Queridísimo verdugo

Manuel J. Lombardo | 10 de marzo de 2013 a las 11:51

Producida por O som e a fúria y presentada a concurso en la pasada Berlinale, Terra de ninguém, documental de la portuguesa Salomé Lamas, nos acerca a la fascinante, turbadora y fantasmagórica figura de Paulo de Figueiredo, soldado y mercenario profesional que, desde los años sesenta, desempeñó la tarea de liquidador a sueldo en los más diversos rincones del planeta, del África en pleno proceso de descolonización al País Vasco, donde realizó encargos para los GAL asesinando a miembros de ETA.

Sentado en una silla sobre un fondo oscuro frente a su interlocutora en una nave abandonada y diáfana, Figueiredo, un fantasma en vida, va soltándose poco a poco frente a la cámara a lo largo de cinco jornadas de entrevistas editadas de manera fragmentaria, numerada y sincopada, a latigazos de elocuencia episódica que no dejan apenas tiempo para reposar el contenido de unas declaraciones espeluznantes en su frialdad descriptiva y metódica: relatos de encargos expeditivos y sanguinarios, precisos rituales de la aniquilación, cuentos de la adicción a la sangre y a la muerte, códigos de honor del asesino que “nunca mató a nadie que no lo mereciera realmente”, ajustes de cuentas con aquellos que no dieron la cara o lo traicionaron.

Dotado de esa memoria prodigiosa que sólo pueden tener los locos cuerdos en los estertores de la vida, Figueiredo da nombres, lugares, fechas y procesos con esa desafección del artesano que ha hecho bien su trabajo, con esa lógica aplastante del que explica su oficio desde dentro, a través de sus códigos internos, sin asomo de culpa o arrepentimiento, dando por sentado que el mundo es como es y que sus juegos de poder necesitan de tipos como él, dispuestos a llevarse por delante a quien sea a cambio de 10 millones de pesetas, pero también a pasar de largo en un encargo porque hay niños inocentes en la escena.

La palabra salida de las sombras se encarna en esta Terra de ninguém como un poderoso instrumento de fabulación que da cuerpo a las cloacas de la historia del último tercio del siglo XX, de los estertores del África colonizada a los procesos de democratización europeos y sus costes en vidas enterradas en cal en fosas de metro y medio de profundidad, pasando por las acciones secretas de la CIA en Latinoamérica.

Finalmente, liberada la palabra, liberado tal vez el hombre de su carga, apuntado incluso su particular Rosebud en la Angola de la infancia, Terra de ninguém lo acompaña al único lugar posible al que pueden ir a parar tipos como él una vez cumplida su misión: debajo de un puente, en los arrabales de la ciudad, rodeado de parias y desterrados, esperando el momento justo para “desaparecer”.


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