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Ni del Barça ni del Madrid

Antonio Navarro Amuedo | 15 de junio de 2010 a las 12:12

“¿Español?” Primera pregunta. Casi retórica. Segunda. “¿Barça o Madrid?” En la estación de autobuses, en la tiendecita de ultramarinos, en la tienda de babuchas de la medina. Con seguridad la habré respondido más de cien veces en todo este tiempo. Respuesta siempre idéntica: Ni de uno ni de otro. Reacción de mi interlocutor: perplejidad.  Y el esbozo de una sonrisa, como diciendo: ¡Pobrecillo! ¡Éste no se ha enterado todavía del que vale!

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La verdad es que el buen momento de mi equipo, el Sevilla FC, ayuda y la mayoría sitúa al club en sus coordenadas clasificatorias y es capaz de citar a algún componente del equipo. Los más repetidos: Kanouté, al que nombran siempre con cara de admiración, y Luis Fabiano o Jesús Navas. El domingo encontré a un joven vistiendo la camiseta del Sevilla en la medina de Fez, circunstancia que siempre me alegra por su rareza. No creo que en el tiempo que lleve en estas tierras haya visto más de una docena del club hispalense. Siempre acompaño la mención a la entidad de Eduardo Dato con la frase “Ana m’n Isbylia”, una fórmula un poco rara ya de decir que soy sevillano… lo que provoca una sonrisa siempre cómplice en mi interlocutor.

Sorprende que la pasión por el fútbol español, que es admiración por nuestro país en suma, que profesan los marroquíes sucumba ante la omnipresencia y omnipotencia de los dos grandes clubes españoles. Los otros 18 equipos de la liga son mera anécdota, grupos de jugadores a los que el Barça y el Madrid tienen que enfrentarse cada fin de semana para ganar la liga doméstica y prepararse para jugar con los grandes clubes de Europa. Contaba el embajador español en Rabat, Luis Planas, hace unos meses que, con motivo de una una visita a Marruecos, el presidente saliente del FC Barcelona, Joan Laporta, le preguntaba si en el reino alauita ganaban ellos o el Real Madrid en el favor de los locales. A lo que Planas respondió: “vosotros, pero no se engañe, porque son los que ganan ahora”. Lo cierto es que el Barça es el primero y distanciado del Madrid (y del resto de clubes del orbe). Su escudo, más o menos conseguido, aparece colgado de los frontales de los camiones y coches, colgado en comercios, en envoltorios de chucherías y sus camisetas salpican todas las ciudades marroquíes de Tánger a Agadir.

Más preguntas. Hace unos días, en el fotomatón, cuando me preparaba para que un empleado me hiciera las fotografías, volví a ser víctima de la cuestión retórica número uno. “¿Español?” Sí. La segunda: “¿Andaluz?”. Y sí, respondí. ¡Cuánto acierto, me dije! Lo siguiente al descubrimiento de que los orígenes de uno están en el solar que otrora fuera el corazón de Al Andalus es la evocación del estrecho vínculo entre aquella cultura y la norteafricana. Marroquíes y andaluces somos hermanos. No en tantas ocasiones como me han preguntado por el equipo de fútbol, pero no pocas han sido las veces que me han recordado aquel episodio de la historia de Europa, España y Andalucía, tan desconocido y distintamente analizado y enseñado en las aulas del norte de Tarifa. Después de tenerme un cuarto de hora hablándome de los musulmanes expulsados por los monarcas españoles y refugiados en las medinas magrebíes así como de la localidad extremeña de origen del apellido y la familia de su esposa, el fotógrafo me pidió que entrara al otro lado del mostrador. Allí me mostró sonriente la lectura que tenía entre sus manos en estos momentos: una versión en árabe y en español del título Análisis de los escritos aljamiados de los moriscos andaluces. Pues eso.