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El último parpadeo (Chris Marker, 1921-2012)

Manuel J. Lombardo | 30 de julio de 2012 a las 15:35

A sus 103 años, recién salido del hospital, con nueva película por estrenar y rodando ya la siguiente, Manoel de Oliveira sigue enterrando a los más grandes y longevos cineastas de nuestro tiempo. Esta mañana, justo un día después de su 91 cumpleaños, conocíamos la muerte de Chris Marker (1921-2012) a través de una escueta y emotiva nota del crítico Jean-Michel Frodon publicada en las redes sociales: “Un monde plus vide et plus triste: Chris Marker n’y est plus”. En cuestión de minutos, el orbe cinéfilo más selecto se unía en un sincero duelo colectivo por la pérdida del que sin duda ha sido uno de los más grandes creadores audiovisuales: escritor, fotógrafo, cineasta, ensayista, pensador, memorista, amante de los gatos y las chicas guapas y activista sin rostro de las imágenes y los sonidos que ha atravesado la mitad del siglo XX y lo que llevamos del XXI con una constante inquietud por la búsqueda de formas pensantes, musicales y hermosas capaces de explicar el mundo, su belleza, su misterio, sus miserias y sueños utópicos,  para mostrarlo desde una mirada siempre lúcida, joven y perpleja, siempre en paralelo a los avances tecnológicos (de lo analógico a lo digital pasando por el vídeo) puestos el servicio de la creatividad, el juego, el pensamiento y el trabajo artesanal en el taller-laboratorio, alejado de toda circunstancia comercial o coyuntura industrial.

No hace ni dos semanas que celebrábamos aquí la aparición en España de un segundo cofre con varias piezas de Marker en el sello Intermedio, el único que se ha atrevido a presentarnos como se merece al autor de Lettre de Sibérie, La jetée, Le jolie mai, Loin du Vietnam, Le fond de l’air est rouge, Sans Soleil, Recuerdos del porvenir, El último Bolchevique, A.K., Level 5, Gatos encaramados, Inmemory, Roseware y otros proyectos siempre heterodoxos, inclasificables y pioneros en su búsqueda de nuevos formatos (el foto-relato, el documental creativo, el cine-ensayo, el retrato, el diario de viaje, la instalación, el CD-ROM interactivo, la alteridad virtual en plataformas como Second Life) a través de los que poner en juego eso que Isaki Lacuesta (Las variaciones Marker) llama “el instante del parpadeo que no quiere escondernos nada, sino abrirnos los ojos”.

Porque es en el montaje, en el trabajo intersticial entre planos, en la creación de estructuras plenas, autónomas e intransferibles donde reside buena parte del genio markeriano, más allá incluso de su don de haber estado siempre donde había que estar, de haber colocado su objetivo en el rincón preciso del acontecimiento o en el ojo del huracán de la última revolución para intentar cambiar el mundo.

Nada mejor que recuperar los dos cofres de Intermedio o visitar su canal en Youtube para rendirle homenaje; o revisar las dos únicas publicaciones en castellano que han estudiado y analizado a fondo su trabajo: Mystère Marker. Pasajes en la obra de Chris Marker, que acompañó la retrospectiva que le dedicó el Festival de Las Palmas en 2006, y C.M.: Retorno la inmemoria del cineasta, un libro editado como complemento de una exposición que, sí, señores y señoras, pudo verse en el CAAC sevillano allá por el 2000.

Chris Marker: La política, entre chicas y gatos

Manuel J. Lombardo | 16 de julio de 2012 a las 22:14

“Me hubiera gustado vivir una época más pacífica para dedicarme a filmar lo que realmente prefiero, chicas y gatos”

Chris Marker

 

Las manos y la voz de Chris Marker, su avatar gatuno (Guillaume-en-Êgypte) surfeando en Second Life, paraíso virtual paralelo en el que el cineasta sin rostro vive refugiado desde hace años, su laboratorio de pantallas, ordenadores, cables, libros, revistas, recortes y cachivaches. Lo hemos visto en Agnès de ci de là Varda, la estupenda serie de televisión de Agnès Varda, compañera de viajes, batallas y rodajes. Un Chris Marker nonagenario igual de inquieto y curioso que en los días de Les estatues meurent aussi o Lettre de Sibérie, suscrito a la actualidad, encantado de probar el último dispositivo tecnológico, presto a echarse a la calle a espigar imágenes y testimonios de la última revuelta, de la última causa justa, pero también de chicas bellas y gatos pasajeros.

Este nuevo cofre Chris Marker, Mosaico (1968-2004), el segundo que edita el sello Intermedio en España, llega justo a tiempo para revitalizar y reconstruir un puente histórico entre la mirada comprometida y política del Marker de los años sesenta y este tiempo convulso de crisis profunda e indignación. Justo a tiempo para recordar que todo ya pasó antes, sí, pero que también todo se filmó antes y mucho mejor que ahora.

A Marker le hubiera gustado rodar tal vez más fábulas futuristas y románticas como La Jetée o ir con más frecuencia al encuentro de sus cineastas favoritos (Hitchcock, Kurosawa, Tarkovski, Medvedkin). Sin embargo, su espíritu, que es también, aunque en otro tono, el mismo de Varda o Godard, lo ha llevado siempre  a estar donde había que estar (de Chile a Yugoslavia, de EE.UU a Vietnam, de Cuba a Rumanía, de China a Brasil, de Japón a Guinea Bissau), con la cámara siempre cargada, dispuesta a registrar ese gran archivo visual de su tiempo que luego cobraría forma pensante en la sala de montaje, con sus flamantes maquinitas de vídeo, entre fundidos y encadenados, con rótulos caseros y texturas más o menos sucias y profesionales.

Este cofre establece así un puente entre décadas lejanas a partir de un mismo compromiso con la realidad y con el poder ensayístico del cine, en un gesto indudablemente político, un gesto de izquierdas, que no se queda en la superficie de los discursos y las soflamas de urgencia para ir un poco más allá, más al fondo, de sus propias estructuras y maneras de enunciación.

La sexta cara del Pentágono (1968) testimonia en estilo directo la marcha de los estudiantes norteamericanos contra la Guerra de Vietnam, capturando la energía de uno de los últimos grandes momentos de impulso utópico civil del siglo XX en Estados Unidos. Y entre el tumulto, esquivando las cargas de la policía, aún hay tiempo para filmar una cara bonita, para seguir, ralentizar o congelar un hermoso rostro de mujer que desafía a los fusiles a un metro de distancia.

 

La Embajada (1973) va un poco más allá al coquetear con la textura (Super-8) y las formas del found footage para desmontar la falacia de la realidad documental en un experimento de ficción política protagonizado por un grupo (de actores) que ‘simula’ un encierro en una embajada cuando las calles están tomadas por el ejército. Marker nos está hablando del Golpe de Estado en Chile, pero una delatora Torre Eiffel al final del metraje revela que se trata de un juego, más simbólico y potente si cabe que de haber sido cierto.

El puente se sigue cruzando en los noventa con Casco Azul (1995), la filmación, en un plano fijo y cercano, del testimonio del médico François Crémieux, miembro de las fuerzas de la ONU destacadas en Bosnia-Herzegovina, un soldado que desmonta con distanciada elocuencia y portentosa palabra la falacia humanitaria de aquella empresa internacional en epicentro de la más cruenta de las guerras recientes en Occidente. Mentiras y teatro para acabar matando perros como entrenamiento para el alma.

Y al otro lado del puente asoman Los gatos encaramados (2004), película-síntesis, último gran gesto reconciliador markeriano entre la política, las chicas guapas y sus queridos gatos, o cómo contar el presente, el 11-S, la segunda guerra de Irak, las elecciones francesas, la repetición de los errores, el repunte de una nueva conciencia crítica entre la juventud, posible germen de lo que hoy se moviliza desde el movimiento 15-M, siguiendo la pista de unos gatos sonrientes pintados en las paredes y los lugares más insospechados de París.

Pero por las aguas bajo ese puente también han bajado los experimentos lúdicos, los divertimentos tecnológicos, la imagen como experiencia de vida: Teoría de los conjuntos (1990), parábola sobre la condición humana a propósito de un Arca de Noé digital; Slon Tango (1990), o el baile de un elefante al son de un tango de Stravinski; Tres vídeos haikus (1994), homenaje a los Lumière, al Sena transfigurado y al espíritu de las vanguardias; o E-CLIP-SE (1999), un vagabundeo visual alrededor del eclipse de sol del 11 de agosto de 1999 en un jardín de París a vista de… lechuza.

Chris Marker. “Mosaico” 1968-2004 – Intermedio – Digipack 2DVD + libreto 64 págs. (textos de José Ángel Alcalde, François Maspero, Rubén García López y Jean-André Fieschi) – 158 min. – 24,95 euros