Chomsky en un petit taxi

Antonio Navarro Amuedo | 1 de octubre de 2010 a las 14:47

“Salam Alekum”. “Alekum Salam”. “À l’Agdal, s’il vous plaît”. Apenas arranca el petit taxi azul de Rabat, uno de los muchísimos que he probado en todas las geografías del país, con sus cinturones desvencijados y puertas que se niegan a cerrar y abrirse, centenares de veces, en dirección al barrio de las franquicias occidentales y los marroquíes desahogados, cuando el taxista comienza a darme explicaciones. “Esto que oye –como tantos y tantos petit taxis, el vehículo es una pequeña mezquita motorizada– es el Corán. Hay dos formas de recitarlo. Ésta es una”. Asiento como si acabara de poner mis pies por vez primera en Rabat y Marruecos. No tengo muchas ganas de dar explicaciones.

El taxista, trajeado pero víctima de una corbata lila con dragones estampados, prosigue. “No es una oración como alguna gente pudiera pensar; son versos del Corán recitados”. Sigo haciéndome el nuevo; ya sé que tengo cara de haber llegado esta tarde a un congreso sobre democracia en Oriente Medio en la Universidad de Rabat, me digo, pero no me queda otra. “Como le decía, hay otra manera de recitarlos”. Sin mediar palabra, el conductor saca el CD con la música coránica, lo guarda en una funda de plástico para inmediatamente introducir otro. El árabe clásico comienza a flotar, con la misma cantinela, por el pequeño taxi. “¿Nota la diferencia? Es la otra forma de recitar el Corán. Ya no existen más maneras. Ambos recitadores son egipcios: me encantan”.

Las pequeñas dosis de teología y folclore son habituales entre los taxistas, que hacen gala de la misma exquisita hospitalidad de los marroquíes. También predominan temas más profanos, como la sempiterna pregunta: “¿Español?”. “Oui”. “¿Madrid o Barça?”. De ninguno de los dos, señor, de ninguno, ya lo sabes, me toca siempre responder. Y una conversación futbolera que este año culmina siempre en felicitaciones por la victoria de España en el Campeonato del Mundo.

Entrando en Agdal, la conversación –yo respondo algún monosílabo y supero el mero asentimiento con la cabeza– se hace un poco más profunda. La lengua árabe es el objeto de sus explicaciones. “En todas las lenguas, como el francés, por ejemplo, encontramos una estructura parecida de Sujeto Verbo Complemento”, me suelta. Me digo, jolín, ¡un taxista leído! ¡qué gusto!. “Por ejemplo: Jean et Danniel vont au marché o John and Michael go to the market. ¿Lo ve, no?”. Yo lo veía, hasta ese momento, sí, pero lo que no veía tan claro era dar crédito al análisis sintáctico del conductor que me lleva sin rumbo por las calles de Agdal. No le he dicho aún la dirección ni falta que me hace. Quiero que siga hablando.

“Chomsky analizó muchísimas lenguas para concluir que existe una gramática universal común a todas, pero se topó con el árabe, que se le escapaba a sus esquemas”, asevera. A mí sí que se me estaba escapando algo o mucho cuando nuestro amigo, el taxista encorbatado y sonrisa perpetua, comienza a citarme al padre de la gramática generativa. “¿Ha leído a Chomsky, ¿no?”. No sé qué decirle, la verdad.

Después de aquello, con la cabeza más pendiente de cómo te contaría esto en una carta que de lo que me estaba relatando, el taxista, aparcado delante del local al que le había pedido que me llevase, siguió explicándome por qué el árabe es un caso particular alegando enunciados y más enunciados, moviendo a su antojo y para mi absoluta ignorancia sujetos, verbos y complementos. Después escuché cómo revivía las polémicas entre el lingüista de Filadelfia y activista político con Skinner, y yo ya flipaba, que no se me ocurre otro verbo a estas alturas de la película.

Lo tengo que interrumpir bruscamente y preguntarle; no aguanto más. “Señor, ¿y usted cómo sabe todo eso?”. Y me suelta de sopetón, como me citaba de cabeza las explicaciones de Noam Chomsky, que es licenciado en lingüística especialidad en lengua árabe por la Universidad de Rabat en el año 1996. Casi na lo del ojo, me sale en el español de mi tierra, sacándome la cartera del bolsillo. Y ahí está, con su pequeña máquina azul, destartalada, dando portes por unos pocos dirhams para arriba y para abajo y los Aspectos de la Teoría de la Sintaxis de Chomsky en la guantera.

Nunca encontré en el primer mundo de los taxistas quejosos que te acusan sin conocerte de nada de haber votado al alcalde que los fríe a impuestos municipales o van de sobrados con sus discursos sobre lo mal que va siempre el negocio y el mundo en general no ya la simpatía de estos conductores magrebíes sino lingüistas o teólogos al volante como hallé al sur de Gibraltar.

Prometo, estas líneas y tú sois testigos,  irme a Chomsky y rastrear las explicaciones sobre el árabe y las gramáticas universales que nunca busqué ni hallé, hace ya varios años, en los anaqueles de las bibliotecas de la Facultad. Gracias a mi amigo el taxista azul de Rabat.

  • Laura

    Siempre maravillosas las experiencias que prejuicios…
    Si encuentras eso en Chomsky cuéntame, que me interesa mucho! :)

  • José Corral

    Increible pero cierto. No lo pongo en duda.
    Y luego dicen que no hay desempleo en Marruecos… ¿o es que como no hay subsidio por rascársela la gente se busca las habichuelas con lo que sea? pero entonces qué cifras reflejan mejor la situación del país: las del Ministerio de Economía de Marruecos con su 9,9 % de paro, o las del Inem de España con su 20 %?

    Felicitaciones al autor.

  • Ana Gómez-Ruiz

    Como siempre sorprendente, agradable y maravilloso!!!
    Te felicito de nuevo, absolutamente genial.

  • Lucia

    Como siempre buenísima!!! Casi me muero de la risa por la situación. Es una pena que la realidad sea tan cruda y tantísimos licenciados no tengan trabajo de lo suyo (ni en Marruecos ni aquí en España)

  • Luis M.

    He aquí una demostración más de para qué escribir un blog. Es en la narración de lo cotidiano donde mejor se aprecia la textura de un tiempo, de un lugar. De ahí la importancia, muchas veces olvidada, de los diarios o de las cartas que atrapan el presente. Me sumo a las felicitaciones al autor. Luis M.

  • El tío del Calerín

    Aquesta vegada tas superat, Nen

  • señor x

    Antonio, genial! He leído la carta con una sonrisa en la en la cara. Nuestros vecinos del otro del estrecho son una caja de sorpresas y me alegro de que tú estés allí para seguir descubriéndonoslas