I love Lena!

Manuel J. Lombardo | 31 de mayo de 2012 a las 9:35

Esto de las series, de las series norteamericanas, se entiende, se ha convertido en una nueva religión para la clase media (cuando hoy todos creemos ser clase media), un nuevo consenso para el tiempo de ocio casero en el que no faltan tantos placeres culpables como lugares comunes, tantas identificaciones satisfechas como argumentos para las nuevas camadas del ámbito académico.

Desde el descubrimiento de Los Soprano, la madre del cordero, uno también ha caído rendido a los encantos narrativos y afectivos de la serialidad, y por los desgastados cojines de mi sofá han pasado ya centenares de episodios de The Wire, Boardwalk Empire, Deadwood, Mildred Pierce, Carnivale, Boss, The Good wife, Modern family, Mad Men, Justified, The Walking dead, Homeland, Generation Kill o Tremé, por citar los títulos más memorables.

Ando ahora siguiendo en paralelo la segunda temporada de The Killing, definitivamente estirada y desinflada, sacándose burdos ases de la manga a cada nuevo episodio; la quinta de Mad men, paradigma de sofisticación y elegancia, una serie capaz de lo mejor y lo peor, de la sutileza y el manierismo más deslumbrantes a la obvia sobrecarga de subtexto cultural para sus analistas y exégetas universitarios; y la que, a mi juicio, es la más grata sorpresa de la temporada, Girls, de Lena Dunham, una comedia de chicas neoyorquinas de la cadena HBO.

Girls integra dos universos aparentemente irreconciliables como el nuevo indie post-mumblecore y el inconfundible toque de la factoría del humor angelino de Judd Apatow. Nacida para ser una estrella (alternativa), la Dunham (Nueva York, 1986), un glorioso patito feo con tanto carisma y magnetismo como escaso sentido del pudor, desplegó ya el universo de Girls en su segundo largometraje, Tiny furniture, una de esas peliculitas con encanto que descubría todo el potencial de una mirada y una escritura autobiográficas tras la que podía escucharse eso que llaman “la voz de una generación”.

Girls recupera a algunos de sus personajes, el que interpreta ella misma, Hannah, y el de su excéntrica y salvaje amiga británica Jessa, interpretada por la radiante Jemima Kirke, para trazar una suerte de “chicas urbanas de hoy en día” liberado de corsés y correcciones políticas hasta el punto de hacer de la franqueza (sexual y verbal), la excentricidad o los clásicos conflictos sentimentales sus principales bazas para el “entretenimiento inteligente”.

Las chicas de Girls no tienen especiales atributos, son cuatro variantes (complementarias) de la veinteañera post-universitaria de clase media, se enamoran y se desenamoran, follan o se masturban, trabajan o dejan sus trabajos, escriben diarios, tuitean y van a fiestas, se traicionan y se reconcilian, se emborrachan o se drogan, y también se equivocan constantemente, se humillan ante ellas mismas, ante sus padres, sus amigos, sus novios o sus amantes de ida y vuelta.

La Dunham, que se reserva el mejor personaje, transita con inopinada soltura por la cuerda floja de lo patético, por la frontera entre la screwball y el estupor posthumorístico, para devolver una imagen no tan deformante de esa generación mimada que parece mirar siempre hacia los felices ochenta como arcadia vintage en la que encontrar modelos estéticos (la moda, la música), soluciones y vías de escape para estos tiempos de desconcierto, precariedad y crisis.

Girls apenas necesitó dos capítulos de 25 minutos para asentar un mundo de ficción con vida propia, un mundo que comunica los apuntes autobiográficos y el retrato generacional con una excepcional y variopinta galería de personajes, femeninos pero también masculinos, y unos diálogos ágiles y brillantes que han sabido disolver la literatura de diario con talento, sentido del ritmo, soltura y desparpajo.

El sector más talibán de la crítica ha acusado a la serie de “lack of diversity” (“falta de diversidad”), argumentando que en ella sólo salen blancos judíos de clase media con problemas de blancos judíos de clase media. Esta crítica es, en realidad, el mejor de los halagos posibles, ya que el verdadero logro de Girls, una serie de autora, es hablar de lo que conoce de primera mano, sin complacencia, sin estadísticas ni manuales de guión o corrección política a la hora de escribir y afrontar cada nuevo episodio. Las criaturas de Dunham, aun cuándo rozan los estereotipos y cierta tipología generacional, están muy vivas y se mueven por su mundo sin complejos, sin necesidad de pedir disculpas más que a ellas mismas cada vez que se equivocan, y lo hacen a diario o, mejor dicho, semanalmente.

Girls empieza a emitirse en España este domingo 3 de junio en Canal+ Comedia a las 22:00h.

  • St. James

    Estimado Don Manuel:
    No confunda, please. Si el estilo de esa “pandilla Apatow” que usted adora se localiza en algún rincón de la caja tonta, es en “Parks and Recreations” y “The Office”. Pero, si lo que usted busca es incorrección, llevada a un paroxismo de moscojonería casi Waters, “It´s Always Sunny in Philadelphia” es su serie. Cometa el atrevimiento de invertir poco más de dos horitas en trasegarse los siete episodios de su primera temporada, y después hablamos. Luego dígame si “Charlie got molested” no es el aftermath que todos pronosticamos al amarillismo docu-excusado del listillo de Jarecki. Y llora uno de risa, que es lo que cuenta, caramba.

    Más tarde, tal vez, llegue a “Dennis and Dee Go on Welfare”. Si para entonces no le ha quedado claro que el futuro de la comedia está en la puñetera tele, le mando a los Hermanos McPoyle, en bata y calzoncillos, para que le hagan entrar en razón.

    Un abrazo,
    St. James

  • Sofia Martínez

    Con una historia sencilla pero que ha logrado identificarse perfecto con los jóvenes, girsl se ha convertido en el a serie del momento. Actualmente veo Girls season 3 y sigo sorprendiéndome en cada capítulo. Es una excelente propuestas que recomiendo mucho.


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