texto. Saluda a M’barak de mi parte, de parte de tantos ICEX que le hemos conocido…

  • Antonio Navarro Amuedo

    Muchas gracias a vosotros: ¡intentaremos seguir contando la vida cotidiana de Hassan para todos los que habéis pasado por este inolvidable barrio! Un abrazo

  • Las dos feriantes

    ¡Por fin ponemos cara al famoso Mubarak más conocido que el ex presidente egipcio!Ahora solo queda estrecharle la mano en persona y oler su aroma made in Spain!!!firmado: las dos feriantesss

  • Juan Pablo

    Que grande M´barak! Me siento afortunado de haberlo conocido y haber podido compartir tal y como tan bien describes un año de estas experiencias con él.
    Un abrazo!