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Un asesor de comunicación

Antonio Navarro Amuedo | 7 de diciembre de 2010 a las 19:03

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Llegados a este punto, la verdad, creo que Marruecos lo que de verdad necesita es un asesor de imagen o, como se estila ahora, de comunicación. Ni un nuevo Gobierno, ni un plan de autonomía avanzado para el Sáhara Occidental ni avanzar en los planes de convergencia económica con la UE. En este mes han logrado superarse por días, por horas. Y mira que la panda de activistas saharauis, desde el tío de las películas de risa que viene desde Madrid a hacerse la foto en la jaima y a comerse un tajín hasta la parejita aquella que ha hecho más encuentros con la prensa que la que gana el Planeta cada año se lo ha puesto facilito. Pues nada. Ni por ésas.

Resulta que intentan contenerse y ser de lo más delicado posible en el desmantelamiento del campamento de las jaimas de El Aaiún y logran que la opinión pública española, con los medios de comunicación como avanzadilla, de un espectro a otro del arcoiris político, les coja el asco propio del que ha cometido una masacre humana, un genocidio. La últimas cifras que conocemos, si no estoy equivocado, dicen que han muerto más policías y gendarmes -11-  a órdenes de Su Majestad que civiles de la ciudad principal de la región del Sáhara Occidental, que parece que han sido tres. En fin, que se lo habían puesto a huevo: y a eso que salen los dos ministros de turno, el de Interior y el de Exteriores, y se sacan de la chistera el numerito de los DVD y los dossieres de prensa. Y a empezar a echar porquería a todo el que está alrededor: que si el Polisario es Al Qaeda en verdad, que si Argelia es la más mala de todos, que si el PP es amigo de los anteriores, etcétera.

Luego y principal, que con ésa llevan un mes: la persecución, llevada a extremos ridículos, hacia la prensa española. ¿No se dan ustedes cuenta de que  en Madrid están deseando que echen o saquen tarjeta amarilla a los periodistas españoles que andan por aquí para sacarlo en las portadas? Un poquito de finezza, que manca una jartá, como dicen por mi tierra. Pues nada. Todos los días con alguno. Hasta los que entran con sus mujeres para comprar bolsos y babuchas de fin de semana, a esos también los mandan para atrás. La MAP colgando comunicados de todo quisque contra los medios de comunicación españoles: da la impresión de que lo traduzco y mando en francés un texto de la asociación de cultivadores de zanahoria de Meknès y lo cuelgan à la une de la Agencia de Noticias pública marroquí.

¡¿Y habrá sido por falta de trabajo?! Ese Naciri, ese Fassi Fihri, ese Cherkaoui. No han parado: en Rabat, en Bruselas, en Madrid. Donde hubiera que estar. Lo mismo da un viernes a última hora, cuando en España sus señorías están ya caminito de sus provincias para pasar el fin de semana con su familia, aquí en Marruecos los diputados tienen la costumbre de reunirse en pleno para votar declaraciones evanescentes.

¡Y esos rebotes!… Uno de los gordos, contra el PP, por la declaración que escoció tela marinera a los políticos de aquí del Parlamento Europeo condenando la violencia del desmantelamiento de las protestas de El Aaiún. ¿Cómo demuestran el cabreo? Con una supermarcha contra Rajoy y los periodistas. El último les ha venido cuando el Parlamento español aprueba una moción que ni nombra a Marruecos en la que se insta al Gobierno de España a condenar la violencia que se produjo en El Aaiún y alrededores. Ahora ya contra toda España. Se dan por aludidos, se cabrean y ahora dicen que se replantean las relaciones con España. El último coletazo: marchas para liberar Ceuta y Melilla. Esfuerzos inútiles y vanos que dejarán de tener el efecto deseado para el régimen de lograr la cohesión interna para empezar a resquebrajar las voluntades inquebrantables en torno a los métodos, formas y objetivos.

¿Qué harían con un Wikileaks [por cierto, no veo el cabreo contra EEUU que tocaría después de que se supiera lo que se ha sabido que pensaba la Embajada yanqui en Rabat] a lo bestia contra Marruecos? Desgraciadamente, la hoja de servicios de Marruecos en los últimos años es bastante mejor de lo que ese viejo asesor de imagen, encabritado y desquiciado, se empeña a seguir mostrándonos al resto.

Paisajes para después de la tormenta

Antonio Navarro Amuedo | 3 de diciembre de 2010 a las 2:20

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Foto: Aujourd’hui Le Maroc

En realidad, la tormenta no ha cesado. Todo lo contrario. Hoy, el Parlamento marroquí tiene previsto pronunciarse sobre la moción presentada por Izquierda Unida con la condena a Marruecos -sin citarlo- por la violencia empleada en el desmantelamiento del campamento de protesta Gdeim Izik, a unos pocos kilómetros de El Aaiún. Después de declarar al PP como enemigo, llamarlo franquista, colonialista y nosecuantas cosas más y haber montado una manifestación en Casablanca contra esta formación que recuerda demasiado a las que se organizaban en la Plaza de Oriente, ahora a los diputados marroquíes no les quedará que extender sus palabras de condena a la formación postcomunista y a su socia ecosocialista. Anoche, el ministro de Comunicación, Jalid Naciri, dijo que Marruecos “reexaminará” sus relaciones con España. Llevan un mes declarándose enemigos por todas partes; algo falla, desde luego.

La inevitable distancia entre pueblos y gobiernos, inútil discutir si más lejanos que nunca estuvieron o lo contrario, se intensifica en países no democráticos. Los marroquíes poco tienen que ver con las bravuconadas de sus gobernantes y el lenguaje belicoso que emplean. Tampoco los españoles tienen que ver con la incompetencia de su Gobierno y el oportunismo de su oposición. En Marruecos, ya lo sabes, que para eso te has recorrido conmigo este país, hay miles de españoles que aman estas tierras, que tratan de ganarse la vida lo más dignamente posible. Son profesores, empresarios, funcionarios, periodistas. En una discoteca me decía un empresario navarro el otro día: “Somos una empresa de construcción, pero que queremos elevar el pabellón español y acabar con la mala prensa que han dejado otras empresas de nuestro país anteriormente”.

El malestar en el seno de la Embajada de España y el existente entre la comunidad española es evidente. Hay desconcierto sobre el futuro de las empresas e intereses de nuestro país en estas tierras: todo el mundo está convencido de que el colchón de intereses compartidos entre Marruecos y España predominará, pero el cortoplacismo es difícil de predecir en este país. En una política marcada por el sobresalto diario y la reacción espontánea como mayor estrategia todo es posible. Y los empresarios están preocupados, cómo no.

Por lo pronto, el marroquí no ha hecho aún suya la locura informativa que en nuestra época obliga a actualizarse casi al minuto, al ritmo que marcan los nuevos twitter que van llegando a nuestro ordenador o los renovados status del Facebook de los colegas. Aquí manda el tranquilo que llevo prisa. No esperes del marroquí ordinario que esté al tanto de la última declaración de algún ministro de su Gobierno. Cuando no conoce al ministro, lo conoce pero no lo cree, y no lo critica más abiertamente por miedo, el mismo que tenían nuestros abuelos cuando hablaban de política. El marroquí es generoso, amable y cercano, así son la mayoría de los que me cruzo cada día de casa al trabajo, en la Plaza Pietri y sus puestos de flores y carne, en la lechería, en la panadería donde preparan ese pan con aceitunas tan rico, en el quiosco donde tuestan tan bien los anacardos y las pipas. Y defienden la pertenencia del Sáhara Occidental como territorio marroquí con el ahínco de una pasión futbolística, convencidos de estar del lado de una razón que han oído en exclusiva durante todas sus vidas en todos los formatos posibles.

La desgracia de las decenas de muertos y desaparecidos a causa de las fuertes lluvias registradas en todo el país nos ofrece la imagen real de Marruecos más allá de las rabietas que provoca entre los dirigentes del país cada decisión parlamentaria en Europa, cada artículo más o menos amarillo, más o menos injusto (éste será otro tema), publicado  por los medios de aquel lado del Estrecho. La tragedia ha centrado por completo los esfuerzos de una prensa que ha descansado de la pelea contra el fantasma español por unos días. Lamentablemente,  la tregua  llega de la mano de la desgracia de las gentes más humildes de lugares como Larache o Casablanca, aquellos inocentes que han perdido sus bienes e incluso sus vidas y nada saben de soberanías, mociones y orgullos patrióticos de uno y otro uniforme.