El cine y otras catastrofes » Manuel J. Lombardo

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Rainer Werner Fassbinder (1945-1982)

Manuel J. Lombardo | 11 de junio de 2012 a las 13:51

“El cine fue esa familia que nunca tuve en casa”

“Me gustaría construir una casa con mis películas. Algunas serían las habitaciones, otras los muros, otras las ventanas. Pero espero que al final acabe siendo una casa”.

R.W. Fassbinder, que murió un 10 de junio de 1982, hace hoy 30 años.

Coppola, Poe y el fantasma de la melancolía

Manuel J. Lombardo | 10 de junio de 2012 a las 12:16

La nueva película de Francis Ford Coppola, Twixt, es un homenaje a Poe y los cuentos de terror del gótico norteamericano hecho con poco dinero, en formato digital, con aroma de serie B y un protagonista de dudosas prestaciones (Val Kilmer). Sin embargo, es la mejor película de Coppola en años, la más bella y gozosa de esta trilogía marginal (El hombre sin edad, Tetro) que ha firmado lejos de la vigilancia de los estudios, a su aire, en Rumanía o en Buenos Aires, incluso con dinero español.

Twixt recupera un viejo motivo del cine de terror, el del escritor en crisis en búsqueda de nuevas historias para un best-seller barato. Recorre un paisaje reconocible, el del pequeño pueblo fantasma atravesado por la leyenda de un crimen atroz, un pueblo con su sheriff (Bruce Dern), su comisaría, su hostal, su torre con relojes, su cadáver en la morgue y un grupo de jóvenes siniestros acampados junto al lago, un lago neblinoso, por supuesto.

Y en medio de todo ello, con un punto de precisa ironía, Coppola, aquí también guionista único acreditado, convoca al espectro del mismísimo Edgar Allan Poe (Ben Chaplin) y a sus Eleonoras, Berenices, Ligeias, Morellas y Annabel Lee, los más bellos nombres de la melancolía, para acabar hablando, una vez más, de él mismo, de su propia tragedia personal.

En una hermosa escena nocturna (un nocturno azul digital) bajo la luz de la luna, el novelista y el espectro de Poe se asoman al abismo sobre el lago. En sus aguas se refleja la imagen de una joven durmiente. Sobre ella, pronto se superpone la de otra joven distinta y, a continuación, las imágenes acuosas de una escena, ahora en distintas escalas de planos, montada, en la que vemos el accidente marino en el que la hija del escritor perdió la vida.

Y ahí, en ese lago, en esa noche oscura, azul y digital, a través del dolor de un escritor de segunda fila exorcizado por el fantasma de su admirado Poe lámpara en mano, Coppola proyecta su propia autobiografía, materializando una vez más a través del cine su propio duelo por el hijo (Gian-Carlo) muerto años atrás en otro fatal accidente acuático.

Rafael Utrera

Manuel J. Lombardo | 6 de junio de 2012 a las 11:51

En esta Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla donde ya no se impartirá y estudiará más la Historia del Cine Universal, hemos despedido hoy, se jubila merecidamente, al catedrático Rafael Utrera, profesor ejemplar y uno de los más destacados historiadores del cine español y andaluz, pionero, maestro, investigador incansable y riguroso, pero, sobre todo, hombre tranquilo, siempre amable, bueno, conciliador y generoso.

Con él se despide también una manera de entender la Universidad y los estudios cinematográficos desde una perspectiva culta, heterogénea y humanista, vinculada a la Historia del Arte, como siempre debió ser, y muy alejada de esas microparcelas curriculares que definen nuestro tiempo académico de guetos, corralitos y aislamiento especializado como estrategia de supervivencia o promoción.

Rafael Utrera fue mi primer gran maestro en las viejas aulas de Gonzalo Bilbao, me inició en la diversidad y la riqueza de la Historia del cine mundial y español a través de VHS grabados de la televisión, me enseñó los vínculos y roces entre el cine y la literatura, me presentó de primera mano, en sus memorables cursos de extensión universitaria, a algunos de los grandes nombres del cine español como José Luis Borau, Vicente Aranda, Carlos Saura o Basilio Martín Patino, me acogió pronto como un discípulo inquieto, aunque yo luego fuera incapaz de estar a la altura de su ofrecimiento.

El azar y las circunstancias puede que hagan que nuestro paso por esta facultad se cierre el mismo curso por razones bien distintas. Haberlo tenido como profesor y haberlo tratado personalmente es uno de los mejores recuerdos que me llevaré de esta etapa.

Cantos de sirena

Manuel J. Lombardo | 4 de junio de 2012 a las 22:58

Versus recupera “Marea nocturna” (Night tide, 1961), una poética cinta de culto dirigida por Curtis Harrington y protagonizada por Dennis Hopper

Es muy probable que Jacques Demy y Curtis Harrington desconocieran respectivamente la existencia de Marea nocturna (Night tide, 1961) y Lola (1961), dos películas rodadas en las mismas fechas, una en las playas y paseos de Santa Mónica, California, la otra en las calles, salas y pasajes de Nantes, en la costa atlántica francesa.

Ambas comparten, sin embargo, un mismo aire de época filtrado en sus imágenes, un mismo ambiente, una misma mirada que hace de sus localizaciones y exteriores naturales, de sus ambientes portuarios (sus bares, sus locales nocturnos, sus parques de atracciones en el paseo marítimo), de sus personajes, jóvenes desorientados, huérfanos o desarraigados en búsqueda de amor o sexo, en busca de un destino vital, un díptico perfecto para una sesión doble que bien podría mostrarnos las dos caras de una misma moneda: la del cine moderno abriéndose paso entre las ruinas de clasicismo y el cine industrial de género o de serie B en los albores de una década que iba a cambiar para siempre el panorama del cine mundial.

Convertida con el paso de los años en una auténtica película de culto y escrutada bajo los más diversos prismas críticos (del psicoanálisis al feminismo), ensombrecida y banalizada por aquel melifluo remake ochentero protagonizado por Tom Hanks y Daryl Hannah titulado 1, 2, 3…Splash, Marea nocturna nos traslada a una Norteamérica insólita que sólo cierto cine independiente y de bajo presupuesto en los márgenes de Hollywood, incluso a escasas millas de su epicentro, podía mostrar sin los peajes y derivas habituales de su maquinaria de relatos y estereotipos.

El debutante Curtis Harrington (1926-2007), hasta entonces un joven crítico (autor de un libro sobre Josef Von Sternberg), amigo y colaborador de cineastas de vanguardia como Kenneth Anger o Maya Deren y director de algunos cortos experimentales (Fragment of Seeking, Picnic, and The Wormwood Star), trazaba en este su primer largo de ficción un paisaje realista que iba a ser atravesado poco a poco por la poderosa fuerza e iconografía del mito, la fantasía y las viejas leyendas, gracias, entre otros recursos, a un gran trabajo fotográfico de Vilis Lapenieks y a un sugerente score de aire jazzístico y contemporáneo del gran David Raksin.

Johnny Drake, interpretado por un joven y deslumbrante Dennis Hopper, actor del Método que había despuntado ya en papeles secundarios de rebelde sin causa, es un marinero recién desembarcado que queda fascinado por Mora (Linda Lawson), una misteriosa mujer a la que ha conocido en un club de jazz y que trabaja en una atracción itinerante simulando ser una auténtica sirena. A pesar de los avisos, las predicciones y los malos augurios, Drake se enamora de ella para caer en una espiral de extraños acontecimientos, rituales, sueños y revelaciones que desembocarán en tragedia.

Marea nocturna va desplegando así su suave y simbólico oleaje de misterio, persecución, obstáculos y fabulación, su peculiar y lírica estética de bajo coste entre espacios, paisajes y rincones que luchan por desprenderse de su carácter prosaico para apuntar al duelo entre la realidad y lo imaginario, entre lo visible y lo invisible, entre lo concreto y lo abstracto. Drake atraviesa y recorre los espacios y paisajes (el carrusel sobre el que vive Mora, su apartamento con vistas al océano, la carpa del espectáculo de la sirena, el muelle por el que sigue a esa otra mujer misteriosa que se aparece de cuando en cuando, interpretada por el propio Harrington travestido, o la destartalada casa donde vive del Capitán Murdock) intentando descifrar qué secreto se esconde detrás de esa extraña mujer, rescatada de una lejana isla griega cuando aún era una niña por un marinero británico.

Impregnada del espíritu de los cuentos de Poe y de las atmósferas de las cintas de terror de Val Lewton y Jacques Tourneur para la RKO (en especial, de La mujer pantera) y precursora del tono hipnótico de otro título afín como Carnival of souls (1962, Herk Harvey), Marea nocturna bucea entre la realidad y el sueño, entre el mundo de las apariencias y el universo de lo esotérico y lo oculto, para materializar en imágenes de melancólica y terrorífica belleza (la sirena sumergida bajo el agua, inerte y con los ojos abiertos) ese poderoso y ambiguo interregno en el que las proyecciones de la imaginación cobran presencia al ser convocadas por el deseo, un deseo nocturno, lunático y febril.

Marea nocturna (Night tide, 1961) – Curtis Harrington – Versus/Cinema Bis – 82 min. – 11,95 euros

 

 

Shadows and fireworks

Manuel J. Lombardo | 4 de junio de 2012 a las 8:09

¿Quién dijo que el deseo y el juego de la seducción no eran una cuestión de sombras, colores imposibles, ritmo y fuegos artificiales?

¿Y quién dijo que To catch a thief (1955) era un Hitchcock menor?

I love Lena!

Manuel J. Lombardo | 31 de mayo de 2012 a las 9:35

Esto de las series, de las series norteamericanas, se entiende, se ha convertido en una nueva religión para la clase media (cuando hoy todos creemos ser clase media), un nuevo consenso para el tiempo de ocio casero en el que no faltan tantos placeres culpables como lugares comunes, tantas identificaciones satisfechas como argumentos para las nuevas camadas del ámbito académico.

Desde el descubrimiento de Los Soprano, la madre del cordero, uno también ha caído rendido a los encantos narrativos y afectivos de la serialidad, y por los desgastados cojines de mi sofá han pasado ya centenares de episodios de The Wire, Boardwalk Empire, Deadwood, Mildred Pierce, Carnivale, Boss, The Good wife, Modern family, Mad Men, Justified, The Walking dead, Homeland, Generation Kill o Tremé, por citar los títulos más memorables.

Ando ahora siguiendo en paralelo la segunda temporada de The Killing, definitivamente estirada y desinflada, sacándose burdos ases de la manga a cada nuevo episodio; la quinta de Mad men, paradigma de sofisticación y elegancia, una serie capaz de lo mejor y lo peor, de la sutileza y el manierismo más deslumbrantes a la obvia sobrecarga de subtexto cultural para sus analistas y exégetas universitarios; y la que, a mi juicio, es la más grata sorpresa de la temporada, Girls, de Lena Dunham, una comedia de chicas neoyorquinas de la cadena HBO.

Girls integra dos universos aparentemente irreconciliables como el nuevo indie post-mumblecore y el inconfundible toque de la factoría del humor angelino de Judd Apatow. Nacida para ser una estrella (alternativa), la Dunham (Nueva York, 1986), un glorioso patito feo con tanto carisma y magnetismo como escaso sentido del pudor, desplegó ya el universo de Girls en su segundo largometraje, Tiny furniture, una de esas peliculitas con encanto que descubría todo el potencial de una mirada y una escritura autobiográficas tras la que podía escucharse eso que llaman “la voz de una generación”.

Girls recupera a algunos de sus personajes, el que interpreta ella misma, Hannah, y el de su excéntrica y salvaje amiga británica Jessa, interpretada por la radiante Jemima Kirke, para trazar una suerte de “chicas urbanas de hoy en día” liberado de corsés y correcciones políticas hasta el punto de hacer de la franqueza (sexual y verbal), la excentricidad o los clásicos conflictos sentimentales sus principales bazas para el “entretenimiento inteligente”.

Las chicas de Girls no tienen especiales atributos, son cuatro variantes (complementarias) de la veinteañera post-universitaria de clase media, se enamoran y se desenamoran, follan o se masturban, trabajan o dejan sus trabajos, escriben diarios, tuitean y van a fiestas, se traicionan y se reconcilian, se emborrachan o se drogan, y también se equivocan constantemente, se humillan ante ellas mismas, ante sus padres, sus amigos, sus novios o sus amantes de ida y vuelta.

La Dunham, que se reserva el mejor personaje, transita con inopinada soltura por la cuerda floja de lo patético, por la frontera entre la screwball y el estupor posthumorístico, para devolver una imagen no tan deformante de esa generación mimada que parece mirar siempre hacia los felices ochenta como arcadia vintage en la que encontrar modelos estéticos (la moda, la música), soluciones y vías de escape para estos tiempos de desconcierto, precariedad y crisis.

Girls apenas necesitó dos capítulos de 25 minutos para asentar un mundo de ficción con vida propia, un mundo que comunica los apuntes autobiográficos y el retrato generacional con una excepcional y variopinta galería de personajes, femeninos pero también masculinos, y unos diálogos ágiles y brillantes que han sabido disolver la literatura de diario con talento, sentido del ritmo, soltura y desparpajo.

El sector más talibán de la crítica ha acusado a la serie de “lack of diversity” (“falta de diversidad”), argumentando que en ella sólo salen blancos judíos de clase media con problemas de blancos judíos de clase media. Esta crítica es, en realidad, el mejor de los halagos posibles, ya que el verdadero logro de Girls, una serie de autora, es hablar de lo que conoce de primera mano, sin complacencia, sin estadísticas ni manuales de guión o corrección política a la hora de escribir y afrontar cada nuevo episodio. Las criaturas de Dunham, aun cuándo rozan los estereotipos y cierta tipología generacional, están muy vivas y se mueven por su mundo sin complejos, sin necesidad de pedir disculpas más que a ellas mismas cada vez que se equivocan, y lo hacen a diario o, mejor dicho, semanalmente.

http://youtu.be/Q_L52eExAHU

Girls empieza a emitirse en España este domingo 3 de junio en Canal+ Comedia a las 22:00h.

El nido del águila (letona)

Manuel J. Lombardo | 30 de mayo de 2012 a las 9:03

Lo mejor que he visto en Internet en las últimas semanas. Podría estar mirando eternamente. Un nido de águilas letonas ‘filmado’ 24 horas al día en ‘streaming’.

Ríete tú de los Hermanos Lumière, de Michael Snow, de Abbas Kiarostami o de James Benning.

 

Méliès, intelectual y artesano

Manuel J. Lombardo | 28 de mayo de 2012 a las 22:19

Divisa edita en España la edición definitiva de la obra de George Méliès (1861-1938), un pack de 6 DVD con los 199 títulos que se conservan de su filmografía

Sin aniversario ni efeméride oficial de por medio, 2012 se ha convertido en un inopinado y festivo Año Méliès gracias al homenaje tridimensional de Scorsese a su figura mítica y crepuscular en La Invención de Hugo, a la reciente restauración de la copia original coloreada de Le voyage dans la lune (1902), ahora con una nueva banda sonora electro-vintage a cargo del dúo francés Air y, muy especialmente, a la aparición en España de la que, hasta la fecha, podemos considerar como edición definitiva de su legado cinematográfico: una caja con 6 DVD y un libreto de 80 páginas (con textos de Norman McLaren, John Frazer, Serge Bromberg y Eric Lange y una detallada lista de los títulos incluidos con fecha, duración, género y datos sobre el formato, la música o el comentario) editada por el sello Divisa a partir de los materiales de la edición internacional Arte/Lobster, que incluye no sólo los 199 cortometrajes que se conservan (algunos incompletos) de su vasta filmografía (más de 500 títulos) producida entre 1896 y 1913, sino también jugosos extras como Le grand Méliès, el filme dirigido por Georges Franju en 1953 que ha inspirado a Scorsese, el espléndido documental La magia de Méliès (1997, Jacques Mény) y un par de cortos de nuestro Segundo de Chomón (Las rosas mágicas y Excursión a la luna), el más aventajado discípulo mélièsiano.

http://youtu.be/seGrUNrioQk

Nos encontramos con cerca de 900 minutos de material que recorre sus primeros trabajos, noticiarios, reconstrucciones históricas, vistas y escenas documentales realizadas en la estela de los Lumière, hasta su última película para la Star Films, El viaje de la familia Bourrichon (1913), sin olvidarnos de algunos de sus grandes títulos fundacionales del género fantástico como El viaje a la luna, El hombre de la cabeza de goma, El viaje a través de lo imposible o Los enredos del diablo: un generosísimo y variado metraje que confirma no sólo a uno de los grandes inventores y pioneros de la Historia del cine, “un intelectual y un artesano a la vez, un vanguardista, un experimental y un independiente que siempre pensó en el gran público”, en palabras del animador Norman McLaren, sino que alumbra de primera mano todos esos ingenios, trucos, gadgets y hallazgos que él supo trasladar de la tradición teatral espectacular a la técnica de la nueva máquina cinematográfica.

Como explican Bromberg y Lange en las notas del librero, esta recuperación historiográfica es fruto de un trabajo de más de 25 años de búsqueda en Filmotecas públicas y en archivos privados de todo el mundo de los negativos o las copias conservadas en las mejores condiciones posibles, fusionando incluso algunas de distinta procedencia con el fin de restituir el metraje original. Esta labor arqueológica viene a hacer justicia en muchos casos a una obra deteriorada, incompleta o perdida, sobre todo desde que el propio Méliès, en un gesto de desencanto y desesperación, quemara en 1923 buena parte de su archivo en el mismo jardín de su casa de Montreuil en el que había construido el estudio en el que rodó la mayor parte de sus películas.

De igual forma, la edición ha dado prioridad a todas aquellas versiones coloreadas (a mano) que se conservan, aunque muchas de ellas han tenido que ser completadas con material en blanco y negro para conseguir todo su metraje. Siempre a partir de los materiales más próximos al 35mm, se han equilibrado, etalonado y estabilizado las imágenes gracias a los más avanzados procesos digitales de limpieza y restauración de imagen, intentando también reconstruir y unificar la velocidad de proyección que, contra la creencia común y como señalan Bromberg y Lange, “elimina esa impresión de película acelerada y grotesca que no existía en absoluto en los comienzos del cine”.

Como gran novedad, esta edición incluye también algunos comentarios en off que recuperan, a partir de documentos y catálogos de la época, la experiencia original de los explicaores que narraron los filmes en sus proyecciones públicas, así como aproximaciones o reconstrucciones bastante fidedignas de los acompañamientos musicales de la época, ya fueran para piano o para pequeña orquesta.

Más un hombre del XIX que del XX, Méliès fue tanto un pionero del cine como el último de los maestros del espectáculo de la pantomima. Desde el Teatro Robert-Houdin, buscó incansable nuevas soluciones para su universo de trucos, desapariciones, transformaciones, fantasmagorías y féeries, en esa prodigiosa nueva máquina descubierta un 28 de diciembre en un café del Boulevard des Capucines. Méliès sintetizó la magia y la ciencia en la encrucijada de un siglo que abrazaba la modernidad como esperanza de progreso, integrando el melodrama, el music-hall, el café-concert y el circo en las nuevas formas de espectáculo popular que se imponían como nuevo entretenimiento para las masas en su tiempo de ocio. Su gusto por lo espectacular y lo imaginario, por lo irracional y lo antinaturalista, por los cuentos de Perrault y la iconografía de Doré, se integraron y desplegaron en una abigarrada, barroca y fascinante estética de atracciones que, lejos de agotar su potencial en la primera década del siglo XX, aún permanece vigente bajo diversas formas y modelos cinematográficos.

George Méliès. El primer mago del cine – 6 DVD + Libro (80 págs.: textos de McLaren, Frazer, Bromberg y Lange) – Divisa Home Video – 896 min. – 39,95 euros

El grado cero de Pablo Llorca

Manuel J. Lombardo | 21 de mayo de 2012 a las 22:13

Casa sin fin y Periférica co-editan nueve piezas documentales de Pablo Llorca, uno de nuestros cineastas más secretos, marginales e insólitos

El de Pablo Llorca (Madrid, 1963) es uno de los casos más singulares del último cine español. Desde que debutara allá por 1989 con Venecias, y a lo largo de varias películas de ficción (Jardines colgantes, Todas hieren, Las olas, La cicatriz, Uno de los dos no puede estar equivocado, Aníbal y el mundo) y documentales (Una historia europea, Smara), este cineasta-artesano y siempre extraterritorial ha ido adelgazando poco a poco sus producciones, también su estilo, cada vez más depurado, brechtiano y bressoniano, marginándose voluntariamente de todo contexto industrial como gesto (suicida) de auténtica independencia, gestionada desde su propia productora y distribuidora La cicatriz, para hacer películas lejos de cualquier tendencia o coyuntura autorial, pero, y esto es lo más sorprendente, sin renunciar tampoco a ciertas ambiciones de escala, género y narrativa (el cine histórico-político ambientado en épocas pasadas, los repartos amplios, numerosas localizaciones) que no cuadran a priori con el carácter povera de sus presupuestos.

Desde que abrazara el formato digital en La espalda de Dios (2000), parece como si Llorca se hubiera empeñado en hacer de él la herramienta ideal no sólo para el abaratamiento de costes y la autonomía de producción, sino también para aquilatar un cine de imágenes concretas y texturas limpias y cinematográficas que parecen buscan el esqueleto material del lenguaje como ejercicio de cuestionamiento de sus esencias fundacionales, una experiencia tan radical que, como no puede ser de otra forma, apenas ha encontrado visibilidad y distribución en nuestro país. Tanto es así que su último largo, El mundo que fue (y el que es), un filme que recrea, con un generoso reparto que podría haber salido de Amar en tiempos revueltos, los días de la represión franquista de algunos miembros de Partido Comunista de España a lo largo de varias décadas para arribar hasta el presente, apenas ha podido verse en el Festival de Las Palmas o en el I Festival de cine online Márgenes.

Lo que nos llega ahora, envuelto en una preciosa caja metálica, es Lo viejo y lo nuevo, nueve piezas cortas inscritas en el proyecto 6 Grados, recopilación de imágenes documentales de todo tipo de la que ha podido verse una selección en la galería Casa sin fin de Cáceres. Se trata de una pequeña selección de materiales y apuntes tomados con su cámara digital entre 2006 y 2009 en varios viajes, souvenirs, postales, gestos, esbozos, retratos, todos ellos de una sola toma, sin montaje y con sonido directo, algunos en plano fijo, otros con leves desplazamientos o reencuadres, que nos sitúan en una suerte de grado cero de la mirada ante rincones, personas o paisajes de Costa Rica, Berlín, Madrid, Finlandia, Nueva York, Lisboa, Salvador de Bahía, Burgos o Smara, siempre desde la sensación, como apunta bien Carlos Losilla, de que “la realidad nunca termina en los bordes del encuadre”: una pareja que se despide y se aleja en moto por la carretera, dos hombres que leen el periódico en un café, una niña que juega a las muñecas en el suelo de su casa, un grupo de cabañas de madera idénticas, una joven negra que anima y jalea a unos jugadores de baloncesto en la calle, el actor portugués Luis Cintra maquillándose antes de salir a escena, un trompetista y un pianista ensayando en su pequeño apartamento ante la mirada de dos mujeres, un afinador poniendo a punto el órgano de una iglesia o un profesor dando una clase a sus alumnos en la escuela de un campo de refugiados saharauis.

Ahí donde el proyecto Correspondencia(s) nos mostraba no hace mucho el potencial de los formatos digitales para nuevos modos de intercambio epistolar audiovisual, Llorca parece aquí apostar por el monólogo y el diario, en una versión mucho más solitaria y no necesariamente comunicativa, a saber, filmando unas fotografías temporales sin especial voluntad artística o transitiva, decidiendo a lo sumo el punto de inicio y el de corte, anotando, como se hace en un cuaderno de viajes, “imágenes que reflejan la realidad, la diversidad de la realidad, una realidad que se compone de lo que muere y lo que nace, de lo viejo y de lo nuevo”.

Lo viejo y lo nuevo – Pablo Llorca – Casa sin Fin / Ed. Periférica – 24 min. – Caja metálica – Incluye 9 stills impresos en color y ficha sobre el autor y su obra – 19,50 euros

 

 

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And now, for something completely different (2 DVD + 2 B.S.O.):

Diez negritos (1945) – René Clair – Versus – 93 min. – 11,95 euros

Diez negritos es una de esas películas sin autor (René Clair, nada menos) adscritas a la infancia, una de esas cintas que uno recuerda como experiencia iniciática en no se sabe bien qué tipo de misterios del cine y de la vida. Volvíamos a verla ayer con una misma inocencia, con una candidez que pronto revelaba el verdadero arte con mayúsculas del escenario y la interpretación (¡ese reparto memorable, con Barry Fitzgerald, Walter Huston y Judith Anderson!) en una de esas tramas whodunit tan caras a Agatha Christie. Poco importa la torpe resolución de la autoría de los crímenes, el placer está siempre en el trayecto, en los pequeños detalles.

 

Medianeras – Gustavo Taretto – Karma Films – 90 min. – 14,95 euros

El nuevo cine argentino empieza a buscar fórmulas de conciliación entre sus extremos. Medianeras, debut en el largo de Gustavo Taretto, podría ser una de esas películas-puente con su retrato sentimental y generacional sobre los nuevos solitarios entreverado de lecciones de Arquitectura y Urbanismo en tiempos de diseño gráfico, videoclubes y redes sociales. Javier Drolas y Pilar Pérez de Ayala se eluden y explican (demasiado) en voz alta como fórmula infalible para las identificaciones básicas y Taretto, que ya ensayó la fórmula en un corto homónimo, reescribe la comedia romántica para generaciones hedonistas y descreídas.

 

This must be the place – Gavin Friday y Varios – EMI – 78 mins. – 18 euros

A Sorrentino lo teníamos calado desde aquella Las consecuencias del amor en la que él solito había decidido señalarse como gran autor a golpe de énfasis y reciclaje posmoderno. El amigo de la familia y El divo no hicieron sino confirmar su tendencia, literal, a la impostura, que estalla de nuevo ahora en esta road movie con pedigrí pop en la que la banda sonora es, de largo, lo mejor del viaje: Gavin Friday pone las atmósferas elegíacas, The Talking Heads el tema que da título al film, The Pieces of Shit (David Byrne y Will Oldham) las canciones dramáticas, y Mantovani, Part, Iggy Pop, Jónsi & Alex y Julia Kent el resto del repertorio.

The Rum diary – Christopher Young – Lakeshore Records – 71 min. – 18 euros

Cuesta imaginarse a Christopher Young, especialista en materia siniestra, fantástica y terrorífica (Hellraiser, Copycat, Species) en un ambiente tropical y caribeño como el de esta odisea pegajosa y etílica por el desquiciado universo periodístico de Hunter S. Thompson. En todo caso, su versatilidad, una guitarra, una trompeta, unos bongos y un cierto aire televisivo, jazzístico e irónico le permiten salvar el escollo con la habitual profesionalidad. El resto de la ambientación y el tono relajado lo ponen el inevitable y festivo Dean Martin, la JD Band, el propio Johnny Depp y una Patti Smith en pantalón corto.

Vibraciones e interferencias (digitales)

Manuel J. Lombardo | 14 de mayo de 2012 a las 21:59

Cameo recopila once piezas audiovisuales surgidas de la plataforma Störung, que acaba de celebrar la séptima edición de su Festival de Música Electrónica Experimental y Artes Visuales

En su imprescindible ensayo Después del cine, Àngel Quintana nos recuerda que, desde mediados de los años sesenta del pasado siglo, la alianza entre la informática y el arte, especialmente desde las experiencias pioneras de John Whitney y de exposiciones como Cybernetic Serendipity (Londres, 1968), proyectaron el llamado arte cibernético a una nueva relación con las vanguardias históricas de los años 20 y 30 (Eggeling, Ruttman, Fischinger) a partir de la exploración del potencial abstracto y musical de una nueva modalidad de imágenes sintéticas.

Aquellas primeras tentativas han ido dando paso, con la progresiva sinergia entre la industria tecnológica y la del entretenimiento, a una cada vez más dominante tendencia a la creación de universos de apariencia fotorrealista que han terminado por imponer su estética de simulación y mímesis en el panorama audiovisual contemporáneo, dejando el potencial creativo más radical o disidente en los márgenes del digital art, cuyo ámbito de experimentación ha atravesado fronteras, lenguajes y formatos para integrarse cómoda y naturalmente con el desarrollo de la música electrónica.

La plataforma multidisciplinar Störung, surgida en Barcelona en 2006, es uno de los laboratorios de referencia de estas nuevas tendencias. Coincidiendo con la séptima edición de su Festival de Música Electrónica Experimental y Artes Visuales, se pone en circulación un DVD-Libro con once piezas producidas o exhibidas en su entorno, once heterogéneas muestras de hibridación músico-visual, piezas que trascienden las fronteras perceptivas entre lo orgánico y lo digital y que se alinean junto a otros proyectos similares como nuestro querido Festival Zemos98, el veterano Sónar, el Laboratorio de Electrónica Visual de Gijón o publicaciones de referencia como WarpVision: The videos (1989-2004), DVD en el que se recogían trabajos de Chris Cunningham, David Slade, Douglas Hart o Alex Ruthefort para grupos o artistas de la electrónica más vanguardista como Aphex Twin, Autechre, Plaid o Squarepusher, por no hablar de los espectáculos multimedia de Alva Noto y Ryuichi Sakamoto, que llevan ya también bastantes años en el mismo asunto.

El DVD de Störung se abre con Gradualism #1, del prestigioso y referencial colectivo británico D-Fuse, una muestra de abstracción digital que parece nacer del ruido de las líneas horizontales generadas por las propias texturas, modulaciones y patrones rítmicos del sonido. 26_071_auda parte en su caso del componente visual, creado por del dúo japonés Dextro&AM [AEM]*, para trazar humeantes imágenes que se difuminan en espiral sobre las que se incorpora y ajusta una música de Dextro que incide en las interferencias y los sonidos robóticos sometidos a un tratamiento subacuático.

En Malabia bla bla, los argentinos Sergio Brauer y Sergio Subero trabajan a partir de las texturas analógicas del Super8 casero, rememorando la vanguardia experimental y matérica de Man Ray o Hans Richter, cuyos cortos alteraban la propia superficie del celuloide, junto a los sonidos apagados creados por Alain Courtis. Hydro-Organic Machine Study, de Paul Prudence & Francisco López, se inspira en una serie de estudios científicos sobre las propiedades del agua, creando imágenes de hipnótico y fantasmagórico carácter fotorrealista presididas por la incidencia cenital de la luz sobre los volúmenes y las formas cambiantes de una suerte de medusa virtual. Black flame, de Kim Cascone, opera a partir de las texturas en negativo de imágenes nocturnas que acompañan el paseo por el bosque de un chico encapuchado iluminado por una linterna; mientras que Matter States, de XX+XY Visual and Sound Art Project, “es una pieza abstracta que se centra en crear experiencias de inmersión perceptiva y de escucha profunda” a partir de unas manchas grisáceas que se desplazan como una lenta nube de ceniza al ritmo de unos sonidos graves y metálicos que se ensucian y saturan paulatinamente. Shapes 3.0, de Aleix Fernández & Asferico, se aproxima a la figuración, el color y las superficies brillantes a partir de una escultura roja que parpadea, gira sobre sí misma y se despliega sobre un fondo negro hasta convertirse en líneas, cintas y nuevas figuras que se mueven en espiral.

Laptop-Condensored 2:29, del alemán Andy Guhl, propone una interacción de sonido e imagen en vivo realizada mediante ondas ópticas y acústicas por componentes recuperados de la imagen electrónica más primitiva, mientras que Rhizoid, de Hugo Olhim y Simon Whetham, trabaja su idea de abstracción a partir del musgo y los sonidos naturales recogidos en la isla de Madeira sometidos a una mirada microscópica y desenfocada. Fuerza Natural II,  de Elufo & Asférico, “está basada en el análisis sonoro de una gráfica sísmica original de un terremoto, en la que cada línea fue convertida en un oscilador de ondas senoidales que varía su frecuencia durante los 90 segundos que dura el terremoto”; y Untitled 09, la pieza que cierra el DVD, de los argentinos Diego Alberti y Federico Monti, rememora el código de Matrix en su flujo de líneas y puntos verdes que varían sobre la modulación del volumen, la textura y el timbre del sonido.

El libro de 64 páginas que acompaña la edición diseñada por Aleix Artigal incluye fichas y textos descriptivos o programáticos de cada una de las piezas, así como la biografía de sus creadores visuales y sonoros y un par de textos más de Álex Gámez, comisario y coordinador del proyecto. También una selección de fotografías de Miguel Ángel Ruíz tomadas durante las sesiones en vivo de varias ediciones del Festival Störung.

Störung: Sound and Visual Art – DVD + Book (64 págs.: incluye fichas, biografías y fotos) – 19,95 euros

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Y ahora, un par de bandas sonoras y un par de documentales recién editados para la semana:

Dark Shadows – Danny Elfman – WaterTower Records – 52 min. – 16 euros

Después de celebrar el 25º aniversario de su colaboración con una lujosa music box para coleccionistas, Burton y Elfman suman su película número 14, con Frankenweenie a las puertas, para consolidar aún más si cabe ese distintivo sonido que, en ocasiones, y ésta es una de ellas, amenaza con saturar por exceso de reconocimiento. Elfman oscurece el tono general y muscula la escritura orquestal con ayuda de los habituales coros (aquí demoniacos), apuntando algunos guiños al Kilar del Dracula de Coppola y densificando la materia temático-dramática hasta el límite.

 

Emma – David Cordero & Carles Guajardo – Foehn Records – 28 min. – 12 euros

En la que es su primera incursión en el cine, el gaditano David Cordero (Úrsula) sigue fiel a sus sugerentes y etéreos paisajes sonoros, suspendidos en una intemporalidad de timbres agradables (aquí con presencia del piano de Carles Guajardo y el violín de Cristina Gámez) deudores de ese minimalismo slowcore que tan buenas migas ha hecho con cierto cine independiente. Miniaturas de cámara hilvanadas con texturas digitales que funcionan mucho mejor de forma autónoma que en la propia película, lastrada por una excesiva verbalización y poca inversión visual.

 

Pina – Wim Wenders – Avalon – DVD/Blu-Ray – 15’95/19’95 euros

Es una lástima que nuestras televisiones todavía no vengan equipadas con 3D. No se disfrutará así de la misma forma el verdadero espectáculo que propone Wenders, a saber, introducirnos entre los cuerpos de los bailarines, dentro de las coreografías de la gran Pina Bausch. Más allá de La consagración de la Primavera, donde podemos percibir el potencial creativo de esta nueva tecnología en su tratamiento dinámico del espacio, el resto de números se mueven entre el culturalismo acomplejado y un cierto mal gusto descontextualizador. Un ortodoxo making of y una entrevista son los únicos extras.

 

Mercado de futuros – Mercedes Álvarez – Cameo – 12,95 euros.

El segundo ensayo documental de Mercedes Álvarez (El cielo gira) conectaba con cierto espíritu de los tiempos indignados en lo que respecta a la crisis del capitalismo, los espejismos y las desigualdades de esta sociedad de la opulencia que se desmorona ante nuestros ojos. Una convención inmobiliaria, una casa desmantelada, una sala de inversiones financieras, un pastor que resiste en plena ciudad y un viejo no-vendedor en un mercadillo funcionan como símbolos de un dispar retrato humano sobre la pérdida de la memoria al que tal vez le falte poda de montaje y le sobren interludios poéticos.